Yo finjo, tú finges… ¿Quien finge?
12
Tal vez fue porque lo extrañaba demasiado. Tal vez porque acaba de descubrir que lo amaba. Tal vez porque quería que Melina se callase la boca y supiera que conmigo ya o se volvía a meter jamás. O tal vez fue por el simple hecho de saber que era lo correcto, lo normal, lo más lógico o lo más sencillo. Pero deje que Harry me abrazara.
Me perdí en el momento, en la calidez de sus brazos, en el compás de su respiración y en lo dulce de su aroma.
¡Por favor, por favor, por favor! ¡No dejes que este sueño acabe! Rogué muy fuerte para mis adentros.
Harry estaba tan bien su papel de novio devoto que parte de mi ser se rompía y sangraba al comprender que él tal vez nunca se comportaría así con migo, pues finalmente solo estábamos fingiendo.
Apreté mi cara contra su pecho un poco más. ¿Dónde demonios tenía la cabeza cuando acepte este tonto trato? Es más, ¿qué diablos me pasó que me enamoré de mi mejor amigo?, ¿cómo se suponía que tenía que pasar las siguientes horas sabiendo que serían la últimas para estar así con él?
Sentí como Harry me mantenía apretada contra su cuerpo mientras que me acariciaba suavemente con sus manos. Y por un pequeño instante me deje llevar pensando en que quería cuidarme, protegerme. Sus brazos eran cálidos en comparación con el frío del clima. Saboreé el instante. No importaba lo que sintiera él por mí. Bien podía llevarme el recuerdo de estos días a la obscuridad de mi tumba.
Suspiré e hice un esfuerzo para evitar las lágrimas. Levanté mi cara, busque sus ojos y me perdí en ellos. No supe que fue lo que vio en los míos, pero se inclinó sobre mí y me beso apasionadamente, tal como lo hizo en el tren, la primera vez.
Lo hizo con delicadeza, cautela y calidez, como si no quisiera que me asustara o alejara. Y yo, solo lo abracé y lo atraje hacia mí. Durante unos preciosos segundos no hubo pasado ni futuro, solo presente. Sabía que aquello no duraría más allá de esta noche, pero al menos podría recordar que durante unos instantes Harry había sido mío.
Una eternidad más tarde nos separamos sin decir nada y retiré los brazos de su cuello. Podía aún notar el olor de su colonia, y sentir aún el sabor de su boca. Sólo esperaba no olvidar nunca aquel instante.
Me las arreglé para sonreír. Resultaba una cruel ironía que sólo estuviera con migo para ayudarme, mientras que yo lo amaba con todo mi corazón.
Tan metida estaba en el momento que no fue hasta que la abuela se aclaró la garganta que caí en la cuenta de que estábamos en el vestíbulo, con toda la familia dentro de la casa.
-Richart,-gritó la abuela comenzando a caminar como si no hubiese pasado nada de nada.- ¿Por qué no atiendes a tu suegra y le ofreces un poco de alcohol?-mientras pasaba por nuestro lado (Harry y yo todavía estábamos medio abrasados) sonrió y nos giño el ojo.-Me apetece un poco de tequila con limón o que tal un orgasmo…-la voz de la abuela se perdió conforme fue avanzando.
-Tu abuela es todo un caso-me dijo Harry a la vez que acomodaba un mechón de mi pelo tras mi oreja y se aguataba las ganas de reír gracias a la peculiar bebida pedida por la abuela.
-Ni que lo digas- le sonreí de vuelta.- ¿Sabes que se rompió la cadera intentando bailar break dance?
-¡¿Qué?!
- Tiene algunas cintas de video con los pasos del baile y trataba de imitar una vuelta un poco complicada cuando se cayó y se golpeó con una piedra de la chimenea.
-¡Pero tiene como setenta años! —exclamó Harry con los ojos abiertos como platos y tratando de ver a la Abuela.
- Setenta y cinco-corregí.-Pero le gusta el rock duro, las películas de acción, y flirtea con todos los hombres que se le ponen enfrente, y bebe y maldice peor que un marinero cada vez que le viene en gana.
-Una dama excepcional, sin duda —comento Harry con una sonrisa mirándome. Asentí con la cabeza y lo miré embobada.
-Ven-dije una vez que recuperé mis sentidos ¿por qué nunca me di cuenta de lo bonitos que eran los ojos de Harry, perfectamente enmarcados con sus largas, enchinadas y largas pestañas?-, vamos a la cocina. Me parece que esto va a ser un poco más complicado.
-¿Por qué?
-Si lo que oigo es…-No pude completar la oración por que el timbre sonó. Melina, que al parecer se había quedado como estatua aferrada a la puerta, dio un ligero brinco que la sacó de su trance y se apresuro a abrir la puerta.
-¡oh, oh!- exclamé por lo bajo. Sentí a Harry separarse de mí (eso sí, sin soltar mi mano), tensarse, maldecir y apretar la mandíbula.
¿Acaso él era el famoso Rocco?
Si era así: ¡Por favor, Dios mío: apiádate de mí y mátame ahora!
¿Qué demonios hacía Alan en mi casa?
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-¡Oh, por Merlín!-exclamé mirando enfadado al idiota que acababa de aparecer con su sonrisa de estúpido en la puerta de la casa de mi novia- ¿Qué se supone que está haciendo ese imbécil aquí?, ¿No habíamos acordado que no le llamarías?- volteé para encarar a Hermione y que me explicara toda esta situación. Pero lo único que vi fue a ella mirando con los ojos abiertos con platos al imbécil ese.
A cavaba de quedarme ciego, sordo y mudo. Conocía muy bien esa sensación que recorría cada parte de mi cuerpo, pues en años anteriores la había padecido. Pero esta vez… Esta vez no era un monstruo rugiendo en mí. Oh, no. Era una bestia salvaje que había tomado posesión de mis sentidos y raciocinio.
Los celos estaban carcomiéndome por dentro y la ira comenzaba a hacerse presente. Las ganas de repartir puñetazos, patadas y mordidas a idiotas llamados Alan, se estaba haciendo imposible de controlar.
Apreté la mono con la que sujetaba a Hermione y tiré de ella para que me pudiera ver a la cara.- ¿Qué se supone que está haciendo ese imbécil aquí?, ¿No habíamos acordado que no le llamarías?- repetí las preguntas, solo que esta vez en un siseo feroz. Cuenta hasta diez, ¡Cuenta hasta diez!
-¡Pero, qué disparates dices, Harry! ¡Por supuesto que no le llamé! ¡Por el amor de Dios, ni siquiera sé que es lo que hace aquí!- me espetó.
-¡Entonces córrelo! Dile que se valla y…-Intenté controlarme respirando profundamente. No quería inflar a nadie. ¡Maldición! ¡Maldito imbécil! ¡Solo un movimiento, solo una sonrisa y flotaría por Londres hasta el Año Nuevo!
-¡Harry, por favor!- me dijo, sujetándome la cara con las manos y obligándome a mirarla.- Sé razonable. Yo no puedo hacer eso, por más que quisiera no puedo correrlo. Yo no lo invité. Mis padres son amigos de los suyos, tal vez ellos lo invitaron. No lo sé.- Abrí la boca para decirle que me importaba un comino quién era amigo de quién cuando me cortó las palabras con un beso.- Sólo recuerda que finalmente mi novio, al que yo elijo, eres tú.
-Lo sé, lo sé.-Cerré los ojos y apoye mi frente contra la de ella, tratando de dominar mi furia y mis instintos "Mata a Alan".- Es sólo que me muero de celos al ver cómo te mira, ¿Qué no te das cuenta? ¡Y encima traes puesto ese vestido!
-¿Qué tiene de malo mi vestido?-preguntó enojada.
- ¡Pues que te queda espectacular!- contesté ya fuera de control.- Te ves preciosa. Creo que tendré que amenazarlo con convertirlo en rana haber si así entiende que eres mía. –Fruncí el ceño.-No lo soporto. La aversión que me inspira es tan… natural… es como la que existía entre Malfoy y yo-reflexioné.-Recuerdo que se me quitó un poco cuando le rompí la nariz… ¿Y si se la rompo a él? ¡Oh, sí! Eso al me parece perfecto.
-No te atrevas ni siquiera a tocarle un pelo.-Me detuvo poniendo sus manos en mi pecho y me miró con el ceño fruncido.
-¡Ah! Entonces lo defiendes-exploté, muerto de celos.-¡Pero claro, el perfecto y mejor amigo de la infancia!-exclamé enojado y celoso.- ¡Anda, ve con él! Ve y cuéntale que necesitas un novio fingido porque…
-Porque no soy capaz de gustarle a nadie, ¿cierto?- su tono de voz entrecortado y lo cristalino de sus pupilas hicieron que el enfado y los celos se evaporan de golpe.-No tienes que recordarme lo poco atractiva que soy. Melina se encarga de eso.-Bajó la mirada y me pateé mentalmente.- Te agradezco el sacrificio que haces al estar con migo y no con Ginny. Si me disculpas voy a ver que hace falta para terminar con esto de una buena vez.- Se dio la vuelta para irse, pero mis reflejos la detuvieron ni bien alcanzó a girar.
-¡Espera!-la jalé hasta que chocó con mi pecho y la abrasé "Bien hecho poder, cágala nada más abrir la boca".-Estas malinterpretando mis palabras.-Le dije cerca de su oído.- Yo jamás, jamás, he pensado ni pensaré que eres poco atractiva. Muy al contrario, pienso que eres una mujer muy bella, tanto por dentro como por fuera. ¿Qué acaso no te viste hoy al espejo? ¡Estas increíble!-subí mis manos hasta su rostro y lo acune entre mis manos para poder verla de frente. Cuando logré que me mirara y vi que lágrimas corrían por sus mejillas, me sentí morir. "Idiota, idiota, idiota."- ¡No llores, por favor no llores! No me gusta verte así, menos si es por mi culpa.
-¡Oh, Harry!- cerró sus ojos y se abrazó a mí.
-No me gusta hacerte llorar. Hasta este momento no sabía que tenía ese poder. No me gusta. No lo quiero. Por favor perdóname.-Le volví a susurrar.-Es sólo que estoy celoso.
-Pero…- intentó hablar mirándome ya sin llorar, pero aún con lágrimas en las mejillas, yo la callé poniendo uno de mis dedos sobre sus labios.
-Perdóname. Sé que no es escusa, pero ya te había dicho que no lo soporto y su estúpida sonrisa de comercial de pasta dental, hace que mis instintos más salvages de querer golpear a alguien afloren con más facilidad. Me conoces y sabes que nunca he deseado matar a alguien. Pero tú amigo… ¡Por Merlín, que me muero de ganas por partirle la cara! ¿Me perdonas?- puse mi mejor cara de borrego a medio morir. Logré que soltara una pequeña sonrisa y sonreí también.
-¡oh, Harry! Sabes que nunca puedo enojarme contigo. Te perdono, sí. Pero también quiero que tú me perdones a mí. He estado bajo mucha presión este día, sólo era cuestión de tiempo para que estallara.
-¿Por qué no me cuentas qué es lo que te tiene de los nervios? Igual y yo puedo ayudarte a que te relajes-le dije levantando las cejas y poniendo mi mejor sonrisa. Me moría de ganas por una muy buena sesión de besos, después de todo había pasado más de doce horas sin verla. Era justo.
-Ven- dijo sonrojada. Caminamos, tomados de las manos, por un pasillo que, por lo poco pude ver, tenía una gran variedad de fotografías de Hermione cuando era niña. Hice una nota metal para decirle a mi novia fingida que más tarde me dejara verlas con más calma.
Nos detuvimos frente a una puerta blanca. La vi agacharse y meter su mano debajo de su falda. Tragué en seco.
¿Qué demonios estaba haciendo?
Antes de que pudiera formular la pregunta en voz alta se incorporó con su varita en alto. Suspiré. ¡Por Merlín Potter! ¿Qué demonios pensabas que hacía? Me reclamé.
-¡Listó! Pasa.- Me hizo un gesto con la cabeza y entre a la que resultó ser la cocina. Me encogí de hombros mentalmente: la barra se veía igual de bien que la cama, y si quería que jugáramos a probar los postres, yo no me oponía.
- Le tuve que poner un hechizo para que nadie pasara. Lo más probable es que Melina intentase ponerle arsénico al poche y luego culparme a mí por intento de homicidio.-Su voz me sacó de mi fantasía de Hermione con helado en el cuello.
-No sé porque presiento que éstas así por tu prima-afirmé luego de aterrizar y controlar a mis hormonas. Y por seguridad me coloque de tal manera que la cocineta quedara entre ella y yo.
-¿Creí que no eras bueno para adivinación?- me dijo sonriendo y tuve que controlar mis ganas de abalánzame sobre de ella. Definitivamente no era una buena idea pasar más de dos horas lejos de ella.- Si, mi prima y sus estúpidas ideas.
-¿Qué te hizo esta vez? ¿no quedaste en que la ibas a ignorar?
-Y eso hice. Pero de alguna manera se las ingenió para convencer a mi mamá y a mi tía para que ellas hicieran la cena. Verás, ni mi mamá ni mi tía son buenas en la cocina. La última vez que intentaron cocinar pollo estuvimos a punto de contraer tuberculosis…
-Pero si esa enfermedad ya no existe, es decir, ya está controlada, ya hay vacunas… ¿Cómo…?
-Ahí es donde radica el peligro de tener a Jean y a Emma en la cocina, así que me tuve que pasar todo el día vigilando que no nos intoxicasen con monóxido de carbono y que no volvieran matar al pavo. Lo normal es que la cena la compremos ya hecha en algún supermercado o que la abuela la haga, pero cuando a mí mamá se le mete algo entre ceja y ceja… es imposible de detenerla.
Y si a eso le agregamos que Melina se la pasó desfilando por toda la casa cada uno de los miles de vestidos que de seguro solo compró para molestarme, y el saber que toda mi familia estaba por legar incluidas las chismosas de mis tías Mónica y Clara… Supongo que lo que pasó en la entrada superó a mis nervios.
-¿ Y cómo es que lograste terminar de hacer todas estas delicias y estar así de hermosa?
-¡AH! Es que recibí ayuda de mi ¡"Elfo-hado-padrino"!.-Exclamó con una enorme sonrisa. ¿Por qué si la conocía desde hacía mucho tiempo, nunca me había fijado en lo hermosa que era cada vez que una sonrisa surcaba su rostro? ¿O lo brillantes que estaban sus ojos con los matices de luz adecuados?
-¿De tú qué?-pregunté intentando no estallar en carcagdas.
-Mi "Elfo-hado-padrino". Me traían de un lado a otro: Hermione esto, Hermione lo otro… Así que se me hizo fácil llamarle a Dobby. O sea, si Melina creía que me iba a sepultar en la cocina y que no iba a estar lista pues le falló.-Terminó haciendo un puchero tal cual una niñita y esta vez sí que no me pude contener.
-Así que…-le dije acercándome a ella y tomándola de cintura- "Hermicienta"-me reí-, me vas a presentar ya a tú familia o ¿nos vamos ya a la parte donde te pongo la zapatilla y vivimos felices para siempre?-le pregunté moviendo las cejas para después darle un beso en la nariz.
-Te presentaré primero a mi familia, pero me temo que vas a tener que esperar un poco, pues si al que oí hace rato fue al tío Philiphe, Melina invitó a toda T-O-D-A la familia.
-¿Y eso es bueno o malo?- le pregunté nervioso.
-Tendrás que averiguarlo por ti mismo.
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¿Por qué, por qué, por qué? Se suponía que ella no tendría novio, que tendría que verse de cualquier manera menos como una princesa, que toda la familia tendría que pensar o bien que era lesbiana o una aprendiz de solterona. Es más, ni siquiera tendría que estar aquí, debería de estar enterrada en la cocina como vil sirvienta. ¡Pero no!
Allí estaba Hermione, en mitad de pasillo junto al hombre más guapo y sexy que había visto en mi vida, sonriendo y haciéndose mimos luego de haberse besado como si no se hubieran visto en siglos.
Abrí la boca para sacar mi veneno, cuando el timbre sonó y brinqué del susto. Enfadada me giré a abrir la puerta.
Un chico de mi edad. Tenía el pelo corto, castaño y ondulado, y la piel bronceada. Los rasgos faciales perfectamente modelados, y unos ojos azules de profunda mirada. Era alto y delgado, pero musculoso. Sonrió y dejo ver sus dientes perfectamente blancos.
-¿Está Hermione?-preguntó. ¡Maldita bruja desgraciada! ¡Ahora resulta! Años sin siquiera dar muestra de interés por alguien, ni que decir de algún chico. Y de repente los muchachos que la rondan son unos adonis. Si bien dicen que "La suerte de la fea, la bonita la desea".
-Sí.-Respondí.-Esta con su novio.-Señalé con la cabeza a la pareja que seguía cuchicheando frente a las escaleras.
-Pensé que estaría sola-dijo para sí mismo el chico desconocido.-Eso lo complica todo.-Eso más bien sonaba interesante, me dije a mi misma.
Me hice a un lado para dejarlo pasar.- ¿Ya lo conocías?
-¿A quién? ¿Al imbécil o a Hermione?
-A los dos.- ¡Oh, cielos! Es chico ya me caía bien.
-Hermione fue mi amiga de la infancia, y al engreído ese, lo conocí apenas hace unos días en el centro comercial. Soy Alan.- Se presentó tendiéndome la mano.
-Mucho gusto. Soy Melina, prima de Hermione. Así que… ¿El tipo es un…?-deje abierta la pregunta esperando recopilar información.
-¿Imbécil, posesivo, arrogante y presumido?- completó la pregunta frunciendo el ceño.
-¿En serio? ¿Por qué lo dices?
-¡Ja! ¡Si te contara!
-Esa es una excelente idea. ¿Pasamos a sala?- Alan asintió con una sonrisa que rápidamente reconocí. Él y yo nos íbamos a llevar muy bien, eso se notaba enseguida.
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Miré el reloj que estaba colgado por encima del refrigerador: ocho treinta.
Había hecho hasta lo imposible para posponer esto. Había rogado a todos los magos y hechiceros; a todos los santos y en todos los idiomas que sabía hablar -bueno, solo en dos-, pero aún así nadie se dignaba en venir y librarme de la estupidez que el tic-tac del reloj me recordaba que tenía que hacer.
Y tenía miedo, mucho miedo. No por lo que pudiera pensar Melina o mi familia de mí, siempre podía desaparecer, borrarles la memoria y auto-aturdirme hasta el 2099; tampoco me importaba lo que pensasen de Harry, ultimadamente Melina casi se orina y desmaya nada más verlo sonreír, y otro poco más y se infarta cuando nos vio besarnos. El problema en sí era yo. Yo y mi tonto sentido de la supervivencia. ¿Dónde estaba mi razón, qué miraban mi ojos, qué nublo mi juicio y qué diantres le pasaban a mis hormonas, que enamoré de mi mejor amigo? Ese mejor amigo que besaba como… ¡Válgame Dios!, que tenía una sonrisa sexy que hacía que el bum bum de mi corazón bailara rock&roll con solo verla y que era tan endemoniadamente lindo como un cachorrito de frensh recién nacido y cubierto de pelos y a la vez tan lindo como Derek Shepard (claro que en sus buenos momentos, los cuales no incluyen cuando se sabe que es casado, cuando deja a Meredith por Rosse, etc., etc.,). El caso es que tengo miedo porqué con Harry es todo tan simple, tan sencillo, tan espontaneo y natural que cada segundo que paso a su lado me enamoro más y más de él ¿y qué va a pasar cuando todo esta farsa se termine? Porque eso es en sí mismo mi más grande temor: que una vez que le presente a mi familia oficialmente, el tiempo juntos se termina pues su misión estaba cumplida ¿y luego qué? ¿Regresábamos a la normalidad, solo como dos mejores amigos, o existía la posibilidad de "algo más? Y sí fuera así ¿sería yo capaz de dar el siguiente paso?
Suspire fuertemente, oré una última vez y lo miré: estaba recargado en la barra auxiliar devorando las cerezas que habían sobrado, con los pies cruzados y los ojos cerrados. Sonreí. Él abrió los ojos, me miró y sonrío, y mi corazón empezó a bailar el Rock de la Cárcel.
-¿Estás listo?-le pregunté ladeando la cabeza y deseando que digiera que no. Pero como las cosas no siempre salen como uno espera, él asintió, se paró derecho y se acomodó la ropa.-Entonces vamos.-Le tendí la mano, Harry la tomó y así salimos de la cocina. Caminamos unos cuantos pasos hasta estar bajo el marco de la sala.
Mi casa no era tan grande, contaba con cuatro habitaciones y tres baños completos en la parte de arriba. La cocina, el comedor, el estudio-biblioteca, la sala y un medio baño conformaban la planta baja.
La sala en especial tenía la forma de un rectángulo, en el extremo pequeño, por describirlo de algún modo y que estaba frente a nosotros, se encontraba la chimenea decorada con motivos de la época y a la derecha de ésta, justo en la esquina, estaba el árbol- mi madre lo había decorado de color azul turquesa y con dorado-, que en estos momentos a sus pies tenía varias docenas de regalos.
Al otro lado de la chimenea, estaba un mueble con todos los aparatos eléctricos: estéreo, televisión, DVD… Y en torno a este se encontraban distribuidos los sillones y la mesita de centro. En realidad el cuarto media cinco por siete y siempre se me había hecho gigantesca la habitación, pero viendo a mi familia ahí, empezaba a tener, por primera vez, un ataque de claustrofobia.
Eché un vistazo rápido por la habitación. Si, la maldita mosca muerta de mi prima había invitado a toda la familia: Ahí estaba mi padre platicando con sus hermanos, Rigoberto y Robert; la Abuela vigilaba a los niños: Diana, Aranza, Alexa, Ximena, Karen, Aidé, Oliver y Emiliano.
Patty, Linda y Francisco, que en realidad no sabía qué eran de mí, pero que aún así los veía en cada reunión y que por lo tanto sabía que eran familia, conversaban con la tía Emma.
Mi mamá platicaba con su hermano Arturo y Alice, padrinos míos por cierto y padres de Aranza y Alexa.
La tía Clara estaba con el tío Philiphe, su esposo y hermano de mi mamá, y la tía Mónica, supongo que intercambiando los últimos chismes, entre los cuales yo, mi lesbianismo y mi reciente novio, eran el tema central.
Melina, mi dolor de muelas personal esta recargada, junto con Alan, en la pared con los brazos cruzados no muy lejos de mí y con cara de aburrisión, la que por cierto le cambio por una sonrisa maquiavélica en cuanto me vi entrar.
Harry debió de percibir mi nerviosismo, pues me apretó la mano a la vez que me miraba y me decía con una sonrisa que todo iba a estar bien. Yo solo le asentí con la cabeza y me aclaré la garganta.
Ni bien había terminado de hacer ruido, cuando todas las cabezas se volvieron hacia nosotros y un pesado silencio invadió la habitación.
-Eh…Ummm… ¿Hola?-Apreté con fuerza la mano de Harry. "Estoy aquí", sentí que me gritaba cuando me devolvió e apretón y me llené de valor. ¡A la mierda con todo!- Familia- dije y me sorprendió lo fuerte y claro que sonó mi voz- quiero que conozcan a mi novio…
-Harry Potter, mucho gusto.-Esta vez fue mi mano la que recibió un apretón el cual regresé con gusto.
Silencio.
Silencio.
Y más silencio.
Harry y yo intercambiamos una mirada para que luego mis ojos se fijaran en cada uno de los rostros de la habitación.
La Abuela y los niños sonreían, al igual que mi madrina, Lidia y Patty. Todos mis tíos parecía que querían fulminar a Harry con la mirada. Mis tías lo barrían con los ojos abiertos como platos.
Alan mantenía a cara inexpresiva y Melina se limitaba a apretar con fuerza los puños.
-Hermione.- Mi madre fue la encargada de romper el silencio y mi nombre fue lo único que alcanzo a pronunciar.
De repente todo fue un griterío.
-¿Qué no eras lesbiana? Emma tú dijiste…-Escuche preguntar a la tía Clara.
-¡Felicidades!-Exclamo mi madrina.
-¡Son novios, se quieres y se besan en sus bocas!- cantaban los niños liderados por mi prima Dania.
-¡Por Dios, si es una niña!- el tío Robert le reclamaba a papá.- ¡Le vas a permitir eso!
-¡Hermione, sí que tienes muy buen gusto, hija!-La tía Mónica y su discreción.
-Es un buen muchacho. Hija te sacaste la lotería.- La abuela me giño un ojo.
-¿Dónde se conocieron, cuánto tiempo llevan, se van a casar?-Patty, Patty, Patty… ¿Qué no podía callarse?
-¡¡¡CASARCE!!!-gritó el siempre callado tío Philiphe.- ¡ESO SI QUE NO!-¡Dios porque no me mataste cuando te lo pedí?
-¿QUIEN SE VA A CASAR? AQUÍ NADIE SE CASA -gritó ahora el tío Robert-JOVENCITO ¡SIENTATÉ INMEDIATAMENTE!
Harry me miró con pánico, yo me alce de hombros sin saber qué hacer. Miré a mis padres, ellos eran los únicos que no habían hecho pregunta alguna. Miré de nuevo a Harry y juntos nos sentamos en un sillón.
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Cuando llegamos a la habitación y vi la cantidad de personas que estaba allí una ola de pánico me atravesó, tragué con algo de fuerza y de reojo miré a Hermione y de inmediato noté lo pálida que se había puesto. Sentí que me apretaba la mano y le devolví el apretón.
- Eh…Ummm… ¿Hola?- dijo luego de aclararse la garganta y ya con todas las miradas puestas sobre nosotros.-Familia-su vos sonó bastante segura y eso me dio fuerzas para no salir corriendo-, les presento a mi novio…
-Harry Potter mucho gusto.-Me presenté nadie dijo ni hizo nada. Me puse nervioso.
Pasaron unos muy largos minutos que casi se hicieron horas hasta que la madre de Hermione la llamó y fue cuando se zafo el zafarrancho. Todo el mundo hablaba a la vez, yo me sentía aterrado, pues lo único que podía ver eran las miradas de sus tíos sobre mi.
-¡¡¡CASARSE!!!, ¡¡¡ESO SI QUE NO!!!-gritó uno de ellos
-¿QUIEN SE VA A CASAR? AQUÍ NADIE SE CASA –grito otro-JOVENCITO ¡SIENTATÉ INMEDIATAMENTE!-miré asustado a Hermione y ella sol se encogió de hombros y se sentó con migo en un sillón y de repente me sentí como cuando tuve que ir a la visita disciplinaria en quinto año, solo que esta vez no iba a llagar ningún director para defenderme.
-Nombre completo.-Exigió otro de sus tíos.
-Tío Arturo, por favor…-comenzó a decir Hermione
-Tú te callas jovencita-le contestó el tal tío Arturo y yo lo miré enfadado, nadie, absolutamente nadie le hablaba así a mi Hermione.-Nombre completo.- Exigió de nuevo.
-Harry James Potter.- Le contesté con tono serio y levantando la barbilla.
-Edad y fecha de nacimiento…
-Tío Robert ¿tú también?
-Lo siento hija, el deber es el deber.
-18 años. 31 de julio.
-¿Dónde estudias?
-En el mismo colegio que Hermione, voy en su mismo grupo. Nos conocimos el primer día de clases en el tren del colegio, porque un amigo, en aquel entonces compañero, había perdido a su mascota y Hermione le estaba ayudando a buscarla. Ella entró en mi compartimento y reparó mis lentes.-Sonreí al recordarlo y proseguí con mi relato. No quería que el "interrogatorio" se desarrollase de la manera de ellos preguntan yo respondo, ni que fueran las veinte preguntas. Además de que servía para ver si así le paraba los perros al tal Alan, pues desde la vez que nos encontramos en el centro comercial, esta plática estaba pendiente.- Pero no fue hasta el día de Halloween que nos hicimos amigos. De allí en adelante hemos estado siempre juntos y Hermione me ha salvado la vida en más de una ocasión y no estoy hablando en sentido literal. Le debo mi vida.
-¿Qué me dices de tus padres?-preguntó el tío que gritó primero.-¿A qué se dedican?
-No creo que…
-No te preocupes.-Callé a Hermione y le cogí una mano. Su familia, en especial sus padres tenían derecho a saber un poco de mi historia, además de que podía callarle de nueva cuenta la boca a Alan y de paso a Melina.- No tengo padres, señor. Los asesinaron cuando tenía un año de edad, me criaron mis tíos. Pero hasta donde tengo entendido y por lo que me dijo mi padrino y conocidos de mis padres, mi padre era una especie de agente federal y mi mamá una doctora.
-Así que no eres podre. ¿Por qué te debieron de dejar algo de dinero, no?
-¡Tía Clara!
-No, señora.-Contesté con una sonrisa y miré de reojo a Melina. "Va por ti Hermione".- Mis padres me dejaron una considerable fortuna y la casa, y mi padrino, que era él último y único heredero de la Familia Black, también me dejó su fortuna y la de su familia, juntó con la mansión de Londres y al parecer acciones y demás propiedades en el extranjero.
-Bien.-Intervino el tío Arturo.-¿Ustedes que dicen?-preguntó a los demás.
-Dinero, familia, es inteligente, bien parecido… Por mi no hay problema-el tío Robert me había dado el visto bueno, al parecer.
-Yo tengo una pregunta más.-El suelo se movió y mi estómago cayó a mis pies. El señor Granger me estaba mirando muy seriamente.- Hasta donde tengo entendido, mi hija es una, o mejor dicho tu única, mejor amiga. Dices que la conoces desde los once años y que te ha salvado la vida y hasta donde tengo memoria mi hija siempre quiere estar donde estés tú… así que: ¿Por qué ahora?, por qué hasta ahora dices que la amas, ¿no serpa que están confundiendo la amistad con el amor?
Las palabras que una vez me digiera Hermione en la sala común resonaron en ese instante en mi cabeza:
"Además están mis padres. Puede que ellos no te conozcan oficialmente, pero les he hablado de ti y saben que eres mi amigo. Y ellos esperan conocer al hombre que ama a su única hija y no al amigo que la ayuda."
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Bien, era hora de sacar la varita y auto aturdirme. Mi padre había puesto justo el dedo en la llaga.
Bien que mal Harry le las había arreglado para responder perfectamente al interrogatorio que de la nada había improvisado de rara familia incluidas las preguntas estúpidas e imprudentes de mi Tía Clara, aunque yo bien sabía que Harry la había respondido más que nada para hacer que Melina se retorciera de envidia.
Pero gracias a mi perspicaz padre todo se estaba yendo al caño.
-Desde que era niño y no comprendía el por qué de muchas cosas-la voz de Harry se oía lejana, pero clara cuando respondió sin dejar de mirar a mi padre y me acariciaba con su pulgar el dorso de mi mano-, siempre me sentí fuera de lugar, incompleto. Cuando la noche de mi décimo primer cumpleaños un hombre muy alto se presentó en casa y me dijo que había sido inscrito y aceptado en el Colegio Hogwarts, pensé que por fin iba a estar en casa, y de hecho fue así como me sentí la primera noche que pasé allí. Pero con lo que no contaba era con que el loco y psicópata que había matado a mis padres se escapara de la cárcel e intentara terminar con el trabajo, es decir, matarme a mí. Así que ya ve, los pasados siete años me vivido tratando de mantenerme a salvo y si no fuera por su hija yo habría muerto a los once años o en ocasiones posteriores.
Me pregunta por qué hasta ahora, eso es fácil. He vivido tantos momentos, buenos y malos con su hija a lo largo de siete años que ella de una marea u otra se ha ido metiendo en mí. Ha sido la primera mujer en darme un abrazo, en exigirme hacer la tarea, en regañarme por defenderla de terceras personas. Tiene la irritante manera de hacer que te sientas importante, necesario, útil. Es por ella que descubrí que soy bueno para los deportes y la verdad sobre mis orígenes y la inocencia de mi padrino. Ella es la primera en celebrar mis triunfos y llorar mis penas. Ella hace que me sintiera bien solo con mirarme. Siempre sabe qué hacer o qué decir y en qué momento. Además de que es la persona más valiente, inteligente, noble, terca, testaruda y noble que conozco. Siempre ha sido así —comentó pasado un minuto—. Por muchos problemas que haya, siempre sonríe, siempre sabe qué hacer y siempre está allí. A mi lado.
¿Por qué ahora? Porque ya es tiempo, porque ya está tan dentro de mí que la necesito incluso más que el aire, porque ya no puedo ni soporto estar lejos de ella. ¿Por qué ahora? Porque es mi deber estar con alguien como ella, por el honor que me obliga a reclamarla a ella, porque es lo que dicta y espera la sociedad de dónde venimos.-Miró a mí padre a la vez que subía mi mano hasta su boca y depositaba un beso en ella.- Pero, sobre todas las cosas, por una razón muy sencilla: Porque ya no puedo imaginarme la vida sin ella.
Contempló nuestras manos unidas y cambió de postura hasta que nuestros dedos quedaron entrelazados.
- ¿Me pregunta si no estaremos confundiendo mistad con amor? Sinceramente señor, no lo sé. Hermione es y siempre serpa mi mejor amiga. Y si esto que siento cada vez que la miro, es lo que los poetas llaman amor, entonces, sí, la amo. No de un millas de formas, sino de un modo abrumador. De un modo que ha llegado a definir quién soy y lo que soy… y se ha convertido en el núcleo de mi ser.-Volvió a mirarme a los ojos.- Esa es la razón, señor, de por qué hasta ahora.
No me importaba nada ni nadie de los que estaban en esa habitación, en ese momento mi mundo solo estaba compuesto por Harry y yo, así que como pude esbocé una sonrisa algo temblorosa y le solté la mano para poder acariciarle la mejilla. Después me acerqué a él y lo besé en los labios con suavidad y ternura; en una caricia tan hermosa y fugaz como el momento que vivíamos. Poco a poco, profundicé el beso convirtiéndolo en algo mucho más atrevido hasta que pude separar mis labios cuando por fin Harry reaccionó y se hundió en mi boca, reclamándola con voracidad.
Me entregué al león que me había atrapado y supe que jamás necesitaría otra cosa mientras estuviese él a mi lado.
Unos ligeros carraspeos sonaron en la habitación y con renuencia me separé Harry y bajé a la Tierra y a la sala de mi casa donde toda mi familia nos miraba con sonrisas en sus bocas, algunos con los ojos como platos y la mayoría de mis tías con lágrimas en los ojos.
Los carraspeos se oyeron de nuevos y mis ojos se movieron en busca del responsable. Éstos se posaron en Melina quien me miraba con los ojos llenos de furia y una sonrisa desquiciada. En su mano traía una copa con lo que parecía tener jugo de naranja.
Cuando sus ojos hicieron contacto con los míos, hizo un gesto de brindis, y abrió la boca:
-Hermione está embarazada.
Saluit! Mes amis!!
Je suis trés bien, et vous?
Mil disculpas por la tardanza es solo que, como muchos de ustedes sabrán y comprenderán, el inicio de clases a veces es la muerte, y bueno entre una cosa y otra no hay mucho tiempo.
En fin, por fin que do listo, luego de darle una y otra vez vuelta al asuntó, yo, sinceramente no estoy muy convencida del resultado final, pero como siempre son ustedes los que tienen la última palabra y el poder de decidir qué les parece mi trabajo.
Con respecto a la continuación, hay una idea que ronde en mi cabeza, pero aún no se asienta nada (más si tenemos en cuenta que por ahí andan bailando nuevas ideas para una nueva historia), así que no sé cuando pueda actualizar, aunque de cualquier manera intentaré hacerlo lo más rápido que pueda para que no se queden con las ganas ni las dudas.
Recuerden que espero sus opiniones, chismes, dudas y tomatazos. No saben lo bien que me hacen, me ayudan a escribir y a ponerle en empeño.
Por cierto mil gracias por todos sus respiros y gritos de apoyo (aquí entre nos, la vez que los vi-354- estaba en mi casa yo solita y pude gritar de gusto sin que nadie me mirara como si estuviera loca). De nuevo, gracias.
Un beso y cuídense mucho. Nos estamos leyendo….
Kry
México D.F., a 24 de enero de 2009 22:00
