Capitulo XII

La semana se pasó muy rápida. El lunes enviamos las invitaciones de boda a varios vampiros conocidos y por supuesto a la manada. El martes fuimos a por los vestidos, el miércoles compramos la alfombra, las flores y demás adornos. Y, entre el jueves y el viernes, colocamos todos mientras recibíamos a algunos invitados.

La boda de mamá y papá sería sencillita pero a la vez espectacular. En el pueblo nadie lo sabía pues no era bueno que la gente lo supiera, había demasiados cotillas que se podían acercar a ver y con tantos vampiros juntos no sería bueno pues todos no eran vegetarianos. Nosotros no fuimos al instituto porque hacía sol por lo que tuvimos mas tiempo para prepararlo todo.

El viernes a primera hora de la mañana nuestros tíos, Eleazar y Carmen, acompañados de sus hijas hicieron acto de presencia en la casa, fueron los primeros invitados en llegar.

—¡Hola, Vanessa! —me saludó mi tío cuando apareció en el salón.

—¡Tío, Eleazar! —corrí a abrazarlo.

—¡Tía, Carmen!, sois los primeros en llegar.

—Vaya menos mal, ya creíamos que éramos los últimos.

—Carmen, cariño, ves que tengo razón cuando te digo que llegamos a tiempo.

—Si, Eleazar, pero no está mal llegar y saber que eres la primera —dijo mi tía con una sonrisa— ¿Alice, te ayudo?

—Claro ven, mira.

Mi tía fue hacia Alice.

—Kate, Tanya, Irina —saludé a mis primas.

Eran secas, no soportaban que la gente les abrazara, ni siquiera su propia familia.

—Vanessa —me saludaron las tres al unísono con un notable tono de suficiencia.

—¡Edward, qué alegría verte!

—Buenos días, Eleazar.

Mis tres primas se quedaron embobadas mientras veían como Edward bajabas las escaleras, este ando hasta quedar frente a ellas.

—Te presento a mis hijas, Kate, Tanya e Irina —las señaló según iba nombrándolas.

—Mucho gusto, señoritas.

Tan caballeroso como siempre —pensé

—Encantada —dijo Tanya sin parar de mirarlo, se acercó a él y le besó en la mejilla.

En ese momento un fuego interno se avivó dentro de mí, ¿¡cómo se atrevía!, gracias a la ayuda de Jasper, que llegó en ese momento al salón, pude refrenar las ganas de arrancarle la cabeza a Tanya.

Al momento de terminar de saludar, a las que ahora eran sus primas, se acercó a mí.

—Buenos días, mi amor —tomó mi rostro entre sus manos y me besó.

La cara de mis primas cambió totalmente, sobretodo la de Tanya. Si de por sí me odiaban, ahora mucho más.

—Buenos días, cariño —contesté cuando se separó de mí.

—Subamos —me pidió

Yo asentí.

Tomó mi mano y salimos del salón dejando allí, petrificadas por la escena que acababan de presenciar, a mis primas.

—No me gustan los pensamientos de tus primas —susurró después de cerrar la puerta de mi habitación.

—Y, ¿a mí si?

Se acercó a mí y me cogió por la cintura.

—Sabes que solo te quiero a ti —susurró en mi oído.

—Pero yo no quiero que ella se te acerque… y si no hubiese sido por Jasper…

—¿Qué?

—Cuando te ha dado el beso, dentro de mi, se ha encendido un fuego que me impulsaba a abalanzarme sobre ella. Jasper me ha ayudado a tranquilizarme…

Me acunó en su pecho.

—Sabes que solo soy tuyo

—No soportaría verte con ella.

Me separó, suavemente de él, obligando a que mi mirada se cruzara con la suya.

—Nunca estaré con ella porque estaré para siempre contigo. Te amo, Vanessa.

—Yo también te amo, Edward.

Tomó mi rostro con sus dos manos y eliminó esa distancia que nos separaba para juntar nuestros labios. Nos fundimos en un beso cálido y sincero.

—Después de la boda, tú y yo, estaremos solos en casa

Estábamos tumbados en la cama, yo apoyada en su pecho mientras que él trazaba dibujos en mi espalada.

—¿De verdad? —pregunté.

—Si, los chicos se van hacer un viaje de cinco días. Alice lo tiene planeado.

—¿Sí? —le pregunté pícaramente mientras me levantaba de su pecho y le miraba.

Edward asintió también con una sonrisa.

—¿Entonces-estaremos-solos? —pregunté mientras le besaba entre cada palabra

—Si —volvió a repetir en cuanto le dejé.

Seguí besándolo mientras que con mis manos memorizaba su cara y parte de su anatomía.

—Vanessa, por favor, hay más vampiros…

Levanté la cabeza y me quedé fija mirándolo.

—¿Qué tiene de malo besar a mi novio?

Con un rápido giro Edward cambió de posición, ahora estaba encima de mí.

Su sonrisa torcida se dibujaba resplandeciente en su rostro.

—Nada —susurró

Y volvió a juntar nuestros labios.

OoOoOoOoOoO

—Bueno yo ya me bajo con papa

—Vale, Vanessa —convino Alice.

Hoy era el gran día, hoy se casaban. Alice y Rose estaban terminando de retocar a mamá, nosotras ya estábamos preparadas.

—Te veo a bajo, mami.

—Claro, cielo

—¿Estas nerviosa?, puedo llamar a Jasper.

—Tranquila, cariño, no hace falta que le llames.

—De acuerdo, entonces me bajo.

Abrí la puerta y salí de la habitación. Bajé las escaleras. Todo estaba precioso, todo colocado a la perfección hasta el mínimo detalle, todo controlado por Alice, todo estaba listo. Una brillante alfombra roja iba desde las escaleras hasta el altar situado en el patio.

Pude ver a los invitados que se estaban sentando en su respectivo sitio en los bancos.

—¡Jake! —me acerqué a saludarlo.

—Vanessa

Nos abrazamos.

—Estas realmente hermosa.

—Gracias, Jake, tu tampoco estas nada mal

Era cierto, llevaba un traje gris con una camiseta blanca que le quedaba de muerte, aún así, seguía quedándome con mi Edward.

—¿Cómo estas?

—Bueno…, no estoy llena de pintura, así que debería decir que bien.

Miré a Leah, que estaba al lado de Jacob, la cual se estaba riendo silenciosamente.

Jacob nos miró confundido.

—No importa —dijo riéndose— os dejo con vuestras tonterías…

Se despidió de nosotras y se colocó en su sitio.

—¿Lo has encontrado ya?

Leah puso los ojos en blanco.

—¿Vas a dejar de preguntarme por mi imprimación cada vez que me veas?

—Emm… si.

—Gracias, que alivio —suspiró.

—Te dejaré cuando la encuentres.

Nos reímos.

—Tengo que buscar a papá, nos vemos.

—Claro.

Volví otra a la casa y fui a su despacho.

—¿Papá?

—Si, cielo pasa.

—¿Estás listo? Nos toca bajar.

—Claro, vamos.

Bajamos las escaleras. Me agarré a su brazo al comienzo de la alfombra y paseamos juntos por toda ella. Los invitados nos miraban a la vez que pasábamos por su sitio.

Al llegar al altar me besó la cabeza y me fui al lado de Edward en la primera fila.

—Amor —le saludé.

No me contestó, me acercó a él y me besó.

—Estas hermosa.

—Gracias, tu también.

Nos sonreímos.

Un leve gruñido provino del banco posterior, mis primas. Mis primas se habían sentado justamente detrás de nosotros. No hicimos caso y seguimos a lo nuestro.

—Emmett, estás divino —le halagué mientras me sentaba a su lado. A mi otro lado tenía a Edward.

—Vane, querida, el que lo es, lo es —dijo con suficiencia.

—Creído.

Los tres nos reímos.

Edward comenzó a tocar el piano cuando mamá, precedida por Alice y Rose, apareció por la puerta del salón. Con gran majestuosidad en sus pasos, las tres recorrieron el camino hasta el altar.

El cura, un vampiro, comenzó con los votos.

—Esme Evenson ¿aceptas a Carlisle Cullen como futuro esposo para amarle y respetarle, todos los días de tu vida?

—Si, acepto —y le puso el anillo.

— Carlisle Cullen ¿aceptas a Esme Evenson como futura esposa para amarla y respetarla, todos los días de tu vida?

—Si, acepto —cogió delicadamente la mano de Esme y colocó en su dedo el anillo

— Entonces yo os declaro, marido y mujer, puedes besar a la novia –concluyó el sacerdote.

Papá acunó en sus manos el rostro de Esme y, los dos, se fundieron en un beso.

OoOoOoOoOoO

Papá y mamá, como era habitual que los recién casados lo hicieran, abrieron el baile. A los pocos minutos nos unimos los hijos y continuamos bailando, con ellos, el vals.

Varias mesas redondas, cubiertas con manteles blancos, estaban puestas donde antes habían estado los bancos y el altar.

Los invitados, colocados minuciosamente por Alice, conversaban en ellas.

Jasper y yo estábamos sentados en una mientras Alice y Edward saludaban a unos viejos conocidos y Rose y Emmett bailaban.

—¿Te sientes extraño al percibir tantos estados de ánimo a la vez?

—Lo estaría si me concentrara en todos, pero no lo hago. Intento dejarlos a un lado.

—¿Y funciona?

—Bastante, son muchos siglos de práctica, Vanessa.

—Viejo…

Soltó una carcajada.

—Tú también lo serás

—Pero no más que tú

—Cierto

Volvimos a reír los dos.

—Veo que os lo estáis pasando bien —afirmó Edward que se había acercado a la mesa.

—Se hace lo que se puede cuando no tienes a la persona que más amas junto a ti, ¿verdad, Jasper?

—Verdad.

Edward esbozó una sonrisa torcida antes de besarme.

—¿Me concederías este baile? —preguntó tomando mi mano.

—Por supuesto.

Me levanté de la silla.

—Busca a Alice, Jasper. No la dejes sola mucho tiempo.

—Lo tendré en cuenta.

Me sonrió.

Edward y yo nos encaminamos a la pista de baile.

—Me encanta tenerte a mi lado —susurró en mi oído.

—Y a mí estar a tu lado.

Continuamos bailando, bien pegados, una canción lenta y armoniosa.

En un abrir y cerrar de ojos Tanya, con la ayuda de Hang –otro vampiro, celoso, que llevaba varios años colado por mi- estaba bailando con Edward. Hang me retenía en sus brazos mientras bailábamos.

—Suéltame, Hang, —forcejeé para soltarme— suéltame o no respondo.

Edward había apartado a Tanya de él.

—Te está diciendo que la sueltes —rugió Edward.

Todos los invitados pararon de hacer lo que estaban haciendo y fijaron su vista en nosotros.

—Suéltala Hang —Emmett apareció a su lado y le agarró de los hombros— no queremos que nadie salga lastimado, ¿verdad?

Jasper estaba a su lado esperando alguna reacción para atacar. Edward estaba tan solo a unos metros.

—Hang me estas haciendo daño en las muñecas. Suéltame, por favor.

La oscura mirada de Hang seguía clavada en mis ojos.

—Hang —volvió a repetir Emmett ahora con sus manos en el cuello del interpelado.

No aguanté más, la presión que ejercía en mis muñecas era demasiada, por lo que opté en trasformarme en un animal. A los pocos segundos estaba convertida en un puma, era el primer animal que se me había pasado por la cabeza al mirar a Edward.

Hang, al ver que mi cuerpo cambiaba, me soltó, Emmett aprovechó este gesto para apartarlo de mí.

Instintivamente comencé a acariciarme con el hocico las garras, me dolían mucho.

Edward se acercó a mí y me tomó en brazos, seguidamente subió las escaleras hasta mi habitación. Me recostó sobre la cama y me transformé en humana, otra vez.

—Lo siento, amor.

—Tú no has tenido la culpa.

Se sentó a mi lado y me abrazó.

—Déjame verte

Le enseñé las muñecas.

—Las tienes moradas.

—Creo que Jasper está haciendo un buen trabajo sobre ti.

—Que no te quepa duda.

Me acarició la mejilla dulcemente.

—Vanessa, cariño —papá entró a la habitación seguido de Esme— déjame que te vea.

Extendí las manos en su dirección y él las tomó con suma delicadeza, tanta que no me hizo daño alguno.

—Ponte hielo, bajará la hinchazón y se quitará ese color morado.

—Gracias, papá.

Me sonrió dulcemente.

Bajamos a la fiesta y, acompañada por Edward, fui a la cocina.

Cogió un paño, en él puso varios hielos y lo colocó encima de mis muñecas.

—Tus manos me servirían —le dije con una sonrisa.

Me sonrió y quitó el hielo sustituyéndolo por sus manos.

Pasada la media noche, papá y mamá, estaban listos para irse.

Ya se habían ido varios invitados, como los tíos y Hang, así que no tendríamos problemas.

—Adiós, papá

Me abracé a él.

—Adiós, cielo.

Me acerqué a Esme y también la abracé para despedirme de ella.

—Adiós, mamá

—Adiós, hija, cuídate.

—Yo la cuidaré, mamá —dijo Edward abrazándome por la cintura detrás de mí.

Esme sonrió y nos acarició la mejilla a los dos.

Después de la marcha de nuestros padres hacia su luna de miel, continuamos con la fiesta, bailando, cantando, riendo…

A la mañana siguiente todos los invitados se habían ido.

—Estoy cansada…, no había bailado y cantado tanto en mi vida —dije mientras me sentaba de golpe en el sofá.

—¿Quieres dormir? —me preguntó Edward mientras se acercaba a mi.

—Si, por favor.

Me cogió en brazos.

—Nosotros prepararemos la maleta y recogeremos esto —dijo Alice mientras Edward subía las escaleras.

—Llamarme cuando os vayáis.

Me cambié de ropa y me puse el pijama, acto seguido me metí en la cama, me acurruqué en el pecho de Edward y me quedé dormida.


Gracias! Espero que os haya gustado! cualquier cosa me decis! Besos