Warning: los personajes empleados en esta historia no me pertenecen, son propiedad de Hidekaz.
Capítulo once: La notte si avvicina
Por alguna desafortunada razón, mi casa se hallaba invadida por un trío de bebedores compulsivos quienes miraban el futbol como si su vida dependiera de ello. Tal y como prometió el estúpido prusiano, de camino a casa compró unas cuantas botellas de cerveza, y el pervertido francés trajo consigo bolsas llenas de aperitivos de dudosa procedencia (me sonaban bastante) alegando que, por una noche no ocurría nada si traicionaba su hermosa dieta. Isabel, sintiéndose mal porque todo el mundo traía algo a aquella improvisada fiesta, los preparó y sirvió sobre la pequeña mesita de la sala de estar. Haciendo zapping, y de una maldita forma casual, habían descubierto el inicio de un partido entre el Real Madrid y el Lyon, con un jodido macho patatas como árbitro. ¿Conclusión? Me sentía desplazado en mi propio hogar por una panda de obsesionados por el deporte. Con un suspiro, miraba a los otros dos hombres que no solo habían ocupado MI sofá, destrozado mis planes y arrasado con mi despensa (porque, por supuesto, aquellas patatas fritas, almendras y etc. no los había pagado el franchute. He ahí la respuesta al interrogante de por qué me eran conocidos) sino que me habían arrebatado mi sitio junto a España y las posibilidades de compartir unos momentos a solas con ella. Busqué las opciones más retorcidas de cómo echarlos a patadas de mi casa y dificultarles el camino de regreso a sus respectivos hoteles. En instantes como estos, la mafia no sonaba para nada mal. Gritaron, sacándome de mi ensoñación, cuando uno de los del equipo español marcó un gol, finalizando el partido con su victoria. Francia lloriqueaba disgustado, culpando según él al inútil árbitro alemán. Prusia se rió, afirmando que los maravillosos alemanes no tenían responsabilidad en su juego penoso. La mujer se mantenía al margen, ignorando los comentarios de los chicos.
Me dirigió una mirada compasiva, lamentando que sus amigos fueran tan escandalosos cuando se habían auto-invitado. Sonreí ligeramente y sacudí la cabeza, dándole a entender que podía relajarse, que no pasaba nada. Dispuesto a que estos imbéciles no me fastidiaran mi objetivo, ideé un nuevo plan adaptado a las circunstancias. Todos empezamos a beber, retándonos unos a otros por ver quién de los cuatro duraría más. El primero en retirarse fue el francés, asqueado de tanta cerveza, y se sirvió (de mi mejor colección de vino) una copa bien cargada del líquido rojo. Por supuesto, yo tampoco tardé en abandonar esa absurdez que me había servido de excusa para otras cosas más interesantes. España y Prusia, los más competitivos, tomaban vaso tras vaso decididos a ganar. Uno por "orgullo germano", y la otra parte porque amaba los retos más que nadie. Estuvieron bastante tiempo sin despegarse la mirada sin dejar de tragar, hasta que la española abandonó, recostándose mareada en el sofá. El prusiano hizo gala de su resistencia, riéndose como loco mientras se quitaba la camiseta y la movía estilo estriptis, evidentemente "un poco" borracho. Por supuesto, su ego aumentó de una forma tan insufrible que terminamos tirándole los aperitivos para bajarle los humos. Isabel se había enganchado a mi brazo, el pelo alborotado saliéndose de su recogido, las mejillas sonrojadas y una sonrisa muy rara que daba escalofríos. Al francés debió parecerle una imagen adorable, porque en seguidas se acercó dispuesto a dar amour a aquél que le necesitaba, sobre todo a España. De repente, un sonido seco, y el pervertido se encontraba con una mano marcada en su rostro y una persona muy cabreada cogiéndole de la oreja. Nos quedamos observando un buen rato a ese individuo hasta que lo reconocimos.
"¿Canadá? ¿Cómo has entrado a mi casa?" pregunté, muy extrañado de cómo podía haber burlado la vigilancia.
Suspiró, acostumbrado a nuestra falta de atención "Estuve aquí todo el tiempo…"mira mal a Francia "Ya veis que si le quito la vista un minuto ya ataca a otros"
"Pero mon petit Mathew, ¡No iba a hacerle nada! Solo pensé que ma belle amie necesitaba un poquito de amour, y yo me ofrecí encantado a darle un abrazo inocente" agarró a su pareja de la cintura y la pegó a su cuerpo "Sabes que en otros aspectos, solo tú me satisfaces…"
"Ewww guárdate esos comentarios para la intimidad, maldito bastardo" Olvida las imágenes y lo mismo no quedarás con un profundo trauma, Romano, sí…haz eso.
"¡Francis!" gritó, espantado por la desvergüenza de su novio.
"Joo, ¿Por qué siempre recibo por ser sincero? Honhon creo que hay alguien que necesita que le demuestre hasta cuanto supera mi límite de control" en cuestión de segundos, el estúpido cargaba al pobre chico tomando la puerta de salida de mi casa sin ni siquiera despedirse o agradecer por la velada- Feh, uno menos del que preocuparme. Aunque el otro no iba a ser tan fácil de echar…
Los otros dos bailaban con una alegría desbordante poniéndole ritmo a una melodía imaginaria que, de alguna forma, llegaba al ambiente y sonaba en los oídos como si de verdad estuviese allí. Finalmente, la coleta de Isabel había caído, el moño perdido en alguna parte del suelo, y su cabello desordenado caía en una cascada de ondas castañas sobre sus hombros y espalda. Las mangas habían sido remangadas y la falda contenía un sin número de arrugas. Sin embargo, yo no había visto algo más provocador en mi vida, la manera en que movía sus caderas, su risa llenando la estancia, esos labios que entonaban una canción silenciosa. Al verme, se acercó con prisa cogiéndome las manos y arrastrándome a unirme a ellos. El prusiano animaba y cantaba con una botella vacía por micrófono, su fiel gilbird acompañándolo en su cabeza. Esta noche, me tocaba lidiar con dos borrachos con cierta hiperactividad y, por lo que parecía ser, dispuestos a no permitirme ni una sola hora de sueño. Con un gran suspiro, me giré para buscar un vaso de agua a mi garganta seca, pero en un gesto brusco ambos agarraron mis brazos y daban vueltas sin parar. Intenté reñirles y detenerles, lo que solo causó que el egocéntrico chalado me tirara al sofá junto a la mujer. Abrí los ojos, maldiciendo a todo volumen al idiota, hasta que se toparon con aquellas esmeraldas que me tenían hechizado, nuestros rostros muy cerca, ¡demasiado!, y los labios a punto de rozarse en un beso. Su peso sobre el mío no ayudaba al estallido de imaginación que en este momento mi mente emitía en mi cabeza perturbándome. Puñetero Francia y su maldita influencia…¡Yo no era así! Si dejaba que algo ocurriera entre ambos esta noche, mi oportunidad de conquistarla se vería truncada. Aunque a algunos gilipollas tuvieran suerte y acabaran con la persona que amaban de esta manera (dígase Usa o Alemania, porque sí, este último bastardo tuvo a mi hermana prendada desde el principio y no necesitó de agotadores cortejos ni palabras bonitas aghhh me enfermaba) no siempre funcionaba, y además, mi sangre italiana se negaba a permitir semejante acción sin la plena conciencia de ella. Y aún así, ¿por qué continuaba observando a esa carnosa boca con una pación desbordante? Me hacía sentir sucio y un pervertido de mierda, y no me gustaba nada. Con cuidado, la aparté incorporándome en el sofá, el interrogante iluminado en su mirada. Escuchamos un golpe. Prusia había caído al suelo, durmiendo a pierna suelta. De mala gana, me levanté y le eché una de las mantas que guardaba en el armario por encima. Eso sí, si esperaba que lo cargara al sofá o a una cama estaba listo el bastardo…¡suficientes problemas me había traído este hombre, así que si por la mañana tenía dolor de espalda era su maldita culpa!
Tomados de las manos, llevé a España a la habitación de invitados. Le di unos minutos para que se cambiara y salió del baño con una camiseta larga mía y un pantalón cuya cuerda había apretado para que no se le bajaran. Se sentó sobre la cama, le besé la frente deseándole buenas noches e hice ademán de irme, sin embargo su brazo se enganchó a mi camisa y con una gran sonrisa señaló las estrellas que se observaban desde el gran ventanal.
"¡Lovii!, ¿no son preciosas? ¡Quédate un rato más a verlas con la jefa, porfii!"
"España…ya es tarde, tú te encuentras embriagada y yo agotado…y hace tiempo que no eres mi jefa…"murmuré esto con pena, lamentando decírselo a la mujer. Quizás la borrachera le había hecho olvidar algunas cosas hasta que se le pasase…
"Oh, ¡tienes razón! Jajaj, ya no me necesitas, eres fuerte, independiente, y mayor…"la tristeza en su voz se hacía latente, y apretó los puños con la mirada fija en el techo "sé esa situación y…a pesar de que me alegro mucho por ti sinceramente, me siento muy vacía…Roma, ¿entiendes lo que se siente cuando lo tienes todo una mañana y a la siguiente dejas de ser alguien? ¿Cuándo te das cuenta que aquellos que criaste jamás volverán a necesitarte? ¿Qué nadie recuerda quién fuiste? Durante la mayor parte de mi existencia…he vivido de desgracias y abandonos, de glorias pasadas que acumulan polvo en el rincón de mis recuerdos, de sonrisas…"las lágrimas hicieron gala de presencia, recorriendo sus sonrojadas mejillas y apuñalando mi corazón sin compasión. "Ahora mismo, quiero sonreírte y decirte que estoy orgullosa de ti, que yo puedo seguir sola con toda mi voluntad, que soy feliz porque no me necesitas…entonces, dime Romano…Lovi… ¿Por qué mi cara se niega a esbozar esa sonrisa en este momento?"
Y la abracé, comprendiendo cada una de sus palabras, compartiendo ese dolor que siempre había guardado con celo y que liberaba tras años de llevarlo a sus espaldas. Ella lloraba sin consuelo, mientras yo me tumbaba y la acurrucaba contra mi pecho, susurrándole en el oído que no la culpaba, que llorara tanto como pudiera, que después todo iría bien y que mañana quería volver a ver mi dulce amiga radiante como el sol de su tierra. Los párpados cubrieron sus globos, y sequé aquel rastro de lágrimas con besos. Acaricié su pelo con ternura, y cuando comprobé que había caída definitivamente dormida, contra todos mis principios, la besé. Por ella, por mí…por todas aquellas cosas que habíamos pasado tanto juntos como separados, los años que nos habían torturado desaparecían con la imagen de un posible futuro para ambos, que solo podía cumplirse si ella permanecía a mi lado. Mi felicidad era relegada por la suya, y, de alguna extraña forma, eso reiteraba a mi mencionada felicidad, en un ciclo continuo. Me levanté, la abrigué con la sábana y eché un último vistazo a aquellas estrellas, pidiéndoles un silencioso deseo como solíamos hacer mi sorella y yo cuando éramos pequeños. Ella, igual de ingenua, continuaba su tradición, y yo la perdí con trascurso del tiempo. Pero hoy en especial, quería intentarlo, quería creer que algo tan lejano podía ayudarme y realizarlo si aguardaba con fe y esperanza. Con un suspiro, cerré la puerta y me marché hacia mi cuarto, aún pensando en aquel ruego que tantas veces le había pedido a Dios, y que ahora también solicitaba a aquella esfera…
"Permíteme amarla…y déjala amarme"
A la mañana siguiente, partieron cada uno a sus respectivos hogares. El francés NO se había ido de mi casa como al principio deduje, sino que con todo su puñetero descaro, había invadido MI habitación y corrompido mis sábanas acostándose con un avergonzado Canadá que en seguidas se disculpó cuando me vieron aparecen allí, petrificados, y a punto de pegar el chillido del siglo. Di un portazo, ignorando por el bien de mi salud mental todo lo que había visto, y ocupando el sofá del salón. Al despertar, el prusiano se quejaba como un infantil mocoso sobre los dolores de espalda que tenía y la jaqueca de la fiesta que se montó solo. Me sentía muy frustrado al comprobar que mi plan de emborracharlos para que se fueran a sus hoteles no había funcionado al final con ninguno de los dos. Mi casa por fortuna no había sufrido de ningún desastre más que el de unas botellas vacías y aperitivos esparcidos por el suelo (por la cuenta que les traía…o habría mandado a todo mi equipo de "amigos" para darles una muy bonita lección). España se había despedido tan efusivamente como siempre y había abandonado el domicilio con una sonrisa en sus labios, de seguro no recordando para nada la noche que había pasado. Maldecía su capacidad de asimilar el alcohol…o eso, o fingía por orgullo para luego llegar a su casa y tomarse lo que sea para quitárselo. Un misterio. Mientras ordenaba el cuarto que ella había ocupado, encontré para mi sorpresa una nota.
"¡Hola, Lovi!
Deseo disculparme por todas las molestias que yo y mis amigos pudimos ocasionarte esta noche. Nos conozco muy bien, y sé que no debió de ser fácil tratar con nosotros. Una lamentable imagen, pero en fiiin.
Me gustaría recompensártelo de algún modo, y caí en que podría llevarte a hacer algo divertido por mi país ya que tú me enseñaste el tuyo, ¿y qué mejor que ir a una fiesta (no de alcohol) propia del mío? Estoy segura de que te divertirás.
Tu ex jefa que te quiere mucho (¡Sí, muchísimo mi tomatito!)
Reino de España, Isabel"
Bueno, quizás no había perdido todas mis oportunidades en esa alocada noches…
Autora: ¡Hola! xDDD Jajaja aquí os traigo otro capítulo, y espero que no haya quedado muy fail o cursi. Las escenas románticas no son lo mío xDDDDDDD soy más del tipo pervertida perdida como Francia jajaja. Quiero agradecer muchísimo a todos aquellos que están siguiendo la historia, tanto los que la comentan como los que solo la leen, me hace muy feliz ^^- Jamás pensé que algo que hice por entretenimiento llegaría a tener 11 capítulos más Prólogo, y lo mejor es que aún sigue sumando. Y ufff ¡50 review! Esto es emocionante T^T como lo que empezó con una cosita cortita con 4-6 review y ahora los capítulos van alargando sus páginas cuando pueden y llegan a esa cantidad tan…ainss. No tengo palabras, en serio, sobre todo cuando sé que muchos escribís y lo hacéis genial, y me hacéis constar que os gusta. En fin…¡Os quiero, y Hasta pronto!
