Hola. Perdón por la tardanza. ¡Gracias por sus reviews!
Gracias a los comentarios de los que me siguen siempre (chreisthewolf07 y Yuna-Tidus-Love), a quien llegó tarde (Mr. NBA) y a otro quien empieza a leer (leinahtan).
La verdad es que estoy media desanimada (me fue mal y no puedo terminar 4° este año) y mi mamá sólo me dijo "no servís para nada". Así que espero servir como ficker.
¡Gracias por leer!
CAPÍTULO 12
OTRA CIUDAD EN EL DESIERTO
—Esta vez, sí te eliminaré de una vez por todas, pequeña peste —amenazó el doctor Nefarious Tropy con enfado, viéndose adolorido, y apuntando su arma diapasón directo hacia Crash Bandicoot.
—Crash, ten más cuidado esta vez —le aconsejó Aku Aku al chico en voz baja.
El bandicut mutado asintió seriamente y se colocó en posición defensiva, esperando los ataques del hombre azulado. Con la respiración agitada y con su rostro fruncido, el científico disparó más de esa energía concentrada en un número mayor que las otras ocasiones. El marsupial se vio en una situación más complicada ya que aquellos disparos intentaban seguirlos. Por ello, fue más difícil eludirlos y, el último de estos consiguió quemar un poco el hombro del chico. Crash gritó de dolor y buscaba un refugio para alejarse aún más de su enemigo, sin embargo, él debía ocuparse de las ráfagas de rayos que venían por el suelo.
Saltando con dificultad, el anaranjado consiguió evitar quemarse los pies aunque comprobó que las suelas de sus zapatillas deportivas estaban un poco derretidas. Pese a esto, Crash pudo salvarse, aún más cuando las pequeñas plataformas cambiaron de lugar repentinamente y así evitó caer al vacío. Otra vez, Nefarious se preguntaba con total furia el porqué de la falla en los controles de aquellas piezas cuadrangulares, que nuevamente hicieron cualquier cosa y le facilitó al bandicut llegar hacia dónde estaba el cansado científico.
Fue demasiado tarde. Bandicoot ya iba directo hacia el cyborg y aprovechó el hecho de que su enemigo dejó caer su arma para sostener su brazo robótico. El chico sabía que el hombre se veía en un pésimo estado, sin embargo, si la situación era opuesta, él suponía que no le tendría ninguna piedad. Por ello, el mutante no dudó en llegar al final con su ataque y no tuvo problemas con ello. Tropy cayó de espaldas, soltando un grito de dolor. Esta vez, el experto en viajes en el tiempo apenas se movía, con lo que demostraba que no podía levantarse.
—Listo, Crash. Ya es suficiente —comentó Aku Aku; el chico anaranjado, hasta incluso el hombre azulado, asintieron lentamente. Al ver que el enemigo había aceptado su derrota, el evolucionado tendió uno de sus brazos para ayudar a quien estaba en el suelo, no obstante, el euroasiático lo miró enfadado.
—Mi tiempo se acabó… Pero el tuyo, pronto lo estará también.
Crash lo miró confundido, y más aún lo fue cuando, en un instante, el gran reloj que tenía el científico en su tórax explotó, dejando una espesa nube de humo. El marsupial tosió un par de veces ante esto e intentó diseminar el humo con una mano. Al volver la mirada hacia el maestro del tiempo, éste estaba divido en tres partes: su brazo mecánico por un lado, y el resto por la mitad. El joven nunca creyó que sus golpes serían demasiado: en sus anteriores enfrentamientos, sus enemigos jamás terminaron con sus piernas separadas del resto del cuerpo.
"¿Qué hacemos, Aku Aku?", preguntó el silencioso con pavor. "No podemos dejarlo así", pensó al borde de estallar en lágrimas. "¡Lo maté!". "No quería hacerlo".
El chico rompió en llanto, sin embargo, una luz captó su atención. Eso se trataba de una tele-transportación, y quien apareció, fue alguien conocido.
—Eso pasa por no escucharme —dijo el científico del misil en la cabeza, viéndose decepcionado, y luego miró al dúo—. No se preocupen. Menos mal que es un cyborg; aún sigue con vida. Me ocuparé de esto. Será mejor que salgan de aquí… Luego nos veremos.
N. Gin se puso a ayudar a su colega, mientras que el marsupial anaranjado y la máscara de madera se tele-transportaron, mostrándose pensativos, hacia la sala principal del Time Twister. Una vez allí, Crash caminaba con lentitud hacia su hermanita y sus amigos, viéndose lastimado, en especial su hombro. Su guardián le pidió que se quede quieto para la curación y, Coco trataba de ayudar llevándole otro par de zapatillas para que se quite esas con suelas quemadas. Pasó un momento así, y de repente, la pantalla en donde aparecieron los enemigos se encendió.
—¡Bobos, insolentes e insignificantes idiotas! —gritó furioso Uka Uka—. ¡Al derrotar a N. Tropy, nos pusieron a todos en peligro!
—Crash. Coco. Deben entender que esta máquina del tiempo es muy delicada —interrumpió Neo Cortex a la máscara negra, hablando con preocupación en su tono de voz—. Sin el control y cuidado constante del doctor Tropy, ¿quién sabe qué hará?
Allí se cortó la comunicación y el equipo Bandicoot se mostraba confundido: quizá ellos dos les estaban mintiendo, aunque parecía que decían la verdad. De todas formas, aquel grupo debía tener más cuidado para los próximos viajes en busca de las piedras de energía. La única chica del quinteto consideraba que era tiempo para que ella emprenda la búsqueda, sin embargo, por medio de Aku Aku, su hermano le fue explicando que la próxima zona no lo desgastaría tanto, ya que sería ayudado por un transporte. Ella tuvo que escucharlo y fue a preparar todo lo necesario para el viaje.
Crash parecía tener humor para ello, hasta se vistió acorde a la situación: unas gafas oscuras, para que el sol no afecte su visión, y una chaqueta de cuero, a modo de abrigo. Él mismo se encargó de llevar lo que necesitaba hacia la plataforma transportadora y luego se despidió de sus amigos con su típica sonrisa de oreja a oreja, en especial de Polar ya que él nuevamente no lo acompañaría. Cuando él alzó el pulgar, Coco activó el portal y su hermano, junto con su guardián de madera, desapareció. Ella estaba preocupada; había algo que no le había dicho al joven.
El bandicut y su compañero aparecieron en mitad de una carretera asfaltada y parecía que estaban en medio de la nada, ya que en el horizonte sólo se veían cumbres y montañas. El lugar era desértico, como habían imaginado, puesto que no había vegetación sobre la tierra a excepción de unos pocos cactus que algunos alcanzaban gran altura. En sí, no parecía que el sitio estaba deshabitado: había varios comercios a los costados de la ruta y algunos tenían un toque de familiaridad. El anaranjado se levantó sus gafas para ver bien qué decía el cartel de esos lugares y también de aquellos que estaban fijos en el terreno.
"¿Restaurante de Dingo?", se preguntó el chico asociando el nombre que aparece al del mutante híbrido. "¿Exceso de velocidad controlada por el sheriff Neo Cortex? ¿Por qué esa gasolinera tiene en su anuncio imágenes de misiles? ¿Reelijan al alcalde Neo Cortex? ¿Por qué Tropy vende aceite? No puede ser."
—¡Cuidado, Crash! —interrumpió la máscara el análisis del marsupial ya que se aproximaba un automóvil azul a toda velocidad hacia ellos.
Como pudo, el muchacho se apartó del camino antes de convertirse en tortilla y, al fijarse en el conductor, él comprobó que casi lo atropellaba un asistente de laboratorio. Luego de recuperarse del susto, él se preguntó "¿por qué ese robot tiene tanta prisa?".
—¡Crash! Ese androide se dirige justo hacia donde debemos ir. Supongo que también irá por la gema y el cristal —captó la atención la máscara al chico—. Debemos apresurarnos.
Fue así que ellos pusieron manos a la obra: el bandicut se puso las gafas y se subió a su vehículo, una motocicleta roja con detalles de llamas. Mientras que avanzaba, él iba subiendo la velocidad aunque sin llegar a extremos. Aku Aku permanecía a su lado, tratando de mantener la misma rapidez. Mientras viajaban, unos pájaros azules, que estaban en la carretera, volaron espantados al ver que se aproximaban. Algunas de estas aves por poco no se chocaron con el dúo, aunque por un momento sí les taparon la visión.
Cuando estos plumíferos se alejaron lo suficiente, la carretera estaba desierta; el único rastro de civilización, además del asfalto en parte del suelo, era el cableado eléctrico y algunos postes de luz. Sin embargo, más adelante, se agregó a esta lista algún que otro patrullero, los cuales estaban estacionados de manera sospechosa, como si estuvieran esperando a que pasara alguien buscado. Sólo apartando los ojos del camino por un segundo, Crash vio a esos policías y estos lo miraban fijamente. También observó que uno tomó su comunicador y esto no parecía tener buena espina.
A pesar del mal presentimiento, el evolucionado continuó con su marcha por largo tiempo y, cada tanto, se encontraba con los autos de los androides. El motociclista sabía bien que debía alejarse de estos esbirros del N Team, sin embargo, al tratar de sobrepasar a uno de estos, el robot casi le hizo perder el equilibrio chocándolo por el costado. El anaranjado por poco salió del camino, aunque logró reponerse y adelantarse. Los demás vehículos conducidos por estos enemigos también intentaron quitar a Crash de la ruta, así que el chico debía prestar atención ante estas tretas.
Pero no sólo los androides o los patrulleros presentaban un problema; había algo en el ambiente que no ayudaba en nada a los buscadores de piedras de energía. Estaba anocheciendo, y ambos sabían bien lo que eso significaba: frío y, por supuesto, oscuridad. Los dos debían buscar un lugar donde pasar la noche y, por si no fuera poco, también se estaba acabando el combustible de la motocicleta. Lo único que hizo olvidar por un rato sus problemas era que vieron a alguien pidiendo aventón. No había nada extraño en eso, aunque ese alguien no parecía ser una persona y cada vez más sostenían esto al acercarse.
No se trataba de ningún asistente de laboratorio o de algún mutante secuaz. Al detenerse para ayudarlo, ya que no dejarían a nadie en medio de la nada, nunca pensaron en encontrarse con ese personaje.
—En verdad que no creí que te detendrías, primo. Sabes qué, trabajar para Brio tiene sus pros y sus contras, más de lo último que nada —habló con algo de pesimismo el mutante hacia el conductor. Este último no sabía qué estaba pasando.
—¿De nuevo investigando, Fake Crash? —preguntó Aku Aku con cierto enfado.
—En parte, sí, y otra, no —respondió tranquilamente el chico de grandes cejas—. Ahora estoy en un aprieto y quisiera hablar con mi primo, plumitas.
—¿Qué estás tramando? —quiso averiguar la máscara pero Trash lo ignoró y fue acercándose hacia el bandicut. Crash, por su parte, bajó de su moto para enfrentárselo; al parecer, él ya recordó quién era ese tipo y las situaciones que pasaron juntos.
—Sé bien de nuestros conflictos en el pasado pero también sé que eres un buen chico así que, si me alcanzas hasta este punto —explicó el marsupial de dientes grandes mientras señalaba un lugar en un mapa—, te ayudaré a conseguir un lugar decente donde dormir esta noche. ¿Qué dices, eh?
El chico de las gafas oscuras dudó en la proposición de su familiar y no sabía bien qué hacer: por un lado, él recordaba las peleas que tuvieron y, por otro, no estaba bien dejarlo a su suerte. Luego de mirar hacia un lado y a otro tratando de decidirse, él asintió con apenas fuerzas con lo que el bandicut de ojos grises saltó de alegría. El hechicero y su aliado aun desconfiaban del ayudante del científico de los tornillos, pero a su vez, por lo menos no estaba del lado de Cortex y parecía poder solucionar en parte el problema que tenían.
Sin perder más tiempo, luego de que Crash se volvió a subir a su vehículo, Fake Crash también se subió de un salto en la parte de atrás del mismo. Fue así que ambos marsupiales más la máscara mágica avanzaron rápidamente por la carretera, esquivando de tanto en tanto más asistentes de laboratorio. Al rato, la oscuridad se apoderaba del firmamento y ya se podía notar la luna en su fase de cuarto creciente. La baja temperatura también se percibía, y el motociclista y su guardián pensaron que Trash no cumpliría su parte del trato.
—Es ahí —anunció el primo del joven de ojos verdes, señalando un edificio.
Sorteando baches profundos y caballetes en diferentes sectores de ambos carriles, los tres llegaron a una zona de descanso, donde había una gasolinera, una cafetería y, lo más importante, un pequeño hotel. Con algo de temor, porque Crash no sabía cómo iban a reaccionar las personas de aquellos lugares al verlos, él se dirigió hacia el estacionamiento. Después de que ambos mutantes bajaron de la motocicleta, el dueño de la misma la aseguró y los dos entraron a la sala de recepción.
Una vez que Crash falso tocó el timbre característico, el dueño del lugar no se esperaba a tales huéspedes, con lo que puso una cara rara. Este la cambió de inmediato al recibir una buena propina y, fue así que ellos consiguieron la llave de su habitación. Una vez allí, el bandicut de los dientes grandes rápidamente se preparó para irse a dormir y ya se había elegido una de las dos camas individuales. En cambio, el de los ojos verdosos se tardó un poco más y fue a explorar brevemente el lugar, el cual no era un lujo pero tenía lo necesario.
—Toma —le dijo Fake Crash a su primo, el cual esperó a que se vaya a su correspondiente cama, y le arrojó las llaves del cuarto—, por si todavía no confías en mí. Buenas noches.
Con rapidez, el evolucionado hablante se durmió mientras que el otro lo logró luego de su guardián le prometió que se quedaría a vigilar…
Finalmente la luz del día surgió dando a saber que llegó el amanecer y Crash se despertó gracias a los constantes llamados de Aku Aku. Él demoró en levantarse ya que era de dormir hasta algo tarde y porque simplemente no tenía ganas para nada, sólo de seguir durmiendo.
—Vamos, primo. No querrás que esos robots consigan los cristales, ¿verdad? —se metió el otro bandicut, quien ya se había levantado hace rato.
A duras penas, el mutante silencioso abandonó la cama y así fue que todos salieron de ese hotel para ir a la cafetería de enfrente. Nuevamente, luego de dejar una generosa propina, los dos marsupiales desayunaron y, al terminar, se dirigieron a la gasolinera.
—Bueno, Crash. Hasta aquí te dejo —avisó Fake Crash mientras pagaba el combustible—. Volveré a la caminata. Menos mal que el portal está cerca. Hasta la vista, Bandicoot.
Y fue así que el ayudante del doctor Brio se alejó lentamente de los buscadores de piedras, tarareando una canción y caminando por el costado de la carretera. Ahora que ya no había problemas, el dúo continuó con su búsqueda y, a pesar de encontrarse con más de los mismos obstáculos, esta vez las patrullas se movían, con el fin de entorpecer el camino. El motociclista debía tener cuidado ya que, casi por poco, chocaba a muchos de estos. Las curvas cerradas de la carretera empeoraban las cosas aunque, por lo menos, estaban las señalizaciones.
En una ocasión, al esquivar a un automóvil de los asistentes de laboratorio, el evolucionado no pudo evitar salir del camino y, sorpresivamente, el hechicero le pidió que continuara por tierra. Ahora eludiendo cactus, los dos se alejaron de la ruta asfaltada por largo tiempo hasta que dieron con una de estas plantas que tenía algo extraño sobre esta. Sí, aquello era una gema clara que flotaba sobre un gran cactus y, mientras que la máscara vudú se encargaba de recogerla, el marsupial aprovechó para estirar un poco las piernas.
—Bien, Crash, ya tengo la gema. Sigamos adelante.
