¿Podremos alcanzar las 3000 lecturas con esta actualización?, espero que si.

Quiero agradecerles a todos por la aceptación que ha tenido esta historia, es la primera vez que utilizo esta plataforma para publicar una historia propia y aunque esperaba una buena aceptación, nunca imaginé que llegaría a tanto. Sé que normalmente agradezco al final, pero: Gracias por darle una oportunidad a está historia. Gracias por su paciencia y comprensión. Gracias por darme ánimos de seguir.

Aclaración: No me pertenece Glee o ninguno de los personajes. No estoy afiliado con nadie no genero ganancia de esta historia. No me pertenece absolutamente nada y solo estoy complaciendo mi propia locura. No conozco o me pertenecen los actores que interpretan a los personajes. Todo pertenece a Ryan Murphy, Glee, Fox y cualquiera más que tenga patente sobre Glee y sus personajes. Espero haber cubierto todo lo que no me pertenece.


«Sabía que era demasiado bueno como para ser verdad ―se quejó para su adentros». Desde que hizo todo lo posible por sacar a Kurt de su casa evitando una mayor interacción con su madre, la señora Anderson estaba cual imán pagada a su hijo.

―¿Quieres un té? ―preguntó de repente, cuando ya estaba poniendo la tetera al fuego―. Acabo de comprar una nueva mezcla de hiervas que estoy segura te encantara, me dijeron que es muy revitalizante ―continuó hablando mientras estaba como un torbellino entre acomodar la despensa y preparar las dos tazas para cuando el agua hirviese―, y créeme que no hay nada mejor que una bebida caliente para hacer amena una charla.

El pelinegro tuvo que aclararse la garganta un total de cinco veces antes de que su madre le prestase la más mínima atención, ya que estaba muy ocupada preparando la infusión.

―Nunca dije que quisiera té, sólo me senté aquí porque no dejabas de perseguirme.

―Si algo te molesta, siempre puedes decírmelo, soy tu madre y estoy aquí para escucharte ―respondió dejando de lado el frasco donde había vertido la mezcla de hiervas―, así que si mi pequeño no quiere té ―se aproximó a la alacena y extrajo dos recipientes más―, puedo prepararte un chocolate o café, muy poco café porque puede interrumpir tu desarrollo ―mostró los dos productos a su hijo para que pudiera elegir.

―No te he pedido que me prepares nada y para tu información, soy prácticamente un adulto así que deja de tratarme como un bebé ―se bajó del banquillo donde estaba sentado y al ver que su madre estaba por hablar, se le adelanto―, y tampoco tengo nada de qué hablar contigo, así que me voy a mi cuarto.

Habiéndose quedado sola y con la mirada todavía fija en el rumbo por el que su hijo se había ido, sólo estuvo obligada a moverse cuando oyó el pitido del agua hirviendo, se dirigió a prepararse con desanimo su taza de té y tomó asiento, endulzó su infusión y comenzó a removerlo con una cucharita. Suspiró con gesto cansado, Elaine siempre había intentado mostrar a sus hijos que podían confiar en ella, pero desde hacía un par de años no importaba lo repetitiva ni sincera que fuera, su hijo menor parecía tomar a mal cualquier intento suyo por acercarse; si bien fue decisión suya que Blaine cambiase de escuela, no concebía que eso lo hiciera odiarla, después de todo él parecía estar feliz ahora.

―¿Me estas esperando? ―la repentina intervención de su marido le hizo mover bruscamente la mano y arrojar la cucharilla contra un muro, por suerte lo suficientemente lejos para no golpear su esposo―. ¿Ahora que hizo Blaine? ―interrogó una vez que recogió el cubierto del piso y lo puso en el fregadero.

―No hizo nada ―respondió y queriendo dar por cerrado el tema, tomó su taza de té y bebió un sorbo, pero al parecer ya no estaba ni siquiera tibio, por lo que prefirió ir por un limón y hielos para poder hacer un té helado―. ¿Quieres un poco? ―ofreció a James, pero él seguía de pie esperando una explicación.

―Si acepto una taza, ¿me vas a contar lo que está pasando? ―se dirigió a tomar asiento e hizo un gesto invitando a su esposa para que se le uniera, después de todo el tiempo que llevaban juntos conocía todas las actitudes de su mujer y obviamente estaba pidiendo apoyo, aunque no lo dijera de viva de voz.

La señora Anderson suspiró al ver que no tenía otra opción, pero al no tener ganas de tomar nada, sólo agrego el limón y hielo a su propio té, con la intención de dárselo a su esposo.

―No ha hecho nada malo, creo que es todo lo contrario ―al oír esas conocidas palabras en el rostro del señor Anderson se extendió una sonrisa traviesa; su amada Elaine tenía una tendencia a quitarle importancia a sus preocupaciones con tal de no agobiarlo―, no se ha metido en problemas desde hace un buen tiempo; pero, siento que no es el mismo ―alcanzó a observar ese gesto de «¿tendrá algo que ver con el hecho que está creciendo?», ya varias veces había expresado esas palabras con ese mismo gesto, así que ya no era necesario que hablara―. Sé que está creciendo, pero yo me refiero a que lo siento muy distante, parece que me odia y no quiere platicar conmigo ni siquiera cuando le ofrecí una bebida caliente ―señaló la taza de la que su esposo acaba de beber, como si en esa imagen mostrara algo irrechazable; ella no solía ser dramática, pero en varias ocasiones podría decirse que era una excelente actriz.

James tomó una servilleta y limpió las gotas que había derramado en la mesa, a la espera de que su esposa continuase, pero cuando fue obvio que por el momento no diría nada más, se reacomodó en su asiento y aclaró su garganta.

―Blaine no te odia, sólo que no puedes seguir tratándolo como un niño; es obvio que no quiera hablar con nosotros de todo, como te dije el otro día, ¿les platicabas todo a tus padres? ―Elaine estaba por negar y argumentar que eran otras épocas y que además ella era una madre moderna que no temía hablar de casi ningún tema, pero su marido no le permitió interrumpirlo―. Si te hace sentir más tranquila, hablaré con él ―tuvo la intención de ponerse de pie, pero no lo logró.

―Me parece muy bien que hables con él, pero primero termina tu té, lo hice con mucho cariño ―tomó la taza y se la ofreció a su esposo, quien sonrió débilmente y asintió levemente.

Por su parte en la habitación del menor de los Anderson, Blaine estaba más que molesto por lo que su madre había arruinado con su llegada. Si no estuviera seguro que sus padres subirían, hubiera arrojado todas las cosas contra los muros para ver si eso calmaba la furia contenida que tenía. Si tuviera menos vergüenza habría llamado a Santana para poder sacar todas las emociones que tenía contenidas en su ser y quizás eso haría que sus padres por fin dejarían de molestarlo con preguntas tontas sobre su vida; pero, desde su reconciliación no habían tenido ningún tipo de comunicación que no fuera necesaria y aunque ella fuera a su casa, tendrían que bajar a cenar con sus padres y lo único que necesitaba un buen orgasmo para aliviar sus problemas.

Contra todos y cada uno de sus principios, optó por meterse a ver pornografía y desfogarse masturbándose; algo que no hacía muy habitualmente ya que nunca le fue necesario recurrir a ese tipo de cosas, siempre tenía a alguien dispuesto a ayudarlo, pero esta vez no estaba de humor como para utilizar su imaginación, así que seguramente ver a una chica tetona ser magreada y escucharla gemir, lo haría correrse como tanto necesitaba.

En su portátil abrió el navegador en modo privado e introdujo la dirección de la página que quería ver. Pero algo había cambiado ya que en lugar de ver la selección de videos, apareció un anuncio publicitario que no se quitaría hasta que pasaran un minuto; lamentando la pérdida de tiempo que supondría, se fue preparando, cerró la puerta y corrió las cortinas; pero la publicidad aún no se iba, y justo en el momento que se sentó, la imagen del anuncio cambió y ahora mostraba a un jovenzuelo dándole una mamada a la polla de alguien y seguía hasta el momento de que era penetrado…

Si ya de por si Blaine estaba calenturiento, cuando vio que lo ojos del chico se volvían azules, y poco a poco se fue transformando en Kurt, su erección dolió por la excitación; pero aun en su delirio sexual, recordó que si quería tener al chico Hummel así, debía antes leer algunas cosas, así que cuando la publicidad se fue y dejó ver los videos, cerró la ventana y en una nueva, buscó «Preparación sexo anal gay», como era de esperarse, lo primero que salió era porno, pero encontró una página que decía algo de «LGBTQ» y parecía tomarse un poco en serio el tema, porque las ilustraciones eran dibujos y no mostraban en si nada de sexo.


El debate dentro de su cabeza estaba comenzando a provocarle un dolor de cabeza. Desde que había logrado superar toda la vergüenza que le provocó haber visto a la madre de Anderson y el hecho de que el pelinegro lo sacara de su casa como si temiera que Kurt dijera algo sobre ese vergonzoso acuerdo, incluso esa sensación en su estómago que continuaba atacándolo; pero sobretodo se reprochaba el no haber reaccionado con tiempo suficiente como para frenar a Blaine con una buena patada en su entrepierna, ¿cómo se atrevía a querer robarle su primer beso con la burda excusa de «sellar un trato»?, quizás para muchos un beso fuera algo insignificante e incluso él tendría que pensar en muchas cosas antes de si quiera ser capaz de dirigirle una palabra al ojimiel.

Estando recostado sobre su cama y hojeando desinteresadamente la última edición de Vogue, vio el anuncio de una fragancia que aseguraba haber embotellado el amor y misterio de París, la pareja del anunció se veía tan feliz y enamorada. Pero Kurt sabía que eso era una simple fantasía, una simple campaña publicitaria con el único objetivo de vender miles de botellas de un perfume que nunca podría traer el amor a su vida, la fotogénica pareja de ese trozo de papel eran simplemente modelos que fingían a cambio de dinero…

Como si no hubiese respirada por un largo tiempo, tomó aire profundamente ante una idea en específico que cruzó su mente: Kurt podía besar, abrazar, desnudarse e incluso tener sexo. Porque como buen aspirante a actor, él no estaría entregándose a sí mismo, sólo representaría el papel de alguien que compara el sexo con un apretón de manos, eso seguro lo podría hacer; porque a diferencia de Kurt Hummel, el personaje que interpretaría no tendría el menor pudor de tener sexo con alguien que no ama, alguien que ni siquiera le gusta, alguien que no es ni siquiera su amigo, alguien que lo odia, alguien que…

Arrojó con fuerza la revista a su cama, y se fue directo a la ducha. «Eso no funcionara. No puedo ni quiero tener sexo con Blaine, nunca ―afirmó como si alguien le hubiese preguntado», molesto consigo mismo por haber pensado que podría hacer algo tan bajo y ruin. No le importaba si Anderson se enojaba, incluso era posible que ni siquiera Blaine se tomara todo ese asunto en serio; quizás sólo bastaba con no volver a mencionar la cuestión, seguramente para ese mismo momento Blaine ya estaba pensando cómo deshacerse de él. Suspiró de alivió cuando el agua de la regadera dejó de salir, sin duda tomar una ducha era siempre algo bueno, ya que quitaba todas las células muertas de la piel y, como algo adicional, le ayudaba a clarificar sus ideas.

A la mañana siguiente, el tema fue desplazado desde que llegó a la escuela, ya que Dave Karofsky parecía estar esperando por él en la entrada. Cuando esos oscuros ojos se clavaron en su ser, Kurt sintió un escalofrío y horror colmar su ser, era como si estuviera en una pesadilla, pero en esa ocasión no podría terminar con el miedo al despertar, porque siempre estaría en su mente. Pero una vez que estuvo rodeado de sus amigos, tuvo que levantar el rostro y poner su mejor mascara para ocultar sus sentimientos; porque si alguien notaba algo, las preguntas y suposiciones no demorarían en llegar, y lo último que quería era tener presente todo esos amargos recuerdos, que al final terminarían llevándolo a conseguir la lastima de las personas cercanas a él y obviamente las cosas sólo empeorarían cuando sus acosadores supieran lo que anduvo diciendo.

―Te ves raro, ¿pasa algo? ―preguntó su mejor amiga durante el cambio de clases, ya que aunque el castaño llevara una sonrisa permanente, sus ojos decían otra cosa.

―No sé de qué estás hablando ―respondió fingiendo no entender la pregunta, mientras daba a su cabello un retoque ya que comenzaba a perder consistencia.

Mercedes se le quedó viendo inquisitivamente, cómo si en algún momento algo en el rostro de Kurt cambiara y le mostrara lo que su amigo no quería decirle. Sin embargo cuando su teléfono sonó, todo en su cabeza comenzó a tener sentido.

―¡Lo tengo! ―chasqueó los dedos para llamar la atención de Hummel, mientras que su gesto se volvía acusatorio y algo pícaro―. ¿Tiene algo que ver con tu príncipe? ―el gesto del chico demostró una autentica mueca de confusión, «¿De qué está hablando? Ella no puede saber nada sobre Blaine y yo; además que NADIE en su sano juicio vería en Anderson a un príncipe… bueno, él único que podría serlo es su hermano ―sus mejillas enrojecieron ante el recuerdo de lo atractivo y amable que Cooper había sido con él»; la chica no espero ni un segundo para picarle con el dedo en el hombro―. ¡Cómo es posible que no me hayas dicho de tu novio! ¿Ya son novios?

Para su mala suerte, esas últimas palabras sólo sirvieron para incrementar su sonrojo, pero debía averiguar a toda costa de lo que su amiga estaba hablando.

―Juro que no sé de lo que hablas, ¿segura que no comiste algo caducado?

La chica cruzó los brazos sobre su pecho y puso un gesto de enojo, justo cuando el timbre que les anunció que debían volver a sus clases.

―¡Vamos! Al menos dime el nombre de tu galán misterioso ―lo iba siguiendo aunque sus clases eran diferentes.

Kurt siguió a la defensiva al no querer decir algo de lo que se arrepintiera.


Debería decirse que Blaine estaba confundido, pero para él era como estar enojado. Había hecho el esfuerzo de llegar temprano para poder ver a Hummel desde hacía un par de días, pero cuando el castaño entraba a la escuela, lo ignoraba completamente, ni siquiera lo volteaba a mirar. Y aunque hubiera querido arrastrarlo a un lugar recóndito y obligarlo a decirle lo que le pasaba, su ausentismo en las prácticas habían hecho que la entrenadora estuviera detrás de él, dado que su posición era muy importante y con su próximo partido tan cerca, Beisten prácticamente lo llevaba arrastrando a los entrenamientos.

Si bien Blaine nunca pensó ni por un segundo en comenzar a tratar bien a Hummel, la situación lo estaba obligando a ello, pero la balanza no se decantó completamente hasta el día que vio a Kurt caminando mientras hablaba por teléfono y lo ignoró por completo, aparentemente la llamada era tan importante que ni siquiera volteó a mirarlo, y para colmo era la hora de la salida, así que si quería hablarle tendría que ir tras él.

―Cariño ―Santana lo tomó de la mano, impidiendo su avance―, me llamó tu madre y me invitó a cenar con ustedes esta noche ―estando rodeados de personas, no les era posible hablar abiertamente, así que hicieron uso de su lenguaje corporal para alejarse a una zona de mayor privacidad.

Habiéndose trasladado al automóvil del pelinegro. Dejaron las caretas de felicidad y pasaron a mostrar sus verdaderas emociones.

―¿Por qué tengo que ir a tu casa? ―preguntó la latina―, tengo cosas mucho entretenidas que hacer está noche.

Aunque Blaine estaba con la vista buscando la camioneta de Kurt, escuchó claramente lo que su novia le decía.

―No lo sé ―respondió molesto al descubrir que el castaño ya se había ido―, hace tiempo que está muy pesada con lo nuestro, de seguro tus escasas visitas la están poniendo paranoica ―giró y le dio una mirada que claramente la animaba a bajarse del vehículo.

―¿Quieres que te visite más seguido? ―aunque era claramente una pregunta, el tono y su gesto demostraban que no solicitaba una respuesta, pues se estaba burlando de él.

―Está bien, hemos terminado ―respondió rápidamente mientras encendía el motor del vehículo.

Pero contrario a lo esperado, la chica extendió la mano, apagó el motor y quitó las llaves.

―Nunca dije que podías terminar conmigo ―sonreía petulantemente, creyendo tener el control de la situación.

―¡Entonces ve a la maldita cena y deja de retrasarme! ―gritó arrebatándole las llaves.

Un escalofrío recorrió la columna de Santana, nunca en toda su vida había tenido esa sensación de aprehensión y menos con Anderson, pero ella misma ya estaba tarde para su cita así que sólo miró despectivamente al chico y se bajó del automóvil.

Ahora con un humor aun peor, se dirigió a la casa de Hummel, con las manos temblando sobre el volante por el coraje que había estado acumulando. El viaje prácticamente fue de un par de minutos, pero ese tiempo había sido suficiente para que su mente trabajara en un condensado discurso que pensaba restregarle a Kurt.

Una vez que estacionó su automóvil, inmediatamente se dirigió al pórtico de la casa y tocó el timbre unas cinco veces seguidas, pero nadie atendía a su llamado, así que comenzó a aporrear la puerta, pero vio la puerta comenzar a moverse, frunció el ceño cansinamente.

―¡Chico casi tiras la puerta! ―aunque eso no era ni de lejos algún tipo de regaño, su garganta se cerró al ver al hombre de camisa de franela cuadricula y con una gorra en la cabeza; nunca había contemplado que hubiera alguien más la casa aparte de Kurt, y menos aún que tuviera que hablar con el señor Hummel―. ¿Vendes algo o buscas a alguien? ―Burt preguntó ante el silencio del chico de cabellos azabache.

Blaine tragó duro, queriendo responder, aunque no supiese qué, pero cualquier cosa que dijera era mejor que estar parado como idiota. Bueno, casi cualquier cosa.

―¿Te encuentras bien chico? ―el hombre de la gorra se acercó al ver como el chico movía la boca sin decir ninguna palabra, estando a punto de alcanzar a tomarlo del hombro…

―¿Blaine? ―una voz que no era de Kurt habló desde dentro de la casa, no pasó mucho cuando Finn salió con su gesto defensivo―. ¿Me buscas?

Anderson sólo atinó a negar con la cabeza, dificultosamente pasó saliva―. Kurt…

Tanto el hombre de ojos azules como el chico larguirucho se mostraron sorprendidos por esa simple palabra, y en realidad no era tan extraño. Finn había estado algo molesto por el hecho de que Blaine molestara a veces a su hermano y Burt jamás había visto nuevamente al chico de ojos avellana en su casa.

―Pues mi hijo no está, acaba de salir ―esas palabras hicieron que Blaine quisiera apretar sus puños tan fuerte y comenzar a dar golpes contra la casa―. Si no recuerdas dónde se quedaron de ver, llámalo o yo puedo… ―comenzó a sacar el móvil de su bolsillo.

―Yo le marco ―intervino sacando su propio móvil, y haciendo gesto de comenzar a retirarse, pero no le fue tan fácil.

―¿Para qué lo necesitabas? ―Hudson preguntó aún con los brazos cruzados sobre su pecho.

«¡Eso no es de tu incumbencia idiota! ―respondió en su mente», aun tratando de pensar qué decir para salir de esa situación―. Le pedí ayuda con una clase.

Ambos sujetos sonrieron, pero por diferentes razones; Finn no se creía ese cuento, era imposible que su hermano quisiera ayudar al tipo que lo molestaba; mientras que Burt estaba muy orgulloso de que su hijo tuviera tan buena voluntad de ayudar a sus amigos.

―Ustedes no comparten ninguna clase ―replicó el chico más alto.

Blaine mostró una sonrisa de auto-satisfacción por la maravillosa idea que se le había ocurrido, pero tuvo que disimular su alegría con un fingido ataque de tos.

―De hecho hace un par de semanas vine a hacer un trabajo de francés, ¿recuerdas? ―en su voz había un claro rastro de orgullo por callarle la boca al gigantón―. Mis padres están muy entusiasmados por la nota que obtuve con ese trabajo y como es una asignatura que se me complica, me sugirieron pedir ayuda y por eso le pedí a Kurt que me diera un par de tutorías ―observó el gesto incrédulo de Hudson y la felicidad en el rostro del padre de Kurt―, y él aceptó ayudarme ―el orgullo que sentía por lo que acababa de hacer era mucho.

Por un lapso de tiempo no hubo ninguna otra palabra. Hasta que escuchó al señor Hummel aclararse la garganta mientras se acomodaba la gorra.

―¿Y por qué tus padres no contratan a un profesor? ―viendo que quizás eso había sonado rudo, continuó―. Quiero decir que aunque Kurt sea bueno, si de verdad quieres mejorar sería mejor que tuvieras ayuda profesional.

Toda la simpatía que pudo haber experimentado por el padre de Kurt, comenzaba a diluirse.

―No me agrada eso de los profesores particulares, porque siempre terminó aburriéndome ―vio venir la respuesta que daría Finn, así que continuó―. Pero, cuando hice el trabajo con Kurt, entendí bastante bien lo que me explicaba ―no queriendo ser cuestionado por más tiempo, terminó sentenciando―. Claro que pagare las tutorías que me dé.

En realidad a Burt no le molestaba ese asunto en absoluto, si Kurt ya había aceptado, era porque estaba a gusto con ello. Pero Finn seguía sin creerse ni una sola palabra.

―Pues parece que a Kurt se le olvidó que la tutoría porque se fue inmediatamente después de que dejó sus cosas ―el hermano de Kurt argumentó.

―Si ya me lo dijeron, es sólo que olvidé dónde nos veríamos, pero ahora le llamó y se lo preguntó ―el filtro de su voz no fue capaz de quitar toda ira de su voz, por lo que tuvo que carraspear para intentar que su tono pasara desapercibido.

―No llevaba nada, supongo que se olvidó de ti ―Finn sonrió satisfactoriamente ante el hecho.

Los ojos miel perdieron un poco de brillo ante tal es palabras, pero nunca demostraría esa debilidad.

―¿Será porque yo soy el que debe llevar los libros? ―su tono irónico no pasó desapercibido.

Burt se aclaró la garganta al no saber que podría decir.

―Creo que mejor me voy, se hace tarde para mi tutoría ―se despidió del señor Hummel y a Finn sólo le hizo un gesto con la mano.

Cuando estuvo por fin dentro de su automóvil, después del caminar robótico que había realizado para llegar ahí, no perdió ni un segundo en ponerse en marcha. Pero cuando tuvo que detenerse en un semáforo, se dio cuenta que no tenía el teléfono de Kurt, y no queriendo volver para pedir ese dato, tuvo que redirigir el camino hacia su casa; dónde recordó tenía un compromiso por cumplir.


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