Atención: De nuevo el sueño de Vegeta aparece en cursiva.

Sangre de mi sangre.

Bulma se enfundo en el estrecho suéter y miro su reflejo en el espejo con una radiante sonrisa en los labios.

- Cariño! Si no te das prisa llegaremos tarde!

- En seguida bajo mama! – Le grito ella.

Pero de nuevo la atención de Bulma se concentro en el reflejo del espejo.

Habían pasado siete meses desde que Vegeta había desaparecido para no regresar. Durante unas largas semanas Bulma estuvo entretenida con las reformas de la casa, pero después, segura de que Vegeta no iba a regresar, se había hundido en una fuerte depresión. Durante semanas pensó que no habría más vida en su corazón. Nada que pudiera sustituir o al menos disminuir el dolor que Vegeta había causado en su alma.

Pero entonces, una bonita mañana de otoño, Bulma acudió al medico para una revisión y escucho el fuerte latido del niño que crecía en su interior.

Aquello despertó en ella una felicidad que había creído perdida y supo que solo debía centrarse en su hijo para volver a sonreír nuevamente.

- No cabe duda.- Le dijo el medico entonces.- Es un fuerte y saludable niño.

Un niño, un nuevo guerrero. Pasaba las horas pensando como seria. Tal vez se parecería a ella o tal vez sería la viva imagen de su padre. Sacaría su fuerza? Se preguntaba.

No importaba, aquel niño seria suyo. Estaba muy claro que el pequeño crecería sin padre.

Pero eso era algo que no asustaba a Bulma. Ella siempre había sido una mujer muy independiente y estaba segura de que sería muy capaz de tener aquel niño ella sola. Y en realidad no estaba sola. Sus padres habían regresado hacia cuatro meses y ante la noticia de que iban a ser abuelos habían estallado de felicidad. No reparaban en mimos, ni cariño. Y ni siquiera les había importado quien era el padre.

Aunque pese a todo, debía reconocer, que aun sentía vivo el amor por Vegeta en su corazón y sabía que viviría con él, el resto de su vida. Podía sentir aun el dolor en su corazón cuando se tumbaba cada noche sola en su cama y recordaba la sensación de estar entre sus brazos. No sabía donde estaba Vegeta. Él ni siquiera había conocido la noticia de su hijo barón. Su heredero. El futuro príncipe de los guerreros del espacio.

- Bulma, querida. Ahora si llegaremos tarde.- Volvió a sentir a su madre tras la puerta.

Bulma sonrió y cogiendo su bolso salió de la habitación para encontrarse con su madre de frente.

El rostro de su madre cambio por completo al verla. Siempre lo hacia. Una radiante sonrisa se dibujo en su rostro y se inclino para hablarle a su barriga.

- Hola pequeño!

- Mama! Llegaremos tarde.- Le recordó ella.

- Claro, claro.- Dijo emprendiendo el camino.

Pero cuando las dos mujeres llegaron al comedor principal, fueron nuevamente interrumpidas.

- Bulma!- Le llamo su padre que se acerco a ellas con una especie de mucho de peluche en las manos.- Mirad lo que fabrique al pequeño!

Con aquellas palabras su padre apretó la mano de lo que parecía un oso de color azul y este se alzo en el aire dando vueltas mientras sus ojos se iluminaban en colores llamativos.

Bulma no pudo aguantar la risa ante aquel invento de su padre que quedo volando por el comedor.

- Y como pretendes que el niño pare ese muñeco?- Le pregunto divertida.

- Bueno.- Dijo rascándose la cabeza.- Pensé que tal vez sabría volar como su padre.

- No pongo en duda de que llegue a tener esa habilidad, papa, pero dudo que nazca sabiéndola.

- A no?- Pregunto él incrédulo.

Bulma se rió nuevamente.

- No te preocupes, papa, si desconectas la función de volar, el muñeco será perfecto.

- Si, tienes razón.- Dijo que miro al muñeco que aun sobrevolaba sus cabezas.- Lo difícil será atraparlo.

Al fin Bulma y su madre se subieron a la pequeña nave que usarían como transporte.

- Aun no has pensado en un nombre para el niño?- Le pregunto su madre.

- No, la verdad es que no.- Reconoció ella.- No se me ocurre ninguno que acabe de gustarme.

- Pues apenas te queda un mes para decidirte querida. No podemos seguir llamándolo "niño" o " pequeño" toda su vida.

- Lo se, lo se.- Dijo ella impaciente.

- Estoy impaciente por volver a verlo en la pantalla del doctor.- Cambio ella de tema.- Es increíble!

Bulma sonrió ante aquello y acelero la nave al ver que iban ya muy tarde.

Cuando regreso a su casa del medico, Bulma no podía estar más contenta. Todo estaba de maravilla y cada día eran más claros los rasgos perfectos de su hijo. Incluso su cola.

- Aun no entiendo porque tiene cola.- Le había dicho el medico aquella misma mañana con un aspecto perplejo.

Y eso le había provocado risa.

- Seguro que será tan guapo como su padre.- Le dijo su madre haciéndola volver a la realidad cuando entraban en el salón.

- Si, seguro.- Dijo ella algo nostálgica.

- Señorita Bulma.- Un androide domestico se acerco a ella.- Tiene una visita esperándolo en el salón.

- Una visita? Quien puede ser?- Pregunto ella sorprendida mientras incoscientemente una mano acariciaba su barriga.

- Ve a recibirle. Yo iré ha hacer algunos pastelitos para la visita.- Le contesto su madre con su particular alegria.

Bulma se encamino al salón y cuando entro Yamcha quedo frente a ella y no sabría decir quien se quedo más sorprendido de ver al otro.

Después de las destrozas de Vegeta, Yamcha se había pasado algunas semanas a visitarla, pero al ver que Vegeta no había regresado se había despreocupado y se había alejado de Bulma con la intención de olvidarla. Durante aquellas visitas Bulma no se había sentido con fuerzas de contarle nada sobre su embarazo. En realidad, entonces, aun tenía la esperanza de que Vegeta fuera el primero en recibir la noticia.

- Yamcha!- Exclamo ella ilusionada.

Sin duda le hacía ilusion verle. Pese a que ya no sentía amor por él, este siempre sería una parte importante en su vida.

- Bu... Bu... estas... estas...

Yamcha la miraba perplejo, mientras un dedo acusador le señalaba el vientre.

Bulma sonrió y se llevó las manos al vientre.

- Embarazada.- Dijo ella terminado la frase que Yamcha no era capaz de decir.

- Hay Dios mío!- Yamcha se sentó derrotado en el sillón.- Que... como... cuando?

Bulma se río y se acerco a él. Después de besarlo en la mejilla se sentó a su lado.

- El "como", puedes imaginarlo.- Le contesto ella divertida.- El "Cuando" es hace ocho meses y el "Que" no acabo de entenderlo.

Yamcha la miro como si la revisara cuidadosamente.

- Casi no puedo creerlo.

- Pues es cierto.- Exclamo ella con una sonrisa.- Y no puedo esta más feliz Yamcha.

Yamcha sonrió ante aquello.

- Porque no me lo dijiste antes?

- Bueno.- Dijo ella volviendo a la seriedad.- Antes de contarlo tuve que hacerme yo misma a la idea. Lo cierto es que esto es algo que no esperaba.

Yamcha se quedo pensativo nuevamente.

- Perdona que te lo pegunte... pero...quien es el padre?

A Bulma se le dibujo una media sonría en la cara ante aquella pregunta.

- No vas a creértelo...- Dijo ella dudaosa.- Vegeta es el padre de mi hijo.

La boca de Yamcha se abrió como si se le hubiese desencajado la mandíbula y eso provocó una nueva risa en Bulma. En realidad esperaba algo como aquello.

- Ve...Ve...- Tartamudeo él sin poder creerlo.

- Vegeta.- Le ayudo ella.

- No puede ser verdad? Me estas mintiendo, verdad Bulma?

- Me temo que no.

Yamcha aun tardo unos segundos más en reaccionar.

- No siento la energía de Vegeta aquí, Bulma.

Aquello si provoco que la felicidad de Bulma se borrara de su rostro y él fue consciente de ello.

- Él no regreso, Yamcha. Ni siquiera sabe que va a tener un hijo.

- Maldito bastardo! – Estallo él furioso.

- No importa.- Dijo ella llevándose las manos al vientre.- Lo nuestro no fue nada serio y ahora me hace mucha ilusión tener ha este niño.

Justo terminar aquella frase la madre de Bulma entro con una bandeja llena de pasteles.

- Yamcha! Que ilusión verte por aquí!

- Igualmente.

- He traído un montón de pastelitos.- Dijo con su inconfundible sonrisa en el rostro.

Los tres tomaron el te con pasteles placidamente y no fue hasta que la madre de Bulma volvió a marcharse que Yamcha volvió al tema principal.

- Y que piensan tus padres?

- Ellos están encantados.- Reconoció ella sin más. – Y yo también. Ahora lo único que temo es que el tiempo de paz se termina.

- Si.- Dijo él apartando la mirada.- Apenas quedan unos meses. Por eso regreso al desierto para seguir entrenándome.

- Espero que el futuro que predijo aquel muchacho cambie. – Dijo ella preocupada.

- Todos nos hemos entrenado mucho en estos dos años y medio.

- Si es cierto.- Dijo ella.

Poco después Bulma y él estaban en el jardín despidiéndose.

- Cuídate mucho Bulma.

- No te preocupes por mi, estaré bien.

Bulma lo beso en la mejilla.

- Y guárdame el secreto.- Dijo de nuevo tocándose la barriga.- Quiero darles una sorpresa a los demás.

- Como quieras. Adiós Bulma.

- Adiós Yamcha.

Aquella noche Bulma volvió a permanecer despierta en la cama. Añorándole.

Vegeta observo la Corporación Cápsula desde el cielo. Sus ojos se posaron en la ventana de la habitación de Bulma.

Había pasado muchos meses entrenándose duramente. Sus fuerzas habían crecido de una forma ilimitada durante aquellos meses y ahora era capaz de transformarse en súper guerrero sin la necesidad de recurrir al miserable recuerdo de Bulma. Pero ella no había salido de su mente ni un solo segundo. La veía cada noche en sus sueños impidiendo olvidarla. A veces la veía en sus pesadillas, otra en simples sueños eróticos. Y allí estaba él. Un súper guerrero, luchando por no acercarse más aquella maldita casa.

Él siempre había visto en Bulma como una debilidad que no se podía permitir y en realidad había sido el origen de su fuerza. Una simple humana que lo había herido con más fuerza que cualquier otro enemigo y aunque deseaba odiarla, no podía hacerlo. Cada vez que cerraba los ojos podía ver sus profundos ojos azules y su dulce sonrisa y si lograba concentrarse un poco más, incluso podía escuchar su dulce voz pronunciando su nombre.

Si, sin duda alguna ella era ambas cosas, su debilidad y su fuerza. Aunque jamás lo reconociera, ella quedaría oculta bajo su mascara ruda e inamovible, con una total indiferencia.

Una humana, aun no podía creer posible que se hubiese enamorado de ella. Pero sin duda cabía destacar que ella no era como el resto de las humanas. Ella le había dado una vida nueva, sin que él lo pidiera. Le había abierto las puertas de un cálido hogar y le había dedicado cálidas noches, pese a saber quien era él.

Pero eso no le hacia olvidar su traición. Jamás la perdonaría por la imagen que se había visto grabada en su alma. Y sería algo que le haría pagar a un alto precio. Bulma iba a conocer al verdadero Vegeta.

Tubo que concentrarse para sentir su débil energía que se detectaba como una luz cálida. Pero entonces sintió la segunda energía. Procedía de la habitación de Bulma, pero no pertenecía a ninguno que hubiese conocido. Aun así esta era viva y palpitante. Quien estaba en la habitación con Bulma?

Vegeta se aproximo a la ventana de la habitación y en la oscuridad solo pudo distinguir el pequeño cuerpo de Bulma tumbada de espaldas a él.

Como era posible? Podía sentir aquella energía claramente, pero Bulma estaba sola en la habitación. Estaba seguro de ello.

Que demonios estaba pasando? Acaso su percepción estaba fallando?

Vegeta decidió entrar en la casa, aunque lo hizo por la ventana de su habitación. Camino a oscuras y de repente topo contra algo duro que lo golpeo en la espinilla e hizo un gran estruendo al caer al suelo.

- Que demonios!- Se quejo él que llego hasta la luz.

Al hacerlo comprobó que lo que el había conocido como su habitación ya no existía. En su lugar habían muebles nuevos y todo tipo de cosas extrañas. Aquella maldita mujer lo había dejado sin un lugar donde dormir!

Bulma se había despertado ante el ruido. Hubiese jurado que procedía de la habitación que le había echo a su hijo. Quien podría ser aquellas horas de la madrugada?

Se levanto de la cama con un simple camisón amarillo y salió al pasillo y desde allí pudo ver la luz que salía por debajo de la puerta. Sería un ladrón?

Pero que podía hacer un ladrón en el cuarto de su hijo? Tal vez fuera su padre que había acabado algún nuevo juguete.Si, sin duda debía ser eso.

Con aquel pensamiento Bulma se dirigió a la habitación y abrió la puerta.

- Papa se puede...

Bulma no pudo creer lo que vieron sus ojos. Vegeta estaba frente a ella, vestido con su uniforme de entrenamiento sucio y roto. Él había vuelto! Sintió su corazón latirle bajo el pecho a toda fuerza y no supo si gritarle o echarse en sus brazos. Como lo había añorado! Cada noche! Pero no podía olvidar lo que él había echo.

Vegeta también la miro impresionado. La esbelta figura de Bulma había desaparecido para lucir una redonda barriga. Estaba embarazada. Y podía sentir la energía del niño clara y fuerte. Ningún niño humano podría desprender aquella energía, ya casi más fuerte que la de la madre y eso solo podía significar una cosa. Era su hijo.

La idea cruzo su cabeza como un rayo. Jamás había pensado en aquella posibilidad. Y no supo si sentirse contento o enfadado. En realidad él no había deseado aquello nunca y mucho menos con una humana. Lo ultimo que deseaba era parecerse a Kakarotto en algo. Pero en aquel instante, en el cual aquello era un echo real, la idea no le pareció tan descabellada. Un hijo, sangre de sus sangre, un heredero de su cargo. Aunque también sería otra cosa que lo ataba aquel miserable planeta que tanto detestaba.

- Se puede saber que le has hecho a mi habitación?- Le pregunto él hoscamente.

Los ojos de Bulma se abrieron impresionados ante aquellas palabras. Estaba embarazada! Era mucho más que obvio! Y él solo le preguntaba por aquella maldita habitación.

- Es que solo vas a preguntarme eso? –Le pregunto ella dolida.

- Y que quieres que te pregunte? Quiero dormir!

Bulma apretó los puños intentando contener su enfado.

- Como te atreves Vegeta! – Le grito ella perdiendo la compostura. - Casi destruyes la casa! Te marchaste sin decir una palabra y ahora te presentas siete meses después, ves que estoy esperando un hijo y lo único que me preguntas es que he hecho con esta maldita habitación?

Vegeta entrecerró los ojos ante sus gritos. Sabía que ella tenía motivos para gritarle, pero no por eso le gustaba más que lo hiciera.

- No me grites mujer insolente. Tu y ese hijo que llevas en le vientre no me importáis en absoluto. Lo único que quiero es una cama donde dormir y una buena ducha!

- Como... como...- Bulma estaba tan dolida y enfadada por aquellas palabras que ni siquiera sabía que decirle.- Como puedes tener la cara de decir que no te importa en absoluto tu hijo! Es que no tienes corazón, maldita sea!?

Vegeta medio sonrió.

- Acaso pensaste que me importaría?

Bulma ya no pudo contener las lagrimas que escaparon de sus ojos ante las palabras de Vegeta.

Este sintió una punzada en el corazón al verla llorar, Bulma había aguantado muchas cosas de su parte y no había derramado ni una sola lagrima en casi dos años y medio. Al verla llorar sintió una inmensas ganas de estrecharla entre sus brazos, pues realmente Bulma debía sentirse desolada. Pero aunque aquello era realmente tentador, no olvidaría lo que ella había echo. Ni el dolor que ella había provocado en aquel corazón que ella acusaba no tener. Si lo tenía, aunque el mismo lo había descubierto pocos meses atrás.

- Márchate! No quiero que vuelvas a esta casa jamás! Me has entendió Vegeta!?

Vegeta gruño ante aquello. Si le hubiese dicho aquellas palabras meses atrás, él se hubiese marchado para no regresar jamás. Pero estaba decidido a que Bulma pagara su traición y estaría allí para verlo.

- Porque no intentas echarme?- Le desafió él.

Bulma no aguanto más se abalanzo sobre él y comenzó a empujarlo y a golpearlo con todas sus fuerzas intentando desfogar una mínima parte del dolor que él le había causado. Pero Vegeta parecía un muro de piedra que ni siquiera se inmuto con sus golpes. Al final, rendida tanto físicamente como psicológicamente, Bulma dejo de golpearlo y se sentó sobre el suelo para seguir llorando.

Vegeta la miro pero no sintió pena. En realidad en aquellos momentos tenía la imagen de ella y Yamcha besándose en la cabeza y eso solo hacía que la detestara aun más.

- Eso pensé yo.- Le contesto Vegeta que la esquivo para salir de la habitación.

Pese a que el sol había salido y un nuevo día brillaba con intensidad. Bulma no había salido de su habitación. Después de haber llorado durante horas, ahora su pena la mantenía en silencio. Porque había vuelto? Porque Vegeta se empeñaba en torturarla de aquella manera?

- Bulma querida, aun estas acostada?

Bulma miro la puerta al escuchar la voz de su madre.

- No mama.- Le contesto ella.

- Deberías bajar a desayunar. Te he hecho unos ricos pasteles.

Bulma permaneció en silencio y eso provoco que su madre abriera la puerta.

- Acaso no te encuentras bien? Quieres que llamemos la doctor?

- No, mama. Estoy perfectamente.- Dijo separándose de la ventana.- Me duchare y bajare enseguida.

- A que no sabes quien a regresado?- Le pregunto emocionada.

Oh! Claro que lo se! Se dijo para si misma.

- El apuesto Vegeta!- Exclamo ella.- También hice ricos pasteles para él. Parecía hambriento.

- Me alegro.- Mintió ella.

- Quieres que le preparemos una habitación de invitados o dormirá aquí contigo?- Le pregunto ella con total normalidad.

- Una habitación de invitados estará bien, mama.

Con aquellas palabras y sin decir nada más Bulma se encerró en el baño y nuevas lagrimas escaparon de sus ojos.

El padre de Bulma estaba de pie en el jardín con su inseparable gato en los brazos.

- Vegeta. Que sorpresa verte por aquí.- Dijo al ver a Vegeta frente a él con una pose recta y con los brazos cruzados en el pecho.

- Quiero que vuelvas a construirme una nueva cápsula de gravedad.- Le dijo él sin más.

El padre de Bulma sonrió ante aquello.

- Eso ya lo había imaginado. Incluso empecé ha hacerla hace ya meses. Aunque aun le faltan unos pequeños retoques.

- La quiero ya.- Le exigió él.

- Bien, bien. No te preocupes por eso, me podré enseguida.- Él se dio media vuelta y comenzó a caminar en dirección al laboratorio.- Estoy trabajando en un nuevo juguete para "el pequeño", Vegeta, quieres verlo?

Vegeta clavo una mirada de enfado en el hombre y sin más se dio media vuelta para volver al interior de la casa. Al menos ahora sabía que todos eran concientes de que era el padre del niño.

- Que hombre más extraño.- Dijo él emprendiendo el camino.

Vegeta estaba de pie, en mitad de un campo verde, su cuerpo desprendía una poderosa energía dorada haciéndole sentirse invencible. No habría enemigo al que él no pudiera destruir. No temía nada de lo que pasara, estaba seguro que en la lucha contra los androides él sería el vencedor.

Pero entonces sintió su dulce energía tras su espalda y volviendo a la normalidad, Vegeta se giro para mirar a Bulma. Ella estaba simplemente hermosa. Y no dudo en obsequiarle con una radiante sonrisa.

- Lo conseguiste.- Le dijo ella.

- Si.- Le contesto él victorioso.

- Y ahora que?- Le pregunto entonces.- Eso era lo que más habías deseado. Ahora que lo tienes, que harás?

Vegeta se sorprendió ante la pregunta y fue por el simple echo de que no tenía una respuesta para esta.

Vio que Bulma se llevaba las manos al vientre, este plano, sin rastro de embarazo. Su rostro abandono su sonrisa y en segundos una mancha roja empezó a llenar su camiseta y la sangre goteo entre sus dedos.

- Bulma!- Exclamo él asustado.

Bulma clavo una mirada fija en él.

- Esta es tu sangre.- De nuevo se repitieron las palabras de sueños anteriores.- Él es tu hijo.

La sangre que goteaba de los dedos de Bulma comenzaron a formar un pequeño charco a sus pies, mientras él se veía petrificado por la imagen. Por una extraña razón sabía que su hijo estaba muerto y eso provoco en su interior un vacío que lo paralizo por completo.

- Esto es lo que tu odio hará en él.

Los ojos de Vegeta se abrieron sobresaltados y se incorporo en la cama repentinamente con una respiración acelerada.

Que había significado aquel sueño? Acaso la vida de su hijo estaba en peligro? Y porque era él, el causante de ello? La idea de que su hijo muriera le aprisionaba el corazón a pesar de que solo hacía horas que conocía su existencia. Por eso no dejaba de ser su hijo. Sangre de su sangre.

Se levanto de la cama de un salto y aun asustado se apresuro hasta la habitación de Bulma. Entre abrió la puerta lo suficiente para ver a Bulma placidamente durmiendo, lejos del temor que ahora lo invadía. Podía sentir claramente la energía de su hijo viva y palpitante, pero no se sintió seguro después de aquel sueño. Se acerco a la cama en silencio y con cuidado su manos se poso sobre la redonda barriga de Bulma.

Allí concentro su energía y comprobó que el niño estaba perfectamente bien. Pero pese a eso no retiro la mano. Al tocarla, la calidez de Bulma volvió a embriagarlo. Hacía muchos meses que no la había sentido entre sus dedos y la sensación fue anhelante. Deseo más.

CONTINUARA...

Muchas gracias a todos por sus reviews me animan a seguir escribiendo. No duden en dejar más, simplemente me encantan.

Espero que este capitulo les haya gustado tanto como el anterior. Prometo actualizar pronto. Saludos.

JJ.AMY