Notas de traductor:
Recién salidita de mis dedos… xD ¡Entonces, avísenme de algun error!
Gracias a Princes-Slash, FanFiker, Violet Strawberry, Alfy-Malfoy (bienvenu!) NUMENEESSE, sailor mercuri o neptune, Alexiel Viely, jessyriddle, Lunatica Dark, Sthefynice, KhrisTB yun Guest por comentar en el capítulo anterior… :3
Bueno, respiren hondo…
Draco le indicó con señas a Harry que necesitaba verlo de inmediato. Se vieron en un salón vacío en el tercer piso.
—¿Qué sucede? —preguntó Harry, en cuanto Draco entró al salón.
—Tenemos un problema. Ésa Skeeter. Sabe lo que pasó en Adivinación.
—¡¿Ella qué?! —gritó Harry.
—¡Baja el volumen! Lo sabe, no sé cómo, pero lo sabe. Me mandó una carta. Quiere que nos veamos para ver qué puedo decir al respecto.
—Sí, por supuesto —dijo Harry amargamente.
—Puedo rehusarme pero todos en la mesa vieron la carta. Si no me veo con ella se preguntarán por qué… —Su voz comenzó a apagarse.
—Y después del último artículo y de que te disculparas con Hagrid, se pondrían sospechosos. Maldita sea, ¿por qué esa mujer no quiere dejarme en paz?
—No lo sé, déjame ver. ¿Será porque eres el jodido Harry Potter? Ya sabes, el Chico de Oro, el Elegido, etcétera.
—Muy gracioso. Vas a tener que hablar con ella —dijo Harry—. Es la única forma. Actúa como si fuéramos enemigos.
—Necesitas decirme cuánto debería decir, no quiero que…
—No te preocupes por eso, ¿vale? No voy a estallar contigo. Sin importar lo que digas, Skeeter y su maldita pluma van a modificarla para que se acomode a cualquier historia que esté tratando de contar. Además, esta probablemente será acerca de mí, no de insultar a mis amigos. Puedo soportarlo.
—Goyle y Zabini van a estar ahí también… Si dicen algo mal, esperarán que yo lo… —Draco estaba paseándose hacia atrás y delante; Harry se puso de pie y se paró sobre su camino, obligándolo a detenerse.
—Escucha. Viniste aquí y me preguntaste qué hacer. Te dije que te pusieras todo "Malfoy" conmigo. No me voy a enojar contigo, Draco. Estoy enojado con Skeeter, claro, pero estaremos bien. Lo prometo.
—Las cosas eran más fáciles cuando pensaba que eras un idiota con cerebro de mierda que busca atención.
—Ahí está; solo canaliza ese veneno e saca unos buenos insultos.
Draco forzó una sonrisa.
—Esta bien; tengo que irme. ¿Te voy a ver antes del sábado?
Harry miró la puerta y decidió arriesgarse a darle un abrazo.
—No lo sé. Pasamos cada minuto libre practicando hechizos para la prueba. Ron y Hermione ni siquiera están estudiando para sus exámenes, por hacer tiempo para mí.
—El examen de Pociones es el viernes; diles que necesitan estudiar para él. Dado que te cancelaron los exámenes, puedes zafarte. Te veo allá abajo la noche del jueves, después de la cena —dijo Draco, susurrando a su oído.
—Vale, lo intentaré. Te haré una señal durante la cena del jueves si no puedo escaparme. —Harry le dio un beso rápido y se dirigió a la puerta.
OoOoOoO
Harry sintió una ola de culpa mientras miraba a Ron tratando de sentarse en la mesa de Gryffindor la noche del jueves. Harry había estado practicando encantamientos aturdidores esa tarde, y Ron seguía fallando en caer sobre las almohadas que Hermione le había acomodado.
Ginny miró a su hermano y rio.
—Te ves tan patético como la tía Muriel. Entonces, Harry, ¿estás listo? —Harry se encogió de hombros mientras se servía un poco más de estofado de res.
—Supongo. Hermione me ha enseñado prácticamente cada maldición y hechizo del libro. Solo debo tratar de mantenerlos en orden en mi cabeza.
Hermione lo miró para darle ánimos.
—Te irá bien, Harry. Pero en verdad creo que deberíamos tener otra sesión de práctica esta noche… —Ron gruñó y Harry lo interrumpió rápidamente.
—No, tienen el examen de Pociones mañana. Además, no creo que Ron sea capaz de moverse si lo aturdo una vez más. Solo me iré a leer a la biblioteca o a otro lugar.
—¿Estás seguro, Harry? —dijo Hermione, mirándolo de manera rara.
—Por supuesto. —Harry se atrevió a mirar hacia la mesa de Slytherin. Draco y sus amigos estaban agrupados y tenían una acalorada discusión. Draco miró a Harry y el moreno asintió ligeramente. Draco correspondió al gesto y continuó discutiendo con Blaise. Harry sintió una ligera punzada de envidia hacia el morocho italiano. Los había visto juntos, caminando afuera esa tarde. Algo que él y Draco nunca podrían hacer juntos. ¿O sí? Una idea pasó por su cabeza, y no podía creer que no se le hubiera ocurrido antes. Se levantó de la mesa de golpe.
—¿A dónde vas, Harry? —preguntó Ginny.
—Olvidé hacer algo. Los veo luego. —Harry se apresuró a salir del Gran Comedor y subió a la torre de Gryffindor. Tomando lo que necesitaba, corrió a la sala común y entró por el túnel antes de alguien regresara de cenar.
Harry estaba caminando de un lado al otro en los vestidores cuando Draco entró. El rubio se detuvo de golpe cuando vio a Harry sonriéndole.
—¿Qué sucede?
—¿Por qué crees que algo sucede? —dijo Harry, acercándose.
Draco estiró la mano, manteniendo lejos a Harry.
—Porque estás sonriendo como un Gryffindor que trama algo.
Harry sonrió, con sus verdes ojos brillando.
—Vamos a ir a dar un paseo. —Draco bufó y comenzó a caminar hacia la oficina. Harry lo tomó del brazo y lo jaló. Besándolo con ganas, repitió—. Vamos a ir a dar un paseo. He estado atrapado en el castillo durante todos estos hermosos días. Quiero ir a dar un paseo contigo.
—¿Y no crees que alguien vaya a vernos? Falta una hora para que se ponga el sol. —Draco envolvió a Harry con sus brazos—. Creo que todo el entrenamiento para el Torneo de los Tres Magos ha alterado tu cerebro.
Harry se zafó del abrazo de Draco y se acercó a la banca. Con un movimiento ya practicado, se puso la capa de invisibilidad.
—Deberías revisar esa última idea.
Rio por la asombrada expresión de Draco. El Slytherin trató de acercar una mano hacia donde Harry estaba. El chico se apartó, dio la vuelta y se puso detrás de Draco, agarrándolo y besando su cuello.
—Maldito imbécil, no puedo creer que… —Draco giró sobre sus talones—. ¿Lo has mantenido en secreto todo el año?
Harry se bajó la capucha, para que su cabeza quedara expuesta.
—Sí, lo siento. Nunca se me ocurrió usarla para algo que no fuera escabullirme por la escuela…
Draco se puso pálido al ver la cabeza de Harry flotando en el aire. Estiró la mano y lo golpeó.
—¡La jodida Casa de los Gritos! Así fue como…
Harry se sobó.
—Auch. Olvidé esa broma del año pasado. Pero te lo merecías. Por seguirnos como lo hiciste.
Draco bufó y rio.
—Bueno, eso fue durante mi fase de "Odio a Harry potter porque no puedo dejar de pensar en él".
—¿Y ya no estás en esa fase? —murmuró Harry. Se acercó más y sacó los brazos de la capa, tomando a Draco de las manos y jalándolo hacia sí.
—No, estoy en una fase completamente nueva; ahora es la fase de "Quiero besuquearme con Harry Potter en los vestidores".
—Qué mal, porque yo estoy en la fase de "Quiero besuquearme con Draco Malfoy bajo un árbol" —dijo Harry. Se separó del rubio y se dirigió a la puerta que llevaba afuera—. ¿Vienes?
Draco dudó.
—Pensé que no se suponía que debías salir del castillo.
—¿Y quién va a saberlo? Estaré bajo esto, sólo parecerá que estás caminando solo. —Harry se acomodó la capa por completo y alzó la varita para abrir la puerta. Draco maldijo y se acercó, le bajó la capucha y lo besó en los labios con ganas.
—Si nos atrapan, te costará caro —dijo Draco bruscamente. Harry le sonrió y desapareció bajo la capa de nuevo. Draco salió por la puerta y ésta se cerró detrás de él.
—¿Cómo se supone que sabré dónde estás? —dijo Draco entre dientes, mientras se apartaba de la pared. Había muy pocos senderos en ese lado del castillo; eso era bueno, porque significaba que era poco probable que alguien viera a Draco salir de la pared.
—Así. —Harry estiró la mano con la capa cubriéndola y tomó la derecha de Draco. El rubio le dio un apretón y se sostuvo de él.
—Bueno, está bien, eso podría funcionar. ¿A dónde quieres ir? —dijo Draco.
—Vayamos por el lado más lejano del lago —dijo Harry. El sudor ya cubría su rostro. El calor del día aún no se disipaba y la capa no permitía que le entrara aire. Tenía que soportar el calor solo por el placer de estar afuera por primera vez en semanas—. Hay que alejarnos de la gente para que puedas hablar y no te veas…
—¿Cómo un loco? Calla, hay gente más adelante —dijo Draco, mientras daba la vuelta en un sendero que los llevaría alrededor del lado. En varios puntos de las pastosas colinas que llevaban del castillo al lago había grupos de alumnos, estudiando para los exámenes finales. O fingiendo estudiar, pensó Harry, cuando vio a Fred y Angelina, tendidos sobre una cobija. Fred alcanzó a ver a Draco en el camino. El rubio maldijo y siguió caminando.
—Oye, Malfoy. ¿Dónde está tu escuadrón de bobos?
—No molestes, Weasley —respondió Draco, sin detenerse para confrontarlo. Harry sostuvo su mano más fuerte y se enfocó en asegurarse que no se viera por debajo de la capa.
—¿No molestes? ¿Eso fue lo mejor que pudiste decir? ¿Dónde está toda esa malicia Malfoy?
Harry rio en cuanto estuvieron a salvo, lejos de todos.
—Estaba más preocupado en que se fuera a dar cuenta de que la mitad de mis dedos faltaban en mi mano derecha, que en pensar en una respuesta apropiada —dijo Draco, revisando con la mirada el sendero ante ellos.
Harry bajó la mirada y vio que su capa tapaba casi toda la mano de Draco. Trató de soltarlo. El rubio apretó más su mano.
—Olvídalo. Pronto estaremos en el lado más lejano. Nadie está allá, por lo que puedo ver.
—Pasa ese grupo de árboles y después hay un gran castaño —dijo Harry, aun susurrando. Draco lo miró confundido y caminó en esa dirección. Harry suspiró con alivio en cuanto alcanzaron el castaño, que tenía un gran tronco, de al menos un metro de ancho. Con una última mirada, para checar que nadie estuviera cerca, le dio la vuelta al árbol, se quitó la capa y se sentó.
—¿No crees que deberías dejártela puesta? —dijo Draco, mientras se sentaba junto a él.
—Hace demasiado calor —dijo Harry—. De hecho… —Bajó las manos y se quitó la playera. Se limpió el rostro con ella y la arrojó a un lado. Se recargó contra el árbol, disfrutando de la sensación del sol de la tarde en su piel. La brisa del lago refrescaba su sobrecalentada piel.
Draco gruñó.
—Entonces, ¿crees que la siguiente persona que pase por aquí no se sentirá curioso porque Harry Potter esté sentado junto a mí, medio desnudo? —dijo Draco entre dientes, al mismo tiempo que su mano se movía para tocar el pecho del moreno.
—Creo que sería mucho más interesante si vieran a un Draco medio desnudo junto a mí, medio desnudo —dijo Harry, mientras sacaba la camisa de Draco de sus pantalones. Malfoy trató de apartar sus manos. Harry sonrió y, con facilidad, atrapó las manos del rubio con una sola, y continuó jalando la camisa con la otra—. Relájate, el camino es de grava. Escucharemos si alguien viene de cualquier lado, y podemos cubrirnos con la capa.
—¿Y si deciden sentarse bajo el mismo árbol? —dijo Draco, frunciendo el ceño, mientras Harry comenzaba a desabotonar la prenda de Draco.
—Entonces pondremos en marcha el plan B —dijo Harry con una sonrisa feliz, mientras la camisa de Draco se quitaba de su camino. Harry repasó su flexible cuerpo con las manos, mientras se acurrucaba con el rubio.
—¿Cuál es el plan B?
—Aturdirlos. —Harry se movió hacia delante y comenzó a besar el cuello de Draco. La piel del Slytherin sabía salada. La lengua de Harry se movió por su mandíbula; las líneas en su cuello comenzaron a enfriarse.
—Puedo aceptar eso —admitió Draco, mientras pasaba sus manos por la musculosa espalda de Harry—. No puedo creer que bajo todas esas prendas holgadas tengas un cuerpo así.
Harry alzó la mirada y sonrió.
—Tendrás que agradecerle a Hermione y su régimen del Torneo de los Tres Magos. Me obliga a subir corriendo cada escalera del castillo dos veces al día. Como sea, las prendas no son mías.
—¿A qué te refieres con que las prendas no son tuyas? —Draco lo miró sin poder creerlo. Se enderezó y tocó la camiseta con un pie, como si el verdadero dueño fuera a regresar en cualquier momento.
Harry suspiró y se enderezó, recargándose contra el árbol. Sabía por experiencia que Draco no dejaría de hablar hasta que sus preguntas tuvieran respuesta.
—Son prendas de segunda mano, de mi primo. No puedo creer que no te lo haya contado antes. Los Dursley no gastaban nada de dinero conmigo, así que me quedaba con todas las viejas prendas de Dudley, y él es enorme.
—¿Por qué no simplemente te compras tu propia ropa? Tienes dinero de tus padres, ¿no es cierto?
Harry frunció el ceño.
—Sí, pero si llegara a casa con un baúl lleno de ropa, mis tíos sospecharían algo y entenderían que tengo dinero. Y no quiero que lo toquen. Además, en realidad no me importa cómo me veo. —Draco abrió la boca para protestar—. ¿En verdad quieres pasar la hora que tenemos antes del toque de queda discutiendo acerca de mi ropa?
Draco sonrió y negó con la cabeza. Empujó a Harry hacia atrás para que ambos quedaran recostados sobre el pasto.
El sol ya comenzaba a ponerse cuando se pararon. Harry estiró la mano para ponerse la camiseta. Draco lo detuvo y repasó con los dedos la cicatriz, apenas visible, que Harry tenía en el pecho, por su enfrentamiento con el colacuerno. Jaló a Harry hacia sí y besó gentilmente la cicatriz.
—Prométeme que vas a salir del laberinto sin más cicatrices.
Harry sonrió.
—Haré lo que pueda. Éste ha sido el mejor día en mucho tiempo. No puedo creer que nunca haya pensado en usar la capa para salir de los vestidores antes de hoy.
Draco trató de sonreír de lado, pero se vio más como una sonrisa de felicidad.
—No puedo creer que no nos hayan descubierto.
Harry miró a Draco y rio. Los pantalones del Slytherin estaban cubiertos de polvo, y su camisa estaba arrugada. Harry comenzó a sacudir el polvo de los pantalones de Draco.
—Si alguien te ve entrando así sabrán que estuviste revolcándote con alguien.
Draco se encogió de hombros.
—Déjalos que se pregunten. Además, tengo prendas en los vestidores, y podré cambiarme. —Harry se inclinó hacia abajo y levantó su camiseta, sin molestarse en ponérsela mientras se ponía la capa, haciendo una mueca por el calor.
Caminaron hacia el castillo en silencio a pesar de que no había nadie alrededor que los pudiera escuchar. Draco tenía una expresión intensa en el rostro, y su frente estaba arrugada.
—¿Qué sucede? —preguntó Harry por fin, preguntándose qué había cambiado tan repentinamente.
—El torneo es en dos días —dijo Draco. Harry asintió—. Y después del torneo solo queda una semana más de escuela.
Harry se detuvo de golpe. Draco sintió el jalón en su mano y se detuvo también. Harry se quitó la capucha. Sus verdes ojos mostraban preocupación.
—No había pensado en ello, he estado tan enfocado en lo del torneo. Dos meses…
Draco frunció el ceño.
—Ponte la bendita capucha. —Harry lo hizo apresuradamente. Luego, Draco comenzó a caminar de nuevo—. He estado pensando en ello. No creo que vayamos a poder escribirnos. Mi padre hace que toda la correspondencia llegue a la mansión. Y los elfos le hacen saber si alguna carta sale.
Harry habló de debajo de la capucha.
—Yo puedo recibir lechuzas. A mis tíos no les gusta, pero Hermione y Ron me escriben durante el verano. Como sea, ¿podrías mandar cartas sin que tu padre se entere?
—Tal vez, si tengo suerte, se irá en alguno de sus viajes por una buena parte del verano. —La voz de Draco se oía tensa.
Harry lo jaló más hacia sí.
—Ya encontraremos la forma. Hablemos de esto la semana que viene, después de que el Torneo termine.
—¿Después de que ganes el Torneo? —dijo Draco con una sonrisa. Harry rio, por lo que Draco lo calló apresuradamente—. Ravenclaws, a las dos (1). —Comenzaban a acercarse al castillo, así que ninguno se arriesgó a hablar de nuevo, hasta que estuvieron dentro.
Harry se retiró la capa y la arrojó sobre la banca, en cuanto la puerta se cerró.
—Eso valió cada riesgo —dijo con una risa alegre.
—A veces tienes unas ideas muy buenas —dijo Draco—. Pero el toque de queda es en quince minutos. Necesito cambiarme —dijo, mirando sus ropas sucias con disgusto—. ¿Qué hay de ti? ¿Qué no alguien dirá algo?
Harry rio.
—Estar siempre desarreglado tiene sus ventajas. Nadie pensará que me veo diferente.
Draco se quitó la camisa. Harry se sentó en la banca y disfrutó de la vista. Incluso en su año sin Quidditch, Draco se había mantenido en forma. El rubio sacó una camisa limpia del casillero.
—Deja de mirarme. —Miró a Harry, con la cara seria—. El sábado, no hagas nada tonto. Solo juega a lo seguro.
—No estoy preocupado, en cuanto no haga dragones, debería ser bastante seguro —dijo Harry, encogiéndose de hombros. Seguía pensando en las vacaciones de verano. No podía creer que no había notado que faltaba solo una semana. Ya era suficientemente malo tener que haber esperado una semana o más antes de poner estar juntos, allá abajo. Dos meses. Mucho podía cambiar en dos meses.
—Las cosas contigo nunca son como deberían ser. Quién sabe qué trampas hayan puesto allí dentro —dijo Draco con seriedad.
OoOoOoO
De todos los malditos días para sacar el artículo. Draco alzó la mirada de El Profeta, el que Pansy le había arrojado con un chillido. "Perturbado y Peligroso", decía el encabezado en la primera página, con una fotografía de Harry, mirando amargamente a la cámara. Draco forzó que sus labios se volvieran un gesto de desdén, mientras Pansy leía el artículo en voz alta para la mesa de Slytherin. Era mucho peor de lo que había imaginado. Por todo el Gran Comedor, Draco podía ver cúmulos de alumnos compartiendo y leyendo el periódico, mientras miraban de soslayo al pequeño y callado grupo de Gryffindors. Draco miró a Harry. Había visto a Granger y Weasley tratar de esconder el periódico de Harry, pero el chico se los había arrebatado. El estómago de Draco dio un brinco cuando vio que el rostro de Harry palidecía, al momento de tomar el periódico y leerlo. Skeeter había retorcido todo lo que había dicho en la peor connotación posible.
Crabbe y Goyle comenzaron a reír en cuanto Pansy terminó de leer. Goyle lo golpeó con el codo y Draco comenzó a reír, uniéndose a la burla que hacían de todo el artículo. Vio que Granger se levantaba de la mesa de Gryffindor y salía del salón, corriendo. ¿A dónde iba con tanta prisa? Muchos alumnos estaban saliendo. Malfoy se dio cuenta de que solo tenían unos cuantos minutos para llegar al examen de Binns, de Historia de la Magia. Caminó con lentitud al pasar por la mesa de Gryffindor. Harry tenía la cabeza baja y parecía estar jugando con su desayuno. No alzó la mirada cuando Draco pasó. El rubio dudó un momento pero Blaise llegó atrás de él, diciendo:
—Vamos, vamos a llegar tarde. —Luego, lo empujó hacia la puerta.
Draco apenas pudo concentrarse en el examen. ¿Por qué Harry no había alzado la mirada? ¿No se había dado cuenta o estaba enojado con Draco? Le había dicho a Draco que no se iba a enojar por ello, pero el artículo era mucho peor de lo que cualquiera de los dos se había esperado. Al leer la forma en la que Skeeter había manipulado sus palabras, se puso furioso. Solo podía imaginar cuán enojado estaba Harry por ello.
Por fin, el examen terminó. Draco fue el primero en salir. Bajó apresuradamente las escaleras, hasta llegar al primer piso. Tenía que encontrar a Harry. Tal vez estaba en el campo de Quidditch, mirando el laberinto. Draco bajó los escalones de enfrente y se detuvo. Harry estaba caminando por el lago con una mujer con el cabello rojo y un hombre. Draco la reconoció como la madre de la comadreja, pero era difícil decir quién era el hombre junto a ellos. Estaba demasiado lejos como para ver su rostro, pero por el cabello solo podía ser el hermano Weasley más grande. Más alejado, Draco pudo ver a Cedric, caminando con tres personas. Todos los padres de los campeones debían haber sido invitados para ver la última prueba. Dumbledore debía haber invitado a los Weasley para Harry. Draco sintió que un poco de la tensión se aliviaba, pues la visita de los Weasley distraería a Harry de la prueba y del artículo.
El artículo. Draco aún tenía que encontrar una forma de hablar con Harry. Asegurarse de que todo estaba bien. No quería que Harry entrara a la tercera prueba sin asegurarse de que todo estuviera bien entre ellos. Harry tenía que estar completamente enfocado en superar el laberinto.
Draco se sentó en los escalones y sacó un libro de texto, esperando que pasaran junto a él al entrar al castillo. Alzó la mirada de su libro para ver que habían tomado el camino que llevaba a la entrada del patio. Los Diggory estaban caminando junto con Harry y los Weasley. El grupo estaba riendo y relajándose, mientras desaparecían de su vista al dar vuelta en la esquina del edificio.
Unos pasos se oyeron en los escalones de piedra. Draco alzó la mirada para ver al hombre alto y rubio, que había estado caminando junto con los Diggory, acercándose a él.
—¿Eres tú Draco? —preguntó el hombre, vacilante. —Draco asintió—. Soy Simon. Cedric me pidió que te entregara un mensaje. No sé qué significa, pero me dijo que te dijera que "Todo está bien allá abajo".
Draco rio por el alivio, antes de recuperar su compostura Slytherin y se puso de pie con rapidez. Estiró la mano.
—Dile gracias a Cedric. Y, am, mucha suerte para él esta noche, muchos galeones Slytherin están puestos en que él vencerá a Potter.
Simon rio.
—¿Y tus galeones, Draco? ¿En dónde están puestos? —Draco sintió que su corazón se detenía por un minuto. ¿Cedric le había contado a su novio acerca de ellos? Se obligó a respirar; conocía a Cedric y confiaba en él. Si el chico confiaba en Simon, eso tendría que ser suficiente.
Draco le guiñó el ojo.
—Digamos que tengo mis apuestas en el lugar correcto. Tal vez te vea esta noche en el torneo. —Levantó su mochila y se dirigió hacia el camino que se alejaba del castillo. El saber que Harry no estaba enojado con él por lo del artículo era un gran alivio. Solo tenía que recordar no echarle porras a Harry mientras estaba sentado entre los Slytherins esta noche.
OoOoOoO
Draco miró cómo Harry y los otros campeones salían del Gran Comedor detrás de Dumbledore al final del festín de la cena. Dumbledore había anunciado que todos podían comenzar a ir al campo de Quidditch en cinco minutos.
Por supuesto, la mesa de Slytherin fue la última en dejar el salón, pues no querían verse tan ansiosos. Draco trató de calmar sus nervios. Sabía que Harry podría manejarse en el laberinto. Si tenía un poco de cerebro, se mantendría a salvo y no trataría de ganar. Aunque eso no era probable; el Gryffindor en Harry no le dejaría no tratar de ganar.
Por fin, ocuparon sus lugares en las gradas. Como se tardaron mucho para llegar al campo, todos los asientos de arriba estaban llenos. Todos los que habían llegado más temprano habían tomado los lugares más altos para tratar de ver por encima de los arbustos de seis metros que formaban el laberinto. El laberinto que se había visto inofensivo a la luz del día, cuando había pasado junto a él, pero que ahora se veía más siniestro en la oscuridad.
—¿Por qué no tratamos de subir un poco más? —le preguntó Draco a Zabini, buscando fútilmente un lugar. Podía ver a Dumbledore y los otros jueces, sentados en un gran palco, que quedaba directamente enfrente de la entrada del laberinto. Los Weasley y los Diggory, así como las familias de Krum y Fleur, estaban sentados en las gradas detrás de los jueces.
—No veo porqué. Pronto estará oscuro. De todas formas no podremos ver nada —dijo Blaise, encogiéndose de hombros—. De esta forma podremos irnos rápidamente y llegar a la fiesta de la pérdida de Potter.
Draco se rindió y regresó su mirada hacia la entrada. El laberinto se abría ante ellos. Solo los bordes externos del laberinto estaban encendidos por antorchas. Harry y Cedric estaban parados en la entrada del laberinto. La voz de Bagman se oía con fuerza, para darles la bienvenida a todos. El estadio comenzó a quedarse en silencio y, sin más preámbulos, Bagman hizo una seña y Cedric y Harry entraron a los oscuros túneles.
En intervalos de cinco minutos, Krum y Fleur entraron al laberinto. El estado estaba en completo silencio, mientras todos se esforzaban para oír lo que sucedía adentro. Extraños rayos de luz brotaban ocasionalmente de diferentes áreas. Draco se esforzó para ver algo en la oscuridad. El tiempo parecía estar detenido, y por los rayos de luz que se veían, sabía que al menos uno o dos de los campeones estaban abriéndose paso hacia el centro del laberinto.
De repente, un grito llenó el aire, tan agudo que parecía uno de los gritos de las mandrágoras. Hubo un sonido colectivo cuando cientos de personas en las gradas jadearon. Nadie se atrevió a hacer un ruido, por miedo a perderse el siguiente sonido que viniera del laberinto.
Nada de chispas rojas. Draco se preguntó si ésa era una buena o mala señal. Debía haber sido Fleur la que había reído. Ningún hombre podía gritar tan agudo. Draco se giró para ver hacia el palco de los jueces. Dumbledore también debía haberlo pensado. Se había puesto de pie y les estaba haciendo señas a los miembros de la facultad sobre escobas, para que se dirigieran al lado más lejano del laberinto, cerca de donde el grito había sido escuchado. Podía ver a los padres y la hermana de Fleur aferrándose el uno al otro en las gradas. Después de unos largos minutos, tres magos en escobas podían verse sacando el inerte cuerpo de Fleur del laberinto, hacia la entrada de los vestidores, donde Pomfrey estaba esperando con una camilla. Draco miró cómo la familia de Fleur se acercaba con prisa hacia donde estaba la chica.
Los minutos pasaban con lentitud, y ningún otro sonido se oyó del laberinto. La emocionada conversación de la multitud se oía cuando un brillo dorado se elevó y salió del laberinto. Alrededor de él, los Slytherins comenzaban a aburrirse de esperar a que algo pasara, y habían comenzado a hablar acerca de la fiesta que habría una vez que el evento terminara y de los planes de verano de todo, cuando terminaran las clases a la semana siguiente. Draco tenía ganas de gritar por la frustración.
De repente, de un lugar cerca del centro del laberinto, un rayo de chispas rojas se elevó por el cielo. Rápidamente, la profesora Hooch llegó al punto con otros dos magos sobre escobas. Hicieron una seña y, en un solo movimiento, sacaron el cuerpo inmóvil de Viktor Krum del laberinto. La multitud esperó hasta que el cuerpo flotante estuvo en el suelo, seguro junto a los vestidores, para poder comenzar a hablar. Draco miró el laberinto, incrédulo. ¿Qué podría haber en el laberinto que hubiese acabado con Krum? Los Slytherins estaban enfocados de nuevo en el laberinto, haciendo alocadas suposiciones acerca de lo que le había pasado.
—¡Apuesto a que Potter se volvió completamente loco y los atacó!
—Él y Cedric parecían estar muy juntos últimamente. Tal vez se aliaron y fueron contra los otros dos.
De repente, una columna vibrante de colores brotó del centro mismo del laberinto. En cuanto apareció, la columna de luz desapareció en el aire que recorría el estadio. Nadie se movió por un momento y, luego, todo se volvió un pandemonio. Todos estaban de pie, gritando. Draco giró hacia el palco de los jueces. Dumbledore estaba de pie; con un aplauso, todas las luces del estadio se iluminaron. De inmediato, hubo gritos más fuertes, mientras cientos de personas intentaban cubrir sus ojos por la luz cegadora. Para cuando los ojos de Draco se acostumbraron a la luz, pudo ver que una docena de magos estaba volando hacia el laberinto.
—Silencio —se escuchó la voz de Dumbledore, haciendo eco por el aire nocturno. Todos los ruidos se detuvieron. Todos los ojos estaban fijos en el laberinto, y en las figuras de escobas que recorrían cada camino por el aire.
—¡No están aquí, desaparecieron! —le gritó Ojoloco Moody a Dumbledore, revisando el laberinto con su ojo mágico más rápido que cualquier otra persona sobre su escoba.
—¿Desaparecieron? ¿Cómo es eso posible? —le gritó Draco a Blaise. No esperó respuesta. Estaba descendiendo las escaleras del estadio. No le importaba lo que los Slytherins pudieran pensar. Necesitaba llegar allí, tenía que encontrar a Harry. Nadie trató de detenerlo mientras se acercaba a los bordes de la entrada del laberinto. De repente, un brazo se estiró para agarrarlo. Draco se giró instintivamente, sacando su varita, y miró a Simon a los ojos.
—No servirá de nada. No puedes hacer más de lo que ellos ya hicieron —le dio Simon bruscamente, mientras Draco luchaba para hacer que soltara su brazo.
—Necesito encontrar… —bufó Draco.
—No. ¿Acaso crees que él querría que hicieras un alboroto? —Simon estaba obligando a Draco a regresar, hasta sacarlo del camino y alejarlo de los curiosos que estaban mirándolos ávidamente—. Yo también quisiera estar allá, pero simplemente vamos a tener que esperar.
Draco lo miró por un momento y luego asintió. Siguió al otro rubio hasta una banca que había sido puesta a los lados de las gradas, donde nadie podía verlo pero donde tenían una vista clara de la entrada del laberinto.
—¿Qué crees que haya sido eso? ¿Ese remolino de color? —preguntó Draco vacilante.
—Un rayo de traslador —dijo Simon con simpleza—. Tiene que ser. Aunque nunca había visto uno tan poderoso. Al principio, pensé que tal vez era una parte de la prueba, pero luego vi la reacción de Dumbledore. Nunca había visto al viejo moverse tan rápido, y ahí supe que algo andaba mal.
—Entonces, debe haberse llevado a ambos —dijo Draco. Simon asintió—. ¿Dónde diablos podrán estar?
—No hay forma de saberlo. Tendremos que preguntárselos cuando regresen —dijo Simon con determinación.
Media hora pasó. Draco se había puesto a pasear de un lado a otro por el angosto camino entre las gradas. Simon había ido a checar a los Diggory, para ver si habían recibido noticias. Regresó negando con la cabeza. Draco tuvo que evitar un grito de rabia.
—Solo Potter podría meterse en un embrollo como este —escupió enojado, obligándose a sentarse de nuevo.
—Bueno, asegúrate de gritarle cuando regrese —dijo Simon, con una risa forzada. Miró a Draco y se encogió de hombros—. No veo el punto en pretender que no estoy enterado de que estás saliendo con Harry Potter. Viendo cómo te estás poniendo porque está desaparecido.
—¿Cedric no te contó? —preguntó Draco, dudando. Estaba feliz de tener algo que lo distrajera de lanzar otro hechizo Tempus, para ver cuánto tiempo había pasado.
—Cedric no revela confidencias, pero los ha mencionado mucho en sus letras; y, cuidadosamente, nunca lo ha hecho al mismo tiempo. Puedo leer entre líneas como cualquiera. Entonces… ¿Tú y Harry Potter?
Draco se encogió de hombros.
—Nadie lo sabe más que Cedric. Pero hemos estado saliendo por un tiempo. Siete, casi ocho meses. —Dependiendo si cuentas el mes en el que nos separamos, pensó Draco para sí mismo.
—Eso es sorprendente. Los vi luchar ese día en el Club de Duelo de Lockhart. Eso fue hace, qué, ¿dos años? Ambos se involucraron como si fueran enemigos mortales.
—¿Estuviste ahí? —dijo Draco, mirándolo con sorpresa—. Pensé que solo los de primero y segundo estaban ahí.
—Estaba en sexto pero ahí estuve. Parado en un lado. —El chico rio—. Admito que Lockhart me interesaba un poco. Hasta que abrió la boca, claro. Ahí me di cuenta que lo único que tenía era un rostro muy lindo. Obviamente, fue antes de que Cedric y yo comenzáramos a salir —añadió, tosiendo.
Draco rio.
—Creo que escogiste al mejor de los dos.
Simon rio.
—Estoy de acuerdo. —Se puso de pie y se pasó las manos por el cabello—. Nunca debí haber alentado a Cedric para que entrara al maldito Torneo. Desde el principio, hay algo que no me da buena espina.
Draco lo miró.
—¿Por el hecho de que el nombre de Harry salió del cáliz?
Simon hizo una mueca y asintió.
—Bueno, obviamente algo sucedió, porque éste no es el Torneo de los Cuatro Magos.
—Harry no… —protestó Draco.
—Lo sé, lo sé. Cedric me contó. Pero eso significa que algo no está bien. ¿Un chico de catorce años en esta situación? Es incorrecto y peligroso. —Draco no podía discutirle eso.
Estaba a punto de decir algo cuando sintió una ráfaga de aire. Dando la vuelta, corrió hacia donde se abrían las gradas. La columna de luz había regresado. Se desvaneció y, recostado boca abajo, estaba Harry, abrazado de Cedric y con una gran copa de oro en la mano.
Draco se congeló. Ni siquiera sintió a Simon corriendo a su lado, diciendo el nombre de Cedric. El sonido de cientos de pies obligó a que Draco que moviera hacia delante y empujó a apartó a la gente, para llegar al otro lado. Por fin, llegó al frente. A tres metros de él estaba Dumbledore, arrodillado junto a Harry. El moreno estaba peleando, sin soltar el cuerpo de Cedric. Cuerpo. Draco miró el cuerpo sin vida en los brazos de Harry. Notó que el chico estaba gritando. Gritando que Cedric estaba muerto. Voldemort. Regresó. Traslador. Cementerio. Mataron a Cedric. El rubio percibió que había sangre, en el rostro, los brazos, la pierna de Harry. Sus mangas habían sido rotas y estaba sangrando de un tajo grande en su antebrazo.
El rubio vio que Simon luchaba por llegar a Cedric, pero una línea de profesores evitaba que nadie se acercara mucho. Escuchó que la multitud murmuraba: "Los Diggory, abran paso para los Diggory". Se giró para ver a los padres de Cedric, pasando por entre la multitud, mientras ésta se abría. Simon se giró y se apresuró a llegar a su lado, rodeando a la mamá de Cedric con los brazos para sostenerla, cuando la mujer vio a Cedric en el suelo.
Draco miró de nuevo y vio que Harry había desaparecido. El cuerpo de Cedric aún seguía en el suelo, junto a la copa de oro, pero Harry había desaparecido de nuevo. Apenas lo había visto ahí. Draco solo se había distraído por un momento. Dumbledore se había puesto de pie y estaba acercándose a los padres de Diggory. Los refrenó y se giró hacia Fudge, obligándolo a que se acercara. Y luego, Dumbledore desapareció en la multitud también.
Draco chilló cuando un grito llenó el aire por segunda vez esa noche. Se giró para ver a la madre de Cedric, arrodillada en el pasto, sosteniendo a su inmóvil hijo entre sus brazos. Amos Diggory estaba de pie, claramente en shock. Simon estaba del otro lado de Cedric. Las lágrimas bajaban por su rostro, mientras el rubio sostenía la mano de Cedric.
Draco se apartó de la escena. Tenía que encontrar a Harry. Tenía que descubrir qué había pasado. Se giró y comenzó a empujar a la gente, para salir de la multitud. Acercándose a él estaban Ron Weasley y Granger. Por las expresiones de sus rostros, claramente tampoco tenían idea de dónde estaba Harry.
Salió de los confines del estadio y repasó los alrededores con la mirada. Había un camino de antorchas que iluminaban el camino hacia el castillo. Podía ver grupos de aturdidos alumnos hablando emocionadamente, pero casi toda la gente seguía en las gradas. Draco comenzó a correr por el camino. Solo había recorrido cincuenta metros cuando, de repente, vio un haz de luz y cayó dolorosamente al suelo, sin poder evitar la caída. Embrujo inmovilizador. Entendió que alguien lo había hechizado, y su rostro estaba enterrado en el pasto.
Draco luchó para liberarse del embrujo mientras veía dos pies acercándose. Unas manos lo voltearon con brusquedad y el chico alzó la mirada para encontrarse con el brillante rostro de Severus Snape.
—Lo que sea que estabas planeando hacer, no lo harás —le dijo el profesor—. No puedes hacer nada para ayudarlo. Solo vas a exponerte, arriesgando tu vida y la de él aún más. Te liberaré cuando me prometas que no harás nada tonto. Parpadea si estás de acuerdo.
Draco se obligó a parpadear. Con un movimiento de la mano, Snape liberó a Draco. El rubio se puso de pie con prisa, y agarró el antebrazo izquierdo de Snape. El maestro de Pociones bufó y jaló su brazo.
—¿Dónde está? ¿Está a salvo? —preguntó Draco. Sin importarle lo que su padrino pensara de él. Tenía que saberlo.
—Dumbledore sabe dónde está y ha ido a garantizar su seguridad. Irás directamente a mis habitaciones y me esperarás en la sala de estar. No intentarás localizarlo hasta que yo haya regresado.
Draco abrió la boca para protestar. El maestro de Pociones se estiró cual alto era y lo miró desde arriba.
—Si no aceptas mis condiciones, te dejaré aquí con un embrujo inmobilizante hasta la mañana.
Draco maldijo y se pasó la mano por el cabello.
—Vale. Te esperaré. Pero necesito saber si está bien. Estaba sangrando.
—No está en peligroso inminente de muerte por esa herida —dijo Snape tensamente—. Ve.
Draco estaba a mitad del camino cuando entendió que Snape había dicho "por esa herida". ¿Acaso Harry estaba en inminente peligro de muerte por algo más? Subió los escalones corriendo y se sintió increíblemente tentado por comenzar a buscar a Harry. Pero sabía que correr por el castillo gritando el nombre de Harry era lo peor que podría hacer. Se obligó a caminar y, con lentitud, subió los escalones del vestíbulo. Aún estaba desierto, pero sabía que pronto estaría lleno de alumnos que regresaban del estadio. Draco cruzó las escaleras que llevaban a las habitaciones de Snape con rapidez.
Su estatus único como ahijado de Snape le daba privilegios que pocos disfrutaban. Snape, en raras ocasiones, invitaba a Draco a que se le uniera en su estudio privado, para una comida solitaria o tutorías uno a uno de Pociones. Era una de las razones por las que Draco superaba a todos los demás en Pociones. Draco alcanzó la puerta de los aposentos de Snape y usó la contraseña que el hombre había compartido con él para abrir la puerta. Entró con rapidez y cerró la puerta detrás de él.
Draco se dejó caer sobre el sofá y cerró los ojos. No podía creer cuán rápidamente el mundo se había puesto de cabeza. Cedric. ¿Cómo podía estar muerto? En su mente, repetía la visión de Harry sosteniendo el cuerpo de Cedric, gritando. El chico había estado completamente sin vida. Tal vez sólo lo habían aturdido. Pero Draco podía ver los ojos de Cedric, en blanco y sin ver, y sabía que eso no podía ver verdad. Draco gritó por la frustración y comenzó a caminar por el cuarto.
¿A dónde habían ido? ¿Qué les había pasado? Harry había estado sangrando de su brazo y de su pierna. Su rostro estaba cubierto de tierra y sangre. ¿Cómo había muerto Cedric? Draco no le había visto ninguna herida. Los minutos se volvieron horas. Draco estaba seguro de que así era como las personas se volvían locas. Se preguntó si debía irse y tratar de encontrar a Harry, pero sabía que Snape era su mejor fuente de información. No había nadie más que estuviera dispuesto a ayudar. Al menos, sabía que Harry estaba de vuelta y con vida. Draco se recostó en el sofá y se cubrió los ojos. ¿Y qué si hubiera sido el cuerpo de Harry en el suelo? Recordaba el dolor en el rostro de Simon, mientras sostenía la mano de Cedric. No podía creer que Cedric se había ido. Con furia, Draco se limpió las lágrimas que descendían por sus mejillas. El Hufflepuff había hecho hasta lo imposible por ayudar a Draco ese año. Había dejado que Draco hablara por horas acerca de sus frustraciones con su padre, sus miedos de tener que regresar a casa cada verano. Cedric lo había calmado y lo había hecho entender que…
Sin advertencia, la puerta se abrió y Snape entró al cuarto con brío. Draco lo fulminó con la mirada desde el otro lado del cuarto.
—¿Dónde está Harry? ¿Está bien?
Snape se detuvo solo un momento, mientras entraba al cuarto.
—Potter está en la enfermería, bien protegido. Cualquier intento de comunicarte con él sería estúpido en el mejor de los casos, y suicida en el peor.
Draco respiró profundamente varias veces.
—¿No está malherido? ¿Y Cedric? ¿No está realmente…?
—Las heridas de Potter son mínimas. Cedric Diggory está muerto. —Draco negó con la cabeza al oír eso y se dejó caer sobre una silla, sosteniendo su cabeza—. ¿Acaso estabas involucrado…? —Snape lo miró, incrédulo. Draco casi rio. Su padrino lo estaba mirando con sorpresa genuina. Draco no había creído llegar a ver esa expresión en el rostro de Snape.
—No, Cedric era un amigo. Él nos ayudó, a Harry y a mí —dijo en voz baja.
Snape levantó una mano.
—Los eventos de esta noche han hecho que tu… arreglo con Potter sea aún más peligroso. No me quisiste escuchar antes, cuando te advertí que te alejaras de él. Y no dije nada más, asumiendo que superarías pronto semejante tontería. —Snape miró a Draco, que se rehusaba, desafiante, a apartar la mirada—. Te lo digo ahora: debes dejar de relacionarte con él. Por el bien de ambos. A partir de esta noche, ninguno de nosotros está a salvo.
Draco negó con la cabeza.
—No puedo. No lo haré. —Su mente se puso en blanco al pensar en dejar ir a Harry. Les había tomado cuatro años arreglar las cosas entre ellos, y nada podría convencer a Draco de que debía dejarlo ir ahora.
—Una persona ya murió. ¿Quién de ustedes será el siguiente? —dijo Snape con frialdad. Dándole la espalda a Draco, caminó hacia la pared más lejana y la tocó con la varita, murmurando un encantamiento que Draco no pudo escuchar. Las piedras desaparecieron, revelando un gran escondite. Snape metió la mano y sacó un bulto de tela. Lo sacudió, sin importarle que Draco viera. Una pieza de tela cayó al suelo. Draco lo reconoció de inmediato, sintiendo cómo palidecía; luego, miró el antebrazo de Snape.
—Sí, Draco. Todo ha cambiado. —La fría voz de Snape carecía de emociones, así como la expresión en sus negros ojos—. Regresa a tu dormitorio. No hagas nada por Potter. Olvídalo. Nada puede ayudarlo ahora.
Draco negó con la cabeza y se apartó de Snape. Chocó contra la puerta y, girando, la abrió de golpe. Corrió por el corredor, pero se detuvo abruptamente cuando entendió que no sabía a dónde ir. El dormitorio de Slytherin estaba fuera de discusión. Abajo. Tenía que ir abajo. Draco giró con rapidez y subió la escalera más cercana que lo llevaría al piso principal. El vestíbulo estaba lleno de alumnos, agrupados y hablando con emoción. Algunos estaban llorando y abrazándose. Con rapidez, atravesó la multitud. Nadie lo llamó. Salió por la puerta y, en cuanto estuvo afuera, comenzó a correr alrededor del castillo hasta llegar a la torre oeste. Con alivio, sacó su varita y abrió la puerta. Entró con velocidad y cerró la puerta.
Se dejó caer en el suelo, apoyándose contra los casilleros. Harry estaba en la enfermería. Tenía que llegar con él. Pero no podía entrar como si nada, necesitaba un plan. Draco golpeó su cabeza contra el casillero. Había estado en las habitaciones de Snape por dos horas, esperando a que regresara. ¿Por qué no había pasado el tiempo pensando en un plan, en vez de contemplando qué iba a hacerle a Harry cuando pudiera ponerle las manos encima de nuevo?
Draco abrió los ojos y miró a su alrededor. Arrojada sobre la banca frente a él había una capa de tela plateada. Merlín. La capa de invisibilidad de Harry. La había olvidado al irse la noche del jueves. Draco rio. Después de todo, no necesitaría un plan. Draco se puso de pie y agarró la capa. Se movió con rapidez por el vestidor y llegó al arco que estaba marcado con la varita y el hueso cruzados. La puerta se abrió. Draco miró el hueco oscuro y, alzando la varita, dijo "Aperiens". La entrada se reveló. Draco inhaló profundamente.
—Lumos —murmuró, alzando la varita, y comenzó a subir las escaleras.
Las escaleras no eran tan empinadas como las que llevaban a la casa Slytherin. Y el pasadizo era mucho más grande. Draco suponía que era porque había sido usado para llevar a jugadores de Quidditch lastimados. Draco consideró dónde estaba la entrada del túnel en la enfermería. El arco estaba enfrente de la oficina de Pomfrey, en un pequeño nicho. No había camas cerca de ahí. Con algo de suerte, nadie iba a estar parado enfrente del nicho cuando él abriera la puerta. Y si así pasaba, lo peor que podría pasar es que verían un hueco grande, y Draco podría cerrarla. Si no conocían la contraseña, no podrían hacer que apareciera de nuevo. Draco sintió que su confianza aumentaba. Esto podía funcionar, tenía que funcionar.
Llegó al final de las escaleras y caminó por un largo corredor. Las telarañas colgaban y el aire se sentía denso. Por fin, el túnel terminó y Draco quedó mirando la pared de ladrillos. Se puso la capa de invisibilidad y bajó la mirada, para asegurarse de que estaba completamente cubierto. Respiró con profundidad y alzó la varita.
—Aperiens.
(1) No sé si sepan, pero cuando se da una ubicación suele utilizarse la dirección que un reloj señalaría, si uno estuviera en el centro de dicho reloj. Por ejemplo, decir que algo está "a las doce" significa que está enfrente. "A las seis", que está atrás. Y "a las dos", significa que está un poco a la derecha.
Notas finales:
Vale, en este momento no me encuentro muy bien de ánimos. Agotado por completo…
Los leo luego...
Adigium21
