12 » Libertades
21 de Octubre del 2015
Hora Desconocida
Suprema Corte Internacional de casos Internos
Sala del Tribunal
Ambas mujeres se miraban a los ojos con un deseo de superación una contra la otra. Pero no duró tanto.
Franziska sonrió, cerró sus ojos, e inclinó su cabeza un poco hacia un lado.
-¿Sabías que él acaba de mentir? -dijo con una sonrisa tranquila, haciendo que la ahora llamada "Tamara Vledaska" se estremeciera por un instante.
-¿De que hablas?
-Bueno, él fue llamado aquí por una serie de pruebas muy interesantes, aportadas por la agente Reeves. ¿Sabes de qué hablo?
Tan pronto mencionó eso ella, sabía que me había descubierto.
-¿Por qué razón omitir ésa parte? -preguntó Franziska con insistencia. -¡Vamos, queremos oírlo! -dijo ella con fuerza.
-¿De qué está hablando, fiscal Von Karma? -preguntó la juez Bensouda.
-¡M-me apego a...!
Interrumpí a ambas, para poder reclamar mi derecho.
-¡ME APEGO A MI DERECHO DE PERMANECER CALLADO!
Los ojos llorosos, mi rostro atemorizado, y las memorias volviendo a ocurrir...
Las muertes que habían pasado frente a mí habían sido algo enfermizo. Pero nunca me atreví a hablar sobre lo que había ocurrido en aquella sala de juicios. El secreto que ocultaba y en lo que terminaría...
-¡Hable señor Goodman! -gritó fuerte Von Karma, mientras golpeaba la mesa con su fuete.
-Pero...Ian. -susurró Tamara hacia mí con confusión, mientras que veía mi cara torcida del dolor.
-Un inculpado y testigo que no quiere testificar no es más que un tonto torpe inútil que tontamente reclama tonterías que no le servirán en su tona vida...
Después de aquél comentario, Tamara respondió a Von Karma con una bofetada. Acto seguido, las dos fiscales peleaban a puño limpio en aquella sala, mientras que me levantaba a defender a Tamara. No tardó mucho en llegar un golpe a mi nuca para dejarme inconsciente y sacarme de la sala.
Me quitaron la ropa, y volví a los trapos de prisión que tenía antes. Me metieron en una celda más chica que la primera que tuve, y me dejaron en lo que pensé, fue confinamiento solitario.
Los días fueron pasando, y varias personas, todos siendo agentes de Interpol, venían y me entrevistaban sobre los hechos con ésa habitación. No respondía al respecto.
Recuerdo la comida, el trato, las entrevistas...
El tiempo pasó volando ésta vez, ahora contando los días.
Si mi memoria no fallaba, el día en el que finalmente hablé, fue el 24 de Noviembre del mismo año. Más de un mes, encerrado ahí.
-Eh. Guardia. -dije con voz tranquila. -O quien sea que esté ahí presente...estoy listo ya.
Era demasiado obvio que nadie vendría al instante, pero de cierta forma mi llamado fue escuchado.
Un par de guardias aparecieron, me obligaron a vestirme con aquella ropa que usé en el juicio, y me llevaron a una sala de interrogaciones distinta a las que veía en películas: cuatro paredes de concreto, una mesa, dos sillas, una lámpara y la ventana que daba al exterior. Por la luz que había, era probablemente de día...
La ubicación era algo inquietante, pero quien se hallaba adentro era alguien que nunca había visto en mi vida. Cabello rojizo, ojos de color verde claro, de piel clara y unos lentes. De gran estatura y físico fuerte. Lo curioso de éste traía puesta una vestimenta formal que no veía en otros agentes de Interpol...
-...argollas de plata en varios dedos, un broche de lo que parece ser una flor de plata en tu solapa izquierda, porte y silencio. Tú no eres de la Interpol.
-No, no lo soy señor Goodman.
-Pues me extraña encontrarme con alguien como usted. Así que...
-Vengo a escuchar su relato sobre la conexión del sótano del teatro de la universidad y lo que no quiere hablar.
Quien fuera éste hombre no me haría hablar. Prefería estar en silencio y dejar que ellos adivinaran la verdad...
-Pues no me queda remedio. -dijo con su voz profunda y sentándose, abriendo una carpeta que contenía varias fotografías y documentos. Pronto, tomó una de las fotografías y la puso frente a mi cara. -¿Recuerdas éste rostro?
-Por supuesto. -dije calmado. -Es Bader Umbreit. Si bien recuerdo, él era un estudiante de abogacía.
-¿Es la misma persona? -dijo éste sujeto, tomando otra de las fotografías y mostrándomela por encima de la foto de Bader.
Un leve escalofrío me recorría al ver la fotografía. No podía mentir...no quería mentir.
Con dolor, comencé a asentir lentamente.
-Sí. Es el mismo. -le dije, mientras que él dejaba caer la fotografía de Bader, previo a un examen forense.
En aquella fotografía, aparecía visto desde arriba, mientras que él estaba recostado en una mesa de operaciones.
-Sé que es lo que ocurrió. -dijo aquél hombre.
-No tiene idea. -contesté de manera cruda.
-Mataste a un menor de edad. -respondió con un tono más serio.
-¡No había salida! -respondí desesperado.
-Y lo ocultaste todo éste tiempo. -habló ahora con frialdad y odio, mientras entrecerraba sus ojos.
-¡NO SABE QUE FUE LO QUE VIVÍ!
Con éste último grito, me levanté y le dí un puñetazo a éste sujeto, mientras que caía al suelo por la falta de fuerzas. En efecto, le había dado un golpe. Pero no lo moví de su lugar. Permaneció quieto, sin quejarse, y con uno de los vidrios de sus lentes agrietado.
-¿Que caso tiene decir lo que ocurrió, si ocurrió de ésa manera?
-Saber el motivo de ésa situación. -dijo aquél hombre, con su semblante firme y sin cambiar de expresión.
Después de varios minutos en silencio, empecé a respirar profundamente y a exhalar lentamente. Tan pronto me relajé, lo miré con la misma mirada que él me daba.
-El día del escape, ocurrió de una manera distinta...
Una vez más, me sumergí en mis memorias. Esta vez tendría que revelar todo...
Ésa noche, todos se acercaron a mí, y con el transmisor en mano, Jake comunicó el plan de escape. Todos estábamos ahí...excepto Bader.
Nos dedicamos a buscarlo por todo el complejo, esperando hallarlo en algún lugar. Pero fue la voz de As la que nos llamó por el altoparlante de la sala de juicios. El volumen estaba muy fuerte, y podíamos oírlo por toda la facultad. No nos tomó mucho tiempo llegar a la sala de juicios para ver a Bader con un dispositivo en el cuello.
-Ba... ¡BADER! -gritó una de las chicas, mientras que él giraba hacia nosotros.
-¡No, váyanse! -gritó Bader, mientras que el dispositivo en su cuello se activaba y caía por la trampilla en una de las sillas de los acusados.
Todos entramos en estado de pánico, mientras que yo corría hacia el centro de la sala.
-¡AS¡ ¡¿QUE SIGNIFICA ÉSTO?! -reclamé.
-Éste es el pago por el crimen que están por cometer...incluyéndote, Jake Morgan. Sé muy bien que andas escuchando ésta transmisión...pero el show aún debe de continuar.
La transmisión se cortó de improviso. Todos seguía buscando la manera de tumbar las trampillas en los suelos, mientras que yo pensaba en una forma de entrar. Un método distinto...
-¿Será acaso...? -dijo Jaqueline, mientras que corría al lugar del juez.
-¿Jaqueline? ¿Que ocurre?
-El botón... -susurró ella mientras que metía su mano en una parte del podio.
-¿"Boton"?
-Se mencionaba... "En caso de algún inconveniente, pulse éste botón.".
Al presionarlo, notamos cómo detrás del asiento del juez, en el pequeño balcón de tres por tres, la pared se adentraba y se abría en dos secciones, revelando una puerta metálica. Era una escotilla, similar a la de algún barco o submarino, con un panel a un lado de éste.
-¡Es hora de intentar...!
-¡Aguarda! -dijo Jaqueline, mientras que impedía que tocase el mecanismo.
-¡¿Que te ocurre?!
-Primero debemos pensar que hacer. Podría contener una trampa.
-¿Una trampa? -dijo Claudia, mientras que se acercaba con seriedad. -¿Cómo sabes ésto?
-Porque me lo mencionó As, cuando me dio las instrucciones de éste botón.
Poco era lo que me importaba ya saber cómo recibió las instrucciones. Quería más información para resolver ésto...pero, ¿cómo me ayudaría a salvar a Bader, resolviendo éste cerrojo?
-Las instrucciones de el botón eran para usarlo en algún inconveniente. O mejor dicho, en caso de algún mal-entendido. Y ése malentendido sería si una persona "accidentalmente" cayera junto con el culpable. Pero solo la juez tendría el acceso a tal mecanismo. -dijo Jaqueline, algo alterada.
-¿De que rayos hablas? -pregunté.
No tardó ella en pasarme una hoja de papel con lo que parecía ser un juego de "cuadro mágico". A mi derecha, había un panel de nueve espacios color verde fosforescente, el cuál al presionar cada espacio, mostraba un número. Debajo de éste panel, había un panel distinto de nueve espacios: tres por tres. en la parte superior izquierda de ésta, había una luz roja, y en cada espacio había lo que parecía ser una especie de pilar de metal, del mismo tamaño que un clavo, pero del grosor de una pulgada.
-Supongo que entonces, debemos introducir la contraseña correcta... -dije en voz baja. Tomé una pluma cercana, y en el podio del juez me puse a formar distintas soluciones. ninguna me estaba sirviendo...
¿Cuántos minutos habrán pasado? ¿Diez? ¿Veinte?
Después de algo de tiempo, dí con el resultado e introduje los números de izquierda a derecha, y de arriba hacia abajo.
"6, 1, 8"...
"2, 9, 4"...
"7, 5, 3"...
Cada vez que introducía un número correctamente, el pilar se hundía y se oía un ligero "click".
Poco tiempo después, un pitido electrónico indicó que la puerta estaba desbloqueada.
-¡Esta abierta! -gritó Jaqueline, mientras que me presionaba a mí a abrirla.
Con cuidado y precisión, abrí la escotilla y me adentré en el pasillo oscuro. Pero no tardó ésta en cerrarse detrás mío, dejando a los demás detrás de la puerta.
Podía oír sus gritos y golpes amortiguados por la puerta. Seguramente, todo era a prueba de sonido.
Viendo la puerta, noté que justo encima de la escotilla había una especie de aparato adherido. ¿Se trataba de alguna clase de explosivo?
Sin pensarlo dos veces, bajé por las escaleras que estaban a la izquierda de la entrada, llevándome tres o cuatro metros abajo. Al llegar ahí, noté que había un pasillo corto, y al final había una escotilla más. Sin titubear, corrí y abrí la puerta, para logar llegar al otro lado de ésta.
Fue un escenario nauseabundo el que se hallaba frente a mí:
Eran los estudiantes ejecutados: Elisa Jockly, Gerard Klive, y Ronda Knox. Los tres estaban desnudos, amarrados a sillas, con un dispositivo distinto a los anteriores amarrado a sus cuellos. En todo sus cuerpos, habían cables los cuales, para mi sorpresa, daban signos vitales.
