Capítulo 12
Demon Lover
.
Esto era algo que debía ser recordado por la humanidad en los libros de historia.
Yo quedé estática, petrificada, anonadada, tonta, paralizada, sorprendida, en completo estado de shock, y todo porque Len me estaba besando. Y no, esta vez no fue mi iniciativa. Él solamente me miró y me besó, sin ningún aparente motivo, tan inesperado como lo es un terremoto. Sí, el beso de Len fue un auténtico terremoto, el hipocentro era su lengua, y el epicentro era todo mi cuerpo; sus ondas sísmicas provocaban violentas sacudidas en mi interior, sacudidas que se encontraban a un nivel peligroso en la escala de Richter.
Al inicio no supe que hacer, ya que me había tomado completamente desprevenida. El olor de su cuerpo no me ayudó en nada, su aroma era embriagante, sólo lograba infundirme más en un mundo paralelo a la realidad. Su lengua estaba palpando mi interior, lo hacía con una lentitud deliciosa, se imponía autoritaria como si estuviese reclamando su territorio y yo sólo podía dejarme invadir ya que mis fuerzas se habían esfumado junto a mi razonamiento. Caímos lentamente, él se posicionó encima de mí, apoyando sus rodillas en la arena y posicionando una de ellas justo en mi entrepierna, presionando en ese lugar y obligándome abrir las piernas instintivamente. Sin romper el beso, él comenzó a tocarme.
Oh Buda-sama, ¡Oh Buda-sama! ¿Qué era esa sensación? ¡Era muy excitante! Se sentía demasiado bien, ¡Se sentía genial! parecía un sueño erótico, una fantasía hecha realidad. ¡Era la primera vez que sentía a Len tan… tan caliente! ¡Ohh…!
—Rin, te amo.
Al escuchar mi nombre, parpadeé anonadada.
No dio una excusa para lo anterior. Luego, repentinamente, aquellas hermosas palabras susurradas por Len con una voz profunda, llegaron hasta mis oídos como si se hubiese tratado del grito desesperado de alguien que aclamaba por ayuda. Fue espontáneo e imprevisto, conciso y sincero, encajó de manera perfecta en el escenario. El escenario más romántico que había experimentado hasta ese entonces.
—Ah, Rin… sí, a lo que venía. ¿Tendrías una cita conmigo?
Si esto fuese una película, esta era la parte donde todas las chicas del cine suspiraban al unísono.
¡Pero yo no lo miraba de forma romántica! ¡No, no, no! Más bien la propuesta me molestó mucho. Y en esta parte era cuando las chicas del cine me decían que soy una idiota. No había manera de que una pregunta tan obvia me alegrara. Ni siquiera merecía una respuesta. Len era mi novio y no había necesidad de que me invitara a una cita.
Mouu, ¿Cuándo ese chico iba a entender nuestra relación sentimental? ¡Los novios no tienen citas! ¡Esa definición se utiliza para los pretendientes! Si Len era mi novio, su deber era tomarme de la mano y decirme firmemente "vamos a comer", no "¿tendrías una cita conmigo?". Por todos los cielos. ¡Que anticuado! ¡Qué vergonzoso!
En fin, yo acepté. De todas formas, Len era un novato en cosas del amor y yo tenía que ser condescendiente. Apreciaba su esfuerzo, de verdad, aunque dudaba mucho que la idea de la cita fuese iniciativa suya, lo más probable era que había recibido un empujoncito de Kaito-nii, pero su fuerza de voluntad también contaba.
.
Estoy muy consciente de que sentía una poderosa atracción hacia el chico que comía silenciosamente frente a mí. El amor que sentía por él era inaudito e inexplicable. No existía cosa en el universo capaz de extinguir la potencia de mis sentimientos, el fuego del amor en mi interior era imposible de apagar ni con toda el agua de los océanos. Yo era del tipo de chica que por amor es capaz de hacer cualquier cosa, era capaz incluso de perdonar una infidelidad. El bien y el mal eran triviales en comparación a mi amor. Los contratiempos de la vida eran simples charcos en un camino, el cual podía saltar con facilidad. Ni siquiera la muerte era un impedimento para dejar de amar a Len. Yo amé a ese chico desde el primer momento que lo vi, en un día nublado, un catorce de octubre, a la diez de la mañana, en el parque… ese chico me enamoró sin decir ni hacer nada, me enamoró por el simple hecho de existir.
Una cosa tan malditamente paupérrima como 'ginefobia' no se interpondría en mi camino.
Y pues, acepto que estaba un poco obsesionada, y acepto que mis métodos para hacerlo mío no eran los más universales, pero al final no sentí ningún cargo de conciencia, ya que todas mis alternativas funcionaron. Len era mío, y ahora que lo tenía para mí, no permitiría que nada me lo arrebatase.
No significó mucho para mí que Len rompiera el collar que mi padre me obsequió. Bien, debía aceptar que ese collar era importante, representaba uno de los recuerdos con mayor valor sentimental hacia la memoria de mi fallecido padre. Pero era sólo eso, un collar. Tenía la certeza de que los recuerdos que mi padre y yo creamos juntos, vivirían para siempre en mi memoria, no en un objeto cuya existencia iba a terminar tarde o temprano. Para ser sincera, le di el collar a Len precisamente por eso, quería deshacerme de esa cosa material el cual no hacía más que deprimirme, además, Len resultó ser muy efectivo en ese aspecto. ¡La próxima vez que quiera deshacerme de algo, se lo daré a Len!
Fue mejor de lo que esperaba, ya que Len me obsequió un collar para remplazar el que él quebró. Me sentía muy feliz y muy aliviada ya que, ahora cada vez que mirara mi cuello, me recordaría de Len, mi presente, y no de mi padre, mi pasado. No es que quiera olvidar a mi padre, pero estoy segura de que él no querría verme triste cada vez que lo recuerdo.
La vista a la playa era muy hermosa desde ese sitio. Era un agradable restaurante al aire libre, en una colina con vista panorámica de la bahía. Estaba anocheciendo, así que el crepúsculo era muy hermoso. Len y yo estábamos sentados en una romántica mesa para dos, decorada con un esquisto gusto, donde la comida deliciosa estaba servida frente a nosotros. En el lugar habían unas cuantas parejas, no obstante, las mesas estaban lo suficientemente separadas para dar un poco de privacidad.
Una música de fondo… violonchelo, violín, contrabajo, piano, mis instrumentos favoritos. Esa era una cena perfecta. ¡Estaba tan emocionada que podía morir! ¡Quería gritar de la emoción! ¡Colocarme de pie encima de la mesa y gritar lo más fuerte que podía! ¡Gritar "te amo, Len"!
—No creas que esto te va a salvar, aún estoy muy enojada. —Aclaré indiferentemente, limpiándome los restos de comida. Y nada de que soy tsundere, es sólo que mi orgullo es algo preciado, y me encanta ver a ese rubio frustrado.
—¿Eh? Pero yo te advertí que no me lo dieras. —se excusó refiriéndose al collar que él quebró.
—Eso significa que no puedo confiar en ti.
—Que fastidio. Ya te pedí disculpas, ¿okey? ¿Qué más quieres que haga? —Entiendo que Len estuviese frustrado, pero debía controlar sus preguntas, ya que ellas podían ponerlo en desventaja. Por ejemplo, ¿Que qué más quiero que haga? Pues, "desvístete aquí mismo, corre desnudo por la playa mientras gritas que me amas, dame un beso como el del muelle, tatúate mi nombre en el pecho" había muchas cosas que mi retorcida mente quería. Aunque en ese preciso momento estaba muy feliz, así que no exigí algo complicado.
—Quiero que me cantes una canción. —dije, sorbiendo del delicioso vino en mi copa.
—¿C-cantar? —tartamudeó, viendo a su alrededor.
—Así es, cantar —repetí, en ademán de que se levantara—. Vamos, destácate.
Muy en contra de su voluntad, Len se levantó y chasqueó la lengua. Me pareció gracioso que algunas personas voltearon hacia nosotros. Che, que entrometidas.
—¿Qué canción quieres que te cante? —preguntó, comenzando a sonrojarse por las miradas que se posaban en él. Creo que no le gusta ser el centro de atención.
—La que quieras, pero haz una buena elección. —Lo sé, le puse las cosas más difíciles. Sin embargo, heriría sus sentimientos si le decía que me cantara algo español ya que era improbable que conociera alguna canción en español. Mis gustos son muy curiosos, siempre me he sentido atraída por la cultura española. Sí, yo era única en mi especie, es decir, ¿A qué nipón le gusta la música española? No lo he conocido aún.
Len afinó sus cuerdas vocales luego de un breve momento de ensimismamiento. Tenía un gesto de mal humor. Por todos los dioses, no debía ser tan complicado cantar alguna simple canción, él sabía que yo sería feliz incluso si me cantaba el himno nacional o el feliz cumpleaños, más bien debía estar agradecido conmigo que no le pedí que hiciera algo más complicado.
Finalmente, Len comenzó a cantar. Añadió que era una composición suya, así que estuve muy ansiosa y emocionada. Rogué desde mi interior que no se tratara de nada sobre suicidio o temas por el estilo.
—Hm, bueno, escucha con atención porque no la volveré a cantar, ¿bien?
Cuando asentí, Len comenzó a cantar…
La canción de Len fue tal y como lo imaginé, una lluvia de sentimientos fuscos, cargados de rencor y sufrimiento. Me tranquilizaba que al menos no haya sugerido ningún anhelo por suicidarse. En dicha canción me relató un pequeño fragmento sobre su niñez. Entre una melodía bastante armoniosa, indicó que vivía junto a su padre y su madrastra; y dicha madrastra hacía 'maldades' Es decir, que básicamente su fobia proviene de allí, pero en la canción no detallaba nada sobre las 'maldades' que recibía. No era necesario detallar algo, sólo con decirme que la base de su miedo surgió a raíz de los maltratos que su madrastra le frecuentaba cuando era niño, ya es bastante impactante, incluso perturbador si me coloco a imaginar el tipo de cosas que pueden desarrollar un miedo tan profundo como el de Len.
Su gesto después de entonar ese pequeño fragmento de canción no fue para nada alentador. No creo que sea confortante recordar tal aspecto de su vida. Sé mejor que nadie que hay cosas del pasado que es mejor no recordar jamás, y sé lo difícil que puede ser hablar sobre ello con alguien. Sólo con recordar una imagen, pueden volver pesadillas que alguna vez atormentaron mis sueños, y demoraron semanas, e incluso meses desaparecer.
Por esa razón le estuve muy agradecida a Len, por confiar en mí y hablarme un poco sobre eso que no había platicado con nadie más. Y aunque a esas alturas de la noche el ánimo de Len estaba ya bastante decaído, en sus ojos pude percibir cierta tranquilidad. Era como si él hubiese descubierto que podía sacarse un peso de encima hablando sobre su pasado con alguien, desahogando y sacando todo ese rencor que llevaba en su alma. Yo también me di cuenta que Len lo que necesitaba era hablar con alguien, quizás esa era la única manera de superar su miedo a las mujeres; hablando con alguien sobre cada detalle de su pasado y aceptando todo aquello que no puede revertirse, de esa manera pudiera hacerle frente a la ginefobia. Y por supuesto, allí intervenía yo. No existía una persona en el mundo más dispuesta que yo para escuchar a Len.
Repentinamente surgió un plan en mi cabeza…
Regresamos a la casa. Subimos las escaleras y llegamos al piso de las habitaciones. A pesar de ser una casa de verano, era bastante grande. Mi padre siempre me dejaba al cuidado de mis tíos en verano, a mí me encantaba porque era divertido jugar con Akaito-nii y Kaito-nii, y en mi casa no tenía a nadie con quien jugar ya que nii-san siempre se la pasaba encerrado en su habitación viendo anime. Conocía esa casa como la palma de mi mano, y sabía que existían habitaciones secretas que un invitado no sabría descubrir. Por ejemplo, el ático.
Para ser una habitación muy solitaria, era muy cómoda y cálida, casi como si alguien hubiese vivido allí todo este tiempo. Por supuesto, yo pensé en la posibilidad de estar allí junto a Len en cualquier momento, por lo que anteriormente me dediqué a limpiar el lugar hasta dejarlo decente. Había una gran ventana cubierta por un vidrío de colores y unas cortinas blancas. Una sección del techo era de cristal, permitiendo ver el hermoso cielo nocturno. Había un amplio sofá y una manta en el suelo que yo misma había colocado en la mañana. En el ambiente predominaba un aroma a sándalo, y las luces del exterior iluminaban el lugar tenuemente.
Me encantó ver el sorprendido gesto de Len al entrar, sus ojos brillaron. Me sentí muy contenta al saber que le agradaba el lugar.
—Es genial… —susurró, acercándose a la ventana.
—Maravilloso, ¿verdad? —Dije sonriendo, sentándome en la manta e invitándole a que hiciera lo mismo—. Este lugar es sólo para nosotros.
—¿Eeeh~? —esbozó, sentándose a mi lado.
Apuesto que no se lo esperaba. Pues sí. ¡Ese era el plan! Yo tenía pensado estar allí junto a Len desde que habíamos llegado a la casa de verano, pero no había visto el momento oportuno para hacerlo. Sin embargo, hora que estábamos solos, nada podía salir mal.
—Esta noche es nuestra —Le dije muy cerca de su rostro, acariciándole la mejilla, y luego dándole un beso en los labios—, aquí podemos estar solos sin que nadie nos moleste. Al fin tenemos un poco de privacidad. —susurré.
Él se alejó de mí, esquivando mi mirada y sonrojándose. Era tan tierno que creí que me daría una hemorragia nasal.
—A-ah, si… c-claro… te entiendo —dijo nervioso, poniendo una sonrisa forzada—. E-entonces q-querías que estuviésemos solos, ¿verdad?
Por supuesto, eso era lo que yo quería desde un principio. Uno de los aspectos más importantes de una relación era el tiempo privado. La privacidad era la clave para nuestro éxito.
—En este lugar nadie podrá escucharnos. Somos libres de hacer lo que queramos. ¡Ah! Claro, me aseguré de que nadie estuviese en casa. —Añadí para aclarar las dudas de Len. Al parecer todos en la casa habían decidido ir a un antro… en la playa. Ña, yo quería ir, pero el tiempo junto a Len es más importante que ningún otra cosa.
—A-ah… b-bueno… e~tto. —Len estaba nervioso. Muy nervioso. No entendía por qué. ¿Acaso estar conmigo todavía le incomodaba?
—Nadie se imagina que estamos aquí, así que podemos tomarnos todo el tiempo que queramos —dije para tratar de animarlo a comenzar. Len era un poco problemático en ese aspecto—. Podemos hacerlo lento, ya que nadie nos está apresurando.
—¿L-lento? —Mis esfuerzos por animarlo no surtieron efecto, de hecho, sucedió lo contrario, se alejó un poco más de mí. Por supuesto que yo volví a acercarme. Estaba empezando a hacer frío, y no era mi cometido pescar un resfriado—. Rin… ¿Q-quieres hacerlo? ¿Quiere hacer 'eso'?
—Por supuesto, te traje a un lugar privado por esa razón —Crucé mis brazos con cierta molestia. ¿Qué pretendía Len que hiciéramos en un lugar privado como ese? ¡Era obvio! No podía creer que aún lo preguntara—. Tenemos mucho tiempo sin hacerlo, así que no está mal hacerlo ahora.
—¿A-ahora…?
—Sí ahora. —Dije. Ya estaba comenzando a impacientarme. Si perdíamos más tiempo, los chicos llegarían a casa y nos interrumpirían—. Por favor, comienza tú. —indiqué.
—¿Eeeeh~? —Len se sonrojó aún más, haciendo que yo también me sonrojara levemente.
—No me mires así, no tienes por qué avergonzarte —Por todos los dioses. ¿Cuál era su problema? ¿Era tan difícil que empezara?—. Escucha Len, esto es algo normal entre parejas… está comprobado que tiene un efecto terapéutico, incluso se recomienda hacerlo una vez a la semana, de esa manera, uno puede drenar todo el estrés que se ha acumulado durante los día del trabajo —intenté animarlo un poco más—. Tú más que nadie necesitas relajarte.
—E-entiendo tu punto… pero, ¿Por dónde debería empezar? —preguntó, viéndose algo avergonzado.
Suspiré.
—Por el principio, por supuesto —Len coloco un gesto de terror al escucharme, logrando que yo también me sobresaltara—. T-tranquilo, tranquilo… tomate tu tiempo, no voy a presionarte —Aclaré, drenando un poco la incomodidad del ambiente—. Puedes hacerlo con calma, como ya te dije, nadie nos está apurando. Sé que es complicado al principio, pero luego le tomarás el ritmo. Soy tu novia, así que tenme confianza. —sonreí.
Len era realmente difícil de convencer. Mi objetivo sólo era que él me considerara una ruta alterna de desahogo; yo estaba dispuesta a hacer lo que fuese con tal de aliviar ese dolor que tenía por dentro, pero si no confiaba en mí, o si se sentía muy avergonzado al frente de mí, yo no iba a ser capaz de ayudarle.
Luego de un corto lapso de tiempo, Len me miró a los ojos y asintió.
—E-está bien. Voy a comenzar yo. —Tragó fuertemente como si necesitara una gran determinación mental para comenzar. Se alejó un poco de mí y se quitó la camisa…
Me sonrojé hasta más no poder… ¿Por qué Len se acababa de quitar la camisa? ¿Tenía calor?
De repente, se acercó a mí y empezó a acariciarme el rostro, mientras se colocaba encima de mí, obligándome a acostarme en la manta. Cerré los ojos cuando sentí su dulce aliento chocar en mi oreja…
—Hmm… nee, Len —Todo aquello era muy encantador, pero yo estaba teniendo un serio problema para entender la situación—, ¿Qué se supone que estás haciendo?
Len se separó rápidamente de mí, con todo su rostro al rojo vivo, y un gesto que me provocó estallar en risas, pero el momento ameritaba aguantarme y permanecer callada para no incomodarlo.
—¿Como que 'qué estoy haciendo'? —Preguntó escandalizado y avergonzado, dirigiendo su mirada al suelo—. Estoy comenzando… tú me pediste que comenzara.
—Pues… yo en realidad me refería a que podías empezar a hablar. —Expliqué.
—¿Ehhhhh?
—Te traje a un lugar solitario para que pudieses contarme todo lo referente a tu niñez que te atormenta. Pensé que lo que necesitabas era que estuviésemos solos para poder hablar, ya que como siempre había alguien importunándote, no podías decirme nada respecto a tu fobia hacia las mujeres. —Seguí explicando.
—Es decir, que con 'hacerlo' te referías a tener una conversación.
—¡Por supuesto! —Exclamé, levantándome del suelo—. ¿Qué habías pensado?
Len repasó unos segundos su respuesta, se sonrojó, me miró, y luego regresó su mirada al suelo. Estaba completamente apenado.
—Pensé que te referías a tener sexo…
Ahora era yo la que se sonrojaba hasta las orejas. ¡¿Cómo él pudo haber confundido la situación con semejante cosa?! Aunque pensándolo bien…
—Ciertamente se presta para confusión, así que no te culpo. —Pensé a voz alta, desviando mi mirada al suelo.
Apuesto que mi rostro estaba bastante sonrojado, incluso más que el de Len, pero no por vergüenza, sino por el fugaz pensamiento pervertido que surcó mi imaginación. También pensé en lo lenta que mi mente había sido para captar las insinuaciones que salían de mi boca sin pensar. Supongo que mis ganas por ayudar a Len eclipsaron los deseos sexuales en mi interior, ya que ciertamente no había pensado en la posibilidad de hacerlo allí.
—En fin, si lo que deseas es hablar… —Len rompió el incómodo silencio que reinaba entre los dos. Aun lo veía bastante sonrojado y nervioso, no era mi intención molestarlo más, así que decidí actuar para no causarle más vergüenza.
—En realidad yo pensaba que tú querías hablar, pero si deseas tener sexo, por mí no hay problema —Dije sonriendo, acercándome lentamente hacia su rostro—. No hay nadie en casa, así que estará bien. —susurré.
En respuesta, él alzó una ceja y chasqueó la lengua.
—Seguro que lo habrías querido así hubiese gente.
Me alegraba que lo tuviera claro. Disimuladamente Len me había estudiado, no sería raro que a esas alturas de la vida supiera más cosas sobre mí que ningún otra persona. Sólo a Len le había mostrado facetas de mí que nadie más ha visto, así que no había porque sentirme avergonzada.
—Es mejor así —Susurré mientras me colocaba encima de él, abrazándole por el cuello—, porque suelo ser muy escandalosa.
—¿Enserio?
—Ehhh~ ¿No lo recuerdas cuando lo hicimos en la casa de Miriam-san? —canturreé en su oído. Remarqué una sonrisa tras la reacción de Len al sentir mi aliento en su mejilla.
—Estaba ebrio, así que no lo recuerdo con exactitud —Indicó Len con cierta molestia. Parecía ser que Len aun guardaba rencor por lo de aquella vez, aunque ya había pasado mucho desde esa noche—. Siento como si esta fuese mi primera vez.
Solté una pequeña risa. Por esta vez ninguno de los dos estaba haciendo cosas en contra de su voluntad, así que yo también sentía ese peculiar sentimiento de hacerlo por primera vez.
.
La posición no era la más adecuada, pero la sensación era la misma. Sentir los labios de Len aprisionados con los míos, envió una corriente de calor desde mi espalda hasta el área más íntima y sensible de mi cuerpo. Yo estaba encima de Len, con mis piernas enredadas entre las suyas, apoyándome en su pecho desnudo (porque no tenía camisa), y dejándome llevar lentamente por el calor que causaba nuestras acciones. El más mínimo movimiento, o el más mínimo gemido, enviaban olas ardientes a todas direcciones de mi cuerpo, específicamente en mi entrepierna. Cuando Len decidió cambiar las posiciones y colocarse arriba, me dejé dominar por completo; de alguna manera sentimos que el contacto de nuestros labios no era suficiente, luego su lengua rozó la mía con una audacia que hasta entonces desconocía de Len. Le di el gusto de verme sorprendida, y sin romper el beso, él emitió una juguetona risa.
Sí, esto era un auténtico beso francés. Su deliciosa lengua rápidamente ganó territorio en mí, la sensación era tan placentera que yo simplemente me dejé llevar y le abrí paso en mi boca para que se degustara de mí. Las caricias de su lengua me humedecían cada vez más, con sólo un par de besos mis bragas ya estaban muy mojadas.
—¿Está bien que toque aquí? —Len parecía bastante curioso por mi cuerpo, tocaba cada parte que se interponía en el camino de sus manos, detallando cada una de mis reacciones. Pensándolo bien, era la primera vez que me tocaba estando sobrio, lo que significaba que básicamente era la primera vez que tocaba a una chica de ese modo, y muy para mi sorpresa, Len no parecía disgustado.
—Hmm… sí, se siente agradable tu mano. —De mi boca se escapaban ligeros gemidos.
Mientras yo me dedicaba a relamer su cuello hasta dejarlo con mis marcas, su mano desabotonaba mi short con lentitud. Mis caricias también le llevaban a soltar gemidos un poco más audibles que los míos, pero eso cambió cuando se deshizo del short dejando en evidencia mi excitación. Yo estaba tan húmeda, que parte de ese líquido caliente que emanaba de mi interior rodaba por mi muslo.
Len no hizo ningún comentario aun cuando posó su mano encima de mis bragas empapadas e inició unas ligeras caricias en esa área, sacándome varios gemidos más perceptibles.
—Humm~~ D-de verdad te gusto, ¿cierto? —Curioseé, remarcando una sonrisa. A pesar de que estuviésemos en ese punto, me costaba creer que todo eso fuese real, y que Len estuviese tocándome sin sentir ningún tipo de repulsión.
—Rin, ¿pero qué dices tan de repente? —Besó mi clavícula, bajó su lengua hasta mis pechos, causándome cosquillas.
—Ahh~ jaja~ hmm… —Me sacudí al sentir el aumento del ritmo en las caricias de Len—. Es que… a ninguna otra chica… le tocarías así. —dije entre jadeos. Len sonrió.
—¿Y eso es malo? —Subió su rostro para mirarme. Por supuesto yo negué con la cabeza ligeramente.
—Claro que no, así tengo la certeza de que ninguna otra chica va a tocarte, eres sólo para mí.
—Tan egoísta como siempre, aunque supongo que tienes razón.
Estábamos hablando mucho para la ocasión.
—Vamos Len, yo también soy tuya.
La mirada que Len me dedicó, encendió mi interior más de lo que ya estaba. Era una mirada indescriptible que me hacía entender muchas cosas sin necesidad de oírlas. Los ojos azul intenso de Len penetraron lo más profundo de mi alma, compartiéndome el sentimiento de seguridad que él sentía sólo conmigo, dándome a entender que me necesitaba tanto como yo a él. Con un sutil sonrojo adornando sus mejillas, entrecerró los ojos y dibujó una sonrisa que jamás había visto proviniendo de él, una sonrisa perversa y juguetona.
—Lo sé, Rin —Y luego se acercó con lentitud a mi oreja—. Eres mía. —susurrando sus palabras de manera ligera pero apasionada.
Sin despegar su hermosa mirada de mí, comenzó a acariciar mis labios con su dedo índice, remarcando todo el contorno carnoso que los conformaba, para luego introducirlos en mi boca. Pasé por alto el hecho de que Len llevara a cabo semejante perversión, ya que la excitación era lo que gobernaba mi mente y mi cuerpo en ese instante. Él comenzó un leve vaivén con su dedo, metiéndolo y sacándolo de mi boca imitando un ritmo erótico. Un poderoso sonrojo se apoderó de mí.
¡Oh… por Buda-sama! ¿Desde cuándo Len era tan pervertido? No me molestaba… pero si me sorprendía un poco que tuviera dicha conducta cuando esa era apenas la segunda vez de su vida en la cama (o en el suelo).
Un hilo de saliva corrió por mi mejilla debido a que Len introdujo dos dedos más a mi boca. Su gesto era serio y atento a cada gemido o reacción que escapaba de mi cuerpo, de vez en cuando lamía su labio inferior mientras me dedicaba una sensual y fija mirada. Su pudor se había esfumado.
Cuando sus dedos estuvieron completamente cubiertos por mi saliva, los llevó a mi intimidad luego de haberlos lamerlos él también. Di un pequeño respingón al sentir sus dedos fríos y húmedos tocando la piel sensible y ardiente de aquella región de mi cuerpo.
—Ahh, Len… ¡Ahhh~! —No me contuve los gemidos que me causaba Len. Una exquisita sensación comenzó a invadir cada célula de mi cuerpo cuando Len comenzó un movimiento lento y profundo en mí. Su prudencia y dedicación hacían el momento todavía más placentero. La lujuria me agobió de tal modo que todo en mi mente se tornó blanco, lo único te tenía en cuenta era que Len estaba conmigo y me estaba causando la mejor sensación de toda mi vida.
Si hubiésemos estado en una cama yo hubiese contado con la reposadera para sujetarme, pero estábamos en el suelo, y no hallaba de qué demonios agarrarme para apaciguar las oleadas de placer. Inconscientemente tomé a Len por los hombros y lo acerqué a mi cuerpo para sujetarme de su espalda.
—¡Len… basta! ¡Detente, ahhh! —Gemir en su oído era parte de mi táctica para excitarlo más. A esas alturas él debía estar ya bastante erecto, yo podía sentir su rigidez apoyada en mi cintura; sin embargo aún tenía el pantalón puesto. Era muy probable que estuviese a punto de volverse loco, por lo que le sugerí que se deshiciera de él.
Para mi sorpresa, Len se sonrojó de ferozmente.
—E-eres… una pervertida… —El muy descarado tuvo la desfachatez de decirme 'pervertida' cuando era su mano la que se acariciaba mi intimidad, y sabiendo que desde el principio el de las intenciones perversas había sido él. Pero el momento era muy bueno para discutirle algo a ese rubio, era mejor actuar que hablar.
Le quité el pantalón.
—¡Rin!
—Te necesito ya, Len… —Dije con voz baja.
