¡Buenas! ¿Qué tal estáis? ¡Aquí os dejo el capítulo 11! ¡Este es más largo que todos los demás! ¡Espero que os guste!


Cap XI

Federico y yo entramos al ardor de la batalla. Los gritos de la batalla estallaban como bombas. Los que suponía que iban en nuestro bando iban vestidos con la misma ropa salvo por algunos cambios. La mayoría iba con hachas o armas pesadas. Solo unos pocos portaban espadas parecidas a las de Federico y mía. Los hombres de Vieri iban vestidos cada uno de forma diferente, pero todos de forma bastante formal. Me pude fijar en que los movimientos de los hombres de Vieri se veían un poco limitados por el tipo de ropa, lo cual estaba a nuestro favor. Vieri se encontraba a unos metros de la batalla, observándonos sin moverse. Uno de sus hombres alzó su espada para atacarme. Actué rápido y le esquivé con un giro hacia la derecha. Decidí atacarle la pierna y funcionó. El traje que me encontré en el baúl era bastante cómodo para la batalla y parecía que estaba hecho a mi medida. Vi cómo Federico peleaba con gran habilidad. Él y yo estábamos entrenados puesto que casi siempre estábamos en la calle. Esto parecía una de nuestras muchas peleas de calle. Con una diferencia, aquí había armas de por medio, lo cual hacía el momento más peligroso. Seguíamos peleando. Un golpe tras otro. Los hombres de Vieri caían como moscas. Me fijé en Claudia y mi madre. Ahí estaban, en guardia sujetando cada una un cuchillo. Noté cómo a Claudia le temblaba la mano. Uno de los enemigos me dio un golpe el cual hizo que me echara hacia atrás. Esquivé el cual él pensaba que sería el golpe de gracia y acabé con él. Mientras me dirigía hacia otro, uno de los enemigos se acercó a mi hermana y mi madre. La cara de Claudia reflejaba pánico y terror mientras el enemigo se le acercaba.

-¡Aquí acaba vuestra vida z…- No le dio tiempo a terminar la frase. Federico y yo le habíamos atacado por la espalda.

-¿Estáis bien?- les dije.

-¡Ezio cuidado!- gritó Claudia. Hizo un movimiento rápido y le clavó aquel cuchillo en el estómago al hombre que iba a atacarme por la espalda. La pelea continuaba. Parecía interminable.

-¡Acabad con ellos de una vez!- dijo una voz que se escuchó desde lejos. Supuse que era Vieri. Me fijé en aquel hombre, el que nos lanzó las espadas a mi hermano y a mí. Para la edad que tenía, peleaba perfectamente. Movimientos rápidos y directos, esquives ágiles, rápidos e increíbles. En una batalla, tenía por seguro que ese hombre nos ganaría a Federico y a mí. Cuando me di cuenta, todos los hombres de Vieri estaban en el suelo. Federico y yo nos dirigimos a él con las espadas en la mano.

-¡Retirada! ¡Retirada!- gritó. Cuando empezó a correr nos detuvimos.

-Muchas gracias por su amabilidad, señor- dijimos Federico y yo al mismo tiempo mientras que nos arrodillábamos devolviéndole las armas.

-Quedáoslas, sobrinos. Os harán falta. Creedme.- Eso de dejó un poco parado.

-¿Nos conocemos de algo?- pregunté.

-¿No me reconocéis? ¡Soy Mario!

-¡Tío Mario!- gritó Federico.

-¿Tío Mario?- dije yo. No podía creer que fuera nuestro tío Mario. Llevaba mucho tiempo sin verle. Había cambiado muchísimo. Ahora tenía el pelo más largo y retirado hacia atrás. Tío Mario nos abrazó a los dos.

-¡Ha pasado mucho tiempo desde que nos vimos, sobrinos! Soy consciente de todo lo de Florencia. Lo siento muchísimo. Os sacaremos de aquí.- dijo. Al ver a Claudia y Madre se acercó a ellas.

-Claudia, María, siento mucho lo de Giovanni.- les dijo con tono triste. Luego se acercó a nosotros.

-Federico, Ezio, tranquilos. Aquí estaréis a salvo. Podéis quedaros aquí en la Villa. Esta es vuestra casa. Nunca lo olvidéis. Venid, entrad conmigo.- dijo. Nosotros le seguimos hasta entrar dentro de los muros.- Bueno, cuéntamelo todo.

El lugar mantenía el mismo aspecto fúnebre. Pero era acogedor. La gente parecía amable y para nada problemática. Había fardos de heno en varios sitios. Cuando me percaté de que tío Mario había empezado a andar, comencé a contarle todo lo ocurrido. Madre y Claudia iban detrás nuestra.

-Han ejecutado a mi padre por supuesta traición. Petruccio ha tenido el mismo destino… También vinieron a por Federico y a por mí.

-¿Sabes por qué?- dijo mientras avanzábamos. La gente nos miraba salvo algunas personas que pasaban sin percatarse de nuestra presencia. Las tiendas estaban cerradas salvo una o dos.

-Aún no tengo respuestas. Lo único que tengo es una lista de nombres de alguna persona que nos quería muertos.- Se me vino a la mente la imagen de mi padre y Petruccio.- Aún no me puedo creer que ya no estén aquí…

-Ezio, tranquilo. Descrubiremos qué pasó. Federico nos mostraba tanta pena. Obviamente la ocultaba. A cada uno nos había afectado de una forma diferente. Mi madre había dejado de hablar desde aquello. Y Claudia… Claudia era la que parecía que peor lo estaba pasando.

-Me encantaría compartir tu optimismo…

-Falta poco para llegar a casa. Espero que Monteriggioni sea de vuestro agrado, sobrino.

-Creí que era enemiga de Florencia.

-Eso por ahora. El año siguiente serán aliadas y al otro al contrario. Y así. Al final perderemos la cuenta. Yo ya ni la llevo. Gente honrada y muy trabajadora. Nuestras tiendas venden sencillos productos, pero bien manufacturados y duraderos.- dijo. Me fijé en las tiendas. Acabábamos d epasar por una herrería. Había un hombre tallando una espada. Detrás se podían ver varias armas. Martillos, espadas grandes… No sabía si podía estar preparado por si tuviera que pelear. Aunque la pelea contra los hombres de Vieri no fue tan mal como pensaba. Aunque, claro, nos ayudaron.

-También tenemos una capilla. El cura parece buena gente, aunque no soy muy creyente.- Empezamos a subir unas escaleras. Tío Mario siguió hablándome de la Villa.

-¿Sabías que Villa Auiditore tiene casa 200 años? La construyó un antepasado mío. Un tipo que guardaba muchos secretos. Puede que descubras tú algunos tú mismo.- Siguió hablando. Dejé de escucharlo por un momento por lo asombrado que estaba al ver la Villa. Era una casa grande, un poco sucia por fuera aunque bastante llamativa.

-¡Aquí estamos! Hogar, dulce hogar? ¿Qué os parece, sobrinos?

-Es impresionante.- dije.

-Ha tenido días mejores. Me gustaría reformarla, si tuviera tiempo claro. Chicos, ahora que lo habéis visto, va siendo hora de que os equipéis. Mis hombres os esperan en el mercado. Cuando volváis, empezaremos.- dijo. ¿Empezar a qué? ¿A qué se refería?

- ¿Empezar a qué?- pregunté.

-Creí que habíais venido aquí a entrenar.

-No, tío. Hemos venido para escapar de Florencia. Nos vamos a ir lo más lejos posible.- dije. Federico me miró.

-¿Y qué pasa con vuestro padre? Él quería que terminarais su misión.

-¿Qué misión? ¡Nuestro padre era banquero!

-Ezio…- dijo Federico.

-¿Cómo? ¿Es que no te lo contó?

-No tengo ni idea de lo que me estás hablando.

-¿En qué estabas pensando, Giovanni? No sé por dónde empezar…- dijo. Federico le dijo una cosa al oído a mi tío.- Id a por equipo al mercado. Tendré tiempo para pensar.

-Pero…- dije.

-Hazme caso. Ya hablaremos más tarde. Tomad un poco de dinero- dijo mientras que nos daba una pequeña bolsa con florines dentro.-, por si os hace falta. Si necesitáis descansar. Hay una alcoba para vosotros arriba.

-De acuerdo- dije. Tío Mario se fue con Claudia y mi madre. Federico y yo no vacilamos y bajamos las escaleras hacia el herrero. Al bajarlas, le dije a Federico:

-¿Qué le has dicho a tío Mario al oído? ¿Y qué demonios está pasando aquí?- No podía contener mis ganas de saber qué estaba pasando. Cuando Federico fue a hablar, un hombre se nos acercó.

-Sois nuevos aquí, verdad?- dijo el hombre. Llevaba una ropa no muy estropeada. La gente de aquí no pasaba muchas maluras.- Se os ve un poco perdidos. ¿Os puedo ayudar en algo?

-Buscamos un herrero donde comprar armauras y armas.- dijo Federico. En verdad yo sabía dónde estaba el herrero. Lo teníamos a pocos metros. Creo que Federico también lo sabía y le preguntó al hombre solo para que yo no le preguntara nada sobre el tema.

-Sí. Lo tenéis ahí mismo.- dijo el hombre señalando detrás de nosotros.- Hay ciertas partes de Monteriggioni que están cerradas por falta de dinero. Creo que dando un poco se podrían reabrir.

-De acuerdo.- dije.- Grazie, señor.

-De nada.- dijo. Si me necesitáis para algo más, estaré por aquí.- Luego se marchó. Federico y yo continuamos nuestro camino. Decidí no preguntarle nada más y esperar a que tío Mario me lo contara todo. Al llegar al herrero, el hombre nos saludó y nos preguntó que qué queríamos comprar. Le pedimos unas grebas de cuero para cada uno. El hombre nos las dio.

-También necesitaríamos un par de hojas cortas.- dijo mi hermano.- El hombre sacó dos cuchillos finos y nos los dio.

-¿Algo más?- preguntó.

-Nada más.- dije. Le dimos el dinero correspondiente y nos fuimos hacia el médico a por medicinas. Compramos unas pocas. Volvimos a la Villa.

Por dentro era enorme. Era casi entera blanca salvo por la enorme lámpara y algunos adornos d elas paredes y pilares. Allí se encontraban mi hermana y mi madre.

-Tranquila. No nos quedaremos mucho tiempo.- dije.

-No quiero estar aquí. Quiero ir a casa.- dijo. Se me vino a la cabeza la pregunta de si podríamos volver a casa algún día. Solo me limité a asentir y a decir:

-Lo sé.

Se fueron y me acordé de que teníamos que ir a ver a nuestro tío. Pasamos por una habitación con una maqueta de toda la Villa, varios planos con una pizarra, un escritorio con una silla y varios muebles. Cruzamos un pasillo y allí, en una habitación con otra mesa (solo que más grande que la anterior) con varios libros y plumas para escribir y unas estanterías repletas de libros, se encontraba mi tío. Nervioso, me acerqué a él junto con Federico, esperando respuestas sobre las razones de por qué nos había ocurrido todo eso a nosotros. Con los nervios apoderándose de mí, hablé con él.


¿Y bien? ¿Qué os ha parecido? ¡Espero que os haya gustado! Próximamente... ¡CAP 12!

ZAAMEI cambio y corto :3