Tangerines at 5pm
Los personajes le pertenecen a S. Meyer. Me adjudico la historia y algunos personajes.
Beteado por Lucero Silvero (beta FFTH)
Aclaraciones importantes:
Los fármacos mencionados en esta historia (clonazepam, sertralina y zolpidem) deben ser usados exclusivamente bajo prescripción y vigilancia médica y no puede repetirse sin nueva receta médica.
Por más que creas que tienes estos síntomas/enfermedad, no consumas sin la autorización de un médico.
-Tres meses antes-
—Bella, tienes que salir.
Ella hace un mohín mientras prueba otra papita de la bolsa que carga entre sus piernas.
—No te quedarás echada ahí durante todo el verano. —Su madre se molesta, mientras termina de ordenar el living.
—Son vacaciones, mamá. Se supone que debo estar echada en la cama.
—Pero al menos échate con tus amigas. Cielo, no puedes permanecer encerrada durante todas estas semanas.
Bella frunce el ceño.
—Tú siempre fuiste una persona sedentaria.
—Pero ya estoy vieja. Tú eres joven. ¿Qué pasó con Bree y Victoria? ¿Acaso no van a salir?
—No lo sé —responde totalmente distraída, acompañada de su gato, con un programa de Animal Planet que se transmite en la pantalla del televisor.
—Vamos, deberías aprovechar que no tienes que trabajar. Te hará bien salir.
En el fondo, Bella cree que su madre insiste en esa cuestión de "salir y divertirse" debido a que ya está en la edad suficiente para tener novio. Quizás piensa que no le interesa la compañía masculina.
—No soy lesbiana —aclara.
Su madre pone los ojos en blanco.
—Ya lo sé.
—Simplemente aviso. —Levanta las manos a modo de disculpa. El pueblo recientemente enloqueció porque una compañera de clase de Bella salió del clóset.
Ella debía aprovechar el tiempo libre que gozaría de ahora en adelante. El matrimonio Woodgate no necesitaría sus servicios en la tienda durante esas semanas con la excusa de que "es una chica joven, y como tal, merece descansar durante estas cortas vacaciones".
No es como si Bella fuese una chica triste, pero el deseo de Renée es que tuviese un poquito más de vida social. Le gustaría ver a su hija enamorada, por ejemplo. Ella sabe que, en cuanto eso suceda, su niña se lo contará como en cualquier otra ocasión.
Bella, tirada en el sillón, observa sus piernas. Debería afeitarlas.
Suena el timbre de la casa y ella espera a que su madre abra la puerta.
—Atiende, Bella. Tengo que terminar de sacar la ropa de la lavadora.
La muchacha bufa, no solamente por el hecho de tener que levantarse del sillón e interrumpir su programa sobre felinos, sino porque tiene que fingir simpatía en el momento de saludar a quien sea que, probablemente, busca saludar a su madre.
Antes de llegar a la puerta, Bella se tropieza con sus pantuflas de conejo pero se recompone enseguida. Se siente repentinamente incómoda y por ser viernes, vuelve a tropezarse — a propósito— dos veces más, para sentirse mejor.
Sin embargo, se ha golpeado una vez y ha repetido otra vez. Dos veces. Significa que debe volver y hacerlo por tercera vez ya que es día impar. Refunfuña. Decide atender y luego volver para completar el movimiento faltante.
Vuelven a tocar el timbre y ella gruñe.
—¡Ya voy!
Abre la puerta y del otro lado, encuentra a Edward Masen, observándola con diversión.
Bella siente que su corazón ha saltado de repente hasta la garganta.
—Qué mala —acota él, refiriéndose al grito que ha pegado.
Ella se lleva una mano a la boca, dándose cuenta que ha sido grosera, pero también se encuentra sorprendida por encontrarlo ahí, parado en la entrada de su casa.
Por unos segundos, piensa que ha venido a buscarle. ¡Já! Ya quisiera.
Bella sonríe tontamente, de oreja a oreja, y le hace pasar.
Renée aparece de pronto y lo saluda.
—Justo estaba por llamarte.
—Sí, lo siento. Estaba manejando un par de complicaciones en el taller y me retrasé.
Bella nota el cansancio en sus palabras. Permaneció mucho tiempo allí. Puede incluso ver un poco de aceite para motor en sus muñecas. Sus manos son tremendamente masculinas.
—¿Qué ocurrió?
Edward explica algo pero Bella no le presta atención. Se encuentra embobada observando su rostro cambiar de expresión cada vez que habla.
—Espero que no te moleste, estoy terminando de limpiar. Así son las cosas en esta casa. Soy la única que lo hace. No me sirve de nada tener dos mujeres aquí.
¿Qué es esa rara costumbre en los adultos de remarcar los errores de sus hijos frente a terceros?
Edward voltea su rostro hacia Bella, observándola con una simple sonrisa. Su mirada tiene un poder increíble en ella. De repente, tiene ganas de hundirse en el suelo y ocultarse, así como también siente ganas de saltar y abrazarlo. Es un cúmulo de sensaciones que logran alterarla en un buen sentido.
De paso, mira de mala gana a su madre. No le advirtió de la visita de Edward. No es que esté mal vestida, pero su atuendo forma parte del conjunto de ropa infantil que Bella guarda para cuando se echa en el sillón.
Además, tiene el cabello sujeto en una coleta. Delibera si sería una buena idea soltárselo para él, pero concluye que terminaría viéndose demasiado obvio.
—Ven, pasa a la cocina —invita Renée y él, como todo un caballero, pide permiso para entrar en la habitación.
Bella decide volver a sentarse en el sillón, con los ojos fijos en la entrada de la cocina. Por supuesto que no verá mucho, pero piensa en la posibilidad de ingresar en la cocina sin motivo alguno. Siempre que aparece una oportunidad para encontrarse con Edward, existe una ínfima pero considerable posibilidad de que tengan sexo. Y Bella pasó toda la semana masturbándose.
Sun, completamente abstraído, empieza a arañar el tapizado del sillón.
—¡No, no! —susurra ella quitándolo de aquél lugar y apoyándolo entre sus piernas. Éste comienza a ronronear, se siente seguro allí.
Mientras Bella se da cuenta de que aquél minino creció demasiado en las últimas semanas, se percata de las voces que resuenan en la habitación contigua. Al segundo, su madre aparece en el living para marcharse hasta el jardín con el cesto lleno de ropa recién lavada para dejarla secando.
Bella aprovecha la ocasión y va hacia la cocina con la excusa de volver a guardar la bolsa de papitas.
Cuando ingresa, nota que Edward no está allí. O mejor dicho, no se lo ve. Se encuentra casi recostado, revisando algo debajo de la mesa.
"¿Entonces se encargará del moho en la madera?" Se supone que no es el tipo de trabajo que hace, suena más a que decidió darle una pequeña y rápida mano a su madre. Pero no es el tipo de consulta que se le hace a Edward Masen, sea lo que sea que esté haciendo, lo sabe por experiencia propia, no por oficio.
Por unos segundos, Bella considera la posibilidad de que Edward haya decidido darles una mano para poder ver a su hija menor. ¿Podría ser?
Y como de costumbre, Bella se lo hace saber en cuanto se acerca a la mesa.
—¿Cuándo fue la última vez que fuiste a la casa de alguien para revisar el moho de una madera?
La dulce y femenina voz de Bella es una sorpresa bastante grata para Edward. Tan pronto se quedó solo, creyó en la posibilidad de que la chiquilla se le acercaría, pero era solo una fantasía. Resulta ser que Bella es su fantasía predilecta.
Encoge sus hombros.
—Es humedad. Está dentro de mis conocimientos. Además, tu mamá insistió en que es un problema.
En casa, cualquier percance doméstico es un gran problema.
Bella cambia de tema:
—Mira mis piernas. A que lucen hermosas, ¿no?
Ella tiene la increíble habilidad de pensar velozmente. A veces, puede abrumar a la otra persona, pero aquel detalle se hace más notorio cuando Bella se encuentra junto a una persona que le simpatiza mucho. Siente una extraña necesidad de convertirse en verborrágica.
Edward a veces se siente intimidado por lo directa que la joven puede ser, pero luego recuerda que en varias ocasiones le ha tirado del pelo, así que vuelve a sentirse cómodo.
Le mira las piernas y seguidamente, se sorprende: están velludas.
Se echa a reír.
—¿Ya no te afeitas?
—Así es.
—Me parece perfecto.
—¿De veras?
Edward continúa trabajando.
—Claro. Yo tampoco lo hago, ¿sabes?
—¡No! —Jadea sobreactuando—. Quedé impactada.
—Pues, ya ves.
—¿Y si te digo que tampoco me he afeitado las axilas? ¿Te parecería más asquerosa? —dice con cierto morbo.
Edward interrumpe lo que está haciendo para arquearle una ceja y reírse. Desafortunadamente, es imposible verla de esa forma. Aún con vellos en las piernas, se ve muy linda.
—Creí que las mujeres se depilaban constantemente.
—A veces no tengo ganas. Tampoco es que tenga tanto. Mira mis pies. Me he pintado las uñas.
Edward le echa un rápido vistazo a las uñas de sus pies. Son de color rosa.
—¿Te gustan?
—Lucen bonitas.
—Gracias.
Permanecen un rato en silencio y Bella se exaspera. Siente que está perdiendo tiempo y que necesita terminar de decirle todo lo que quiere.
Afortunadamente, Edward empieza la conversación.
—Siempre creí que eras una chica de poco vello. Es que te veía constantemente con esos pequeños shorts. ¿Estuviste usando pantalones largos?
Si hay algo que Bella adora, son las personas como ella, igualmente detallistas. Y Edward no suele serlo, pero ha empezado a imitarle esa rara manía.
No siempre tienes la oportunidad de encontrar una chica con la que puedes hablar de absolutamente todo.
—Sí. Por las lluvias. No me gusta andar con shorts en clases, además.
Eso es nuevo para Edward. Normalmente, solía hacerlo. ¿Qué le hizo cambiar de parecer?
Luego recuerda que es Bella, puede preguntárselo.
—¿Por qué?
—Me hace sentir desnuda. No lo sé. Si no fuese por el hecho de que lo mencionaras, seguiría caminando a todas partes con esa ropa.
¿Él influyó en su manera de vestir?
—No es que me crezca demasiado vello de todas formas. Me da pereza depilarme. Excepto abajo, ahí siempre lo hago.
Edward se detiene por completo. De repente, Bella llevó la conversación a otro terreno.
—¿Sí?
—Bueno, en realidad también podría olvidar eso, pero no sé… Supongo que me gusta estar depilada ya que en el verano puedo usar esas bragas que son cómodas y se siente bien cuando duermo sobre sábanas recién lavadas o cuando tengo ganas de meterme mano.
Edward arquea una ceja.
—¿"Meterte mano"?
Bella se ríe.
—Tienes razón. Qué exagerada. No es como si me metiera toda la mano, solo un par de dedos.
Él permanece sin aliento, pero luego se ríe.
—Ay, Bella.
—¿Qué?
—Nada. —Niega una sola vez, con una sonrisa.
Para los obsesivos compulsivos, eso es un detonante.
—Dime.
No pueden permanecer cómodos hasta que se lo digan.
—Nada, es que…
—¿Sí?
Vuelve a reírse en silencio.
—Tengo una versión de cómo es la mente de una mujer. Y luego, apareces tú y me cambias el sistema por completo.
¿Qué significa eso?
—Contigo es como si nunca en la vida hubiese tratado con una mujer. Me haces sentir como si volviese a ser un tonto adolescente. —Edward se ríe de sí mismo.
Bella encuentra esto estimulante. Tiene que ser una buena señal. Lo ideal es que ella le haga sentir de una forma distinta a como cuando está con su… esposa.
—No soy normal —confiesa ella, como si tratara de colocarle un título a la enfermedad que lleva porque es así, Bella no es normal. Está enferma de la cabeza.
Edward la mira a los ojos y vuelve a sonreír, continuando con su trabajo.
—Ya lo sé, cielo.
Abre los ojos con sorpresa, pero él no se da cuenta. ¿Qué ha sido eso? Pudo haber sido una dulce forma de tratarle como a una niña, pero no se trataba de un adulto, sino de un hombre que se acostó con ella en varias ocasiones. ¿Qué quería expresar con eso?
Como siempre, Bella le da diez mil vueltas a una simple palabra, mientras Edward simplemente quería referirse a ella con cariño, pues eso le transmite. Ternura.
Por unos segundos, observa la cadera de Edward mientras éste trabaja casi recostado a la altura de la mesa. Hoy lleva una camiseta muy bien adherida a su pecho. Luego, les sigue el cinturón y los jeans. La camiseta se le sube un poco, por lo que logra ver algo de su cintura y su vello púbico. Bella empieza a agitarse y experimenta fuertes ansias de bajarle la bragueta y comenzar a lamerle el miembro.
Ya lo ha visto varias veces con una erección. Podría imaginar cómo se vería si ahora mismo tuviese una. Se mantendría erguida hasta su ombligo, completamente dura y, si se puede, algo mojada. Y lo mejor: las expresiones en su rostro. La sorpresa y la enorme excitación. Cerraría los ojos, endurecería esa mandíbula, se mordería los labios…
—¿Te mordiste la lengua? —pregunta él después de un rato, burlándose del hecho de que no se encontrara parloteando de nuevo.
—¿Eh? —Bella vuelve a la realidad, con los labios resecos y las bragas mojadas.
—¿Estás bien? —Le entra curiosidad por saber qué le ha pasado en esos pocos segundos de silencio.
—Eh… sí. Perdón, estaba mirándote los pantalones.
Edward los revisa. No hay nada malo en ellos, ¿o sí?
—¿Se ven bien? —tantea él.
—Te sobresale la polla —admite ella con un sonrojo.
Vuelve a examinarlos. Podría decirse que un poco, pero ha de tener una buena imaginación.
Observa el sonrojo en sus mejillas. De repente, comienza a sentirlos más ajustados que de costumbre…
Eso le recuerda algo importante.
—¿Sabes? Eres muy intuitiva.
—¿Ah, sí?
Él se levanta del suelo.
—Sí. Tenías razón. No vine aquí únicamente para ayudar a tu madre.
El corazón de Bella palpita con rapidez.
Edward se coloca frente a ella y observa distraídamente el pañuelo que lleva entre sus manos, con el que estuvo revisando el moho.
Frunce el ceño varias veces.
—Hay… algo que tenemos que hablar.
Se asusta.
—¿Qué? —Se alarma. ¿Heidi se habrá enterado que…?
Edward frunce los labios y decide cambiar un poco de tema.
—Imagino que ya estás de vacaciones, ¿cierto?
"Oh, va por ahí la cosa". Bella se relaja.
—Sí. —Sonríe contenta—. No trabajaré en la tienda, así que tendré más tiempo libre para… uhm, bueno, ya sabes…
—Creo que estás olvidando un detalle —dice él con nostalgia, ladeando la cabeza.
—¿Cuál? —Es realmente difícil que ella olvide detalles referidos a Edward.
—¿Qué se supone que hacemos en Junio, Bella? —pregunta más despacio, con delicadeza.
Y en seguida lo recuerda. Los Masen nunca se encuentran en Double Springs durante el receso de verano.
—¡No!
Edward frunce los labios y asiente.
—Mierda. ¿Te vas de vacaciones?
—Todos los años. Desde que Micah cumplió los cinco.
—P-Pero, ¿cuánto tiempo? ¿Las vacaciones al completo?
Para su lamento, asiente.
—Oh, no… ¿en serio? —Bella comienza a estresarse—. ¿Te vas a ir durante todo el receso?
—No es algo que dependa únicamente de mí. Creo que ya lo sabes. Emma adora ir al campo, y…
A Bella, poco y nada le importan los niños ahora.
—¡Carajo! ¿Es en serio? ¿Tendré que pasar todo el verano sin ti? ¿Tienes idea cuán hinchado tengo el coño por ti? ¿Y ahora me dices que tendré que esperar más tiempo?
Edward no sabe si reírse o tragarse un gemido. Eso ha sido más fuerte de lo usual.
—Bella… —Intenta calmarla. La toma del brazo y le habla en voz baja—. Espero… digo, sabes que si fuera por mí me quedaría. ¿Verdad?
No es como si se lo hubiese preguntado, pero es bueno oírlo.
—¿Te quedarías? —pregunta ella con dulzura.
Él sonríe con naturalidad y asiente.
—Me ocuparía de ese coño hinchado. —Hace énfasis en aquellas palabras y los dos se ríen.
—Lo siento, me pongo brutalmente verborrágica cuando estoy molesta, pero es cierto. Lo tengo muy hinchado. Tengo muchas ganas de coger, Edward. ¿Qué voy a hacer?
Edward no sabe qué contestar, porque la respuesta es muy simple: consíguete otro hombre. Pero él no desea eso.
—Es tu culpa. Venía bien con mi oportuna virginidad hasta que apareciste y activaste de nuevo todos mis sentidos. Me siento como un adolescente cachondo todo el tiempo. Es más, si fuese un chico, sufriría de eyaculación precoz. Te vería y… ¡Boom! Eyacularía.
—Bella, tienes que detener esa verborragia o en serio voy a tener que disimular una erección en la cocina de tu casa, frente a tu madre —la reprende porque ya está algo cansado de tener que evadir el deseo que siente por ella.
—No te reprimas. Si en verdad quieres tener una erección, puedo darte una mano. O dos. Como gustes.
Edward chasquea la lengua.
—No aquí, Bella. Ni en ningún lugar público.
—Una vez lo hicimos en un baño público.
—Sí, bueno, eso fue tonto.
—¿Me estás llamando "tonta"?
—No. Y si lo hiciera, no te ofendería.
Ya la conoce de memoria.
Ella se ríe.
—Claro que no soy tonta, soy inteligente. Por eso te gusto. —Despliega una hermosa sonrisa y pestañea varias veces, a propósito.
Por unos segundos, Edward se desconecta del mundo externo y la observa tontamente. Es tan hermosa que podría arrancarle un beso en ese instante, pero también es perspicaz y directa. Definitivamente, atrapa su atención. Y por supuesto, ha dicho una verdad concreta: por eso le gusta.
Por alguna razón, cada vez que mencionan lo que sea que sienten por el otro, Edward se acerca más a su cuerpo. Le gusta su cercanía.
Bella se da cuenta que no ganará nada argumentando. Lo mira con tristeza y se muerde el labio.
—¿Cuándo te marchas? —le pregunta y ahora suena en serio.
—Mañana —responde él, serio.
Cierra los ojos lentamente y suspira en lamento. ¿Por qué no le avisó antes?
—Pasé toda la semana creyendo que ya sabías de esto. Recuerdo cuando nos deseaste un buen viaje el año pasado.
Ahora lo recuerda, ¿por qué no hace unos días?
—Traté de buscar la forma en que pudiera… despedirme de ti. Pero no hice otra cosa más que adelantar trabajo. Aparentemente, todo el mundo lo olvidó y dejaron las cosas para último momento.
No es necesario que dé más explicaciones. Las pequeñas bolsitas en sus ojos demuestran la escasez de sueño. Luce agotado. Las vacaciones le sentarían bien. Es un hombre que trabaja muy duro.
—Bueno… está bien. —Se encoge los hombros—. Disfruta tus vacaciones.
Se miran por un largo rato.
No es buena idea dejar una Bella tan excitada durante un par de semanas. Podría ser seducida por cualquier hombre. Edward siente una amargura por eso, pero sabe que debe ser maduro.
—Bella, no quiero atarte, lo sabes —dice en voz baja—. No quiero dejarte así, desearía poder satisfacerte antes de irme, pero tampoco voy a prohibirte que…
Bella chasquea la lengua.
—¿Es que no entiendes? —argumenta con seriedad.
Edward la mira con sorpresa.
—Eres tú… o eres tú. No salgo con cualquier chico. No estoy así… queriendo abrirle las piernas a cualquier hombre atractivo. Eres el único que me pone de esta forma. Afuera… soy una persona frívola e indiferente al entorno, pero una vez que me ganas, soy todo lo que tú quieras. Espero que no me veas como una chica ordinaria porque no lo soy. Mi cerebro no funciona de la misma manera.
Es inevitable sentirse apartada cada vez que menciona aquello. Nadie en el pueblo podría entender la dificultad de sus rituales y el estrés que le ocasiona.
A Edward se le empieza a hinchar el ego. Parece ridículo la influencia que tiene sobre esta hermosa y brillante jovencita. Es tal y como ella se autodefine, lo que él desea.
—Hazlo por Micah. Necesita distraerse un poco después de todo el episodio con Jessica. Emma también querrá divertirse. Y bueno… —Bella frunce los labios—… no te diviertas tanto con Heidi.
Ha sido arriesgado mencionarla en medio de la conversación, más Edward se ríe y niega un par de veces. Al parecer, se lo tomó bien. ¿Cuál será la situación entre ellos?
—Cuídate también. Sobre todo a Sun. Te necesita para crecer fuerte. No discutas con tu padre y ayuda a tu madre a limpiar.
Bella pone los ojos en blanco.
—Yo siempre limpio aquí, Edward. Estoy de vacaciones, ¿no tengo derecho a descansar un rato? Traigo dinero a la casa, a diferencia de Alice que no hace nada.
—No discutas con tu hermana —la regaña—. Aunque encuentres motivos para hacerlo, no estreses a tu familia.
—Bueno —responde de mala gana y él la despeina un poco.
Se da la vuelta para recoger sus cosas.
—Será mejor que me marche ahora. Hoy es el cumpleaños de la hermana de Heidi y debemos estar allí en una hora.
Es tan triste tener que oír su nombre con esa voz aterciopelada.
—¿Me das un beso? —pide ella.
Él se asombra por la propuesta.
Se encoge los hombros.
—Ya sabes, uno de despedida.
Edward se lo piensa y no ve nada de malo en eso. Al contrario, a él también le gustaría. Pero no está muy seguro si sea correcto ese tipo de demostración en medio de la cocina. Su madre podría llegar en cualquier momento.
—No hay nadie, sentirás los pasos en cuanto aparezca mi mamá.
El suelo en la casa de los Swan es de madera.
Edward asiente y se acerca a ella, no sin antes darle varios vistazos al pasillo del living.
Agarra con cuidado su cuello y la acerca hasta su rostro. Ella se para de puntitas, pues no alcanza a besarle.
Es simplemente un beso casto, pero se siente tan bien. El perfume de Edward es inconfundible, su corazón late con prisa y las piernas le tiemblan. La piel de Bella es suave, sus labios son rosados y carnosos. Huele a chicle. A una chica femenina, y a chicle.
Él se separa de ella y por alguna razón, Bella siente como si acabara de dar su primer beso.
Se sonroja y le sonríe con timidez, pero el momento es interrumpido por los pasos que se oyen en el pasillo.
Edward se aleja de ella a una distancia prudente y ésta se dirige hacia la heladera, logrando que su madre no sospechara en lo absoluto.
Bella vuelve al living, donde Sun ha empezado a rasguñar severamente el tapiz del sillón. Lo separa rápidamente de allí y lo recuesta entre sus piernas, mientras continúa viendo la programación.
Oye cómo Edward se despide de Renée y a modo casual, de Bella.
—Adiós —dice ella alzando una mano, sin desviar la vista del televisor. Es importante disimular que no le importa.
En cuanto se marcha, Bella voltea rápidamente para observar la puerta con tristeza. Se ha ido y no volverá en un buen rato.
Después de haberle dado una mano a su madre con la limpieza —esperando encontrar una forma de pasar el rato, distrayéndose—, decide tomarse un baño.
Luego de desnudarse y afeitarse, entra a la ducha. El primer paso sería desatarse el cabello y comenzar a mojarlo. Luego del champú y el acondicionador, debería utilizar la mezcla que preparó hace tiempo para darle brillo y suavidad a su cabello, pero sin Edward, no hay incentivo para cuidárselo. Y en realidad, lo detesta. Cada vez que intenta cepillárselo o enjuagárselo, termina arrancándose varios pelos. ¿No sería más fácil agarrar unas tijeras y cortárselo de una vez?
Por último, toma la esponja y vierte jabón líquido en ella para limpiarse todo el cuerpo. Cuando debe hacerlo en las tetas, lo hace en un movimiento simple, espontáneo y sin importancia. Después, lo desliza hacia su vientre y se encarga de limpiar bien su zona íntima.
Sin embargo, el rápido movimiento ascendente y descendente le provoca un temblor. Justo ha acariciado su clítoris. Vuelve a hacerlo un par de veces más y la piel se le pone de gallina. Se sintió muy bien.
El cuerpo de Bella inmediatamente le pide que continúe con aquél movimiento para tener un buen orgasmo. Continúa haciéndolo, apoyando el brazo izquierdo en la pared. En pocos segundos, el movimiento se hace constante y parejo, lo que le arranca un par de jadeos.
En seguida, piensa en Edward y en su cadera, cuando lo vio hace pocas horas. Rápidamente, imagina su polla erguida. Se muerde los labios con la visión que ha creado y abandona la esponja para usar sus dedos y fantasear que es su miembro.
Bastan pocos movimientos para que Bella sienta cosquilleos en el vientre y suelte un sonoro gemido. Se calla inmediatamente, pero descubre que nadie la oyó… afortunadamente.
Deja encendida la llave para ocultar los ruidos, pero sale de la ducha y toma rápidamente su cepillo eléctrico.
No le gusta la idea de introducírselo, pero de igual forma, lo enciende y se acaricia los labios vaginales con ellos. Echa la cabeza hacia atrás, cierra los ojos y emite un prolongado jadeo.
Es inevitable mover las caderas de arriba hacia abajo. Hace lo mismo con el cepillo de dientes. Lo mueve de un lado al otro para que le acaricie mejor. El movimiento vibratorio le provoca demasiado placer.
Y entonces, una idea retorcida se le ocurre. Observa la pila de ropa que dejó sobre la tapa del retrete. Busca su teléfono celular en los bolsillos de sus pantalones y descubre que puede llamar a Edward y lograr una buena despedida antes del viaje.
Le llama. No tarda nada en contestar.
—¿Sí? —Se escucha su voz. Es seria.
Si es que tiene su número en la agenda, lo tiene bajo otro nombre.
—Acabo de salir de la ducha. Todavía no me he enjuagado, por lo que mi cuerpo está pegajoso. Estoy tan excitada que estoy usando mi cepillo de dientes eléctrico para acariciar mi coño, pensando en ti. ¿Quieres jugar, o no?
No es el tipo de mensaje que un hombre desea escuchar cuando se encuentra en medio de una reunión, cenando con sus familiares. Edward tose violentamente.
—¿Te encuentras bien? —le pregunta su esposa, con casualidad.
Asiente rápidamente. En otra ocasión, habría cortado la llamada. Pero el cepillo vibrando… su coño… pegajosa… El autocontrol de Edward no es tan firme como creía.
—Voy a atender la llamada, y de paso iré al baño —miente como si no fuese gran cosa.
—¿Quién es? —pregunta Heidi con curiosidad.
—Luego te explico, no tiene mucho tiempo para hablar. —Le señala el teléfono y se excusa, antes de que se erección se mostrase notablemente.
Consigue encerrarse en el baño y suspira.
—¿Qué diablos estás haciendo? ¿Por qué me llamas ahora si sabes que tengo una reunión que…?
De la nada, Bella empieza a gemir suavemente.
—Ugh, Edward… no sabes lo que se siente esta… maldita cosa vibrándome…. ¿por qué nunca antes la he usado de esta forma?
Sus pantalones ya aprietan, su polla pide con urgencia ser liberada.
—Espera un segundo —pide Bella y Edward no sabe qué es lo que está haciendo.
Aprovecha para sacar su miembro de sus pantalones y comenzar a acariciarse.
De repente, el extraño ruido de fondo ha dejado de sonar. Bella ha cerrado el agua de la ducha. Se sienta en la bañera, abre las piernas por completo y se introduce dos dedos de lleno. Acerca el teléfono y comienza a masturbarse con prisa.
El sonido es raro, no entiende qué es, suena como…
—Bella… —gruñe sintiendo cómo su miembro se alza completamente erecto. ¿Es eso realmente?
—¿Escuchas? Es el sonido de mis dedos deslizándose por mi coño. Con una verdadera polla, sonaría más fuerte…
Edward queda sin habla y comienza a masturbarse con prisa. Ha sido lo más sucio que ha oído en su vida.
—Te dejaré que sigas oyendo, pero no te vengas todavía.
Bella vuelve a hacerlo, intenta hacerlo veloz para que el sonido sea más efectivo, pero si insiste demasiado, se correrá en menos de un segundo.
Edward aprovecha para cerrar los ojos, masturbarse y sentir el coño de Bella a través de aquella llamada. Es como si pudiera sentirlo, como si fuese su miembro el que provocaba aquél sonido. En pocos segundos, ya se encuentra demasiado excitado.
La excitación también deja a Bella al límite.
—¿Te gusta? ¿Te gusta oír mi coño resbaladizo para ti? ¿Solamente para ti?
Bella sabe que ese último detalle es un prendedor en los hombres.
—Eres tan sucia, tan, pero tan sucia. Desearía comértelo y darte palmadas hasta que te corras.
—Uf, no… no quiero venirme todavía, quiero seguir prologando el placer…
—No me importa cuánto desees continuar con esta tortura, te haría correr inevitablemente y te prepararía para otra ronda.
—¿Otra? Necesito más de dos, necesito tres, cuatro, cinco. ¡Ah! Todo el maldito día.
—La maldita semana.
—¡El maldito mes! ¡Todo el tiempo, contigo!
Edward no puede evitar gemir.
—¿Tienes idea cuán duro me pones? ¿Cuán enorme se pone mi pene cuando me hablas así?
—Te lo chuparía, día y noche.
—Oh, sí.
—Podría estar todo el tiempo comiéndome esa cosa. Es lo único que quiero hacer.
—Soy capaz de obligarte a chupármela todo el bendito día, Bella. No me importa qué tan cansada estés, te obligaría a darme placer.
Bella empieza a usar tres dedos para masturbarse.
—¡Ughhh! Maldito hijo de puta. La forma en que me provocas… te estoy odiando ahora mismo.
—¡Já! ¿Y yo? Lo único que haces es provocarme. Eres una calienta pollas.
—¿Ajá? ¿Lo soy?
—Sí, lo eres.
—¿Te pongo duro?
—Me pones malditamente duro.
—Ahora tengo ganas de que me azotes el trasero.
—Te lo azoto, fuerte.
—¿Duro?
—Muy duro.
—¿Y qué hay de mis tetas? ¿Qué quieres hacer con ellas?
—Quiero que me masturbes con ellas y tirarte de los pezones.
Bella comienza a sentir sus manos mojadas en esencia.
—Bella, acaba ya mismo.
—P-Pero….
—Quiero que acabes primero —le avisa dejándose de masturbar—. Quiero oírte y que me oigas atentamente.
Bella asiente con prisa y usa sus dedos con toda la prisa posible.
—Imagina mi polla entrando y saliendo de ti. Me estás mojado con tu esencia mientras te muerdo el cuello. Hazlo, libérate y mójame, Bella.
Le sigue el paso y empieza a temblar.
—¡Ah! ¡Ah! ¡Ahora sí!
Suelta un último gemido prolongado al correrse, mientras Edward le dice lo siguiente:
—Ahh… sí… así… hazlo así… déjate llevar… eso es… Dios, te corres demasiado… eres tan hermosa…
Su orgasmo se prolonga considerablemente. Ha sido sumamente bueno. Sus piernas le tiemblan.
—Ahora tú —le dice ella—. Quiero que continúes masturbándote para mí.
Un par de sacudidas y está listo. Edward suspira.
—Estoy al límite. Me ha puesto muchísimo escucharte así, Bella.
—Entonces, rápidamente, imagíname ahí. A tu lado. Estoy completamente desnuda y ya te has cansado de comerme el coño.
Se ríe.
—No creo que eso sea posible.
—La cuestión es que sabes que estoy mojada por ti, arrodillada frente a ti, masturbándote para que acabes en mí donde quieras.
Puede imaginarla arrodillada frente a su polla, y se ve preciosa.
—Abre la boca, voy a acabar mientras te masturbas para mí.
Unas últimas sacudidas y Edward emite un fuerte gruñido, eyaculando en el retrete.
—Sí, así es, acaba en mí, tu semen en mi boca… Dios, me siento tan sucia pero por ti, podría hacerlo una y otra vez. Me relamo los labios y me los muerdo como una putita.
Estuvo increíble. Ella sabe cómo lograr una buena llamada sexual.
—Cielos, Bella… —Aprovecha para limpiarse un poco—. Eres perversa.
Ella se ríe.
—Lo sé. No quería despedirme de ti así como si nada.
Se muerde el labio y cierra los ojos, estresado.
—Mátame. No puedo creer que tenga que esperar semanas para volver a oír esa sucia boquita.
Bella se ríe y suspira.
—Edward…
—¿Sí?
—Ten un buen viaje.
Él sonríe.
—Lo haré.
—Y vuelve lo más pronto que puedas.
Se ríe.
—Lo prometo. Cuídate, bonita.
Edward termina la llamada y Bella vuelve a quedarse muda. Acaba de hablarle sucio, y él enseguida le está diciendo cosas como "cielo" o "bonita". Se ruboriza completamente.
Desafortunadamente, no puede volver a llamarle cuando esté con su familia. Esto fue una excepción. No le queda otra alternativa que… esperar.
Qué manera más detestable de comenzar las vacaciones .
NOTA DE AUTOR:
1- Alguien me preguntó si el "3 meses atrás" fue un error porque antes eran 2 meses, pero no. Es así. Significa que en el presente, ya estamos avanzando de tiempo, y esta parte de la historia se ambienta 3 meses antes, ya no 2.
2- Los capítulos van a empezar a ser así de cortos porque planeo actualizar más de una vez por semana :) Estén atentas esta semana para otro
Saludos
Mia
