¡MOI MOIIII A TOOOOOOOOOOOOODO EL MUNDO!
AJDSHJASSDHSJSHSJASKLASJASKSHASJUEWRDSHBXJHXBXJNSA SA. Tenía que escribir eso, lo siento, era justo y necesario n.n
¡Ahora sí!
¡Muchas gracias a todos por sus reviews! Realmente me ayudan mucho, me animan y me dan fuerzas para mejorar. Por lo tanto, adoro a todos y cada uno de ustedes, los que dejan reviews. Sé que hay otros visitors que, o son muy tímidos o muy vagos, o no saben o no pueden publicar un review, así que los valoro muchísimo a ustedes. Miles de billones de gracias :'D
Sé que hay personas que ya encontraron una pareja que no les gusta o no es su OTP, y seguramente algunas las encontrarán en un futuro, así que tengo una... espero que buena noticia, que anunciarles, y es la llegada del Gakuen Alterno en un tiempo.
¿Qué es el Gakuen Alterno? Serie de one-shots de aproximadamente 10.000 palabras (o eso intentaré) de las parejas que sean pedidas por los lectores. Empezaré con un AsaKiku, porque se lo debo a Burbujas de Colores, que me lo pidió allá por mediados de marzo. Después, continuaré en orden de llegada de pedidos (vale tanto por PM o por review). Se puede crack, incesto, yaoi, yuri, hetero, shota, lo que se les ocurra. Las únicas parejas que me niego terminantemente a escribir son: SueciaxDinamarca, BélgicaxHolanda y HungríaxRumania. Después, quizá haya pairings que no me gusten mucho, pero las escribiré si así lo piden. Acepto también de Nyo! y 2P!. Fin del anuncio~
Así que, cualquier pareja que quieran ambientada en el Gakuen, pueden pedirla. Ya comienzo a aceptar pedidos, sólo por PM (en el caso de que no poseas perfil en FanFiction, vale, aceptaré en un review), pero escribiré en orden, así que alguna gente deberá tener paciencia.
¿Cuál personaje se presenta en este capítulo? Ah... sorpresa :D
¡Al fic! -junto con Dinamarca alegre-
«Haz lo que dicte tu corazón... o un libro de relaciones sociales»
Alemania llegó al salón que le correspondía, para comenzar a dar las lecciones de apoyo semanales. Siempre llegaba veinte minutos antes, así que el aula estaba completamente vacía. Dejó los libros sobre uno de los escritorios y se sentó; luego sacó sus lentes —de marco rojo y rectangulares, resultado de una discusión que se había prolongado por horas, y finalmente, de la que su insoportable hermano mayor había salido vencedor— para poder leer los apuntes de Cívica que le había dado Letonia para corregir. Nada del otro mundo.
Sin embargo, no tardó en darse cuenta de que no sabía qué diantres estaba leyendo. No, no quería decir que no entendiera el tema, sólo… no prestaba atención a las palabras. Podría haber estado todo en una mezcla de chino y ruso y él no se percataría. Se quitó los anteojos y se frotó las sienes. ¿Qué demonios le estaba pasando? Nunca había estado tan distraído. Ojalá que ello no influyera en sus notas, porque los docentes lo notificarían rápidamente —demasiado, para su gusto— y no tardarían en interrogarle. El problema era que… ni siquiera él sabía qué le pasaba.
El italiano.
Inconscientemente, se sonrojó. Aunque no quisiera admitirlo, muy en el fondo, muy, muy pero muy en el fondo, en los rincones más oscuros de su mente y su corazón, sabía que él era la causa de todas sus "distracciones", si es que así se podía llamarlas. Mas ¿por qué? ¿Por qué él? ¿Por qué con él? Quizá debería preguntarle a Austria: él sí que sabía de gente problemática.
vVv
—¿Italia? —preguntó el austríaco, sorprendido. Ludwig se ruborizó y desvió sus ojos color cielo.
—Sí —contestó, azorado—. Creo que es él. Desde que lo conocí… empecé a distraerme.
Aquella frase tan sencilla pero tan complicada de confesar, jamás se había animado a pronunciarla. Ni siquiera se había atrevido a reconocerla. Pero Roderich siempre terminaba sacándole la verdad: recordó la vez en que Prusia había intentado aprender a tocar el piano, mas en un intento de escapar de la húngara (no debería haber comentado aquello sobre su falda), tropezó y cayó encima del pobre, que quedó con unas cuantas teclas partidas. El alemán llegaba a acordarse de la última nota que soltó, casi como estrangulada. Como los dos conocían a la perfección su destino si provocaban algún daño al "tesoro", Alemania había decidido tenerles un poco de piedad y callarse. A pesar de todo, y a pesar de lo mucho que apreciaba a su hermano y a Hungría, Austria había logrado que escupiera lo que realmente había sucedido. No sabía cómo lo hacía, pero lo hacía.
Roderich le dio la espalda al piano —el segundo que consiguió, y que jamás había sufrido percance alguno—, y se quitó los lentes para limpiarlos con un pañuelito. Ambos estaban en la sala de música, que por suerte en ese momento no estaba ocupada por los miembros del Club de "Música"; sólo se encontraba KugelMugel, a varios metros de ellos, en el rincón cerca de la ventana. Hacía bocetos de algo que ninguno de los germanos llegó a ver, mas tampoco les importó.
—Quizás debe ser otra cosa —opinó el austríaco cautelosamente—, y lo confundes con el cariño que sientes ante Feliciano —le clavó sus ojos al alemán, esperando una reacción. Éste reflexionó un momento y negó con la cabeza.
—No lo creo —respondió, maldiciendo a su compañero por hacerle titubear. "¿Qué otra cosa podría ser?", pensó. Todo había comenzado cuando lo vio por primera vez, tropezándose con gato —de Grecia, estaba seguro— y a pocos centímetros de estrellarse la cara contra el suelo. Él había acudido rápidamente a salvarlo, tomándolo de un brazo y sosteniéndolo. El italiano dirigió sus ojos brillantes y comúnmente cerrados hacia él para agradecerle, mas al ver su expresión se aterrorizó y salió corriendo a una velocidad que hubiera ganado cualquier maratón. Sin duda alguna, había creído que lo quería atacar; pero el alemán sólo se había quedado turbado. Jamás podría olvidar aquella mirada alegre y hermosa, realmente hermosa, que pocas veces podía ver. Pasado esto, Ludwig había decidido enterrar el tema y hacerse el idiota, pero entonces Italia empezó con las clases de apoyo. Ya no podía salvarse: tenía que verlo todos los martes, jueves y viernes sin falta. Lo único que podía hacer era rezar para que el ibérico se quedara durmiendo la siesta o se olvidara de ir. Sin embargo, el impuntual, olvidadizo y distraído castaño asistía a todas y cada una de sus lecciones. Jamás se salteaba una, incluso si estaba enfermo. Todavía se acordaba del viernes en el que había llegado temblando de fiebre y apenas se podía concentrar, pero se había negado a volver a su dormitorio sin terminar la hora. Después, gracias a Prusia, se enteró que había pasado todo el fin de semana sin poder levantarse de la cama. No era un evento que pudiera pasarse por alto: era evidente que algo sucedía.
Austria se encogió de hombros.
—Honestamente, no sé qué decirte —dijo con sinceridad—. Yo…
—Conoces a Italia desde pequeño —insistió Ludwig, y se sonrojó ante tanta presión que ejercía.
—Sí, pero…
—Alemania —una voz profunda, que pronunció lentamente su nombre, le llamó la atención y alzó los ojos hacia la micronación que estaba al otro lado del salón. Enseguida se ruborizó más: ¿había logrado escucharlo? Roderich también se mostró atento al extraño y repentino llamado. KugelMugel les devolvió la mirada, sin expresión alguna, como de costumbre. De golpe, levantó un puño—. Escucha lo que dice tu corazón. Haz lo que te dicte.
Ambos europeos se quedaron atónitos ante aquellas palabras cliché, pero profundas, que habían salido de los labios del menor. El rubio asintió en dirección al alemán y continuó con su dibujo, aislándose nuevamente. Alemania miró nervioso a su compañero: aquel calladito pintor tenía radares por orejas. Suspiró.
—Veré qué puedo hacer —concluyó, alzando una mano a modo de saludo, antes de salir y cerrar de un portazo. La fuerza con que lo hizo provocó un viento que le desordenó los cabellos a Austria. Éste se pasó una mano por ellos y se volvió hacia la micronación, aún asombrado por su mini-discurso.
—¿Qué…
—No preguntes —le interrumpió Alexis, sin alejar la vista de su dibujo. El austríaco se acercó e intentó mirarlo.
—¿Qué…
—Es secreto —espetó el menor enrojeciendo levemente y tapando el papel con las dos manos. Roderich negó con la cabeza y suspiró, fingiendo desaprobación; su sonrisa fugaz lo traicionó. Por mucho que quisiera esconderlo KugelMugel, había logrado avistar una cabellera pelirroja.
vVv
Ucrania tenía paciencia.
Mucha paciencia.
Suspiró, cansada. Hacía dos días que esperaba detrás de su escritorio; y hacía dos días que estaban buscando a Lily Zwingli por todo el instituto, mas parecía que se la hubiera tragado la tierra. Sin embargo, ninguna de las tres se rendía y continuaban con la búsqueda, aunque estaban en la etapa D: Desesperación. La ucraniana había recorrido hasta los últimos rincones junto con sus aliadas, pero la europea no aparecía por ningún lado ni por casualidad. Encima, el Club de la Conquista andaba más atento que de costumbre: se habían dado cuenta de que alguien les estaba pateando los planes. ¿Quién era ese alguien? La Alianza. Obvio, obvio, más que obvio.
A su lado, Chile no se encontraba de mejor humor. Tenía el ceño más fruncido que de costumbre, y se notaba a leguas que no había podido dormir bien. En un momento, el argentino entró a la biblioteca, y Kat pudo ver por el rabillo del ojo cómo el otro latino se tensaba y desviaba la mirada. Martín se acercó al escritorio.
—Hola, hola —saludó con su mejor sonrisa de campeón—. Vengo de parte de mi primito Sebas~
—¿Por qué no ha venido él? —preguntó extrañada la europea. El rubio se rió.
—No creo que vuelva acá hasta que pasen noventa años más —contestó alegremente. Ucrania recordó lo que había pasado con el uruguayo la última vez, y entendió, soltando una risita. Manuel, por su parte, se había cruzado de brazos y apretaba los dientes, sin mirar al argentino. La rubia se percató de que todo el cuerpo le temblaba—. Bueno, che, necesita otro libro sobre Lu. No sé, te digo la verdad, que hace con esos libros, pero no pienso que sea nada bueno —bromeó. La ucraniana sonrió de compromiso. El morocho ni siquiera hizo ademán de abrir la boca.
Después de que Argentina se fuera, Katyusha se volvió hacia el chileno.
—¿Qué sucedió que te ha ignorado olímpicamente? —interrogó sin rodeos, y no tardó en darse cuenta de que a Chile le había sentado como una bofetada.
—Problemas nuestros —contestó, sonrojándose y tomando un libro para disimular. Ucrania contuvo una sonrisa: desde que los conocía sucedía aquello. El argentino lo perseguía durante un día, y por el resto del mes se desentendía de él. No comprendía muy bien cómo era su relación, pero era tan bipolar y cambiante que prefería dejarlo aparte. Además, Manuel no parecía dispuesto a explicarle.
—¡Ucrania!
La susodicha se sobresaltó y alzó rápidamente la vista hacia el alemán, que en ese momento ocupaba el lugar donde Martín había estado dos minutos antes. Se lo veía casi tan rojo como un tomate, cosa que a la ucraniana le causó gracia, mas no comentó nada.
—¿Qué necesitas, Alemania? —preguntó amablemente, sonriendo. Capaz no había encontrado a Liechtenstein, pero la presencia alemana allí era algo interesante. El rubio se aclaró la garganta.
—U-un libro d-de relaciones hu-humanas —respondió, avergonzado. Algo encajó en la mente de la chica.
—¿Quieres decir sociales?
—E-eh... sí. —El mayor no tenía idea de qué decir. Creía que todos los estudiantes que estaban en la biblioteca tenían sus ojos clavados en él, con desaprobación. Se sentía como si hubiera ido a una farmacia a comprar condones. Kat asintió, comprensiva.
—De acuerdo, entonces…
—Yo lo iré a buscar —se apuró a ofrecer Chile, viendo la oportunidad de poder alejarse del germano. La rubia asintió en señal de acuerdo y el chileno prácticamente voló a revolver los libros. Mientras tanto, Ucrania intentó averiguar por qué el alemán —¡justo el alemán!— lo requería.
—¿Y para qué es el tal libro? —comenzó. Ludwig tragó saliva y fingió interés en la montaña de libros que había frente al escritorio. La ucraniana esperó pacientemente una respuesta.
—No es para nada en especial —dijo finalmente el europeo. Katyusha levantó una ceja, presionándolo.
—Ésa es una respuesta vaga.
—Sí, lo es —reconoció Alemania. Por unos minutos ambos se quedaron en silencio—. Es por un problema que tengo —agregó luego.
—¿Con quién? —interrogó rápidamente Ucrania—. Quizá yo podría ayudarte…
—No, está bien —cortó el alemán—. Es un tema con… —titubeó— con Italia.
vVv
—¿Sabías que ya he pasado al nivel 107?
Corea del Sur y Belarús se encontraban en el patio, sentados en un banco; la bielorrusa como correspondía y el asiático en el respaldo. Ambos acostumbraban a matar el tiempo después de clases, juntándose para comentar los temas del día, criticar benévolamente a alguien o charlar de algún incidente relevante. Se habían conocido cuando estaban en la primaria; desde aquel entonces se convirtieron en amigos, aliados, compinches, confidentes, y sabían que podían confiar el uno en el otro. Eran una prueba de que se podía romper con la regla "La amistad entre la mujer y el hombre no existe".
—¿De verdad? —preguntó Natalia, sorprendida, pero sin expresarlo, como de costumbre—. Yong, has comenzado ese juego ayer.
El coreano esbozó una sonrisa pícara.
—Y subí ciento siete niveles ayer, da ze~
Belarús lo señaló con la navaja.
—A que te has quedado toda la noche jugando. —El leve sonrojo porque lo hubieran descubierto se lo confirmó—. ¡Yong! —le reprochó—. Tu hermano debe estar hecho una fiera. ¿Lo has dejado dormir?
—Creo que sí —el surcoreano se encogió de hombros—. De cualquier forma, hoy cuando me fui seguía durmiendo da ze~
La soviética negó con la cabeza mientras él se reía entre dientes. Natalia ya le había insistido para que controlara su adicción a los juegos online, mas no había logrado nada al respecto.
—Y otra cosa.
—Dime.
—Nat~, ¿por qué sigues en el Club de la Conquista, da ze~? —preguntó Corea del Sur, mientras se entretenía balanceándose hacia adelante y atrás en el banco, bajo los cerezos. Su amiga vaciló, dándole vueltas a la navaja distraídamente, y luego alzó la vista.
—Yo… —comenzó, con los ojos perdidos en el horizonte. El coreano asintió, invitándola a continuar—. Yo realmente… —pronunció unas palabras en un susurro casi imperceptible.
—¿Eh?
—Es un nombre estúpido —dijo firmemente. El asiático parpadeó, confundido.
—Pero yo no te pregunté por el nombre, da ze…
—Ya lo sé, pero es un nombre estúpido, ¿no lo crees? "Club de la Conquista". —Soltó una risa llena de ironía y volvió a ponerse seria—. Realmente no lo sé —confesó por fin.
—¿Qué no sabes? —el coreano estaba más desorientado que en una tienda de antigüedades. Belarús resopló.
—Me habías preguntado por qué sigo en ese maldito club, ¿no? Pues ahí tienes la respuesta —contestó con cierto malhumor. Yong le puso una mano en el hombro.
—Tranquila, da ze~ —sonrió—. Piensa. ¿Qué motivo te puede atar a ese club, da ze~?
La bielorrusa reflexionó un momento.
—No lo sé. Si te digo que te sé, Yong, te miento.
—¿Puede que haya alguien especial allí, da ze~? —aquella pregunta le hizo titubear.
—No, no lo creo —su voz tenía un evidente rastro de duda—. La única que me agrada de verdad es Seychelles. Ella insistió tanto para que me quedara… —hizo una pausa—. Pero no es algo que pueda definir como "especial", sólo… diferente —concluyó, sorprendiéndose a sí misma con sus palabras. Corea asintió, como un psicólogo que expresa su comprensión al paciente. Ella lo miró de reojo y le pegó un codazo al entender qué pensaba—. ¡Hey! ¡No es eso!
—Ya lo sé, da ze, ya lo sé —dijo él entre risas, con el hombro dolorido—. Aunque es "especial" da ze~ —no había caso. Belarús puso los ojos en blanco y cambió de tema.
—Hablando de personas especiales, ¿qué tal vas con la roca?
Yong hizo un puchero y se sentó como debía, comenzando a balancear ahora las piernas.
—No sé qué debo hacer para acercarme, da ze~ El otro día me pegó una patada.
vVv
—¿Un club de periodismo, ve~?
—Sí, ésa era mi idea, Italia-kun —respondió Japón, sonriendo levemente—. Sería útil para el instituto, y divertido para nosotros. ¿Qué opina?
El italiano no tardó un segundo en responder.
—¡Estoy contigo, ve~!
Ese día habían decidido sentarse juntos a la hora del almuerzo, ya que el japonés quería explicarle lo que se le había ocurrido. Italia no comentó nada, pero notaba que se veía más seguro de sí mismo, se animaba a sonreír más, y aunque no había podido lograr que dejara de tratarlo de "usted", la diferencia se notaba a un radio de diez kilómetros. Feliciano sabía —aunque no se lo había dicho, tampoco— que estaba saliendo con el griego. Y le parecía excelente.
—Ve~, pero, necesitaríamos más integrantes, ¿no crees? —dijo. Su amigo esbozó una sonrisa que le resultó difícil de interpretar.
—Ya he pensado en ello, Italia-kun —respondió, y en ese momento alzó un brazo y miró hacia alguien en la multitud—. ¡Alemania-san!
El castaño sufrió un fugaz paro cardíaco. ¿Alemania? ¿Qué…? Intentando calmarse, volvió sus ojos hacia el rubio al que Kiku llamaba.
—¡Alemania-san! ¡Por aquí!
La mirada helada y la cálida se cruzaron, como si ambos se preguntaran qué demonios hacían allí, en ese instante. Fue el italiano el que rompió el contacto visual, bajando la vista hacia su plato de pasta. Tomó el tenedor y fingió concentrarse en su comida, mientras el corazón le saltaba en el pecho. ¿Justo Alemania? No era que lo detestara, mas… ¡lo incomodaba! ¿Cómo debería comportarse? ¿Igual que en las clases de apoyo? Italia intentó contestarse todas aquellas dudas, pero su cerebro todavía hacía esfuerzos por procesar la situación.
—Alemania-san, qué suerte encontrarlo —recibió amablemente el japonés al recién llegado, que parecía haber cobrado un gran interés en sus zapatos—. Le estaba hablando a Italia-kun acerca de mi idea de hacer un club de periodismo. ¿Le parecería bien? Creo que usted es la persona indicada para unírsenos y…
Ludwig ya no escuchó la última frase. ¿En qué estaba pensando Italia? Parecía poner una inmensa atención en su almuerzo. Seguro estaría gastando sus neuronas en chicas, fútbol y más chicas. No supo por qué, pero de repente sintió un pinchazo en el estómago. ¿Celos? N-no, ¡nada de eso! Italia podía pensar en todo lo que quisiera.
—Onegai*, Alemania-san, siéntese —Kiku señaló la silla que estaba al lado de su mejor amigo. El germano tragó saliva. ¡Parecía que se lo estuviera haciendo a propósito! Sin embargo, obedeció, fijándose en que no se notara que estaba temblando. Feliciano, por su lado, alzó la vista y sonrió como siempre, con un leve sonrojo que le cubría las mejillas. El rubio pensó que se veía más lindo que nunca, pero enseguida apartó esa idea, avergonzado.
—Ve~, ciao~ —saludó alegremente. Lindo, lindo, joder.
—H-hola —contestó el alemán, mas enseguida se dirigió al japonés, o su rostro herviría como el agua del té inglés—. E-entonces, ¿un club de periodismo? Estoy de acuerdo.
—Yo también estaré, ve~ —dijo el italiano. Alemania lo miró, y luego miró a Japón, y así sucesivamente, como si estuviera presenciando un partido de ping pong; sólo que esperaba que la silla abriera una boca gigantesca y lo tragara, o que alguien le confirmara lo que el castaño había dicho. El asiático asintió, viendo que Ludwig era la prueba pura del desconcierto.
—Sí, me ha parecido genial que Italia-kun quisiera participar —explicó, con sus ojos oscuros brillantes. Feli ladeó la cabeza levemente, y empujó un poco su plato hacia el alemán.
—¿Quieres probar un poco, ve~?
Alemania dudó unas mil veces si era más apropiado aceptar o declinar el ofrecimiento. Finalmente, suspiró.
—Gracias —tomó el tenedor que el menor le alcanzaba, y se dispuso a saborear la comida preferida de éste. Capaz que de esa forma podría entenderlo un poco… animado por esa idea, enrolló un par de fideos con el cubierto y los acercó a su boca, ante la mirada expectante de Italia.
—¿Y? —preguntó con curiosidad cuando le vio tragar. El rubio cerró los ojos, para no enfrentar los marrones y dulces que estaban, otra vez, clavados en él.
—E-está muy bueno.
El ibérico sonrió de manera divertida.
—¿De verdad, ve~? Puedes comer cuanto quieras, no tengo problema en compartirlo contigo —se ruborizó ante lo que acababa de decir, pero no flaqueó. Alemania simplemente asintió, sintiéndose incapaz de pronunciar una sola palabra. Entonces, continuaron con el tema principal.
—Yo pensé que podríamos hacer un periódico —contó Japón, observándolos atentamente, como una fiera que acecha a su presa. Ninguno de sus compañeros se percató de ello.
—¡Y publicar las entrevistas que les hagamos a las chicas lindas! —exclamó el castaño—. ¡Me gusta, ve~!
—Yo puedo ser el fotógrafo oficial —agregó el asiático.
Parloteo, parloteo, bla bla blá, Ludwig no los escuchaba. No podía dejar de darle vueltas a la situación incómoda con Feliciano. ¿Cuál debería ser su próximo movimiento? Después de clases tendría que leer el libro que había ido a buscar. Había elegido al azar; jamás lo admitiría, pero se asustó cuando el chileno apareció cargando con doscientos millones —no serían más de quince, mas eso le pareció a él— de textos sobre cómo tratar con y a los demás. Así que todo dependía de su suerte.
Por su parte, un hemisferio del cerebro italiano estaba atento a la conversación, y el otro estaba completamente a merced del germano. ¿Por qué no reaccionaba? Estaba acostumbrado a que no hablara, mas ¿le habría parecido mal lo que hizo? Y si era así, ¿tendría que disculparse? Aquélla era la mejor opción en ese caso, pero no sabía cómo. ¿En persona? Ni hablar, ya le daba demasiado terror cuando no estaba enojado, que verlo furioso sencillamente era imposible de enfrentar.
Así estaban los dos, cada uno reflexionando acerca del otro y preguntándose qué hacer, cuando el azar actuó por ellos.
Ninguno supo cómo, pero ambos habían agarrado el mismo fideo sin darse cuenta. Como en cualquier película romántica de Alfred, a pequeños mordiscos fueron acortando la distancia. Más, más, aún más.
Cuando Alemania se percató de lo que pasaba, era demasiado tarde para reaccionar. Los labios italianos se habían chocado con los suyos, provocando una especie de corriente eléctrica que los recorrió a los dos. Feliciano movía los ojos desesperadamente, intentando asimilar la situación, cuando un flash destelló ante sus ojos.
—Bien —se felicitó a sí mismo el japonés, sosteniendo la cámara entre sus manos, sonriente. Fue en ese instante cuando su amigo reaccionó.
—¡Mi dispiace**! —gritó rompiendo el beso y levantándose de un salto, con lágrimas en los ojos, para luego salir corriendo tan rápido como si se hubiera encontrado con un tanque inglés. Ludwig quiso decir algo, pero el italiano se le había escapado. Otra vez.
vVv
Prusia llegó a su dormitorio prácticamente arrastrándose. ¿Por qué existía una tortura tan horrible como Matemáticas? Las dos horas habían transcurrido tan lenta y dolorosamente, que se sentía como un prisionero agonizando. Lo único que quería era morir para terminar con ese dolor. Lo único distinto en el caso del prusiano es que él quería tirarse en la cama y no salir de ahí hasta la hora de la cena.
Apenas hizo girar la llave en el picaporte, se dejó caer dentro de la habitación. Su hermano menor le dirigió aquella mirada de desaprobación que conocía tan bien, y que siempre él ignoraba. Esta vez no fue la excepción, y se lanzó hacia la cama, rebotando apenas al tirarse. Escondió su rostro en la almohada.
—¿Qué haces, West? —preguntó. Su voz sonó algo amortiguada por la tela. Alemania carraspeó.
—E-ehm… tomé una decisión. —Gilbert no se movió—. Muy importante —agregó ahora el rubio, dándole cierto énfasis a lo anteriormente dicho. Esta vez, Prusia se sentó en la cama y luego se levantó, en busca de algo para tomar.
—¿Ah sí? —encontró una lata de cerveza en el escritorio y la abrió con un chasquido—. ¿Qué tipo de decisión? —tomó un trago.
—Italia siempre me ve como a alguien especial y… creo que es momento de anunciarle que yo siento lo mismo.
Prusia escupió toda la cerveza que estaba tomando.
—¡¿Declarártele a Italia?! —preguntó sin poder creerlo, con los ojos abiertos como platos—. ¡¿No crees que eso es algo precipitado?!
Ludwig volvió a aclararse la garganta.
—De hecho, estaba pensando en que podríamos casarnos…
Gilbert se despertó con un grito.
—¡MEIN GOTT***! —chilló con voz ronca, incorporándose en la cama. Tenía los ojos abiertos de par en par, y respiraba con dificultad. Alemania lo miró, entre sobresaltado, preocupado y extrañado. Pero entonces el albino volvió a adoptar su respiración normal y a cerrar los ojos—. Fue un sueño. Fue todo un sueño.
—¿Qué sucedió? —preguntó su hermano menor, viendo cómo el prusiano se levantaba e iba en busca de su lata de cerveza, olvidada en el escritorio, coronando una pila de libros. La abrió con un chasquido, dio un largo sorbo a la bebida y suspiró.
—Un mal sueño, un mal sueño —respondió, pasándose una mano por el cabello. En ese momento, se percató del libro que estaba leyendo el rubio, y se acercó intrigado—. ¿Y eso? —interrogó. Ludwig se ruborizó.
—N-no es nada relevante.
—¿"Cómo tratar con gente difícil"? —leyó Prusia, y levantó una ceja—. ¿Con quién tienes que lidiar? ¿Conmigo? Mira que no vine con un manual de instrucciones, kesesese~
—No eres tú.
—Eso no contesta a la primera de mis preguntas. ¿Con quién tienes que lidiar? —insistió.
—Nadie que te importe —los nervios comenzaban a inquietar al alemán, pero su consanguíneo no se daba por vencido.
—Mentira. Es Italia, ¿verdad? —sonrió burlonamente al ver que había dado en el clavo. Dio un par de vueltas delante del otro, como si calibrara la situación—. ¿Cómo puede parecerte «difícil de tratar» Italia? —pronunció el nombre con significativo énfasis, provocando un nuevo sonrojo en el rostro del germano contrario—. Si es lindo, agradable y tan dulce… —repentinamente, el recuerdo de Feliciano cuando los había echado a él y a sus dos fieles amigos del salón lo invadió, y se estremeció sin poder evitarlo—. No sé cómo te resulta compleja tal fuente de ternura… Claro —chasqueó la lengua, como si recién hubiera comprendido la situación—, tú eres tan frío y serio…
—Le-le diré a Italia que lo quiero.
Prusia escupió toda la cerveza que estaba tomando.
—¡¿Declarártele a Italia?! —preguntó sin poder creerlo, con los ojos abiertos como platos—. ¡¿No crees que eso es algo precipitado?! —se acordó de lo que había soñado, y se preguntó si tendría sueños premonitorios. Se limpió los labios con el dorso de la mano y esperó una respuesta, que no tardó en llegar.
—Sí —contestó el menor, observando con desagrado los libros de clase que el albino había rociado recientemente.
—¿Y cómo lo harás? —se interesó éste, terminando su bebida y luego lanzando la lata a la basura. El rubio dudó.
—Creo que sencillamente… —consultó el texto— seré sincero con él. —Gilbert se encogió de hombros.
—¿Y cómo harás eso?
vVv
—Tienes que ser espontánea.
—¿Espontánea? —repitió Seychelles, con preocupación, mordiéndose la uña del dedo meñique—. ¿Y cómo soy… "espontánea"?
Bélgica sonrió y le pegó suavemente en la mano.
—Primero, deja de morderte las uñas. —Angelique obedeció—. Segundo, relájate, respira y deja que la situación… fluya —ondeó un poco sus manos, como queriendo representar a qué se refería. La morena inspiró hondo.
—Espontánea —se dijo, intentando calmarse.
—Además, Feliciano es muy amistoso y agradable, y yo lo conozco desde hace mucho tiempo —agregó su amiga—. Mi presencia ayudará, créeme.
Al final, habían tomado la decisión de que Bel actuaría en la próxima misión, y la seychelense se ocuparía del ibérico. A pesar de que Mei le aseguraba que era la indicada, ella no estaba muy de acuerdo. Italia le parecía demasiado tierno e inocente como para tenerlo como objetivo. Taiwán la había alentado para que lo molestara, mas cuando estaba con su amigo japonés, y ésta estaba interesada en él. Pero ahora se encontraba ella sola, y con el italiano sin compañía. Emma vio que estaba más preocupada de lo que creía y le dio una amigable palmadita en el hombro.
—Ánimo —dijo antes de detenerse frente a la puerta.
Bélgica entró en la sala de música, en ese momento supuestamente vacía, acompañada de la morena. Tal como ambas lo esperaban, Italia del Norte se encontraba allí, garabateando algo en una hoja. La belga tironeó del brazo a su amiga y se acercó al chico.
—¡Hola, Feli! —saludó alegremente, y sin darle tiempo para que le contestara, continuó—. ¿Te acuerdas de mi amiga Sey…? Vino porque también necesita ayuda en matemáticas —concluyó con su típica sonrisa gatuna.
*Onegai: Por favor en japonés.
**Mi dispiace: Lo siento en italiano.
***¡Mein gott!: ¡Dios mío!, en alemán.
-End of the chapter! -Alfie, siempre molestando en la computadora-
Alfred, ya son más de las diez, ¿por qué no vas a dormir y soñar con hamburguesas, sí...?
-No! I don't wanna! -caprichito estadounidense-
Entonces andá a escuchar Ke$ha y listo.
-I want to reply the reviews! -Alfred enojadito-
Okay...
¡RESPUESTAS A REVIEWS!
ElisaM2331:
-lee los calificativos y los ojos le comienzan a brillar- Etto... ¿de verdad? ¿De verdad te parece eso? *-*
¡Me alegro mucho de que te guste! :D Y sí, aguante el ADPY. Realmente estoy feliz de que te guste :3 Me das muchos
ánimos, y sí que los necesito, jeje n.n''
Haré GerIta (de hecho, ya lo estoy haciendo, como habrás visto) y también SpaMano :D
Intento no hacer OC, aunque con Vaticano me zarpo un poco ?) Jejeje.
¡Hungría es la más genial del mundo, sin duda alguna! :D
No sé si es perfecto, sólo tienes que saber que pongo (y pondré) todo mi esfuerzo en mejorar en cada capítulo.
¡Muchas gracias por tu review! nwn
Arelion12:
¡Abrazo psicológico nuevamente! x3 Se, supongo que uno se acostumbra. Pero no te preocupes, cuando saque
el Gakuen Alterno podrás pedir la pareja que quieras ;D
¡Muchas gracias por tu review! :3
Dazaru Kimchibun:
Sí, son adorablewwws :3 El SilaxChina para mí es un "vaya y pase", no tengo problemas con la pareja, aunque...
Dios, amo el RoChu *-*
Sí, son todos unos loquillos xD Nuestro Yao... digamos que "tomó confianza" :D Y ¿quién sabe para qué quiere Japón
las fotos? -esconde un doujin R-18 debajo del escritorio-
Vietnam va a ser la heroína en el próximo chapter :D Como dijiste, Yong y Naty son amigos de confianza, pero contrario a lo
que dijiste luego, no pasará nada entre ellos. Sus sentimientos (los de ambos) no van más allá de la amistad~. Por ahora y en
el futuro, aparecerán parejas yaoi, y, como soy buena persona y no quiero que las chicas se queden solas... Va a hacer
presencia bastante yuri :3 Así, todos felices, ¿non?
¡Muchas gracias por tu review! *w*
Sakhory:
-Inglaterra le ofrece tímidamente un plato de scones- E-espero que no hayas terminado de cenar...
Aahasgfkdks, realmente, pasé un período sin publicar absolutamente un pedo ._. Bueno, a acostumbrarse que en
agosto volvemos a la Guerra ?) Ve, falta. Primero... ¡vacaciones! :D
(Y gracias por todo tu apoyo. Ya sé que hace pila que pasaron, pero fue feo. Tus mensajes me animaron muchísimo,
y también los preparativos :3 Te quiero~)
-¡Y-yo no fui! -Iggy sonrojado-
-¡Yo sí! -Rumania alegremente-
-... -Noruega-
Y cuando cocines piroshki, me vas a mandar un pedazo :D ?)
Ternura RoChu~
Sí... sí que Hong Kong provoca montañas de sentimientos~
Ve~, por eso puse lime al principio. Grazie~ :3
-The hero can hug you all the times you want! -Alfie abriendo los brazos-
Espero que hayas explotado en nubecitas de arcoíris ?) -mentira, ojalá no hayas explotado y sólo te hayan salido
arcoíris por las orejas :3-
(Es extraña su sonrisa. Es como... como si fuera a deslizarte un petardo por debajo de la remera ._.)
¡Muchas gracias por todos tus reviews! xD (Y ahora te contesto el PM, aunque probablemente lo veas antes~)
HappyTomato:
D... ¿de verdad? .w. ¿De verdad? Jejej, no sé si escribo muy bien, pero me esfuerzo por dar lo mejor :3
Sé, es cierto :D
Mmmh, haré un trío de capítulos DenNor, aunque con el HongIce... mh, digamos que no. Aunque puedes pedirlo para
el Gakuen Alterno :) No habría ningún problema.
¡Muchas gracias a ti por tu review! n_n
Chiara Polairix Edelstein:
¡Me alegro que te haya gustado! nwn
Jejeje, ¡gracias por recomendar!
¡Y muchas gracias por tu review! :D
Como ya vieron, el personaje que se presenta (principalmente) es uno de los más adorados, Austria. Pero también KugelMugel es importante... creo que incluso más que Austria. Bueno :D
Pregunta del chapter: ¿A qué mascota de Hetalia te gustaría tener? Se incluye Nekotalia :D
No hay adelantos este capítulo. ¡Pasen una genial semana (o dos) y diviértanse! ¡A mí me falta poco para las vacaciones! :D
