Antes de nada, siento la tardanza. Esta semana no ha sido una buena semana :( además la inspiración ha ido y venido cuando le ha dado la santa gana... Pero bueno, aquí está, más vale tarde que nunca ^^
Agradecer a todas aquellas personas que dejan comentarios sin tener cuenta ff, así como Mi Psque (aunq luego dejó con su cuenta ^^) y a Lucre :)
Nota: Este capítulo contiene un Lemon, que cada cual lo lea bajo su propia responsabilidad.
1 de Abril. Día de los inocentes en Gran Bretaña, cumpleaños de los gemelos Weasley. De George Weasley, ahora que Fred había dejado de existir. Debía ser un día de risas, bromas, diversión y buen humor. Pero el 1 de Abril había dejado de ser un buen día para la familia Weasley.
Se reunieron toda la familia, los siete hermanos con sus respectivas parejas se agrupaban en la mesa del comedor de la Madriguera, un silencio incómodo reinaba, haciéndose más profundo con cada segundo que pasaba. Nadie levantaba la vista del plato que Molly había preparado con tanto amor y añoranza, nadie se atrevía a pronunciar palabra, nadie se sentía suficientemente valiente como para romper aquel ambiente sobrecogedor.
Hermione a penas podía contener las lágrimas cada vez que levantaba tímidamente la vista y comprobaba que el ambiente no cambiaría. Peor era el hecho de tener a George frente a ella, cuyo rostro estaba quebrado en todas sus facciones, el sufrimiento y la desolación dibujadas en su cara, tan, tan parecido a Fred...
Pero otros asuntos recorrían su mente, su embarazo era cada día más difícil de ocultar. Hermione, que jamás se había considerado una persona presumida, se sorprendió a sí misma media hora delante del espejo, decidiendo qué camiseta disimulaba mejor su embarazo. Nunca llegó a imaginar que las camisetas anchas que tan poco le habían gustado, se convertirían en su salvación.
Por otra parte, había pasado casi un mes desde que Bill había dejado a Fleur y, a pesar de hablar ahora más que nunca, continuaban sin llegar a una solución productiva. Tenían claro que terminarían juntos, porque ambos lo necesitaban, ambos lo anhelaban, y porque sí, porque se amaban con locura, se transmitían el mayor amor que una persona puede llegar a sentir. Pero la situación no era fácil, ni mucho menos. En el momento en el que Hermione dejara a Ron tenía que estar todo planeado. Ni siquiera tenían claro cómo se lo contarían a la familia, ni si le contarían al menor de los Weasley la verdadera paternidad del bebé de la Gryffindor.
Demasiadas incógnitas para un tiempo que no esperaba a nadie, ni siquiera a ellos.
Bill había descubierto un gran interés por el pudín que tenía sobre el plato, incapaz de levantar la vista. Cada año la misma historia, Molly empeñada en celebrar el cumpleaños de George a pesar de saber que todo se iría al traste cuando alguno de ellos rompería a llorar por la falta de Fred. Él mismo se sentía incapaz de mirar a su hermano a veces, aunque de todos los Weasley era el que mejor lo llevaba, o al menos eso aparentaba. Lo hacía por George, porque Bill siempre había congeniado especialmente con los gemelos y Ginny, porque sabía lo que debía estar sufriendo George, que tenía que soportar cómo cada persona que lo veía se echaba a llorar por su parecido más que evidente con Fred.
Por si fuera poco, le dolía ver a toda su familia emparejada. No es que quisiera que Fleur estuviera allí con él, ni mucho menos, pero ansiaba con desesperación poder estar con Hermione de una vez, sin secretos, sin mentiras, sin engaños… pero contárselo a la familia iba a ser duro, porque lo tacharían de traidor, lo recriminarían por haber herido a Ron, nada más y nada menos que su propio hermano…
Los trágicos pensamientos de la familia Weasley se vieron interrumpidos por Molly, que quebró el silencio involuntariamente con un sollozo, Arthur se apresuró a abrazar a su mujer y a susurrarle palabras de consuelo.
Y ahí estaba, otro cumpleaños más destinado al fracaso. Los comensales se levantaron uno por uno, George a la cabeza, y abandonaron el comedor con la esperanza de encontrar un lugar donde poder llorar en soledad. Bill dirigió una mirada significativa a Hermione y ambos se dirigieron disimuladamente al dormitorio de Bill. Él esperaba sentado en la cama cuando la escuchó entrar. No necesitó mirar para saber que se trataba de la Gryffindor, bastaba con oler su perfume a fresas para sentirla por toda la habitación.
- ¿Cómo estás?
- Como todos los años, supongo – repuso Bill mirándola a sus ojos color chocolate.
Hermione sujetó su vientre con delicadeza y se sentó a su lado con extrema lentitud y cuidado. El Weasley sonrió.
- ¿Y tú? ¿Cómo llevas el embarazo? - inquirió acariciándole el vientre.
- Cada vez es más difícil de ocultar – repuso con una sonrisa -. Pero lo demás bien, creo. Ron está ansioso por dar la noticia, no creo que tarde mucho más en poder ocultarlo, quiere que le dé un margen de tiempo...
- Pídele un mes.
- ¿Un mes?
- Confía en mí – sonrió Bill con ternura -. Tengo casi todo preparado, sólo necesito un poco más de tiempo.
- Está bien. Pero me apetece estar a solas contigo, ¿qué te parece si nos vemos esta noche en el jardín?
- ¿Te quedarás en la Madriguera?
- Puedo convencer a Ron y a mis padres.
- Me parece perfecto, tengo ganas de ti.
La mano del Weasley rodeaba la mejilla de Hermione con dulzura, la acercó a su rostro cuando la voz de Ron los sobresaltó:
- Bill, ¿está Herms ahí?
- Sí – respondió él, la Gryffindor lo miró con los ojos como platos, ya se había incorporado y estaba dispuesta a desaparecerse, ¿se había vuelto loco Bill? ¿Cómo podía decirle a su hermano que su novia estaba con él -, pasa.
Ron irrumpió en la estancia y se encontró a Bill y a Hermione de pie, uno al lado del otro. Su novia lo miraba como si acabara de descubrir su más oscuro secreto, y Bill... Bill lo miraba como si nada.
- ¿Qué hacéis aquí los dos? - cuestionó arqueando una ceja.
- El caso es que...
- Estaba triste y Hermione ha venido a hacerme compañía – se apresuró a decir Bill, antes de que la Gryffindor metiera la pata.
- Oh – se limitó a decir Ron.
Claro, tenía sentido. Bill y Hermione siempre se habían llevado muy bien. Suspiró aliviado, por un momento había llegado a pensar que... ¿qué? ¿Hermione con Bill? Imposible.
- Todos estamos afectados por la falta de Fred – añadió Ron simplemente -. Vamos, Herms, Harry y Ginny quieren tomar el té con nosotros.
- Voy. Adiós, Bill – se despidió ella antes de mandar una significativa mirada al que había decidido que sería el hombre de su vida.
- Adiós, pareja – escupió él.
Bill permaneció inmóvil observando la puerta por la que se habían marchado su hermano y su supuesta cuñada. Hasta dentro de un mes tendría que guardarse para sí esas ganas locas de besarla en cualquier parte, de reclamarla como suya y apoderarse de su cuerpo día sí y día también.
Había movido trámites y había logrado encontrar un apartamento lejos, muy lejos de Londres, de la Madriguera, de todo lo que no fueran él y ella. Quería marcharse fuera, donde nadie miraría con malos ojos su relación con Hermione, donde fueran inaccesibles, donde olvidar los meses de angustia y separados que habían pasado. Se fugarían, como en los cuentos, como en las películas, y tendrían su final feliz. Estaba decidido.
Bill sonrió ante aquel pensamiento y dirigió una mirada a la foto que tenía sobre la mesilla de noche. Allí, todos sus hermanos sonreían felices, incluso sus padres. Charlie revolvía el pelo de Percy con saña y jovialidad; Ron sonreía a Arthur mientras éste lo rodeaba por los hombros con su brazo; Molly regañaba a Fred y George mientras ellos reían a carcajada limpia; y él, Bill Weasley, sujetaba a caballito a una pequeña Ginny sonriente.
Era curioso cómo pasaba el tiempo, cuánto le había importando su familia en aquel momento y qué poco le importaba ahora que se marcharía con Hermione. Dramática la forma en la que, tras unos años, aquella fotografía sólo era un pequeño regalo de lo que fue. Porque ya nada sería igual, porque Charlie estaba fuera casi todo el año; Percy trabajaba como loco en el Ministerio de Magia; Ron estaba saliendo con la mujer de su vida; Ginny a penas pasaba tiempo con él desde que había comenzado su relación con Harry; y los gemelos... George no sería el mismo jamás y Fred no estaba.
Era horripilante pensarlo en voz alta.
- Fred no está.
Y tras dejar la foto en su lugar, hundió su rostro en sus manos y lloró como cuando era pequeño. Fred no estaba.
______
Hermione logró zafarse del abrazo que le proporcionaba el dormido de Ron y se escabulló por la Madriguera a oscuras, asombrándose de lo bien que conocía los pasillos y los dormitorios a pesar de que no hubiera ni una sola luz.
Salió al jardín y encontró la silueta de la espalda de Bill, sentado en el columpio que había atado a un árbol, con la cabeza agachada cual niño desilusionado. Se acercó por detrás y cubrió sus ojos con misterio.
- ¿Quién soy?
- La mujer que amo – sonrió Bill siguiendo el juego.
Hermione destapó sus ojos y el Weasley se encontró con una sonrisa de oreja a oreja, seguida por un beso de película, en el que Hermione introdujo su lengua hasta casi dejarlo sin respiración, tal y como a él le gustaba.
- ¿Cómo estás? - inquirió la Gryffindor sentándose sobre él cual niño sobre Papá Noel con intención de pedir multitud de juguetes.
- No ha sido un buen día.
- Nunca lo es, amor.
El silencio se volvió incómodo mientras se abrazaban. Hermione tenía razón, el 1 de Abril nunca era un buen día. Pero Bill no quería pensar en ello, no en aquel momento, quería disfrutar de Hermione aquel día que tenía la oportunidad. De modo que besó su cuello con delicadeza, mordisqueando y chupando levemente aquellos puntos erógenos que ya tan bien conocía, provocando que del fondo de la garganta de Hermione salieran auténticos ronroneos capaces de excitarlo hasta el punto más álgido.
Ella simplemente se sujetaba con firmeza a la espalda de Bill, conteniéndose por no gritar ni gemir, pidiéndole más en silencio. El Weasley pareció escuchar los invisibles pensamientos de Hermione e introdujo su mano bajo la bata que portaba ésta al mismo tiempo que continuaba lamiendo su cuello.
- Bill...
Y aquello fue todo lo que necesitó el pelirrojo para continuar con su labor. Apartó las bragas de cuello vuelto de Hermione y comenzó a acariciar su clítoris, aumentando la velocidad en cuanto los gemidos subían de nivel. Cuando la Gryffindor estuvo lo suficientemente húmeda, introdujo el dedo índice y el corazón en ella, y su propio miembro cobró vida cuando las uñas de Hermione se clavaron en su espalda con desesperación. Comenzó a mover los dedos dentro de ella, arrancándole gemidos, provocándoselos a él mismo.
Amaba hacerla disfrutar, que se pegara a él como si fuera lo único real en aquel mundo incierto, que susurrara en su oído su nombre, amaba cómo echaba la cabeza hacia atrás y cerraba los ojos con fuerza, como si de un momento a otro fuera a aullar a la luna, amaba sus ojos entrecerrados locos de pasión, su boca entreabierta gimiéndole más y más, pero sobretodo, la amaba a ella.
- Bill, no ha sido justo – reclamó Hermione cuando pudo respirar tras el éxtasis creado por los dedos del Weasley.
- ¿Por qué? - preguntó antes de besarla con ternura.
- Porque he permitido que seas tú quien me ha hecho disfrutar en vez de yo a ti…
- ¿Bromeas? – inquirió Bill con una sonrisa.
Bill sujetó la mano de Hermione y la introdujo en sus pantalones, ella pudo notar su eyaculación. Ambos se miraron y sonrieron, recordando viejos tiempo, meses atrás en el baño, cuando había sido Hermione la que había masturbado a Bill.
- Parece que han pasado años desde entonces – murmuró Bill.
- Sí, por aquel entonces yo ni sabía que estaba embarazada.
- Te amo, Hermione.
- Y yo.
Se abrazaron con fuerza, pidiendo al mundo que nada los separara.
- He estado pensando – comentó ella separándose levemente de Bill – y creo que podríamos llamar a nuestro hijo Fred.
El pelirrojo sonrió por el detalle de Hermione, sólo por aquel nuestro hijo, porque se hubiera tomado la molestia de buscarle ya un nombre y comentárselo a él, su padre.
- Creo que no es buena idea – terció Bill -. Tengo entendido que George es así como quiere llamar a su hijo, si es que algún día lo tiene, pero creo que es justo cederle el nombre a él, ¿qué opinas?
- Pensé que tal vez te gustaría, sé lo mucho que lo hechas de menos...
- Lo sé, y agradezco el detalle enormemente – sonrió antes de besarle la punta de la nariz -. Pero yo también he estado pensando... Y me gusta el nombre de Hugo. ¿Qué te parece?
- Está bien, pero si tú eliges el de chico, yo elegiré el de chica – opinó Hermione -. Y, si nuestro bebé es niña, se llamará Rose, como mi abuela. ¿Qué opinas?
- Hugo y Rose Weasley Granger... - murmuró Bill pensativo – Me parece perfecto.
Y volvieron a abrazarse felices. Sí, tal vez deberían haber hablado de los planes de Bill, de lo complicada que era su situación. Pero ni Hermione Granger ni William Weasley cambiarían aquel momento por nada, porque era un final feliz para aquel día tan desastroso, un momento que había significado todo y nada al mismo tiempo, algo tan sencillo y corriente como decidir qué nombre poner a sus hijos se había convertido en lo mejor de aquel día.
Y se besaron y se acariciaron con ternura, ajenos a que en la ventana del segundo piso de la Madriguera habitaba un familiar que acababa de descubrir su amor secreto, su infidelidad.
¿Qué os parece? Sinceramente, a mí a veces me da la sensación de que está perdiendo intensidad respecto a los primeros capítulos, ¿qué me decís? Tengo los últimos capítulos en la cabeza pero hasta ellos no se me ocurre nada "interesante" que contar, si alguien tiene alguna sugerencia, ya sabe: review ^^
Y bueno (no es por hacerme propaganda, peeeero...) os invito a leer el fic "El reflejo de George", que profundiza más en la muerte de Fred, y en los sentimientos de George al respecto. Si a alguien ama a los gemelos y echa de menos a Fred, lo recomiendo. Si os parece un tostón todo lo que he contado sobre ellos... no leáis, o sí, sabéis que acepto críticas xD
Creo que eso es todo, espero sinceramente vuestra opinión, sobretodo respecto a estos últimos capítulos, para ver qué os parecen :)
Un beso enorme!
