Advertencias
Nada relacionado con la maravillosa mini-serie Band of Brothers me pertenece, salvo los OCs que aparecerán.
NO soy escritora, esto es por diversión. Estoy abierta a cualquier duda o crítica fundamentada y respetuosa.
El hilo de la trama se basa en el de la serie, de este modo, escenas, diálogos, etc, pueden estar inspirados o tomados de ella. Otras muchas cosas son ficción y surgidas de mi imaginación.
Esta historia puede contener violencia y lenguaje soez, así cómo escenas de carácter sexual subidas de tono.
Aunque esta historia surge del entretenimiento, no pretende ofender ni herir a nadie al tomar nombres y personajes que realmente existieron, ni al revivir acontecimientos históricos, ni al inventar cosas que jamás sucedieron.
Capítulo 12
La madrugada se hallaba adentrada, totalmente gélida como las anteriores, pero más silenciosa que de costumbre desde hacía horas.
Los ataques de artillería enemiga habían sido brutales aquella noche, y se habían cobrado la vida de dos soldados, además de haber dejado grave a Joe Toye, quien había podido salir con vida del bosque, aunque sin su extremidad inferior derecha. Aquellos terribles acontecimientos habían sumido a la compañía en aquella oscura y triste mudez.
Victoria avanzaba con lentitud, medio agachada para acercarse al hoyo de tirador en el que se hallaban Compton y Heffron, girándose este último rápidamente para apuntar en su dirección al escuchar a alguien avanzar.
-No debería estar tan cerca del frente, Victoria. –Dijo el rubio con voz apagada, volviendo a divisar la línea, mientras Babe bajaba el arma.
-Lo siento, teniente. Quería saber si todo va bien por aquí. –Comentó de forma dubitativa al observar que, tal y como había oído comentar a algunos chicos, Buck no parecía estar bien.
-Estamos bien, no se preocupe. Vuelva a retaguardia.
La morena no quiso insistir al ver que el hombre estaba cerrado ante la ayuda, necesitando aún tiempo para asimilar lo que le había ocurrido a uno de sus grandes amigos, con lo que la española musitó un claro.
-¿Sabéis dónde está el doctor Roe? –Preguntó antes de marcharse, mirando a Heffron mientras el teniente contemplaba la línea a su frente.
-No lo veo desde lo de Toye. Quizá esté con el capitán Winters, sé que quería hablar con él.
Victoria le dio las gracias al joven con una ligera sonrisa, masticando su preocupación por Eugene mientras se alejaba en busca del médico. Sin duda había alcanzado aquel punto tan temido donde el miedo y las circunstancias se habían apoderado de él.
Tras caminar unos metros, los susurros de Perconte y Luz hicieron que Victoria se acercara al agujero del que provenían las voces, alzando la manta que lo cubría para mirarlos.
-Hey, chicos ¿Cómo va eso? ¿Sabéis algo de Eugene? No lo encuentro y no está en su sitio desde hace horas.
-La última vez que lo vi fue al salir de hablar con Winters hace dos horas. Caminaba hacia retaguardia. No sé dónde estará. –Comentó Luz mientras sacaba un cigarro con manos temblorosas. Perconte tomó la palabra entonces, mirando a la joven.
-El capitán dijo que se fuera con el jeep, que se alejara un poco del frente. Se le ve jodido. Heffron dijo que se paralizó cuando lo de Toye, y que por eso fuiste tú ¿Es cierto?
-Sí, por eso lo busco. Necesita ayuda.
-La verdad es que, aún que no tenga que estar pegándose de tiros, estar rodeado de sangre, sufrimiento y tanta presión debe ser una putada enorme. Siempre ha estado dándolo todo por nosotros y metiendo en medio del fuego para salvarnos la vida. Recuérdale eso cuando lo veas.
Victoria asintió al comentario de Perconte con una sonrisa, volviendo a emprender su camino en busca de Eugene mientras volvía a empezar a nevar.
La mujer caminó durante unos minutos tratando de ser sigilosa y controlar sus jadeos y tiritera, atisbando en la penumbra de la noche a Eugene, sentado en el suelo, apoyado en un gran árbol. Aún conservaba aquella mirada ausente y angustiada que revelaba que su mente estaba dando demasiadas vueltas por terrenos espinosos.
Victoria se acercó despacio mientras reunía fuerzas para escuchar al moreno y ser capaz de ayudarle sin hundirse, y quedarse sin argumentos.
-Eugene... Vas a coger una pulmonía si sigues ahí. Y los alemanes podrían verte, estás muy lejos del resto. –Habló con suavidad mirándole desde arriba, pero el joven continuaba abstraído. Victoria se mordió el labio inferior mientras fruncía el ceño, hablando de nuevo. Verlo así le resultaba muy duro. –He oído que Winters te dijo que fueras al pueblo ¿Has vuelto hace poco?
-No he ido. –Susurró al fin con un hilo de voz, sin mirarla.
-¿Por qué? ¿Has estado aquí todo el rato?
El doctor asintió sin cambiar su semblante, dejando a Victoria sorprendida y conmocionada. Tras unos segundos la chica se agachó a su lado, agarrando su mano.
-Por Dios, estás congelado. Vas a enfermar.
Victoria rodeo a Eugene con uno de sus brazos, frotando con el contrario al médico para darle calor, cuando escuchó que este hablaba después de unos instantes.
-Estoy paralizado. Debo ser fuerte y no decaer en ningún aspecto porque sus vidas dependen de mí, pero todo se desmorona.
-Y no es raro que ocurra eso. Eres humano también. Pero a pesar de todo lo estás haciendo increíblemente bien. Eugene...
-Joe Toye casi se desangra por mi culpa. –Le cortó súbitamente, mirándola por primea vez. Ella dejó de frotar su brazo, pero no apartó la vista de sus ojos.
-¿Sabes por qué creo que te ocurre esto? No es por el hecho de que seas débil y no puedas soportar todo el horror que nos rodea, es por como intentas protegerte de él. Estás solo, nadie te ayuda a ti, y también necesitas que te reconforten. Alejarte de ellos, enfrascarte en la soledad no hará que sea más fácil, Eugene. Al revés, no tendrás con quien desahogarte en estos momentos.
-Siento que no debo, que debo estar siempre preparado. Que no puedo fallar.
-Demostrar que necesitas que te reconfortes no es fallar. Todos soportan mucha carga aquí, y tú también. Ellos lo entienden y te querrán ayudar.
-Lo sé, no pienso lo contrario. No sé qué me está pasando.
-Tranquilo, no pasa nada. Pero vamos a trabajar de verdad en esto. Ya tuvimos esta conversación, te dije que te apoyaras en mí. En serio, déjame ayudarte si conmigo no sientes ese deber de parecer una roca como con los chicos. –Se burló sonriendo, atisbando un leve esbozo en los labios de Roe.
-Lo intentaré, te lo prometo.
La morena le devolvió la sonrisa con cariño, pasando después a abrazarlo con ternura mientras frotaba su espalda para darle calor. Al separarse se puso en pie mientras Eugene la miraba fijamente, habiendo perdido las sombras del horror y angustia en él.
-¿Vamos? –Le preguntó Victoria ya de pie, tendiéndole la mano para ayudarlo.
Roe asintió levemente y aceptó la ayuda de la joven para levantarse, empezando a caminar junto a ella hacia las trincheras, mientras la chica comentaba que intentaría conseguirle café caliente para que entrara en calor.
Eugene contemplaba a la cirujana mientras esta hablaba con ánimo, tratando de aparentar que todo estaba bien para animarlo, y no pudo evitar sentirse afortunado y tremendamente aliviado de tenerla cerca.
Era como un bálsamo en su espíritu atormentado, un regalo divino dentro de aquel infierno que lograba traerlo de vuelto de la oscuridad. Era su ángel particular, y sentía que debía disfrutarlo todo lo que pudiera para agradecer al universo haberla puesta en su camino, más aún sabiendo que el destino era incierto con la muerte acechando a cada instante.
-Victoria. –Habló en voz baja cuando hubo un silencio, haciendo que ella lo observara sin detener el paso.
-¿Qué pasa? ¿Te encuentras mal?
-No, es sólo que... Quería darte las gracias.
La morena le regaló una sincera sonrisa, hablando después antes de llegar hasta los primeros pozos de tirador.
-No tienes que dármelas. Para eso están los amigos.
Eugene sonrió asintiendo levemente mientras la chica le daba una palmada en la espalda con cariño, cuando la voz de Luz los interrumpió.
-Por fin aparecéis, parejita. Ya creíamos que os habían capturado los boches e íbamos a tener que ir en vuestra busca.
-No digas tonterías, Luz. La doctora les hubiera dado una paliza. –Agregó Perconte tras escupir el dentífrico a un lado. Victoria sonrió, pero antes de poder hablar, Luz interrumpió.
-¿Todo bien, doctor?
-Sí, sí gracias. ¿Cómo vais por aquí?
-Bien. Todo tranquilo. Aunque como Perconte siga lavándose los dientes los alemanes nos van a ver a kilómetros.
-¿Chicos, sabéis de alguien que tenga café? –Preguntó la chica interrumpiendo las bromas de la pareja, dándose cuenta de que Eugene temblaba.
-Puede que Malarkey o Heffron tengan algo –dijo George haciendo que Victoria y Roe se pusieran en marcha-, pero no vuelvan a ausentarse tanto tiempo, doctores. La gente va a empezar a pensar que vais a jugar a los médicos entre ambos.
Victoria sonrió con algo de rubor mientras se alejaban de aquel puesto, fijándose en que Eugene no pudo evitar hacer lo mismo, escuchando a Frank responder a Luz que no hiciera enfadar a los sanitarios, o nadie se acercaría a salvarle el culo cuando los alemanes le dispararan.
La mujer giró levemente el rostro para ver con más detalle la leve sonrisa del médico, sonriendo de forma vergonzosa cuando el hombre posó sus ojos en los de ella, haciendo que aquella sensación de cosquilleo la recorriera al sentir su mirada con intensidad.
