Los personajes de CardCaptor Sakura pertenecen a las CLAMP. Tanto en historia como en diseño.
Capítulo 12
En la casa de los Kinomoto, la visita de Satoshi/Syaoron Li había llegado a su fin.
Finalmente.
—Bueno, familia —dijo Satoshi—. Fue un placer conocerles.
A pesar que esa tarde únicamente se le presentó la oportunidad de conocer por vez primera a Nadeshiko Kinomoto y, muy brevemente, al mismísimo Syaoran Li, Satoshi no dejaba de usar en su vocabulario y cortesías el distintivo sustantivo de familia. Como si, realmente, hubiese conocido absolutamente a todos los miembros de la familia Kinomoto.
Aquello, obviamente, sacaba a Sakura de sus casillas. La actuación de Satoshi le era exagerada, superficial, melosa; de mal gusto en general. De haber sabido con antelación de las malas dotes del muchacho como actor, jamás lo hubiera elegido para representar el papel de su novio ficticio. Es más, de haber sabido que todo culminaría de la manera en que estaban las cosas —ella envuelta en un desastre, y perdiendo las simpatías de alguien como Syaoran—, jamás hubiera ideado la farsa.
—Ahm… También fue un placer conocerte, Sya… Syaoron —contestó su madre, Nadeshiko Kinomoto.
—Sakura, amor —prosiguió de nuevo, Satoshi. Era, ¿qué, la vigésima cuarta vez que llamaba a Sakura «amor»? A la chica el estómago se le revolvía cada vez con la mención de aquella palabra—. Antes de partir, ¿podrías indicarme dónde queda el baño? Si no es mucha molestia.
Sí, sí lo es, pensó ella. Toda tu presencia es una gran molestia.
—No. Claro, desde luego… —se asomó bajo el umbral de la cocina que daba paso hacia la sala. Extendió un brazo para señalar un punto a lo lejos—. ¿Ves las escaleras? Es la puerta del frente.
—Perfecto. Muchas gracias, cariño —respondió Satoshi. Y le plantó otro repugnante beso en la mejilla.
Sakura se lo limpió, con muy poco disimulo, con la palma de una mano.
Hubo un silencio sepulcral.
—Cre… creo que iré a tomarme unas pastillas para el dolor de cabeza. Y a acostarme —informó Nadeshiko—. Despide a Syaoron por mí, hija —y se excusó rápidamente de la cocina.
Ya sentada en una silla, Sakura dejó caer su frente en la mesa del comedor con exagerado desconsuelo.
—¡Qué horror, Tomoyo! —dijo, quejándose—. ¡Esto es una tortura!
—Quién te manda… Sacrebleu! De haber sabido antes, hubiéramos buscado un mejor actor.
—¡Todo es mi culpa! No hubiera inventado esto nunca —continuó lamentándose Sakura—. ¡He quedado como la propia mentirosa, loca, frente a mamá! ¡Más adelante, será el resto de mi familia! ¡Y frente a los invitados de tu boda, también! Y Syaoran me odia. ¡Y los únicos besos que estaré recibiendo no serán los de él, sino de Satoooshiii…! —hipó, compungida.
Tomoyo la miró desconcertada.
—¿De qué hablas?
—¡No podré salir a la luz pública nuuuncaaa…!
—Bah. Tu es très stupide. Syaoran te cubrió las espaldas, tonta.
—¿Q… qué dices? —preguntó Sakura a moco tendido.
—Oh, quel idiot tu fais! Syaoran Li, a quien le formaste tan descabellado berrinche en la calle, te cubrió las espaldas. Le dijo a la tía que había sido plan suyo hacerse él pasar por tu novio, en vista que tu supuesto "verdadero novio" —hizo comillas con los dedos— Syaoron/Satoshi iba a estar ausente en un viaje de negocios para el día de mi boda.
El rostro de Sakura era uno de desconcierto.
—¡Qué! ¿Y cómo sabes tú todo eso?
—Mon Dieu…! Porque se lo leí en el aura, naturellement. Eso era lo que estaban hablando él, tu madre y el señor Satoshi. Obviamente, a este último le convino seguirle la corriente a Syaoran.
Sakura Kinomoto no podía creer lo que escuchaban sus oídos. A medida que Tomoyo avanzaba en su relato, empezó a sentir algo parecido a la esperanza, poco a poco, florecer en su pecho.
—¿Estás segura que leíste todo eso en su aura, Tomoyo? ¿En verdad Syaoran hizo eso por mí?
—Mais oui! Il est, vraiment, amoureux de toi. Así que deberías de dejar tus idioteces a un lado, y confesarle lo que evidentemente sientes. Es eso lo que está esperando.
—¡Oh, Dios! ¿Estás segura? ¿Estás completa, total y positivamente segura?
—Oui, oui! Palabra de prima.
El corazón de Sakura pegó un brinco de alegría. Se abalanzó sobre Tomoyo para abrazarla con fuerza. En ese preciso minuto, la puerta de la entrada volvió a abrirse. Y, casi de inmediato, el señor Kinomoto asomó su figura por la cocina.
—Hola a todos. Disculpen la hora de llegada; ha sido un día largo… Oh, ¡pero si tenemos visita! Tomoyo, qué bonita sorpresa. Siempre es bueno verte por aquí —saludó cariñoso.
—Buenas noches, tío.
—¡Hola papá! ¿Te preparo la cena? —se ofreció jubilosa Sakura, rebosando encanto; un detalle un poco inesperado en ella.
—Si no es molestia... ¿Soy yo o te noto de muy buen humor, hija?
Sakura fue al encuentro de Fujitaka Kinomoto para rodearle el cuello con sus brazos.
—¡Así es, papá! ¡Me han dado la más maravillosa noticia de toda mi vida!
—¡Chispas! Pues, me alegra mucho saberlo —respondió el señor Kinomoto, con honestidad—. Sea cual sea, si te hace feliz… ¡Siempre he dicho que una hija feliz es un papá feliz! —sonrió gentil. Luego añadió, estirándose—: Voy a cambiarme el atuendo… ¿No te importa si me echo un baño antes de cenar? Estoy adolorido.
—Tranquilo, papá, ve con confianza. Te llamo en cuanto esté lista la cena.
—Te lo agradezco. ¿Tu madre está arriba?
—Sí. Está en su cuarto.
—Bien… ¿Te quedas a cenar con nosotros, Tomoyo?
—Será para otra ocasión —respondió la aludida—. Ya parto. Merci beaucoup, mon cher tonton! Que descanse.
El señor Kinomoto despidió cordialmente a su sobrina. Luego, abandonó la cocina, y partió rumbo a la sala con la buena intención de subir las escaleras y despacharse a sus habitaciones hasta la hora de la cena. No obstante, en plena faena emitió un grito.
—¡MALDICIÓN! ¡QUÉ ES ESTO!
Desde donde estaban, Sakura y Tomoyo se miraron a la cara con total extrañeza...
—¡Buenas noches! Usted debe ser Fujitaka Kinomoto.
… Corrieron veloz al encuentro del mencionado.
—¡QUIÉN CARRIZO ERES TÚ!
—Soy Syaoron Li, el novio de Sakura —cantó alegre Satoshi. Y avanzó con los brazos abiertos hacia su espectador—. ¡Gusto en conocerle, suegro!
Al pobre actor le faltaron reflejos, lamentablemente. Lejos estuvo de esquivar el puño del señor Fujitaka Kinomoto estampándose sobre su cara.
…
Sakura Kinomoto aplicó una motita de algodón bañada en yodo al rostro de Satoshi/Syaoron Li.
—Calma, Sato… Es decir, Syaoron. No es tan grave.
El joven se aferraba a los brazos del sillón con las uñas.
—¡Agh! ¡Ay! ¡Auch! ¡Dueeele…!
—Oh, vamos Syaoron, no exageres. ¡Fue un golpe propiciado por un viejo de cincuenta años!
Satoshi/Syaoron se vio ofendido ante aquel insulto tan poco encubierto.
—Sí, pero se mantiene bien tu viejo —buscó defenderse, sin faltarle los respetos.
Sakura se rió por lo bajo.
—Oh, Eres tan gracioso. Ja, ja, ja. ¿Qué tan fuerte puede ser un viejo como mi padre? —al cabo, agregó—: Mi hermano, en cambio… ¡Dios mío! Ese sí que es una bestia.
Era indiscutible que con aquella falta de diplomacia, Sakura estaba buscando provocar a Satoshi intencionalmente. Pues, dado lo ocurrido, empezó a guardar la leve esperanza de que el joven se viera intimidado con la sola mención de algún otro miembro masculino de la familia Kinomoto. Y que se decidiera, por lo tanto, a abandonar su patética actuación de novio ficticio.
Touya, ¿dónde estás cuando te necesito? Se dijo para sus adentros.
—¡EXPLÍCAME BIEN ESTE ABSURDO ENREDO, NADESHIKO AMAMIYA!
—¡NO HASTA QUE BAJES TU TONO DE VOZ, FUJITAKA KINOMOTO!
Desde la cocina, la disputa de los padres de Sakura se había convertido en algo más que música de fondo; de tanto en tanto adornada por las notas de dolor que propinaba Satoshi.
—¡Auch, auch, auch! ¡Me estás apretando!
—¡Claro que no! —arguyó Sakura. Y oprimió con fuerza la herida—. ¡ESTO es apretar!
Como si la escena no pudiese ser más bizarra, Syaoran había llegado de su paseo en aquel preciso momento.
—¿Está todo bien? —inquirió preocupado—. Los gritos se escuchan desde afuera. —Observó a Sakura inclinada cerca del rostro de Satoshi, e inmediatamente descompuso el suyo—. Ah. Todavía está ese aquí…
—¿QUIÉN DEMONIOS ES SYAORON? —el grito del señor Kinomoto fue un estruendo—. ¡¿CUÁNTOS NOVIOS TIENE SAKURA?!
—¿CUÁNTAS VECES TENGO QUE REPETIRTELO? ¡SÓLO UNO: SYAORON! SYAORON CON LA «O» ES EL VERDADERO NOVIO DE SAKURA. EL OTRO SYAORAN, SYAORAN CON «A», ES EL PADRINO DE BODAS DE ERIOL Y TOMOYO.
—¿Y POR QUÉ CARAJO SE HIZO PASAR POR NOVIO DE MI HIJA?
—Ya te lo dije: Para no hacer sentir mal a Sakura, puesto que cabía la posibilidad de que su verdadero novio, Syaoron, no pudiese venir para el matrimonio de Eriol y Tomoyo. O algo así por el estilo...
—PERO, ¡QUÉ BARBARIDAD ME DICES!
—Sí, a mí también me pareció raro… ¡Qué sé yo, fue su idea!
Syaoran Li observó conveniente retirarse.
—Creo que es mejor que me vaya a…
Pero su intención fue interrumpida de sopetón, ni más ni menos, que por el propio Fujitaka Kinomoto.
—¡ESCÚCHAME TÚ, PEDAZO DE MOCOSO! —lo aferró con ambas manos por el cuello de la camisa. Y lo alzó en vilo, zarandeándolo con brusquedad—. ¿CÓMO TE ATREVES A JUGAR CON MI HIJA COMO SI FUERA UNA PUTA MÁS?
—¡Papá! ¡Él no tiene la culpa! —gritó Sakura. Corriendo para posicionarse entre la figura de su padre y el hombre que amaba—. Fue mi idea, papá. ¡Déjalo!
Extendió sus brazos en cruz, a manera de escudo protector para Syaoran.
—¿QUÉ QUIERES DECIR?
El rugido la hizo claudicar; aun así, se armó de valor para responder la pregunta de su padre. No obstante, Syaoran le sujetó suavemente los hombros, en un gesto reconfortante.
—Tranquila, yo me encargo —le susurró. Y empezó a hablar—: Disculpe las molestias, señor Kinomoto. No era mi intención causarlas. Si más nunca vuelvo a ser bienvenido a su hogar, lo comprendo. Pero sepa que jamás he pensado en su hija con falta de respeto.
—Sya… Syaoran… —musitó Sakura.
—Fue una idea descabellada, lo sé. Pero, en mi defensa, me pareció ver que su hija necesitaba apoyo en aquel momento. Y no pude negarme el dárselo. Yo… —pausó— le tengo mucho cariño a Sakura. Y cualquier cosa que ella necesitara, estaría dispuesto a brindársela… para ayudarla… Aunque fuera una mala idea… Verá, ella… Ella me importa mucho. Y quiero que sea feliz.
Los ojos de Sakura eran dos brillantes gemas.
—Syaoran… —susurró.
—Oh, Syaoran… —musitó, en algún lugar, su madre.
Fujitaka Kinomoto permaneció en silencio rato largo. Luego, observó a su hija.
—¿Es cierto eso? —preguntó—. ¿Necesitabas de ayuda?
Sakura asintió, apenada.
—Sí.
Su padre suspiró.
—Pero no entiendo, ¿para qué tuvieron…
—¡YA QUÉ IMPORTA, FUJITAKA! —lo interrumpió una Nadeshiko Kinomoto; hormonal—. ¡Son jóvenes! ¡Es normal que cometan estupideces! —Se acercó a Syaoran, sollozando; con lágrimas en los ojos. Y, deleitada, lo abrazó; al tiempo que suspiraba—: Oh. Cómo me hubiese gustado tanto que fueras tú mi yerno —entrecortadamente. De inmediato, habló por encima de su hombro, hacia el otro Syaoran: Syaoron—. Sin ofender, Syaoron —dijo. Y continuó mirando radiante al verdadero Syaoran—. En fin, ha sido un día pesado. Vámonos, Fujitaka. Vayamos a descansar.
—¡Pero…!
—Sakura, despide al señor Syaoron por nosotros. ¡Fue un placer conocerte! Nos vemos en la boda.
—El placer fue todo mío.
—Fujitaka… ¡Fujitaka!
El aludido emanó un gruñido.
—Eh, sí… Buenas noches.
Mientras subían las escaleras, se oyó decir lo siguiente:
—¿Por qué tengo que ir a dormirme ya? ¡No he cenado todavía!
—¡Oh, ya basta, chico! Tú siempre pensando en comida… Recuerda que tienes que perder unos kilos.
Satoshi se levantó de su asiento.
—Creo que es mejor que parta. Sakura, ¿amor?
Pero Sakura, su amor, seguía posicionada frente a Syaoran. Observándolo fijamente.
Satoshi se aclaró la garganta. Una, dos, hasta tres veces.
—Ajem. ¿Sakura? Sakura… ¡Sakura!
—Ma cousine, rèveille-toi! —gritó de pronto Tomoyo, lanzándole un cojín. Aquél aterrizó en todo su rostro.
—¡Ay!
—¡Despierta! —repitió—. Satoshi tiene que irse. —Acto seguido se levantó, decidida pero elegantemente. Luciendo preciosa e impecable—. Y yo también debería irme; Eriol está esperándome. Te dejé el vestido en tu cuarto, para que te lo midas. Me llamas de inmediato si sientes alguna molestia o notas una mala costura. O algo por el estilo, d'accord? Syaoran… —se interrumpió. Entornó los ojos ante el chico; luego, los puso en blanco—. ¡Genial! ¡Le contaste todo a Eriol!
—¿Qué le contó a Eriol? —preguntó Sakura.
—¡Todo! Sobre la farsa, sobre Satoshi… ¡Todo! ¡Qué boca suelta!
Syaoran se descompuso.
—¡¿Boca suelta?! —emanó—. ¡Necesitaba conversar…! Además, ¿cómo diablos te enteraste?
Pero Tomoyo hizo un gesto con la mano, quitándole importancia.
—T'es bête! Ahora Eriol debe de estar esperándome, queriendo exigir un sinfín de explicaciones. Y yo que ansiaba con acostarme y dormir tranquila. C'est un desastre! —se lamentó—. Mais, ¡no importa! ¡Me pondré mi mejor negligé! Eriol tiene debilidad por el encaje —y dándole unos golpecitos amistosos a Sakura con el codo, se rio—: ¡Jo, jo, jo! Tatá, ma famille! —y salió de la casa con actitud.
Todos se quedaron boquiabiertos, observando la puerta.
—Vaya —expiró Syaoran—. Conque así es cómo lo hace.
…
Acompañé a Satoshi afuera.
—La pasé increíble, Sakura —me dijo. Aunque sin mucha convicción, tocándose la nariz rota—. A pesar de esto —señaló su nariz—. Je, je, je.
Disimuladamente, puse mis ojos en blanco. ¡Dios, ya quería que se marchara! A pesar que me había despertado tarde, todo el día se me había hecho eterno.
—Lo siento de nuevo —le dije. Y, a continuación, carraspeé—: Oye, Satoshi… Comprendo lo que estás haciendo, y te lo agradezco. Sé que todo fue idea mía, pero, la verdad es que… bueno, ya no es necesario. Es decir: No necesito que sigas haciéndote pasar por mi novio… Disculpa las molestias que te he causado. Estoy dispuesta a pagarte por los inconvenientes de hoy —indiqué su nariz—. Y hasta más, para que no insistas… Me refiero a que ya, realmente, no es necesario que te hagas pasar por Syaoron Li.
Satoshi se quedó mirándome en silencio. Luego suspiró:
—Oh, Sakurita… Mi florecilla… Mi pequeño y dulce champiñón —apretó mis mejillas con sus manos—. No puedo creer que no veas que hay algo que me motiva más que el dinero. ¡Más que cualquier cosa material! ¿Quieres saber lo que es? —me preguntó.
Aparté sus manos de mi cara, al tiempo que caminé un paso hacia atrás para alejarme. Su imprevista locura me había asustado.
—N… no estoy segura…
—¡La pasión, Sakura! ¡La pasión! —dijo con un puño al aire—. ¡Amo la actuación! ¡Es lo que siempre quise hacer de niño! Lo llevo en las venas… ¡Actuar! Interpretar los paños de otra persona, pensar como alguien ajeno a ti, ¡estremecer a un público a través de emocionantes diálogos! Hacerles llorar de alegría, reír de tristeza… Actuar, Sakura, ¡actuar! Ser actor siempre ha sido mi sueño. Un sueño, el cual mis padres jamás aprobaron. La sola mención de ello les incitaba a reírse de mí. «¿Qué harás con eso, Satoshi?», «¿De qué te alimentarás? ¿De aplausos? ¡Ja, ja, ja!», «El teatro es para maricas». ¡Maricas! ¡Maricas! ¡Ja! ¡Les invito que vean ahora, quién es la marica! —escupió al suelo—. Por un largo período de tiempo que abarca, prácticamente, toda mi desconsolada vida, tuve que abstenerme de convertir mi sueño en realidad… Hasta que te apareciste en mi camino, Sakura. ¡Tú, graciosamente caminando por entre las mesas del restaurante, tan tímida como neurótica! Divinamente transpirando inquietud a través de tus axilas… ¡Tú! ¡Tú fuiste la señal que estuve por siempre esperando!
»Pero dudé, como es natural; atacado y atormentado por mis inseguridades. Pues las influencias de mis padres germinaron raíces profundas, en lo más recóndito de mi ser… Por ello no me aparecí aquella noche, Sakura. Me estaba amargamente debatiendo entre el Deber Ser y el Querer Ser. ¡Has de entenderme!
»Pero el arrepentimiento estuvo consumándome todo este tiempo. Y, por fin, ¡me he decidido! ¡Renuncié a mi empleo, y aquí estoy para hacer mi sueño realidad! ¡Y todo gracias a ti, Sakura!
Me quedé helada.
¡Dios mío!, pensé. ¿De cuál manicomio salió este?
—¡Todo gracias a ti, Sakura! —siguió repitiendo, sosteniendo y besándome las manos—. Eres un diamante en medio de ordinarios cristales. Sin conocerte, impulsaste a hacer mi pasión, mi sueño en realidad. Gracias a ti, ¡seré feliz! ¡Seré quien siempre he querido ser! ¡Seré yo mismo! Y, por ello, no desistiré en interpretar el papel de Syaoron Li. Como favor hacia ti, he prometido dedicarme en cuerpo, mente y alma a mi papel. ¡YO, SOY SYAORON LI!
Cuando Satoshi terminó con su monólogo, yo sentí el arrebatado impulso de llamar a la policía.
—B-bien, Sato… es decir, Syaoron… ¡es decir, Satoshi! —rectifiqué, hecha un lío; paulatinamente alejándome de él—. Agradezco mucho tu sinceridad.
—Oh, ¡no! —objetó él, con los ojos muy brillantes—. Todavía no me entiendes: Yo soy quien te lo agradece. ¡Gracias, gracias, gracias, Sakura Kinomoto! ¡Gracias, gracias…!
De improviso, comenzó a besarme y tocarme y abrazarme. Intenté zafarme de él, pero me fue imposible: Su insistencia era avasallante. Empecé a agitar mis manos en son de defensa, apremiante. Como si me viera atacada por una ráfaga de avispas.
—¡Ya… basta… detente… por favor!
—¡Oye, imbécil! ¡Quita tus sucias manos de mi hermana!
—¡TOUYA, QUIETO! ¡CUIDADOOO! —gritó la voz de Yukito.
Esa noche, al pobre de Satoshi le rompieron la nariz dos veces.
(N. de A): ¡Pobre Satoshi! Siento pena por él.
Y bueno, aquí va otro capítulo más; corto, lo sé. Es una continuación del siguiente. Pero, como les dije: el anterior me había gustado tanto que preferí subirlos por separado... ¡Pero el mismo día! ¡Sorpresa! La verdad es que es lo menos que puedo hacer. Después de 5 años sin actualizar, 2 capítulos en un día no son nada. ¡Les debo toda la historia! Jaja.
Y bueno: Ya otros personajes medio conocen el embrollo de Sakura. Aunque Syaoran quiso ser todo un caballero y adjudicarse la culpa (¡tan bello! Te amo, Syaoran). Sé que varias estaban esperando por el clásico altercado entre Syaoran y Touya, pero quise alterar los papeles y conferirle el honor al sr. Kinomoto. ¡Total! ¡Qué más da! La mayoría de los personajes son OC... Además: Con tanta decencia de su parte, debe de guardar seguramente un poco de mal carácter. Jaja. (A lo Bruce Banner y Hulk). Aquello bien podría explicar de dónde heredó Touya su mal humor.
Me agrada el personaje del sr. Kinomoto. Uno no sabe qué esperarse de él. Tan bajo perfil, anotando en su diario… y de pronto, BOOM! ¡Papá sobreprotector a la vista! Tomoyo es una chica que se las trae, también. Ya sabemos cómo ejerce influencias sobre Eriol. El diálogo de ella y la mención del negligé fue muy divertido de escribir. Era divertido imaginarla contando aquello.
Y bueno, espero disfruten este capítulo. Me tomaré un descanso de tanto escribir en el teclado por hoy. ¡Muchas gracias por sus reviews! Los aprecio sobremanera. ¡Un besote gigante! Gracias mil por su apoyo. Nos estamos leyendo, ¡y saludos!
