Septiembre otra vez
El final del verano llegó, al menos extraoficialmente por lo que se refería al clima, anticipándose un tanto la llegada del otoño. Harry pudo notar horas antes que pasase ese fenómeno así que ya se había preparado ropa algo más cálida. El primero de septiembre había amanecido nublado, con unas nubes que amenazaban tormenta; pero eso no le preocupaba, tardaría en llover y para entonces estaría ya al abrigo del tren. Tras un buen desayuno revisó que lo llevase todo en el baúl, gruñendo por tener que llevar una mochila extra a causa de los libros de Loockhart que no le permitían tener a mano sus libros más preciados. Por ello, en parte se vistió desde el principio con el uniforme escolar. Eso y que el tío Ted lo llevaría a la estación por aparición.
Nada más visualizar la locomotora, con la mochila bien sujeto a su espalda y tirando del baúl, entró a escoger un compartimento, encontrando uno vacío en el vagón número tres; allí acomodó su baúl y abrió su mochila. Llevaba almuerzos para todos, el mismo les había preparado por la mañana, y un libro escrito en griego. La odisea. Al igual que con el latín, podía leer el friego sin problemas, sin ayuda de las gafas para la dislexia. De hecho se había dado cuenta que el griego lo comprendía aún mejor que el latín, y eso que no tenía problemas con el latín. Dejo la lectura cuando sus amigos llegaron, guardando el libro en la mochila. Pudo observar que Blaise estaba medio dormido.
—No se le ocurre otra que ayer ponerse a hacer todos los deberes. —Bufó Tracey.
—Al menos los he hecho —intervino Neville. —Se dé un par que si no los hacen durante el curso no los habrán hecho.
— ¿Quiénes? —preguntó Ernie despiestado.
—Los presidentes del club de los vagos, mantas y haraganes —resumió Harry.
— ¿Eres consciente que todo eso son sinónimos? —preguntó Tracey divertido.
—Sí.
El tono tranquilo de Harry al decir aquello, admitiendo que había incurrido de forma intencionada en una repetición, había hecho reír a todos. Harry observaba a sus amigos recordando cómo había comenzado la amistad con cada una. Harry observaba a sus amigos recordando cómo había comenzado la amistad con cada una de ellos. Neville había sido el primero, quien había necesitado alguien en quien liberar la continua presión que en cierta forma lo inhibía de ser como era realmente. Blaise y Tracey, cuando le habían pedido ayuda en herbología, poco a poco se habían dado cuenta de las cosas que tenían en común. Y Ernie, él había sido este mismo verano, antes habían mantenido una buena relación por ser Dudley el amigo que había hecho en Hufflepuff; así que, desde la mañana en Flourish y Blotts, y la posterior comida, habían iniciado su amistad.
— ¡Mirad! —Exclamó Blaise señalando por la ventana. —Parece que van a echar el hígado por la boca.
Harry se asomó, al igual que el resto, pudo ver como la familia Weasley estaba sin aliento, como si hubiesen cruzado corriendo la barrera. También podía observar cómo la gente estaba despidiendo a sus familiares, además de sentir que el tren se ponía en marcha. Era evidente que habían apurado demasiado su tiempo, llegando casi a perder el tren. Harry puso los ojos en blanco y se recostó en el asiento, no interesándole demasiado lo que pasase con ellos. Los gemelos no le caían mal. Percy el prefecto era tolerable y daba buenos consejos para quien quisiera oírlos, al menos a nivel académico. En cuanto a Ronald, al cual no había llegado a ver en esos instantes, le parecía un ser desagradable. De la más joven de todos no podía opinar todavía, aún no la había tratado.
El viaje en el expreso se hizo corto, sus previsiones respecto a la lluvia se cumplieron, al menos hasta que la locomotora abandonó Inglaterra y se adentró en las vastas tierras escocesas. En el compartimento en el que viajaba había pasado casi todo el viaje jugando a las cartas o a los gobstones. También hablando de quidditcth. Harry había pensado presentarse para jugar en el equipo de su casa; sólo había libres el puesto de buscador y uno de los puestos de cazador. En un principio había pensado ser cazador pero algo de lo que le dijo Ernie sobre su forma de volar, como que parecía que era uno con el aire, sería un desperdicio de talento. Eso le hizo considerar el ser buscador.
El tren aminoró la marcha al entrar en la estación de Hogsmeade cuando se detuvo finalmente soltando vapor. Los cinco bajaron sus equipajes y se apresuraron a coger uno de los carruajes hacia el castillo. Harry miró los esqueléticos corceles unos segundos, no había sabido hasta ese momento que podía ver a los Thestals, pero sabía por qué. Había presenciado y asimilado la muerte de su padre.
— ¿Qué miras, Harry?
—Los thestals. —Se encogió de hombros. —Mejor vayámonos al castillo.
—Sí —Coincidió Neville. —No son agradables de ver.
La sensación de ir en el carruaje era nueva para Harry, era como si fuese en un coche a veinte kilómetros por hora por una carretera llena de baches. Pero era como debían ir al castillo. El lago estaba para los de primer año, tanto a la ida como a la vuelta, como para los de séptimo en su ceremonia de graduación celebrando después que se fuesen todos el último día. Así que ahí estaban, avanzando por un camino de cabras hacia el castillo.
Tuvieron que dejar sus pertenencias en el vestíbulo, estas serían acomodadas en sus habitaciones. Ya en el gran comedor, se separaron en sus respectivas mesas; lo cual, era una lata. Eso le disgustaba a Harry, pero comprendía que la tradición era importante. Se sentó en la mesa de Ravenclaw con los de su curso, fijándose en que estaban todos. Todos y alguien más, alguien a quien no conocía. En un principio pensó que era un alumno de primero despistado, pero tenía el uniforme completo, con los colores de Ravenclaw no el negro neutro de antes de la selección. En cuanto el sombrero gritaba el nombre de la casa, la túnica y corbata adquirían los colores de la misma. Así que eso quedaba descartado, por esa misma razón y porque los compañeros lo estaban tratando como si lo conociesen, como si hubiese estado siempre allí desde siempre, y Harry estaba seguro que no había sido así. Por esas y otras razones, era algo intuitivo. Decidió dejarlo para más tarde, no queriendo montar un espectáculo.
La ceremonia dio comienzo, y, con las primeras palabras del sombrero todo el comedor quedó en silencio. Distraídamente Harry pensó, si tendría el mismo efecto impartiendo cualquiera de las materias. Lograba el absoluto silencio que Snape y McGonagall conseguían; bueno Binns también, pero dormir a la clase de aburrimiento no cuenta. Se fijó en los alumnos que iban nombrando, al tiempo que reflexionaba sobre la canción del sombrero. Distinta a la del curso anterior pero parecida a la vez. Saludó educadamente a cada uno de los nuevos Ravenclaw. Aplaudió igual ante los elegidos para el resto de las casas.
Apenas terminó la ceremonia de selección cuando se escucharon unos cristales rompiéndose y un maltrecho automóvil irrumpió en el salón, quienes iban en el vehículo eran Theon Potter y Ronald Weasley. Enseguida fueron reprendidos por McGonagall quien se los llevó del gran comedor.
Tras la cena se adelantó con el resto de compañeros para subir a la torre. El falso compañero también iba con ellos. Los prefectos se habían llevado a los de primer año por otro camino. Al llegar a la sala común, subió directo a su habitación, al poco llegaron Terry y el misterioso chico. Terminó de arreglar sus cosas antes de encarar al chico nuevo.
— ¿Quién eres? —preguntó, yendo directo al grano.
—Soy Dante, vuestro compañero de cuarto. ¿Quién voy a ser?
—Eso es lo que quiero saber, tú no eres nuestro compañero de cuarto. El curso anterior sólo estábamos Terry y yo.
—No, yo estaba con vosotros.
—Es cierto Harry, lo que pasa que Dante siempre iba por libre. Es un solitario.
—Me he propuesto ser algo más sociable este curso.
Miró a Terry desconcertado, parecía convencido de lo que afirmaba, tanto como él lo estaba que el tal Dante mentía. Estaba completamente seguro que no había estado en Hogwarts el curso anterior. Además su presencia le perecía un poco inquietante, mirándolo sentía aquello que había sentido en el callejón diagon de forma fugaz. Parpadeó. Sin dejar de mirar a Dante, sentía como si quisiese confundirlos a todos. Estaba seguro que mentía, pero sin pruebas no podía hacer nada. Cuando sus miradas se conectaron pudo notar en Dante una sonrisa que no sabía bien si auguraba algo bueno o malo.
—Sera mejor que vayamos a dormir —sugirió Terry. —Mañana empiezan las clases. He oído que las chicas piensan ponerse guapas para Loockhart.
—Dudo que aprecie el detalle —murmuró Harry. —He leído sus entrevistas y sus libros por encima.
— ¿Qué opinión te merece?, solo por curiosidad — preguntó Dante sentado sobre su cama.
—Que tal vez coloque en espejo en el lago y lo invite al lugar. Quizá narciso resucitó y se olvidó del chupito de agua del leteo.
—No lo creo. —Su comentario provocó que Dante lo mirase con una sonrisa divertida. —Aquellos que fueron malditos y no lograron superar la prueba que suponía su maldición dudo que llegasen a los elíseos.
—No sé de qué habláis. Sólo sé que sus libros no los quieren ni los pájaros. Son autobiográficos.
—Son el reflejo de lo que hablábamos, aunque ya lo confirmaré mañana.
— ¿El qué, Harry?
—Si te lo dijera no sería divertido descubrirlo. Buenas noches —dijo antes de correr el dosel de su cama.
A la mañana siguiente, les repartieron los horarios mientras desayunaban. Harry miró las clases que tenían. A primera hora encantamientos con los de Slytherin, luego trasformaciones con los de Gryffindor y después del almuerzo defensa nuevamente con Gryffindor. Vio el resto del horario, no estaba mal la disposición de las clases. Terminó su desayuno y salió del gran comedor en dirección a la clase de encantamientos, tomando asiento en su acostumbrado pupitre.
—Si llego a llegar a Hogwarts como lo ha hecho Potter hubiese sido expulsado —escuchó protestar a Draco Malfoy. Se giró al oír su apellido. —No hablo de ti. Sino de tu hermano.
—Bueno Draco, ya sabemos que hacen la vista gorda respecto a Theon —respondió, notando como Dante se situaba a su lado saludando con un gesto cortes a Draco.
—Rompió el estatuto del secreto, chocó contra un árbol de los terrenos y luego entro a lo grande en el gran comedor —Dijo Blaise riéndose.
— ¿Te parece divertido? —Preguntó Dante. —Conozco alguien que si se entera de lo del árbol le dará un buen escarmiento. Podría mandarle un mensaje.
—Creo que el árbol ya se ha encargado del escarmiento —agregó Tracey. – De hecho he oído que si aterrizaron en el comedor fue porque ese árbol es un gran golpeador.
—Pobre sauce boxeador —murmuró Harry
La conversación cesó por completo, cuando el profesor comenzó con la lección. Harry saco sus gafas entonces y se las colocó. Aunque la mayoría de la lección consistió en un repaso del curso anterior a modo de juego, así que mucho no le hicieron falta. Transformaciones no fue muy diferente, también consistió en un repaso, que acabo decorado con una nube verde y un intenso olor a huevos podridos obra de Ronald Weasley. Por suerte, estaba cerca de la ventana y pudo abrirla para despejar el ambiente.
Después del almuerzo, se sentó en la parte central del aula de defensa contra las artes oscuras, completamente decorada con los retratos del profesor. Harry los miró algo asqueado. Sobre la mesa había una jaula tapada con una especie de sábana oscura. Se preguntó lo que había así, pero sabía comportarse lo suficiente como para permanecer quieto. A su lado se sentó Dante, nuevamente. Le resultaba raro, suponía que era por haberlo acusado de no ser alumno del lugar, claro que también solía sentarse solo en la mayoría de las clases.
—Parece que tu teoría comienza a confirmarse, Harry. Unas observaciones muy brillantes.
—Mirad, el rarito y el bastardo —dijo Theon mirándolos. — ¿Ya os estáis creyendo mejor que nuestro profesor, par de inútiles?
—Theon, ni Dante ni yo tenemos la culpa que un árbol te use como Sprarring. Mucho lo tienes que haber enfadado para eso.
—Creo que fue tu perrito faldero el que quiso conquistar los cielos con un cuatro ruedas —agregó Dante. —Por cierto, tu madre tiene unos excelentes pulmones, Weasley.
No tuvieron ocasión a replica, el profesor enseguida hizo aparición en el aula, soltando un discurso sobre sí mismo y la cantidad de ocasiones en las que había logrado algo importante como ganar un premio de alguno de sus fans o sobre sus fantásticas publicaciones. Harry se puso a dibujar distraído, era un retrato del sauce boxeador bastante realista. Aquella clase comenzaba a parecerle una pérdida de tiempo. Levantó la mirada cuando Dante ocultó su dibujo, lo miró con el ceño fruncido señalando con la cabeza al profesor que estaba repartiendo unos pergaminos.
—Este es un pequeño cuestionario para saber cuánto habéis asimilado con la lectura de los libros. Lo podéis hacer de forma individual o por parejas. —El profesor terminó de repartir el cuestionario, dejando sobre la mesa de ellos un único cuestionario. Parecía que ellos dos no iban a tener esa opción. Al menos no había visto lo del dibujo.
—Gracias —murmuró Harry.
—No hay de qué, miremos ese cuestionario.
—Esto tiene que ser una broma. ¿Color favorito de Gilderoy?, ¿Mayor logro?, ¿flor que más lo favorece?
—Vamos a divertirnos un poco, veamos. Trabajo realizado por: Dante Morte y ... ¿Tu nombre completo?
—Harry Teseus Potter.
—Compartes apellido con uno de los fantasmas del coche.
—Somos hermanos por parte de padre. Yo soy el mayor. Por eso me llama bastardo.
—Es un idiota. Se ve a la distancia.
—Empecemos con el cuestionario. Prefiero no hablar de mi hermano.
— ¿Color preferido de Gilderoy Loockhart?
— El rosa —respondió automáticamente Harry.
— ¿Flor preferida de Gilderoy Loockhart?
—El narciso, haciendo honor al que debió ser su nombre.
— ¿Mayor logro hasta la fecha?
—Mmm... ¿aparte de ir bien peinado?
—Qué te parece poder juntar más de dos palabras —propuso Dante.
—Me gusta — admitió Harry. —Veamos, ¿Cuál es la ambición secreta de Gilderoy Loockhart?
—No tengo respuesta para eso.
—Yo tampoco, Dante. Como no sea contraer matrimonio con un hermoso esqueje de Lazo del diablo.
—Me gusta esa planta. La tengo en el jardín de mi casa — reveló. —Aunque yo pondría tener de cirujano plástico al sauce boxeador.
—No, así está bien. Lo que tú dices es el regalo de cumpleaños ideal. —Replicó Harry, señalando la siguiente pregunta. —Creo que podría llegar a hacerle una buena reconstrucción facial.
—No lo dudo —coincidió Dante. —Un verdadero cambio radical. Siguiente pregunta, ¿Cuál es el mayor logro hasta la fecha, que en tu opinión, ha conquistado Gilderoy Loockhart? —Dante suspiro. — Este cuestionario es una verdadera idiotez, una pérdida de tiempo. Y créeme, ha presenciado muchas idioteces a lo largo de mi vida.
—No puede esperarse otra cosa de un idiota. Debe haberle costado meses redactar este cuestionario, un gran esfuerzo.
—Eso es. Redactar este cuestionario es su mayor logro. —Escribió aquello en el cuestionario como respuesta. — ¿Prefieres que te llamen Harry o Teseus?
—Me es indiferente. Son pocos los que me llaman Teseus.
Siguieron respondiendo el cuestionario en esa misma línea, cincuenta y cuatro preguntas estúpidas a responder daban para mucho. Harry se estaba divirtiendo mucho con todo aquello, hacía mucho que no sucedía, a veces se le ocurría a él la respuesta indicada, otras era Dante quien daba con ella. Estaban haciendo un buen equipo al responder aquellas preguntas. Todo completamente divertido. Pasado el tiempo de respuesta, el profesor recogió los cuestionarios y les ordenó ponerse a leer. Muchos sacaron los libros del profesor, casi toda la clase, excepto Harry.
—Eh, ese libro no es de la materia —protestó Hermione mirando a Harry como si lo sermonease.
—El profesor dijo que nos pusiéramos a leer, no dijo lo que teníamos que leer.
Dante, que los observaba atento, soltó una risotada por la respuesta, sacando el periódico de la mañana y comenzando a leerlo siguiendo el ejemplo de Harry. Pasados unos minutos el profesor soltó otro auténtico rollo sobre las respuestas correctas felicitando a Hermione por acertar en todo el cuestionario y dándole puntos a Gryffindor. Luego hizo atraer la atención de la clase hacia la jaula.
—Ahora, es mi deber dotaros de habilidades contra las criaturas más horrendas que moran por la tierra. —destapó la jaula. —Duendecillos de Cornualles, recién cogidos.
—Dudo que los haya cogido él —murmuró Dante.
—Dudo que les guste estar encerrados —comentó Harry. — Un momento, ¿no irá a...? —Se puso en tensión al ver el gesto que hacia el profesor.
—Sí, lo va a hacer.
Y el profesor los soltó, provocando que se armase revuelo en toda la clase. Los duendecillos comenzaron a destrozar por completo toda el aula. Harry tuvo que ser rápido para proteger su ejemplar de la odisea, los libros de Loockhart eran completamente indiferentes. Le daba igual lo que los duendecillos hiciesen con ellos. Pudo ver al profesor esconderse bajo la mesa después que los duendecillos le quitasen la varita, ordenando a los alumnos que contuviesen a las pequeñas criaturas azul électrico. Lo que los dejaba peleando contra ellos, golpearlos y dejarlos inconscientes para poder dejarlos encerrados en su jaula. Al final, fue Hermione quien los inmovilizó a todos mientras que Dante se encargaba de rescatar a Neville al cual habían colgado en la lámpara. Cuando miró hacia el escritorio pudo ver al profesor encerrarse en su despacho.
(***)
Septiembre casi tocaba a su fin, Harry ya se había inscrito para las pruebas para el equipo de Ravenclaw; pruebas que tendrían lugar ese mismo sábado, después del entrenamiento de los Gryffindor, quienes habían reservado el campo hasta bien entrada la tarde. Lo cual a Harry le parecía absurdo.
A la hora prevista bajó al campo con el resto de aspirantes, encontrándolo por sorpresa vacío. Conocía de oídas la obsesión del capitán de Gryffindor por el Quidditch y por ganar, así que le parecía raro no tener que estar recordándole los horarios. Sin hacer preguntas y feliz por no tener que perder el tiempo siguió las indicaciones de su capitán. Primero los hizo dar una vuelta por el campo, después les planteó una serie de obstáculos y por último los hizo enfrentarse en velocidad. Finalmente de los siete que se presentaban para buscador quedaron Cho Chang, una chica de tercero, y él. El capitán los hizo enfrentarse en un duelo como si fuese un partido real. Cho volaba en una cometa, una buena escoba potencialmente competitiva en buenas manos; Harry había escogido unas la Nimbus 2000. Había recibido el mes anterior el modelo 2001, cortesía de la empresa Nimbus por ser accionista, pero había preferido usar el modelo menos nuevo. Así que la competición iba a la par. Eso le gustaba a Harry, quería ganar ese puesto pero no con facilidad. Podía sentir el aire y contenerlo para propulsarse pero cuidando de no hacerlo más de lo que la escoba podía lograr por sí misma. La snich giró, el cambio favorecía a Cho, más no estaba todo dicho. Harry se pegó al palo de la escoba y estiró uno de los brazos, envolviendo la snich con la mano unos segundos antes que su contrincante.
—Harry será nuestro buscador —sentenció el capitán. —Cho será la suplente. Os quiero a ambos en los entrenamientos, que nadie sepa quién jugará.
—Sí, entrenador —respondieron ambos al mismo tiempo.
—Chang, cómpratñe una escoba más actualizada; el equipo de Slytherin tiene escobas nuevas, definitivamente podrás competir con eso con la cometa.
—Yo puedo regalarle el modelo 2001 —dijo Harry. —No tengo necesidad de tener dos escobas, y la 2001 está sin estrenar.
—Pero te quedas tú con la peor, Harry —Observó Cho.
—No es peor, la diferencia es sólo de diez kilómetros por hora; en óptimas condiciones. Nada que con práctica no pueda corregirse.
— ¿Para qué compras una escoba si no la quieres? —cuestionó uno de los golpeadores.
—No la compré. La empresa Nimbus me la regaló por ser uno de sus accionistas.
—Me gustaría compensarte de alguna manera por la escoba, Harry —manifestó Cho.
—Simplemente promete que le sacarás partido.
—Lo prometo.
Después de esa selección siguieron unas horas más de entrenamiento, con un cazador y un guardián extras hicieron dos equipos para enfrentarse entre sí; de esa forma se entrenaban en un partido simulado. Terminaron de jugar cerca de la hora de la cena, así que se apresuraron a dejar las cosas en la sala común y bajar al gran comedor. Al sentarse en la mesa pudo ver al grupito de Draco Malfoy reírse mientras señalaban a los de Gryffindor; y en la mesa de Gryffindor, el fiel escudero se su hermano vomitaba babosas..
—Lo vi esta mañana mientras buscaba Nargles —dijo una chica rubia con aire soñador. Era una alumna de primero. —Se metieron con ese rubio de Slytherin llamado Malfoy porque su padre donó al equipo de Slytherin las nuevas escobas del mercado. El rubio contraatacó haciendo un comentario ofensivo sobre la pobreza del pelirrojo y cuando el pelirrojo trató de hechizar al rubio, su varita rota se volvió en su contra.
—Así que Malfoy compró su puesto en el equipo —sintetizó Terry Nott.
—En apariencia puede parecerlo —reconoció Harry. —Pero lo dudo. Los Slytherin son muy competitivos, quieren ganar. Así que las escoban aunque les beneficien no se arriesgarían a tener un mal jugador. Puede que Malfoy haya hecho un generoso donativo, pero no estaría dentro sin haber demostrado cierto talento.
—Además las pruebas de Slytherin fueron la semana pasado —comentó Penelope Clearwater adhiriéndose a la conversación. Estaba bien informada pues una de sus mejores amigas era prefecta de Slytherin. —Recibieron las escobas hace dos días.
—Caso resuelto pues —dijo Harry. —Por cierto, ¿Cómo te llamas? —preguntó a la chica rubia.
—Luna Lovegood, ¿puede unirme a tu grupo de estudio aunque sea de primero?
—Por supuesto.
Esa misma noche, estaba tumbado sobre su cama mirando al techo cuando escuchó un susurro lejano; "libre al fin... deja que te desgarre y despedace, déjame matarte". Se incorporó de golpe. Le había parecido que las palabras eran sibilantes, como la de las serpientes. No había ninguna en el dormitorio. No había nadie excepto él. Era todo muy raro.
