Una nueva vida

Fue sólo un instante, pero estaba segura de lo que vio.

La noche estaba tan oscura que Yui no podía más que distinguir formas vagas en la habitación; desde su cómoda posición en la cama de Reiji, bajo las sábanas de Reiji, y en los brazos de Reiji. Daba igual, estando las cosas como estaban, su situación actual no podía ser más perfecta. Por ende, y en lo que a ella respectaba, el mundo podía besarle el culo e irse a la mierda.

De pronto, el viento movió las nubes y descubrió una hermosa luna llena. La luz de la luna bañó la alcoba entera de ese hermoso brillo azul que tanto le gustaba. Pero tan pronto como se fueron las nubes, regresaron a donde estaban. Fue un espectáculo precioso y fugaz, una de esas pequeñas maravillas cotidianas que endulzan la vida. Sin embargo, Yui estaba algo distraída con cierto detallito.

En el marco de la ventana, con la luz de luna como reflector, y con un pié colgando hacia afuera, estaba Ayato Sakamaki, sonriéndole como siempre.

-A… Ayato…- Lo llamó en un susurro. Estaba tan nerviosa que hasta su voz la había abandonado.

El chico de la ventana no hizo más que sonreír y guiñarle un ojo. Luego, el viento comenzó a soplar fuerte, y otra nube opacó a la luna por un momento. Fue sólo por unos segundos; pero cuando se fue, la ventana estaba sola.


Se giró inmediatamente para intentar despertar Reiji y alertarlo de la situación extraña, pero por más que lo moviera, el hombre no reaccionaba. Bueno, por lo menos ahora sabía que su amado tenía el sueño muy pesado.

Siguió intentando por un tiempo, pero de verdad que parecía un muerto, y encima uno pesado. No tardó mucho en cansarse de estarlo moviendo con todo lo que tenía. ¿De verdad era necesario hacer todo eso? Es decir, aunque Ayato realmente siguiera vivo, no había hecho nada hasta ahora.

Quizá no era tan importante que Reiji lo supiera tan pronto.

Quizá… Sólo se lo diría por la mañana…

Quizá…

Quizá…


Al despertar, Yui estaba tumbada en un rincón de una habitación oscura. O de un lugar oscuro. No lo sabía. No se podía ver nada. No había luz ni viento. Tampoco había sonido no señal alguna de otra presencia. Era como estar en la nada. En el completo vacío.

Sensación que reconocía a la perfección.

"Yui"

Oyó el esperado llamado. Y luego esa figurilla de luz azulina iluminó la habitación, tenuemente.

Yui sonrió, con cálida nostalgia.

-Señora Beatrix ¿Cómo está?

-Bastante bien, linda.- La figurilla pasó la mirada por todo el lugar. –Y debo decirlo ¡Me encanta lo que has hecho con este cuarto!

Sin entender lo que pasaba, Yui volteó de la misma manera. Y de inmediato lo vió. Esta vez no estaban en el cuarto que esa mujer le había dado en vida, sino en la lujosa alcoba que ahora compartía con su amado.

-¡Señora, el cuarto ha cambiado! ¿Por qué?

-Porque este sitio no es tu habitación, sino el lugar al que llamas "habitación". El lugar en el que te sientes más segura, y con el que más te identificas. Es sólo un sitio en tu mente.

-¿Y ahora es… nuestra alcoba?

-Así es. Has aceptado este lugar como tu nuevo refugio, y ahora será este el aspecto de la recepción espiritual.

-¿La recepción espiritual?

-Oh, será mejor que la mujercita extraña te lo explique ¿Cómo se llamaba? La anciana, amiga de ese chico apuesto y desnudo.- Dijo la figurilla de luz, apuntando a su amado durmiente, con sólo una sábana cubriendo su desnudez. Aparentemente, cuando Yui se imaginaba algo, lo imaginaba al detalle.

-A… Agatha…

-¡Esa misma! Mi niña, por esta noche, mi visita debe terminar.

-¿Nos volveremos a ver?

-¡Claro que si! Es parte de tu nuevo ser. Pero mis energías son limitadas, y mantener esta conexión es bastante costoso en ese aspecto. Por hoy, debo partir.

-Espero pronto verla, señora.

-¡Oh! Antes de irme… -Mencionó. Luego, su semblante y tono se volvieron completamente serios.

–No dudes de lo que has visto esta noche. Y nunca le ocultes nada al hombre que has escogido como tu compañero.

-No entiendo…

Cuando despertó, el sol iluminaba suavemente la gran habitación, y aun aire fresco entraba por los grandes ventanales abiertos. En su ciudad se oiría el ruido del tráfico mañanero; pero en ese pueblo, todo lo que se oía era el suave trino de las aves y los árboles meciéndose. El ambiente idílico que parecía gobernar su vida desde hacía unos meses no daba señas de desaparecer.

-¡Por fín!- Dijo su amado, desde la puerta, con un marcado tono de alivio.

-¿Por fin?

-Por fín has despertado- Caminó hacia su lecho, y se sentó a su lado.

-¿A qué te refieres? ¿Tan tarde es?

-Tardísimo, diría yo, mi amada. Has dormido por tres días.

-¡¿Qué?!

-Relájate, si hubiera algún peligro para tí, no estaría quieto ¿Verdad?

-Bueno, si.

-Pero sí que tenemos un gran retraso en nuestra agenda social. Ve a bañarte, lo primero será ir a visitar a Agatha.

"Agatha…" Pensó Yui. En su sueño, la señora Beatrix le había dicho que tenía que hablar con ella para que le explicara eso de la "recepción espiritual"… Su sueño… ¿Qué habrá querido decir Beatrix con eso de no dudar de lo que vió y de no mentirle a su comañero? Se refería a Reiji, seguro ¿…O No?

Y antes de eso… Ayato…

-Guapa, es para anteayer.

-Claro, disculpa. Ya…

"Nunca le ocultes nada"

La advertencia de Beatrix palpitó en su cabeza. Yui se detuvo un momento. De pronto, todo estaba claro.

-Reiji, antes que nada, tengo qué contarte algo.

-Te escucho, guapa.

-Anoche…- Comenzó a hablar, pero se detuvo pronto. Sabía que lo que había visto era imposible. Y Reiji no era un amante de las tonterías ni lo absurdo ¿Y si se lo tomaba a mal?

"No dudes"

-¿Qué pasó anoche?- Rió su amado.

-Anoche… Lo ví. En la ventana. Ví a Ayato sentado en la ventana.

El semblante de Reiji se tornó serio.

-¿Y qué te ha dicho?

-Nada, aunque lo llamé por su nombre. Sólo me guiñó el ojo, y se fue.

-Ya veo… Por eso dormiste tanto…

-¿Por qué?

-¡Pues por haber soñado de manera tan intensa!- Dijo entre risas, quitándole importancia a lo que dijo.

-Pe… Pero…

-Anda, apúrate a bañarte.- Caminó hacia ella, y cuando la tuvo entre brazos, le susurró. –Te alcanzaré.

Yui no dijo nada, sólo se fue. Confundida y sonrojada.


Se que estás ahí. Payaso. –Dijo Reiji, en cuanto sintió a Yui lo suficientemente lejos. –Sal de sonde estés, o atente a que te encuentre.

En ese momento, "Ayato" entró por la ventana.

-¡Maldito amante de las tazas! ¡Te robaste a mi chica!- Le gritó el vampiro, de manera teatral y burlona. Reiji lo tomó por el cuello de la camisa, y le quitó la peluca pelirroja a sacudidas; revelando su un poco mas larga melena castaña.

-¿Cuándo demonios volvieron?- Le dijo enojado, pero claro, sin perder la compostura.

-¡Oh no! Sólo yo me he adelantado. Los demás vuelven hasta mañana, como estaba planeado.

Maldición. Ahora sólo tendría unas horas para explicarle todo a Yui, y nada mas que la esperanza de que la pobre chica pudiera asimilarlo en tan poco tiempo. ¿Qué clase de compañero podía ofrecerle si dejaba que la situación se le fuera de las manos con tanta facilidad?

-Oye… Reiji…

-Silencio.

-Con gusto, en cuanto me sueltes.

Reiji abrió la mano con indiferencia, el vampiro cayó de sentón en el suelo. Tomó su peluca, y se levantó.

-Ahora piérdete, payaso enfermo.

-¿Sería un gran problema si me pierdo hacia tu regadera?

-¿Vas a probar?

-Bah, nunca eres divertido.

-Laito, espera.- El vampiro no dijo nada, pero detuvo sus pasos. –Asegúrate de volver a esa gorra morada. Me divierte lo ridícula que se te ve.


Breves señales de vida mostraron esa madrugada tanto la escritora como uno de sus relatos.

-Matta nee.