Disfrutad de la Locura de STYMMHC :D

Disclaimer: los personajes de DN no son míos

Se giró por décima vez, sin que Morfeo acudiese a su desesperado llamado. Estaba agotado, ese día había sido fatal. De todo lo que implicaba su trabajo, ver la escena del crimen era lo que menos le agradaba. Ver las atrocidades de los asesinos causaba que la bilis subiera y tocara las puertas de su boca. Esa jornada, una mujer caníbal había descuartizado y cocinado a sus dos hijos. Era lo peor que había visto en años. Y vaya si había visto casos aberrantes. Esos seres no eran humanos, sino depravaciones de la naturaleza. Gente así debería desaparecer del mundo. Los dioses de la Muerte deberían exterminarlos a todos.

El colchón tenía el relleno desgastado, y creía que estaba durmiendo sobre madera. El joven cambió de posición nuevamente, se había colocado de costado, de espaldas a la puerta. No, no había sido una buen idea tomar café antes de comer, ahora no se podía dormir. Cruzó los brazos, aún en esa postura. Su cabello castaño estaba alborotado, lucía como Ryuzaki. Respiró con fuerza, esperando a que el sueño lo atacara de improvisto.

Chasqueó su lengua, reseca. No tenía ganas de levantarse a buscar agua, no disfrutaba de ese plan. Una brisa fría de la ventana hizo que se estremeciera, y se tapó hasta el cuello con las colchas rojas. Ventana maldita. Maldito Londres, con sus nueve meses de frío inacabables. Si no dormía vestido como para ir a Rusia, se congelaba. Incluso en Japón hacía menos frío. Bueno, ya que no iba a dormir, podía pensar en todas las cosas irrelevantes que eludía durante el resto de las horas. Sus principales pensamientos giraban en torno a estas ideas: Watari cocinaba de maravilla, Near era un bastardo, L era excéntrico y orgulloso. Dios mío, su hermano cuando quería, era más pesado que un yunque. El pequeño demonio era igual a su padre, con la distinción de que era ochenta veces más rompe bolas. Si tuviera que elegir, no podría decidirse quién lo irritaba más.

Aparte, ese niño era aterrador, en determinado modo. Era preocupante la cuestión con su amigo imaginario. Ese Mello era espeluznante. ¿Cómo un crío podía imaginar a alguien tan macabro? Aunque, no era de extrañar, sabiendo por lo que había pasado, y las experiencias turbulentas que había pasado. ¡Ah! ¡Joder! ¡Justo tenía que acordarse de ese niño! Un temblor desde la punta del dedo hasta la frente, que se había cubierto de sudor frío de sólo mentalizar ese terrorífico acontecimiento. La imagen en vivo había vuelto, y podía captar cada uno de sus fragmentos. Matt tirado, los cables en su cuello. Bien, cerebro, gracias. El flashback de la asesina caníbal volvió, fusionándose con el del niño, teniendo como resultado un retrato que hizo que casi hizo que su corazón sufriera un paro. Clavó las uñas en su grueso pijama rojo, despojándose de esos lóbregos cuadros.

Ya iban a resolver el caso, no debía alarmarse. Darían con el criminal pronto, y se encargaría personalmente de darle la pena capital. Pero eso sería mañana, le dolía la cabeza, y si intentaba investigar, no daría con deducciones eficientes ni productivas. Debía descansar. Si estaba cansado su cuerpo no funcionaría como debía y eso era un impedimento de sus habituales obligaciones.

Entonces, sintió la inquietante presencia de alguien más con él. Una persona estaba parada en el umbral, estudiándole. Podía oír su entrecortada respiración, y un aliento pútrido que llenaba la alcoba. Era ridículo, estaba solo en su pieza. Su hermano dormitaba en la de al lado, y Near en la consiguiente. Los búhos ocasionalmente emitían un sonido, y el batir de las alas de los murciélagos en los intervalos de éstos, apartaban al silencio completo. Sería irracional suponer que había espíritus o que un ladrón/asesino había ingresado al interior de la vivienda. Ya estaba teniendo paranoias sin sentido. Abandonó la vaga alucinación de que estaba acompañado.

Lentamente, sus músculos dejaron de tensarse, y una paz le sonsacó un suspiro suave. Al final, el Dios del Sueño tan aclamado había llegado. Paulatinamente, la oscuridad iba abrazando al joven, estrechándolo entre sus brazos de la inconsciencia y la ilusión, a la tregua merecida. Con sutileza, su respiración se iba calmando, sus orificios nasales no se expandían al exhalar. Sus extremidades cayeron con pereza. Cuando iba a caer sumergido en el país de los sueños, unos chillidos afligidos lo sacaron de su somnolencia.

_ ¡AUXILIO! ¡AYUDA! ¡DETENTE! ¡AHHH! ¡AYU-AYÚDENME!_ De inmediato, se levantó, apartando las colchas, resbalando de la cama. Tropezó y se apoyó en la mesita de luz, tratando de escuchar los llamados de auxilio. El corazón, en la garganta. El alma, a los pies.

_ ¡PAPÁ, AUXILIO! ¡TÍO! ¡WATARI, ALGUIEN POR FAVOR! ¡AHHH! _ ¿Ése era Near? ¿Acaso ése que gritaba era su sobrino? Los gritos se prorrogaron, al extremo de convertirse en aullidos de pavor. ¿Qué diablos?...

Se puso de pie, y corrió a la habitación de su sobrino. ¿Sería que el asesino había vuelto? ¡Dios! El pasillo se transformó en un túnel eterno que no tenía fin. Las paredes se fueron estrechando, como en una de esos paisajes que tenían efecto de perspectiva. A duras penas, consiguió trotar, con las manos tocando los muros, pretendiendo usarles como soporte. Para colmo, la puerta se topaba trabada, era incapaz de abrirla. El picaporte no giraba, no le permitía entrar. Los aullidos desenfrenados perpetuaban, violentando sus tímpanos, parecía como si los estuviera escuchando e su propia cabeza. Enardecido, pateó dos, tres veces la madera, consiguiendo que cediera, introduciéndose con torpeza al cuarto.

_ ¿¡QUÉ OCURRE!? ¿¡QUÉ PASA!? ¡NEAR! ¿¡QUÉ TE PASA!?_ soltó Yagami, enloquecido. Una arritmia estaba a punto de asaltarle. Sus piernas se aflojaron, en un patético intento de mantenerse sobre la tierra.

Para su sorpresa, el niño lo miraba confuso, sentado en la cama. Sostenía contra su cuerpecito sus dos peluches. Las piernas estaban cuidadosamente apoyadas en almohadones, tapadas por voluminosas sobrecamas blancos. Sus esferas decoradas con marrón no daban crédito a lo que le enseñaban. Sus labios no temblaban de los chillidos. No temblaba, no lloraba. No tenía heridas, ni lucía asustado. Estaba perfectamente. No tenía nada.

_ ¿¡ESTÁS BIEN!? ¡ME TIENES QUE ESTAR JODIENDO! ¿¡POR QUÉ RAYOS GRITABAS!?_ Exclamó, enrojecido e incrédulo. ¿Otra vez, ese pendejo manipulador lo estaba atormentando? ¿Era alguno de sus jueguecitos? En esta circunstancia se había ido a la reverendísima mierda.

_Pero, tío, yo…

_ ¿¡QUÉ MIERDA TIENES EN LA CABEZA!? ¿¡CÓMO SE TE OCURRE ASUSTARNOS ASÍ!? ¿¡EN QUÉ ESTABAS PENSANDO!?

_ ¿Estás bien, Light? ¿Qué clase de droga te tomaste?_ Le preguntó, apabullado el niño. La yugular del mayor se hinchó como si de una rueda de carro se tratase. Nunca lo había visto en ese estado tan calamitoso. La ropa desordenada, el pelo hecho una maraña, los globos oculares inyectados en sangre, descalzo y pálido. Ahí se podría opinar que tenía un parentesco con su padre. En una condición muy perturbadora. Tenía una pizca de atrocidad en su ser. No… No era su aspecto de recién levantado lo que inquietó al albino, sino sus ojos. Lucían… Diferentes. Raros. En vez de tener el característico reflejo café de hombre hecho y derecho, poseían un centelleo rojo. Sí, no estaba desvariando, de sus matices emanaban unos destellos rojos. Esos no eran los ojos del maniático de la justicia que creía conocer. Más bien, eran los de un asesino. De alguien sumido en la más completa y absoluta locura.

_Light, ¿Near? ¿Se puede saber qué es este concierto de gritos? ¿Qué les pasa? _ Ryuzaki había llegado para salvar con su magia intelectual y mediadora la contingencia. Súper L al rescate.

_ ¿No lo has escuchado gritar?_ cuestionó, un cacho menos histérico, dirigiendo su vigilancia hacia su hermano. ¿Cómo no había podido oírle, con tamaño escándalo?

_Al único que estoy escuchando bramar a los cinco vientos es a vos, Light_ respondió L con monotonía (producto de su sueño interrumpido abruptamente), causando el parpadeo de un perplejo castaño. ¿Estaba sordo o se hacía el imbécil?

_ ¿No lo oíste gritar como marrano?

_Tío Light, te estaba diciendo que…

_ ¡TE CALLAS! ¿Y, LO OÍSTE O NO? ¡DEJEN DE JODER CONMIGO LOS DOS! ¡ESTO VA EN SERIO!_ Exclamó, colérico. Estaba cansado de que lo emplearan así. No, él no era la marioneta de nadie. No podían estar tan idiotas como para creer que podían provocarle un mini infarto y encima, confundirlo de esa manera tan ruin e infame. Eso, además de herir a su sagrado orgullo, iniciaba un arranque de rabia. Su frialdad y amabilidad se iban al traste cuando Amon* hacía colapsar los hilos de su trabajada cordura.

_Cálmate, Light. No, no he oído nada._ Ryuzaki se levó un dedo a los labios. Yagami estaba encolerizado. ¿Qué estaba diciendo? Near y él habían estado durmiendo hasta recién, cuando su elevado volumen de voz traspasó las paredes duras.

_Tío, te has confundido._ Los dos hombres prestaron atención al albino, quien enrollándose un crespo níveo en su índice les dijo:

_Yo no he gritado. Has estado alucinando. Parece que te estás volviendo loco, Yagami._

Hubo un corto silencio en el que ninguno de los tres se atrevió a agregar algún aporte a esa declaración. Tenso y sudando la gota gorda, el joven musitó sobresaltado:

_Yo no estoy loco. De verdad lo oí gritar.

_ Te creo, Light. Debes de haber tenido una pesadilla, y al despertar, creíste que era real. No controlabas tu sentido de la realidad, no te preocupes, eso es normal._ Analizó objetivamente el mayor. Near estaba sentado en su colchón, sin pestañar ni apartar la mirada. Los atisbaba como a dos seres extraterrestres venidos de Marte, con antenitas y rayos láser. Y era compresible. ¿Qué demonios se había tomado Yagami? No había escuchado nada de su hijo que no fuera un escueto "Buenas noches, padre". Y eso había sido hacía un par de horas. Por el amor a las fresas, debía pedirle a Watari que comprara pastillas con sedantes. Ojalá que con eso Light se serenara, si es que volvía a sufrir otro ataque como estos.

_No, no era una pesadilla. No estaba durmiendo, yo tenía insomnio. Estaba lúcido y pude escuchar cómo chillaba tu hijo pidiendo auxilio. No estoy loco, les estoy diciendo la verdad_ reclamó el castaño. ¿Y lo tachaban de loco? No, inadmisible.

_Está bien. Puede ser que la serie de recientes acontecimientos te haya perjudicado más de lo que esperabas, y estás sufriendo las proyecciones que tu propio subconsciente crea para manifestar tus sentimientos de pánico reprimidos. En otras palabras, Light, quedaste muy tocado por lo que pasó con Matt y ahora estás paranoico. Lo aconsejable sería que fueses a dormir. _ replicó con paciencia y gracia L, tratando de sonar lo más consolador y respetuoso posible, aunque su falta de emoción en la voz no lo dejaba.

_ ¡No! ¡Yo pude escucharlo! No me traten como a un enfermo, ¡Near estaba gritando! Mañana mismo vas a ir a un médico, jovencito._ Sentenció, fatigado. Toda la descarga de adrenalina que había recibido con el susto se había esfumado. Un cansancio feroz le pesaba en su columna.

_Me parece que tú lo necesitas más que yo, Tío. Yo no estoy imaginando cosas_ lo confrontó el menor. Su insolencia iba a conquistar la impaciencia del otro. Cual un torero poniendo la bandera roja delante del toro. Si lo seguía provocando, iba a haber una trifulca.

_Bueno, ya basta. Me tenéis podrido. Hermano, vete a la cama, aquí no pasó nada. Near, ¿Quieres que te lea para que puedas volverte a dormir? Aparte, mañana tenemos que ir con la doctora para la revisión de Near, así que médico puede haber para todos_ El moreno trató de sosegar a la fiera castaña y al mismo tiempo, confortar a su hijo. Él es quien había quedado más impactado con esta ridiculez. Ofuscado y emperrado, Light se retiró de la alcoba, dando un portazo. Padre e hijo se encogieron de hombros.

_Se le ha zafado un tornillo_ comentó el albino. Estaba convencido que su tío había consumido una droga muy potente. Rogaba al Universo a que a la mañana siguiente los efectos hubieran desaparecido. Su padre sonrió con parsimonia.

Se arrimó a uno de los estantes y tomó un clásico libro de cuentos. Se arrimó donde estaba el inválido Near, se acostó a su lado, y como todo buen padre de película yanqui, le leyó varios cuentos de fantasía hasta que se quedó dormido. L y su retoño/oveja se sumergieron en un plácido sueño. Abrazados como un par de ángeles durmiendo en las nubes blancas del cielo. Las alas del más viejo resguardaban al querubín de rizos color leche.

oOo

Horas más tarde, casi al amanecer, Light dormía en su dormitorio, con el ceño fruncido y una mueca de resentimiento. De repente, una mano descarnada, de dedos largos y descompuestos, acarició su cabeza, enredando sus finos cabellos pardos entre ellos. Pertenecía a un ser masculino de ropas rasgadas, ennegrecidas por el paso de los tortuosos años. Sus irises de matiz rojo carmesí se posaron en él, se deleitó con malicia, con sus uñas roídas raspó el cuero cabelludo del detective.

Y azuzándole en sueños, desprendiendo un aliento a materia orgánica en descomposición, le susurró con vocablo casi inentendible:

_Buenas noches, mi buen Kira.

oOo

Me costó mucho escribir esto, estoy agotadísima. Muchas gracias por leer y dejar sus comentarios bienvenidos.

Saludos, SYTMMHC

*Amón: Demonio referido a la Ira.