Crepúsculo no me pertenece.

Lol y Lel. Este será mi cap. Favorito. Como no me llegaron tantos reviews como quería (XD) las castigaré con lo siguiente:

Vanessa POV:

Presenciando esta escena de drama, me sentía capaz de ir por palomitas y sentarme en el sofá a disfrutar de esto. Pero en cuanto la tensión acumulada se liberó, la diversión del momento se me esfumó repentinamente.

- Jack… No estás en posición de ordenar nada – Dijo mi hermanito, con autoridad.

"¡No tientes la suerte, niño tonto!" Pensé, como si pudiera oírme.

- ¡Claro que estoy en posición! ¿Acaso no tengo derecho a reclamar a mi mujer? – Jack estaba furibundo. Conocía su temperamento, era como un elefante, adorable y sumiso, pero al enojarse liberaba demasiada presión.

Enredé mis brazos en su pecho y lo aparté de Bella.

- Jack, basta. No quieres herir a Bella ¿Verdad? – Susurré en su oído, con esa voz suave con la que hablaba cuando intentaba convencer a alguien de algo.

- N-No – Tartamudeó, soltando ligeramente los brazos de Bella, pero sin liberarla realmente.

- Entonces, relájate, y suéltala – Le ordené con suavidad. Y pues sí, lo hizo.

Suspiré, y con calma lo eché para atrás para sentarlo en el sofá. Edward y su familia estaban preparados para intervenir si se presentaba algún problema, y agradecía eso. Bastante considerando que de las trece personas que habitamos aquí, quizá era yo la que más los quería fuera de aquí. No podía estar con ellos mucho tiempo, me ponían de los nervios. Solo Carlisle llegaba a caerme bien. Se mantenía a raya. Nicole me había comentado que la chica que parecía un pequeño duende había hurgado en su guardarropas y estaba gritando como enloquecida por sus diseños. Nicole era muy buena, adorable y amable con casi todos, pero estábamos en situación de crisis y eso la cambiaba y afectaba.

- Muy bien, Jack – Le dije, me senté a su lado, otra vez. Él hizo un esfuerzo para sonreírme, pero no lo logró, ni de cerca.

- Bella, no te preocupes, no estás presionada a nada, Jack solo tuvo uno de sus arranques – Murmuró Marcos. Suspiré.

- Salvo que este estuvo más que fuerte. Deberíamos encerrarlo en el psiquiatra. – Se burló Nick, tratando de alivianar en ambiente. El muchacho con nombre Emmett, se echó a reír a carcajadas. Podía ver que se llevarían bien si pudieran intentarlo. Volví a suspirar.

- Nick, mejor cierra el pico – Susurró Jennifer, burlonamente.

- Tú ciérralo –

- No, tú.

- Tú.

- Tú.

- ¡TÚ! – Chilló Nick, todos los demás se reían silenciosamente. Hasta mi rostro mostró una mueca divertida. Los Cullen también reían, todos salvo Bella, que solo sonreía, aún en su pequeño trauma. Hasta mi pequeño ángel humano, Maximiliano se había aparecido a disfrutar la broma. Parecía que Jack había olvidado el tema. Por fin Nick hizo algo bueno con su humor.

Pero el ambiente feliz no duró mucho. Nicole levantó las orejas blancas hacía la puerta. Yo también lo escuchaba, todos lo hacían. Se detuvieron las risas y todos los sonidos, solo se escuchaba en la habitación la respiración y corazón de Max. Unos pasos se oían desde afuera.

Eran demasiado sigilosos para ser un humano, y demasiado elegantes para ser de un animal. Eso solo significaba algo. Alguien inmortal se acercaba.

- ¿Quién es Jack? – Preguntó Marcos. El interpelado cerró los ojos y miró hacia el futuro. La pequeña duende pareció hacer lo mismo. Mmm…

Entonces, Jack empezó a jadear y a moverse asustado.

- ¡Alexander! ¡Alexander! – Empezó a chillar. Oh, no…

Pero no reaccioné a tiempo.

- ¿Alguien dijo mi nombre? – Murmuró una voz, atractiva y suave… Su voz…

- Alexander – Murmuré, gruñendo frenética. ¡Ese maldito traidor! ¿¡Como se atrevía a venir aquí tan tranquilamente? (N/A: Si no lo he mencionado antes, Alexander es el vampiro cazador que tiene a los padres de los hermanos Van Helling, no los liaré tanto)

- Hola, hermosa. ¡Te ves muy bien, la eternidad te ha sentado de maravilla! – Se acercó muy campante, pero, justamente para salvar el día Erick lo empujó lejos de mí.

El ambiente se llenó de ira. Mi clan estaba encolerizado, gruñían frenéticos, los licántropos estaban en sus últimos límites.

Nuestros invitados estaban asustados y confundidos. Ellos no tenían idea.

- Oh, cariño, no hace falta tanta fanfarria por mí, vengo con bandera blanca – Dijo, tranquilamente sentándose en el sofá a mi lado. Me levanté, a lo que él frunció el ceño. Maximiliano estaba con sus ojos que destilaban fuego. Él sabía que él tenía cierto amor por mí, pero lo pasaba por alto ya que el deber le importaba muchísimo más.

- Ve al grano ¿Qué quieres? – Pregunté, mirándolo. Bella ya se había lanzado a los brazos de Jack. Ella nunca había visto a Alexander y por las historias que le habíamos relatado, era de suponer que estaba asustada. Edward estaba también a su lado, la ira de Jack impedía protestar ahora.

- Mmm… Lo sabrás más tarde… Ahora, veo que tu familia ha crecido. ¡Marcos, hermano, tanto tiempo ha pasa… - Pero mi hermano le arañó la mano cuando él se la estiró para estrechársela. – Está bien, está bien… - Murmuró.

- Si, lo ha hecho. Me he adaptado bien. He superado tus expectativas. – Le comenté, intentando parecer tranquila.

- En efecto. Y… - Estaba examinando toda la sala y la mirada se paró en mi novio. Enseguida sonrió burlón. - ¿Con que este es el humano que quiere tomar mi lugar? – Max le frunció el ceño, valientemente.

- ¿Tu lugar, Alexander? Já, no me hagas reír – Me burlé.

- Lo era, el destino lo decidió. Pero tú tuviste que esquivarlo – Sonrió, maléficamente.

- Y tú tuviste que ser un orgulloso y secuestrar a la única familia que tenía. ¿Sabes lo que implica una relación seria, como la que quieres? Amor. Y eso, idiota, es algo que no posees. – Le gruñí, fría. Era un golpe que sabía, le iba a molestar.

En efecto, fue así.

Él saltó sobre mí, tratando de alcanzar mi corazón o cuello, lo que le venga más conveniente. Pero él había cometido el error de olvidar que yo no era un vampiro cualquiera. Le mordí el cuello en un reflejo involuntario. El se echó atrás, con la garganta embarrada de sangre. Me relamí los labios, repletos de su sangre. El sabor, a mi gusto, era muy malo.

Nuestros invitados inhalaron fuertemente al ver esa muestra de salvajismo por mi parte.

- Piensa bien lo que vas a hacer, Alexander. O te arrancaré los miembros y te sacaré la cabeza con ellos ¿Entiendes? – Le amenacé, gruñendo. Maximiliano observaba tranquilo, ya que estaba acostumbrado a esto, y un toque de satisfacción por ver que su "rival" estaba jadeando con la mano en la herida.

- Ahora que estamos todos tranquilos ¿A qué viniste? – Pregunté, tranquilamente. Él, aún con el esfuerzo del jadeo, respondió.

- A ofrecerte un trato. – Sus ojos amarillentos me observaron.

- ¿Qué clase de trato? – Inquirió Marcos por primera vez en toda la escena.

- Uno simple.

- Habla. – Ordenó mi hermano.

- ¿Ustedes solo desean la libertad de sus padres, verdad? – Asentimos rápidamente. – Bien, se las daré. Pero quiero algo a cambio…

- ¿Qué quieres? – Pregunté, interesada.

- Quiero que seas mi esposa. – Y eso rompió la tranquilidad de mi prometido.

- ¡Jamás! ¡Ella no se casaría con basura como tú! ¡Eres repugnante, una rata… Un… Un… Ugh! – Maximiliano empezó a despotricar como loco. Alexander lo miraba con sorpresa, al ver un humano tan seguro y valiente de hablarle de esa manera. Pero sabía que no lo iba a permitir. La propuesta me dejó atónita, pero no lo demostré.

- No me arriesgaré a morir ahora tratando de matarte, niño torpe. – Le dijo, burlón. - Mi oferta es esa, acéptala o recházala, Vanessa, querida. – Sonrió él. Le fruncí el ceño.

- No te daré una respuesta ahora. – Le contesté.

- Bien, tus padres están perfectos, quizá algo hambrientos, pero apenas aceptes mi oferta… - Le gruñí para que dejara de parlotear. Mi respuesta aún no estaba dada. – Claro, lo siento.

- ¿Deseas algo más, querido falso amigo? – Pregunté suavemente deseando que se largase. Teníamos ya demasiados problemas y ahora él venía me presentaba uno más.

- Tantas cosas… - Murmuró observándome. – Pero en este momento no están a mi alcance, así que supongo que no.

- Vete, pues. – Murmuró Max, fríamente.

- Niño torpe, agotas mi paciencia – Y Alexander seguía burlándose de él.

- Y tú la mía, Alexander, ya vete de aquí. Nadie te quiere aquí. – Dije con afirmación. Él se puso la mano en el corazón, teatralmente, como si estuviera herido.

- Oh, que decepción… En tal caso, será mejor que me vaya. – Dijo, levantándose del sofá. Pasó al lado de mi hermano sin arriesgarse a saludarlo.

- Te daré un mes para responder, querida. – Y con ese ultimátum, escapó por la puerta, perdiéndose en el bosque.

Toda la tensión en el ambiente fue liberada bruscamente. Los licántropos dejaron de temblar. Pero sabía que tenía que dar una explicación del tamaño de una casa, a nuestros invitados. Y fue así.

- ¿Quién era él, señorita Van Helling? – Preguntó Carlisle.

- Un traidor. – Contesté, simplemente.

- Si no es molestia, quisiéramos saber a qué se enfrentan, ya que estamos en su casa, queremos saber su historia. – Susurró. Suspiré, derrotada y me senté en el sofá. Como si fuera una maestra con el libro de Caperucita Roja, todos se agruparon sentándose en los sofás y algunos en el suelo. Mi hermano se sentó a mi lado para respaldar mi historia.

- Fue hace siglos, Marcos y yo éramos hijos de la familia real vampírica, pero, al ser nuestra madre humana heredamos una humanidad muy fuerte, no dando signos de ser vampiros ni híbridos. Nuestros padres no nos comentaron jamás lo que eran, ya que no querían que nos sintiéramos diferentes. Asistimos al instituto, como cualquier humano en esa época. A la edad de quince años, conocí a Alexander – Maximiliano se tensó repentinamente. – Nos hicimos amigos, íbamos de paseo al parque, y yo lo invitaba a tomar el té por las tardes. No dio signos de cambiar en los dos años que fuimos amigos, pero eso a mí no me pareció importante. Y mis padres no llegaban a captar su aroma, para identificarlo. Fue tres días antes de navidad cuando él dijo que me amaba… - Suspiré involuntariamente con fastidio – Yo estaba tan confundida que no pude hacer más que decirle que necesitaba procesarlo y no lo volví a ver… Hasta la noche antes de navidad. Irrumpió en nuestra mansión, con un grupo enorme de vampiros, que lograron inmovilizar por un tiempo a la guardia. Aún recuerdo su voz burlona, diciendo que yo no era mejor que él, que era un monstruo, igual o peor que él. Inmovilizaron con polvo solar a mis padres, un brujo que había contactado Alexander, había conseguido algo de él. Esa noche fue nuestra transformación. Dolorosa, se sentía lenta, pero solo duró cinco minutos, los cambios nos rasgaron la piel. Fue como si el vampiro interior esperara en nuestro interior a la más mínima oportunidad de desgarrar nuestra parte humana. Acabamos con la mayoría de la guardia, pero hubo suficiente polvo solar como para dejarnos a nosotros inconscientes. Cuando despertamos, no había nada, ni nadie. Marcos y yo construimos esta casa, alejándonos de Inglaterra y de nuestro castillo, no queríamos saber nada de esto. Así fue como fuimos conociendo diferentes criaturas que apoyan nuestra causa y lograron ser familia. –Sonreí hacia mi querido clan, que sonrieron de vuelta. Era reconfortante ver a como quince personas sonreír con amor – Marcos y yo aún seguimos con un pequeño… conflicto. Ya que somos totalmente diferentes pero a la vez, iguales. Somos como el Sol y la Luna. – Suspiré. – Hay mucha historia detrás de eso. Hace ya unos años, conocí a Max, el que, si tengo suerte, ocupará el trono como nuevo rey vampírico – Lo miré con ternura, y él sonrió.

Los Cullen habían estado atentos a la historia, pero aún no había terminado.

- Como decía, Marcos y yo somos diferentes. Somos la Luz, y la Oscuridad, y no cabemos ambos en el mundo, somos como dos personas que jamás tendrían que haber existido – Max carraspeó. Lo ignoré. – Si nuestros padres se salvan, será el momento de la verdad. Marcos y yo pelearemos hasta dar muerte al otro. Hay una vieja leyenda de que quizá podamos salvar al otro, pero, yo no la creo. De todas maneras, Marcos perdió a su reina hace cincuenta años. – Anabelle era querida por mí. Así que no hablé de ella en forma burlona, ni por molestar a mí hermano, así que palmeé su espalda.

- Suena una triste historia – Murmuró la muchacha rubia, con nombre Rosalie.

- Lo es, pero es el destino. – Dijo Marcos, cabizbajo. Max se sentó a mi lado y se acostó en mis piernas.

- ¿Pero, Alexander no dijo que para salvar a sus padres debes casarte con él? – Me preguntó Carlisle.

- No soy tan egoísta como parezco serlo. No dejaría a mi prometido por nada del mundo – Lo cubrí con mis brazos – Pienso en él siempre que tomo una decisión. – Edward bajó la cabeza, y supe lo que pensaba. Eso era justo lo que él no había hecho, y los había llevado a esta situación. – Buscaremos otra solución, y si eso implica matar a todo un ejército de vampiros, lo haremos.

- ¡Sí! – Gritó todo mi clan, totalmente de acuerdo.

- Ayudaremos – Emmett se levantó bruscamente con esa afirmación.

- Es un riesgo para su familia y no pedimos eso jamás. – Dijo Marcos, tratando de impedirlo.

- Déjenos ayudaros, podríamos ser de ayuda. – Dijo la mujer, llamada Esme.

- ¿Ayuda, como qué? – Preguntó Jessica, totalmente interesada.

- Nuestro hijo Edward lee mentes, podría tener una ventaja, Jasper controla las emociones, así que también proporcionaría un beneficio. Alice puede ver el futuro – Añadió también Esme.

- Podría ayudar a Jack… - Lo miré automáticamente. – Sería menos trabajo para él.

- Aparte de eso, somos un número más para su ejército. – Añadió Jasper.

- ¿Vanessa? – Inquirió Marcos, mirándome, y yo di por sentado que él ya había tomado su decisión.

- Recuerden bien, es una batalla donde los vampiros son rudos, así que piensen antes de tomar la decisión. – Advertí.

- ¿Desde cuándo pensamos lo qué hacemos? – Inquirió Emmett, a lo que sonreí, confiada.

- En tal caso, bienvenidos a nuestro Clan, por ahora. – Me incliné reverencialmente.

Bella POV:

Demasiados hechos…

Demasiados hechos…

Mi cabeza daba vueltas. Tanto había sucedido, y todo en un maldito día. Jack me tomó la mano dulcemente y nos sentamos en nuestra cama.

- Cariño, siento haberme portado tan mal ahí… Me descontrolé. – Murmuró. Yo le di un beso en la mejilla, para hacerle callar. No quería recordar nada ahora.

- Calla, Jack. Solo quiero dormir ahora. – Me coloqué el pijama color ocre que Nicole me había obsequiado y me cubrí con las sábanas. Edward se había ido a su habitación con Marcos acompañándolo, así que no me preocuparé por él.

Quería un momento para escapar de la realidad.

Wiiii Estaba inspirada y lo escribí rápido. Así que Wiiiii (Again)

¿Les ha gustado? No podía poner eso tan rápido, se me acabaría el fic sin gracia. Aparte tenía que corregir el error. La familia Cullen se está poniendo en riesgo por la familia Van Helling :OOO Suena a Telenovela -.-

Hasta la próxima! Lo mejor está por venir ;)

- Lady Fangs (Vane)