Muy buenas a todos, ¿Cómo han estado? Yo mejor, me he curado y he salido a correr una maratón, terminando 20 de 360, debo decir que me siento orgulloso, bueno, este es el capítulo número doce, y les voy a decir una cosa, he vuelto a leer todos sus comentarios, desde el primer capítulo, lo sé me agarro la nostalgia, y me he dado cuenta que recién ahora se cumplió lo que ustedes pidieron tan fehacientemente desde el primer capítulo, y eso es los momentos Hiccstrid, así que puedo decirles que he desarrollado su paciencia jajajaja como sea, tengo algo que decirles, voy a salir de vacaciones por una semana obligatoriamente, así que el próximo capítulo tal vez tarde un poco más de la cuenta, además que voy a contestarles sus comentarios ahora, por que posiblemente me quieran matar así tengo más tiempo para correr jajaja
karinamorenod: no creo que seas rara, ya que yo hago lo mismo jajajaja y no imagine que te gustara tanto Gustav jajajaja y de hecho ya he seguido con más historias en fanfiction, porque el primer capítulo de La ciudad del caos fue publicado ya jajajaja y si, ya falta poco para el final, espero que logre mantenerte interesada jajajaj.
Caelisalvador: muchas gracias, y ya estoy mejor, y me alegra saber que te gusto el capítulo anterior, la verdad es que no sabía si la escena de celos habían quedado bien, espero que este capítulo sea de tu agrado.
Fantasy Branca Snow: muchas gracias, no sabía que había quedado tan bien, y estoy de acuerdo contigo, tanta dulzura empalaga el fic, y no es algo muy difícil escribir el romance, de hecho, creo que el género más difícil de escribir, según mi punto de vista, es el drama o el suspenso, ya que siempre tienes que pensar en lo inesperado, y eso es difícil jajaja y dime que tal te ha parecido este nuevo sufrimiento, y aun no hice uso de esa carta, pero tal vez en un futuro haga que se crucen, todo depende que tanto lo deseen ustedes… y lamento que te duela, pero ya falta muy poco, la historia tiene un final estipulado, a lo sumo si veo que tiene mucho apoyo, se puede extender uno más, pero nada más que eso, lo siento, pero si quieres puedes pasarte a leer y darme tu opinión de mi nuevo fic, La ciudad del caos, y no pienso morirme, por lo menos no en un buen tiempo jajaja espero que te haya gustado este capítulo.
I dont know I want to sleep: bueno, no me molesta, pero de ahí a tomarlo como alago, yyyyyy bueno jajajajaj si, tal vez si me alague un poco, y muchas gracias por dejarme review esta vez, significa que te intereso lo suficiente como para comentar y me alegra que hayas dejado tu comentario, y me alegra mucho que te encante mi maldad jajajaja espero que para ti este capítulo haya valido la pena, y lamento la espera, además de que a mí tampoco me va el mundo color de rosas, me gusta que las cosas sean un poco más realistas, pero también me gustan que los finales felices, pero aún no diré si este fic lo tendrá o no jajajajaja
Dark-hime7: ¿y este capítulo te ha gustado por algo en especial o no te ha gustado? Y está bien, a todos nos gusta un personaje, y si, era el último empujón que se necesitaban para formar un lazo y te me adelantaste con tu deseo, asi que ten cuidado con lo que deseas de ahora en adelante jajajaja y tú me dijiste que no te dijera nada de Erick, así que lo hare, y si, todo tiene un final, pero lo bueno es que han disfrutado todo los capítulos y eso me hace muy feliz a mí… en cuanto al título de este capítulo, creo que le hace justicia al dicho de la calma antes de la tormenta, spoiler alerta (en este capítulo y el que le sigue todo se ira al carajo) y si, Astrid es difícil de hacer, pero creo que me será un poco más fácil en el nuevo fic, o al menos eso espero, y aun no sabremos que pasara con Hiccup y su modo depresivo, y ya estoy mejor, gracias por preocuparte.
Gapy Haddock Hofferson Frost: muchas gracias, y espero que este también te haya gustado, y me alegra lo mucho que te gusto la escena de celos y que te haya divertido…
No soy dueño de cómo entrenar a tu dragón, y no busco ningún sustento económico por con esto, solo espero que lo disfruten y me dejen su comentario.
Bueno, eso es todo, se despide Utopico.
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Desesperación.
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- Su atención por favor, coronel Henry Haddock, se necesita en la sala de comunicaciones, el general de ejército espera por usted.
Patapez era consciente de la voz de Sam por los altos parlantes, además de que por la supuesta habilidad que había tenido para encontrar a Hiccup la vez anterior, se le dio la tarea de volver a buscarlo, algo que no estaba resultando ser para nada fácil, ya que lo había buscado en su habitación, y en la sala de motores/investigación por decirle así, y tenía acceso a ella ya que momentos antes de que Hiccup volviera a desaparecer, y después de la situación extraña de encontrar a Hiccup, el conserje le había dado el acceso necesario para entrar.
Al recordar la situación extraña no puedo evitar volver a analizarla, conocía a la rubia, y más o menos conocía al coronel por lo que había escuchado aquí y allá en las charlas con el resto de los reclutas, y encontrarlos a los dos en la misma habitación después de un tiempo de desaparecidos fue algo… que el rubio no esperaba, pero tampoco le parecía tan descabellada, Patapez había visto que había algo entre el teniente coronel y su superior, no sabía cómo marcarlo, pero era obvio que había algo ahí, algo extraño e único y que parecía solo aparecer cuando los dos estaban juntos.
Algunos años atrás podría haber dicho que eran celos, podría decir que la rubia tenia celos del coronel, pero ahora, de la forma que lo miraba, y como actuaba a su alrededor, y ni hablar de lo que pudo haber pasado en esa habitación apuntaban hacia otro lugar, haciendo un giro de ciento chenta grados en los posibles escenarios, dándole una pista de lo que en realidad podría estar sintiendo su amiga y que había tratado de esconder o etiquetar erróneamente.
Aunque algo realmente ameritaba guardar en su memoria, y eso era la cara que la rubia tenía cuando Hiccup había abierto la puerta de su camarín, ya que Astrid Hofferson nunca se sonrojaba, y en ese mismísimo momento había estado tan roja que haría sentir envidiosos a los tomates, y eso era algo que realmente quería guardar en su memoria, ya que podría hacerle avergonzar de nuevo en un futuro no muy lejano. Pero había una pregunta que aún no había podido encontrar la respuesta, y para un amante de las respuestas eso era una verdadera aberración.
¿Qué hacía Astrid en la habitación con el doble cero? Y aún más importante ¿Qué demonios había pasado ahí adentro que había tal desastre?, el teniente tenia algunas hipótesis, una de ellas era muy descabellada y era que el coronel y la teniente coronel eran pareja, lo cual sería muy loco ya que no llevaban más de un día dentro de ese submarino, pero que esa idea dejaba como explicación para el desastre que las cosas se habían puesto calientes, algo que le hacía subir los colores al teniente de solo pensarlo, pero estaba el hecho del colchón recién usado que podía apoyar esa teoría.
La otra hipótesis era que ambos habían formado una estrecha i complicada amistad en un tiempo record, y el motivo por el cual la rubia había estado ahí era para darle consuelo al coronel, consuelo y apoyo para su amigo necesitado, ya que estaba el hecho de que su padre había muerto en ese mismo momento, aunque no daba explicación al uso del colchón y el desastre en la habitación, ya que dudaba de que Astrid hubiera permitido tal desastre por parte de un superior.
Y una tercera hipótesis era la de que Hiccup había visto el asesinato de su padre solo en su habitación, y en un estado de ira, frenesí y dolor, destrozo todo lo que tenía a su alcance generando el desastre, y tal vez por los ruidos, o por mera casualidad la rubia llego a la habitación del coronel, aunque eso no explicaba porque la rubia parecía haberse quedado, el uso del colchón y su vergüenza, aunque podría haber sido por no haber controlado a su capitán en un momento de descontrol.
Había muchas posibilidades, las cual debían ser ponderadas y estudiadas de forma meticulosa teniéndose un análisis totalmente objetivo y en su posible cuantitativo para llegar a una conclusión totalmente viable, algo que todos su amigos dirían "darle una solución al estilo Patapez", y no se enojaba con eso, era su estilo de ser, donde el conocimiento era muy importante y donde siempre se encontraba en un estado de desesperación por la respuesta verdadera.
Fue despertado de sus pensamientos al escuchar un ruedo a puerta a la lejanía, lo cual le resultaba muy extraño, ya que había estudiado el submarino, y sabía que se encontraba en una zona algo apartada del tumulto, donde la mayoría de las salas estaban fuera de funcionamiento aun, o se guardaba armamento o productos en su defecto, ya sean comestibles o de limpieza, reduciéndolo a una palabra, Patapez se encontraba en la zona de los almacenes. Por ende, decidió investigar el motivo del ruido, viendo algo extrañamente posible, ya que de una de las puertas del pasillo, a una distancia prudencial de él, se veía como salía un Hiccup con los labios un poco hinchados y una sonrisa de bobo en su rostro, para luego ser precedido por una rubia en un estado algo parecido con la diferencia que podía disimular un poco más su estado, pudo ver una pequeña charla entre ellos, donde la rubia le dio un puñetazo en el brazo del coronel en forma de juego, el cual respondió de forma demasiado exagerada para demostrar que le estaba siguiendo el juego.
En ese momento agradecía no estar cerca de su campo de visión, y la gran suerte que tenia ya que parecían alejarse hacia el otro sentido del cual se encontraba, además de que esas acciones habían tirado un poco de luz sobre sus hipótesis, ya que ahora, con lo que había presenciado, no parecía muy descabellad e imposible su primer teoría.
][-][
Hiccup estaba nerviosos, feliz, dolido y para varia, estúpido. Nervioso por la llamada del general de ejército Robert, ya que no significaba nada bueno si ese viejo lleno de cicatrices lo llamaba directamente. Estaba feliz por lo que había encontrado en Astrid, ese amor sin fronteras que tanto necesitaba para sanar un corazón demasiado dañado. Dolido por lo dura e injusta que estaba siendo la vida con él, ya que había encontrado el amor, pero no tenía padre a quien presentársela, el cual le daría la explicación embarazosa de como nacían los bebes, o una madre que lo avergonzara mostrándole fotos de cuando era bebe, y un amigo que se le reiría por la cara de estúpido que debía estar poniendo cara vez que hablaba de ella ,se había perdido lo que pasaría si su vida fuera normal, estaba seguro que muchos no quisieran pasar por eso, pero el que nunca tuvo la posibilidad de vivirlo se sentía celoso de los que aun podían pasar por ello. Y para rematar, se sentía estúpido por pensar en todo eso en ese mismo momento. Realmente debía recibir un puñetazo de su novia por idiota.
Su novia, que bien se escuchaba eso para él, por más que no sea en voz alta y solo en sus pensamiento, pero se escuchaba realmente bien, le llenaba de alegría, algo que no le duraba mucho al coronel, aunque rogaba que esta vez al menos le durara por unas veinticuatro horas, o cuando mucho unas dieciséis más, y si no era así, aún tenía la posibilidad de volver a encerrarse en uno de los cuartos de conserjería con Astrid y besarla como si no hubiera un mañana, no es que haya hecho eso hacía solo unos minutos, sino que en el momento que la beso realmente creyó que no habría un mañana para él y que estaba en el Valhalla.
El coronel sacudió su cabeza, debía concentrarse, ya que estaba en la sala de comunicaciones a punto de entablar conversación con alguien importante y que para variar le había cortado la vez anterior, así que no debía estar muy contento por ello y seguramente se iba a poner peor cuando se enterara de todo lo que había pasado en tan poco tiempo, fue la voz de un ángel la que lo saco completamente de su letargo, definitivamente la voz de la rubia sonaba mejor después de besarla, o era cosa suya, no lo sabía, lo único que sabía con certeza era que aun quería volver a besarla
- Abriendo comunicación coronel.
- Está bien, gracias teniente coronel.
- Coronel Henry, yo lamento mucho lo sucedido.
Esa oración fue la forma de saludar y dar comienzo a la conversación de parte del viejo general de ejército Robert, Hiccup veía su rostro lleno de cicatrices, con su pelo negro y su ceño de enfado enfadado en su rostro, ya que siempre tenía un en su rostro las macas de enfado, pero dependía de lo que había pasado para que su ceño demostrara una reacción más además del enfado- en esos momentos le coronel Haddock agradecía que lo estuviera viendo a través de una pantalla, porque si lo hubiera visto con ese ceño en un holograma, podría jurar que lo estaría tratando de matar con la mirada.
- Muchas gracias- lo dijo por mera formalidad.
- Entiendo lo que le haya pasado a tu padre podría afectarle coronel, y espero poder ayudarle de alguna forma.
- Con el debido respeto señor, no quiero su ayuda.
- Piensa bien, no debes dejarte llevar por el shock del momento, fuiste entrenado para estar con la cabeza fría en momentos en momentos de necesidad- Hiccup estaba comenzando a molestarse.
- Me encuentro con la cabeza fría general de ejército Robert.
- Coronel, debe pensar en sus hombres, no creo que el haber perdido a un teniente coronel y quedarse solos en el océano atlántico cerca de las Bahamas le ayude a la confianza de sus subordinados.
- Mire general de ejército, la muerte del teniente coronel Erick Amstrong pasa por mi responsabilidad, en cuanto al de quedarnos so… ¿cómo lo supo?
- ¿Disculpe?
- ¿Cómo es que supo nuestra posición? Ni el mismísimo capitán general George Smith Patton sabía nuestra ubicación exacta, y además de que nadie más que miembros del USS Chimuelo sabían que habíamos quedado solos…. Nadie más excepto nuestros enemigos que fueron los encargados de hundir el Salvajebestia.
El rostro de Robert en la pantalla parecía perplejo ante la idea de Hiccup, pero no parecía negarlo ni afirmarlo con ninguna acción, solo se quedaba mirándolo y parecía que analizaba sus palabras, como si buscara algo que no debía ir. Sin previo aviso, su mirada se oscureció más, su voz se volvió más baja y macabra de lo que cualquiera hubiera imaginado que era posible, y las palabras que decía parecían ser tan filosas como un cuchillo, dejando al descubierto quien era realmente el general de ejército Robert.
- Yo les di su oportunidad Coronel Henry Haddock, y esperaba que fueras un poco más inteligente que tu padre, pero veo que ninguno de los dos entiende lo que has hecho, pero eso ya no importa, porque tarde o temprano ese conocimiento será mío.
- ¿Drago? Así que tú eres el dichoso Drago Manodura, y has matado a tu propia gente por esto, ¡¿Acaso no tienes un poco de remordimiento aunque sea?!
- Algunas vidas deben ser sacrificadas para que se avance, o no es que acaso el descubrimiento de la sulfamida no nació por el sacrifico de unos cuantos.
- ¿Te acabas de comparar con los nazis?
- Eso no importa, lo que importa es que tienes una oportunidad de salvar a los tuyos si te entregas.
- Ahora sé que estás loco Drago, y por la muerte de mi padre y lo loco que estas jamás entregare esta instalación a tus diabólicos fines, sean cuales sean, antes prefiero que este en el fondo del océano.
- Pues así será.
La pantalla se había puesto completamente negra después de que el general de ejército Robert cortara, dejando completamente encogidos de miedo a todos los presentes en la sala de comunicaciones, que habían escuchado la conversación de principio a fin, y dejando esa desesperación de no saber qué hacer en sus bocas, ser traicionado por un subordinado era una cosa "común" se podría llegar a decir, pero ser traicionado por un superior, y uno que era tan importante, le ponía los pelos de punta a cualquiera, además que hacía pensar en quien más podría estar involucrado apoyando al traidor, ya que en el ejército era común encontrar a algunos amantes de la violencia que venderían su alma al mejor postor por un poco de lo que era su droga.
Todos mostraban claros signos de miedo y duda en lo que hacer, comenzaban a dudar de quien tenían a su lado generándose discordia entre sí, y siendo el USS Chimuelo un submarino, eso significaban grandes problemas. Solo unos pocos parecían conservar la calma en medio de todo ese alboroto y pensando en cómo poder salir con vida de ese embrollo, uno de ellos era el coronel Hiccup, que había tomado la ferviente decisión de no perder a un solo amigo más por hundirse en la depresión, ya que ya había perdido a muchos en la destrucción del Salvajebestia, y esta vez no permitiría que la historia se repitiera, sin importar lo que tendría que hacer para evitarlo.
- Teniente coronel, necesito una comunicación inmediata con el general de Brigada Gobber.
- Ya se encuentra en línea señor.
- vaya, gracias.
- ¿Hiccup? ¿Creí que no hacías estas llamadas a menos que fuera estrictamente necesario?- en el monitor que hacía unos segundos estaba Robert, ahora se encontraba el rostro preocupado del amigo de su padre y suyo, Bocón.
- Y lo es Bocón, el Salvajebestia ha sido hundido, nos encontraron Bocón.
- ¿Qué demonios? Ahora mismo envió refuerzos a tu posición.
- No
- ¿Por qué no?
- Necesito algo más importante que hagas por mí.
- ¿Qué?
- E descubierto quien es Drago Manodura, es el general de ejército Robert.
- ¿Pero qué…
- Debes creerme Bocón, lo descubrí hace solo unos segundos, cuando se le escapo mi posición, algo que nadie sabía menos nuestro enemigo por un virus que soltaron en segundo plano en la trasmisión del video… necesito que lo detengas.
- Hare lo que pueda chico, pero aun así te enviare refuerzos, no comentas ninguna estupidez… y le tengo terminantemente prohibido morirse soldado.
-Hare lo que pueda, general de Brigada Gobber.
- Eso espero.
- Y Bocón.
- ¿Si?
- Para mí fue un honor estar bajo tus servicios- después de esa oración Hiccup corto la trasmisión antes de esperar respuesta alguna de su amigo.
][-][-][
Brutacio estaba loco de la alegría, ¿o era simplemente loco?, no sabía la diferencia, ni le importaba, lo que si le importaba era la gran cantidad de armas que podría disparar y cosas que podría hacer explotar si aparecían los enemigos, después de todo fue por eso que se unió al ejército, para poder hacer bolar cosas en miles de pedazos, y una prueba vocacional le dio que su mejor lugar seria en la marina, igual que su hermana. Tenía una relación extrañamente unida con su hermana, eran como dos gotas de agua, y para no serlo si eran gemelos.
La sala de armamento estaba en su mejor esplendor, personas corriendo de un lado al otro, y muchas cosas que explotaban en todos lados, era el paraíso para los Torton, Sam estaba delante suyo explicándole no entendía que sobre las precisiones del armamento de prueba, y tampoco le interesaba, siempre y cuando le dijeran de donde se disparaban y que explorara mucho, él sería feliz.
- Muy bien, pasando al torpedo de primera clase experimental nos encontramos con el Hideous Zippleback, este torpedo es una combinación de dos torpedos…
- ¿Dos torpedos? No me jodas, solo tienen dos- Brutacio estaba molesto, esperaba que por lo grandioso que era el USS Chimuelo, fuese igual de bueno en sus armas.
- No, no es que tenemos dos, es que el Hideous Zippleback es un juego de dos torpedos muy especiales, sígueme, te los mostrare.
Sam salió por delante seguido muy de cerca por el gemelo rubio, saliendo de la zona de armamento para entrar a la puerta siguiente en el pasillo, resultando ser una gran habitación llena hasta el borde de torpedos medianos y algunos artefactos extraños que llamaban mucho la atención, el suboficial mayor noto que el lugar donde estaban resultaba ser un almacén de armamento, pero no tuvo tiempo de quedarse pasmado por la belleza del lugar, ya que el comandante comenzó a moverse entre algunas mesas con los torpedos típicos desarmados, pero lo que vio más adelante lo dejo pasmado.
Sobre una mesa se encontraba un gran cilindro, de aproximadamente diez pulgadas de diámetro y uno metro y medio de largo, de un extremo tenía tres timoneles que parecían ser posibles de moverse automáticamente además de la hélice de un potente motor a propulsión, del otro extremo pena la punta del cilindro chata y alrededor, en el mismo lado que cada timonel, tenía pequeñas antenas que parecían plegarse contra el casco del torpedo para poder ser eyectado por el tubo lanzatorpedos.
Al costado de esa impotente bestia se encontraba otro mucho más chico, con unos tres o cuatro pulgadas de diámetro y no más de medio metro de largo, con un extremo terminando igual que el más grande con timoneles, aletas y una hélice de motor a propulsión, pero el resto de sus partes se diferenciaban ya que se podía ver en el medio de su cuerpo lo que parecía bocinas que apuntaban hacia todos los puntos formando un círculo perfecto, y en la punta contraria a la del motor había unos tres ganchos que parecían ser hidráulicos también, terminando en una punta muy filosa, además de que ese pequeño torpedo también parecía terminar en una especie de punzón muy grueso.
- Bueno amigo mío, estas ante el todo poderoso Hideous Zippleback, esta belleza lleva encima 5 años de desarrollo en ingeniería de la guerra, el pequeño es Barf, y su misión es primordialmente dar en el blanco, una vez que lo hace se calva en él y esas garras hidráulicas se cierran con fuerza perforando el casco anclándose bien en él, una vez hecho eso comienza su trabajo, haciendo sonar una sirena constante que no importa que tan lejos estés del submarino que cayó en sus pobres ganchos será posible verlo en el sonar sin problema, pero eso no es lo único, como dije estos dos funcionan en conjunto, y por ello pasare a presentarte al grande, que es Belch, y es la explosión, un torpedo con un sistema de control automático guiado por un sonar y un enlace único entre cada Barf y Belch, este grandote es lento a comparación del pequeño, pero su potencia de fuego lo nivela, ya que es capaz de hacer una explosión de unos novecientos metros, lo cual es más que suficiente para que con uno solo sea posible eliminar un portaviones, ahora, por lo pequeño que es Barf, debe haber un tubo lanzatorpedos especial para él, lo que convierte al USS Chimuelo el único que puede usar el Hideous Zippleback.
- Es… Es… Increíble- al suboficial mayor se le estabas escapando algunas lágrimas.
- ¿Está llorando suboficial mayor Denis Torton?- pregunto Sam algo confundido por la reacción de su subordinado.
- ¿Cómo no hacerlo? Si es algo único he increíble, ¿quién fue el creador de esta hermosura?- el comandante Shepard sonrió ante su última pregunta.
- Creo que no me he presentado correctamente, soy comandante Sam Shepard, encargado del desarrollo e implementación del armamento del USS Chimuelo, y cuento con un doctorado en armas de vanguardia un gusto conocerte.
- suboficial mayor Denis Torton, su más grande fan a su servicios.
Ambos sonrieron y se estrecharon las manos, todo apuntaba que Brutacio había conocido a alguien a quien admirar por su capacidad de crear cosas tan hermosamente destructivas, realmente le alegraba mucho servir en el USS Chimuelo en ese mismo momento, y si moría mañana, quería por lo menos tener el tiempo de poder disparar una vez cada una de esas pequeñas que había creado o supervisado el comandante Sam, lo que no sabía Brutacio, era lo cerca que iba a estar de cumplirse su sueño, ya que en esos mismo instantes comenzaron a sonar las sirenas dentro del submarino, a lo que ambos por reflejo, se fueron de nuevo a la sala de armamento, donde podrían tener el control de los torpedos a lanzar.
- ¿Qué sucede?- fue Sam el encargado en preguntar, y en responder no fue nada más ni nada menos que la otra suboficial mayor a su cargo, Brutilda.
- Nos han vuelto a encontrar señor, y son doce submarinos.
- ¡todos a sus puestos ahora mismo, quiero que si Hiccup da la orden de disparo ya este todo listo!- se veía fríamente como San trabajaba, pero Brutacio fue capaz de escuchar lo que decía en voz baja, casi en un susurro- estamos jodidos.
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Hiccup estaba dando a relucir todas sus posibles estrategias que había pensado, además de todo lo que se le venía a la cabeza para tratar de mantener a toda su tripulación con vida, pero le estaba resultando difícil lograrlo, ya que de la nada volvieron a aparecer doce submarinos sin ninguna pista de cómo lo encontraron, pero estaba seguro que la llamada del ex general de ejército Robert fue el encargado de armarle esa fiesta, pero algo que caracterizaba a los Haddock era que no se iban si pelear, y tanto su padre como su madre lo habían demostrado, siempre siendo ellos mismos hasta el final, y sonriéndole a la muerte a la cara, como si se juntaran a jugar una partida de naipes.
- Otro Hideous Zippleback dio en el blanco, coronel.
- Perfecto, vuélalo Sam.
- A la orden señor.
Ese era el cuarto que lograban alcanzar con las tretas que había planeado, pero sus enemigos aprendían rápido, y cada vez era más difícil lograr acertarle un golpe, y ni hablar de que ya le quedaban solo dos Hideous Zippleback mas, además de que aún no aparecía la Muerte Roja, y eso lo tenía aún más preocupado, tenía varias ideas si llegaba a ser alcanzado por el torpedo especial, pero todas eran arriesgadas, y ninguna de ellas aseguraba que funcionara.
Una sacudida repentina descontrolo todo, habían sido alcanzados por una de las explosiones que habían generado los torpedos que lograban esquivar, esa era una de las desventajas de luchar en un fondo marino lleno de pasajes entre fosas marinas, y aun se sentía algo desesperado por el miedo de que sus decisiones terminen con el USS Chimuelo bajo alguna roca que se haya desprendido por algún torpedo, o que lo hicieran sus enemigos a propósito al no poder conseguir detenerlo para hacerse con su información.
- Coronel, ha aparecido un submarino en nuestras seis, nos tiene en la mira y a alcance de fuego- esta vez fue Patán el que hablo.
- Maldición- fue todo lo que pudo decir antes de sentir una sacudida aún más grande que la anterior haciendo que muchos dentro de la sala de control se cayeran al piso, o se choraran contra alguna de las paredes, Hiccup podía estar cien por ciento seguro que ese último disparo había venido de la Muerte Roja, jugando como sebo y distracción sus otros submarinos para poder colarse con su sistema de camuflaje sin ser detectado por el avanzado sistema de sonares de su submarino.
Pudo ver como las luces titilaron unos momentos para luego encenderse luces rojas de emergencia por todo el submarino, habían sido alcanzado por ese paralizador eléctrico que habían leído, definitivamente esto no pintaba nada bien, podía ver a pesar de la escasa luz, como en el rostro de todos iban delatando sus miedos, y como sus movimientos demostraban su desesperación, era ahora o nunca, Hiccup tenía que cumplir con su deber como coronel de la marina de su país, y capitán de un navío tan avanzado, y eso era salir victorioso, o destruir toda prueba de su existencia. Y sin contestación alguna el coronel salió de su puesto en la sala se control con un rumbo fijo, y posiblemente su último destino.
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