Konnichiwa, minna...

O genki desu ka?

Y llegamos al "final" de Sangre Frío.

Quiero agradecer inmensamente a todos los que han marcado presencia por aquí y, un inmenso gracias, a todos los que también dejaron su marca a través de los comentarios. Sepan que cada una de sus palabras de incentivo, fuerza y apoyo me ayudaron y me ayudan a proseguir. Mi eterna gratitud a ustedes.

Bueno, en medio de la reescritura de esa fic me quedé con ganas de escribir más sobre la Sora y el Yamato de ese universo en particular. Luego, mi absurda capacidad de inventar historias ya está trabajando en capítulos nuevos...

Esto quiere decir que...

Sí... Eso mismo que ustedes entendieron... Sangre Frío ganará una continuación.

¡Espero que la novedad les guste! ¡Y espero que hayan disfrutado y que sigan disfrutando en el futuro!

Un super hiper mega beso y cuento con ustedes en nuestras próximas aventuras.

Yoroshiku minna-san.


Sangre Frio

Epílogo

By Misako Ishida

Estaba calmadamente acomodada en um chaise longue en el balcón mirando la suave puesta del sol. Se sentía plena. Con el alma ligera. Parecía que poco a poco su sangre dejaba de ser azul e iba adquiriendo una ligera coloración rojiza. Estaba en paz.

Durante semanas la única noticia que aparecía en la primera página de los periódicos era el escándalo de Shinjiro Matsuda y la quiebra de Takarashi Minao.

No había sido difícil ni tardar en verlos en el suelo. En menos de una semana de su compromiso, se descubrieron los desfalques y la evasión de impuestos de Takarashi Minao. Y luego después vino a la superficie el gran escándalo de que Shinjiro Matsuda abandonó a su hija. La identidad de Sora y de su madre habían sido preservadas, nadie había encontrado los vestigios de la familia perdida e infeliz de Matsuda.

Ver esas noticias no le causó nada. Ningún sentimiento o emoción. Estaba inmune a ellos. Pero se sentía libre. Un peso fuera de su espalda. Ahora sabía que realmente tenía todo lo que quería y necesitaba: alivio.

– ¿Estás nerviosa para mañana? – preguntó Yamato repentinamente.

Se volvió hacia el lado. Él también estaba acomodado en outro chaise longue, con un vaso de whisky en las manos.

– ¿Por qué debería? Sólo necesito poner un hermoso vestido blanco, caminar sobre una alfombra roja y decir 'sí'. – respondió sonriente.

El rubio sonrió y se negó con la cabeza. – Todo para ti parece tan simple de lo que realmente es. Te envidio por eso. – dijo levantando el vaso en la dirección de la pelirroja.

Ella se rió y pensó en el comentario de su novio. Sí, todo para ella parecía más simple de lo que realmente era. Podía ver todo de una forma diferente y menos complicada. Esta era su lección de vida.

– ¿Estás seguro? – ella quiso saber.

– Sí. – respondió con toda convicción.

– ¿Y si no eres feliz como piensas que será? ¿Y si no puedes aguantar el hecho de amar solo? – insistió ella.

Yamato colocó el vaso sobre la mesa y se levantó. Se sentó a la orilla de donde Sora estaba y acarició sus cabellos pelirrojos.

– Tú cambiaste quién yo era. Me hizo ver la vida por otro ángulo. De un jugador babaca e idiota pasé a ser el hombre que te ama más que todo. Si eres feliz, yo también seré. Y voy a asegurar que seas la mujer más feliz del mundo. – declaró suavemente. – Entonces, yo seré el hombre más feliz del mundo. – añadió parpadeando de forma traviesa para ella.

– Muy conveniente para ti. – argumentó la pelirroja riéndose.

El rubio la besó. – Mucho. – fue su respuesta en medio de más besos.

El sol ya había casi desaparecido por completo y sólo había una sola pregunta que Ishida quería descubrir la respuesta.

– Ya que mañana te convertirás en mi esposa y no debe haber secretos entre marido y mujer... ¿Qué te sientes por mí? – preguntó con perspicacia.

La chica lo miró seria por unos instantes. Y entonces sonrió maliciosamente. – Buen intento. Pero eso es algo que tú nunca sabrás. – concluyó con un guiño malicioso.

Él fingió una expresión de derrota y la abrazó.

– Ya que mañana te convertirás en mi marido y no debe haber secretos entre marido y mujer... ¿Por qué no admites que tu tipo sanguíneo es B? – preguntó Sora con diversión.

Él la abrazó más fuerte y susurró en su oído. – Porque yo soy del tipo AB.

Ella lo empujó lejos, incrédula. – ¡De ninguna manera!

– Estoy diciendo la verdad.

– Pero no creo en ti.

– ¿Lo que quieres, entonces? Un examen de sangre.

– Sí.

El rubio suspiró cansado. – Mi vaso está medio vacío. Usted debería hacer algo al respecto.

– ¿Cómo se atreves? – ella indagó dando pequeños y débiles golpes en Yamato.

– Recuerde que ahora tú siempre tendrás que sentarte a mi lado. – lo provocó mientras era atacado por la pelirroja, invirtiendo sobre ella y robándole besos suaves.

En medio de la divertida discusión de los novios, el sol desapareció dando espacio para la luna y las estrellas. Y bajo el cielo, Yamato y Sora se reían con las provocaciones el uno del otro. Se divertieron con los comentarios maliciosos y sarcásticos el uno del otro.

Ellos se mudaron. Entre errores y aciertos, ellos encontraron aquel final que empezaba a un nuevo comienzo. Un comienzo que un día también llegaría al fin y que traería un nuevo comienzo después. Y así sería toda la vida.

Comienzo y...

FIN!