~Love Song~

"However far away, I will always love you.

However long I stay I will always love you."


Lucius salió tras de Meiga, la muchacha no se iba a salir con la suya esta vez, ¿no estaba tan "enamorada" del carroñero? Que ahora asumiera las consecuencias de sus actos.

- MEIGA BELLATRIX MALFOY -no hizo falta decir nada más que la rubia se volteara. Sus ojos parecían humedecidos y pasaba las manos por su rostro intentando aparentar cierta tranquilidad ante el asunto. Guardó silencio mientras miraba a su padre y no dijo nada, no hacía falta decir nada, su mirada lo decía todo, y lo único que se escuchaba en aquel momento eran las voces de su cabeza "hazlo, vamos hazlo"

Lucius se acercó y la tomó por el brazo, seguramente una bofetada a tiempo habría evitado todo esto. o tal vez no fuera tan tarde. La miró serio, inexpresivo, pasivo a cualquier emoción en aquel instante.

-¿Qué crees que estas haciendo? Vuelve ahí dentro de inmediato, y esto no es una sugerencia, es una orden - su voz sonaba claramente trastocada por la ira que en aquel momento parecía que iba a salir para destrozar todo a su paso.

La rubia simplemente nego con la cabeza y atrasó un par de pasos. No iba a volver ahí dentro, no iba a casarse con Yaxley y mucho menos iba a resignarse a vivir una vida sin Scabior, no era una suicida. ¿La impotencia y el dolor la anularían o harían un cóctel trágico? Sentía ganas de tomarse la justicia por su propia mano.

-No... -susurro mientras atrasaba un par de pasos y se sujetaba a la barandilla de las escaleras- No me obligues a entrar ahí otra vez...-su voz sonaba rota, casi sin fuerza.

La paciencia de Lucius comenzaba a arrastrarse, se agotaba por segundos y aquellas palabras no solucionaban nada. La observo fijamente, se acerco lentamente pero firme, dando golpes metálicos en el suelo con su bastón. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, la agarro de la muñeca y tiró de ella hacía el interior de la habitación otra vez.

No dijo nada, al entrar Lucius inclino la cabeza en forma de reverencia y obligo a su hija a hacer lo mismo. Yaxley les observaba y esbozo una curiosa y a la vez ladeada sonrisa. Se volvió a inclinar sobre la mesa para observar mejor a la rubia.

Voldemort por su parte se alzo de la silla, una mirada fulminante hacia la rubia fue suficiente, y una sacudida con la varita provocó que el cuerpo de Meiga cayera contra el suelo con bastante fuerza.

-Dime Meiga, ¿acaso quieres que acabe con todos y cada uno los miembros de tu familia? Porque lo haré como falles otra vez. -aquellas siseantes palabras se clavaban en su cabeza como un millón de clavos ardiendo a la misma vez. La fulmino con la mirada y otro golpe de varita lleno el cuerpo de Meiga de un fuerte dolor, sí, la estaba torturando delante de ambos hombres.

Yaxley permaneció pasivo en todo momento, simplemente se dedico a observar a ambos, tanto a Lucius, que tenia un rostro congestionado y apretaba el puño con fuerza, y a la rubia que sería su futura y bella esposa, que se retorcía en el suelo de dolor.


-Lo siento él no entiende tu sufrimiento. Sabes que el tiempo si permaneces callada pasará más lento, juro acabar con todos si me dejas aconsejarte. Nadie hace nada, el miedo se hace humano, lo que a ti te hace ser especial, aqui te hace estar solo.

Sabes que los demás te marginaran, quieres verte sufrir y llorar.

¿Querer rajarte las venas? Eso solo retrasa los problemas. Hacerse notar es complicado y a ti a tocado. Todo grupo tiene un líder asignado, no digo que vaya a ser fácil y menos con la presión. La suerte no te acompaña, como ves a veces vale más la fuerza que la maña. ¿Que harían los demás si estuvieran en tu lugar? No aguantarían ni de coña lo que tienes que aguantar, a decir verdad creo que estas aguantando demasiado.

Meiga se cubría la cabeza con ambas manos, quería dejar de escuchar aquellas voces que gritaban una y otra voz. Sollozaba y gimoteaba agobiada en un rincón de su habitación. Tenia el cuerpo totalmente magullado por haber sido torturada. Miro su brazo y así misma se dio una fuerte bofetada. Guardo silencio y comenzó a balancearse de atrás hacia adelante, como si la estuvieran acunando.

-Tengo ganas de acabar con todos... -susurraba una y otra vez.

-Pues acaba cuanto antes -le respondía aquella voz de su cabeza que curiosamente sonaba como la voz de Scabior. Definitivamente estaba loca.

-No puedo aguantar esta presión...-volvió a susurrar Meiga con más miedo que antes.

-NO HACE FALTA QUE LA AGUANTES.


Yaxley

El en Ministerio, ahora eran tiempos favorables para los Mortifagos, él en seguía manteniendo su mismo puesto en el departamento de Seguridad Magica, pero también era mano del Ministro, y eso se debía a ser unos de los principales preferidos de Voldemort.

Aquella mañana Yaxley estaba paseando por el Callejón Diagon despues de un largo día que casi le había dejado agotado. Caminaba deprisa esquivando a los transeúntes que se cruzaban en su camino. Era la hora punta del medio día,era normal encontrar a tanta gente. Sumido en sus pensamientos, se detuvo frente a una de las tantas tiendas que componían el Callejón. Esta era una boutique, de túnicas y ropas de gala, justo lo que él buscaba.

Saludo con una sacudida de cabeza y comenzó a echar un vistazo rápido. Buscaba algo para Meiga, algo que pudiera ponerse en su presencia, y dada la belleza de la joven cualquier cosa le iría bien, eso sí, debía ser un color verde o tal vez negro.

No le hizo falta mucha búsqueda, encontró el perfecto. Un vestido de tirantes verde esmeralda, tallado en terciopelo, largo, con un pequeña cola y lo acompañaba un lazo negro para el cuello.

Se encargo personalmente de guardar el paquete en su casa y de enviar una de sus hermosas lechuzas a la Mansión Malfoy, todo estaba planeando y saldría según su plan.

"Malfoy,

Quisiera hacerte un pequeño adelantado regalo de bodas. Te espero a las diez en las Tres Escobas. Con whisky todo entra mejor.

Att: " "


Meiga

Desde aquella última reunión con Voldemort, había decidido pasar el menor tiempo posible por los pisos inferiores de la Mansión Malfoy. Pasaba todo, o casi todo el día encerrada en mi habitación, y por desgracia o fortuna, más bien desgracia, en el Departamento de Misterior comenzaban a preguntarse porque la hija mayor de Malfoy no se dignaba a presentarse en su puesto dd trabajo. Unos afirmaban que estaba loca, completamento loca, otros incluso se atrevieron a decir que Lucius la retenía por ordenes del Lord.

Aquella mañana no iba a ser diferente. Seguia encerrada, pero habría pagado por salir y cruzarme con las unicas personas que en aquel instante era con las que me atrevía a cruzar una sola palabra, Andrea y Liliana, pero no tenía fierzas ni para eso.

Me levanté de la cama y me quede mirandome en el espejo. Aquella mujer era muy distinta a la que habría observado meses atrás cuando Scabior no estaba en mi vida, con simplemente era una mortifaga más.

Unos picotazos llamaron mi atención. Me giré para ver el ventanal y allí plantada estaba una hermosa lechuza de color marrón y blanco. Me acerqué lentamentr, con cuidado, y al abrir la ventana, sobre el suelo de mi habitación cayo un paquete. Alcé como acto instintivo una ceja cuando quise darme cuenta, el pájaro ya no estaba.

Me deje caer en el suelo, me senté con la espada pegada en el cabezal de la cama y puse el paquete sobre mie regazo.

Me habría reido cuando lei el remitente, pero no lo hice, no me extraño para nada que Yaxley me enviara algo. Al fin y al cabo, los planes de mi padre y Voldemort habían dado sus frutos y me casaría con él, aunque siempre podría saltar por una ventana.

Ignoré la nota, y me dediqué a invenstigar que había dentro. No lo negaré, el contenido era realmente, no precioso, pero si me gustó, de algún modo, que no me interesaba saber, ese hombre parecía saber más de mi de lo normal.

Un precioso vestido verde esmeralda, de terciopelo. Suave, muy suave. Unos pequeños tirantes lo sujetaban a la espalda que iba toda al descubierto hasta el fina de esta, formando un semicirculo. Y para acompañad un lazo negro que me debería poner al cuello...

Enotro tiempo habría aceptado, pero ese era el peor, asi que simplemente lo deje en un rincón y volví a mi cama. Suspiré pesada mientras frotaba mi rostro. Por el hueco de mis dedos observé nuevamente el vestido y entonces lo pensé.

Lucius estaría al tanto del regalo.. Y no me quedaría otra opción que acudir a esa cita. Lo sabía.