N/A: Muchas gracias a todos por leer y comentar... Último capítulo de esta historia. Supongo que todos los que me conocéis habéis esperado que llegara este momento... No me pude resistir... Espero que os guste el final... En unos minutos subo el epílogo...


CAPÍTULO 12: EL AMOR

Dos años habían pasado desde el accidente y Blaine y Sam habían conseguido establecer una rutina que a ambos les encantaba. Violet ya había cumplido cuatro años y era la princesa de la casa. Le encantaba vivir con su papá y su tío porque los quería a los dos más que a nadie en el mundo. Era triste pensar que ella ya no recordaba a su madre, pero al menos tenía dos personas que la amaban y cuidaban sin problemas.

Blaine triunfaba en Broadway, donde lo consideraban el joven con una carrera más prometedora de Estados Unidos. En ese momento era el actor que interpretaba a Hamlet en uno de los teatros más importantes de la ciudad. Era algo clásico, alejado de los musicales, pero que le permitía mostrar sus dotes interpretativas ya que hasta ese momento lo que más le había hecho brillar había sido su voz.

Sam todavía no estaba recuperado del todo pero podía andar siempre que contara con un apoyo, generalmente su muleta. Estaba siendo más duro de lo que jamás se había imaginado pero sabía que pronto conseguiría su objetivo y eso era lo que más le ayudaba a seguir. En cuanto a su estado anímico, seguía extrañando a su mujer pero empezaba a ser consciente de que podía haber alguien más en su vida. Tal vez era alguien que siempre había estado ahí y que cada vez que estaba solo, volvía a su vida de forma intensa. Se preguntaba por qué no se había dado cuenta antes de que lo que sentía por su mejor amigo era tan intenso como lo que había sentido por Jen, por Mercedes o por Brittany.

En ese momento, él estaba en casa, supervisando a la pequeña mientras cenaba para que cuando Blaine llegara del teatro pudiera pasar un poco de tiempo con ella antes de meterla en la cama. Sabía que después cenarían ellos y pasarían un rato juntos antes de ir a dormir. Desde que su madre se había ido hacía un año, el moreno ocupaba la habitación que ella había dejado libre.

En cuanto escucharon el sonido de la puerta, la niña dejó el tenedor y corrió para saludar a su tío Blaine. Éste la levantó del suelo y la apoyó en su cadera para recibir su abrazo y su beso en la mejilla. Caminó con ella en brazos hasta la cocina.

– Hola Sam. – El moreno saludó.

– Hola, ¿qué tal tu día? – El rubio preguntó.

– Bien, como siempre. Aunque confieso que cada día firmo más autógrafos. ¿Y el tuyo? – El ojimiel preguntó aunque miraba a la niña que había vuelto a sentarse y estaba concentrada en su comida.

– Bien, el fisioterapeuta me ha dicho que estoy recobrando la fuerza y eso es importante. He conseguido dar tres pasos sin apoyo, así que es cuestión de tiempo. – Evans sonrió con felicidad, todo empezaba a volver a su lugar.

– ¡Eso es genial! Tengo que comprar una botella de champán para brindar el día que consigas caminar sin muletas. – Anderson comentó.

– ¿Cuántas llevamos durante este último año? – Sam preguntó.

– La de mi debut en Broadway, la de cuando conseguí mi papel de Hamlet, la del día que diste el primer paso, la del día que dejaste la silla de ruedas... – Blaine sonrió, había sido un año muy intenso.

– Creo que deberías comprar tres. – El rubio comentó.

– ¿Tres? – El moreno lo miró extrañado.

– Sí, tres.


Blaine llegó a casa ese lunes después de salir a comprar las tres botellas de champán que su amigo le había pedido. Violet estaba en clase y Sam trabajaba desde casa. Éste se sentía afortunado de haber encontrado trabajo porque con el accidente había perdido su puesto y era difícil que lo contrataran. Sabía que su amigo había utilizado alguno de sus contactos para encontrarle una oportunidad y él se había esforzado para demostrar que la merecía. Y lo mejor de todo era la flexibilidad, podía trabajar en el horario que quisiera.

– ¿Están frías? – El rubio preguntó mientras señalaba las botellas.

– Cuando las he comprado no pero el frío de la calle mientras las traía probablemente las haya enfriado. – El moreno informó.

– Mete al menos una en la nevera y ven a sentarte conmigo. – El ojiverde informó, haciendo que el otro lo mirara extrañado.

Tal vez Sam jugaba con ventaja, pero estaba más que preparado para el paso que iba a dar. Había estado ese fin de semana con Tina y ella le había confirmado sus sospechas. Había detectado algunas miradas y sabía que su amigo volvía a sentir algo por él y esa vez podía corresponder sus sentimientos. Por eso quería tres botellas de champán, una para celebrar el comienzo de su relación, otra para celebrar la primera vez que hagan el amor y otra para cuando pueda caminar sin muleta.

– Ya están en la nevera. – Blaine informó.

– Quiero hablar de algo contigo. – El rubio sonrió para tranquilizarlo y el otro asintió. – Hay veces en la vida que no te das cuenta de lo tienes y que das por hecho que las cosas seguirán siendo como siempre y que eso es lo que realmente quieres. Sin embargo, un día te levantas y te das cuenta de que todo los que quieres está justo delante de ti.

– Sam... ¿Estás intentando decirme... que estás enamorado? – El moreno hizo un gran esfuerzo por parecer emocionado y el otro no pudo evitar reír al darse cuenta de eso.

– Sí, estoy enamorado. – El ojiverde respondió.

– ¿De quién? ¿No es un poco pronto para estar enamorado? No has podido conocer a alguien con el tiempo suficiente para enamorarte... Puede gustarte alguien o sentirte atraído pero amar... – El actor se mostró algo nervioso.

– Es alguien que siempre ha estado a mi lado y al que he querido siempre, aunque ahora mis sentimientos han cruzado la línea que separa la amistad del amor. – Evans sabía que estaba jugando con su amigo pero ver como intentaba mantener la compostura y aparentar felicidad era algo que confirmaba lo que Tina le había dicho.

– Me alegra mucho... ¿Quién es? – Anderson quiso saber.

– Tú.

Sam se acercó a él, puso la mano en su mejilla y lo besó con dulzura. Al principio, Blaine no reaccionó porque era lo último que esperaba pero cuando fue consciente de que no era uno de sus sueños, que estaba pasando de verdad, no dudó en corresponderlo.

El rubio intensificó el beso cuando notó que el otro le respondía y sus lenguas se encontraron por primera vez, haciendo que ambos sintieran una corriente eléctrica recorrer sus cuerpos. Se separaron por la falta de oxígeno y se miraron a los ojos.

– Sé que nuestra relación va a ser muy rara pero... Me gustaría que lo intentemos. Al principio no quiero que Violet se entere porque no quiero que se ilusione pero si todo va bien, hablaremos con ella y pasará a llamarte papá... Si te parece bien, no quiero obligarte a nada. – El ojiverde explicó.

– ¿Estás seguro? ¿Y tus padres? ¿Y nuestros amigos? ¿Qué van a pensar? – El moreno estaba asustado.

– Creo que mis padres y nuestros amigos estarán felices por nosotros. Pienso hablar con todos, aunque debo decirte que Tina espera la confirmación de que hemos empezado. No te preocupes por nada... Salvo por decirme algo que sabes que tienes que decirme. Me encantaría oírlo de ti. – Evans pidió.

– ¿El qué? – El ojimiel miró al otro extrañado.

– Bueno... Yo te he dicho que estoy enamorado de ti... – Sam comentó con una sonrisa y de la forma más inocente que pudo.

– Yo también estoy enamorado de ti. – Anderson volvió a besarlo con todo el amor que había acumulado durante esos años.

– Creo que es el momento de empezar la primera botella de champán. – El rubio propuso.

– ¿Para ésto era? – Blaine sonrió.

– Claro, hay que celebrar que empezamos nuestra relación. – El ojiverde rió antes de volver a besarlo.

– ¿Y la otra? – El moreno susurró tras el beso.

– No creo que tardes mucho en descubrirlo.

A partir de ese día, los dos disfrutaron de su relación. Tanto sus padres como sus amigos apoyaban esa decisión y con el tiempo, pudieron contárselo a Violet. Al principio, la niña no se acostumbraba a llamar papá a Blaine pero el tiempo consiguió que pareciera algo más natural. A pesar de todo, ellos se encargaron de que no olvidara de que tenía una madre y siguiera viendo a sus abuelos maternos. Y lo más importante, tenía a sus dos padres que la cuidaban y la amaban con locura... Y que deseaban darle un hermanito o hermanita algún día, aunque sabían que el proceso era más largo y complicado que cuando ella llegó a sus vidas.