Regina y Emma se encontraban acurrucadas en la cama tan cerca la una de la otra que el contorno de sus figuras parecían que formaran una sola. A pesar de su estado de calma, Regina había estado nerviosa e inquieta toda la noche. No era algo común en ella, pero Emma lo atribuía al estrés que provocaba ser alcaldesa.
La ciudad había decidido que era una buena idea celebrar un festival de invierno, y lo era. El único problema era que habían dejado prácticamente toda la organización a cargo de Regina.
Así que ahora Regina se movía para asegurarse de que los vendedores, el parking y los suministros se encontraban todos en orden. Había hecho que Emma se quedara en un estado de ''encárgate de la casa y de nuestro hijo'', pero quitando eso había ido bastante bien.
Ella y Henry habían hecho la cena la mayor parte de las noches y ni siquiera había habido ni un incendio. Después de todo, considerando lo estresante que era esa situación, había sido bastante calmado y fácil.
Aunque, pensó Emma mientras estaba estirada en la oscuridad, no voy a estar calmada si ella está intentando romper conmigo. Ese pensamiento la llenaba de pavor. Aún no se había mudado formalmente a la mansión y el pensamiento de romper con esta vida tan perfecta en la cual se encontraba ahora hacía que su estómago se encogiera.
Regina interrumpió los pensamientos de Emma mientras se inclinaba y encendía la luz. Emma parpadeó para ajustarse a la iluminación y miró a la morena.
'Necesito hablar contigo' señaló Regina nerviosa, su corazón latía tan fuerte que lo notaba en los oídos. Todo lo nerviosa que estaba Regina, Emma lo estaba diez veces más. Se había encariñado tanto que ahora estaba convencida de que Regina quería acabar lo que tenían entre ellas.
'Claro. ¿De qué quieres hablar?' respondió Emma de forma casual, esperando que Regina sólo quisiera discutir cómo coordinar los viajes al recoger a Henry de la escuela, o algo así de cotidiano.
'Tengo dos cosas'
'Vale.'
Regina respondió haciendo señas de forma muy rápida. Tan rápida que Emma no lo pilló.
'¿Qué?'
Regina lo intentó de nuevo, esta vez más lentamente.
'¿Te vendrías a vivir conmigo y con Henry?' la mente de Emma se congeló. Eso no era lo que ella había estado esperando. Sonrió ante el hecho de que Regina se había estado preocupando por algo tan simple.
'Regina, prácticamente ya casi vivo aquí. Pero para contestar a tu pregunta formalmente, sí.' Regina sonrió, aliviada de que se había quitado la mitad del estrés que la había estado molestando en el pecho durante toda la semana.
'¿Estás segura?'
'Estoy segura.' Emma se acercó más a la mujer que tenía al lado y apoyó su hombro en el pecho de Regina. Miró por encima de su pecho y la besó. Nunca se cansaba de hacerlo.
'¿Cuál es la segunda cosa?'
'Mi madre nos ha invitado a comer' Emma se levantó del pecho de Regina.
'¿La misma madre que llevas sin ver desde hace 4 años?' Regina apretó los labios con desagrado.
'Si, esa misma'
'Y…'
'¿Y qué? ¿Qué piensas?'
'¿Por qué ahora después de tantos años?'
'Henry quiere conocer a su abuela y he aprendido que apartarlo de la familia no suele acabar como yo quiero,' una pequeña sonrisa apareció en los labios de Emma al recordar la primera vez que conoció a Regina.
'¿Así que quieres que yo vaya?'
'Por supuesto que quiero.'
'Entonces iré' señaló Emma, dándose cuenta de la mirada de aprecio en la cara de Regina.
'Vale' Regina no pudo evitar que su cuerpo se relajara notablemente ante tal liberación de estrés. Se besaron una vez más antes de apagar la luz e irse finalmente a dormir.
''Emmaaa. No puedo ponerme la corbata.'' Dijo Henry saliendo de su habitación, los ojos llenos de pánico mientras buscaba arriba y abajo del pasillo a su madre. Emma escuchó al chico y salió de la habitación de Regina mientras se ponía los pendientes. Parecía ser que ir a visitar a los padres de Regina significaba vestirse con perlas y vestidos para ir a tomar cócteles.
''Ven aquí'' dijo Emma mientras se sacaba el pendiente y lo miraba, antes de volver a intentar ponérselo de nuevo. Esta vez lo acertó y consiguió ponérselo. Se arrodilló hasta la altura de Henry y empezó a anudar la corbata.
''¿Cómo te sientes chico?''
''Nervioso'' admitió Henry mientras contemplaba sus zapatos. Le molestaban un poco, pero su madre le había dicho que iban a juego con sus pantalones y por eso se los había dejado puestos.
''Tu madre también está muy nerviosa. Así que por eso tenemos que asegurarnos que sepa que estamos de su lado. ¿Te parece bien?''
''Vale,'' afirmó Henry con un firme movimiento de cabeza. Por una vez, iba a ser un hijo ejemplar. Emma acabó de ponerle la corbata a Henry y la palmeó dos veces una vez puesta.
''Estás muy elegante''
''Gracias Emma.''
''Bien ¿por qué no vas abajo y esperas a que nos acabemos de arreglar?''
''Vale.'' Henry hoy estaba extrañamente poco hablador. Probablemente por los nervios, pensó Emma.
Volvió a la habitación de Regina y se reclinó en el marco de la puerta mientras su novia se apresuraba del armario hacia el espejo. Regina estaba, si Emma era sincera, completamente de los nervios. Se había estado arreglando desde las tres del medio día y ya eran casi las cinco.
Regina se miró en el espejo. Nada iba a salir bien. Su vestido no parecía lo suficientemente bueno y por eso se lo había cambiado, no podía encontrar unos pendientes que quisiera ponerse, y ahora su pintalabios había desaparecido. Buscó entre su armario, tirando en el proceso algunas cosas que había colgadas.
Una mano le tocó el hombro, la mano de Emma, en ella tenía el pintalabios que estaba buscando. Regina se dio la vuelta y miró a la mujer que había estado aguantando su estado de nerviosismo.
Emma le estrechó los brazos cuando vio lo estresada y nerviosa que estaba Regina. Regina se acercó a ellos, abrazando a Emma fuertemente y suspirando cuando los brazos de Emma se envolvieron alrededor de ella. Se apartó momentos después.
'Estás preciosa' le señaló Emma a Regina, quién sólo le respondió con una mirada de escepticismo.
'Aún ni me he puesto el pintalabios.'
'No me importa, estás preciosa igual'
'Bueno gracias querida, tú tampoco te ves nada mal'
Regina volvió al espejo y finalmente se puso el pintalabios. Se dio un repaso rápido, comprobando que todo estuviera listo antes de coger su bolso de la silla y seguir a Emma por la puerta.
El único ruido que se podía escuchar era el ronroneo del motor del coche. Regina había insistido en que fuera ella quién condujera hasta Portland, donde vivían sus padres. El viaje estuvo envuelto en un tenso silencio. Parecía que todos estaban esperando con suspense.
Lo único que sabía Henry sobre sus abuelos era que la última vez que los había visto era cuando él aún era un bebé. Sabía que su madre no hablaba mucho con ellos, pero no tenía ni idea de por qué.
Lo único que sabía Emma de los padres de Regina era que pertenecían a la alta sociedad, eran muy formales, y muy estrictos. Regina le había contado alguna de las historias sobre cómo su madre la había llevado a irse de casa porque la forzaba a vivir una vida que ella no quería.
Aparentemente, sus padres habían sido una fuerza tan potente que durante un tiempo consiguieron que Regina estudiara económicas, a pesar de que no le interesaba lo más mínimo. Eso fue hasta que ella se mudó, a una pequeña ciudad donde pudo empezar su vida de nuevo.
Cuando llegaron a la casa, Emma y Henry miraron asombrados por la ventanilla del coche. Regina ya vivía en una casa grande, pero su casa parecía diminuta en comparación con ésta. Regina paró el coche en medio de la rotonda que daba a la entrada de la casa y salió rápidamente, balanceándose un poco sobre sus tacones.
Emma y Henry salieron un segundo después, aún contemplando la casa con la boca abierta. Emma vio cómo Regina le daba las llaves del coche a un hombre, quién se subió a él y lo condujo para aparcarlo.
'¿Tus padres tienen un aparcacoches en su propia casa?'
'A ellos les gusta…ser de lo más refinados.'
'Ya lo veo ya…' dijo Emma gruñendo mientras hacía señas. Esto definitivamente iba a ser toda una experiencia.
Los tres se dirigieron a la puerta principal, la cual también parecía intimidante y dónde Regina se retocó el pelo, se aplicó un poco más de pintalabios y se acicaló el vestido antes de llamar a la puerta.
Justo antes de que la puerta se abriera, Emma alcanzó su mano y entrelazó sus dedos con los de Regina. Regina le dedicó una mirada de agradecimiento y apretó ligeramente la mano de Emma.
La puerta la abrió segundos después un hombre alto que parecía un mayordomo. El hombre había trabajado ahí durante más de veinte años y Regina estaba convencida de que sus padres habían contratado al hombre simplemente porque daba la talla con su lacio pelo gris y su larguirucho cuerpo.
El hombre asintió cuando vio a Regina y ella le sonrió educadamente. Él se apartó y aguantó la puerta para que el trío pudiera pasar.
''Hola, soy Emma.''
''¡Yo soy Henry!''
Dijeron madre e hijo adorablemente al mayordomo mientras Emma ofrecía su mano para saludar y Henry la ondeaba en el aire. La cara del mayordomo permaneció pasiva y sólo les asintió incómodamente.
Emma puso lentamente su mano de vuelta a donde la tenía, dándose cuenta de que no iba a recibir un apretón de manos mientras Regina sólo se reía ante lo que hacían los dos amores de su vida. Definitivamente hoy iba a ser un día interesante.
Regina caminó a través de esa casa que parecía una catedral como si nunca se hubiera marchado de ahí. De mientras, Henry y Emma iban detrás de ella, con los ojos pegados al techo, de dónde colgaba un candelabro gigante.
Se dieron la vuelta lentamente, contemplando los suelos de mármol y las gigantes piezas de arte que estaban colgadas en marcos de oro. Había estatuas en las esquinas y más decoración por todas las paredes. Era difícil de decir si en realidad se encontraban en un museo o en una casa.
Después de minutos de contemplación, ambos se dieron cuenta de que Regina ya no estaba con ellos. Emma siguió hacia adelante, hacia donde había visto Regina caminar y se llevó a Henry de la mano con ella. Cuando pasaron la puerta que daba a otra habitación, se encontraron de golpe con Regina y sus padres.
'Y estos son Henry y Emma' señaló Regina a su padre, quién le susurró el mensaje a la madre de Regina. Emma lo encontró raro, pero estaba demasiado afectada por la rigidez que los rodeaba a los tres.
Regina estaba de pie incómodamente, con las manos cruzadas sobre su pecho.
Su padre era un hombre bajito, parecía muy rico, pero amable.
Su madre, por otro lado, debía tener metido un palo de acero en su espalda, porque su postura era perfecta. Sus labios estaban fruncidos de una forma que había visto en Regina, y sus ojos, bueno, sus ojos eran algo indescifrable.
Henry sabía exactamente cómo eran los ojos de su abuela. Eran como si en cualquier momento un rayo de luz infrarroja pudiera salir de ellos, preparado para destruir todo lo que se pusiera en su camino.
''¡Oh encantada de conocerte Henry! Por fin.'' La madre de Regina le dirigió una mirada acusadora a su hija, la cara de la cual no había cambiado desde que Emma había entrado en la habitación. Henry se esforzó en sonreír, a pesar de que aún estaba asustado de los rayos láser.
''Y tú debes de ser Emma, la madre de Henry. Puedes llamarme Cora.''
''Encantada de conocerte. También soy la novia de Regina.'' Respondió Emma mientras hacía señas para Regina antes de estrechar la mano. Quería asegurarse de que Regina sabía que estaba ahí por ella y que iba a apoyarla cien por cien.
''¿Y tú también sabes hablar el lenguaje de signos? Qué alegría…'' respondió Cora no del todo convencida mientras fruncía los labios con desdén. Emma tuvo que contener las ganas de levantar las cejas hasta arriba. ¿Esta mujer hablaba en serio?
Emma miró a Regina quién le estaba dedicando la mirada más culpable que había visto nunca.
''He aprendido hace poco. Por Regina.'' Contestó Emma mientras Cora asentía rígidamente.
''¿Y dices que estáis saliendo?'' Otra vez, sólo había criticismo plasmado en el rostro de Cora, obviamente disgustada con la preferencia sexual de su hija. O quizás sólo disgustada por el hecho de que Emma había sido el resultado de ello.
'Madre, por favor. Henry, este es tu abuelo. Su nombre también es Henry' señaló Regina, mientras el Señor Henry repetía el mensaje a Cora. Había tanta traducción entre medio que parecía exhausto. Quizás es por eso que nunca hablaban, pensó Emma para sí misma.
Henry Padre se inclinó hacia Henry y apretó la mano que le ofrecía Henry. Henry Padre sonrió y Emma se vio sonriendo también. A pesar de lo antipática que parecía Cora, Henry parecía todo lo contrario.
''Bueno. ¿Hora de comer? Le he ordenado al chef que haga filete miñón especialmente para esta noche.'' Dijo Cora de pronto, rompiendo el momento entre ellos dos. Regina, cuyas manos ahora estaban situadas rígidamente a cada lado de su cuerpo, se retiró con Emma mientras Cora las guiaba hasta el comedor.
'¿Ella no sabe hablar por signos?' Emma no podía dejar pasar el hecho de que la propia madre de Regina no sabía hablar su lenguaje. Ella sólo conocía a Regina de pocos días antes de que sintiera la necesidad de aprender para poder hablar más con ella. ¿Así es cómo ha sido siempre en la vida de Regina?
'Cree que es algo…que hacen los de clase baja.' Señaló Regina mientras rodaba los ojos. Estar de vuelta a esta casa por unos minutos ya le había hecho recordar el por qué se había ido. Emma se encontraba sin palabras. ¿Cómo era posible que esta preciosa mujer que tenía delante hubiera salido de Cora?
'Siento mucho que te haya hecho venir. Es insoportable,' Regina se mordió el labio inferior con los dientes. Le compensaría a Emma todo esto durante años.
Sabía que su madre era dura, intimidante, y una criticona, pero había creído que la mujer se comportaría. De momento ya había demostrado que no planeaba hacerlo.
'Yo me he ofrecido a venir. Estoy aquí por ti.' Emma besó rápidamente a la mujer antes de cogerla de la mano y llevarla hacia donde estaban los demás.
N/T: Siento la tardanza! Estoy trabajando ya en las próximas traducciones, me he prometido a mí misma no dejaros colgados esperando durante tanto tiempo, para compensarlo a partir de ahora subiré 2 capítulos por día que actualice :) gracias por todos los fav, reviews y mensajes!
