Nota Inicial: Dedico este capitulo a una persona que me ha apoyado mucho, sea cual sea el momento que pase, bueno o malo, no importa. Y sé que debería portarme mejor, pero no puedo, así soy yo. Y cumplo mi promesa porque no me gusta fallar, gracias sey.

Capitulo XII

Tan simple como sus palabras, tan mordaz como la sangre de aquellas dos personas que seguían atormentándolos, pero sobre todo, él se sentía ilusionado al hablar del asunto. Lo miró a los ojos y contempló en sus pupilas la aprobación que necesitaba para hablar con elocuencia.

-Sí.-Aceptó el castaño.- Adoro verla cada mañana al despertar, aunque sea a distancia, y extraño cada uno de sus bien fundamentados regaños.

Manta sonrió con cada expresión en su rostro, porque aquello era la manifestación más genuina de sus sentimientos. Había olvidado la ilusión que lo embargaba cuando cortejaba y pasaba buenos ratos con Marion, pero ahora parecía revivir todo y mucho más.

- Añoro con el día en que vuelva a estar conmigo, como aquella noche en que éramos sólo ella y yo. – Declaró seguro y continuó con lo que sería su última revelación.- Y si tú me preguntas si la amo…

-¡Manta! – Exclamó a viva voz Mannoko Oyamada.- ¡¿dónde estás?!

La adolescente no se cansó de gritar e Yoh se sorprendió del cambio radical de su amigo cuando lo vio salir enfurecido al pasillo. Por dios, los hermanos Oyamada gritaban a todo pulmón en las afueras del estudio y no sólo eso, sino que habían llamado la atención de casi toda la servidumbre.

-¡¿Qué quieres, Mannoko? ¿Qué no ves que estoy ocupado?!

-¡Eres un desgraciado, Manta! ¡Te dices defensor de todos, pero no eres más que un inútil!

Y las palabras subieron de tono, especialmente porque Manta no sabía a qué se refería su hermana con tantas acusaciones. Fue entonces que Yoh se atrevió a salir e intervenir en el conflicto de hermanos, él sabía de antemano que Mannoko se detendría en cuanto lo viera.

Pero no fue así. En cuanto apareció frente a los hermanos, la niña embraveció al rojo vivo y no pudo evitar lo que vino después. Sí, increíble, pero cierto. Ella alzó su mano y golpeó con fuerza su mejilla. Por todos los cielos, él no recordaba una jovenzuela tan agresiva, no cuando se refería a Mannoko Oyamada.

-Mannoko…- Susurró Yoh conmocionado por la actitud de la joven.

-¡¿Pero qué es lo que te pasa? ¿Acaso has perdido la razón?!- Gritó su hermano realmente enfadado.

-Cállate. Y tú, entra al estudio.

El castaño se intimidó ante tal orden, más cuando Mannoko se adentro con él y dejó a Manta fuera de la habitación. Su amigo comenzó a gritar nuevamente, exigiendo a su hermana abrir la puerta, pero sabía que por la actitud de la joven Oyamada, nadie abriría la entrada.

-¿Qué ocurre?- Se atrevió a preguntar el Asakura, aunque no tenía la certeza de una respuesta.

-¿Y te atreves a preguntarme?- Le respondió con sarcasmo la joven.- Vaya que los hombres son más cínicos, incluso aquellos a los que conozco de tantos años.

-No comprendo, ¿a qué te refieres con eso?- Cuestionó realmente confundido, pero lejos de recibir una solución, encontró en esos ojos resentimientos.

-¡No te hagas el idiota, Yoh. Tú la has dejado sola, no te importa y no sé cómo te atreviste a prometer tantas cosas si no piensas cumplirlas!

Sus palabras hacían eco cuando mencionaba la palabra soledad, ¿acaso se estaba refiriendo a Anna? Pero ella, al ver su expectativa y el silencio tan prolongado que lo domino, se enfadó más.

-¡Sí claro, quieres ser feliz el tiempo que nos quede, te prometo que no te haré llorar! ¡Patrañas! En verdad, Yoh, nunca pensé que fueras el tipo de hombre cobarde y miserable que veo ahora. ¿Por qué la has dejado sola y sufriendo?

Se quedó sin habla, su cerebro no procesaba tanta información al mismo tiempo, pero sobretodo, no quería entender lo que le decía la joven. Anna había marcado entre los dos muchas pautas y se alejó de él. Ella había impuesto todo antes de aclarar ese asunto de Hao, y él pensaba una y mil cosas al respecto.

-Ella no está enamorada de mí, Mannoko. Anna quiere espacio y…

-¡Al diablo con eso, Yoh! Yo la vi discutir con tu hermano está tarde, sé de esa relación, sé que la tuya no es más que una simple imagen.- Objetó con verdadera rudeza.- Ella siempre ha sido fuerte y lo ha sido desde que sus padres murieron, pero se cerró completamente al amor hasta que lo conoció a él.

Entonces sintió una daga hundirse en su pecho y entendió que había muchas cosas que no sabía de su esposa, más por la forma tan elocuente en que la joven le contaba cada aspecto que conocía. ¿Por qué si ella sabía lo de Hao no decía una sola palabra?

-¿Pero de qué sirve amar a un hombre que te hace sentir un objeto? Y entonces, pensé que tu podrías ayudarla, pero me equivoque, porque lejos de afrontarla, huyes y todo porque eres un ¡cobarde!

Yoh se sintió mal en todo sentido de la palabra, cómo era posible que viniera una adolescente a decirle que hacer y qué decisiones tomar, cómo podía ser tan ciego de no notar la máscara de Anna en esta situación.

- Y cuando una mujer se siente humillada, siendo Anna, se entiende que no va a permitir que la doblegue algo más. Se ve perfectamente a la mujer fría que era antes, aquella que desconfiaba de todos… Él, la tomó a la fuerza, ¿lo sabías?

-¿Hao la violó?- Articuló realmente sorprendido.

- Eso dijo ella.- Respondió tajantemente Mannoko.- Pero claro, para tu hermano no fue eso, fue más bien un ajuste de cuentas, ahora que tu eres el esposo y…!¿ a dónde vas, aún no acabo?!

La joven Oyamada miró en sus pupilas dibujarse un enfado sin igual. No quería, ni deseaba pensar qué haría. Corrió hacia la puerta, pero ya era tarde, Manta abría la puerta sin ningún recato y eso le dio a Yoh la facilidad de salir.

Manta, sin duda no esperaba el choque que tuvo con Yoh, y mucho menos la forma tan rápida en la que bajó los escalones. Ni siquiera una palabra emitió el castaño, pero sí lo hizo su hermana, quien se acercó al barandal y desde esa distancia le gritó.

-¡Yoh!- Gritó desesperada, pero el castaño no se detuvo.

Su hermano la miró con desconfianza, y no era para menos, Yoh se fue furioso de su casa ¿qué otra cosa podría pensar?

-¿Y ahora qué has hecho, Mannoko?


Horokeu miraba desde su oficina la magnífica vista de la ciudad de Tokyo, todo un paraíso para admirar, excepto lo acelerado del ambiente. Pero él tenía la suerte de ser líder y no un acarreado más, aunque no podía decir que era gracias al esfuerzo y sudor de su padre, sino a su madre.

-De no ser por esa relación con Mikihisa, él habría dado todo a Hao.- Dijo con serenidad, después de todo, su madre ya estaba muerta.

- Eso tenlo por seguro, no estarías aquí dándote la buena vida que llevas.- Argumentó Ren Tao.

Ninguno de los dos se dio cuenta cuando comenzó su amistad, sólo sabían que ahora existía, aunque no era del todo amena. Horokeu tenía en mente sacar provecho de esa relación y por supuesto que Ren Tao planearía algo similar.

-¿A qué debo el honor de tu visita, Picudito Tao?

-En realidad hoy no hablaremos de negocios.- Comentó complacido el abogado.- Tu hermana me ha dado por mi lado últimamente.

Sí, eso era lo que tenía presente Horokeu. Pilika no cuidaba en nada su relación con Ren Tao y eso tarde o temprano caería y no conseguiría ningún favor por parte de Kino, quien le había pedido vigilar estrictamente los movimientos de este hombre.

-Vamos Ren, eso háblalo con Pilika, sabes que aquí la hermana celosa es ella, no yo.- Respondió con gracia el Usui.

-En realidad, ella ni siquiera está en la ciudad, ¿lo sabías? Anna la mandó a Viena a ver un desfile de modas de no sé qué patrocinador.- Comentó totalmente indiferente de los gestos de su acompañante.

-Así que siempre se ha ido. La ingrata no me dijo nada, pero supongo que no vienes a decirme eso.

-No, sólo que voy a retomar mi interés romántico por Anna.- Declaró sin temor.

Horo Horo no reaccionó de manera violenta, pero sí se sobresaltó con su declaración, ¿en verdad hablaba en serio?

-Está casada, se casó con un amigo tuyo, fuiste su testigo. ¿Te suena todo eso?- Preguntó realmente confundido Horo Horo.

-No creo que duren mucho, ella parece que está cansada de estar en el circulo Asakura.

-Más a mi favor, si ella decide terminar va a querer espacio, no un acosador.- Contestó totalmente convencido de que eso es lo que haría Anna.- Además, ¿qué hay de Pilika?

-Nada, tú lo sabes mejor que nadie.- Respondió con desinterés el Tao.- ¿Y sugieres que le de paso a Hao nuevamente?

Horo Horo rió enérgicamente. No, claro que no, antes que Hao todos. Sin embargo, Ren llevaba demasiado tiempo buscando algo con Anna, que creyó que eso era más algo común que una verdadera atracción.

-No te entusiasmes mucho con la idea, si hay algo mal en la relación de Yoh y Anna, no dudes que Hao sería el que complete el trío, no tú Ren.- Admitió con bastante tranquilidad, porque no veía muchas esperanzas para él en el futuro.- Seguro Yoh lo arreglará todo, ya lo verás.


Mientras tanto, Hao miraba con gracia el rostro de su hermano. El perfecto reflejo, increíble simetría, excepto por un factor determinante, él carecía de la extraña felicidad que a él lo dominaba.

-¿Qué quieres hermanito?- Pronunció con sarcasmo en su tono de voz.

-Tú sabes lo que quiero.- Le respondió sin ningún miramiento.- Aléjate de ella.

Sin embargo, lejos de ahuyentarlo, aquella petición gritaba lo contrario. Si a ella no la había escuchado a su hermano mucho menos, especialmente porque tenía que arreglar aquel problema. Así que se dio el lujo de reír con semejante orden.

- ¿Tú piensas que por un don nadie que viene a decirme eso voy a desistir?, no cabe la menor duda de que vives en fantasía. He luchado por ella muchas veces, no creas que está es la primera dificultad que encuentro y siempre termina por perdonarme.

Sus puños se contrajeron con rapidez, él podía ser tan cínico cuando se ameritaba, pero por ninguna razón reaccionaría a su provoca miento, aunque no negaba que se moría de ganas de estrellarle el puño en ese varonil rostro.

-Lo digo en serio.- Dijo con una seriedad inusual el menor de los hermanos.- Ya le arruinaste la vida una vez, ya es suficiente.

La sonora carcajada que alzó en alto Hao Asakura no fue sorpresa para Yoh, ya que lo único que quería era hacerlo explotar. Caminó fuera de su escritorio y lo enfrentó de cerca.

-Me alejaría, pero me sigue queriendo. Tú tienes la culpa por casarte con una mujer que ama a tu hermano.- Respondió con maldad el mayor de los Asakura.- Resígnate.

-¡Estás equivocado, ella ya no te ama!.- Exclamó molesto por la actitud de su hermano

Pero la sonrisa de Hao no desapareció, al contrario, incrementó en cuanto Yoh terminó de expresar sus ideas. En verdad tenía que ser un iluso si pensaba que eso era verdad.

- Le hice el amor en tu bañera, en tu recamara y lo volveré a hacer cuantas veces quiera, porque ella así lo quiere. Entiéndelo de una vez, Yoh, ella te engañó, así como lo hice yo, como lo hizo Marion. Anna es mía.

Y fue precisamente esa la invitación que Yoh necesitaba para arrojar toda su paciencia por la borda. Su puño viajó a una velocidad increíble hacia el rostro de su hermano, quien recibió de lleno el golpe. Sin embargo, Hao Asakura no se quedó atrás y siguió el juego de su hermano. Arremetió con fuerza en el cuerpo del castaño, mientras que Yoh desgastaba toda su energía en la misma labor.

-¡Admite que me ama a mí!.- Gritó Hao descontrolado, poseído por la ira.

-A la larga sabes que eso no está bien, lo único que haces es que ella te aborrezca.- Dijo Yoh en medio de un golpe que lo tiró con certeza al suelo.

-Dices eso porque estás sentido.- Dijo Hao pateando sin ningún miramiento el estomago de su hermano.

La acción provocó que el castaño sujetara fuertemente el lugar del golpe, sin contar que aquello le había sacado por completo el aire. A pesar de ello, él no se daría por vencido y como pudo se levantó. Por obvias razones llevaba las de perder, Hao estaba acostumbrado a pelear, especialmente cuando eran niños y el mayor lo defendía. No obstante, el caso era muy distinto hoy en día.

-Sólo déjala ir.- Pidió Yoh mucho más calmado.- No sabes lo que le estás haciendo.

- Deja de decir tonterías.- Recriminó con enfado el mayor.- Ella me perdonará con otra noche de pasión.

Sus palabras provocaron en el menor una sutil sonrisa. El perdón de ella era mucho más que sólo sexo.

- No…estás equivocado…. Tal vez tú pudiste haberla tocado. Habrás hecho todo con ella, pero te estás mintiendo si piensas de esa manera. Anna está deshecha. Dañaste su orgullo, su dignidad al hacer eso.

Su fuerza de voluntad le permitió llegar hasta él y decirle de frente lo que deseaba dejar en claro.

-¿Desde cuándo el gran Hao Asakura viola a la mujer que ama sólo por sentirse más hombre frente a su hermano?.- Habló con mucho dolor y énfasis en cada una de sus palabras. – A mí puedes golpearme y matarme si quieres, pero a ella… ¡no vuelvas a tocarla así!

Entonces su hermano lo miró con desprecio, él no estaba dispuesto a ceder algo tan genuino como Anna, no cuando toda su vida había mendigado por un poco de amor de su madre, no cuando Mikihisa murió y lo dejó solo, no, él merecía luchar por ella.

-¡No conseguirás nada de ella, nunca te va a llegar a amar, y si lo hace tendrás siempre mi sombra detrás de ti, porque no voy a darme por vencido!- Exclamó con fuerza y orgullo el mayor.- ¡Siempre has estado detrás de mí, eso no ha cambiado, ni siquiera ahora!

Yoh sonrió con levedad, a pesar de que llegó furioso, no podía culpar totalmente a Hao del asunto, él también tenía cierta culpa por abandonado. Sin embargo, estaba dispuesto a declararle abiertamente la guerra a su hermano, al precio que fuera.

-Eso ha cambiado, porque no me pienso quedar atrás. Y voy luchar para que te lo olvide, no importa el tiempo que tarde, voy a sanar su corazón herido.


Ryu miraba por el retrovisor como ella ojeaba un libro. Tenía mucho tiempo que no la veía centrada en algo que no fuera el paisaje, a pesar de eso, aún podía reflejar indiferencia y aburrimiento.

-Es un buen clima, ¿no cree, Doña Anna?

La rubia suspiró y dejó el libro de lado, para que fingir que leía, cuando lo único que pasaba por su mente era la cena que tendrían con Silver Asakura, y estando en casa no podría desairar ninguna invitación al comedor.

-Si llega a visitar Izumo, le encantara ver la nieve caer en invierno. La familia Asakura solía reunirse todos los inviernos con la familia más remota.- Siguió con su relato el hombre.- Yo recuerdo mucho esas fiestas, el buen señor Mikihisa me permitía convivir con sus hijos y con la pequeña Tamao.

¿Tamao? En los dos meses que llevaba de casada no escuchó siquiera la mención del nombre, ni siquiera estando con Hao ¿sería alguien especial?

-¿Quién es esa tal Tamao?- Cuestionó con altivez, motivo por el cual Ryu estuvo a punto de chocar.

Anna notó de inmediato la reacción Ryu y aludió el suceso como algo perturbador, una pregunta que sin duda no esperaba.

-¿Y bien?

-Pues verá… ella es… la hija de Silver Asakura.- Contestó nervioso el hombre.- ¿No le ha mencionado nada, Don Yoh?

-¿Tendría que hacerlo? No conozco a su familia completa.- Respondió molesta la rubia.- Ni siquiera a esa prima que mencionas.

Por suerte para Ryu el trayecto llegó a su fin. Aunque Anna esperaba una nueva respuesta de su parte, pero al ver a Keiko a la entrada de la mansión su inconsciente sabía que tendría que estar alerta. Bajó del auto y la saludó.

-Buenas noches, señora Keiko.- Pronunció con altivez, misma que le dirigió su suegra.

-Buenas noches, Anna. Espero que estés lista para la cena de esta noche, aunque por lo visto necesitas un retoque querida.

La rubia sabía a lo que se refería, porque sus lágrimas corrieron un poco el maquillaje de sus pestañas y eso oscurecía un poco el borde de sus ojos. A pesar de eso, estaba segura que Keiko lo decía con segundas intenciones, entre ellas la de hacerla sentir mal; el problema era que no lo conseguiría jamás.

-Agradezco la sugerencia, pero está de más- Respondió tajantemente Kyouyama.- Y tenga por seguro, señora Keiko, que no soy Phauna para que pueda manipularme a su antojo.

La madre de su esposó sonrió ante el reto y la dejó pasar sin mayor problema, ya se ocuparía de aplacar un poco el duro carácter de Kyouyama. Mientras tanto, Anna se dirigió a su habitación y contempló su reflejo en el espejo, no se notaba demasiado su aflicción, pero ahí estaba, en la soledad de sus ojos. Tomó el cepillo y acarició su cabello repetidas veces hasta que oyó su voz.

-¡Kanna!- Exclamó con fuerza Yoh Asakura.

Lo miró con detenimiento, vaya que lucía enojado y no sólo eso, al parecer había tenido otro encuentro violento con Hao. Sin embargo, lo más sorprendente fue cuando ordenó a Kanna traer a toda la servidumbre al patio.

-¡Escúchenme bien, no quiero, por ningún motivo, que se acerquen a mi habitación en un horario en el que no estoy! ¡Y nadie, absolutamente nadie, tendrá la llave de esa habitación, así que no se esfuercen en hacerle un favor a mi hermano!

La rudeza con la que se dirigía hacia cada uno de los miembros de la colecta era increíblemente fuera de la realidad, puesto que jamás había tomado esa actitud tan arrolladora. Y más cuando se dirigió al ama de llaves.

-Creo que fui muy claro, Kanna. Quiero que respeten mi espacio y el de mi esposa, ¿entendido?

Y todos se adentraron a la mansión, excepto él, que caminó hacia otra dirección. Pero Anna no sabía exactamente qué pensar, ¿qué motivo tenía Yoh para adoptar tal medida? Sabía que Hao tenía un cómplice, no obstante ¿habría Yoh descubierto quién podría ser?

Bajó inmediatamente después dar un retoque a su maquillaje y pasó por alto al mayor de los Asakura cuando intentó frenar su rumbo. Estaba decidida a hablar con Yoh sobre eso, quería respuestas, no más dudas, aunque eso en cierta forma la tentaba a no hacerlo por diversas razones.

-Señora Asakura.- Escuchó la voz varonil de un hombre, que sin duda sería el invitado de esta noche.

-Señor Silver, buenas noches.- Respondió con resignación y cortesía, pero más conformismo que nada.

-Me cuestionaba en estos momentos si bajaría a recibirme o tendría otra jaqueca.- Pronunció con ese toque de ironía tan común en él.-Aunque debo pensar que la espera de un hijo deber ser el motivo de tantos inconvenientes.

Kyouyama lo miró con enfado, que él viniera a cenar tantas veces no era su problema, más cuando sacaba ese tono tan mordaz con ella. Objetaría con todo el conocimiento que tenía y lo haría revolcarse en el fango por creerse una celebridad; sin embargo, sintió como su par de manos se posesionaban de su cintura con ahínco. Inmediatamente se volteó, estaba casi segura que era el mismo Hao, pero no, era su esposo.

-Es sólo cansancio, Silver, tenemos mucha carga de trabajo últimamente- Rebatió en la conversación el castaño.- ¿No es verdad, cielo?

Sentir aquel apoyo de su parte era en verdad un gran alivio, más cuando terminó por aceptar que Silver se veía de alguna manera reducido cuando Yoh entraba en acción.

-Sí, amor, estoy un poco cansada.-Le respondió con cierta indiferencia, pero su mirada no se apartó del supuesto familiar.

-Por supuesto, espero que no lo haya tomado a mal, sólo era una observación.

-Eso espero-Aseveró con crudeza Yoh.

No obstante, Anna sintió la tibieza de su cuerpo con el de ella. Tenía bastantes días que él no se le acercaba de esa manera, que fue una extraña combinación de pensamientos, los cuales se vieron arruinados cuando contemplaron la figura del gemelo bajar al vestíbulo.

-¿Interrumpo algo?- Cuestionó molesto el castaño

-No es nada en especial, sólo hablábamos un poco, Hao.- Respondió sonriente el castaño.- Sólo conversábamos.

El duelo de miradas era evidente, incluso para Silver, que deseaba permanecer a toda costa lejos del problema de los gemelos. Carraspeó un poco la garganta, pero antes de que pudiera expresar algo llegó Keiko.

-La cena está servida.- Anunció con amabilidad, a pesar de que se enfrentó directamente a su hijo mayor.

Silver respiró tranquilo cuando Keiko se acercó hasta él para llevarlo al comedor. No quería parecer grosero, pero estaba perdiendo la paciencia cuando veía a los gemelos enfrentarse cada noche, aún sin la presencia de la rubia.

-Ya escuchaste, Yoh. ¿Acaso no piensas moverte?- Enfatizó celoso, cuando vio la mano de ella posarse sobre la de él.

A sus ojos no parecía una pareja separada, sino todo lo contrario, los dos se veían tan bien juntos que no figuraban como un matrimonio falso. Entonces Hao caminó molesto hacia el comedor, deteniéndose en el camino sólo cuando se percató de algo.

-No… todo eso es pura actuación.

Sin embargo cuando giró no pudo evitar sorprenderse cuando su gemelo besó a la rubia. Dios, tenía el cinismo de cometer semejante locura frente a él y no titubear en el acto. Yoh Asakura le había declarado la guerra desde que discutieron en su oficina y ahora más, que Anna respondió al gesto de su esposo.

Kyouyama se había sorprendido tanto como Hao, pero eso no evito el contacto, más cuando Yoh susurró a su oído algunas palabras que le hicieron recapacitar y despertar de su alejamiento.

-Como en los viejos tiempos…

Y lo hizo tal y como recordaba, a pesar de la prohibición, pese a todas las actitudes cortantes, sin importar nada más, disfrutó del beso con todo lo que podía sentir. Sin embargo, sensación de satisfacción duró sólo un poco.


Era increíble como tales situaciones lo sacaban de equilibrio y cómo las ocurrencias y disparates de su hermano tenían tantas consecuencias. Si él estuviera en su lugar no cometería tantas atrocidades de eso estaba seguro, aunque él no era precisamente un santo. Recordó la cena de unos momentos, Hao no pudo hacer más evidente su odio, más por la manera tan pasional en que besó a Anna.

Suspiró con pesadez, realmente todo se estaba saliendo de control, no sólo Hao, incluso él que no dudo en acariciar los labios de su esposa con los suyos. Estaba loco, Anna le había prohibido semejante tacto después de…

-Aquella noche.- Recordó Yoh la razón de ese tajante método.

Todo tenía sentido, no sólo cuando ella se levantaba, sino también las veces que la escuchó llorar del otro lado de la puerta. Anna era fuerte y decidida, pero por dentro era la persona más frágil que había conocido. Sintió el temblor que la domino cuando tocó su cintura y más cuando sin ningún permiso se atrevió a besarla.

-Podrá ser que yo….

-Sí, es muy probable.-Irrumpió en su monologo la rubia.- es muy probable que termine por golpearte yo también si sigues insistiendo en esas cosas.

Y vaya que se veía molesta, aunque quisiera negar su expresión, era imposible no ver el mal genio que tenía esta vez. Él lo único que hizo fue mirarla fijamente, no sólo porque era extraño, sino porque veía como ella contemplaba el botiquín para curar su golpe; aunque en realidad no sabía con certeza a qué se refería con aquella afirmación.

-¿Te refieres al beso, Anna?- Preguntó con tranquilidad el castaño, lo que le dio la pauta para acercarse.

La rubia caminó hasta él y observó con peculiar atención el moretón que tenía en su mejilla.

-Me refiero al golpe. Te peleaste otra vez con Hao.- Afirmó serenamente.- Deja de actuar como un salvaje.

¿Salvaje? Claro que no, sólo había obrado con buena fe, nada comparado a Hao que lo golpeaba con una ira reprimida. Y además, todo lo que hacía era por ella.

-Trataré de no pegarle.- Contestó con cierta incomodidad, no sólo por sentirse regañado, sino porque ella manifestaba preocupación por su hermano.

Anna notó ese cambio, ya que inmediatamente dejó de mirarla. No sabía el por qué, pero conocía la razón por la que evitaba su mirada. Ahora la cuestión era si esclarecer o no los pensamientos de su esposo. No obstante, ignoró esa voz.

-¿Por qué lo hiciste?- Le preguntó con curiosidad cuando se sentó enfrenté de él- ¿Hay algo que no sé?

Yoh miró el balcón. Sin duda la noche era hermosa, no sólo por la tranquilidad que le brindaba la vista al jardín, sino por la compañía. Ella no venía a sus aposentos desde hace más de dos semanas, por eso le pareció algo verdaderamente especial. Pero Anna sólo quería respuestas, nada más.

-En realidad, no.- Respondió tranquilo.- Pero tú… ¿hay algo que quieras decirme?

Eso la paralizó unos segundos, más cuando él se puso de pie, sino porque se acercó hasta ella con decisión. Era un experto para voltear la situación del modo que mejor se acomodara. Sin embargo, ella no dio paso a algo más, simplemente desvió la mirada y se concentró en lo que había en la pequeña mesa.

-¿Por qué evitas mi mirada?- Preguntó confundido el castaño por la actitud tan frágil que mostraba.

Y sus dedos tocaron su rostro de una manera sutil, porque sólo quería que ella lo viera y cuando lo hizo no pudo saber lo que le hizo sentir. Estaban tan cerca y a la vez tan lejos de sus pensamientos, así como también de su razón.

-¿Por qué quieres saberlo todo? Te he dicho que no debemos entrometernos más de la cuenta.- Contestó con cierta brusquedad, mientras su mano apartó la de él.

Anna se paró con rapidez y se alejó unos pasos de su lado. Ahora sí se asustaba, aquel hombre le hacía sentir una extraña candidez que no estaba dispuesta a permitir, no sólo porque no debía, sino porque no se lo merecía. No obstante, él no desistió y nuevamente se acercó, se estaba arriesgando a recibir una bofetada, pero…

-Porque me interesas.- Dijo con sensatez y plena convicción.- Me importas, Anna.

La rubia se estremeció con esa revelación, que sin duda no esperaba. Sin duda, Yoh podía paralizar sus acciones con tanta facilidad, más ahora que se sentía vulnerable. Giró para verlo y reunió el valor necesario para hacer frente al escrutinio de su mirada.

-¿Y por eso te peleas con él?- Le cuestionó con cierta rudeza.

-Sí y no, pero preferiría no hablar de eso.- Contestó extremadamente relajado.- Ahora sólo quiero aminorar mi golpe, le daré una mala imagen mañana al evento con este moretón.

Entonces Anna se acercó y tomó el algodón. Si alguna vez sintió algo más que amistad por él, ahora era el momento de probar lo contrario, pero no, decidió quedarse muy a pesar de su seca relación.

-La próxima vez procura que no sea en la cara.


Hoy era el día. Dentro de unas horas nada le quitaría la supremacía a Yoh, ni siquiera Hao podría objetar contra el testamento de su abuelo, no ahora que su hijo menor estaba en la cima del éxito. Sonrió al ver a las mujeres peinarla con dedicación, esta era su noche y nada lo arruinaría. Sólo una cosa opacaría su momento de gloria, ella.

Sostuvo con fuerza el hermoso collar que Yoh le había obsequiado y podía jurar que no era gran cosa comparada con la exuberante joya que le había dado a ella, a Anna Kyouyama. Debía admitirlo, comenzaba a sentir celos de la rubia, especialmente porque su hijo no deja de pensar en algo que no fuera ella.

-Dime Yoh, ¿en verdad eres feliz?

Y su respuesta la dejó sin palabras, no sólo porque había una candidez especial en su dedicatoria, sino porque parecía que él había encontrado lo que ella no halló en su matrimonio, unión.

-Lo soy, sólo si ella lo es.

Anna era afortunada al tener a Yoh con ella, por eso sentía celos. Ahora más que nunca averiguaría todo, absolutamente todo sobre esa mujer, porque había algo misterioso en aquel matrimonio y lo sabría al precio que fuera. Por mientras, estaba lista para regocijarse del primer progreso de su hijo menor.

-Prepárate para la humillación, Hao.


Anna miraba el taller de costura con cierta melancolía y no por ser el lugar de espectáculos preferido de Hao, sino por todo el costo que tenía para ella mantener en pie toda la planta productiva. Era el esfuerzo de su propio sudor, por lo tanto valía el doble.

Sin embargo, para Yoh había sido más fácil llegar al lugar donde estaba, pero seguía siendo algo extraño, ya que por todas las condiciones que impuso el viejo Yohmei, Yoh era el predilecto para quedarse en posesión de las propiedades. Algo sin duda perturbador, porque dejaba a Hao fuera de la jugada.

-Anna, me tengo que ir.- Escuchó las palabras de Jun Tao.- Y veo que tu secretaría también se ha ido.

-Tiene día libre.- Respondió con crudeza Kyouyama, sobretodo anticipándose al discurso que le daría.

-¡¿Qué?! Pero Anna tienes apenas el tiempo necesario para…

-Asistir a una cena con tu hermano, así que si dejas de discutirme de esa manera, podremos salir a tiempo a nuestros respectivos eventos.- Contestó tajantemente

-¿En verdad dejarás a Yoh solo? –Cuestionó sorprendida Jun.- ¿Te piensas divorciar?

La rubia no se extraño por las múltiples cuestiones de Jun, excepto aquella última que probablemente estaba pasando por su cabeza un par de veces.

-¿Y qué tiene que ver una cosa con la otra?

-Vas a salir con Ren a una cita. Anna si un periodista te llega a seguir todo Japón armara un escándalo, ¡especialmente porque mi hermano ha reservado todo el restaurante! Sé que Yoh te ha dejado sola en muchos eventos, pero también sé que Mattilda es quien mueve la agenda de los dos, ¿no crees que sea demasiada coincidencia?

-Es mi secretaria desde hace muchos años.-Argumentó con conciencia Kyouyama

-¿Pero la conoces realmente?

-Escucha Jun, sea o no sea culpa de Mattilda, no iré. –Declaró contundentemente Anna.-

-Sólo voy a argumentar una cosa, Anna. Si dejarás que Yoh llenara el vacío de Hao todo sería distinto, pero le has cerrado las puertas a todos sólo por ese hombre que no vale la pena. Yoh te quiere, lo sé.- Dijo con pasión y fervor de todo lo que Hao removía en ella.- La cuestión es… Anna, ¿qué estarías dispuesta hacer por él?


Bajó del auto con plena convicción, nadie lo reconocería, peculiarmente porque era un lugar recóndito en una inmensa metrópolis. Admiró cada detalle hasta localizar a su amigo.

-Tengo las fotos. Aunque te diré, me costó mucho trabajo entrar a tu departamento sin que ella se enterara, tiene vigilancia por todos lados.

Hao sonrió con esperanzas.

-¿Cambio la cerradura?

-Sí, pero aquí tienes la llave- Le respondió orgulloso el inglés.- Veo que no te funciona las tácticas de Marion.

-No sabe jugar en terreno lodoso, aunque con esto puede que equilibremos un poco el juego. Ella va a tener el evento más grande que haya tenido y yo la voy a acompañar.

Lyserg lo miró con incredulidad, ¿hablaba en serio? Creía que era demasiado secuestrar a su hermano para lograr tal hazaña y sólo por una noche.

-¿No hablas en serio o sí?

-Creo que Yoh necesitará mucha acción el próximo mes, por mientras iré a ver cada fracaso que tenga esta noche.


Dos horas, el tiempo que Sally había calculado para su viaje, aunque no estaba muy lejos de la capital, sí tenía que hacer acto de presencia antes de comenzar el evento. Hoy promocionaría el nuevo vehículo de la compañía, abriría una nueva fábrica, y por supuesto haría frente a su hermano.

Así que con relativa calma, caminó hacia su habitación, donde sabía de antemano que ella no estaría. No tendría que estarlo, si él no acudió a la mitad de sus eventos, por qué habría de hacerlo ella, especialmente cuando le había dicho que no iría. Entonces la tranquilidad ya no fue suficiente para adormecer esa parte de él que pedía y exigía hablar con Anna de ese asunto.

-¿Por qué callas todo tu dolor?.- Susurró con aire pensativo.

Aunque lo último que quería en este momento era atormentarse con su situación matrimonial, Anna no podía escapar de sus pensamientos e incluso pensó por un momento dejar todo a la deriva. Sin embargo, no podía, ahora era el ejecutivo central y tenía sobre sus hombros continuar el legado de su abuelo, por lo tanto optaría por centrar su atención en el asunto y relajarse en las aguas termales. Miró su reloj, tenía el tiempo contado y no podía darse el lujo de perder más. Tomó sus cosas y se dirigió al lugar que le brindaría un poco de paz.

No obstante, no contó con encontrarse a una joven saliendo del mismo cuarto. No se extrañó en lo más mínimo, después de todo su abuela frecuentaba mucho la sauna y el aseo era exhaustivo en ese sentido.

-¿Piensa tomar un baño, señor?- Pronunció casi con miedo la mucama, aunque era claro el por qué de ese temor, él no deseaba que lo miraran de esa forma.

-Sí, pero no te molestes yo mismo lo preparo.- Contestó con una gentil sonrisa en su rostro que apaciguo el temor de la señorita.

-Como usted guste señor, sólo hay algo que debo decirle.- Advirtió la joven mujer, pero Yoh miró el reloj con cierta impaciencia.

-Tendrá que ser más tarde, apenas tengo tiempo de relajarme en las aguas termales.- Dijo Yoh con bastante prisa y acto seguido abrió la puerta.- ¿o es algo muy importante?

La joven se detuvo un momento a observarlo. Él era muy hábil con sus manos, puesto que desabotonaban sin ningún problema la camisa. Y sin corbata, desarreglado, se veía increíblemente atractivo, motivo por el cual un sutil sonrojo apareció en el rostro de la mucama.

-No es nada, señor, siga adelante.- Dijo con grandes esfuerzos, él correspondió con una sonrisa y entró sin mayor problema.- qué envidia…

Se desnudó por completo y enrolló una pequeña toalla al rededor de su cintura. La humedad y el calor que allí emanaba le hacían sentir una profunda calma. Sin embargo, se extrañó al ver una silueta en medio de todo el vapor que había. Avanzó unos cuantos pasos para descubrir quién perturbaba su tranquilidad y no pudo evitar sorprenderse al ver a su esposa dentro del agua.

-¿Anna?- Cuestionó incrédulo, especialmente cuando ella reaccionó con violencia.

-¡¿Pero qué demonios te crees?!- Exclamó con fuerza y le arrojó varios utensilios de baño.

Su cuerpo temblaba de rabia e ira, mientras sus mejillas ardían al rojo vivo y sin saber exactamente el motivo, si era vergüenza, enojo, o ambas.

-¡Vete! ¡Desaparécete!.- Volvió a gritarle con fuerza.

-Pero Anna…

-¡Vete!- Repitió con firmeza y él pareció acatar la orden al abrir la puerta.

Sin embargo, se detuvo e Yoh no sabía qué hacer sin que alguno de los objetos que arrojara lo dejara inconsciente, así que con cierta habilidad se acercó hasta ella y cubrió su boca con presteza.

-No grites, alguien puede venir y oírnos.- Advirtió asustado el castaño de que otra persona más se entrometiera en su "pelea".

Y sin duda no esperó ver cierto brillo de temor cuando realizó tal acción. Era obvio que Anna no soportaba que la tocara de esa manera tan intimidante, porque no dudo ni por un momento en empujarlo al agua a pesar de que eso pudo haberlo lastimado. Por suerte, no ocurrió nada y cuando emergió del agua la vio nuevamente en pose defensiva, mientras cubría su cuerpo con una toalla empapada.

-Deja de provocarme.- Espetó sin ninguna consideración.- ¿qué haces aquí?

-Sólo quería descansar un momento.- Dijo un confundido Yoh por no saber exactamente qué decir.- No buscaba irrumpir tu baño, no soy ese tipo de hombre.

Y por escasos segundo lo notó nuevamente. Ella seguía vulnerable en ese aspecto, sin duda era un gran tonto al no haberlo notado antes y recordar el hecho con exactitud. No obstante, Anna no dio tregua a un momento íntimo. Cerró los ojos y calló, no dijo más, sólo lo dejó permanecer ahí. Cualquier hombre se sentiría afortunado con esa respuesta, pero no él, que deseaba verla replicar y gritar si quería, pero no, tan sólo callaba sus sentimientos.

Era inútil fingir, de nada le servía ahora. Yoh podía desnudar su alma si quería, por eso le aterraba en verdad permanecer demasiado tiempo con él. No quería sentir, sólo vivir sin ser nada, pero por más que luchara no podía, algo clamaba con fuerza en su interior y ese sentimiento no la dejaba dormir tranquila. Todos los momentos a solas con él se estabn convirtiendo en la peor de las torturas, y todo porque no se atrevía a mirarlo con frialdad, no podía, Yoh tenía algo diferente.

-Si a ti te hace sentir mejor, entonces… yo jamás me habría fijado en tu hermano si te hubiera conocido antes.- Recordó por un instante sus palabras.

No deseaba admitirlo, pero de alguna manera se sentía culpable de lo que había pasado entre ella y Hao, más aún cuando Yoh lo había visto. Por orgullo y por dignidad no podía permitir mezclar más sus emociones y la poca cordura que le quedaba. Abrió los ojos y lo contempló una última vez. Sabía que él quería una respuesta, aunque no la pidiera con palabras, sus ojos lo gritaban. Ignoró aquel impulso y se levantó con su toalla. Lentamente caminó hacia la salida, no deseaba enfrentarlo más. Hasta ahí llegaba su cobardíó sus cosas y en una bata salió en silencio, pero no el suficiente como para pasar inadvertida por él. Al cerrar la puerta lo único que cruzó por su cabeza fue desistir de seguir con esa farsa. Jun tenía razón en ese aspecto, tal vez Mattilda era causante de su ruptura y escaso contacto, pero era inminente que ella había cerrado toda esperanza de sentir algo por ese hombre. Sin embrago, incluso no tener relación con Yoh la estaba matando, pero…

-¿Sabes?- Escuchó la voz de su esposo- Sé que nuestra relación es aparente, pero quiero decirte algo importante.

Por algunos instantes sintió un escalofrío terrible, como si aquellas palabras retumbarán con fuerza en cada uno de sus sentidos. ¿Acaso él sabía que estaba ahí?

-Anna, tal vez no lo notes, pero eres una parte importante de mi vida. Gracias a ti he logrado muchas cosas que no creí conseguir, sé que es egoísta pedirte esto, pero… yo quiero que tú estés ahí.

El sonido del agua dejó de escucharse en ese breve espacio, casi podía sentir que estaba ahí, a su lado, pero aún quedaba esa puerta que los dividía. Por supuesto que comprendía lo que decía, durante muchas noches que pasó a su lado le decía las tantas cosas que habían cambiado y la importancia que ahora tenía en su vida.

-Acompáñame.- Pidió de manera más directa.-Por favor…

Pero no, ya nada sería igual, las reglas eran otras. Quería verlo progresar, mas no quería ser parte de su vida y todo porque era una simple burbuja que un día tronaría. Tocó sus labios, aquellos que la noche anterior había acariciado con los de él, ya no negaría lo mucho que le atraía ese hombre. No obstante, las ilusiones simplemente ya no cabían en su mente y menos en su corazón.

-Tengo otro compromiso.-Dijo ella con dificultad en su voz.- Lo siento.


Y no pudo evitar sentir ese pesar, especialmente cuando vio a su hermano subir al jet. Hubiera dado todo porque ella lo acompañara y demostrara que podía ser fuerte. Sin embargo, Anna no quería más contacto con él, no después de que él la mirara de esa forma tan intensa como rogándole algo más que sólo su frialdad.

Mannoko tenía razón cuando grito todas esas cosas, él no era un hombre de palabra. Había prometido hacerla feliz, no hacerla llorar, pero todo había quedado en un simple nada. Sus palabras las recogía el viento y su interés cobraba fuerza con cada objetivo logrado, al menos Hao podía manifestar sus celos abiertamente, él no.

-¿Ryu, a donde ir a Anna?- Le cuestionó preocupado antes de salir, pues ella no había tardado casi nada para salir de su casa.

-Es una cena con su abogado, el señor Ren Tao.

Por eso veía en Hao un semblante oscuro, pero ahí estaba, inmóvil. Los dos estaban atados a un gran compromiso familiar, de lo contrario creía que saldría corriendo tras ella, pero…

-¿Marion?- Preguntó incrédulo al verla abordar el avión.

-No me perdería por nada tu gran éxito, Yoh kun.- Habló con tranquilidad la rubia.- Y no te asustes, hoy no te acosaré, aunque por lo visto estás soltero.

-Te agradezco el ánimo, pero no necesito más de tu parte.- Resolvió con rectitud el castaño, a pesar de que su ex novia no daba espacio alguno entre los dos.

-¿Qué acaso Anna no cometió el mismo pecado que yo? ¿Por qué ella si tiene tu perdón?- Replicó molesta Phauna.- ¡¿Por qué?!

Yoh no se extrañaba en lo absoluto que esa mujer tuviera ese conocimiento, a pesar de eso, no hizo caso a la provocación, más porque no había ocurrido tal cosa y hasta ahora mantenía a Hao alejado de Anna.

-¿En verdad quieres saberlo?- Preguntó con una sonrisa en sus labios, motivo por el cual hizo rabiar a Marion.- Porque la amo.


La elegancia era común en ella, pero no podía negar que esa característica tenía un atrayente innato, especialmente en hombres como él. Ren Tao había sido por más de tres años un pretendiente muy destacable, al grado de aceptar esa cena en esta noche. Aunque Ren no pensó que invitarla a cenar fuera posible, no después de su matrimonio, porque ni siquiera cuando su pareja era Hao se permitía tal hazaña y esa era la razón por la que valoraba con creces esta cita.

-¿Este es el restaurante?- Cuestionó con indiferencia su acompañante-

Sin duda era un hermoso lugar, a pesar de no ser el más caro de toda su lista, pero admiraba el detalle que tenía el joven Tao con ella.

-Tal vez no sea tan ostentoso como los que Yoh debe llevarte, pero es poco probable que te siga algún periodista aquí.- Pronunció con orgullo el abogado.

-Sería todo un escándalo.- Contestó con aburrimiento. Aunque se imaginaba claramente a su suegra enfadada por los titulares que una cena amigable traería a su familia.

Entraron. Efectivamente era un lugar muy íntimo, tanto que no imaginó un sitio más perfecto para escapar de su realidad. Miró el reloj, Yoh apenas se dirigía al aeropuerto, aún tenía tiempo para…

-¿En verdad eres Anna Kyouyama?- Fue la pregunta que la despertó de aquel trance extraño.

-¿Aún dudas que lo sea?.- Respondió con aquella sutil arrogancia, digna característica de ella.

- Has estado ausente mucho tiempo, demasiado para el que estoy acostumbrado. Siempre hablas y hablas discutiendo temas de política, y hoy parece que estás muda.

Su sinceridad la aturdió por un momento, pero ignoró completamente su comentario.

-¿Cómo está tu padre?

-Igual que tú.- Le respondió tajantemente.-Muerto en vida. Aunque él tiene sus razones, aún me cuestiono las tuyas.

El silencio reinó y sus bebidas llegaron. Ella sorbió con lentitud aquel coctel, sin importar que él estuviera mirándola con tanta detención. No le importaba, en realidad lo único que quería era deshacerse de esa incomoda sensación y bebió de golpe todo lo que quedaba en su copa.

-Debe ser algo en verdad fuerte.

-¿Querías una cita o un interrogatorio?.- Le cuestionó molesta por esa actitud tan arrogante.

-Siento no ser Yoh.- Contestó con evidente sarcasmo en su tono de voz.- Pero no comprendo tu actitud, estoy aquí porque quiero estar contigo esta noche. En cambio tú lo único que quieres es estar junto a él.

-Deja de decir tonterías.- Respondió con seriedad y no porque él la estaba retando a un duelo de miradas, sino porque era la cruel realidad.- Es sólo algo pasajero.

- Tan es así que llevas el anillo puesto.- Espetó con rudeza cuando miró con desprecio el objeto.- El anillo del te propongo que seas feliz por el tiempo que nos quede juntos.

La burla era inherente en cada una de sus palabras, más porque recitó aquel discurso del castaño. Qué memoria la de Ren Tao y qué tono tan más despectivo usaba para referirse a esos detalles tan significativos para ella. No lo pensó más. Ahora era furia lo que la dominaba. Se paró y plantó en la cara de su amigo una sonora bofetada.

Ren Tao se sorprendió tanto por el acto, como por la rudeza con que Anna lo trataba.

-Ni se te ocurra burlarte más o te juró que ni tu hermana te va a reconocer.

Sin embargo, él no era Hao, que seguramente respondería con algunas palabras airosas y no era Yoh, quien probablemente se sentiría dolido y sin saber que decir al respecto, no, aquel era el gran Ren Tao. Y por ello, recibió con entusiasmo el golpe, porque había logrado su objetivo.

-Esa sí es Anna Kyouyama.- Sonrió agradado al verla irritarse aún más por sus palabras.

-¡¿A qué demonios estás jugando?!- Cuestionó realmente molesta.- ¡Y quita esa sonrisa estúpida!

No podía negar que se sentía increíblemente bien salirse de la regla y volver a ser igual de expresiva, no la dura e imponente apariencia que todos admiraban. Quería gritarle a él todo lo que no había podido gritarles a los demás.

-Sólo quiero jugar limpio. No soportaba verte con esa barrera de hielo cubriéndote por todos lados, créeme es imposible romperla, a menos que tú lo hagas. – Le explicó con absoluta calma Tao, mientras bebía su copa.- Soy tu pretendiente, pero más que nada… soy tu amigo y quiero que hagas vibrar al mundo con tu ira y desenfreno.

Y miró el reloj que colgaba de la pared. A pesar de que había preparado con esmero esa velada tenía que reconocer que debía dejarla ir.

-Será una pantalla y todo lo que digas, pero no puedes negar que ya estás inmersa en su mundo. Lo has ayudado a crecer de tal manera que sus logros son los tuyos, así que si piensas dejarle ese reconocimiento a alguien más, tal vez no me interese cortejarte.

Anna lo miró con rudeza. Ren tenía un estilo propio de correrla sin necesidad de demostrarle lo mucho que le atraía, sin duda era pésimo pretendiente para arrojarla a los brazos de otro hombre.

-No creas que llevo mi anillo por las bellas palabras de Yoh, también lo puedo usar para desgarrar tu hermoso rostro.- Dijo la rubia con solemnidad, mientras una de sus manos se posaba en la mejilla de su acompañante.

-Entonces hazme un favor y ve a rasgarle el rostro a ese hombre que te ha lastimado tanto.- L e dijo con mayor sutileza y sostuvo con fuerza su mano.- Ve por la revancha.


-Preparados para salir.- Indicó Amidamaru al conjunto que dirigiría la apertura.- Señor Yoh, estamos a su disposición, cuando usted lo indique.

El castaño suspiró hondamente, tenía claro que este proceso sólo su abuelo lo había llevado a cabo, pero estaba convencido de que nada opacaría su luz está noche, excepto su ausencia. Caminó con decisión al escenario, entonces la lluvia de aplausos comenzó a resonar en todo el recinto.

-Señores, buenas noches.- Comenzó con ese tono de voz tan solemne.- Muchos de ustedes han trabajado con nosotros en ocasiones anteriores y agradezco la confianza que han depositado en mí esta noche.

Y calló por unos instantes. Tantos empresarios y jefes de estado lo acompañaban en esa gran empresa, su familia e incluso el altivo Hao miraba con expectación y malicia cada uno de sus movimientos. Leer de la pantalla no ayudaba a su ánimo y no es porque desacreditara los dictados de Amidamaru, sino porque esa persona cuadrada no era él.

-Sé que el protocolo me obliga a nombrar a cada uno de los miembros de esta junta y a agradecer infinitamente a los colaboradores de esta gran obra, pero quiero enaltecer a las personas que hicieron posible esta obra que generará millones y sobretodo, les dará una nueva fuente de ingresos.

Y vio aparecer en pantalla su próximo dialogo, pero Amidamaru ya había comprendido que sería inútil forzarlo a leer.

-En realidad, este proyecto fue idea de mi abuelo, el máximo líder de esta empresa y gracias a él es que tenemos la visión de hoy, pero… si hablamos de cimientos, hay una persona que logró ser el motivo de mi trabajo… Anna Kyouyama.

Y todo mundo calló, nadie esperaba una revelación así y mucho menos del cabeza de la compañía.

-Sé que es todo un espectáculo, pero honor a quien honor merece y aunque no esté presente tengan por seguro que no perderé el piso, ni todo el capital gracias a que ella está cerca de mi escritorio. Muchas gracias.

Los espectadores miraron con júbilo al hombre que estrechaba las manos de varios empresarios importantes. Si tenía la preparación no lo sabían, pero debía poseer la entereza para llevar a cabo sus sueños. Entonces aplaudieron hasta verlo bajar del estrado y acercarse a las escaleras, pero algo sin duda lo dejó helado.

-El trabajo en realidad es obra tuya.- Escuchó a Kyouyama hablar.

Sus ojos se conmovieron al verla ahí de manera hechizante y segura. No tenía la menor duda, ese era su lugar. Yoh sonrió y tomó su mano antes de caminar entre todos los invitados, porque esta noche quería rebelarle todo, incluso, su gran amor. Y entre todos los invitados y negocios por atender había una necesidad que él tenía, porque aunque no habían tenido un momento en privado, deseaba con todo su ser una cosa.

-¿Quieres bailar?- Fue la petición tan espontanea del joven Asakura y pesara a quien pesara, él quería ser quien llevara de la mano a esa mujer.

-Sí.- Confirmó con extrañeza Anna, ahora no dudaba que Yoh irradiaba felicidad gracias a ella.

Caminaron un poco más antes de llegar al centro de la pista, el sonido de la música fascinaba a sus oídos, pero más que nada el sutil contacto entre ellos. Sus dedos se entrelazaron, al igual que su respiración. Sabían que cientos de personas estaban ahí, pero para ambos aquel era más que un simple baile. No importaba el ambiente, tampoco si Hao estaba presente, sólo quería recuperar ese intangible que tenían.

-Ya no tengo más palabras para alabarte.- Pronunció con calma Yoh, dejándose llevar sólo por la música.

Y era verdad, las palabras se habían extinguido por completo, en tantas reuniones cortas con sus colegas él no dejaba de alabarla porque afirmaba que una parte de su éxito le correspondía sólo a ella.

-Ya no hay cámaras, ni micrófonos.-Respondió Anna con la misma evasiva, aunque de antemano sabía que no era a eso a lo que se refería.

El castaño sonrió. Retomar el rumbo que llevaban antes le costaría el doble de esfuerzos, pero debía de intentarlo. Sin embargo, fue ella quien retomó la conversación. Anna que miraba a todos menos a él.

-Quiero decirte algo.- Pronunció con entereza, le costaba mucho trabajo decirlo y tan sólo pensarlo era difícil

Yoh sabía a la perfección de que se trataba; no obstante, la dejó continuar. Su mirada se centró y observó la fragilidad que tenía en ese momento. Su vulnerabilidad no mentía, estaba dejando de lado su orgullo para decir la canallada de su hermano.

-Sé que yo dije que no teníamos derecho a reclamar, pero… - Calló por un momento y lo miró a él.- Si yo no te explico lo que pasó, no podré volverte a ver a los ojos nunca más.

Él paró un momento la danza y la abrazó. Así atrajera a un centenar de periodistas no le importaba, le demostraría todo el cariño que pudiera transmitirle.

-No es necesario. Yo no quiero, ni voy a juzgarte. Sólo quiero cuidarte, Anna.

Las lágrimas amenazaban con traicionarla, pero era fuerte y no permitiría verse vulnerable ante todos, especialmente ante Hao.

-Aquí no Yoh.

Para todos había sido muy común su salida, para la familia Asakura no. Keiko miró con atención como su hijo mayor se reprimía las ganas de salir corriendo tras de ellos, pero al ver como Kino aplacaba esa furia, no sabía que pensar.

Mientras, Yoh y Anna caminaban por los pasillos hacia el jardín. Pocos eran las personas con quienes hablaron en su trayecto, ninguno hizo comentario alguno hasta llegar a una banca en el jardín, aparentemente sin ningún medio que pudiera difundir algo de la charla.

-Todos los periodistas están adentro, no tienes que preocuparte.- Intentó tranquilizarla.- He ordenado revisar cada rincón, con tal de no tener escándalos mañana.

Anna se sintió más calmada con sus palabras, pero no podía evitar comentar algo sarcástico en base a esa orden.

-¿Es que acaso ya estoy casada con el presidente?

Yoh sonrió con esa manifestación de opiniones, en verdad que extrañaba esa parte de su vida de casado.

-No exactamente, pero soy el que paga, creo que tengo derecho.- Contestó agradado y la invitó a sentarse.

-Estoy bien así. Tampoco soy tan débil como para desmayarme en el acto.- Respondió con crudeza, aunque era obvio que la sutileza no cabía en sus palabras.

-Te escucho entonces.

Y fueron minutos los que permaneció callada, sólo contemplándolo. Era verdad cuando dijo que no podría volver a mirarlo a los ojos si no le explicaba, pero ahora, no sabía porque él la miraba de forma distinta. En ellos no había rencor, ni dolor como en ella, sólo había paz.

-Yo no quería hacerlo.- Dijo en un tono sumamente oscuro.- Sólo que… me quede inmóvil. Fue una torpeza y una estupidez de parte mía pero nada cambia el hecho.

Sus palabras estaban llenas de rencor a cada pausa que ella hacía y eso perfectamente lo podía notar su esposo.

-Yo pase muchas noches con él, extrañaba que me tocara cuando no lo hacía, pero ahora no puedo evitar sentirme una vileza. Me siento sucia cada vez que recuerdo la forma en que él me tomó, me siento mal cada que pienso en lo mal que he correspondido a tu gentileza y tu confianza.

Entonces las lágrimas corrieron por sus mejillas, a pesar que su cabeza no bajaba en ningún momento. Altiva como siempre, llena de rencor hacia él y hacia ella misma.

-Anna…

- Y no me estoy deslindando de responsabilidades, soy tan culpable como él, pero yo sólo...

-Anna…

-Ya no quiero sentirme una traidora…

Ella irradiaba enojo y frustración, a pesar de que sus lagrimas delataban cierta inconformidad no lo dejó hablar. Decidido la acercó a él de un sólo movimiento y la besó. Sus labios buscaron los de ella con desesperación, no sabía si era por apagar esa furia de parte de ella o es que quería apaciguar las ganas que tenía de estrecharla entre sus brazos y decirle a besos, que él la quería.

Anna sintió la pasión contenida de él y no pudo evitar abrir los ojos por la sorpresa de sentir aquel contacto tan íntimo. Sin embargo, cedió ante el arrebato de Yoh y correspondió al beso. Sus manos buscaron tocar su rostro y acariciarlo como él hacía con sus labios, todo en una imagen digna de admirar. Entonces él se alejó y quebró el contacto. ¿Cómo podría ser indiferente a ella cuando le atraía ese misterioso aire de delicadeza y rudeza? Sus dedos palparon su rostro y dibujaron en su memoria un momento especial, porque si aquello era efímero quería recordarlo por siempre.

-No hay una mujer que tenga toda mi confianza, sólo tú, Anna.- Habló con elocuencia y suspiró.- Y lo único que pido es que seas tu misma, no necesitas escudarte en la mujer fría e indiferente, ten por seguro que si alguien quiere lastimarte no voy a dejarte sola. Y si por mucho luchar contra ellos nada se soluciona, lo resolveremos juntos, pero por favor, no te aisles.

Entonces Anna recargó su cabeza en su pecho, no quería llorar, pero este hombre despertaba en ella sentimientos contradictorios. Sintió su mano recorrer su espalda a modo de consuelo, mas lo único que deseaba era esclarecer todas sus dudas.

-No me ahogare en mi silencio, a cambio de que tu no lo hagas en el tuyo.-Respondió con serenidad y lo volvió a mirar a los ojos.- Y quiero que me digas por qué Hao te odia de esa forma.

Continuará...