Renuncia de derechos: Harry Potter y todo su universo son de J. K. Rowling. Ustedes lo saben, yo lo sé, no finjamos demencia. Trama y algunos personajes son míos, por lo que me reservo su uso.

Advertencia: patadas varias al fanon. TCC no sé con qué se come (?), no está, para mí no existe. En caso de que lo anterior no sea de su agrado, se agradecería que se fueran por donde han venido, a menos que tenga una crítica real y constructiva al respecto.

La presente colección de drabbles participa en el Amigo Casi Invisible del foro "Hogwarts a través de los años".

Dedicatoria: para mi ACI Nochedeinvierno13–Friki (Noche-chan), que no sé cómo lo hizo, pero me está haciendo escribir de esta generación sin sentirme obligada ¡y me encanta!


XII: Jazmín amarillo – Modestia.

Voy a proteger mi casa… Cuando estoy ahí te puedo consentir…

Pongo miel en las historias… que te cuento…

(Casa, Natalia y La Forquetina)

Había cosas que Elizabeth no comprendía.

Cuando era pequeña, se preguntaba por qué su hermano le jugaba bromas. Caleb le sonreía y era amable, pero de vez en cuando, se reía a su costa. Como al final reían juntos, no le importaba.

A veces también se le escapaba la razón tras algunas acciones de sus amigos. Sin embargo, acababa admitiendo que dichas acciones eran resultado de sucesos inesperados, así que se calmaba y todo seguía bien.

Lo que realmente no llegaba a entender era que la consideraran, en ciertas áreas, un prodigio.

—¿En serio lo hiciste tú? ¡Eres genial, Ellie!

Un sábado, a orillas del lago y a la sombra de un haya, estaba reunida con sus amigos. Tras terminar algunas tareas, Elizabeth había sacado un pañuelo al que quería terminarle un monograma y fue cuando Rose le pidió de favor que la dejara admirar el trabajo de cerca.

—No es para tanto. Cualquiera puede hacerlo.

—Yo no —aseguró la pelirroja, encogiéndose de hombros y devolviéndole el pañuelo.

—Yo tampoco y ya lo intenté —intervino Thomas—. Mis hermanas quisieron enseñarme y fue un desastre.

—¿Tú, bordando? —Albus apretó los labios, aguantándose la risa, lo mismo que Scorpius.

—Sí, aunque lo duden. Mi madre les enseñó a ellas y como yo andaba dando vueltas a su alrededor todo el tiempo, dijeron que podía acompañarlas si aprendía. No pude, siempre terminaba enredando los hilos y saltándome puntadas.

—No puedo imaginarte con aguja e hilo —acotó Alioth, con señas de querer reír a carcajadas.

—¡Crups! Yo menos —Ryo no tuvo ningún problema en reír, tras lo cual se calmó y añadió—. Quisiera haberlo visto.

—Se los enseñaría con gusto, pero en serio, soy muy malo.

—Thomas, ¿quieres intentar ahora? —ofreció Elizabeth, sacando de su mochila un trozo de tela y un costurero.

—¿Qué? ¡No!

—¡Hazlo! —Alentó repentinamente Albus, para sorpresa del resto—. No me mires así, acuérdate que dijiste que no habías encontrado qué regalarle a tus hermanos.

—Ya sé, ¡pero faltan tres meses para su cumpleaños!

—Creo que entendí a Al —intervino Scorpius, sonriendo de lado—. Les darías una sorpresa si llegas con pañuelos bordados de regalo.

—¡Pero no se me da bien!

—Yo te ayudo. De verdad —indicó Elizabeth, sonriente.

El pelirrojo terminó aceptando y desde entonces, era común ver a esos dos centrados en la tela, las agujas y los hilos en sus ratos libres. Sus amigos reían al ver las muecas de Thomas cuando fallaba, pero también lo alentaban cuando, con la guía de Elizabeth, las puntadas poco a poco tomaban forma.

La joven no se explicaba por qué Thomas antes no había podido hacerlo, pero poco antes de las vacaciones de Navidad, los dos contemplaban el resultado de su esfuerzo: tres pañuelos, uno para cada hermano de Thomas, con un bonito dibujo en una esquina, acompañando sus iniciales.

—¡Gracias, Ellie! ¡Eres lo máximo!

—Se los dije. Cualquiera puede hacerlo.

—Si te tiene de maestra, sí.

Elizabeth se encogió de hombros. De verdad no creía que fuera para tanto.

—&—

Bienvenidos sean al drabble de esta ocasión. Espero que les gustara.

En cuanto leí que uno de los significados del jazmín amarillo era la modestia, pensé "esta flor es para Elizabeth". La pequeña de los Longbottom, si algo tiene, es esta cualidad. Quise resaltarla con una habilidad manual, porque admitámoslo, quienes pueden hacer estas cosas (su servidora a duras penas sabe punto de cruz y no lo practica seguido), a veces no se dan cuenta de lo extraordinario que le parece a la demás gente. Tengo la sensación de que en el mundo de los magos, actividades como bordar están infravaloradas, por eso Elizabeth causa más asombro todavía.

Dato curioso aparte: que Thomas sepa bordar fue inspirado directamente por mi hermano menor, que a diferencia mía, sabe tejer (le enseñó mi madre) y por eso es mi ídolo.

Cuídense mucho y nos leemos en el siguiente drabble: Iris azul – Buenas noticias.