Disclaimer: No soy dueña de ninguno de los personajes/lugares/historia ofrecidos en esta historia. Todos ellos pertenecen a (lo más probable es que debe de estar rodando en su tumba) J.R.R. Tolkien.

-:-:-:-:-:-:-

Un Intento en la Oscuridad

-:-:-:-:-:-:-

CAPÍTULO ONCE

-:-:-:-:-:-:-

Óin siempre se había considerado a sí mismo como un enano bastante simple.

Le gustaba pelear, comer, leer y cantar. Los elfos, las aceitunas, o los mentirosos, le tenían sin cuidado. Era leal a su rey en primer lugar, su familia en segundo, y sus amigos y aliados estaban terceros. El creía que todo sucedía por una razón, y que había que dejar ir las cosas que uno no podía controlar. En definitiva, él no era muy complicado.

Esta forma de pensar -sencilla y práctica- era el por qué le agradaba su hobbit ladrón. Bilbo Bolsón había dejado muy en claro que su único deseo era verlos a todos a salvo camino a Erebor. Había demostrado sus intenciones una y otra vez; desde pequeñas cosas como permitirles a los más jóvenes comer primero durante las cenas, y otras más grandes como proteger a Fili de los orcos y trolls. Óin apreciaba ese contundente y honesto deseo.

Lo único que le preocupaba sobre Bilbo era su falta de auto-preservación.

Era sordo de un oído, sí, pero ten por seguro que no era ciego. Había visto cuán imprudente era el hobbit con su propia vida. Se lanzaba a las batallas sin vacilación, no se inmutaba en proteger a los demás con su propia vida, e incluso les pedía a los demás que no se preocuparan por él. Parecía que no le importaba en absoluto si vivía o moría.

El enano estaba seguro de que él no era el único que se había dado cuenta. El mago lo había notado y estaba preocupado, y Dori sin duda se había dado cuenta ya que él era toda una mamá gallina. Tenía la sensación de que Thorin también lo había notado, pero no había dicho nada porque no sabía qué hacer al respecto. Sin embargo, ninguno de ellos había actuado en sus preocupaciones, lo que significaba que él iba a tener que cuidar del ladrón.

Óin era un sanador; estaba en su naturaleza el intentar ayudar a los demás, incluso cuando ellos no lo querían. A Bilbo Bolsón parecía no importarle si vivía o moría, pero a Óin sí, y él iba a mantenerlo con vida, sin importar a lo que se enfrentaran.

Incluso aunque Bilbo no lo quisiera.

-:-:-:-:-:-:-

Después de todos los abrazos y llantos y las risas, vino la tarea de recuperación. Los cadáveres de los orcos hicieron que la zona fuera muy indeseable para permanecer, así que juntaron todo lo que todavía era rescatable, y se marcharon a buscar un lugar más seguro para descansar y sanar. Gandalf les condujo a través del oscuro bosque, mientras que los otros ayudaron a los heridos cuando iniciaron la tarea de caminar cuesta abajo por la montaña. Eventualmente encontraron un claro que parecía relativamente seguro, y montaron el campamento por segunda vez en lo que iba de la noche.

Bilbo encontró un acogedor rincón en donde tenía una vista perfecta de todo el mundo y estaba todavía lo suficientemente cerca como para ir en sus ayudas. Allí hizo su cama y se puso a revisar y curar sus propias heridas y contusiones. No había muchas ya que había estado invisible e inadvertido durante la mayor parte de la batalla, pero aún así él no había podido esquivar todo en la lucha. Afortunadamente, la mayoría de sus heridas eran lesiones menores y sin importancia por lo que él fue capaz de atenderlas sin tener que acudir a Óin. Una vez que hubo terminado, se sentó y observó a sus compañeros. Óin estaba revisando a Fili, Nori, y Bofur, ya que ellos tenían la mayoría de las heridas. Era una tarea bastante difícil ya que, en realidad, ninguno de ellos parecía estar interesado en sanar, sino que en relatarles a los otros la historia de sus capturas.

"-entonces Nori se puso de pie, lo miró directamente a los ojos, y dijo: '¿A eso le llamas una patada? Espera, permíteme mostrarte cómo se hace.' Luego lo hizo caer con una barrida de pierna -¡aún estando atado!" se jactó Fili sentado entre Kili y Ori.

Los enanos se rieron y silbaron mientras Nori se encogía de hombros y se rascaba la hinchada nariz. "Bueno, fue una pésima patada. Ni siquiera dejó un hematoma. Patético."

"Ellos dejaron suficientes marcas," señaló Dori a su lado. Estaba tratando que su hermano comiera, pero obviamente estaba fallando ya que Nori seguía empujando su mano.

"Eso es cierto," estuvo de acuerdo Óin mientras atendía a Bofur. El fabricante de juguetes había recibido un golpe en la cabeza y el sanador estaba tratando de envolver un trapo limpio alrededor de la herida. "Ustedes tres tienen suerte de haber salido con vida."

"Sí, ¡gracias a mi pequeño hermano aquí presente!" alardeó Fili, pasando un brazo por los hombros de Kili y sacudiéndolo. "Le clavó una flecha justo en el ojo a ese bastardo. No me sorprendería si muriera a causa de esa herida."

Kili sonreía abiertamente por debajo del brazo de su hermano. "Todo fue suerte. Yo no habría tenido la oportunidad si el señor Bolsón no lo hubiera distraído."

"¡Es cierto! ¿Dónde está nuestro ladrón? ¡Tengo que darle las gracias por salvarme la vida!" gritó Fili, poniéndose de pie y mirando a su alrededor. Cuando sus ojos finalmente encontraron al hobbit, sonrió tan brillantemente como el sol.

"¡Bilbo! ¿Por qué estás tan lejos? ¡Ven aquí, así puedo agradecértelo adecuadamente!" exigió el enano rubio.

Bilbo levantó las cejas y trató que su sonrisa no fuera demasiado evidente. "¿Así puedo oler la sangre de los orcos con más claridad? Creo que mejor paso y me quedo aquí. Contra el viento. Lejos del olor."

La mayoría se echaron a reír ante su réplica, pero Fili frunció el ceño en respuesta. Marchó por entre los enanos hacia el solitario hobbit y se dejó caer frente a él. Con el joven enano tan cerca, Bilbo podía ahora distinguir sus heridas con mayor claridad. Lo que vio le hizo hacer una mueca de dolor.

"Me salvaste la vida," dijo Fili, sin darse cuenta de su gesto de dolor o malestar. "No sé lo que habría ocurrido si... si no hubieras..."

"No pude hacer nada más", finalizó por el enano. Fili estaba empezando a verse un poco perdido al recordar la noche, y él no quería verlo triste de nuevo. "Nunca dejaría que cualquiera de ustedes muriera. No si puedo evitarlo."

Fili parpadeó sus ojos azules, los cuales compartía con su tío, antes de que una gran sonrisa apareciera en su rostro. Antes de darse cuenta, Bilbo se encontró sumergido en un abrazo que le exprimió todo el aire de sus pulmones.

"Gracias por salvarme la vida," le murmuró Fili al oído. La barba le hizo cosquillas en la oreja y el cuello, pero el hobbit estaba dispuesto a soportarlo. Honestamente, en ese momento tanto Fili como él necesitaban un abrazo.

"De nada, Fili," le murmuró, tratando de no derretirse como un niño en el abrazo.

"¡Ey, Fili! ¡Dejar de acosar a nuestro ladrón y ven aquí! ¡Ahora es tu turno!" ordenó Óin desde el grupo, ya que había terminado de atender a Bofur.

El enano más joven gimió, pero obedientemente soltó a Bilbo, y se puso de pie. "¡Está bien, está bien! ¡Pero sin pinchazos esta vez! Ya tuve bastantes de esos con los orcos..."

-:-:-:-:-:-:-

Bilbo siguió observando a sus compañeros, incluso después de que todas las heridas fueron curadas, sus estómagos llenados, y todos, finalmente, se quedaron dormidos. Se encontró con que no podía caer dormido con la misma facilidad y, honestamente, él no quería hacerlo en ese momento. Tenía mucho en que pensar, demasiado para planificar y repasar en su cabeza. Por no hablar de que todavía se sentía conmocionado por casi perder a sus enanos (de nuevo) gracias a su propia estupidez.

No, él no iba a estar durmiendo en ningún momento cercano.

Al menos él no era el único que seguía despierto. Dori estaba sentado junto a Nori y Ori y se les quedaba mirando como si no pudiera creer que ellos estuvieran allí. Dwalin estaba puliendo su hacha mientras Gandalf fumaba su pipa y parecía estudiar el cielo nocturno.

Y luego estaba Thorin.

El real enano estaba de guardia y se encontraba sólo, sentado un poco lejos del campamento. De vez en cuando él se daba la vuelta para mirarles, y poco a poco posaba sus ojos azules sobre cada enano. Cuando ellos se centraban en Fili y Kili, se suavizaban ligeramente y permanecían allí por más tiempo. Luego ellos seguían antes de, finalmente, darse la vuelta y volver a su guardia.

Él no culpaba a ninguno de los enanos por sus alivios. Apenas si él también podía evitar el mirar a cada uno de ellos; asimilando todas y cada una de las lesiones y hematomas, y el cuidadoso ascenso y caída de sus pechos. Todavía no podía sacudir el persistente miedo al casi perderlos de nuevo.

Permaneció despierto el tiempo suficiente como para ver a Dori y Gandalf finalmente caer dormidos, y para ver a Dwalin cambiar lugares con Thorin. El rey estrechó fuertemente la mano del otro enano y los dos compartieron una mirada que decía más que las palabras jamás lo harían. Bilbo se encontró a sí mismo sintiendo envidia. Él no podía hacer eso con sus ojos. La envidia se extinguió rápidamente cuando se dio cuenta de que, en vez de ir a su saco de dormir, Thorin en cambio se dirigía hacia la esquina de Bilbo. Podía sentir los latidos de su corazón empezar a acelerarse e hizo lo posible para ignorarlo.

En silencio, Thorin tomó asiento a su lado y se puso cómodo contra la roca. Luego metió la mano en su chaqueta y sacó su larga pipa oscura. El hobbit vio cómo la encendía y se preguntó qué tipo de hierba para pipa estaba fumando. Conociendo a Thorin, era una barata y de mal gusto. Él siempre tenía un gusto horrible para la hierba para pipa y el vino.

"Hoy fuiste muy valiente," dijo finalmente el rey, tomando un largo soplo y dejando salir el humo lentamente. "Muy rápido al pensar y muy ingenioso con las trampas. Te debemos una buena parte de nuestra victoria a ti."

Bilbo resopló. Él no fue el motivo por el cual salieron victoriosos. Todos habían hecho su parte para ganar la batalla. "Difícilmente. Yo no habría sobrevivido a la refriega si no los hubiera tenido a todos ustedes allí para cuidarme la espalda."

Thorin se encogió de hombros. "Di lo que quieras, el resto de nosotros sabemos quién nos ganó la batalla al final."

"Lo haré," declaró, levantando la barbilla, "y mientras estoy en ello, me gustaría añadir que tanto Ori como Kili también jugaron un papel importante. Asegúrate de que los demás lo sepan."

El enano asintió lentamente. "Es cierto. Hoy lo hicieron bien. Todos estamos muy orgullosos de ellos."

Yo también, admitió para sí mismo.

"Pero yo, en particular, te debo las gracias a ti," continuó Thorin con calma. "Hoy no sólo salvaste a mi sobrino, también a mi sucesor y príncipe heredero. Tales acciones... no puedo ni siquiera comenzar a pensar en cómo pagártelas."

Bilbo frunció el ceño y se rascó una de las heridas en su codo. "No necesito nada. No podría siquiera permanecer sentado y ver morir a una persona inocente. No sería lo correcto."

"Tan noble," comentó Thorin con el más leve indicio de burla en su tono. Dio otra larga bocanada de su pipa antes de soplar el humo por la nariz. "Independientemente de tus necesidades, todavía te estoy en deuda. Por lo tanto dime tu precio, ladrón."

En contra de su voluntad, Bilbo sintió una punzada de dolor perforar su corazón ante el comentario del enano. Honestamente él no quería otra cosa que no fuera el ver a sus enanos vivir durante el viaje. Pero Thorin, obviamente, no sabía eso, y pensaba que él quería conseguir algo. Él entendía su razonamiento, pero aún así le dolía ser considerado tan inferiormente por alguien a quien quería tanto.

"No necesito ni quiero nada de ti, maestro Escudo de Roble," dijo en voz baja, dándose la vuelta para mirar de nuevo hacia sus dormidos compañeros. "Todo lo que quería era ver vivo a Fili. Que él y los demás estén vivos es suficiente para mí."

Thorin estuvo en silencio durante mucho tiempo. Siguió fumando su pipa, pero no hizo ningún ademán por dejar al hobbit. Bilbo se preguntó cuánto tiempo iba a permanecer a su lado cuando el rey por fin habló de nuevo.

"Te he ofendido," anunció Thorin, bajando la pipa. "Mis disculpas. Esa no fue mi intención. Yo quería... Mmm... Estoy haciendo un lío bastante grande de todo esto, ¿no es verdad?"

"Más o menos," estuvo de acuerdo, rodando los ojos.

"Ciertamente no te contienes con tus palabras," se quejó el enano, pero sin ningún tipo de enojo. "Ha habido un malentendido. No era mi intención insultarte al implicar que salvaste a Fili simplemente para ganar algo."

Bilbo se volvió hacia el rey con ambas cejas levantadas. "¿De verdad? Entonces, ¿qué querías dar a entender?"

Thorin se rascó la barba y parecía pensar profundamente sobre cómo expresar sus palabras. "Lo que quería decir... Bueno, con los enanos, tenemos un cierto código que seguimos. Si un enano le da a otro un regalo o le hace un favor, entonces se espera que el receptor devuelva estas acciones. Por supuesto, hay excepciones a esta regla, pero eso es otra historia."

El enano se detuvo y señaló con el dedo al hobbit. "Le has hecho a mi familia un favor al salvar a Fili. Por lo tanto yo ahora tengo que devolverte ese favor."

"Entonces... porque he salvado a Fili, ahora tienes que hacer algo por mí," resumió lentamente Bilbo. "Pero..., ¿por qué tú? ¿No debería ser Fili el que tiene que pagarme?"

"Fili aún no es mayor de edad," respondió Thorin, encogiéndose de hombros. "Todavía es considerado un niño por otros, por lo que no se espera que él pague la deuda. En su lugar, me corresponde a mí como cabeza de la familia ocuparme de la misma."

"Oh." Bilbo se reclinó hacia atrás y pensó en lo que acababa de aprender. La primera vez, después de haber salvado al rey, Thorin no había mencionado una deuda. De hecho, él no recordaba haber oído de ella o de Thorin habérsela pagado.

Tal vez... Tal vez me lo está diciendo ahora porque esta vez yo he salvado a Fili en lugar de a Thorin, pensó para sí mismo. Sí, eso parecía lo más probable. Lo más probable era que Thorin veía una deuda con Fili como más importante que una suya. Él no haría nada menos por su sobrino.

"Entonces..., ¿cómo hace uno para pagar esta deuda? ¿Ahora tú tienes que salvar mi vida? Porque estoy bastante seguro de que ya lo has hecho en la batalla," señaló.

Thorin resopló. "Difícilmente. Esas no son vistas como deudas. Defender a tus hermanos en combate es lo que se espera de todos los enanos, y actuar de otra forma es ir en contra de nuestra propia naturaleza. No, lo que sucede ahora es que tú me pides algo y yo hago todo lo que esté a mi alcance para cumplirlo."

"Pero... yo realmente no quiero nada," le recordó al enano, sintiéndose un poco perdido por todo el asunto.

"¿En serio? ¿Qué pasa con oro o joyas?" le desafió Thorin.

"Soy un hobbit. Nosotros valoramos más las flores y una buena comida," le indicó.

"Estado, entonces. ¿Un funcionario de alto rango una vez que reclamemos Erebor?" le contrarrestó el enano.

"¿Para hacer qué? Soy un ladrón, no un político," le reprendió.

El rey estaba empezando a ponerse visiblemente molesto. "Mujeres, entonces. U hombres. O un nuevo caballo, una nueva casa, ¡incluso un abrigo nuevo!"

"No quiero un amante, no necesito un caballo, soy dueño de una casa perfectamente encantadora, y si necesito un nuevo abrigo entonces puedo conseguir uno yo mismo," enumeró Bilbo, poniéndose ahora cada vez más divertido por todo el asunto. "Acéptalo, majestad, no hay nada en este mundo que yo quiera y que puedas dármelo."

"Entonces..., ¿qué es lo que yo no puedo darte?" preguntó el enano, frunciendo el ceño.

Tu corazón.

Bilbo se mordió fuertemente el labio inferior hasta que empezó a sangrarle. "Maestro Escudo de Roble, por favor entiende algo: por ahora yo no tengo ningún otro deseo que verlos a todos ustedes vivir para reclamar su hogar. Esa es la tarea que he aceptado y estoy comprometido en verla cumplida. Si eso puede aceptarse como un deseo, entonces te sugiero que hagas todo lo que esté en tu poder para mantenerte con vida con el fin de concederme mi deseo."

Thorin se quedó mirando al hobbit con una mirada que, honestamente, él no supo comprender. Era extraño, porque juraba que conocía cada una de las miradas del rey.

"Eso no cumple exactamente con los requisitos, pero por ahora lo voy a aceptar. Al menos hasta que yo pueda encontrar un pago adecuado que vayas a aceptar," comentó finalmente el enano, recogiendo su pipa y, lentamente, poniéndose de pie.

"Vas a estar buscando por mucho tiempo," replicó antes de lamer la sangre de su labio inferior.

Thorin alzó una ceja mientras la comisura de sus labios se curvó ligeramente hacia arriba. "Bueno. Me gustan los desafíos."

Luego se alejó en silencio hasta donde estaba su saco de dormir. Bilbo lo vio alejarse y se preguntó, no por primera vez, por qué no podía haberse enamorado de alguien menos complicado.

-:-:-:-:-:-:-

A la mañana siguiente, Bilbo se despertó más tarde de lo habitual. Para cuando hubo despertado, ya era media mañana y el desayuno ya había sido preparado y servido, y el campamento estaba siendo empacado.

"¡Maestro Bolsón!" lo saludó Bombur cuando se dio cuenta de que él estaba despierto. "¡Ven a comer! ¡Te guardé un plato!"

El hobbit bostezó y lentamente se puso de pie. Su cuerpo le dolía un poco debido a lo sucedido la noche anterior, pero él ignoró diligentemente el dolor ante el prospecto de comida. Se sentó junto a Bombur y se frotó los ojos para despejar el sueño.

"Mis gracias," dijo con voz ronca antes de aclararse la garganta un par de veces. "Gracias, Bombur. Estoy contento por tener algo caliente para comer después de lo de anoche."

"Sí, han sido unos largos días," estuvo de acuerdo el robusto enano, entregándole un plato de comida, "pero al final todo resultó bien. ¡Todos sobrevivimos y todos encontramos nuestros caminos de regreso a los otros!"

Bilbo le sonrió al alegre cocinero y comenzó a comer su desayuno. "En efecto. Ahora podemos seguir adelante. ¿Cuál es la próxima parada?"

"En primer lugar, tenemos que llegar a la base de la montaña," respondió Bombur, acariciándose pensativo el bigote. "Eso debería tomar alrededor de tres días -tal vez más, teniendo en cuenta a los heridos que tenemos."

El hobbit asintió y pensó en todos los mapas que conocía con el fin de tener una idea de lo lejos que todavía tenían que ir. "Entonces, ¿a partir de ahí?"

"Tenemos que pasar a través de los Valles del Anduin y luego tenemos que pasar a través del Bosque Negro." El enano frunció el ceño y arrugó sus espesas cejas. "La verdad, no muy deseoso de esa parte. Los elfos se allí de seguro que tramarán algo."

Bilbo no lo dudó. Mientras que él le tenía mucho cariño a su hijo Legolas, honestamente, él nunca llegó a apreciar a Thranduil. El elfo era demasiado frío y reservado para su gusto. Por supuesto, el elfo también había encerrado a sus amigos en sus mazmorras, así que tal vez él estaba siendo un poco parcial. Pero, a pesar de sus sentimientos, él sabía lo importante que sería Thranduil en la próxima guerra. Si quería cambiar el resultado de la Batalla de los Cinco Ejércitos entonces él necesitaría el apoyo del Rey Elfo.

"Vamos, vamos, Bombur; no vayas asustando a nuestro ladrón por un par de comedores de hojas," dijo Nori arrastrando las palabras mientras se unía a ellos. Se sentó junto a Bilbo en una perezosa postura que aún así se veía agraciada.

"No le tengo miedo de los elfos. En realidad les tengo mucho cariño," replicó Bilbo con una sonrisa.

Los dos enanos compartieron una mirada de mutuo disgusto.

"Bueno, no hay nada escrito sobre los gustos," dijo Nori, mirando el hobbit junto a él.

Él simplemente se rió y negó con la cabeza. "Entonces, ¿cómo están tus heridas de guerra? Asumo que Óin ya te dejó en buena forma."

El ladrón agitó una mano en forma desdeñosa. "Estoy bien. Esos orcos fueron patéticos. Apenas si hicieron algún daño."

Bilbo miró cuidadosamente el ojo negro, el labio partido, y las numerosas contusiones que el enano todavía ostentaba. "Oh, sí, ellos ni siquiera dejaron una huella en ti."

"Ustedes dos probablemente habrían conseguido salir ilesos si pudieran mantener la boca cerrada," señaló Bombur, agitando su cuchara en la dirección de su compañero enano.

"No. Ellos querían torturarnos y estaban buscando una excusa. Así que Bofur y yo les dimos una," explicó Nori mientras examinaba sus uñas.

"Mmm… Estoy seguro de que el joven príncipe no tenía nada que ver con esa decisión," agregó Bilbo sin molestarse en bajar la voz.

Nori entrecerró los ojos. "¿Tienes algo que compartir?"

"¿Yo? No, absolutamente nada," alegó Bilbo, ampliando sus ojos hasta que empezaron a llorarle. "Nunca implicaría que tú y Bofur provocaron deliberadamente a los orcos para que les pegaran a ustedes dos en vez de a Fili. Eso sería una locura."

Bombur se echó a reír mientras Nori siguió mirándole fijamente con sus acerados ojos verdes. Se enfrentó a la mirada de frente, e incluso levantó las cejas en un silencioso desafío.

Finalmente, Nori sonrió y negó con la cabeza. "Bien jugado, ladrón, bien jugado. Nosotros todavía podemos hacer alguien de ti."

"Con suerte alguien decente a diferencia tuya, ladrón," interrumpió Dori mientras se unía a los tres con un bolso en la mano y el ceño fruncido en su rostro. Se puso de pie frente a Nori y se cruzó de brazos y comenzó a vislumbrarse amenazante.

Nori inclinó la cabeza hacia atrás hasta quedar de cabeza para poder mirar a su hermano a los ojos. "Me ofende ese comentario. Yo no robo cosas. Libero valiosas posesiones de sus indignos dueños."

"¿No esa otra definición de ladrón?" preguntó Bilbo.

"Más o menos," estuvo de acuerdo Bombur.

Nori simplemente les agitó a los dos una mano de forma indiferente. "Detalles, detalles. Ahora, ¿qué sucedió para que mi querido hermano mayor esté de mal humor?"

Dori metió la mano en el bolso y sacó un bulto de tela rojo brillante. "¿Has robado esto de Rivendel?"

"¿Por qué es esa una pregunta? Sabes que lo hice," replicó el enano más joven, rodando los ojos y girando la cabeza para volver a mirar a Bilbo y Bombur.

Dori golpeó con fuerza a Nori en la cabeza con la tela y el bolso. El enano ni se inmutó.

"¡Te dije que no agarraras nada de ellos!" le reprendió Dori con dureza. "¿Qué vamos a hacer con esto? ¡No lo puedes vender a donde vamos!"

"Bueno... yo estaba pensando que podríamos convertirlo en un abrigo," dijo Nori, arrastrando las palabras, con pereza volviendo su mirada hacia el hobbit sentado junto a él, "para nuestro querido ladrón. ¿Quien parece ya no tener uno...?"

"¿Qué? No, guárdalo para otra cosa. Yo estoy bien," negó Bilbo, no queriendo ser arrastrado en la conversación. "Haz algo para Ori con él; estoy seguro de que él lo apreciará."

"Ori ya tiene suficientes abrigos," respondió Dori, dirigiendo su acerada mirada verde hacia el hobbit. "Pero... me di cuenta que tu abrigo se destruyó anoche, durante la pelea. ¿Tienes otro?"

"Por supuesto que no, ¡míralo!" respondió Nori antes de que Bilbo pudiera responder. Agitó una dramática mano en dirección al hobbit. "¡Él no tiene ningunas botas o guantes o incluso una camisa extra! ¡Nuestro ladrón va a morir a causa de los elementos antes de que lleguemos a Erebor!"

Bombur asintió con la cabeza, mientras que Dori siguió mirando al hobbit con una mirada aún más intensa. Bilbo ahora se sentía indeciso entre sentirse indignado de que Nori pensara que él era tan débil y confundido sobre porqué la ropa era siquiera un problema.

"Y-yo tengo suficiente ropa, ¡muchas gracias! Y nosotros los hobbits, para empezar, no usamos botas, ¡así que eso no debería ser un problema!" le replicó, mirando al ladrón.

Nori sacudió la cabeza con un falso ceño fruncido en su cara. "Nuestro querido ladrón es demasiado bueno para su propio bien. Está dispuesto a correr el riesgo de morir por el frío, para no molestarnos a nosotros con cosas como la costura y el tejido. ¡Qué hobbit tan amable!"

En ese momento, Dori lo miraba con el tipo de mirada que normalmente era reservada para Ori. Como si él fuera una especie de cordero herido rodeado por una manada de lobos muy, muy hambrientos. Era una mirada muy alarmante.

"Voy a tomar sus medidas después del desayuno. Nori, ve que termine toda su comida. Tengo que encontrar mi kit de costura," ordenó Dori mientras enrollaba la tela y la metía de nuevo en el bolso.

Bilbo abrió la boca para protestar, pero fue detenido en seco cuando Nori le metió un trozo de carne seca.

"Lo haré, hermano, lo haré," le prometió el ladrón, sonriendo ampliamente cuando Dori le dio un gesto de aprobación antes de alejarse a buscar, presumiblemente, su kit de costura.

"Eso fue bien jugado," le complementó Bombur desde el otro lado.

"Gracias. Siempre es agradable ser reconocido," respondió Nori.

Bilbo se les quedó mirando a los dos; indeciso entre aplaudir al ladrón por su astucia, y el querer tirarle de la oreja por hacer que Dori se preocupara por él. Nori se dio cuenta de su mirada, y le dio una perezosa sonrisa que era, a pesar de todo, bastante encantadora.

"Será mejor que termines tu desayuno, querido ladrón. No querrás mantener a Dori esperando," le aconsejó, y luego se agachó cuando Bilbo le tiró una cuchara en la cabeza.