Falsos juramentos

Teman; muggles y magos, muchas cosas sucederán, cuando el reinado de Voldemort se vea cercano. Harry y Draco descubrirán su madurez y su pasión al intentar derrotarlo.

R

Slash m/m

Harry/Draco Harry/Ron

Agatha-NecroPrincess: Ta ta ta ta TAN!! Ya escribí el beso, ama, pero no le voy a decir en qué capítulo wuajajajaja aunque no va a hacer el tórrido romance, usted sólo espere. Muchas gracias, a mí tb me gusta esto de la doble actualización. Un beso =P

Loka_Park_Felton: Muchas gracias por todo, un besote ^^

Luzy: Muchas gracias, al parecer a todos les gustó ^^; yo creí que lo iban a odiar por simplón... Sí, Remus disfruta mucho de hacerle eso a Harry, que sospecha al igual que Draco de que hay más que amistad. Marcus es un desgraciado, así que lo haré sufrir. Un abrazo ^^

MoOny GiRl: Jejeje ¿Quieres una cubetita para la baba? Son gratis y para añadir tantita saliva hay de diferentes diseños, con estampado de Harry, Draco y Remus ^^ Muchas gracias, ¿Yo kawaii con el mundo? Jo, mil gracias ^O^ es que estaba de muy buen humor ese día. Sí, muy pronto...aunque no sé si les gustarán los siguientes capítulos, lo intento ^^

Velia: Me alegra que éste fic te acompañe en tu camino hacia la escuela, a pesar de que se te queden viendo. Muchas gracias por dejar tu review, para ver que estás viva y leyendo cada capítulo fielmente. Gracias ;__;

Nota: Éste capítulo es muy simple, pero espero que les guste tanto como a mí ^^ Manden sus reviews si quieren la continuación. Nos vemos.

Y un beso para todos,

Nabichan Saotome.

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Capítulo 12. Hogsmeade

La salida a Hogsmeade estaba preparada para ese fin de semana, en específico para el sábado. De los alumnos que habían osado mandar una lechuza a su casa para que firmaran la autorización, sólo la cuarta parte lo obtuvo, mientras que los demás se ganaron un vociferador por haber pensado en la posibilidad de salir de Hogwarts, aún con el gran Harry Potter presente. Eso dejaba, a sólo la octava parte de la población en el colegio con posibilidad de asistir a la excursión.

Desafortunadamente, Harry no estaba dentro de esa cifra, a comparación de sus mejores amigos que podían salir libremente. Claro, a Ron le costó mucho convencer a su familia de que estaría bien. Draco, simplemente quería ir y punto, así que su deseo se vio cumplido. Hermione se quedaría en Hogwarts, al no haber pensado en salir de ahí. De todas formas, desde el incidente el mismo día en que Draco fue cambiado de casa a Gryffindor, no les había dirigido ni una palabra a sus mejores amigos; a cambio de eso, se había aliado con Ginny y sus amigas, y de vez en cuando con Seamus y Neville, quienes comenzaban a darse cuenta de que vivir con Hermione no era precisamente como para dar gracias al cielo.

Aquel jueves Harry se encontraba dando la ronda diaria por el castillo, concentrado en sus pensamientos. Con el puesto de prefecto, ni siquiera necesitaba la capa de invisibilidad (Bastante extrañada, por cierto) para dar esos paseos nocturnos de los que tanto gustaba y dependía su vida. De muy vez en cuando se topaba con otros prefectos o incluso con profesores o el mismo Filch, que no le decían nada en absoluto, dejándolo verificar que todo el alumnado estuviese en sus respectivas casas. Claro, eso debía quitarle los pies del suelo a cualquiera. Pero él no era cualquiera, él simplemente disfrutaba de caminar largo rato, maravillado por nuevos pasadizos que encontraba en su recorrido.

Dio la vuelta al pasillo de los salones de astronomía, recordando lo que decían de él como prefecto. Durante el corto tiempo que llevaba en ese puesto, le habían llegado muchos recados, entre ellos, bastantes de agradecimiento. Resultaba que Harry, era muy consentidor, como un hermano mayor que ya lo ha hecho todo y le deja a los demás experimentar un poco, mientras que esto no causara daños a los mismos o a terceros. Por ejemplo, el martes, después del entrenamiento y tras platicar un rato con Draco, había salido a dar su ronda, al punto de las diez de la noche. Escuchó ruidos en la biblioteca y decidió ir a investigar, como sigiloso que era, se encargó de no hacer ni un ruido al acercarse al lugar de donde provenían aquellos sonidos de hojas moviéndose, libros cerrándose, un leve murmullo. Había un chico, de segundo curso, sentado en flor de loto, leyendo bajo la luz de su varita un ejemplar de "Mortíferos animales de nuestra época", escribiendo y volviendo a leer. Se recargó en una estantería, observándolo con una pequeña sonrisa antes de fingir toser.

-Ejem...- el chico inmediatamente después se puso de pie, con las piernas temblando. -Creo que es un poco tarde para estar aquí...-

-Yo, lo siento...lo que pasa es que...me dejaron una tarea y...-

-Es para mañana y no la has acabado- el niño de cabello castaño y ojos chocolate asintió sorprendido. -No te voy a regañar ¿Sabes? como si no lo hubiese hecho yo...anda, que te ayudo...- el chico, cuyo nombre era Gabriel Anderson, estaba emocionado. Harry se sentó a su lado y le ayudó. Tras treinta minutos de explicaciones, escritura e investigación, así como de cierta plática sobre otras cosas, el trabajo de medio metro cuyo tema era la mantícora, estuvo terminado. El Ravenclaw, escoltado por Harry fue rápidamente a su casa, donde se despidió de él con una sonrisa nerviosa y a la vez agradecida.

Definitivamente, Harry era como un hermano mayor. Llegó al final de la torre y regresó por el mismo sendero. Sin embargo, unos ruidos, que ya estaban ahí, cuando pasó por primera vez, pero a los cuales no les había prestado atención; llamaron a su curiosidad.

Se acercó a la puerta, quiso tocar la perilla, pero la experiencia, le avisó que aquella imperceptible energía rodeando el picaporte, era el hechizo para que no se pudiera abrir; así que sólo acercó el rostro, pegando el oído lo suficiente como para percibir lo que causaba aquellos ruidos. Una voz masculina, suspiraba con libertad. Rozó el aura de la madera con la palma de su mano, percibiendo que extrañamente tenía un hechizo para evitar que los sonidos salieran de la habitación. Bajó la mirada al suelo, observando que la puerta estaba rota unos cuantos centímetros, faltándole la esquina derecha. Entonces el hechizo no había resultado en lo absoluto. Temiendo lo peor, sacó su varita, alejándose y dirigiendo el hechizo.

¡Alohomora!

Fue un gran milagro que no se hubiese desmayado por lo que encontró.

***

Tras hacer lo debido, corrió a la torre Gryffindor, dijo la contraseña Luna menguante, atravesó la sala común como alma que lleva el diablo y subió las escaleras, encaminándose por las habitaciones hasta la que le pertenecía a los chicos de quinto curso. Eran recién las once de la noche cuando se lanzó a la cama de su mejor amigo, despertándolo abruptamente.

-Ron, despierta...-

Así fue como el atractivo pelirrojo se enteró de lo que sucedía, a pesar de que estaba somnoliento, al recibir la noticia estaba al borde de la cama, con la boca abierta y los ojos al máximo, completamente encantado con lo que le había contado. Tomó la almohada y la mordió para evitar gritar, totalmente sonrojado.

-No puede ser...- dijo al tranquilizarse, aunque golpeteando un poco en la cama. Se mordió los labios, al parecer estaba gustoso de los detalles que le habían contado. Después de todo, no todos los días (Desafortunadamente), tu mejor amigo, un prefecto, encuentra a una pareja teniendo relaciones homosexuales y los deja ir, totalmente advertidos de que se escuchaban afuera de la habitación y ¡Sin un punto menos a Hufflepuff o Ravenclaw! Eso definitivamente, era nota como para que "El Profeta" lo pusiera en primera plana. Ron tomó seriedad en el asunto. -¿Qué fue lo que...tú sabes...sentiste?-

-Te refieres a...si a mí me... ¿Si me gustó lo que vi?- El pelirrojo asintió, abrazando la almohada con curiosidad. Harry se sonrojó. Después de todo, no podía mentirle a su mejor amigo. Movió la cabeza en forma afirmativa; totalmente apenado. -Es que...se veían tan bien...que me sentí extraño...-

-Como... ¿Excitado?- por suerte, estaba colocado el hechizo silenciador, ya que ese tema era muy diferente a los que acostumbraban tener, aunque a comparación de la escena que había hallado, esa vez sí funcionaba el hechizo y ni un murmullo salía de la cama de Ron.

-¡Ron!-

-Sólo dime si sí o no...-

-¿Qué hubieras sentido tú?- dijo con suspicacia, arrebatándole la almohada.

-Lo mismo que tú sentiste- Harry se sonrojó aún más, ¿Era tan obvio que él había considerado excitante verlos? ¿Que por un momento se imaginó estar en su lugar...y que eso significaría algo que en esos momentos no quería ni pensar? Ron lo observó con curiosidad. -¿Quieres dormir?-

-Sí, realmente sí... Nox- apagó la luz y dejó la almohada en su lugar, donde Ron se acomodó nuevamente. Al darse cuenta de que se estaba quitando la ropa, se levantó un poco, ya con la varita para retirar el hechizo.

-Espera, te prestaré un pijama...-

-No, Ron, no te preocupes...me voy a dormir así...- Al principio no sabía a lo que se refería, por lo menos hasta que Harry se metió entre las colchas, rozando su cuerpo al hacerlo...

Oh...qué lindo bóxer negro.

-Hasta mañana, Harry-

-Buenas  noches, amigo- sin embargo, esa no sería a una noche muy buena para Ron, no con Harry Potter semidesnudo en su cama y sin poder tocarlo. Esa, sería una noche tormentosa. Bueno...tal vez no mucho. Diez minutos después, Harry estaba profundamente dormido. Weasley pegó su frente con la de su amigo y tras minutos de observarlo se quedó igualmente en un largo letargo, pensando en algo que no debía ser.

***

Al día siguiente, Harry estaba de excelente humor, tanto, que hizo caso omiso a unos comentarios hirientes por parte de unos Slytherin, a quienes les mostró la lengua antes de reír de manera grácil y seguir su camino junto con sus mejores amigos, que de manera similar, se habían contagiado del buen humor. Con pasos seguros, se encaminaron hacia su clase, Defensa contra las Artes Oscuras. Tres chicos atractivos, rubio, trigueño, pelirrojo, saludando a conocidos, en especial el segundo. Una voz lo llamó.

-¡Harry!- era el Ravenclaw de la noche anterior; totalmente sonrojado, Harry lo saludó. A su lado estaba el Hufflepuff. Qué buenos amigos...

-Hola- sonrió y, aunque casi imposible, se sonrojó aún más.

Al llegar al salón, Remus ya estaba ahí esperando a los alumnos, medio sentado en la mesa, con una sonrisa casi infantil y unas cartas en la mano derecha. Ellos cuatro, eran los únicos en el aula.

-Harry... te tengo una sorpresa...- se adelantó, con aquella mueca feliz, abalanzándose al lugar central, que era el que ocupaba su alumno favorito, observándolo como un niño que espera un dulce como recompensa a un acto bueno. Le entregó una de las cartas.

-Hola, Remus. Gracias- Abrió el sobre, en el que se encontraba la carta y con bastante curiosidad, mirando de reojo a su profesor, comenzó a leer:

"Profesor Dumbledore:

Le mando ésta lechuza con Remus, por si es intervenido su correo. Realmente lamento lo que ha sucedido los últimos días, cuente conmigo para lo que se le ofrezca. Pero esto no es el asunto de mi mensaje. Por medio de Remus me he enterado de que el viaje a Hogsmeade es éste sábado, lo que me sorprendió realmente es que Harry no se haya atrevido a pedirme la autorización. Seguramente pensó que no se lo daría. Sabiendo cómo es Harry y que hará cualquier cosa por ir al viaje, es mejor que le dé la autorización adjunta.

Espero que usted no tenga inconveniente en dejar a Harry ir a Hogsmeade, como sabrá, el lunes es su cumpleaños así que quiero que se divierta un poco, con todo lo que le ha sucedido.

Si me necesita, estoy cerca de Hogwarts.

Un saludo."

Harry efectivamente estaba sorprendido, cerró la carta y tan pronto recobró el aliento se lanzó a brazos de Remus, quien se tuvo que inclinar un poco por tanta efusividad, lo abrazó igualmente y acarició el cabello azabache al momento en que varios alumnos entraban al salón. Se soltaron inmediatamente y Harry susurró gracias sólo para él.

-¿Qué creen chicos? Iré con ustedes a Hogsmeade...- Draco y Ron sonrieron abiertamente. Sin embargo, otro pensamiento asaltó la mente de Harry: Hermione.

Realmente la extrañaba, ella era una de las pocas chicas a las que les hablaba con tanta confianza, además de Ginny y Cho. Pero claro, era diferente, Hermione lo había apoyado, ayudado y había salvado varias veces su vida con su inteligencia y su bondad; era como aquella hermana insoportable que siempre había querido tener. Y ahora, resultaba que se había enamorado profundamente de él; lo cual, era hasta cierta medida tolerable, si le hablara. Pero no era así, ya no. A veces extrañaba que lo presionara con la tarea, que lo alentara a estudiar más de lo debido. Y a veces llegaba a sentir que debía odiarla, por ser tan egoísta.

Pero él no sabía la verdad.

Le entregó la carta a Remus, sumido en sus propios pensamientos; escuchó la voz de su amiga, que se oía apagada; su mirada sobre de él. Seguramente estaba recriminando a Seamus y a Neville la longitud exacta de su escrito, que la letra fuera más grande de lo debido, el espacio al doble, cualquier cosa que seguramente les habría dicho a Ron y a él si siguiera hablándoles. Sonrió melancólicamente y agachó la mirada, arrepentido de no haberse dado cuenta antes de los sentimientos de la chica y evitarlos.

Porque... no podría corresponderlos. Nunca.

Una picazón comenzó a molestarle en la base de la nariz, si no dejaba de pensar en aquello, lloraría por primera vez en mucho tiempo. Movió la cabeza imperceptiblemente y de su mochila sacó el trabajo, así como demás útiles.

Tras cinco minutos, la puerta se cerró. Hufflepuff y Gryffindor compartían el aula.

***

Toda la clase oía atentamente lo que aquellos labios explicaban, enfrente de clase, poniendo exacta atención en las palabras y dando la entonación adecuada. Ron y Draco estaban fascinados ante aquel chico delante que revelaba metro y medio de un trabajo merecedor de ser enmarcado y recordado para siempre; tantos pensamientos escritos con una pluma y tinta, que por sí solos parecían obsoletos, pero en manos de Harry, totalmente maravillosos.

-....Nuevamente, nos vemos invadidos por los prejuicios. No siempre, el Avada Kedavra es una maldición, a veces, para alguna persona es considerada signo de fortuna, un alivio de todos los errores que hemos cometido y la respuesta a nuestras súplicas. Es como volver a nacer, sólo que en ésta ocasión, ya no hay sufrimiento ni llanto, ni sentimiento alguno. Ningún dolor puede acometer contra nosotros....ya nada puede dañarnos. En sí, no es una maldición para uno mismo, sino para los familiares y amigos que seguirán viviendo, extrañando a cada instante la presencia de aquel que ha sido arrebatado, porque ellos todavía pueden sentir, mientras que la víctima, sólo verá ante sus ojos durante un segundo además de aquella resplandeciente luz verde, lo que más quiere y morirá con el recuerdo. No creo que el Avada Kedavra (Que por cierto, no conlleva ningún dolor), o bien, la muerte; sea tan terrible como todas las personas piensan, sólo sucede. Por ello hay que vivir cada momento como si fuese el último y no morir con el pensamiento de "Hubiera hecho..." o "¿Por qué no dije tal cosa?", la maldición no es la muerte en sí, sino haber vivido amargamente. Personalmente, prefiero el Avada Kedavra a vivir sin sentido...- Todos guardaron silencio. ¿El único que sobrevivió al Avada Kedavra prefería morir? Vaya ironía. Tras segundos, la mayoría aplaudió, en tanto los demás, lo miraban estupefactos. Acomodó su trabajo y se sonrojó, mientras se iba a su lugar.

Metro y medio de un trabajo, que no sólo explicaba cómo se sentían o se sentirían las maldiciones imperdonables, sino cómo se relacionaban con el mundo externo y la gente que rodeaba a las víctimas. Un tanto subjetivo con certeza, pero aquello, no era un impedimento con Remus como profesor.

-Perfecto, Harry...veinte puntos para Gryffindor- a pesar de la diferencia de casas, todos estaban de acuerdo, el escrito de Harry era el mejor, por supuesto con mayores cualidades que el flemático trabajo que presentó Hermione. Incluso Draco y Ron presentaron un muy buen trabajo, con los cuales obtuvieron siete puntos cada uno para su casa. Totalmente sonrojado, el rubio estaba más que complacido, eran de los primeros puntos que ganaba con su propio esfuerzo para el hogar de los leones, al que gracias a Harry pertenecía. -Bien, ya que era el último, la clase da por terminado. Sin tarea. Disfruten de su fin de semana. Harry, Ron, Draco, quédense un momento, necesito hablar con ustedes...- así lo hicieron. Hermione echó una mirada a dos del trío, que se pusieron de pie, y dio media vuelta, con una mirada indignada, dispuesta a ya no pensar en ellos. Por más que le gustara hacerlo. Cuando quedaron solos, Remus nuevamente liberó al niño que guardaba cuando empezaban las clases. -Te felicito Harry. Pero dime ¿Qué te pareció la sorpresa de Hocicos?-

-Maravillosa...cierto, estábamos en algo cuando interrumpieron...- como buen niño que era, se colgó de Remus, casi infantilmente; lo cual hizo enrojecer a los presentes y a él mismo, sintiéndose muy extraño de pronto.

-¿Sabes? Me gustaría de pronto hacer realidad esa propuesta tuya...- le susurró al oído, a lo que al instante, Harry se soltó y se colocó detrás de Draco, abochornado.

-¡Oye!- Remus rió grácil, intentando bajar el rubor en sus mejillas.

-Bueno, pero no era precisamente de lo que quería hablar contigo... El domingo no tendremos entrenamiento, para que te diviertas con tus amigos...también quiero felicitarte por los hechizos que has aprendido...vas muy bien...- Eso era algo que Harry no quería ni recordar, las Artes Oscuras no era algo que le agradara en lo absoluto, prefería hacer todo de buena forma; estaba seguro de que podía hacerlo por sus propios medios, aunque en sí, era mejor aprender acerca de ellas, para saber cómo combatirlas.

-Gracias...- dejó de refugiarse tras Draco y aunque todavía ruborizado, viró a su profesor. Ron no perdía de vista a Harry, ¿Y si le dijera la verdad? lo que había dicho en su trabajo lo hizo reflexionar... ¿Por qué, por qué no podía decirle sobre sus verdaderos sentimientos?

Como si durante todo ese tiempo no lo hubiera sabido.

***

Una comunidad de magos, los cuales eran cerca de veinte, entró a terrenos de Hogsmeade. Entre ellos, estaban tres amigos muy unidos; Draco, Harry y Ron; bromeando acerca de cualquier cosa, platicando sobre quidditch principalmente...

-¿Cómo vas con el equipo, Ron?-

-Muy bien, aunque tengo que arreglármelas con tu noviecita Cho, la capitana...-

-Ey, Weasley...- bromeó Harry con su apellido. -Sabes que desde hace tiempo ya no me gusta...deja de decir esas cosas- Draco quiso suspirar aliviado, pero eso le pareció demasiado precipitado. Después de todo, todavía no estaba seguro si aquella atracción hacia Harry Potter era real, ni siquiera si gustaba de los chicos. El trigueño se sonrojó, mirando de reojo a Ron, que inmediatamente cambió la pregunta y de interlocutor.

-¿Y a ti, Draco?-

-Bien, pero Harry es muy duro con nosotros...en especial conmigo...- iban fuertemente custodiados por Severus, McGonagall Remus y Hagrid. Harry subió la mirada, sintiéndose presa de un complot. Al lado de ellos no iba ningún profesor, por lo mismo que el de ojos verdes era prefecto y contaba como protección.

-Oye... ¿Y Ginny?- se le ocurrió preguntar de pronto.

-Mamá no la dejó venir...dijo que era muy peligroso, si para que me dejara venir a mí...me costó un trabajo...que ni te digo...- Pararon un momento, mirando la estantería de una tienda dedicada sólo al quidditch. -Wow...- Draco había evitado decir cualquier comentario frío e hiriente acerca de cualquier cosa, mordiéndose la lengua, esa ocasión, se contuvo de decir que Ron ni en sus sueños podría conseguir una Nimbus. Siguieron su camino. Ron se sostuvo cuando observó una de esas tiendas tan interesantes, a las cuales, tienes que entrar por lo menos una vez en tu existencia para decir que has vivido. Miles de objetos mágicos de los más estrafalarios, que harían divertirse por mares a Fred y George. -¿Podemos entrar? Quiero comprar unas cosas...-

-Sólo voy a avisarle a un profesor- Harry se separó por momentos, dirigiéndose a la más próxima, McGonagall. Tras expedir su punto y perjurarle que se encontrarían en Las tres escobas, un par de horas después, obtuvo el permiso para separarse del grupo. -Bien, vamos...- sonrieron y se dirigieron a la tienda.

***

¿Qué le puedes regalar a la persona que más quieres en todo el mundo? Si bien, el corazón ha sido entregado, quedan muy pocas opciones; amistad, fidelidad, confianza, estaban ya en la lista de regalos de años anteriores. Es mucho más difícil cuando se cuenta con pocos ahorros, comprar algo que cada vez que lo vea, haga que te recuerde y agradezca que estés a su lado.

Aquellos ojos azules recorrieron las estanterías por completo; baratijas, cosas sin importancia, cosas hermosas...le gustaría algo de plata. La plata siempre le había gustado, mucho más que el oro; e increíblemente, Harry era de la misma opinión; aquel metal parecía más sincero, más hermoso todavía. Se acercó al dependiente, que lucía un estrafalario sombrero verde pálido, que por momentos le trajo el recuerdo de Lockhart y preguntó en voz baja.

-Disculpe...quiero...ejem...quiero hacer un regalo a una persona que...que quiero mucho...pero no sé qué podría ser...-

-¿Ha pensado en algo en especial?-

-Algo de plata...que le pueda demostrar lo mucho que...lo aprecio...-

-Entiendo, acompáñeme...- el señor, de apariencia graciosa; lo condujo a la esquina del establecimiento, mostrándole un estante donde había varias joyas, diversas; así como armas de diferente envergadura y material.

Harry no dejaba de observar ni un instante a Ron, no es que no se hubiera fijado antes, pero en esos momentos parecía más evidente...el pelirrojo era sumamente atractivo. Alejó aquellos pensamientos, virando hacia Draco, que parecía muy entretenido con unos libros de Magia Negra. Decidió salir un momento, el olor a incienso y mirra, confundido entre las hierbas extrañas que se quemaban empezaban a recordarle la clase de la Profesora Trelawney. Romances, un amigo que lo traicionaría. Seguía preguntándose porqué estaba en esa aula dos veces por semana, soportando que quisiesen jugar con su destino y predecirle la muerte cada vez que se les diese la gana; cuando se sentó en la banqueta, con la mirada un poco baja, esperando que sus mejores amigos salieran. Malfoy encontró lo que buscaba justo en el lugar en el que se había encontrado Ron momentos antes, indeciso, después de pagar, de cómo se lo llevaría sin que se diesen cuenta, lo redujo de tamaño, perfectamente envuelto y guardado en el bolsillo derecho de su túnica.

Ambos salieron de la tienda, cada quién con sus compras hechas.

-Harry...- Ron se sentó a su lado y a sorpresa de Harry, por estar demasiado concentrado, le regaló un suave beso en la mejilla, alentándolo a ponerse de pie. Draco lo miró con resentimiento. El trigueño viró un poco el rostro e igualmente besó su mejilla izquierda, levantándose.

-¿Qué compraron?-

-Yo...algo para Ginny, con eso de que no pudo venir...-

-Bueno, yo no compré nada, sólo esperé a Ron...- Harry sonrió y colocó el brazo derecho rodeando los hombros del pelirrojo, que al mismo tiempo abrazaba su cintura. Hizo lo mismo con Draco y los tres se dirigieron hacia otro lugar, dejando aquella tienda muy atrás.

***

Soledad, ¿Qué era eso? Lo había olvidado. Parecían tan lejanos aquellos tiempos en que no tenía con quién platicar de manera inteligente, a quién contarle sus problemas, a quién querer. Estaba aprendiendo todo aquello y curiosamente su peor enemigo se lo había enseñado, con gran paciencia. Harry era, y sin exagerar, la persona más especial que había conocido en toda su vida. Su fama, era poco cercana a la realidad, por no expresar que Harry era mucho más de lo que los libros, mitos y leyendas podían contar. Era mucho más que sólo palabras al viento. Pero sobre todo, era más que un amigo para él. Era como aquella persona que de pronto llega y no sabes cómo reaccionar, se te olvida lo que has aprendido y comienzas a vivir como nunca antes. Es cuando la vida llega a tener sentido.

Todavía no sabía si le gustaba o no. Simplemente, le gustaba su compañía, le gustaba olvidar que era un Malfoy y sentirse él; pero no siempre se puede olvidar con facilidad.

Viró hacia Ron, que contaba una hazaña que había realizado en quidditch, gesticulaba exageradamente y Harry sonreía con mucha sinceridad, totalmente encantado; olvidando que eran equipos contrarios, que el sábado próximo se enfrentarían. Estaban en la terraza de la Heladería Florean Fortescue, pensando que el mundo a su alrededor no existía, mientras devoraban su ración de mantecado y miraban cómo el tiempo pasaba. Se concentró en Harry, observando cada rasgo fino y hermoso...como su voz era suave, perfectamente adorable, el cuerpo, formado a la perfección... quiso hundir la cabeza en el helado para desaparecer aquellos pensamientos confusos, pero mejor comió un poco y fingió escuchar al pelirrojo.

Harry propuso ir a dar una vuelta y ambos aceptaron.

Caminaron por minutos, cada quién con sus pensamientos, pero platicando animadamente sobre lo que les gustaría hacer en el cumpleaños de Harry, que seguía ruborizado ante tal atención de su parte. Draco ya tenía sus planes por lo menos y no los diría así de simple; mintió, diciendo que tal vez irse de pinta sería buena idea, aunque claro, fue de broma, sus interlocutores lo supieron de inmediato por su tono alegre y fingido. De algo sí se habían percatado ambos es que Draco era mucho más agradable que antes, que cuando utilizaba aquella estoica máscara; que ellos habían conseguido un nuevo amigo, a pesar de que habían perdido a Hermione.

Hermione... Si Harry hubiera sabido la verdad antes.

Fueron a las Tres Escobas, un poco más temprano de la cita con los profesores y se quedaron un rato, platicando todavía de cualquier cosa. Pero Ron se hallaba intranquilo, observando a Harry...

Tenía que controlarse, tenía que soportar no besar aquellos labios casi rojizos, tolerar observar aquellos ojos verde esmeralda que despedían un brillo espectacular sin ser demasiado obvio. Para colmo, soportar el terrible placer que le causaba ver a Harry cambiarse por las noches y controlar el impulso de lanzársele encima y hacerle el amor una y otra vez hasta desfallecer.

Una y otra vez...

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Continuará...

Apuesto a que se quedaron con la curiosidad. ¿Sí? Eso me gusta ^^ En el próximo capítulo, veremos lo que sucede en el cumpleaños de Harry y muchas sorpresas más. Por fin el regalo de Draco está listo, y esto atraerá a personas que seguramente harán más divertido y complicado el asunto. Ah, Remus y Harry sólo están jugando, no se gustan ^^; a Ron sí le gusta Harry, Draco todavía no está seguro de ello... ya veremos quién es el dueño del corazón de mi niño hermoso (Que bien quisiera que fuera yo...) Manden sus comentarios y no se pierdan el próximo capítulo, se van a quedar con el alma pendiendo de un hilo sobre una hoguera :) =25 Mayo 2003=

"Prefiero morir a vivir sin sentido..."

Atentamente,

Nabichan Saotome.