Esa noche su padre tenía una reunión en casa de unos amigos, y Hermione decidió quedarse a dormir con una compañera de su antiguo colegio muggle.
La casa entera quedaba para Jean, que en seguida mandó un mensaje a Lucius a través de un espejo de dos caras que tenían para comunicarse. Aunque no era muy prudente desaparecer estando Draco en casa, a la media hora ya estaba llamando a su puerta.
-Te han dejado sola…- susurró seductoramente mientras entraba a la casa.
-mmh.- dijo ella demasiado ocupada en besar su cuello. Lucius gimió bajito, y a los pocos minutos estaban de nuevo en el dormitorio de ella.
Ninguno de los dos se dio cuenta cuando una hora más tarde, la puerta de la casa se abrió. –Mamá, los padres de Ana llegaron, y se enfadaron con ella porque no le dejan meter gente en casa y por eso… ¡Ahhhhh!-
Su madre se dio la vuelta rápidamente, se había quedado pálida al verla, y en seguida se tapó con la sábana el pecho desnudo.
¡Dios!, ¡dios!, ¡dios! Acababa de pillar a sus padres en pleno… un momento… su padre no estaba en casa. Los ojos de Hermione se abrieron como platos al comprender que las piernas del hombre que estaba tumbado bajo su madre no eran las de Paul.
¡Su madre tenía un amante! Un segundo de shock hasta que un mechón de pelo rubio le dio otra pista sobre el misterioso hombre al que no alcanzaba a ver la cara. Ese pelo…
El amante se incorporó de un respingo, la sábana volvió a resbalar y a Jean se le escapó un suspiro antes de ponerse completamente roja.
Hermione lo miró, luego miró a su madre con cara de miedo, luego de nuevo a él. -Hermione cariño…-
-¡TÚ!- gritó por fin, y a continuación se desplomó de espaldas.
Lucius se dio una palmada en la frente. –Genial…-
Jean empezó a llorar. –Dios… Lucius…. Hermione… ¡Dios! ¡Se ha desmayado!-
-Puedo hacer que se despierte en un segundo, por eso no te apures.-
-Pero ¿qué le vamos a decir?-
Por una vez no había palabras que Lucius pudiera pronunciar para tranquilizarla, así que se acercó a ella y la abrazó. Se quedaron así largo rato, Jean había dejado de llorar.
-Será mejor que la despierte, dame algo de ropa.-
-¿Qué?-
-Que creo que bastante traumatizada debe estar con haber visto al padre de Draco Malfoy en la cama con su madre, para encima encontrarse conmigo desnudo nada más despertar.-
-Sí es verdad, es verdad.- Jean estaba como ausente. -Pero espera un poco antes de que recupere la conciencia por favor, hay que pensar algo que decirle.- Lucius asintió, se vistieron y se sentaron en dos sillas alrededor de la figura de la chica desmayada.
-No te preocupes, aunque ahora esté enfadada, pronto lo aceptará. Los adolescentes son así.- dijo él por decir algo. Jean lo miró. -¿Tú crees?-
-Draco al menos es así.- Los dos se quedaron cayados, cada uno perdido en sus propios pensamientos.
-¿Son compañeros verdad? Tienen la misma edad. ¿Cuándo conociste a tu marido todavía te veías conmigo?- preguntó Lucius sin mirarla.
-Este no es momento para hablar de eso por el amor de dios. Piensa excusas para darle a mi Hermione, anda.- Lucius se quedó callado.
-¿Y tú estabas ya casado estando conmigo? ¿Por eso me dejaste?- preguntó ahora ella mientras miraba al suelo.
-Creí que habías dicho que este no era momento.- Volvieron a quedarse callados.
-Te dejé porque me iba a casar. Pero tú tampoco tardaste en casarte, porque tuviste que quedar embarazada nada más dejar de ir a verte.- Jean levantó la cabeza.
-¿Te molesta a caso? Tú también tuviste que dejar embarazada a tu mujer al poco tiempo.- Lucius la miró.
-Nunca te importé ¿verdad?- preguntó ella. -¿Eso crees?- preguntó él. -No.- volvieron a mirar los dos al suelo.
-Te eché de menos Lucius. ¿Por que no me dijiste nada cuando te fuiste?-
-No se me dan bien las despedidas.- Ella lo miró.
-Ni los reencuentros.- Lucius sonrió brevemente.
-No volvías, te esperé años y años. Te seguía esperando cuando volvimos a encontrarnos.- siguió ella guiada por algún extraño impulso.
-Eso no es cierto. Conociste a Paul, y formasteis una familia.- dijo él molesto por alguna razón. Jean rió amargamente. -¿Qué sabrás tú?-
-Lo que veo Jean. Tienes una hija de dieciocho años, y hace dieciocho años que dejamos de vernos. ¡Tú ya te veías con él antes de que yo te dejara, se hacer cuentas ¿vale?!-
Jean no contestó, pero él necesitaba oírlo, necesitaba oír que ella ya estaba harta de él antes de que él se fuera. Es lo que había estado pasando con su cabeza desde que la viera en la reunión de Dumbledore con la niña.
-Al menos reconoce que para entonces estabas aburrida de mí, no tienes que mentirme, somos adultos.-
-¡No miento! Tú has sido el hombre de mi vida ¡maldita sea!-
-Pero tu hija…- Lucius comprendió de pronto, antes de que ella se lo gritara.
-¡Hermione es tu hija grandísimo imbecil!-
Al sonido de su nombre, Hermione comenzó a reaccionar, aunque el sentido de la frase no llegó a procesarlo. Intentó levantarse pero le dolía terriblemente la cabeza. Había tenido una pesadilla absurda, Lucius y su madre, intentó reír, pero su cara pesaba mucho.
-Mi hija… Hermione es mi hija…-
La chica abrió los ojos de golpe, el dolor había desaparecido. Lucius estaba de rodillas en el suelo con los ojos mirando al infinito. Su madre estaba en frente.
-Es cierto Lucius, lo siento yo…-
-Mamá dime que no es verdad…- la pareja se sobresaltó al oír la voz de Hermione, pero la chica no apartó la mirada de su madre, hasta que esta agachó la cabeza. Entonces Hermione salió corriendo.
-¡Espera!- grito Jean, pero cuando llegaron fuera, la joven se había aparecido lejos de allí borrando el rastro para que Lucius no pudiera seguirla.
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Severus Snape estaba en su habitación en Hogwarts cuando llamaron insistentemente a la puerta. Ya está aquí otra vez Albus para obligarme a celebrar la navidad con los demás habitantes del castillo. Pensó. Pero entonces escuchó un pequeño sollozo al otro lado y se apresuró a abrir.
Hermione calló en sus brazos completamente deshecha en lágrimas.
-¿Qué ha pasado?- le preguntó preocupado, pero la chica era incapaz de hablar, él la abrazó ignorando lo incómodo que, por falta de costumbre, le resultaba el hecho de que acudieran a él buscando consuelo. Quería ayudarla.
-Hermione…- una vez más ante su nombre, la mucha reaccionó y le contó lo ocurrido unos minutos atrás en su casa.
-¿Estás segura de eso?- le preguntó él.
-¿Cómo que si estoy segura? ¡Claro que estoy segura!- gritó ella. Y Severus no volvió a preguntar, sino que, siguiendo un instinto de protección que no supo de donde salía, la cogió y la sentó en un sillón cerca del fuego con él.
La chica tembló en sus brazos, pero Snape no hizo caso y siguió acunándola hasta que cayó rendida de sueño.
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