Capitulo 11
- ¿Qué es lo que dices? – Preguntó Terry enfadado.
Había pasado a recoger a Candy como todas las tarde. Al llegar ella no estaba esperándolo. Entonces recibió un llamado de Sam Griffin, el guardaespaldas que había contratado. Le había dicho que Candy había estado hablando con una mujer rubia, después salió corriendo desesperadamente. Sam la siguió hasta que ella se detuvo. Estaba bajando del coche para acercarse a ella, cuando un hombre vestido de negro apareció tras ella y la golpeó en la cabeza con la culata de un revolver. Sam intento detenerlo, pero rápidamente la metió en un coche y se la llevó de aquel lugar. Decidió seguirlo, no quería armar un enfrentamiento armado cuando la vida de Candy corría peligro.
El coche se detuvo en una casucha en uno de los barrios más peligrosos de Los Ángeles. Sam vio como aquel hombre, bajaba a Candy, aún inconsciente, y la metía dentro de la casa. Se dijo que lo mejor sería avisar a Terry y que él decidiera el siguiente pasó.
- Tal vez lo mejor será avisar a la policía – Le dijo Sam
- Se suponía que debías cuidarla – Terry asía con fuerza su teléfono celular. No podía estar pasando aquello.
- Todo ha sido demasiado rápido señor. Ahora debemos actuar
- Lo sé, lo sé – Decía Terry mientras se pasaba la mano por el cabello – Dime donde estas, ya mismo voy para allá
Sam le dio la dirección. Terry abordo su Mercedes y, mientras se dirigía al lugar que el guardaespaldas le había señalado, llamó a la policía.
Entonces, Terry recordó algo que le había dicho Sam. Candy había estado hablando con una mujer rubia. No le tenía que pensar mucho para saber quién era aquella mujer. Susana, pensó Terry con rabia. Estaba seguro que había sido Susana quien había hecho llorar a Candy. Si algo llegaba a pasarle, encontraría a Susana y la mataría con sus propias manos.
Condujo desesperado hasta llegar a la casucha donde se encontraba su Candy. Allí afuera ya se encontraba Sam, escondido tras unos árboles.
- ¿Has llamado a la policía? – Le preguntó es guardaespaldas.
- Están en camino – Contestó Terry desenfundando su arma, dispuesto a entrar.
- Espera – Lo detuvo Sam – No puedes entrar. No sabes cuantas personas haya dentro.
- No me importa – Terry estaba desesperado – Candy está en peligro
- De acuerdo... pero déjame primero revisar – Terry asintió y Sam se dirigió a una de las ventanas.
Dentro de la casa todo estaba muy oscuro. En una de las habitaciones vio a Candy sentada en el piso, hecha un ovillo. Estaba amordazada.
Terry se acerco para observar. Profirió una maldición al verla en ese estado. Entonces después vio como un hombre entraba en la habitación. Se quedó sorprendido al reconocerlo.
...
Candy abrió los ojos. Sintió un fuerte dolor en la cabeza. Entonces se dio cuenta que estaba atada de pies y manos y tenía una cinta en la boca.
No recordaba lo que había pasado. Solo sabía que después de ver la ecografía de Susana, salió corriendo, y después ya no sabía lo que había pasado. Sus ojos se llenaron de lágrimas al recordar el engaño de Terry. Todo era demasiado doloroso.
La puerta se abrió y un hombre alto de cabello color marrón rojizo, completamente vestido de negro, se dirigió hacia ella apuntándola con un arma.
Candy quiso gritar, pero no podía. Aquel hombre se dio cuenta y se acerco a ella para sacarle la cinta de la boca. Entonces Candy gritó con fuerza pidiendo ayuda.
- ¡Cállate! – Le dijo él con regocijo al ver la expresión de terror en la rubia – Por más que grites nadie vendrá a ayudarte.
Candy seguía sollozando. Lo que aquel hombre decía era cierto. Nadie vendría a ayudarla, porque nadie sabía que se encontraba allí.
- ¿Quién es usted? – Preguntó ella con temor.
- Disculpe mis modales señorita – Dijo él fingiendo caballerosidad – Mi nombre es Neil Leegan
- ¿Neil Leegan? – Candy parecía confundida - ¿Lo conozco?
- Lamentablemente no – Le dijo mirándola de arriba abajo libidinosamente – Es una lastima...
- No entiendo... ¿Por qué me trajo así?
- Veras... – Comenzó a hablar Neil con naturalidad – Son temas de negocios. Detrás de esto hay muchos millones en juego, y tú eres un estorbo que debe ser eliminado. No es nada personal.
- Le daré todo el dinero que quiera – A Candy comenzaba a temblarle la voz – Pero por favor no me mate.
- Lo lamento – Neil levantó en arma y la apuntó a la cabeza – No puedo ceder en esto
Neil amartilló el arma y Candy creyó que esta vez no se salvaría. Esperó el impacto, pero en vez de eso, escuchó la vos de Terry.
- ¡Suelta el arma Leegan! – Terry apareció detrás de Neil apuntándolo con el arma que había comprada semanas antes.
Neil levantó las manos, y se giro lentamente.
- ¿Qué haces aquí Grandchester?
- Deja el arma en el piso
Niel le hiso caso. Sin despegar la vista de Terry, se agacho despacio y deposito su arma en el piso.
- Tal vez podamos hacer un trato – Dijo Neil tratando de negociar
- Nada de tratos. Déjala ir – Le dijo él refiriéndose a Candy
- Piénsalo bien – Neil comenzó a acercarse a Terry - Juntos podemos hacer grandes negocios.
- ¡No te acerques!
- Vamos Grandchester... ¿No te habrás enamorado de ella?
Terry se distrajo unos segundos al escuchar los sollozos de Candy, tiempo suficiente para que Terry se abalanzara sobre él y lo derribara.
Comenzaron a forcejear hasta que Neil logró quitarle el arma a Terry.
- Eres un maldito bastardo Grandchester – Le decía Neil mientras lo apuntaba – No sabes el placer que sentía al acostarme con tú esposa.
Neil intentó gatillar a la cabeza de Terry, pero antes de que pudiera hacerlo, un disparo sonó en la habitación, y después se escuchó el grito de dolor de Neil, quien inmediatamente soltó el arma.
- ¿Te encuentras bien? – Sam Griffin había entrado a la habitación al ver que Neil iba a matar a Terry. No lo dudo ni un segundo y disparó directo a la mano de Leegan.
- Si – Contestó Terry recuperando su arma. Entonces vio a Candy, con lágrimas en los ojos. Estaba muy asustada.
Terry fue directo hacia ella y la abrazo fuertemente.
Se escucharon las sirenas de la policía, quienes entraron rápidamente a la casa y esposaron a Neil Leegan.
Candy había sido llevada al hospital. No presentaba heridas de gravedad, solo unos cuantos rasguños y un leve golpe en la cabeza.
Terry había recibido algunos golpes de Neil, pero lo que más le preocupaba era el estado de Candy. Quiso ir a verla, pero los detectives lo habían retenido para tomarle declaración.
Leegan había sido encarcelado por intento de homicidio. Pero también acumulaba otras causas. La principal de ella era narcotráfico. La DEA había estado tras su rastro desde hacía demasiado tiempo.
Una vez que Terry se hubo librado de sus obligaciones, fue a la habitación de Candy para averiguar cómo se encontraba ella. Entró despacio en su habitación y la vio recostada en su cama. Le dio un vistazo rápido. Solo tenía una pequeña venda en la cabeza. No era nada grave pero había sentido deseos de matar a Neil por haberla lastimado.
- ¿Cómo estás? – Le preguntó Terry acercándose a ella. Notó que lo miraba seriamente. No esperaba una reacción así de parte de la rubia. - ¿Candy?
- Vete – Le dijo ella.
- Candy... ¿Qué es lo que pasa? – Le preguntó Terry preocupado.
- Vete de aquí Terry. No quiero verte nunca más. – Le gritó con odio
A él le dolió la forma en que Candy le estaba hablando. La amaba profundamente pero ella lo miraba de una manera en que a él le partía el corazón.
- Dime que es lo que pasa... – Le rogo él
- ¿Es que no entiendes? No quiero volver a verte ¡Te odio!
- Eso no es cierto... – Terry no podía creer que ella le estuviera diciendo aquellas palabras – El fin de semana dijiste que me amabas.
- Pues estaba equivocada – Candy volteo a mirar por la ventana para que Terry no pudiera ver las lágrimas que salían de sus ojos. – Vete y no vuelvas nunca más Terry
Él se sentía dolido. Le había entregado su corazón a Candy y ella lo estaba rechazando. Salió de la habitación sin decir nada.
Neil estaba tras las rejas y Candy ya no estaba en peligro. Ella no volvería a necesitarlo. Terry se haría cargo de la empresa hasta que ella cumpliera los 18 años, y luego lo dejaría todo en sus manos. Tal vez se iría de Los Ángeles. Podría conseguir un trabajo en cualquier otra ciudad.
Candy había estallado en llanto en cuanto Terry abandonó la habitación. Le había partido el corazón ver la expresión en su rostro cuando le había dicho que lo odiaba. Ella sabía que no era cierto. Nunca podría odiarlo, por más que la hubiera engañado, pero tenía que sacarlo de su vida para siempre, y esa era la mejor manera que se le había ocurrido.
...
Habían pasado tres semanas desde que Neil Leegan había sido encarcelado. La relación entre Terry y Candy se había acabado. Desde ese día no se habían vuelto a ver. Terry ocupaba su tiempo dedicándose exclusivamente al trabajo, pero era difícil para él terminar con su recuerdo.
La boda de Albert y Daphne se realizaría dentro de dos días. Terry estaba muy feliz por ellos, pero no podía evitar sentir cierta envidia por ellos.
- Terry... ¿Te encuentras bien? – A Albert comenzaba a preocuparle su amigo. En esas ultimas semanas, había vuelto a tomar la misma actitud que tenía antes de conocer a Candy.
- Estoy bien Albert
- No, no lo estas – El rubio sabía perfectamente cómo se sentía. - ¿Por qué no la buscas?
- ¿Buscar a quien? – Terry se hiso el desentendido.
- Sabes a quien me refiero. A Candy
- Ella está mejor sin mí
- ¿Cómo puedes saberlo si hace tres semanas que no sabes nada de ella?
- Ya no me necesita – Dijo con tristeza – Ella me odia, me lo dijo en la cara
- ¿Y qué le has hecho para que te odiara?
- ¡No lo sé! – Exclamó Terry – No sé porque me odia, ni porque me dijo que no quería volver a verme nunca más
- ¿Por qué no se lo preguntas? Tienes derecho a saberlo
- Porque lo mejor es dejar las cosas como están. Candy se merece ser feliz con alguien de su edad. Yo soy demasiado viejo para ella.
- Solo tienes 28 años Terry. ¿Y desde cuando te importa la edad?
- Ella tiene 17 años, es una adolecente. Le gusta salir a bailar, divertirse, y yo no puedo hacerlo. Tengo un trabajo y obligaciones de las cuales ocuparme.
- Piénsalo... – Albert calló unos segundos – Por cierto... Sabes que ella vendrá a la boda ¿Verdad? - Terry se sorprendió al escuchar aquello. No lo sabía. – Daphne decidió invitarla. Siempre le cayó bien Candy. Aparte es la dueña de la compañía.
- Por mi está bien – Terry intento parecer desinteresado, pero falló en el intento.
En ese momento la puerta de la oficina se abrió y una rubia de ojos azules se dirigió directo a Terry.
- Mi amor – Le dijo intentando besarlo en los labios. Pero él volvió a rechazarla. - ¿Cuándo será el día en que te des cuenta que es inútil resistirte? – Le dijo con ironía.
- Déjate de tonterías Susana ¿Qué quieres esta vez? – Preguntó Terry con fastidio.
Susana había estado acosándolo todos los días. Ya no sabía qué hacer para quitársela de encima.
- Solo vine a ver como estabas
- Pues ya me viste. Ahora puedes irte – Le dijo cortante.
- Veo que estas de mal humor hoy... será mejor que vuelva mañana – Antes que Terry pudiera decirle que no regresara ella se dirigió a Albert - Por cierto... Felicitaciones por la boda. Estaré encantada de acompañarlos a ustedes ese día
- Gracias... – Dijo él sorprendido mientras ella se retiraba de la oficina.
Ninguno de los dos podía creer la desfachatez que había tenido Susana al auto invitarse a la boda de Albert y Daphne.
...
Susana había salido con una sonrisa de la oficina de Terry. Lo había estado visitando todos los días. No podía perder ni un segundo si quería volver a su lado.
Deshacerse de Candy había sido una tarea sencilla. Quien iba a decir que esa niña iba a ser tan estúpida para creerle su mentira. Y por otra parte, a Terry no le había importado mucho contarle la verdad.
Susana volvió sin muchos ánimos a su trabajo. Las cosas se habían puesto tensas después de recibir la visita de la esposa de Charles. La había encarado y acusado de ser la amante de su marido. Si bien sus acusaciones habían sido ciertas, a Susana le molesto la manera que ella la había tratado, como si fuera una mujerzuela cualquiera.
Susana le dijo que no le interesaba su marido. Que nunca podría llegar a interesarse en alguien tan poca cosa como él. Le dijo que entre ella y Charles todo se había terminado. Y era cierto. Desde hacía unas semanas, Susana se había negado a tener relaciones con Charles. Ahora que estaba más cerca que nunca de volver con su ex -marido, no quería echar a perder esa posibilidad por una relación sin futuro.
...
Charles se encontraba en su oficina, sentado detrás del escritorio revisando unos papeles. Aunque en realidad, sus pensamientos estaban demasiado lejos del trabajo.
Se encontraba confundido. Después del arresto de Leegan, Charles había perdido todas las posibilidades de quedarse con la herencia de Candy. Siempre podía terminar él es trabajo que Neil había comenzado. Pero era demasiado arriesgado, y él no tenía la experiencia que Neil en esos temas.
Por otro lado, ya no le debía dinero a Leegan. Con él, habían logrado encarcelar a varios de sus "empleados". Su deuda había quedado en la nada.
Claro que aún tenía miedo que Leegan lo acusara de ser cómplice en el intento de homicidio contra Candy, pero si no lo había hecho aún, dudaba que sucediera.
Después estaba el problema con Caroline. Se había enterado de la relación que Charles mantenía con Susana. Eso había provocado grandes conflictos entre ellos. Su esposa ya no le hablaba. Él creía que la única razón por la cual no le pedía el divorcio, era porque ella no sabría sobrevivir sola. Nunca había trabajado y no podría salir adelante sola.
Escuchó que alguien golpeaba la puerta de su oficina.
- Adelante
Era Cherry, la asistente del señor Cameron.
- Señor Britter, el señor Cameron desea verlo ahora mismo en su oficina
- Enseguida voy
Charles se dirigió a la oficina de Cameron. Se preguntaba que podía ser tan importante como para pedirle que vaya a verlo.
Una vez en su oficina, Cameron le pidió a Charles que tomara asiento.
- Britter – Comenzó diciendo su jefe – Sabes que te apreciamos mucho y que has realizado un buen trabajo en todos estoy años que formaste parte del buffet
- Muchas gracias señor – Charles creyó que iba a ofrecerle un ascenso.
- Pero hemos estado teniendo problemas, y necesitamos reducir costos
- ¿Qué es lo que intenta decirme? – Preguntó Charles con precaución
- Lo lamento mucho... No podemos seguir permitiéndonos pagar su sueldo
- ¿Me está despidiendo? – Charles parecía indignado.
- Créame que me hubiera gustado que las cosas fueran diferentes
Charles no podía creerlo. Había salido enfadado de la oficina del señor Cameron. Había trabajado 15 años para él y ahora lo despedía.
Se preguntaba cómo iba a hacer para vivir de ahora en adelante. Gracias a su vicio con el juego, no había conseguido ahorrar por si una situación semejante se presentaba.
Sabía que nadie le daría trabajo a su edad. Lo único que le quedaba era la herencia de su hija, pero ¿Cómo iba a hacer para conseguirla?
...
Eliza había ido a visitar a su hermano a la cárcel. No le gustaba ver a Neil en esa sucia celda donde lo tenían encerrado. Había hablado con un abogado para ver que se podía hacer para sacarlo de ese lugar. Pero no le habían dado muchas esperanzas. Neil afrontaba cargos por delitos demasiado graves. Lo más probable es que le dieran perpetua.
- ¿Cómo estas hermano? – Le preguntó Eliza a través de las rejas.
- ¿Cómo crees que estoy? – Le dijo él con voz cansina.
Neil se veía demasiado delgado, con grandes ojeras en los ojos. Su hermana no soportaba esa situación.
Ellos habían sido muy unidos de pequeños. Sus padres nunca les habían prestado demasiada atención. Neil fue el único que estuvo al lado de Eliza en todos los momentos de su vida. Él la había cuidado y defendido siempre. Ahora ella se sentía muy sola.
- Dime qué puedo hacer para sacarte de aquí
- No puedes hacer nada Eliza – Le dijo él bajando la vista – Mañana me enviarán a una cárcel de máxima seguridad
- Contrataré a un abogado. Uno bueno. Te sacará de aquí ya veras...
- Solo estarías perdiendo el tiempo... Olvídate de mi Eliza
- No me pidas eso – Le dijo ella con lágrimas en los ojos. No podía olvidarse de la persona que más quería en el mundo. – Todo esto es culpa de Candy. Te juro que me vengaré de ella. Voy a matarla – Eliza había dicho esas palabras con odio, Niel nunca la había escuchado hablar así de nadie.
- No, no vas a matarla
- ¿Cómo puedes decir eso? – Le gritó a su hermano. - ¿Cómo puedes permitir que ella siga con vida cuando por su culpa tú estás aquí encerrado?
- No quiero que te manches las manos – Le contestó él – No quiero que termines encerrada en un lugar así tú también
- No podemos permitir que ella se salga con la suya...
- Prométeme que no le harás nada – Le ordenó él.
- Pero...
- Promételo
- Te lo prometo – Le dijo apretando los dientes.
Eliza salió de la cárcel llorando. Su hermano sería enviado a una cárcel de máxima seguridad en poco tiempo, y la culpable de eso era Candy.
Quería matarla, hacerla sufrir. Pero le había prometido a Neil que no haría nada contra ella. Sabía que él se lo había dicho para protegerla, para impedir que ella se metiera en problemas. Siempre había sido así.
Eliza se sentía más sola que nunca. Había perdido a su hermano, y también a su mejor y única amiga.
Annie le había confiado que tenía VIH, y ella, en vez de apoyarla y ayudarla en lo que necesitara, la había hecho a un lado. Le había dicho que no quería tener ningún tipo de relación con una persona infectada.
Ahora se arrepentía. No por cómo había tratado a Annie, sino por lo que ella había perdido, por la soledad que ella estaba sintiendo en ese momento.
Continuará...
