Sábado Santo, actualizando historias; en ésta ocasión corresponde a Saint Seiya. Hemos visto con anterioridad parte de la historias de las dos amazonas, ahora es el turno de la amazona del Cisne.

Capítulo 12: Hielo perpetuo

Habían transcurrido algunas horas en que Shaina había dado a luz a su hija. Jabú e Ichi estaban alrededor de la mujer del cabello verde, como a su vez los dos hombres observaban aquella escena.

-¿Puedo abrazarla hermana mayor? – Dijo Ichi con gentileza.

-Creo que la vas asustar con tu cara. – Respondió Jabú en un tono de broma.

El caballero de Hidra se siente ofendido, sin embargo aquella mujer no puede evitar la risa y le entrega a su hija.

-Su "padre" es un hombre afortunado. – Dijo Jabú quien veía a la pequeña – Sin embargo es muy linda.

-Cuando crezca se parecerá a ti hermana. – Habló Ichi quien abrazaba a la pequeña. - ¿Tienes un nombre para ella?

-Su nombre es Marín. – Habló Shaina con una sonrisa.

Jabú e Ichi quedan viéndose entre sí, imaginaban que quizás la pequeña recibiría el nombre Geist por ser una de las primeras amigas que tuvo la amazona.

-Se lo que piensan – Expresó la mujer del cabello verde – Marín fue mi compañera de armas y principalmente mi amiga (aunque yo no soy de las que muestra debilidades), ella era sabia y lograba poner la paz en tiempos de tensión.

-Aunque hay otra razón ¿verdad? – Preguntó tímidamente Jabú.

La mujer asiente con la cabeza.

-Piensas en todos, hermana mayor. – Habló Ichi quien abrazaba con cierto cariño paternal a la bebé.

Repentinamente, los tres perciben algo fuera de lo inusual; empezaba a oscurecer.

Shaina pide la bebé a Ichi, por alguna razón ella tiene un presentimiento y decide abrazarla con todas sus fuerzas, sin embargo; en medio de la sábana que protegía a la pequeña ella introduce su máscara de combate, besando la frente de su hija.

-Pero Shaina… - Dijo Jabú.

-Escúchame bien Jabú – Habló Shaina con la dureza con la que le caracterizaba – pase lo que pase quiero que te lleves lejos a Marín.

La joven amazona se incorporaba y ella entrega a su hija al hombre del cabello de matices naranja.

-Hermana Mayor, no podrás pelear en ese estado. – Expresó con tristeza el caballero de Hydra.

-No digas tonterías Ichi – Respondió de forma violenta, aunque había una mirada compasiva en Shaina. – Soy una Amazona, un caballero femenino y mis últimos días los quiero terminar como tal.

El legado del Cisne

Cisne avanzaba hacia la casa de Libra, ella podía percibir que el cosmos de sus compañeras por instantes desaparecía como a su vez se incrementaba.

"Nunca creí que llegaríamos a pelear de forma prematura, es cierto que tanto Esmeralda y yo supimos ganar las armaduras que hoy portamos, no tuvimos la oportunidad de enfrentarnos a nuestros maestros con sus armaduras doradas. Por otra parte, Marín tiene un cosmos poderoso y a su vez violento, ella guarda un dolor muy grande, a tal grado de querer matar a Seiya, sin embargo todas tenemos la angustia de lo que están pasando nuestra familia en el futuro pero ella desde que supo la fecha no ha dejado de ver el reloj del santuario. ¿Qué más oculta?".

Era el pensamiento de la joven quien recorría los escalones para llegar a la casa de libra. Estaba en las afueras, sin embargo nota que hay una presencia distinta. La joven de forma lenta ingresa al lugar.

-Ésta es la séptima casa, pero no siento el cosmos del maestro Shiriu. – Dijo la joven en voz baja.

Sin embargo la joven empieza ver alrededor.

-Éste fue el primer lugar en donde mi maestro enfrentó a su maestro Camus. Aunque si no hubiese sido por el caballero de Andrómeda quizás la historia fuera otra. – Habló la joven en tono reflexivo.

-Me sorprende que una mujer porte mi armadura como a su vez conozca parte de mi vida. – Se escuchó una voz masculina.

Repentinamente la temperatura empieza a bajar de forma drástica, dando la apariencia del clima de Siberia. La joven amazona quien tenía su máscara no puede evitar la sorpresa al saber quién sería su próximo rival.

-¡¿Maestro Hyoga de Acuario?! – Expresó con cierta sorpresa.

En escena ingresaba un hombre que portaba la armadura de acuario, de cabello rubio, su cosmos era capaz de crear el efecto de hielo.

-No sé por qué me llamas maestro pero reconozco que ustedes tienen valentía al ingresar al Santuario de Athena. – Respondió el susodicho. -¿Podrías decirme tu nombre y como conseguiste la armadura?

La amazona del Cisne estaba en un predicamento, sabía que el caballero de Acuario no es de las personas pacientes y que deseaban ir al punto.

-La segunda pregunta puedo responderla: la armadura la gané destruyendo un tempano de hielo, debido a que usted me entrenará dentro de algunos años. – Replicó la joven.

-Veo que no me dirás tu nombre, pero por lo menos conoceré tu rostro.

Sin esperar la réplica Hyoga extiende su mano provocando una ventisca de hielo, la amazona alcanza a cruzar sus brazos utilizando su escudo para protegerse. El ataque cesa, sin embargo la máscara de la joven empieza a tener grietas provocando que se rompa de abajo hacia arriba, dejando al descubierto el rostro de la joven.

-¡Llegó mi turno de responder al ataque! – Dijo la joven con un orgullo herido.

Hyoga estaba en shock, al parecer no daba crédito a lo que veía.

-¡Polvo de Diamantes! – Gritó con furia la joven lanzando su ataque.

Sin embargo, Hyoga logra detener el ataque con una sola mano, y con la otra responde del mismo modo. Cisne logra esquivar el ataque.

-Dígame Maestro – Expresó con furia – Sin con ver mi rostro ha logrado responder a su pregunta, ¿ahora qué espera de mí?

Hyoga estaba escéptico.

-¡Tú eres Natassa… mi hija! – Dijo el cisne con una mezcla de matices.

-Usted me entrenó bien – Expresó la joven – Los dos sabemos cuál es nuestra misión.

(Flashback catorce años después de la época actual)

En la región de Siberia una especie de entrenamiento se realizaba en medio de los hielos perpetuos, Un hombre quien no portaba armadura entrenaba en controlar su cosmos y lanzaba varios ataques a los enormes bloques de hielo.

A diferencia de los lugareños, éste hombre de cabello rubio no portaba un anorak, el lucía con una camiseta azul y pantalones oscuros.

Sin embargo una joven de dieciséis años que tenía el mismo atuendo sólo que en vez de pantalón y camiseta ella portaba un leotardo azul, mayón oscuro y calentadores en un tono mostaza. La joven no portaba una máscara.

La joven decide aumentar su cosmos y concentraba su poder en un solo golpe hacia un gran tempano de hielo.

El hombre percibe lo que va hacer la joven.

-Tú decides si quieres hacerlo. – Expresó el hombre con cierto respeto.

Aquella joven utiliza la palma de su mano como si fuese una espada y parte en dos el inmenso témpano. En su interior se observa una caja con el grabado de un cisne. Una luz inmensa emana de él dejando al descubierto la armadura que por voluntad propia se une a la joven.

El hombre del cabello rubio observa con respeto y admiración ese suceso.

-Le dije que podría hacerlo. – Dijo la joven con una sonrisa.

-Natassa – Habló el hombre del cabello rubio viendo a la joven – Quiero disculparme contigo, mi intención no era que te convirtieras en amazona; cuando te veo; me recuerdas mucho a mi madre.

-Por eso mi madre no se opuso al llamarme así como ella ¿verdad papá?

-Así es, deseaba que dedicarás tu vida ayudando a los niños huérfanos como tu madre Eriis, sin embargo ella fue quien me ayudó a entender que por tus venas también corre sangre de guerrero.

-¿Algún día tendré que enfrentarme contigo?

Hyoga hace una pausa antes de responder a aquella pregunta.

-Quizás, pero te advierto que será una batalla en la cual no habrá lazos de sangre de por medio. – Respondió el hombre.

-Así debe ser – Dijo con una sonrisa la joven – Y eso también mi corazón lo debe entender.

Hyoga se acerca a abrazar a su hija en un gesto paternal.

-Me recuerdas a mí cuando iniciaba con la armadura, y créeme que poco a poco lo superarás. – Respondió el hombre del cabello rubio.

(Fin del flashback)

Tanto Natassa como Hyoga se lanzaban en una batalla sin precedentes, haciendo de la casa de libra un verdadero infierno de hielo.