Tras levantarse, Matt empezó a hacer el desayuno, cuando termino, Sora y Rex detuvieron su entrenamiento, y Teo despego con grúa a Lira, quien se rehusaba a soltar las sabanas. El joven humano hizo el desayuno por su cuenta porque no quería ir a pedirlo o retirarlo, sabía que la mujer ya no estaba ahí, pero aun así le incomodaba el simple hecho de caminar por el mismo suelo donde estuvo.
Tras desayunar, se marcharon tras un rápido chequeo médico a los Pokemon, al salir, pudieron ver a lo lejos el gimnasio, y más lejos, una mansión gigantesca, Matt creía saber a quién pertenecía.
"Vaya, esta ciudad es aburrida" dijo Lira.
"Lo sé, solo tienen un gimnasio, un museo, y la mina, pero nada de interés" dijo Sora.
"Cierto, ¿Seguimos nuestro camino?" dijo Matt, proponiendo salir de la ciudad, que parecía traerle malos recuerdos, esto tanto Sora como Lira lo sintieron, pero no lo mencionaron solamente porque creían que no sería correcto involucrarse en sus asuntos.
Decidieron simplemente irse, por lo que encaminaron rumbo a la salida por el este, ya quedaba poco para el Monte Corona, sin embargo, a la salida fueron detenidos por un montañero, quien les cortaba el paso.
"Lo lamento pequeñín, no puedo permitir que pases por aquí" les dijo.
"Y eso se debe a que…" dijo Matt, esperando una respuesta.
"Hace ya un tiempo hubo un derrumbe desde altura media del monte, no solo tapo el camino, sino que los Pokemon de los pisos superiores se asentaron abajo también, por lo que es mucho más peligroso pasar por aquí"
"Pero debemos llegar a esa zona, eso nos vendría como un atajo incluso, ya que solo habría que escalar" dijo Matt, asumiendo que es el mismo derrumbe que hubo cuando ellos estuvieron ahí.
"Lo lamento, no puedo permitir que un joven entrenador se arriesgue"
"Pero no soy un entrenador sin experiencia, ya he tenido varios combates, y no soy nada débil"
"Entonces que tal esto, vuelve con la medalla del gimnasio del líder Roco, y entenderé que eres lo suficientemente capaz como para atravesar el camino que espera detrás de mío".
"De acuerdo, que así sea" dijo Matt, tras alejarse, hablo con sus acompañantes. "Ok, ya lo escucharon, por mucho que parezca una excusa de un videojuego para obligarnos a hacer cierta acción, si queremos continuar con la historia, tendremos que conseguir la medalla del gimnasio".
"Supongo que tiene sentido, ¿Vamos al gimnasio?" dijo Sora
"Está cerrado por hoy, si mal no recuerdo" dijo Lira, recordando lo que vio en la televisión en la mañana.
"Te mantienes informada, ¿verdad?" dijo una voz, una voz que hizo que Matt se petrificase, junto con sus Pokemon, quienes sintieron un escalofrió, aunque algo cálido por el tono de voz, esa una sensación extraña, pero para nada cómoda aun así.
Voltearon lentamente, en especial Matt, y confirmo sus dudas, era aquella mujer, de aquellos momentos anteriores, la misma mujer del día lluvioso en Jubileo, la misma mujer de anoche. Con gran temor, muy oculto aun así, le hablo.
"¿Puedo ayudarle?"
"Obviamente, así de asustado no, y no necesito ayuda en todo caso" le dijo, con aires de grandeza, pero deduciendo su interior fácilmente; él lo ignoro y continuo.
"Entonces ¿Quiere decirme algo?"
"Si, de hecho" afirmo, y se acercó rápidamente, pero con total tranquilidad, hasta quedarse a pocos centímetros de él, se sintió intimidado, pero se negaba a mostrarlo, ella se acercó a su oído, y susurro "Primero…" se alejó un poco, y le dio un pequeño golpe en la cabeza, para decir con una sonrisa "Es de mala educación escuchar a escondidas como un par de adultos hablan" y empezó a reír.
"¿Que…? ¿Qué sucede?" Pregunto Matt sorprendido.
"Tu cara es lo que sucede" dijo calmándose "Mírate, casi te orinas del miedo, ¿qué te sucede a ti? O eso debería preguntar supongo" dijo ya algo más seria.
"¿Tiene algo más que decir?" dijo Matt, esperando acabar con la conversación tan pronto como sea posible.
"Por supuesto que si, por algo dije, y cito (Tose a propósito): Primero… ¿Por qué otro motivo lo haría? Admito que fue divertido molestarte un poco, pero aun así no vale malgastar ni una palabra solo por eso"
"Acabas de malgastar muchas palabras solo para explicarme eso, dudo que eso sea cierto"
"Cierto, soy muy torpe, a lo que me pregunto ¿Cómo me tienes miedo?, ¿Y por qué? Aunque bueno, una cosa es que me lo pregunte, y otra es que me interese lo suficiente como para dedicarle medio segundo para pensarlo"
"Al grano por favor, estoy ocupado"
"No es cierto, el gimnasio era tu único destino, y está cerrado, por ende, no estas ocupado"
"…" Ya no sabía cómo responder, ya ni sabía que sentir en lo más mínimo.
"¿Quieres estar ocupado? Yo también, pero me caíste bien, supongo, ¿quieres pasar el rato juntos?"
"… Ok (¿Por qué dijo eso? ¿Se rindió?... No, soy yo quien se rindió)" eso pensaba, eso fue lo último que pensó del tema, ya no quería seguir más, pero no le quedaba otra, ella destruyo de las formas más ridículas cada salida que el presentaba, no sabía qué hacer, que decir, ya no quería saber nada más por un buen rato.
Por otro lado, Sora, Lira, Rex, e incluso Teo, estaban boquiabiertos, la persona con quien llevaban viajando un largo tiempo ya, el niño que era un entrenador prodigioso, con mentalidad fría si era necesario, pero bastante amigable el resto del tiempo, quien pensaba en todo, y deducía situaciones por solo expresiones, aquel niño prodigio acababa de perder por Flawess Victory contra una mujer algo mayor que el quien a propósito uso una actitud aún más inmadura, lo desconcertó, y se almorzó su cerebro con papas fritas. Aun así lo siguieron, estaban más preocupados que nunca.
Llegaron a la tienda Pokemon, y aquella mujer hablo:
"Primero que nada, compra suministros, lo que sigue en tu viaje será difícil si eres entrenador, mira, yo pago esta vez" dijo, en lo que sacaba del bolsillo una tarjeta, la tarjeta del entrenador, Matt no pudo evitar preguntarse por qué su tarjeta era negra, y la suya no. "Tenga tú, aquí tienes" dijo en lo que le entregaba superpociones e hiperpociones, así como un par de curas totales.
"Oh, no te preocupes, tengo dinero" dijo Matt, algo apenado por depender de alguien más.
"Si, probablemente, pero no tienes la misma tarjeta que yo, con la tuya creo que solo podrías comprar pociones, antídotos, anti parálisis, y algún repelente" le dijo, explicándole.
Mientras que el guardaba los objetos, la mujer vio una máquina, no cualquiera, era una máquina arcade, y rápidamente puso unas 2 monedas, luego saco su Pokeball, y salió el Alakazam, era el mismo de la noche lluviosa.
"Ahora se acabara el empate Ala, ¡Prepárate!" dijo, eligió personajes, y el Alakazam también, parecía confiado, pero ella no tenía intención de perder.
"(¿Era así de despreocupada?)" eso pensaba Matt, al verla jugando tranquila y con una sonrisa en la cara, pero esa sonrisa desapareció a la hora de ejecutar un combo, redujo a la mitad la salud del personaje del Alakazam, y luego atino un ataque especial, así cayó el ultimo personaje del Pokemon, y ella salto de alegría, tras algo de festejo en que todos veían a una mujer burlándose de su Pokemon por perder, se reincorporo y dijo: "GG, Ala" y le extendió la mano, el Pokemon la tomo, y se saludaron respetuosamente, ignorando siempre su alrededor. Ella se disponía a continuar la partida, hasta que apareció la pantalla que no había visto hace tanto tiempo.
Here comes a challenger.
Al ver a su lado, vio a Matt, quien había puesto una moneda, y elegía personajes.
"¿Te sientes con suerte?" Pregunto la mujer con una ceja levantada, tan presumida como siempre.
"The King Of Fighters, lo jugaba mucho antes, y confió en mis habilidades" el eligió a Kusanagi, K´, y Ralph; y ella a Mature, K´9999 y el legendario Iori. Jugaron un rato, pese a las habilidades de Matt, no pudo contra la mujer, quien demostró una superioridad en ese videojuego aún más amplia que la antes mostrada.
"Siéntete libre de desafiarme cuando quieras, pero siempre reconociendo tu lugar, escoria" dijo ella, como burla al final.
Se marcharon finalmente de la tienda, cuando la gente se empezaba a dar cuenta de quién era ella, y hablaron un poco en el camino.
"No esperaba que una niña fuera tan buena en videojuegos, o así de famosa entre la multitud…" dijo Matt, intentando pensar en el porqué.
"No sé si tomarme eso como un cumplido de tu parte, pero no soy una niña, aunque no lo parezca, tengo 27 años"
Eso sí que nadie lo esperaba, Sora y Lira se mantenían al margen, en espera de hacer algo para ayudar, pero parecía que ese momento seguiría esperando.
"¿27 años? Pareces menor que eso"
"Oh, eso, pues digamos que tengo una enfermedad la cual ni recuerdo en nombre, solo sé que me hace parecer menor de lo que soy" Decía viendo su mano, pero no parecía sentirse mal por eso, parecía contenta con su apariencia, así como con su personalidad, bastante a gusto.
"Ya veo… ¿Y qué hay de los demás? Ya no tiene sentido ocultarlo, así que cuando te escuche en la madrugada, hablaron sobre la liga de otra región. ¿Verdad?"
"Si, sobre eso… pues pasa que supere la liga de Kanto, Johto, Hoenn, Sinnoh, y Teselia, o Unova, como quieras llamarle."
Eso sí que no lo esperaba, ¿Era campeona casi mundial?
"¿Y qué hay de Kalos, o Alola?"
"Iré a Kalos por la liga en unas semanas, ya tengo las medallas, y en cuanto a Alola, me da pereza ir allí, dicen que el método de clasificación es distinto a todas las demás regiones, pero creo que lo averiguare cuando me entre la gana de viajar; hasta entonces, estaré por los alrededores"
Le explico sus planes, su historia, con una gran sonrisa, estaba realmente orgullosa de eso, pero en sus ojos se veían a los verdaderos campeones, sus Pokemon.
"Ok, entiendo, en cuanto a mi…" se disponía a contar su historia, lo veía como lo justo.
"Por favor, o me cuentes tu historia, realmente no me interesa quien fuiste, sino quien eres y serás" dijo ella.
"Oh, ok (Maldita sea, se las arregló para ser una cretina pero que quede de maravilla como persona sabia)" Eso pensaba el, sin embargo, sin darse cuenta, todo el temor que sentía se desvaneció, y cuando se dio cuenta a las puertas de su mansión, finalmente le pregunto:
"Disculpa, ¿Cuál es tu nombre?"
Ella se sorprendió de la pregunta, y le alegro que ya no se sintiese intimidado, por lo que se dignó a responder.
"Alexa, mi nombre es Alexa, pero puedes llamarme Señorita K." dijo con esos aires de grandeza a los que habría que acostumbrarse.
"Ya, te quedaras con las ganas de ser llamada así, Alexa".
Finalmente entraron a la mansión, donde ocurrirían ciertas cosas algo cliché, pero necesarias al fin y al cabo.
