Capítulo 12:
"Mon-hoos"
Miré con horror como la piel se comenzaba a empollar y un terrible escozor se apoderaba de mi mano e iba subiendo a lo largo de mi muñeca. Pequeño globos se formaban sobre la palma de mi mano; a todo esto se sumaba incesante e insoportable picazón que se acrecentaba por cada espacio que la niebla tocase.
-¡Corran!-gritó Katniss, pasando por lo mismo.- ¡Corran!-
Finnick despertó al instante, levantándose con el tridente en mano preparado para enfrentarse a un enemigo. Pero cuando notó la pared de niebla, bajó su arma e inmediatamente tomó mi mano ampollada y echo a correr. Al estar aun semi sentada en el suelo él me arrastró unos cuantos metros hasta que por fin se dio cuenta y me dio unos segundos para levantarme.
-¡Due…duele!-me quejé, mientras otra erupción crecía al costado de mi cuello.
-¿Qué está pasando?-preguntó Finnick, abriéndose pasó por entre la selva.
-¡Gas venenoso!-exclamé, tropezando contra una raíz. Él evito que me cayese, pero yo ya no podía dar ni un paso más. Sentía las piernas pesadas, cómo si me hubieran puesto 30 kilos de plomo en cada una. Para esas alturas me costaba respirar y los brazos parecían hechos de gelatina.
- ¡Apresúrate, Peeta!-gritó Katniss, detrás de nosotros.
A nuestro costado la niebla seguía extendiéndose. Observé con horror como mi manga derecha se había agujereado al punto que solo quedaron finos hilos sosteniéndola. Aquellas pequeñitas gotitas que impactaron contra mi piel quemaron y Finnick las apretaba al sostener mi mano.
-Creo…creo que deberíamos fijarnos en Peeta y Katniss.-jadee, tratando de aminorar el paso.
Él se detuvo en seco y volteo. Muchos metros más atrás, Katniss trataba de llevar a Peeta a cuestas.
-¡Vamos!- gritó Finnick usando sus manos como amplificadores.- ¡Ustedes pueden! ¡Vamos! ¡Sigan el sonido de mi voz y avancen!-
A pesar de la espesura de la selva pudimos ver que la pierna artificial de Peeta quedó atrapada en un nudo de enredaderas, lo que produjo que él cayese de bruces al suelo antes de que Katniss pudiese siquiera hacer el amague para sostenerlo.
-¡Debemos ayudarlos!-sentencié a pesar de la incesante comezón.- Yo voy por ellos.-casi sin pensarlo le entregué el arco a Finnick.
-¡Madison, espera!- él intentó detenerme pero escapé del roce de sus dedos justo a tiempo y retrocedí sobre mis pasos de nuevo al improvisado campamento.
La noche se había vuelto cerrada al punto que los árboles parecían tenían vida propia y querían atraparme entre sus delgados y tétricos dedos. Por más que las piernas me ardiesen y no dieran a basto me las arreglé para seguir corriendo. Peeta y Katniss se encontraban cada vez más cerca, pero la distancia parecía infinita.
-¡Madison!-la voz de Finnick se escuchaba a lo lejos.
-¡Katniss!-llamé, mientras caía de rodillas al suelo; no sólo por el cansancio, sino por la niebla y sus espantosos efectos. Ella intentaba sacar a Peeta pero sus esfuerzos no servían.- ¡Apártate!-la chica en Llamas volvió a ponerse derecha mientras sostenía a al panadero para evitar que éste cayese nuevamente. Colocándome a la altura de la pierna ortopédica, otee por detrás del joven Mellark; la pared de niebla estaba por detrás, pero no muy lejos. Debía apurarme si quería salir con vida de ésta.-Sostenlo con fuerza.-indiqué mientras metía mis dedos dentro del nido de enredaderas, rompiendo lo que le retenía la pierna. Las manos dolían horrores pero estaba funcionando: la enredadera estaba cediendo y la prótesis estaba casi libre.- ¡Sostenlo por debajo del brazo!-ordené inclinándome aun más hacia abajo para llegar al fondo del nido.- ¡Listo!-cuando logré finalmente destrabarle la pierna, Peeta se balanceó hacia adelante pero antes que tocase el suelo las manos de Katniss lo sujetaron por el mono.- Vamos, vamos. Debemos salir de aquí.- urgí tomando el brazo libre del panadero. Pero la verdadera sorpresa nos la llevamos cuando él tiró la cabeza hacia atrás. Horrorizada solté un grito ahogado al verle el lado izquierdo de su cara: ¡estaba flácido!, como si fuese uno de esos panqueques que preparaban en el Capitolio. El párpado le caía casi ocultándole el ojo. Su boca estaba torcida en un ángulo extraño.
-Peeta…-susurró Katniss. Pero antes de que ella pudiese terminar su brazo comenzó a moverse espasmódicamente.
-¡Tenemos que irnos AHORA!-grité sujetando firmemente a Peeta.- ¡Ésta cosa ataca el sistema nervioso!-exclamé, sintiendo una descarga eléctrica haciéndome cosquilla en los manos. Un miedo completamente nuevo se disparó en mi interior.- ¡Debemos salir de aquí!-con una completa inestabilidad logramos seguir adelante.
Nuestros intentos de escape sólo consiguieron que Peeta volviese a tropezar. Al intentar seguir avanzando tanto los brazos de Katniss como los míos se veían desconectados de nuestros cuerpos y se movían a voluntad propia.
La niebla seguía avanzando hacia nosotros y se encontraba a menos de un metro de distancia. Teníamos que apresurarnos o no me imaginaba como saldríamos de aquí.
-¡Finnick!-llamé, con la garganta ardiéndome. Nuevamente sentí las tan familiares erupciones en mi piel. Se me hacía imposible ver, pero sentí con suma claridad como el peso de Peeta desaparecía de mis hombros.
-¡Ustedes…!-Finnick había vuelto y ahora él cargaba al panadero contra su propia espalda.- ¡Váyanse!-sabía que su fuerza superaba que la poseíamos Katniss y yo, por lo que no iba a rechazar su ayuda.
Sin esperar más tomé de vuelta mi arco y luego empujé a la chica Everdeen hacia adelante. Había una distancia bastante…notoria entre la niebla y nosotros pero no descansaríamos hasta dejarla atrás por completo.
Por encima de mi hombro vi a Finnick dirigiéndose en diagonal colina abajo. Estaba intentando mantenerse a recaudo del gas a base de llevarnos hacia el agua que rodeaba la Cornucopia.
-¡¿Te alegras de tenernos como aliados?!-le pregunté a Katniss, mientras saltábamos unos troncos podridos.
-¡Sí!-exclamó.
El camino comenzó a hacerse más inestable y las caídas eran inevitables. Sentía un cosquilleo subiendo por mis piernas lo que producía que me cansase más rápido. Tenía una especie de adormecimiento en el pecho que me hacía jadear. El tiempo y el espacio perdieron su significado a medida que la niebla parecía invadirnos. De alguna manera, seguí sosteniendo el ritmo arrastrando a Katniss conmigo para ir detrás de Peeta y Finnick.
Una nueva caída hizo que me retrasase. Había pisado un agüero y ahora mi pie se había atorado con un nido de viñas, las cuales no habían tardado nada en enrollarse alrededor de mi tobillo y se apretaban más cuanto tiraba hacia arriba.
-¡Vete!-le grité a Katniss cuando ella intentaba ayudarme.- ¡Corre! ¡Vete!-sentí una nueva irritación en el dorso de mi muslo. El gas me estaba quemando. Impulse mi cuerpo hacia arriba; aún tenía el carcaj en la espalda. Me senté en el borde del agujero sacando una flecha del carcaj. Con la punta comencé a cortar las viñas lo más rápido que mis dedos empollados me permitían. La niebla se me estaba viniendo encima y aun me quedaba un largo tramo de viña para cortar.- Vamos…vamos.-la desesperación me trepaba por cada parte de mi mal trecho cuerpo. Un repentino latigazo me indico que una parte de las viñas ya estaba cortada. Cuando quise continuar con el resto tuve la mala suerte que la punta de la flecha se partió.- ¡Maldición!-solté el astil y comencé a forcejear con el resto de las lianas. Escuché un segundo y tercer latigazo hasta que pude liberarme del todo.
Cuando logré salir del agujero caí boca arriba contra el duro piso y ahí fue cuando noté como delgados tentáculos neblinosos me habían quemado casi toda la espalda y los laterales de las piernas. Gimiendo por lo bajo me arrastré en el suelo y haciendo fuerza con mis brazos logré reincorporarme. El dolor era abrazador, como si estuviesen colocando una plancha al rojo vivo sobre mi cuerpo.
No me di cuenta de la distancia entre mí y los demás, hasta que vi a Katniss gritándome y haciéndome señas para que me apurara. Detrás de ella, Peeta y Finnick se encontraban tendidos en el suelo.
Intentaba correr pero me dolía. Me mordí la lengua y me forcé a mantener el ritmo. Los ojos no se ajustaban al ambiente y no tenía idea si seguía yendo recto o me había desviado. Seguía tropezando pero no llegaba a tocar el suelo.
-¡La niebla se detuvo!-exclamó Katniss.- ¡Sigue avanzando y no te detengas!-hice un enorme esfuerzo para abrir los ojos. Pero no podía. No veía nada, más que una pared blanca lechosa.
-¡Katniss!-grité, yendo a ciegas.- ¡No veo!-aullé, alzando mis manos al frente.- ¡Necesito que hables!-
-¡No te detengas!- al sólo tener cuatro de cinco sentidos debía ajustarme a ellos e intentar llegar a Katniss.- ¡Vamos, vamos, sigue!-tropezando con una raíz, rodé por el suelo hasta detenerme.- ¡Te tengo!- unas manos treparon por mi espalda y me arrastraron hasta adelante. Me costaba respirar y sentía un increíble dolor abdominal. Estaba agotada y no me creía capaz de dar un paso más.
-¿Se ha parado?-susurré entre jadeos.
-Se ha parado.-corroboró Katniss.
-Finnick…-gemí ladeando la cabeza para ambas direcciones. Me dolía la cervical. Parpadee varias veces hasta que mis ojos lograron aclararse y la visión lechosa desapareció de mi panorama. Finnick no se encontraba muy lejos de donde yo estaba, por lo que arrastrándome logré llegar.-Hey…-él tenía los ojos cerrados y la respiración aceleradísima.-Hey…-reposé mi frente contra sus costillas e intenté recobrar el aliento. Nos quedamos allí tumbados, jadeando y retorciéndonos por el veneno.
-Mon-hoos.-habló Peeta, señalando por encima de nuestras cabezas. Sonreí al verlos. No andarían por allí si el aire fuera letal. Estábamos a salvo si esos monos eran capaces de respirar en aquellas condiciones.
Durante un rato nos observamos en silencio los unos a los otros; humanos y monos. Después Peeta consiguió ponerse de rodillas y gatear pendiente abajo. Nos arrastramos hasta que las viñas dieron paso a una estrecha banda de playa arenosa y el agua cálida que rodeaba la Cornucopia y empapaba nuestros rostros.
-Tengo entendido que la sal cura heridas.-murmuré, arrastrándome hacia la orilla. Metí apenas la punta de mi mano dentro del agua: al principio sentí una fuerte punzada, pero luego el dolor fue desapareciendo y me atreví a introducirla por completo. El agua se tiñó con una pequeña mancha de color de leche. Al retirarla mi piel estaba completamente curada.-Genial.-la inspeccioné en cada centímetro y estaba como nueva.
Le pedí ayuda a Katniss para que desabrochase la parte trasera de mi mono agujerado y dejase mi espalda completamente al aire libre; por suerte la ropa interior estaba sana. Caminando pesadamente por la arena me fui introduciendo al agua. Casi que podía escuchar cómo se reventaban las ampollas. Casi que se podía decir que era una agonía. Pero una agonía dulce y placentera. El precio de aquella recuperación era el dolor; me mordí el labio y los ojos se me fueron llenando de lágrimas. Me introduje completamente en el agua al punto que apenas mi cuello quedaba fuera y cerré los ojos. Era agradable escuchar el ritmo plop, plop y sentir como las zonas dañas se iban curando. Aproveché que estaba sumergida y llené mis manos con agua salada para después lavarme la cara. Una vez más era agradable sentir como mis músculos se iban relajando, pero en algunas partes seguían estando tensos. Me arranqué la coleta dejando que mi cabello se humedeciera y se recuperase del gas. Luego me apreté la nariz y me sumergí tirando mi cabeza hacia atrás para luego correr los mechones que caían sobre mi frente.
Entré semi destruida y ahora me hallaba como nueva, como si recién ingresase a los juegos. Volví a frotarme el rostro e instintivamente miré hacia la playa; en la orilla Peeta y Katniss se estaban encargando de sus ampollas y unos metros hacia el costado se hallaba Finnick, pero él estaba tumbado bocabajo en la arena.
Me acomodé lo que quedaba del mono, ya que no iba a perder tiempo en volver a subirle la cremallera, por lo que le até las mangas a mi cintura y nadé de regreso a la orilla.
Una vez fuera me sacudí el cabello, salpicando la arena que estaba a mi alrededor y caminé hasta Finnick. Él estaba tan dañado como yo, por lo que era importante que ingresase al agua para poder sanarse.
Me arrodillé a su lado y con mi mano fui peinando su rubio cabello.
-Hey.-susurré mientras lo empujaba hacia un costado, dejándolo boca arriba.-Amor, debes ingresar al agua.-a modo de respuesta soltó un débil gruñido y apretó levemente los parpados.-Bien.-me reincorporé y lo tomé de un brazo, para luego comenzar a tirar de él. Teniendo en cuenta el peso de Finnick no pude más que arrastrarlo unos cuantos metros, pero se encontraba…relativamente cerca de la orilla. Pero eso me bastaba para lo que tenía en mente.
Haberme bañado en el mar ayudó a que los espasmos de mis brazos se controlasen y desaparecieran. Me arrodille junto a la orilla y uniendo mis manos en forma de cuenco, las llene de agua. Teniendo mucho cuidado de no derramar gotas demás transporté el agua salada hacia Finnick. Humedecí sus dedos logrando que soltase una exclamación. Luego vacié el agua sobre su rostro; él ahogó una exclamación e instintivamente le tapé la boca.
-Eres muy pesado para arrastrarte hacia el agua, por lo que tengo que traer el agua a ti. Agradecería que no te quejes-murmuré viendo como pesadas gotas blanquecinas corrían por sus mejillas.
Volví a dirigirme a la orilla y cargué mis manos una vez más. Mientras volvía Katniss se unió a mí para ayudarme. Peeta estaba lo suficientemente recuperadoy comenzó a cortar el mono de Finnick para sacárselo. En algún sitio Katniss encontró dos caracolas que funcionan mucho mejor que nuestras manos. Nos concentramos en empezar primero con los brazos; aunque salía un montón de sustancia de ellos, él parecía no darse cuenta. Sólo se quedó allí tumbado, con los ojos cerrados, soltando algún gemido ocasional.
-Puede delatarnos.-susurró Katniss cuando fuimos a recargar.
-Peeta nos avisará en caso de que haya problemas.-lo señalé con la cabeza. Él estaba a un costado de Finnick con una mano sosteniendo el cuchillo que había logrado rescatar de nuestro viejo campamento.
-Tenemos que conseguir meter más de él en el agua.-propuso Katniss.-Así acabaremos más rápido.-
-De acuerdo.-de nuevo en la orilla entre las dos lo tomamos de los brazos y lo arrastramos por la arena hacia el agua. Sólo unos centímetros de cada vez. Primero fueron sus tobillos. Esperamos unos minutos. Hasta la mitad de la pantorrilla. Esperamos. Las rodillas. Nubes blancas salían de su piel. Seguimos desintoxicándolo, poco a poco. Al cabo de unos instantes Finnick empezó a volver lentamente a la vida. Sus ojos se abrieron, enfocándose en nosotras.-Hola.-saludé, corriéndole el cabello que le caía sobre la frente.-Yo me encargó de él.-le aseguré a Katniss. Ella asintió, caminando de nuevo fuera del agua.-Todo estará bien.-apoyé su cabeza en mi regazo y lo sumergí del cuello para abajo.-No falta mucho.-anuncié acariciándole las magulladas mejillas.-Te sentirás mucho mejor pronto… si puedes soportarlo.-él movió la cabeza de arriba hacia abajo. Coloqué mis dedos sobre su nariz, indicándole que cierre la boca y los ojos y sosteniéndolo por la nuca lo fui introduciendo al agua para eliminar las ampollas de su rostro. Luego de unos segundos, lo levanté. Sus ojos se encontraban brilloso, pero hermosos.- ¿Cómo te sientes?-pregunté, corriéndole la sustancia blanca.
-Me…mejor.-su voz sonó grave y seca.
-Pronto estarás como nuevo.-le aseguré.-Te recomiendo estar un poco más en el agua.-
-Quédate conmigo.-pidió.
-Lo haré.-
Finnick se zambulló y desapareció tras las olas azules. Yo, por otro lado, me recosté en el agua, flotando suavemente y con las manos apoyadas sobre mi vientre. Casi que me había olvidado de mi bebé. Distraídamente tamborilee mis dedos por encima de mi abdomen y comencé a tararear una vieja canción de cuna.
Cuando me cansé de ver las nubes sólo cerré los ojos y dejé que el agua me meciese como a un niño entre los brazos de su madre. Para mi gusto el mar estaba cálido y la noche era bellísima, (sin contar el problema con la niebla). Mientras flotaba, mi cabeza chocó contra algo. Me reincorporé asustada y me tranquilicé al ver que solo era Katniss.
-Oye, si el agua de mar nos curó a Peeta y a mí, parece haber transformado completamente a Finnick.-comentó, volviendo a tomar su posición para flotar a mi lado.
-Cabe decir que nació prácticamente en el mar.-repliqué.-Estar aquí es como estar en casa.-
-¿Extrañas el 12?-
-Lo extraño por Haymitch.-respondí.-Ya sabes, no es lo mismo las llamadas los fin de semanas a verlo todos los días.-
-Te entiendo.-
-Pero el 4 es lindo.-añadí.-Te digo que no extraño para nada el invierno, puede que la nieve, pero me quedo con las playas.-Katniss apenas rió.
Luego quedamos en silencio. Volví a cerrar los ojos, dejando que las mínimas olas golpeen contra mí. Con la mente despejada me dediqué a pensar. Era el primer día en la Arena y habíamos sobrevivido al baño de sangre y a ésta mortífera nube de gas. ¿Qué nos esperaba en los días venideros?...
Me sobresalté cuando algo me tomó de la cintura y me hundió. Asustada abrí los ojos bajo el agua mientras una gran cantidad de burbujas se escapaban de mi boca. La sal me quemó y el susto me agitó el corazón, pero no había problema o enemigo cualquiera. Sólo Finnick. Bajo el agua y los rayos lunares sus ojos habían adquirido un brillo especial. Entrelacé mis brazos alrededor de su cuello mientras él cerraba sus manos alrededor de mi cintura y me pegaba a él. Estar abrazados de ésta forma me recordaba a las noches que pasábamos en el distrito 4. El calor de su piel se mezclaba con el mío y sus labios borraban cualquier rastro salado que pudiese quedar en mi boca.
Luego de estar un rato bajo el agua, nos vimos obligados a volver a la superficie en busca de aire.
-Sorpresa.-susurró Finnick, aun pegado a mí. Sonreí mientras volvía a unir mis labios con los suyos. Ésta vez no había barrera líquida que nos separase.
-No lo vuelvas a hacer.-pedí, hundiendo mi rostro contra el hueco de su hombro.-Casi me das un infarto.-
-¡Oigan!-los dos volteamos hacia el costado encontrándonos con Katniss.- Si ya se sienten tan bien, vayamos a ayudar a Peeta.-
Apenas salimos a la playa, el cabello se me comenzó a ondular en las puntas y aun chorreaba agua. El mono se me había bajado y tenía las mangas por debajo de la cadera.
Peeta se había internado en el tramo circular y estaba usando un cuchillo para intentar agujerar el grueso tronco de uno de los árboles.
-¿Escuchan eso?-preguntó Katniss, mientras avanzábamos por la playa.
-¿Qué cosa?-quise saber mientras me enroscaba el cabello alrededor de mi muñeca para estrujarle el agua.
-Hay…algo.-respondió, ladeando la cabeza hacia un costado.
-¿Te refieres a eso?-Finnick levantó el brazo y señaló los árboles que bordeaban aquel tramo de bosque; allí una masa de cuerpos cálidos pendía sobre nuestras cabezas. Por un instante nuestros ojos se centraron en las copas. Allí había una multitud de figuras naranjas.
¿Intimidantes? Sí. ¿Cuánto? Mucho.
-¿Cómo llegaron sin que nos diésemos cuenta?-
-Debieron de haberse congregado cuando estábamos ocupados en la orilla.-respondí.
No eran cinco ni diez sino veintenas de monos que colgaban de las ramas. El par que vimos cuando escapamos de la niebla parecía sólo el comité de bienvenida. Ésta multitud parece ominosa. Katniss y yo retrocedimos lentamente hacia donde habíamos caído rendidas por la niebla y nos armamos con los arcos y las flechas; Finnick ajustó el tridente en la mano.
-Miren.-con el mentón señalé al panadero; al parecer él no se había percatado de las recientes apariciones.
-Peeta.-habló Katniss con calma.-Necesito que me ayudes con algo.
-De acuerdo, sólo un minuto. Creo que ya casi lo tengo.-dijo aún ocupado con el árbol.-Sí, ahí. ¿Tienes el spile?
-Sí, pero hemos encontrado algo a lo que es mejor que le eches un vistazo.-continuó ella.-Tú sólo muévete hacia nosotros en silencio, para que no lo sobresaltes.
Peeta se volvió hacia nosotros, jadeando por su trabajo en el árbol.
-Bien.-dijo casualmente. Empezó a moverse a través de la selva, pero sus pasos no eran precisamente silenciosos. Los monos seguían en sus posiciones. El error llegó cuando estaba a cinco metros de la playa. Sus ojos sólo miraron hacia arriba un segundo, pero fue como si hubiera activado una bomba: los monos explotaron en una masa ensordecedora de pelo naranja y convergen sobre él. Se deslizaron por las viñas como si estuvieran engrasadas. Saltaban distancias imposibles de árbol a árbol. Colmillos al descubierto, garras afiladas como cuchillas.
-¡Mutos!-gritó Katniss mientras Finnick y yo nos lanzamos a la vegetación.
Al igual que los monos, mis dedos se deslizaban con suma naturalidad por la cuerda del arco. Uno a uno iban cayendo pero más venían a reponerlos. Mis principales objetivos eran cabezas, ojos, corazones y gargantas, una muerte rápida y sin posibilidades de que vuelvan a la pelea. Katniss imitaba lo mismo que yo, mientras Finnick los ensartaba con su tridente y Peeta los acuchillaba. Al tener el torso al descubierto me proporcionaron una enorme cantidad de mordidas y rasguños. A mi nariz llegó el olor de la sangre y las irritables heridas escocían lentamente con cada uno de mis movimientos.
¿Nueva? No. ¿Magullada de nuevo? Sí.
Los cuatros formamos un círculo dándonos las espaldas. Teníamos todas las direcciones cubiertas al igual que la retaguardia. Los monos continuaban con su ataque y las manos no me daban abasto. Pero la desesperación apareció cuando estaba por recargar y noté que no tenía más flechas. Tras maldecir por lo bajo lancé el arco a un lado y me arme con el cuchillo.
-¡Peeta!-gritó Katniss.- ¡Tus flechas!
Él giró para ver su apuro y estaba sacándose el carcaj cuando pasó: un mono saltó desde un árbol directo a su pecho. Katniss tampoco tenía flechas, por lo tanto ninguna forma de socorrerlo. Finnick estaba demasiado ocupado para encargarse, igual que yo.
Atravesándole el corazón a un mono, fui envestida por un segundo que se me subió al pecho e incrustó sus dientes sobre mi clavícula. No pude evitar gritar e intentar sacármelo de encima. Para colmo mi cuchillo se había perdido en el suelo. Lo único que me quedaba eran mis manos. Giré sobre mis propios talones tratando de separarlo de mí pero el bicho se aferró con más insistencia. Sentía un líquido tibio bajando por mi brazo y un punzante dolor. Soltando una exclamación de dolor pero logré tomarlo por detrás de la cabeza y hacer que sus dientes se desprendiesen de mi piel. Lo lancé lejos. Se reincorporó rápidamente y antes de que volviese a atacarme, Finnick acabó con él.
Antes de poder dar un paso hacia adelante me tambalee hacia un costado y me desplomé contra un árbol. La zona herida no tardó en entumecerse y hacer que fuese difícil darle utilidad a mi brazo.
-¡Madison!-exclamó Finnick corriendo hacia mí. Él se dejó caer de rodillas a un costado y retiró mi mano para dejar al descubierto la mordida.-Vaya…eso tiene mala pinta.-comentó.-Ya nos encargaremos luego. ¿Crees poder recuperar tu…?-
Un agudo chillido nos hizo voltear a los dos. La Morphling insana del Distrito 6 levantaba sus brazos esqueléticos como si fuera a abrazar al mono que estaba a punto de atacar a Peeta y este hundió sus colmillos en su pecho.
