Lola se aferraba con fuerza a las sábanas húmedas de la cama que desde la noche anterior compartía con su amante, disfrutaba de sentir cada caricia, cada beso, cada embiste tan cargado de pasión y al mismo tiempo de deseo no había sensación en el mundo que pudiera equiparar a esa. Nada como sentir a Francis dentro reclamando para sí la falta de su cuerpo los meses pasados. Un suspiro salió de los labios de la muchacha, mientras que Francis dejó escapar un pequeño gemido, recargó por unos segundos la cabeza sobre sus cabellos perdiendo las fosas nasales en estos y después se giró para ir a la bacinica que descansaba en el otro extremo de la habitación. Ella por su parte se conformó con acomodarse en su lado de la cama y taparse el cuerpo desnudo hasta el pecho. Francis le miró de reojo lanzando una carcajada al final.

—¿Que?—cuestionó la mujer apenas se hubo percatado de las risas de Francis, él en tanto ocupó su lado de la cama solo tapándose alrededor de la cintura.

—No entiendo para qué haces eso, si hasta hace unas horas me has dejado tocarte por donde he querido.

Lola rodó los ojos, sinceramente odiaba cuando se ponía en modo insoportable.

—Se supone que es la usanza, puedes llamarlo así si te place.

Francis flexionó la pierna derecha adoptando una mejor postura, definitivamente eran pocas las ocasiones que tenía para disfrutar de Lola sin embargo cada que podía se ocupaba de disfrutarlas al máximo. Claro siempre teniendo cuidado en no dañar al niño que crecía de manera desenfrenada dentro de ella. Llevó la mano al vientre bastante redondo movió un par de veces empero un poco más tarde una fuerte patada que venía desde dentro fue la respuesta a tanta premura, una sonrisa se formó en el rostro del padre.

—¿Cuándo nacerá?

Le urgía que naciera si era un niño todavía podía seguir peleando contra María, Sebastián y Diane de Poitiers ahora que su medio hermano tenía un eslabón menos que usar a su favor. Francis sabía que debía atacar con todo lo que tuviera a su alcance.

—La enfermera dice que a principios de otoño, ¿Por Qué lo preguntas?

Lola tenía el peso de la cabeza sobre el codo derecho. Era perspicaz lo analizaba muy detenidamente, como si pudiera leer cada pensamiento que corría por su mente respecto al tema de la sucesión e inclusive. Podía pensar que comenzaba a fraguar una que otra traba, con el fin de impedir que en cierta manera los usara a ella y al hijo que llevaba en el vientre como eslabón.

El sol pronto se coló por las hendijas de las cortinas iluminando con tenues rayos la habitación en la que yacían desde la noche anterior, dejando ver una combinación de azules y beiges en tonos un poco fuertes. Los muebles eran de madera finamente tallada con algunos diseños de flores en los frentes si algo le gustaba a Lola eran las flores y sus favoritas eran los tulipanes, tanto que se encontraban en cualquier bordado que hubiera dentro de esa habitación desde las mantas para cubrir los muebles hasta las almohadas donde descansaba la cabeza.

—Entonces.—ella comenzó a trazar líneas invisibles en su pecho Francis, prefirió tomarle la mano para dar un beso en el troso de la misma.—Si María ya no está en la lista de sucesión inglesa, ¿Porqué simplemente no la dejan marchar? Solo es una de Guisa pero hasta el apellido dejó de tener importancia, tú te encargaste de eso.

Francis resopló sí, tenía razón en todo lo que decía no obstante él no se conformaba sabía que Dios estaba de su lado y pronto recibiría su merecida justicia...pero era demasiado temprano para que María dejara de sufrir la traición que le hizo. Aún Sebastián era el heredero de su padre, por mucho que no le gustara María Estuardo seguía siendo su prometida. Ese simple hecho obligaba a Francia a estar a la par con Escocia aún cuando la situación entre ambas partes estaba más decadente que nunca.

Les convenía seguir manteniendo a la Estuardo dentro de la corte francesa, si se dignaba a romper cualquier compromiso. Estaba seguro de que María, su madre y sus amigas pondrían manos a la obra nuevamente. Sencillamente no quería que volvería a haber otro Tomás de Portugal en la vida de la escocesa. Para ello debía fraguar un plan, era un poco vil estaba más que seguro pero necesitaba a María Estuardo fuera de toda escena política.

—Lola.—por un momento se permitió mirar fijamente los ojos celestes de su amada.—¿Viviste toda tu vida a lado de María verdad?

—Si.

—¿Inclusive cuando ella estuvo en ese convento?

—Bueno.—Lola titubeo.—Mis padres me sacaron de allí apenas había cumplido los trece años, ¿Por qué lo preguntas?

Giró el rostro hacia otro lado, entonces de nada iba a servirle cualquier cosa que pudiera sacarle. Necesitaba algo más contundente, algo que sirviera de impacto para borrarla de una buena vez.

—¿Piensas continuar eternamente con esta absurda venganza?—Lola le tomó el rostro haciendo que la viera de nuevo.—Francis, María a estas alturas está más que asustada si es verdad que Felipe e Isabel van a contraer nupcias eso, convierte a Isabel Tudor en alguien intocable. María no tiene ni pizca de tonta, ahora que se ve sin aliados poderosos ¿Crees que será un problema para Francia?

A esas alturas iba a volverse loco: por un lado estaba ese frenético deseo de ver a su rival en el piso, por el otro estaba la zalamera de su amante susurrando palabras tiernas al oído al tiempo, que jugaba con sus cabellos. Francis dejó escapar una bocanada de aire. Definitivamente se rendía...por el momento, solo por el momento.

—¿Y que propones madame?

Ella se limitó a encogerse de hombros.

—El bebé nacerá dentro de dos meses, ¿Porque no te quedas con nosotros ese tiempo, te olvidas de María un rato y nos dedicas tiempo? Recuerda, que me abandonaste apenas me dejaste aquí.

Francis comprendía, esa mujer definitivamente era lo que estaba destinado a él.

—Sea como tu quieras madame.

En ese mismo instante se daba cuenta de que podía hacer de todo, con tal de volver a sentir sobre su boca esos labios de miel que tanto le gustaban.