Llegó la mañana acompañada del cantar de los pájaros.

Lentamente me puse mis botas, me levanté y aplaqué mi cabello pasando mis dedos entre éste antes de salir de la tienda, estirándome y más dormida que despierta. Afuera encontré el cielo aún con tintes de violetas, naranjas y rosas, indicio de que apenas se había levantado el sol. No solo eso, sino que también hallé al muchacho que poseía el cielo en sus ojos, saliendo de su propia tienda, aun rascándose la nuca.

Caminé hacia él y con una sonrisa ofrecí un "buenos días".

- Buenos días, Len – fue su corta respuesta antes de ser interrumpido por un bostezo.

- ¿Te quedaste despierto preocupándote por Ed? - pregunté conociendo la respuesta.

- ¿Qué más se supone que haga? - preguntó más para sí que para mí.

- Deben estar de regreso pronto, lo traerán - animé, confiaba en que no se rendirían hasta recuperarlo.

- No lo dudo, pero no es el caso, la cosa es que era mi responsabilidad, lo que no creo es ser capaz de verlo a la cara, ¿me culpará? yo me culpo - fijó sus ojos en mí, mostrando una pena que desearía poder cargar en su lugar.

- No te hagas esto, estoy segura de que no te culpa, aún si últimamente las cosas han sido difíciles, tienes que recordar que eres su hermano, siempre te admiró y creo que no ha cambiado, aunque él no lo admita, te quiere como tú a él. Pienso que estarán bien - puse una mano en su hombro.

- ¿En serio? - su mano tomó la mía que descansaba en su hombro y sentí una pequeña descarga, hice todo lo que pude por no desconcentrarme de lo que me correspondía hacer.

- Absolutamente, no existe un solo rastro de duda en mi respecto a eso, además creo que pronto podrás comprobarlo - sonreí al ver a Oreius y moví la cabeza en su dirección, causando que Pete lo encarara.

Miró a Peter y dirigió la mirada hacia una pequeña colina no muy lejos de nosotros. En ella estaba Aslan, y frente a él la figura de un niño delgado, apenas encorvado, con la cabeza inclinada hacía el león, todo en él denotando aceptación y obediencia, como un niño siendo retado por tratar de robar una galleta antes de la comida.

No pasó mucho antes de que Susan y Lucy salieran de la tienda a reunirse con nosotros, mi mano lentamente separándose del hombro de Peter siendo que su mano había abandonado la mía momentos atrás. La ensoñación abandonó las caras de las chicas que se transfiguraron al ver a su hermano, la más pequeña no pudo evitar llamarlo con toda la potencia de sus pulmones antes de intentar correr hacia éste, pero siendo detenida por el rubio. Claro que aquel clamor no pasó desapercibido y nos ganó la atención tanto del imponente felino como de Edmund, quienes tras un último intercambio breve bajaron, caminando hacia nosotros.

- Lo hecho, hecho está, no es necesario hablar con Edmund sobre el pasado - fueron las palabras del león antes de retirarse y dar por terminado aquel terrible capitulo en la vida de los hermanos.

Ropa sucia, cabello despeinado, rostro magullado, ojeras debajo de los ojos, piel más pálida que de costumbre y el labio partido. Todo eso formaba parte del niño que ahora se paraba frente a nosotros, silencioso, renuente a hacer contacto visual que apenas y dijo un hola, pero lo más importante era que finalmente estaba ahí con nosotros.

Como era de esperarse, la primera en acercarse fue Lucy, quien lo abrazó con amor, recargando su pequeño rostro en su pecho y Ed devolvió el abrazo con el mismo amor que lo recibió, recostando su mejilla en la cabeza de la pequeña, quien lentamente se separó para darle espacio a la mayor de hacer lo mismo y tras unos segundos se separaron, momento que tomé como mi oportunidad de saludar al recién llegado. Avancé y lo abracé, luego de sepárame, alboroté un poco su cabello con una sonrisa, siendo dicho gesto un pequeño juego entre nosotros que había empezado tiempo atrás pero que con la partida de nuestros padres había quedado en desuso, pero en ese momento me pareció correcto. Cuando lo devolvió supe que no había cometido un error. Nos separamos y volví a mi lado junto a Peter, más éste no dio indicios de quererse acercar.

- ¿Cómo te sientes? - preguntó Susan en su tono maternal, examinándolo de pies a cabeza, deteniéndose en cada moretón o corte.

- Un poco cansado – el tono en su voz junto con las bolsas bajo sus ojos respaldó aquella declaración.

- Ve a dormir – dijo el mayor señalando con la cabeza hacia la tienda que compartirían. En verdad era increíble, entiendo que cada quien va a su ritmo, pero no le había dicho nada, apenas y reconoció su presencia desde que Aslan lo dejó con nosotros y lo primero que le decía era algo más seco que las hojas de mis libros.

Edmund, reparando en eso solo lo vio un segundo antes de desviar el rostro y comenzar a caminar hacia la tienda. El pobre ya se hallaba detrás de nosotros cuando mi paciencia llegó a su límite con ese par, Peter debía dar el primer paso, pero por cómo era sabía que no lo haría sin un empujón, así que lo codeé con algo de fuerza en el estómago, esperando hacerlo entrar en razón, volteó a verme y mi respuesta fue alzar las cejas y mover los ojos hacia su hermano.

- Y, Edmund - llamó la atención del mencionado, quien lo miraba como quien espera un regaño, aunque gracias al cielo éste jamás llegó - ya no te alejes - simple, pero con mucho más sentimiento que lo primero que le había dicho, más relajado, invitando al oyente a relajarse también.

Por la boca del pelinegro cruzó una pequeña sonrisa cómplice antes de reanudar su camino. Suspiré de alivio al ver que todo había quedado atrás, prueba de ello fueron esas sonrisas que no podían ser otra cosa que el final de una conversación silenciosa entre los dos hermanos. Juro por mi mano que, si Peter no hubiera hecho eso, en ese momento estaría sobándose la nuca o quizá el estómago, demonios, conociéndome, pude haber sido muy capaz de jalarle la oreja. Aun así, me alegra no haberme visto empujada a tales extremos, lo habría hecho, sin duda alguna, pero quien sabe si habría sido capaz de volver a verlo a los ojos después.

Me despedí prometiendo volver para desayunar cuando Ed despertara. Fui a la tienda que compartía con las chicas, me coloqué mi brazalete y salí en busca de Branwen. Esperaba que pudiera ayudarme a descubrir qué hacer con ese obsequio, Papá Noel no había sido muy específico al respecto. Finalmente la encontré y me recibió de buen agrado aceptando ayudarme luego de que le explicara.

- ¿Ya intentaste escribir con ella? - preguntó con obviedad y sentí mis mejillas calentarse al darme cuenta de que no lo había hecho - ¿es en serio? Se supone que es lo más lógico - me reprendió al ver mi cara y adivinar mi respuesta.

- Lo sé, pero no hubo oportunidad en el viaje y al llegar lo olvidé por completo, supongo que me concentré demasiado en las que podrían ser sus demás utilidades y olvidé la más básica- expliqué avergonzada.

- Entonces, ¿qué esperas? vamos, intenta escribir algo – me animó mirando inquisitivamente la pluma que se sostenía a mi brazo gracias al brazalete.

- De acuerdo, aquí voy - saqué la pluma y en una hoja seca que había en el suelo escribí la palabra "fuego".

Esperamos a que pasara algo, sin embargo, nada, entonces toqué el dibujo con la punta de la pluma como dándolo por descartado y cuando estaba por arrojarla de vuelta al suelo al ver que no pasó nada, grande fue mi sorpresa cuando del dibujo brotaron unas llamas negras, del color de la tinta, y solté la hoja al sentir calor, no duró mucho antes de apagarse.

Rápidamente mi cabeza giró hacia donde se encontraba Branwen y en sus ojos vi una sorpresa que seguramente emulaba la de mis ojos.

- Supongo que ahora sabemos que es lo que hace - murmuró dando una ojeada a la pluma que yo aun sostenía en mi mano derecha. Asentí, seguía demasiado sorprendida como para hablar.

Pasamos un rato escribiendo cosas, algunas no cobraban vida, y luego de un rato nos dimos cuenta de que, si bien la mayoría de palabras que escribía se volvían realidad, en su mayoría los efectos no eran permanentes, si no que luego de unos instantes aquello que había escrito volvía a ser tan solo un conjunto de letras planas. Poco después nos despedimos, cada una teniendo que atender sus propios asuntos, aunque le agradecí y acordamos reunirnos más tarde para seguir descubriendo los límites de la pluma.

Ajusté la pluma en su lugar antes de levantarme y tomar rumbo hacia el lugar entre nuestras tiendas, donde estaba segura que habrían acomodado el desayuno del mismo modo que el día anterior y me dio gusto ver que no me había equivocado en mi suposición. La pequeña mesa estaba dispuesta con cinco platos, cada uno con huevos y pan calientes, mantequilla y mermelada incluso, una gran jarra al centro contenía jugo y junto a ésta un plato repleto de fruta para escoger, las uvas más dulces que hubiese probado en mi vida y manzanas tan rojas como los estandartes que se veían por todo el campamento, ciertamente aquella visión me abrió el apetito de una manera asombrosa.

Tomé asiento junto a Lucy, quien me recibió con una sonrisa al igual que el resto, salvo Peter, quien ni siquiera había ocupado un lugar junto a la mesa, sino que en vez de eso estaba recargado en una roca no muy alejada, lo bastante cerca como para alcanzar a escuchar y ser escuchado, tan solo un vaso en su mano y su atención en éste.

No tardamos en atacar la deliciosa comida que tanto necesitábamos.

- Lena, ¿dónde estabas? - preguntó mi joven amiga antes de morder un pera.

- Estaba con Branwen - respondí normal, pero al ver su cara de confusión recordé que muy probablemente no la conocían, por lo que elaboré en mi respuesta - es una zorra de pelaje claro que me ayudó ayer.

- Cierto, escuché a las dríadas mencionar algo sobre ti dando vueltas por el campamento - acotó Susan dirigiendo su mirada hacia mí.

- Si, en realidad trataba de ayudar, estuve con un centauro, Glenwood y terminé ayudando a cargar cosas y llevar recados, lamentablemente me perdí varias veces y fue así como Branwen se ofreció a guiarme - expliqué apenada de haber retrasado a los narnianos ayer por no ubicarme – y ahora que recuerdo, debería preguntarle sobre Rowtag.

- ¿El zorro que nos ayudó en el bosque? - cuestionó Lu reconociendo el nombre.

- Exacto, mi hermano de cabello - reí al recordar como teníamos exactamente el mismo color.

Luego de eso el desayuno fluyó, Su ya había terminado y yo estaba cerca de hacer lo mismo, mientras que Ed estaba ya por su segunda ronda. Vi como tomaba un trozo de pan al que le había untado mantequilla previamente para seguidamente morderlo y masticar tan rápido que por un segundo temí que también fuera a morderse los dedos.

- Deja algo de comida a Narnia - comentó con burla la pequeña haciendo sonreír al otro, quien no lo tomó como ofensa y terminó de engullir lo que aún tenía en la mano antes de tomar otro y seguir con lo suyo, aunque en esa ocasión desaceleró.

- Te van a dar algo para el viaje de regreso - sería mentira si dijera que aquello no nos tomó por sorpresa.

- ¿Regresamos? - preguntó Susan confundida, imagino que después de todo pensaba en quedarse.

- Ustedes si - explicó enderezándose antes de acercarse a tomar su lugar en la mesa – le prometí a mamá que los mantendría a salvo, pero lo mejor será que me quede aquí un tiempo – era inequívoco, además de ciego, mi amigo era sordo. ¿Acaso no había escuchado al señor Castor? La profecía hablaba de cuatro.

- Pero nos necesitan, a los cuatro, Peter - refutó la pequeña enorgulleciéndome con su valor y determinación, al mismo tiempo que hizo volver ese sentimiento de exclusión que se había instalado en mi pecho desde que nos dijeron sobre la profecía, pero era cierto, los necesitaban, a ellos.

- Es demasiado peligroso, te ibas a ahogar, Edmund casi muere, Lucy – la reprendió, negándose rotundamente. Entendía de dónde venía aquello, pero también debía confiar un poco más en su capacidad para cuidarlos y también en ellos.

- Por eso debemos quedarnos – la voz de quien menos esperaba cortó el silencio instalado luego de que Peter señalara los riesgos – he visto lo que la bruja ha hecho, y además yo le ayudé, no quiero que por mi culpa sufran los demás - finalizó con dolor y resolución, que de un modo curioso me hizo recordar al señor Pevensie y a mi propio padre cuando partieron, ya no sonaba como un niño, en su voz había una madurez adquirida demasiado rápido.

- Pues supongo que está decidido – dichas esas palabras Susan se puso de pie, dio la vuelta y se puso a caminar en dirección opuesta a nosotros, espalda recta y paso firme, tal como pienso que una reina haría.

- ¿A dónde vas? - cuestionó su hermano volteando a verla.

- Tengo que practicar - sonrió con autosuficiencia luego de recoger su carcaj y arco, así como su cuerno. Lucy no tardó en dejarnos para tomar su daga y seguir a su hermana, dejándome con los chicos.

- Supongo que no podemos quedarnos atrás - me puse de pie y fui a la tienda por mi espada, la que me ajusté a la cintura antes de salir para volver con los muchachos, aunque no esperaba toparme con Peter justo en la entrada de la tienda.

Quedamos a centímetros de distancia, alcé la vista y el la bajó, nuestros rostros muy cerca uno del otro. Sentí su respiración en la cara y contuve la mía, mi corazón golpeteaba con insistencia dentro de mi pecho y yo rogaba que este se calmara para evitar ser escuchado. Mi amigo pareció darse cuenta de la situación en la que estábamos y dio un paso hacia atrás, solté el aire que había estado conteniendo.

- Peter, ¿qué haces aquí? ya iba con ustedes – me atreví a hablar mientras el solo me veía sin decir nada.

- Vete – fue lo único que salió de su boca, pero esas cuatro letras bastaron para helarme la sangre aún más que el pensar en la bruja.

- ¿Cómo? - era incapaz de decir otra cosa, al ver mi camino de elección amenazado por la persona menos pensada.

- Que te vayas de aquí, vuelve a Inglaterra – esta vez ni siquiera me miró a los ojos.

- Pero, ¿por qué? yo pensé que...

- Nada, no tienes nada que hacer aquí - me cortó, enviando dagas a mi corazón sin saberlo, o puede que, sabiendo, pero sin importarle – es demasiado riesgo y tú no tienes por qué verte forzada a tomarlo.

- ¿No te parece que esa es una decisión que debo tomar yo? - pregunté una vez que el dolor fue superado por el coraje, me cuestionaba, ni siquiera confiaba en mí.

- Pienso que es una que ni siquiera deberías tener que considerar siendo que no estarías aquí si no fuera porque nosotros te arrastramos - escupió con veneno.

- Fui yo quien pidió ir con ustedes a casa del profesor, fui yo quien eligió entrar al armario con ustedes, fui yo quien se ofreció a pelear con Rowtag, yo, yo le pregunté a Aslan si podía quedarme y seré yo quien decida quedarse - alcé la voz por primera vez desde que nuestra conversación había dado inicio.

- No tienes que, ese es mi punto, no puedo hacer ya nada respecto a mis hermanos, tienen razón, ellos también pertenecen, pero tú no - ese fue un golpe bajo - no entiendes que, si de mi depende, prefiero que estés a salvo y no arriesgando tu vida por nosotros, no puedo cuidar a mis hermanos y a ti - enfatizó en lo último y finalmente entendí su punto, cosa que de un modo muy peculiar ablandó mi corazón a la vez que avivó el fuego de mi voluntad.

- Ya veo, pero, Peter – mi voz volvió a un tono más calmado - tu eres quien no entiende, yo quiero ayudar, no tienes que preocuparte por mí, conozco lo que está en juego, por eso escojo quedarme, creo que incluso puedo ayudar a cuidarlos, incluso a ti – su rostro ahora estaba inexpresivo – si estas cuidando a todos, ¿quién te cuidará a ti? - tras eso lo dejé ahí, de pie frente a la tienda y me fui a donde había dejado a Ed.

- ¿Y Pete? Dijo que iría a buscarte - preguntó al ver que llegaba sola.

- Ya nos alcanza, pero mejor vamos buscando a Oreius de una vez, hay mucho que hacer - respondí rápido haciendo una seña con la mano, invitándolo a ir conmigo.

Muchas gracias por leer y sobretodo a quienes mas allá de eso se toman la molestia de dejar review, lo aprecio infinitamente, a todos.

Whitch: me da gusto que te agrade y me recordaste algo. Soy bilingüe, he estudiado inglés durante casi toda mi vida, sin embargo nada se compara a leer en tu lengua materna, si bien es cierto que he leído en inglés, me duele el hecho de que casi no hayan fics de Narnia en español, principal razón por la cual decidí publicar la mía así.

Respecto a un P.O.V. de Peter, en realidad lo he contemplado, aunque de hacerlo sería casi al final del fic.

Y en cuanto a si continuaré la segunda película, la respuesta es que si, en realidad ya tengo planeadas algunas cosas para eso, pero antes de pasar a los eventos de El Príncipe Caspian, publicaré otra historia que retomará donde esta acaba y tendrá lugar durante la Edad de Oro, en esa si es un hecho que escribiré un P.O.V. de Peter.

Nuevamente gracias

-Annie Alyss