Capitulo 8: Reencuentros (Parte 1).
Leía el periódico sin leerlo realmente, ya ni siquiera notaba que había leído el mismo titular desde hace un mes, por encima podía ver a su amigo leyendo, o simulando leer, un libro de pasta azul oscura que ya se conocía de memoria. No lo leía por saber lo que decía sino que lo observaba por ser una especie de recuerdo de su ahijado, era obvio para cualquiera en aquella enorme posada que estaba preocupado, él mismo lo estaba y el no poder hacer nada al respecto solo lo hacía peor, pero él al menos tenía sus propias responsabilidades con sus iguales de las que ocuparse y, para que negarlo, que le ayudaban a ocupar su mente. Sirius por otra parte no tenía nada, solo aquello que precisamente estaba perdido, junto con su propósito, era igual que estar muerto en vida como cuando debió estar en Azkaban, recordando aquello el viejo titular volvió a llamar su atención.
-Presunta fuga en Azkaban, no confirmada –leyó en voz alta tratando de llamar la atención de su amigo- ¿No tuviste algo que ver con eso o sí, Canuto?
-No he tenido nada que ver con nada los últimos tres años Remus, ya deberías saberlo –contestó desganadamente el pelinegro, el hombre lobo se levanto y cerró el libro de su camarada viéndole ceñudo.
-¡Ya basta de eso! –Le regañó como si fuera un niño, el otro no hizo amago de haberlo oído siquiera- ¿Cuántas veces tendré que decírtelo? ¡No fue tu culpa!
-Las veces que sean necesarias para que tú mismo te lo creas, porque yo no lo haré –le contestó con el mismo tono aburrido. Remus levanto las manos al aire con exasperación antes de escuchar de nuevo la misma pregunta que había dicho ya unas cien veces en los últimos tres meses- ¿Cómo estamos seguros de que…?
-¿…ella no nos oculta nada? –Completó Remus otra vez, tanto así había repetido eso pregunta- por lo menos ya no preguntas si está mintiendo, recuerdas la mirada que te hecho la primera vez –comentó sonriendo a medias, incluso Sirius lo hizo.
-Por poco y necesito unos pantalones nuevos –dijo casi riendo- y la dragona no se quedó atrás.
El día siguiente de que Harry desapareciera del orfanato Sirius fue a avisarle a Remus, siguieron financiando el orfanato porque nadie más lo hacía pero ya no tenía el mismo significado ahora que Harry no estaba allí, por otro lado Sirius había partido y recorrido medio mundo en su busca pero fue como si hubiese desaparecido del planeta. No se atrevió a buscar la ayuda de Dumbledore porque Remus lo convenció de que tendrían que explicar muchas cosas que Harry les pidió mantener en secreto, igual que había dejado ese mensaje diciendo que debía ir solo. Luego de eso no supo mucho de su amigo salvo por unas breves cartas diciendo lo poco o nada que había descubierto, hasta tres meses atrás cuando una joven pelirroja pidió verlo a solas. Estaba sorprendido al saber que ella estaba tan al tanto de la situación, anonadado luego de escuchar la historia que le había contado, pero solo podía creerle, de qué otra forma podía saber tanto acerca de Harry si no fuera este quien se lo dijo, comparado con eso le sorprendió poco saber que era una vampira capaz de caminar bajo la luz del sol gracias al mismo Harry y que era algo así como su guardiana que tuvo que quedarse a cuidar de una dragona que, según ella, era la mascota de Harry. Eso no significa que no necesitó un día para recuperarse de tanta información, luego claro esta de enviarle un mensaje a su amigo en el que decía que finalmente tenían noticias, justo fue ese día lo que necesito Sirius para regresar a Londres.
Sirius no se detuvo con nada para obtener cada gota de información que pudieran darle de su ahijado pero la conversación-interrogatorio se cortó cuando les preguntó ¿Cómo fueron capaces dejarlo solo sin saber siquiera a dónde iba? La charla se cortó allí pero continuó en cuando ambos se calmaron, casi tres días más tarde y solo por la persistencia de Sirius. Ambos merodeadores estaban demasiado sorprendidos por lo que contaba de él, era increíble y aún así el mismo Sirius admitió haber escuchado alguna historia acerca de ese Kadar mientras viajaba, solo que nunca se le paso por la cabeza que pudiera tratarse de su ahijado. Según Natalia él les ordeno dejarlo ir al siguiente lugar solo, prometiéndoles explicar por qué cuando regresara, pero desde dicha promesa hasta la fecha actual habían pasado ya como siete meses. La pelirroja no hablaba con ninguno de ellos desde entonces, solo pasaba los días junto a la dragona (Afortunadamente el lugar pese a estar escondido era bastante grande con una gran patio interior en el que la Minerva pasaba el tiempo con lo que parecía una expresión afligida igual a la de la pelirroja), en ocasiones la escuchaban murmurar algunas maldiciones en rumano, moldavo y ruso. Debido a su naturaleza no habría podido llevarse demasiado bien con ninguno de los habitantes de aquel refugio, licántropos, aunque lo intentara, que no lo hacía.
-Oye Sirius –comentó el licántropo al recordar esto último- ¿De quién crees que habla ella cuando está maldiciendo? –Sirius lo miro extrañado.
-De la dragona supongo, ¿A quién sino llamaría lagartija? Supongo que discuten mentalmente, ya te lo había dicho, los dragones… –Le contestó sin darle mucha importancia, pero Remus lo cortó negando con la cabeza.
-No, me refiero a lo otro.
-¿Lo de idiota irresponsable? –Preguntó ahora se veía reflexivo- la primera vez pensé que me lo dijo a mí, aunque no le di importancia, pero pensándolo bien… -pareció dar con lo que quería decir su amigo de golpe- ¿Harry? –Planteó con incredulidad, Remus se encogió de hombros.
-Mira los hechos, es claro que está preocupada pero hace una pésima labor ocultándolo como sí…
-Como si no pudiera con lo que siente pero de todas formas lo intentara –completó el animago entendiendo algo- ¿Qué clase de relación crees que tiene con Harry en verdad?
-¿Tú tampoco te tragas lo de que solo es su guardaespaldas? –Preguntó de forma retórica, luego negó levemente con la cabeza- la verdad es que no tengo idea ¿Y, tú? –Ante esto por primera vez en mucho tiempo el pelinegro rió por lo bajo.
-Solo hay una conexión que podría hacer entre el hijo de James y una pelirroja –apenas lo dijo ambos regresaron a verse lentamente, como sorprendidos.
-Naaaaaaaah –negaron al unisonó.
-Eso es imposible –dijo convencidísimo el licántropo dejándose caer de nuevo en su sillón en la estancia frente a la chimenea y retomando el viejo periódico- Harry tiene, por favor, ¿Qué, ocho años?
-Y con todo –empezó Sirius cerca de él- sigue siendo el hijo de James, ¿Qué es eso? –Preguntó por primera vez reparando en el periódico- Presunta fuga en Azkaban, ¿A qué se refiere con presunta? ¿No escapó nadie cierto? –Inquirió un tanto preocupado de que su querida primita y sus otros no tan queridos familiares volvieran a dar problemas antes de lo esperado, Remus lo negó con calma.
-Nada de eso, pero fue extraño –le dijo- todos los dementores de la sección de máxima seguridad se dispersaron por una hora, por eso supusieron que era una fuga, pero luego de que regresaron y de que un grupo de aurores revisara el lugar no hallaron nada fuera de lugar –le explicó, luego regresó a ver el periódico- debí tirar esto hace semanas, no me había dado cuenta.
-Tienes mejores cosas más de que preocuparte que de tener el material de lectura de esta sala actualizado Lunático –le animó su camarada, no había reproche en sus palabras sobre estar haciendo algo diferente a buscar a Harry cosa que él agradeció enormemente mientras un peso se le quitaba de encima- Harry estará muy sorprendido cuando lo vea –agregó mientras regresaba a su propia silla, el castaño lo miro por un rato antes de sonreír.
-Sí, cuando lo vea.
Por un instante ambos mantuvieron un cómodo silencio compartiendo aquel pensamiento hasta que unos pasos apresurados se escucharon por el pasillo antes de que la puerta de la biblioteca se abriera de golpe dejando ver a un hombre de edad media, cabello entrecano castaño, piel curtida y ojos marrones.
-¡Sr. Lupin! ¡Sr. Black! –Llamó apenas entró, los aludidos resoplaron, ese tipo y buena parte del resto eran como mínimo diez años mayores que ellos ¡Había algunos que les llevaban 20 años!, pero todos seguían llamándolos señores, solo porque Remus era algo así como el benefactor, maestro y porque el hombre que los había conducido a él le había depositado su confianza y les había ayudado mucho, Sirius era el mejor amigo de este, era "normal" y sin embargo trataba a todos sin reparo alguno, eso era todo lo que le valía el apodo de Sr., pese a todas sus protestas, las de ambos.
-Mathew, te dije que… -empezó Remus, pero la mirada de agitación en el otro hombre lobo le llamó la atención- ¿Qué sucede?
-Un chico se apareció en el patio a través de las protecciones –dijo aún sin poder creérselo, pese a haberlo visto, los otros pronto compartieron su sorpresa, eso se suponía imposible, pero les llamó más la atención otra cosa, Sirius se apresuró hacía la entrada pero Remus lo detuvo, si no era Harry no podía dejar que alguien más viera a Sirius allí.
-¿Cómo es el chico? –Se apresuró a preguntar Remus, Sirius hizo un gesto de impaciencia.
-¡Solo puede ser él Remus! –Reclamó pero su amigo seguía mirando a Mathew, quien negó levemente con la cabeza.
-No lo vi muy bien, tenía una capa cubriéndole la cabeza pero… la vampira lo interceptó, aquello fue extraño.
-¡Habla ya! –Le espetó Sirius hartó de que no lo dejaran pasar.
-Primero le dio un puñetazo…
-Eso no suena tan extraño.
-…y luego lo abrazo –ambos amigos le miraron como si le hubiera salido otra cabeza- ¡Yo mismo lo vi! –Les aseguró dando por sentado que no le creerían, ¡él mismo no se lo creía!
-¿En dónde están ahora? –Preguntó Remus saliendo de su asombro para volver a lo que les interesaba.
-Después de eso ella se lo llevó a rastras, creó que a su dormitorio –les dijo recordando el rumbo que llevaban, ambos merodeadores no esperaron escuchar nada más antes de correr en dicha dirección.
Dejaron la biblioteca, avanzaron por los pasillos hasta las escaleras y empezaron a subir, en aquel momento deseaban haberle dado una habitación de primer piso y no la del piso 13. Habían amplificado el lugar, el número de pisos que tenía originalmente, las habitaciones y demás recursos disponibles para adaptarlo a las necesidades de una comunidad en inoportuno e impredecible crecimiento (Cada vez que daba con alguien mordido y, en raras ocasiones, al que lo hacía). Esto era aparte de todas las protecciones que le habían colocado, todo estaba en la libreta que Harry le dio a Remus antes de partir, las protecciones no eran tan concluyentes como el fidelius pero estaba casi a la par, además de que eran muy variadas, muchos de aquellos hechizos Remus ni siquiera los había escuchado nombrar. Sin embargo el trayecto no mino su velocidad cuando llegaron al piso indicado, pero unos gritos hicieron que ambos se detuvieran a medio pasillo.
-¡¿Cómo qué terminaste hace un mes? ¡¿Dónde estuviste un mes?
Esa voz era inconfundible por su acento, pese a sonar furiosa ambos reconocían un doble tono para ocultar la preocupación que habían aprendido a reconocer en otra pelirroja amiga suya, un tanto deprimidos por aquel recuerdo volvieron a poner atención la plática, la voz que contestó era de un niño, pero apenas se notaba aquello dada la sequedad y neutralidad del tono.
-En Dumstrang –Aquella respuesta descolocó a todos los escuchas, incluso a la vampira se le fue el enfado anterior de saber que su protegido había terminado su entrenamiento hace un mes y no había dado señales de vida en todo ese tiempo.
-¿Qué hacías allí? –Preguntó finalmente.
-Recuperar fuerzas, pese a la resistencia que adquirí, Azkaban me dejo muy débil.
-¡Azkaban!
Esta vez no fue solo la voz de la vampiriza la que intervino, fueron los dos ex merodeadores los que irrumpieron en la habitación para quedarse de una pieza ante la visión frente a sus ojos. Era una copia exacta de James, aunque parecía muy alto para sus ocho años, el cabello alborotado negro y su cara eran idénticas, salvo por los ojos iguales a los de su madre. Sin embargo esto no fue lo que más los sorprendió, ya se lo esperaban al ver al Harry del futuro, fue más bien la pinta que aquel chico traía, una capa oscura raída en varias partes, una ropa muggle desgastada, unos vaqueros y una camiseta con algunos agujeros y unas zapatillas viejas, también se veía muy delgado y un poco sucio, solo porque ellos sabían que James era bastante delgado no se alarmaron más, pero la vampira si notó el marcado desgaste que aquel lugar dejo en el chico que debía proteger, sin duda habría perdido unos tres kilos (tres kilos, quinientos gramos exactamente), sus ojos tenían profundas ojeras muestra de interminables noches sin descanso que no se recuperarían solo con dormir bien por algún tiempo, además de eso, sus ojos parecían más apagados de lo que Natalia recordaba, le recordaban más al Harry adulto, pese a solo haberlo visto un par de veces. Apenas logró superar la impresión inicial, la reacción de Sirius fue aferrar al pequeño en un fuerte abrazo mientras las lágrimas humedecían sus ojos.
-¡Harry! Lo siento tanto muchacho –le dijo sin soltarlo, podía sentir de forma extraña como el chico se tensaba ante el gesto, por lo que lo soltó y trató de explicarse- disculpa, seguro no entenderás, yo soy…
-Sirius Black –se adelantó el chico de ojos verdes, estos parecieron adquirir un leve brillo al reconocerlo, incluso su tono pareció más vivo que antes- lo sé todo sobre ti, hocicos.
Ese apodo hizo sonreír al hombre como no lo hacía desde que dejo el orfanato Winter, pero su sonrisa se destiño bastante rápido.
-¿Qué estuviste haciendo en Azkaban? –Le preguntó finalmente, con un tono que desbordaba de preocupación, él apenas estuvo unos días y era un lugar que no quería volver a pisar el resto de su vida, no entendía que pretendía… quien sea al ir allí voluntariamente.
-Reforzar mis defensas mentales –le contestó mientras tomaba asiento en una silla cerca de la cama, el cuarto no era muy grande pero tenía todo lo necesario, cama, armario, baño, escritorio una repisa para libros, dos ventanas, un radio y un calefactor. Al ver la expresión confundida en ambos empezó a explicarse- No sé si lo recuerden pero antes de dejarlos mi yo del futuro les dijo algo de unos preparativos que hizo para mi, se trataba de un entrenamiento en magia, mental y físico, cuando me encontró aplicó un conjuro de su tiempo que me dio la habilidad de adaptarme y desarrollarme acorde a situaciones extremas, adquiero habilidades que me rodean.
-¿A qué clase de habilidades te refieres? –Preguntó Remus interesado a la par de preocupado por lo que podría significar "situaciones extremas" ¿Qué era lo que Harry se había hecho así mismo en aquellos años ausente?
Por respuesta el chico se desvaneció de la silla y le toco la espalda indicándole que estaba detrás de él, provocándole un buen sobresalto.
-Un ejemplo, eso es llamado el viaje sombra, lo obtuve de los vampiros, me permite aparecerme a través de protecciones siempre que sepa de qué tipo son, así fue como me aparecí aquí –explicó tranquilamente- con ellos también desarrolle una resistencia propia a la Legilimancia. Lo que fui a hacer en Azkaban era desarrollar resistencia a los dementores, oculte una de las celdas de máxima seguridad con un fidelius y me quede allí por cuatro meses –un tenso silencio siguió a sus palabras, el niño desvió su mirada de la sorprendida de ambos adultos con un deje de tristeza- me tiene miedo –dijo finalmente con un deje de amargura, ambos parecían sorprendidos- No intenten negarlo, también asimile la habilidad de los dementores para sentir emociones ¡y eso es miedo! –Les retó enojado, enojado consigo mismo y su yo futuro, sin embargo antes de hace algo más sintió las manos de su padrino sobre sus hombros y vio al hombre arrodillado a su altura.
-No tenemos miedo de ti Harry –le dijo rotundamente- temo por lo que tuviste que enfrentar, solo –lo último lo dijo con voz más quebrada y pasando saliva con dificultad- se suponía que yo te cuidara ¿Por qué no me dejaste acompañarte? –Aquella pregunta no era para él Harry más joven, sino para el homologo mayor.
-Por eso mismo –contestó el pequeño Harry- yo también me enfade cuando lo supe, pero tú no habrías permitido que pasara por nada de lo que tuve que pasar para llegar hasta aquí y por tanto… no lo habría conseguido –lo dijo como si lo hubiera repetido varias veces para sí mismo, pero podía notarse gran alivio en el chico al constatar que las palabras sobre aquellos dos amigos de sus padres eran ciertas- no te culpo a ti por esto Sirius –le aseguró con una media sonrisa que logró contagiarse a los dos hombres frente a él, Natalia, que había estado solo observando desde que interrumpieron retomó la palabra.
-Todo eso está muy bien, pero todavía no dices donde más estuviste –intervino- no puede ser que tardaras todo un mes en recuperarte y aún así regreses en tan mal estado –Remus y Sirius la miraron un poco sorprendidos por la seguridad de aquel comentario, Harry parecía haber sido atrapado en medio de algo porque se rasco la nuca en un reflejo nervioso.
-La verdad este mes fue más complicado de lo que crees, pero es verdad que hice otra parada antes y creó que ya es tiempo de convocar a una reunión. Solo espero que el veneno de basilisco no haya arruinado las otras propiedades de la piedra.
Sus palabras sonaron extrañas para los tres presentes incluso mientras lo veían sacar una pequeña piedra negra y gastada, de entre sus raídos ropajes, la observó como si fuera el más preciado de sus tesoros, incluso Natalia no lo había visto mirar nada así antes por lo que presto la misma atención a aquel, en apariencia, ordinario guijarro. Sirius estuvo a punto de preguntarle algo pero la expresión de Remus le decía que esperara, el chico seguí absortó mirando la piedra con expresión ansiosa a la par de temerosa, era por primera vez la expresión de debía tener un niño, muy parecía a cuando tienes entre tus manos tu caramelo favorito, pero tratas de retrasar un poquito más el tiempo antes de comerlo ya que si lo haces luego se acabará. Finalmente con una profunda respiración hizo rodar la piedra entre sus dedos tres veces, pero nada sucedió, una expresión asustada se extendió sobre su rostro mientras observaba alrededor que luego fue reemplazada por una sonrisa melancólica.
-Parece que sí lo hizo –dijo refiriéndose a su anterior comentario, tratando de ocultar su dolor por aquella falla luego de tantos problemas, quería salir de allí antes de que alguna lágrima traicionara su inmutabilidad, pero cuando se volvió a los presentes ellos no lo observaban a él sino a su espalda, la visión allí logro quitarle la respiración como ni la más temible bestia salvaje lo había hecho hasta entonces.
Un hombre y mujer jóvenes lo miraba fijamente, su imagen era un tanto traslucida pero colorida, así que podía apreciar con claridad el cabello rojo y ojos verdes de su madre, también los rasgos que compartía con su padre, ambos lo miraban con una mezcla de tristeza y alegría, finalmente su madre dio un aspo en su dirección y le acarició suavemente el rostro (el tacto fue un tanto extraño, como el de una brisa) al constatar que podía tocarlo lo abrazó por completo dejando caer una intangibles lágrimas.
-¡Harry! –Decía con un tenue sollozo- mi pequeño, lo has hecho muy bien –le dijo mientras renuente a soltarlo aflojo el abrazo para poder verlo mejor, su expresión se torno más severa antes de regresar con su esposo, que observaba a su hijo rebosante de orgullo, y darle una colleja en la cabeza.
-¡¿Por qué fue eso? –Se quejó.
-A él no puedo reprenderlo pero solo pudo haber heredado esa irresponsabilidad de ti ¡James Potter! –Le dijo señalando acusadoramente- vampiros, dementores, basiliscos y no sé cuantas cosas más que pudieron…
-¿Se enteraron de eso? –Preguntó el pequeño Harry un tanto nervioso, su padre lo miro claramente agradecido por la intervención.
-No estamos totalmente desinformados allá, sabes hijo –le dijo con la mayor calma, pero al ver su intranquilidad continuó- no te preocupes, tu madre me echara la culpa de todo a mí.
-¿Cornamenta? –Finalmente Sirius fue el primero en recuperar el habla ante la familiar escena recordando a la inusual familia que no estaban solos- ¿Lily?
-¡Canuto! –Le saludo su amigo alegremente, antes de fijarse en el otro hombre presente- ¡Lunático!
Sin embargo no recibió el mismo entusiasmo de parte de sus viejos amigos, estos aún no superaban la estupefacción, tras unos segundos Remus fue capaz de apartar la vista de sus fallecidos amigos para centrarla en el hijo de estos.
-¿Cómo? –Fue todo lo que pudo articular, a lo cual Harry le enseño de nuevo la piedra que llevaba en sus manos.
-La llaman la piedra de resurrección, puede traer a los muertos del más allá –le explicó como si fuera algo normal al incrédulo hombre lobo, luego su expresión se torno desvalida- yo… se supone que no debo usarla, ya sé que no debo… es solo que quería verlos una vez… -intentaba justificarse pero Remus, Sirius, sus padres incluso Natalia lo veían comprensivamente.
-No tienes nada que explicar Harry, si hubiera estado en mis habría hecho de todo para verlos una vez más –le dijo Sirius aferrando sus hombros en señal de apoyo, bajando a su altura para verlo de frente.
-No pueden quedarse –dijo apresuradamente- solo quería verlos por mí mismo y decirles que estaba bien –está ves se dirigió a los espectros, que se hallaban cerca observándolo con gran ternura abrazados, su padre sonrió.
-Sabemos que lo estás y nos alegra mucho poder verte hijo.
-Pero me gustaría que mostraras un poco más de sentido común en lo que haces –agregó su madre viendo de reojo al padre del aludido, como si la critica fuera para él.
-No te preocupes, creó que ya termine con todos los entrenamientos peligrosos –le dijo poco convencido, la espectral pelirroja arqueó una ceja ante el comentario- tengo un año de pruebas antes de terminar de afinar mi habilidad en los duelos y será el fin de mi preparación –le confesó- pero por ahora puedo tomarme un descanso, este año lo pasaré con Sirius y Remus –dijo con una enorme sonrisa que se contagió a los mencionados, hasta la vampira sonreía a medias.
-Excelente –dijo finalmente Lily- ustedes se encargaran de que vaya a la escuela por lo menos ese año.
-¡¿CÓMO? –La sonrisa de todos los hombres; animagos, licántropos y espectros, presentes desapareció.
-¡Pero pelirroja! –Se quejó Sirius primero que nadie- solo lo tendremos aquí un año y quieres que lo tengamos por separado la mitad de ese tiempo.
-Además yo aprendí muchas cosas aparte de magia, estoy seguro de que cubrimos por lo menos mi educación básica, sé de cálculo, gramática incluso biología –argumentó Harry, que también prefería pasar más tiempo con su padrino y amigos desconocidos, sin contar el resto de aquella comunidad de hombres lobo.
-Menos mal, entonces no te será tan difícil ponerte al corriente de los otros niños –comentó la pelirroja en respuesta- porque es claro que no has pisado una escuela ya que te fuiste del orfanato antes de asistir.
Fue una larga y dura contienda, para los hombres del grupo que al final no pudieron ganar, algo que debieron haber previsto desde el principio. Se decidió al final que sería bueno para el desarrollo de Harry convivir con chicos de su edad y ya que las clases no representarían un reto tan grande para él podría pasar todo el tiempo restante con su padrino, Remus, Minerva y Natalia. Ambos padres le dirigieron miradas muy significativas a esta última antes de despedirse de su hijo luego de una larga charla, pero no comentaron nada, aunque James le guiñó un ojo con complicidad a su hijo antes de desaparecer. Harry no quiso entrar en detalles de la que fue su última visita o las peores partes de las anteriores, aún así Sirius insistió en que les contara todo lo que pudiera, fueron asombrados por los progresos en la comunidad de gigantes al igual que lo ocurrido con los vampiros (oculto tanto de esto como pudo pero no necesito decirlo en voz alta para que los dos amigos se hicieran una idea de que fue lo que vivió allí) y Sirius se mostró un tanto bromista respeto a que no aprovechó su estancia en la comunidad de veelas tanto como habría podido, un curioso intercambio de miradas entre su ahijado y la vampiriza le hizo pensar que se había perdido de algo.
Finalmente ahora estaba en la escuela primaria Hermitage, Sirius lo acompañaba todos los días en su forma de perro y lo esperaba a la salida, Natalia también lo hacía a la distancia e incluso lo observaba mientras estaba en clases, Harry lo sabía pero no comentó nada. En las tardes pasaban con sus "tíos" rememorando historias de sus días de colegio, practicando sus formas de animagos junto con los licántropos sus transformaciones o jugando al quidditch. Sirius ahora tenía tres formas más, una gacela, un halcón y, para sorpresa de incluso él mismo Sirius, un dragón. Un gran hébrido negro ya adulto de trece metros, los fines de semana usaban un traslador para llevar a Minerva (a ambos merodeadores les había caído muy en gracia el nombre pero no le preguntaron a Harry como se le ocurrió un calificativo tan acertado) a un lugar enorme y despejado en las montañas para juguetear los tres dragones, el hombre lobo y la vampira por horas con un picnic, e incluso practicar un poco de Quidditch, por la antigüedad del deporte incluso Natalia lo conocía, de hecho les sorprendió, bueno no demasiado en realidad, saber que jugaba de golpeadora en el colegio. Ya había pasado una semana desde que ingreso a la escuela y las cosas en ella eran cada día más monótonas, desde que embrujó al director para que creyera que él era un estudiante de ingreso atrasado con todos sus papeles en regla no había pasado nada interesante, incluso había estado cerca de dormirse varias veces, pero tal como había dicho, él ya conocía lo que allí intentaban enseñarle así que no tenía problemas en sus calificaciones.
Era el receso así pero solo caminaba por uno de los pasillos del edificio pensando en que la tarde aún estaba muy lejos cuando algo llamó su atención.
-¡Miren a la ratona de biblioteca! –Decía un muchacho grandullón franqueado por otros tres de sus amigos bloqueándole el paso a una chica de su salón que intentaba pasar con un montón de libros.
-¡Déjame pasar! –Le exigió con un aire de seguridad que no engañó a Harry en absoluto, el podía sentir los nervios y preocupación de la chica, la conocía de vista como a todos en aquel colegio, era una de las que más se indignaban de que él pasara tan campante en las clases cuando la mitad de estas las pasaba bostezando- ¡Debo regresar esto!
-¡¿Y qué si no te dejamos pasar? –Le espetó desafiante el chiquillo acercándose tanto que ella retrocedió inconscientemente un paso- ¿Vas a golpearnos con esto? –Se burló tirándole los libros que llevaba al suelo, ella soltó un chillido antes de reclinarse para recogerlos con el mayor cuidado posible delante de las crueles risas burlonas de aquellos niños, para su sorpresa una mano se sumó a ayudarla molestando a los abusones- ¡Oye pobretón qué te…!
Intentó detenerlo pero la mano del chico más pequeño atrapó la suya y la dobló levemente, sin embargo el chiquillo lloró como si le hubiese quebrado el brazo, sus amigos iba a ayudarlo cuando lo vieron a los ojos y quedaron paralizados, ante aquellos fríos ojos verdes que parecieron congelar el ambiente un segundo.
-Largo –entonó claramente las dos silabas por separado luego de levantarse aun sujetando al abusivo que ahora estaba lloriqueando de rodillas, entonces lo soltó dejándolo caer sobre su trasero, todos salieron corriendo sin preámbulos dejando a los dos marginados de la clase solos en aquel corredor, apenas entonces la chica reparó en su peculiar rescatador.
-¡Tú eres James Evans!, el holgazán de la clase –Harry arqueó una ceja, vaya manera de dar las gracias.
-Y tú eres la come libros del salón, Hermione Granger –le contestó como si nada inclinándose para recoger algunos de los libros del suelo sin embargo la chica se los quitó indignada pero seguía siéndole difícil levantarse con tantos libros, Harry no entendía cómo se las había ingeniado para sujetarlos todos en un inicio, sin pedirle permiso le quitó la mitad y puso rumbo a la biblioteca de la escuela con la chica detrás de él, que solo lo miraba irritada por su actitud- Los tres mosqueteros, La Ilíada, veinte mil leguas de viaje submarino –leyó un tanto impresionado, según sabía la chica Granger iba a la biblioteca cada mes tanto a entregar libros como a sacarlos para otras rondas de lectura, así que había terminado esos tres, junto a otros tres más pequeños que llevaba ella, en poco menos de cinco semanas- son títulos bastante pesados –comentó, la chica de tupido cabello castaño y grandes dientes lo miro de reojo contrariada, al parecer esperaba alguna de las burlas a las que estaba acostumbrada, pero ahora que pensaba en ello se daba cuenta de que aquel chico nunca se había burlado de ella lo que la hizo sentirse un poco mal por haberlo prejuzgado tan pronto, más aún luego de escuchar su siguiente comentario- en lo personal prefiero la vuelta al mundo en ochenta días, parece la versión perfecta de unas vacaciones pacíficas.
-¡Tú lees! –Le dijo más sorprendida de lo que a Harry le habría gustado.
-Lo dices como si fuera sorprendente que sepa leer –le dijo tratando de no parecer ofendido y de contener su diversión al notar como la chica enrojecía por la vergüenza.
-Pe-perdona, no quería decirlo así –le dijo sin atreverse a mirarlo de frente- pero es que nunca actúas mucho en clase así que no creí que fueras de los que leen.
-Tú mejor que nadie debería saber que no se juzga a un libro por su portada –le dijo sabiamente mientras levantaba uno de los tomos que llevaba- mira este por ejemplo, quien viera este tomo gris y gastado no imaginaría que cuenta la más impresionante guerra de la historia orquestada sobre una trágica historia de amor como no se ha descrito otra hasta que Shakespeare escribió sobre Romeo y Julieta, aunque visto de otra forma a ellos no les fue tan mal si al final terminaron compartiendo recinto en el séptimo circulo.
Con cada palabra que decía los ojos de la pequeña niña se agrandaban aún más, incluso había dejado de caminar por lo que Harry la imitó sin dejar de mostrar una expresión ajena y aburrida, aunque de hecho se estaba divirtiendo por primera vez en aquel lugar, sobre todo al ver la cara de estupefacción en la chica.
-¡¿Tú los has leído? –La preguntó rebosante de asombró e incredulidad- La Ilíada, Romeo y Julieta y la divina comedia de Dante –el chico se encogió de hombros continuando el camino a la biblioteca, la castaña lo seguía ahora con mayor interés.
-Estuve cuatro meses… digamos que inhabilitado –le explicó sencillamente.
-Y lo único que te quedaba para mantener la cordura era leer –supuso la chica asintiendo, el pelinegro sonrió a medias.
-No sabes ni la mitad –murmuró para sí mismo, la chica lo miro un tanto por el comentario pero no dijo nada al respecto, en vez de eso lo dejo proseguir- ¿Cómo dejaron tus padres que leyeras algo tan crudo? –Le preguntó de pronto para cambiar el tema, funcionó a la perfección ya que la niña se puso nerviosa y con actitud culpable- no lo saben –di por hecho sonriendo ante el respingo que dio tras su afirmación- ¿Quién lo diría?, la defensora absoluta de las normas Hermione Granger tiene su lado oscuro.
Era claro que el chico encontraba algo muy gracioso en aquello pero la enrojecida niña, que ya empezaba a indignarse de nuevo, no le encontraba nada de gracioso.
-¿Y tus padres sí te dieron permiso? –Le preguntó esperando acorralarlo igual que hizo él, pero no resultó como esperaba.
-No tengo padres –le contestó encogiéndose de hombros.
No resultó en absoluto como esperaba, de nuevo se quedó atrás hasta que el chico regresó a buscarla para que siguieran.
-No tenía idea –dijo débilmente- yo-yo-yo no sé qué decir.
-Eso es nuevo –admitió el ojiverde Hermione estaba aún demasiado sorprendida para sentirse ofendida.
-¿Con quién vives entonces? –El interrogatorio era una de las cosas que siempre debía evitar, pero a Harry no le pareció demasiado importante cuanto sabría aquella niña, ya que ni siquiera sabía su verdadero nombre, así que decidió que no habría peligro en decirle la verdad, hasta antes del punto en que lo que dijera sonara como una locura.
-Por ahora me estoy quedando con unos amigos.
-¿Por ahora?
-Me encontré con ellos hace un mes.
-¿Y dónde estuviste antes? –Preguntó confundida, el gesto de Harry se tornó tan agresivo por un momento que Hermione se apartó un paso inconscientemente, pero se recompuso tan rápido que bien pudo haberlo imaginado.
-No quiero hablar de eso, llegamos –se adelantó antes de que ella pudiera insistir al ver que estaban en la biblioteca.
Harry abrió la puerta y antes de que ella se diera cuenta y tenía los otros tres libros en sus manos y se encontraba frente a la conocida encargada que la miro amablemente al reconocerla, cuando Hermione quiso darse vuelta el chico ya no estaba. Durante las clases volvía a ser el mismo de siempre, ni siquiera regresó a verla y al tocar el timbre se retiró como si nada dejando a la castaña echando humo de frustración e indignación.
¡¿Ahora simplemente iba a fingir que no existía? ¡Pues muy bien! Ella no tenía porque perder su tiempo pensando en la clase de modales que le habrán enseñado en…
Allí su enojo se debilitó bastante, no tenía idea de donde habría aprendido James sus modales… o cualquier otra cosa, sus reflexiones fueron cortadas cuando chocó con algo que casi la hace caer, no se había percatado de que estaban bloqueándole el paso el mismo bravucón del receso, bufó internamente, no estaba de humor para esto, era curioso como aquel chico con cara de gorila ya no lograba intimidarla en absoluto, aunque no debería pensar así ya que fue James el que lo hizo salir corriendo.
-¿Qué quieres Sanders? –Le dijo fríamente, el chiquillo malcriado que continuaba sintiéndose humillado por lo ocurrido no tomo a bien su tono se acercó peligrosamente pero Hermione no retrocedió.
-Cuida tu tono dientes de castor, el pobretón no está aquí ahora.
-¡No le digas así! –Le advirtió mordazmente, Sanders se quedó viéndola sorprendido pero luego esbozó una sonrisa burlesca antes de agarrarla de la muñeca bruscamente.
-¿Y qué si lo hago?
El agarre del chico la estaba lastimando, tanto que cerró los ojos intentando no pensar en ello, pero no lo conseguía, sus ojos comenzaban a aguarse por la impotencia de no poder hacer nada.
-¡Suéltame gorila!
Y para su sorpresa lo hizo, abriendo los ojos se percató del porque aunque no lo entendía, el chico se agarraba la cara y chillaba con fuerza cuando se retiró las manos Hermione se llevó una mano para evitar un grito de sorpresa, también trataba de evitar reírse, porque la situación era muy sería, y lo habría sido más de no ser por lo graciosa que se veía la cara de aquel niño cubierta de pelo en los bordes, apenas sus amigos lo habían visto habían retrocedido señalándolo espantados y cuando él mismo se dio cuenta también retrocedió espantado sin acordarse de nada solo con la idea de salir corriendo. Una vez sola y confundida la chica solo se quedó viendo el lugar por el que el chico-gorila había huido, una curiosa sensación, como un cosquilleo en la nuca, le hizo pensar que alguien la observaba y al voltearse allí estaba él, pero no tenía la expresión de siempre, ahora se veía serió y alerta mientras entornaba sus ojos con desconfianza, su expresión resultaba intimidante a tal punto para ella que retrocedió dos pasos sin pensarlo, el chico miró alrededor para cerciorarse de que nadie estaba cerca, algo que aquellos bravucones ya habían hecho cuando se acercaron a acorralar a la niña, justo entonces la expresión de él se suavizo visiblemente mientras se acercaba, regresando a ver el lugar por el que Sanders se había escapado pensó en una alternativa loca pero que era lo único que se le ocurría.
-¿Tú-tú le hiciste eso?
-No, se lo hiciste tú –aquello no lo esperaba, Hermione tardó un minuto completo en recuperar el hilo de sus pensamientos.
-¡Estás loco! –Decidió finalmente alejándose un poco- ¿Cómo podría yo hacerle eso? –Por respuesta el chico paso sus dedos por su cabellera la cual tras el pase se volvió rubia, larga y lisa.
-Del mismo modo que yo hice esto… –fue su contestación antes de dar un paso más a la aturdida pequeña que ahora lo miraba muda, luego se sacudió la cabeza regresando su cabello al negro acostumbrado- con magia.
-Imposible –murmuró tan atontada que no percibió la cercanía del ojiverde.
-Guarda en tu cabeza que nada es imposible Hermione Granger –le aconsejó mientras sacaba una varita de entre sus ropas y la tocaba en la cabeza antes de hacer los mismo con él, un tenue escalofrió recorrió el cuerpo de la castaña y luego un chillido sorprendido escapó de su boca cuando regresó a ver sus manos y notó que no estaban, ni el resto de su cuerpo- ssshhhh, es un hechizo de invisibilidad, ven te mostrare de lo que habló –escuchó la voz del chico mientras sentía como sujetaba su mano y la llevaba a rastras, la chica no supo en qué momento llegaron tras unos árboles en el jardín de la escuela, cuando ambos volvieron a ser visibles, apenas logró ver sus pies de nuevo se alejo a prudente distancia del chico, lo observó largamente mientras asimilaba lo que acababa de descubrir, Harry por su parte solo la observaba pacientemente.
-¿Magia? –Dijo finalmente un tono que mesclaba el asombro con el entusiasmo, el muchacho solo asintió- entonces… tú eres un…
-Un mago –completó ahorrándole la tarea de tener que decirlo ella- y tú eres una bruja –le confirmó antes de tomar una actitud más sería- razón por la cual me estoy largando ya mismo de este lugar –le dijo antes de darse vuelta con intención de irse dejando a la estupefacta chica tras de sí.
-¡Espera! –Le gritó saliendo rápido de su sorpresa- ¡No puedes dejar caer algo así y luego solo irte! ¡¿Qué no tienes sentido de la responsabilidad? –Le reclamó acercándosele, el moreno parpadeó dos veces sorprendido antes de esbozar una sonrisa torcida.
-Una vez insulte de frente a un gigante de ocho metros ¿Aún crees que tengo sentido de responsabilidad? –Como esperaba Hermione se quedó muda, pero no le duro.
-De todas formas no puedes esperar que simplemente me quede así –Harry bufó.
-Cuando cumplas once alguien del colegio de magia vendrá y hablara con tus padres para explicarles, te conseguirán tu varita y podrás asistir a clases, allí lo aprenderás igual que todos los demás. Se hace así con los magos hijos muggles, de padres no-magos, incluso los de familias de magos no pueden hacer magia antes de entrar al colegio –le explicó tratando de zanjar aquel asunto.
-¿Entonces cómo es qué tú sí puedes? –Le preguntó entre curiosa y acusadora señalando la varita todavía en su mano, Harry la miro y maldijo internamente, en su afán por explicarle lo suficiente para que lo dejara en paz había dicho demasiado, resoplando continuó.
-YO –entonó la silaba con claridad- estoy saltándome la mitad de las leyes de la comunidad mágica –le dijo directamente, ante la asombrada mirada de la chica- comunidad de la que serás parte por lo que esta conversación no le conviene a ninguno de los dos, lo que debería hacer es simplemente borrarte la memoria e irme –comentó en voz alta, aunque sabía que no lo haría, había algo respecto a esa insufriblemente curiosa brujita que le impedía simplemente irse, quería quedarse un poco más y poder ser su amigo. Su maestro le había dicho muchas veces que por buen estratega o pensador que pudiera llegar a ser, era la intuición lo que lo salvaría en los peores momentos y que la única forma de vivir sin remordimientos era vivir de acuerdo a sus emociones. Bueno, estas le decían que fuera amigo de Hermione Granger.
-No le diré a nadie, lo prometo –le aseguró viéndose un poco preocupada por la amenaza implícita anterior- pero quisiera que me contaras más acerca de los magos y brujas –le dijo directamente.
-¿Sabes qué fue lo que mató al gato? –Le preguntó tras una larga evaluación, la chica parpadeó confundida pero finalmente admitió un poco avergonzada.
-La curiosidad –para su sorpresa el chico negó sin dejar de sonreír.
-No, lo que lo mató fue la duda. Mañana antes de la escuela nos vemos en la entrada.
Con esta última frase se dio vuelta y ante su atónita espectadora cambió a la forma de un ave negra que emprendió el vuelo alejándose de la escuela, tras unos instantes de expectación ella también se fue.
-¿Qué fue lo que le hiciste a la profesora? –Le preguntó en su típico tono de regaño mientras esperaba que él terminara de checar el pasillo, hace nada acababan de salir del salón en frente de toda la clase, solo unas palabras del moreno con la profesora y esta parecía no haber notado nada.
-Un hechizo confundus, ella pensara que estuvimos todo el día en clase y nadie avisará a tus padres –le explicó satisfecho por la privacidad del lugar antes de sacar su varita, antes de darse cuenta la chica recibió un extraño golpe de aire tibio en la cara y luego de parpadear y sentir una comezón en la cabeza y cosquilleo en los dientes y ojos enfocó al chico de nuevo, ahora cambiando su color de pelo por uno castaño más corto, lo que dejo ver una pequeña cicatriz en su frente un segundo antes de que desapareciera mientras sus ojos se volvían de un azul claro- debería ser suficiente, por si las dudas.
Hermione ahogo un grito de sorpresa al verse reflejada en una ventana, solo la imitación de su reflejo le confirmo que era ella la persona allí. Su cabello era liso y de un negro lustroso, y así se acentuaba tan largo que alcanzaba media espalda y sus ojos se había vuelto de un azul profundo cuando retiró la mano se quedó aun más asombrada al ver sus dientes rectos, no logró salir de su aturdimiento en un rato incluso luego de que el, ahora castaño, los cubriera con una capa y, tras susurrarle un no respires un segundo, sintió como si la hubiesen aplastado por todos lados un segundo antes de perder el poco aire que tenía y luego volver a recuperarlo. Ahora ambos estaban en un callejón, parpadeó un segundo antes de ver mucha gente vestida extraño a través de la traslucida tela que los cubría, otra vez se vio el reflejo, o la falta de uno en una vitrina cercana pero esta vez manejo su sorpresa mucho mejor, al parecer se estaba acostumbrando. Solo volteó a ver a joven mago en espera de una explicación.
-Es una capa de invisibilidad –le dijo con sencillez mientras se descubría- es mejor que no nos vean aparecernos de la nada.
-¿Por qué?
-Otra ley que me estoy saltando, es ilegal hacer magia fuera del colegio o aparecerse antes de los diecisiete años, que es la mayoría de edad en el mundo mágico, y además hay que tener licencia para eso –Hermione asintió reflexivamente.
-¿Y por qué no usaste ese hechizo para hacernos invisibles de ayer?
-¿Nunca te han dicho que eres demasiado perspicaz para tu propio bienestar Granger? –Le preguntó sumamente interesado, la morena se cruzó de brazos ofendida a lo que Harry solo suspiró con cierta resignación- me fió más de la capa, era de mi padre –le contestó ganándose una mirada extrañamente culpable de la chica- mira, no puedo estar contestando todas tus dudas así que te propongo un trato –ofreció sonriendo con cierto descaro.
-¿Trato? –Repitió Hermione un tanto recelosa.
-Mejor dicho un soborno –aclaró, ahora definitivamente estaba perdida pero el mago ya no la miraba a ella sino a una tienda frente al callejón en que estaban, una tienda abarrotada de libros. Harry vio claramente el brillo en sus ojos cuando alcanzó el objetivo y su sonrisa se ensanchó todavía más- aquí no funcionan las libras, pero si dejas de presionarme para que responda a todas tus preguntas podrás escoger media docena de libros.
-Quince –dijo de inmediato, Harry parpadeó, no era tacaño en absoluto pero no le gustaba dejarse mangonear así nada más.
-Una docena pero te restringiré algunos títulos –le advirtió extendiendo su mano, ella lo miro dudosa un segundo antes de aceptar.
Al final ni siquiera con quince habría sido suficiente, la chica parecía ir por cada libro que veía, pero Harry le ayudo a escoger algunos títulos que abarcaban la mayor parte de la historia de los magos en Gran Bretaña y el resto del mundo, retiró de su canasta de compras Historia de la magia moderna, Auge y caída de las artes oscuras y grandes eventos mágicos del siglo XX. Hermione tenía el tacto para no preguntarle por qué directamente pero mantuvo esos títulos en su cabeza, la duda de cómo iba James a pagar por aquello quedó resuelta de una forma bastante patente cuando sacó una bolsa de monedas de oro y se la colocó enfrente del sorprendido encargado de Flourish y Blotts (Obviamente este se preguntaba lo mismo que Hermione al ver la gastada vestimenta del joven). Cómo todo aquello llevó su tiempo, y el sol ya estaba alto, ahora los dos se encontraban tomando una copa grande de helado en la terraza de Florean Fortescue, o por lo menos Harry comía la suya Hermione había probado la suya y era claro que le gusto pero se dedicaba más a verla especulativamente, notando silenciosamente que pese al tiempo y el sol está no se derretía, pero era otro asunto el que se debatía dentro de su mente.
-¿James? –Esté levanto la vista de su postre, pero ahora parecía que la chica no sabía cómo expresar su duda- ¿Cómo…?
-…es que tengo suficiente dinero como para gastar una pequeña fortuna de monedas de oro sin problemas pero aún así visto como lo hago –completó con naturalidad justo con las palabras que pasaban por la mente de la chica de ojos azules, está solo asintió, el joven castaño se encogió de hombros sin despegar la vista de su copa de helado- para empezar me sienta cómodo, pero lo importante es que en general me permite llevar un bajo perfil, aún cuando resalto un poco las personas me prestan menos atención, pocos gastarían una segunda mirada en regresar a verme –explicó con calma, de nuevo Hermione parecía meditabunda.
-¿Quién eres en realidad? –Preguntó en definitiva, lejos de molestarse o sorprenderse el chico sonrió y dejo escapar una tenue carcajada.
-Te estabas tardando –comentó los ojos de la niña se abrieron más que antes pero antes de que ella argumentar algo más continuó- si quisiera que lo supieras te lo dijera, pero por ahora es mejor así Hermione –ella tenía cara de querer agregar algo pero lo pensó bien antes de volver a hablar.
-Esos libros…
-Contenían suficiente información para que descubrieras quién soy.
-¡¿Estas en todos ellos? –Le preguntó aún más asombrada por eso que por todo lo anterior, con una mueca el chico asintió, tras atar algunos cabos Hermione parecía ofendida- James no es siquiera tu verdadero nombre ¿verdad?
-Es mi segundo nombre, si te hace sentir mejor.
-No mucho en realidad ¿Sería mucho problema si me dijeras solo tu nombre? –Le preguntó tras un rato de pensarlo- me siento extraña llamándote James sabiendo que no te llamas así –ahora fue el turno del chico para reflexionar.
-Solo mi primer nombre, y no me llamaras así en frente de nadie, no buscaras nada acerca de mí antes de que recibas tú carta de Hogwarts y no le dirás a nadie que me conociste –enumeró, sin dejar de verse fijamente a los ojos, ojos que no eran los suyos, ambos asintieron de acuerdo- me llamó Harry –se presentó extendiendo su mano sobre la mesa, con una leve sonrisa satisfecha la pequeña hizo lo mismo y cerraron el trato.
Los meses siguientes pasaron bastante rápido entre breves charlas después de las clases y en los recesos, los dos llegaron a ser buenos amigos, de vez en cuando la "mascota" de Harry hocicos se unía a ellos para jugar en la casa de Hermione, donde los padres de esta lo recibieron muy amenamente (les había preocupado mucho que su hija no conociera a nadie fuera de las páginas de un libro), incluso Harry le regaló el libro más grande para su colección, que a Hermione le encantó, La historia de Hogwarts ocupó un lugar de honor entre sus libros y Harry paso la navidad más familiar que pudiera recordar con la comunidad de hombres lobo. Pero llegó el momento que Harry sabía que llegaría, aún no estaba seguro de quien lo tomaría peor. Hasta ahora Sirius estaba dejando una marca difícil de superar.
-¡Yo voy contigo! –Gritó apenas le dijo lo que pasaba, Remus negaba con la cabeza, aunque internamente no dejaba de estar de acuerdo en acompañar a Harry si pudiera hacerlo- ahora puedo llevar otra forma y no me importa pasar los años que siguen siendo un halcón o un perro –le advirtió de antemano.
-No se trata del disfraz, vuelvo a entrenar, mejor dicho continuó con un entrenamiento diferente –explicó haciendo un esfuerzo para no desviar la mirada de los ojos de Sirius.
-¿Entrenamiento? –Remus frunció el entrecejo y Sirius parecía algo confundido pero ataba cabos rápidamente- creía que finalmente habías acabado con eso.
-Acabe con el aprendizaje, ahora viene las prácticas –le explicó, el animago aún se veía reflexivo.
-¿Qué tipo de entrenamiento hiciste aquí? –Dijo curioso, tratando de no sentirse ofendido por el hecho de que no fue solo para visitarlos, sabía lo importante que era que Harry estuviera preparado lo último que él o Remus querían era que Harry también muriera en manos de Voldemort.
-Convivencia –contestó desviando la mirada hacia el exterior por la ventana del estudio, en ese momento se veía terriblemente ajeno a todo lo que allí había- Azkaban me dejo algunas… secuelas, creó que ya se habían dado cuenta.
Ambos merodeadores intercambiaron una mirada sombría, claro que lo habían notado, pero trataban de no mencionarlo, como en aquellos momentos Harry parecía pertenecer a un mundo ajeno al suyo, el dolor y remordimiento que llevaba consigo eran sin duda alguna inmensos, aún ellos con lo que vivieron en la guerra no alcanzaban a entender que clase de experiencias se obligó Harry a vivir en aquellos años de exilio. Y lo peor es que sabían que cuales fueran las terribles experiencias que hayan acumulado, estas solamente lo habían herido aún más profundamente en su interior durante su estancia en la prisión de magos, sin contar con las que cargaba desde antes. Si no fuera por su apariencia, si solo observaran sus ojos, ambos creerían que estaban viendo una versión esmeralda de la combinación de miradas de Albus Dumbledore y Ojo loco Moody. Parecía que se divertía, mucho más desde que había hecho aquella amiga en su nueva escuela, pero ellos y Natalia notaban que siempre estaba en tensión, alerta como un felino en medio de una cacería. Sus sutiles gestos eran inadvertidos para la pequeña hija de muggles pero no para ellos, Natalia incluso notó como la primera semana agudizaba sus sentidos inconscientemente revisando su comida antes de ingerirla, olvidando el hecho de que allí nadie le haría daño o peor aún el hecho de que era inmune a cualquier veneno, no comentó esto con los dueños de casa ya que conocía sus pensamientos y no quería añadir más preocupaciones de las necesarias.
Aún cuando a la vampira no le agradaba que trabara familiaridad con alguien tan imprudentemente, debía agradecer que la convivencia con la pequeña brujita había hecho que Harry finalmente se relajará un poco, pero aún le faltaba demasiado para volver a ser el Harry que fue antes de ir a Azkaban, ni se diga el que fue antes de la guerra con los vampiros y en definitiva estaba fuera de discusión que llegará a actuar como un niño normal de su edad, mago o no, Harry Potter o no. Sin embargo sabía que los preparativos del Harry más viejo habían sido impecablemente trazados para que fortalecieran a su homónimo más joven sin estropear su humanidad, incluso salió de la guerra con menos heridas emocionales y más cicatrices curadas de las que un vampiro desalmado habría obtenido, se llevó la experiencia y lo que significaba pero pudo lidiar con el dolor implícito sin perder la cordura entonces, ahora solo podía esperar que lo que aconteciera después le ayudara a recuperarse de sus más oscuras experiencias.
-El caso es –continuó Harry- que empezaré a trabajar en algo que me permita probar mi habilidad y a la vez seguir pasando desapercibido.
-¿Qué harás?
-Mi primera escala será Gringotts, tengo un trato arreglado con los duendes desde que todo esto empezó, luego de eso nos iremos, no habrá dificultad en que Natalia viaje conmigo y Minerva ya es capaz de ocultarse sin problemas –sonrió de medio lado al recordar eso, hace poco su dragona había empezado a ampliar sus horizontes en lo que podía hacer con su magia y una de las cosas que aprendió, algo que ni el Harry adulto sabía que podía hacer, fue cubrirse a sí misma con un hechizo desilusionador para que nadie la vea, luego de algunas pruebas comprobaron que podía reproducir algunos hechizos tal como Harry hacía su magia sin varita, supusieron que tanto tiempo conectados sus pensamientos hicieron que subconscientemente aprendiera algunas cosas.
-Quiero que utilices el espejo de vez en cuando al menos –le advirtió su padrino llegando con él y estrechándolo en un fuerte abrazo.
-Lo haré Sirius no te preocupes, y tú asegúrate de cuidar tus pasos, a mi no es al que busca medio ministerio –le advirtió una vez se separaron, Remus lo emuló, pero notó que Sirius había puesto de repente un gesto adusto ante el comentario de su ahijado- me mantendré en contacto pero no nos volveremos a ver hasta que sea necesario.
-¿Qué le dirás a Hermy? –Preguntó ahora Sirius despejándose de lo que pensaba antes, fue el turno de Harry de preocuparse al final solo suspiró cansado.
-No estoy seguro, soy el único amigo que tiene por ahora ¿Cuídala quieres? –Le pidió a su padrino, a Hermione no la extrañaba ver a Hocicos de vez en cuando ir y venir solo a todos lados.
-Hasta que empiece Hogwarts, luego podrán volver a verse –aceptó el animago fugitivo, su comentario solo pareció preocupar aún más a Harry.
-Yo… aun no sé si iré a Hogwarts –ambos amigos levantaron la vista de inmediato- el maestro dijo que sería mi decisión y… aunque hay cosas que me gustaría ver, creó que no tendrá mucha utilidad en mi preparación.
-Harry… -empezó Remus Lupin, Sirius aun no salía de su sorpresa por el inesperado comentario- nosotros creemos que podría haber más en Hogwarts para que aprendas de lo que piensas.
-Sigo pensándolo –contestó escuetamente. Luego de una pequeña fiesta de despedida que duro hasta la noche y de que a la mañana siguiente se despidiera otra vez de todos Remus encaró a Sirius.
-¿Qué es lo que te molesta Canuto? –Preguntó directamente pero con tacto.
-La mitad del Ministerio no debería estar buscándolo, debería ser todo el ministerio, todos los ministerios –comentó algo hosco, Remus suspiró asintiendo.
-Al principio fue así –dijo recordando, Sirius bufó.
-¿Y cuánto duró? –Preguntó con dureza- ¿seis meses? Luego la mayoría dejo de ponerle atención, como si hubiese sido solo una novedad que pasó de moda ¡Él nos salvo a todos, maldita sea! –Gritó pateando una silla, Remus dejó que se tranquilizara sin alterarse.
-Seis meses sin ningún rastro de nada, para un bebé al que todos los mortifagos querían muerto en medio de la época en que estos hacían sus últimos actos desesperados –le recordó tratando de calmarlo- tú habrías recorrido el mundo hasta el día de tu muerte para buscarlo y yo te hubiera acompañado de no tener la seguridad si estaba vivo o muerto, pero el resto del mundo no tenía por qué aferrarse a la misma esperanza Sirius, aún con la palabra de Albus, no seas tan duro con ellos, al fin y al cabo eso ha terminado por beneficiar a Harry.
-Sí, ya lo sé –admitió- pero después de nueve años ya casi no queda nadie que crea que siga siquiera con vida, de hecho tardaron solo seis años en perder la esperanza –recordó el día en que el departamento de aurores bajo la categoría de la búsqueda de su ahijado a última prioridad, y eso solo parecía una forma de mostrarle respeto a su memoria al no olvidarse definitivamente de él, pero en verdad ya ninguno guardaba esperanzas de verlo otra vez- si llega a aparecer en Hogwarts o en cualquier otra parte será todo un espectáculo –bromeó imaginando la cara de su mejor amigo al saber cómo los superaría su hijo en popularidad con el solo hecho de pisar el colegio, luego recordó que era posible que eso no ocurriera y su sonrisa desapareció, al momento sintió la mano de su amigo en el hombro de forma alentadora.
-Hará lo que sea correcto –le dijo muy seguro- recuerda de quien es hijo.
Con una sonrisa ambos asintieron, claro que recordaban de quien era hijo, jamás podrían olvidarlo, pero ambos sabían también que lo más parecido a un padre para este Harry, era en cierto modo… él mismo.
-¿Te… te vas? –La forma en que lo dijo no se podía describir, al igual que su propio malestar al escucharla.
-Nunca me quedó un año completo en ningún lugar –le dijo luchando por mantenerle la mirada con una voz que sonó como si quisiera excusarse sabía que Hermione era una niña bastante lista para su edad, pero no esperas quitarle a un niño su único amigo y que reaccione de la mejor manera.
-¿A qué colegio vas? –Le preguntó de inmediato con un atisbo de ansiedad- tal vez si habló con papá…
-No voy a ningún colegio Hermione, tengo otras cosas que hacer y… me marchó hoy –le cortó, la expresión de la niña cayó de golpe, pero ahora parecía enojada.
-¿Por qué no me dijiste nada? –Preguntó con cierta brusquedad.
-No quería que pasaras pensando en este día… -su respuesta solo consiguió molestar más a la castaña.
-Y seguramente tampoco creías que fuera tan importante para decirme que te irías –comentó ácidamente, el moreno parpadeó asombrado pero luego solo sonrió un poco triste de que pensara eso, pero antes de que pudiera explicarle la chica malentendió su sonrisa enojándose aún más- ¡Y encima te ríes!
-No, no, no, espera…
-¡Pues por mi puedes irte a donde se te dé la gana! –Le gritó de último con los ojos acuosos cerrando la puerta de un portazo dejando al chico con un palmo de narices.
Harry se quedó allí un rato sintiéndose culpable pero no estaba seguro de que hacer, al final se retiró antes de que alguno de los Granger saliera a preguntarle por qué razón su hija le había gritado para luego subir llorando a su habitación. No estaba de humor para inventar algo que dejara satisfechos a los padres de Hermione, ni siquiera estaba de humor para hablar con nadie, que Hermione creyera que no le dijo antes que se iba porque no la consideraba importante lo había ofendido, era una de las personas más importantes que tenía, casi como la hermanita sin escamas o aliento de fuego que nunca tuvo, aunque a veces demasiado curiosa y un poco entrometida pero aún así le tenía una enorme estima. Suspiró, nada ganaría con seguir un instante más en Londres pensando en solucionar su situación con una chica a la que posiblemente nunca volvería a ver ¿No sería mejor solo irse y dejar que ella continuara su vida pensando lo que quisiera?... No, no sería mejor, tomando de su bolsa pluma, tinta y pergamino escribió una carta que dejó en el escritorio de la chica sin que esta se enterara, solo esperaba que fuera suficiente para que no terminara odiándolo o por lo menos para que le tuviera a los recuerdos que ambos tuvieron un apreció similar al que les tenía él.
Continuara…
