Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.

Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.

A mi Miss Swan tata favorita porque siempre estoy aquí, a mis hijas Kath, Valen y Regina Jr, a mi princesita gen adorada porque es la mejor y estoy ultra orgullosa de ella, a mi tatita Vero porque es un dulce, a Alex porque poco a poco se ha vuelto muy importante, a Bego porque cada día me hace ser mejor persona, a kaite porque son ultra canon y a Natalia porque es la mejor.

Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, el lado ciego del amor, Carne fresca, Mi pequeña Emma y a esthefybautista.

CAPÍTULO 12 TORMENTA DE ARENA

Las pesadillas no daban tregua, atacaban cada noche como un aguijón, como el peor dardo envenenado, torturando su mente y congelando su aliento. Despertaba entre gritos, desorientada, asfixiada por la angustia y el horror, buscando consuelo en los brazos que cada noche se aferraban a ella anclándola a la realidad, en las palabras dulces de aliento que Emma le regalaba desde las sombras. No existía antídoto para tan cruel y mortal veneno, solo un pequeño paliativo, los labios de su princesa regalándole un beso a las cuatro de la mañana. Emma comprendió que al despertar anclada en su terror, lo único que aliviaba a Regina era sentirla por completo, sus noches en vela se llenaron de pasión, de gritos, de caricias cómplices…La capitana despertaba y buscaba su cuerpo como un elixir magnifico, regaba en cada pliegue de su piel frustraciones y anhelos, terror y lágrimas, convertía sus fantasmas en el amor más puro y se dejaba llevar por sus más íntimos impulsos, haciéndole el amor a su princesa hasta caer exhaustas, cambiando sus jadeos de pánico por el placer de poseerla, un juego al que Emma entraba sin reparo, conocedora de esa temible necesidad, paliando poco a poco los estragos de sus temores.

Agotada sobre el colchón, con la vista perdida en las estrellas, sus cabellos enredados y su respiración serena, pausada, completamente relajada mientras Regina acariciaba su espalda con los labios, se permitió sonreír. Hacía poco más de una semana que compartía su lecho, que había convertido sus dependencias privadas en el hogar de ambas, solo unas semanas desde que colocó sus escasas pertenencias en el armario junto a las de Regina y que esta misma le había enseñado cómo controlar cada rincón de la estancia, cómo elevar los paneles de metal si deseaba contemplar las estrellas, la hizo partícipe de su vida por completo y cada día la fue sorprendiendo, mostrándose tan distinta a como la conoció, tan humana y vulnerable.

Los labios de la capitana fueron ascendiendo hasta su cuello, colocándose sobre ella, jugueteando y sonriendo, provocándole un escalofrío y un gemido cansado, Regina no conocía límites, no sabía cuándo parar, cuándo decir basta.

-Regina… estoy agotada, no siento ni un solo músculo

-"¿Segura?"

-Completamente… ¿Cómo puedes no estar agotada?

-"Nunca tengo suficiente cuando se trata de ti princesa"

-Pues yo sí que ten…

La frase que pronunciaba murió en un suspiro y un gemido ahogado cuando sintió las manos expertas de Regina acariciando su sexo con suavidad.

-"Yo creo que no tienes suficiente princesa"

Atenta a los suspiros de la joven, Regina se colocó sobre su espalda sin dañarla, sin apartar sus dedos, enviando oleadas de places por su columna de forma lenta y dulce. Besó su piel, su cuello, su hombro, susurrando en su oído palabras tiernas mientras la preparaba para el último asalto, sabía que tras ese la joven caería profundamente dormida y quería aprovechar cada instante.

Cuando todo el cuerpo de la princesa le indicó que estaba lista, entró en ella despacio, disfrutado de cada segundo, de cada sensación, de cada gemido ahogado contra la almohada. Con infinita paciencia sus dedos empezaron a moverse en el interior de la princesa y esta, inconscientemente, comenzó a mover sus caderas buscando un contacto más íntimo, rozando el sexo de Regina y enloqueciéndola. Aunque lentos, sus movimientos eran firmes, en solo unos segundos los gemidos de ambas volvieron a invadir la habitación, sus jadeos acompasados, el sonido de sus cuerpos chocando a medida que aceleraba sus embestidas, sabía que Emma no aguantaría mucho más, que se desvanecería en cualquier momento.

Tal y como Regina esperaba, pronto sus dedos se vieron atrapados en el interior de la princesa mientras esta recibía con un grito los espasmos del orgasmo, grito que le hizo llegar con ella a la cima, cayendo poco después sobre su espalda sin salir de su interior.

Cuando su corazón se serenó y puto volver a respirar con normalidad, salió de ella suavemente mientras retomaba su labor de besar cada centímetro de su espalda, apartando sus cabellos y depositando un último beso sobre su cuello, tumbándose lentamente en su lado de la cama y clavando su mirada en los ojos verdeazulados de Emma.

La princesa le sonreía con dulzura, con evidentes signos de agotamiento, estaba tan bella que Regina se vio obligada a retirar sus cabellos para observarla en todo su esplendor.

-"Eres tan bonita…"

-Y tú, aunque por tu culpa dudo que pueda volver a caminar

-"Exageras"

-Puede ser… Regina

-"Dime princesa"

-Te quiero

Sus palabras cayeron sobre ella como un río de agua helada, enmudeció sin saber qué responder, Emma la quería, el amor es debilidad, resonaba una y otra vez en su cabeza, el aguijón de sus pesadillas volvió a atacar y sintió el pánico apoderándose de cada centímetro… Quería a Emma, lo sabía, estaba enamorada desde el primer momento en que la vio, mas decirlo solo lo confirmaba y confirmarlo sería ponerla en peligro.

Al ver que la capitana había enmudecido, Emma acarició su rostro devolviéndola a la realidad, regalándole una sonrisa cansada y un beso dulce sobre sus labios.

-En sueños siempre dices que el amor es debilidad, no lo es Regina, el amor te hace fuerte

El cansancio pudo con ella y se durmió apoyándose sobre el pecho de Regina, se durmió sin ver como las lágrimas descendían por sus mejillas, sin escuchar su susurro ahogado.

-"Yo también te quiero Emma"

Los días fueron pasando y cada vez estaban más cerca de Amatista, Emma estaba emocionada pues deseaba con todo su ser tocar tierra una vez más, pasear entre tiendas y personas ajenas a la Villian, hacerse con algo de ropa a ser posible aunque Regina bromeaba con que no la necesitaba. Para la capitana, que la princesa descendiera de la Villian suponía demasiado riesgo, sabía que había hombres de la Emperatriz en el puerto y, aunque dudaba que su madre supiese de su historia con la joven, no podía olvidarse que portaba sangre real y por lo tanto era un peligro para el Imperio. Aun así no pudo negarle su deseo, no mientras sus ojos brillaban expectantes y la sonrisa no abandonaba su rostro. Si la disfrazaba, si disimulaba sus cabellos con una capa, podía pasar desapercibida.

A solo un día de atracar en el puerto, Tamy contactó con la Emperatriz tal y como esta le había ordenado, comunicándole uno a uno los pasos de Regina.

-"Mañana atracamos en Amatista, no sé exactamente por qué pero tomaremos tierra"

-"¿La princesa descenderá?"

-"Sí, descenderá junto a Regina"

-"Perfecto"

La emperatriz cortó la comunicación y una sonrisa ácida nació en el rostro de Tamy, Emma Swan iba a recibir su merecido de eso estaba segura, se iba a arrepentir de haberse metido en la cama de Regina.

Al llegar a Amatista, Emma no cabía en sí de la emoción, en ese lugar empezó su historia, la Nimbus voló por los aires y acabó en la Villian. Cambiándose las ropas como Regina le pidió, no dejaba de parlotear feliz sobre cómo había entrado asustada en su bodega y cómo le había cambiado la vida. La capitana la miraba con una sonrisa en el rostro, a veces se olvidaba que era simplemente una niña a quien se lo habían arrebatado todo.

Dejando como siempre a Alex al mando y a Gen junto a Ruby preparadas para salir corriendo en caso de ser necesario, aunque sabía que en cuanto tomara tierra las tres montarían un casino privado, descendió de la villian llevando a Emma de la mano. Paseó con ella tranquilamente, fingiendo no saber a dónde iba mas lo sabía muy bien. Sus pasos la guiaron a un piso franco alejado del bullicio, donde sabía que Luci la estaba esperando. Llamó tres veces y esperó, sabía cuál era el protocolo de la resistencia y su impaciencia habitual quedó relegada al olvido. Fue la misma Lucy la que abrió la mirilla para constatar que Regina Black había acudido a la cita, por lo que abrió la puerta clavando su mirada en Emma y frunciendo el ceño.

-¿Quién es?

-"No te importa, entremos y terminemos cuanto antes"

Acostumbrada a salirse con la suya, entró en la casa arrastrando a Emma, que miraba a todas partes con los ojos como platos. Siguieron a la anfitriona hasta el sótano donde verificaron que era mucho más que eso, el piso era solo una tapadera, la auténtica red de operaciones se daba bajo tierra. Mirando a todos lados curiosa e inquisitiva, Emma de pronto reparó en un rostro conocido y dio un grito de sorpresa, grito que alertó a los trabajadores en el acto. Todos alzaron la vista y la miraron mientras Regina apretaba su mano dispuesta a presentar batalla si alguien le hacía daño. La mujer a la que Emma había reconocido se acercó parpadeando varias veces incrédula, justo antes de sonreír y abrazarla.

-"¿Emma? ¿Emma Swan? Me ha costado reconocerte pero eres tú, me he preguntado mil veces qué había sido de ti muchacha"

-Hola Diana, creí que te habían matado…

-"Pues como ves estoy viva, ahora pertenezco a la resistencia ¿Y tú? ¿Qué haces con Regina Black?"

-Pertenezco a la Villian ahora

Regina carraspeó llamando la atención de su princesa, Emma la miró y en seguida comprendió que requería una explicación.

-Regina ella es Diana, la capitana de la Nimbus en la que viajaba con mi padre, ella es la mujer que me salvó la vida aquella mañana en el puerto

La capitana miró a Diana unos instantes, lo suficiente para ver las miradas que se regalaban ella y Luci, para descubrir que esa chica rubia de ojos azules era importante para ella. Conocía el rostro de las personas, vio afecto sincero hacia Emma y alivio al constatar que seguía viva en sus facciones por lo que decidió confiar en ella.

-"Emma tengo asuntos que tratar con Luci ¿te quedas con ella?"

-Está bien, te espero

Depositando un beso sobre su frente, se marchó con Luci a hablar en privado, escuchando la risa cristalina de su Emma por lo que no pudo hacer más que sonreír. En el despacho de la jefa de la resistencia en Amatista, ambas encendieron un cigarro mientras Regina esperaba que fuese su interlocutora la que iniciase la conversación.

-"¿Cuánto pides? Debo saberlo, mis arcas están vacías"

-Así que te has echado novia

-"No has venido aquí para hablar de mi vida sentimental"

-No, pero me interesa, esa muchacha, Diana ¿Es algo más para ti verdad?

-"Lo es, además es valiente y tiene muy claro que quiere terminar con el régimen"

-Le salvó la vida a Emma

-"La sacó de la Nimbus a tiempo, todos sabemos esa historia"

-Tu novia salvó a la persona más importante de mi vida Luci, eso vale todas las armas del mundo

-"¿Entonces?"

-Nos vemos en tres soles, ahí te daré el cargamento

-"¿No vas a cobrarme?"

-No podría, estoy en deuda con ella y por lo tanto también contigo

Dando por zanjada la conversación, apagó el cigarro y salió del despacho, tomando a Emma de la mano con suavidad e indicándole que debían marcharse. La princesa se despidió de Diana con cariño y siguió a la capitana decidida, en sus labios una sonrisa mientras Regina andaba sumida en sus pensamientos.

Las calles de amatista estaban abarrotadas, el gentío era asfixiante pues, a pesar de la presencia de hombres de la Emperatriz, seguía siendo el lugar más alejado del imperio y donde terminaba toda la escoria que huía de la tiranía.

Regina andaba con mil ojos, con la mano sobre su arma dispuesta a presentar batalla en cualquier momento, sin saber que la trampa había sido ya tendida, que desde que descendió de la Villian la estaban esperando. Los hombres de la emperatriz tenían órdenes estrictas, apresar a Emma Swan y gracias a la descripción que Tamy les había dado sabían exactamente cómo vestía, cuál era su disfraz. El plan era sencillo y todos estaban colocados, las órdenes incluían no dañar a Regina de ningún modo. Al llegar Regina a la plaza, sin esperarlo, el plan de la Emperatriz se puso en marcha. Uno de los comerciantes derramó un saco de arena y, como si de una tormenta se tratara, el viento empujó la arena como un remolino, cegándola durante unos instantes, solo unos segundos para notar como la mano de Emma se despegaba de la suya y escuchar su grito de auxilio.

Sacó su arma quitándose la arena de la cara y enfocando logró ver como los hombres de la Emperatriz se llevaban a la princesa. La ira recorrió sus venas, estaba dispuesta a asesinarlos en ese mismo momento cuando un golpe certero sobre su cabeza la sumió en la inconsciencia y, poco a poco todo se volvió oscuro.