Buenooo, hemos VOLVIIIDO nuevamente, con otro capi, algo más serio, pero igual de delirante! disfruten! :3

Cuando el era un niño le gustaba mirar al cielo, aquel basto y eterno cielo que se expandía sobre todo su estrecho y reducido mundo; aquel cielo que veía lo que el no podía ver, que iba a donde él no podía ir. Realmente le gustaba mirar el cielo y creer que, algún día, podría tocar las nubes con las manos. Pero no importaba qué tan alto saltase; cuántas veces se cayese o se lastimase, este nunca parecía querer acercarse a él. Cuando su padre murió, Toramaru puso sus pies en la tierra y nunca levanto la vista hacia arriba de nuevo.

Se despertó algo aturdido por ese sueño que traía consigo recuerdos de su niñez y ,si bien no eran malos, no le eran agradables tampoco, se removió un poco en la cama para recordar que no estaba solo. A su lado, tan desnudo como él, se encontraba ni mas ni menos que Tobitaka Seiya, quién estaba tan plácidamente dormido que nadie querría despertarlo (tal vez Kogure pero no viene al caso) suspiró algo resignado ya que la noche anterior no habían avanzado nada, y si bien no estaba disconforme, le intrigaba el hecho de que el mayor siempre se resistiera a llegar al final con él. Desde los nueve casi diez meses que llevaban juntos, el contacto físico era casi minúsculo y, lo mas lejos que habían llegado como pareja, era la masturbación mutua y dicho "avance" se debía a su perseverancia y constante provocación, pero pese a eso las cosas seguían iguales, sin signo o esperanza de cambiar pronto. Miró a la persona a su lado un tanto enojado y con un muy justificado despecho (porque el hecho de no querer coger a tu pareja como Dios manda es pecado) le tapó la nariz, interrumpiendo su respiración, dándole así un muy violento y desesperado despertar.

Era lunes por la mañana cuando Kazemaru Ichirouta abrió los ojos, se duchó para luego cambiarse y cuando, entró a su comedor para hacer el desayuno para él y su padre, encontró una nota con la caligrafía algo corrida, como si la hubieran escrito apresuradamente. "Volveré en unos días. Te dejo dinero en el lugar de siempre. Papa". Suspiro con resignación, pues hace tan solo un par de días su padre había vuelto de un viaje de negocios para ahora volver a marcharse. Salió de su casa algo pensativo, preguntándose si su tutor habría llevado lo necesario consigo; si comería bien en su viaje, si se acordaría de llamarlo para ver como estaba. Sonrío con ironía; aún recuerda los primeros días de su convivencia con su padre como único tutor; si bien un divorcio es devastador para hasta el mas fuerte (sentimental y económicamente), a su padre solo le importaba trabajar arduamente para que Kazemaru, no le faltase nada.

Su padre no era un buen cocinero, ni bueno en las tareas domésticas y, para empeorar las cosas, casi ni tenia tiempo para encargarse de ellas, por lo que los resultados horrorizarían a cualquier nutricionista y/o asistente social; tal vez, fue por eso que con mucho esfuerzo, el peliazul comenzó a encargarse él de las cosas. Con unos míseros seis años cumplidos, solo podía quemarse las manos con las sartenes y ollas, cortarse los dedos y llorar desconsoladamente, porque por más que quisiera, nada le salía bien, pero cuando su padre llegaba a su casa, esta debía estar reluciente, las lagrimas debían secarse y el dolor de sus heridas debían desaparecer; su tutor trabajaba muy duro por él por lo que solo le quedaba sonreírle.

Cuando estaba en segundo grado, se encontró un gato abandonado en la escuela, él no podía tenerlo porque su padre era alérgico; un chico de su clase, que según recuerda era el único en la escuela que había sido simpático con el, salió de la nada y se ofreció para tener al gato, diciendo que podía visitarlo cuando quisiese, con la condición de que fuesen amigos. Sin dudarlo, aceptó, ya que él nunca tuvo amigos y desde que tenía memoria, siempre quiso una mascota; el chico llamado "Kei" le sonrió. De la noche a la mañana, la chica que le gustaba al pelilargo, comenzó a ignorarlo como si quisiera pretender que este no existía, al igual que el resto de sus compañeros e incluso se sumaba a las bromas que estos le hacían. Podía hacerse el estúpido, pero en el fondo, él sabia la razón: a ella le gustaba su amigo, pero este la rechazó y lo Kazemaru lo estaba pagando ,en ese momento, supo que nunca más le gustarían las mujeres.

Cuando se graduó de la primaria, Kei lo cito a la azotea. Le dijo que siempre le había gustado y, aunque sabia que el no sentía lo mismo, agradecía su amistad. Kazemaru no dijo nada al respecto, pues no era su culpa, solo lo miro y sonrió; Kei le dio un beso en los labios y se despidió de el. Nunca más lo vio. Su padre fue ascendido al sector de ventas de productos nacionales en la empresa en la que trabajaba, por lo que tenía que hacer viajes de negocios muy a menudo; su padre no quería dejarlo solo, él tampoco quería que se fuera, pero solo le sonrió y lo animo a que siguiera adelante, pues ya podía cuidarse solo. Su cabeza volvió al presente cuando escucho su nombre.

-Ese idiota afeminado de Kazemaru volvió a sacar buenas notas.- con cautela y cuidado para no ser visto ni escuchado, siguió al grupo de chicas delante suyo.

-Sí, cómo no, seguramente debe hacer méritos extra para el profesor al terminar las clases- dijo una fémina a la que reconoció sorprendido, pues el tenia una imagen suya muy distinta a lo que estaba escuchando. Generalmente la chica a la que reconoció era de las mas tímidas y estudiosas que conoció en su vida.

-¡Es verdad. Las chicas del curso de al lado me contaron algo parecido!-hizo una pausa para crear intriga- ¿Recuerdan que el homo salió primero en la carrera de atletismo del festival de deportes del año pasado? Pues resulta que según una fuente confiable, se vio a Kazemaru ganándose el primer puesto de una manera muy distinta antes de la carrera.

-¡Eh! ¿Pero no era tu novio el que quedó en segundo lugar?-Dijo la chica con menos luces del grupo, la que le gustaba hacerlo caer y reírse por horas de ello. El resto calló sus risas de repente ante tal comentario.

-¡…P-pero Toshiro-kun es una excepción. Si ayer nos besamos, además… Él odia a los maricones, él me lo dijo… y ….bueno…eso!- todas hicieron una segunda pausa para asentir nerviosas. Por su parte Kazemaru hizo una nota mental, pues en las profundidades de su cabeza un maquiavélico plan esperaba ser ejecutado.

-Cambiando de tema, ¿Qué le haremos hoy?- preguntó la chica con más volumen y masa corporal.

-¿Qué les parece si esperamos a que se esté duchando y le robamos su ropa?- Todas asintieron emocionadas y divertidas, él volvió a hacer una nota mental de que se cuidará las espaldas.

Unos pingüinos aparecieron de repente sobre cada hombro del peliazul, echando una sádica, pero no por eso menos linda, sonrisa, y si bien le preocupaba seguir con ese tipo de alucinación aún estando sobrio, les devolvió la sonrisa. Había pasado toda su vida pretendiendo que todo estaba bien, desde la separación de sus padres, la marginación de su niñez, el dolor de su primer amor, la inconsciente ninfomanía. Era como si todo lo que se había obligado a guardar quisiese salir de repente, pero casualmente, esta vez, iba a usar su voz, esta vez iba a tomar medidas, unas muy, muy drásticas.


Estaban en clase cuando el profesor comenzó a hablar de un tema en particular: el futuro. Como todo alumno que curse el primer año sabe, en dos años se graduarían, y lo mas importante era que para ese entonces ya tendrían que saber a qué universidad iban a asistir, qué carrera seguir y comenzar a prepararse para los exámenes de ingreso a la universidad. Lo que se traduciría como una infernal época sin vida social. Toramaru suspiró algo pensativo, pues el nunca miró su futuro como algo cercano, y ahora sentía como este se acercaba, dando pasos agigantados, sin que él lo pidiese. Entonces se preguntó si sus compañeros de equipo tuvieron sus dudas cuando tenían su edad, ¿Qué seria de Endou-san, de Goenji-san, de… Tobitaka-san? Ese año les tocaba a ellos graduarse y al año siguiente irían a la universidad ¿Acaso los volvería a ver después de que termine el ciclo escolar? Un incómodo sentimiento lo invadió, y mentalmente comenzó a contar los meses que faltaban para que termináse el año. ¡Carajo! ¿Dónde quedaron los días donde no tenia que preocuparse por el futuro?

-¿Que qué voy a hacer cuando me gradué?- pregunto un sorprendido Endou Mamoru ante la atenta mirada de todos. Al parecer, Toramaru, hizo la pregunta en un volumen un tanto elevado, tanto, que llamó la atención del resto de los jugadores. Todos aguardaban expectantes, pues porque a pesar de que él portero era capaz de casarse y tener una familia con una pelota de soccer; sabían que el no iba a poder jugar fútbol toda su vida. Era obvio que Endou Mamoru tenía una vida llena de planes además del soccer….verdad?- ¿Pues no es obvio!- dijo de repente, el resto trago saliva expectantes- ¿Después de graduarme jugare al soccer!

Hubo un silencio sepulcral mientras la ultima frase hacia eco llenando la sala de vestuarios de tensión. Afortunadamente, la puerta se abrió dejando ver a unos Kazemaru y Haruna cargados de toallas limpias quienes, al extrañarse por dicho silencio, preguntaron que ocurría. Aunque no lo hizo notar, Goenji se tensó al ver al pelilargo y miró hacia otro lado, al cruzarse sus miradas, acción que le fue correspondida con unos gélidos ojos por parte de este.

-Hablábamos de que iba a hacer Endou después de Graduarse- Respondió Megane con la voz mas apaciguadora que pudo.

-¿Es que no lo sabían?- Dijo el asexuado chico- Él y yo iremos a la misma universidad- hizo una pausa al sentir como todos le clavaban la mas incrédulas de las miradas- ni bien empezamos el año, le recomendé esa universidad que tenia un buen equipo de fútbol, de hecho, él ya tiene una beca deportiva y no tendrá que rendir los exámenes de ingreso.

Sí, Goenji estaba tenso; ahora sí se notaba ya que el celular que tenía en manos ya no era mas que trozos de lo que fue. Afortunadamente, el resto estaba muy ocupado envidiando la suerte que tenia el portero principal del equipo, maldiciendo el hecho de que no se les hubiera ocurrido tratar de becarse como para darse cuenta de ello.

-¡Pues yo quisiera abrir mi propio dojo!- Dijo emocionado un Kogure

-Yo seré como mi padre!- Secundó Touko

-Yo quiero tener mi propia tienda de tablas de surf- Terció de manera muy cool Tsunami.

Mientras el debate sobre qué quería ser cada uno dio a lugar, logrando que todos volvieran a pasar de la practica de manera olímpica, Toramaru notó que Tobitaka salía del vestuario en un silencio, tan propio de él, que nadie lo notó irse. El menor sabía que el de pelo morado no era de hablar sobre sí mismo, pero realmente quería saber que iba a ser de él cuando se gradúe. Quería saber si el otro avanzaría y lo dejaría atrás o si seguiría habiendo un "nosotros" después de su graduación. El sabía que nada era para siempre, que tarde o temprano la felicidad casi utópica en la que estaba sumergido, se terminaría , sabía lo cruel que podía llegar a ser la realidad que no dudaba en remarcar y expandir sus limites, sabía que ese día llegaría, pero le gustaba pensar de ello como algo lejano; le gustaba creer que si no pensaba en ello, podría estirar los momentos. Tal vez por eso era tan insistente para avanzar la parte fisica de su relación con Tobitaka, quería tener algo que ni el tiempo, ni la realidad les quitara; aún si era algo tan banal como el sexo, quería estar unido al mayor, aún si solo se trataba de sus cuerpos. Pero al parecer el mayor, distante como solo él puede serlo, no consideraba su relación tan seriamente.


Horas después, caminando de manera dificultosa se encontraba Kazemaru yendo a su trabajo de medio tiempo, como todo chico responsable hace. Al llegar al inmoral establecimiento pidió una cita con su jefe, y para su sorpresa le informaron que se encontraba allí, por lo que toco la puerta de su oficina; cuando le respondieron con un seco "pase", se adentró decidido y saludó a su jefe que ahora se encontraba con la silla volteada hacia la ventana, dándole así la espalda.

-Qué raro de ti venir a verme Kazemaru- dijo una grave voz- ¿A qué le debo tal honor? ¿Un aumento? ¿Un fugaz encuentro con alguien de mi categoría tal vez?

-…no exactamente.-hizo una pausa- Aunque lo tendré en cuenta- se apresuró a decir.

-¿Y que es exactamente?

-Venganza- Respondió el asexuado chico- y ¿Quién mejor para ayudarme que usted Kageyama-san?

La silla giró lentamente, haciendo que un hombre de no tan mediana edad lo encarara. El hombre de morena piel y cabello rubio, que portaba unos muy costosos lentes de sol aunque estuviera dentro de una oficina sin contacto alguno con la fuente natural de luz, le sonrió demostrando así su interés.


Hay cosas en la vida que, por mas que queramos, no podemos cambiar, incluso si pasamos mucho tiempo tratando de que estas nos sean así, en este caso la cosa en cuestión, era el inminente futuro que pronto se transformaría en presente, o por lo menos eso pensaba Toramaru mientras caminaba bajo un hermoso atardecer al lado de su persona más querida, quién, aunque siempre se encontrase por demás callado, ahora tenia un motivo en particular: y ese no era otro más que saber qué carajo le pasaba a su pareja, que normalmente habla más que un evangelista tratando de convertir a otros y en ese momento miraba la nada como si esta fuese algo.

-¡Tobitaka-san!- dijo de repente el menor, deteniendo completamente su paso, a lo que el otro se sorprendió.

-¿Qué pasa?- dijo en un tono con confianza, uno que solo lo usaba para él.

-¿Hace cuanto que estamos saliendo?- Pese a lo normal de la pregunta el mayor detecto cierta incomodidad que se hacia no solo evidente en su voz.

- Hace unos 9 meses.

-Entonces…¿Por qué nunca intentas hacerme nada? ¿Por qué tengo que ser yo el que inicie todo?-Su ahora rasposa voz sonaba tan acongojada que el mayor no supo qué responder- ¿Acaso tan poco te gusto? ¿O acaso es porque como ya te vas a graduar no quieres darme esperanzas de que hay un "después" para ese entonces?- Y como toda mujer con período haría, se fue corriendo dejando a un muy confundido Tobitaka en la soledad de la calle.


-Tú sabes lo que tienes que hacer- insinuó un pequeño y lindo pingüino rojo.

Kazemaru no dijo nada, solo asintió, esperando a cierto chico en las gradas del club de atletismo con la excusa de observar un poco, no es que a nadie le molestase, de hecho su presencia era más que bienvenida. Ese chico al cual esperaba en particular era tímido, y si bien en el pasado le había tirado unas cuantas indirectas muy disimuladas, nunca se atrevió a cruzar la línea. El pelilargo no podía quejarse, ya que ahora que lo observaba mejor, era realmente apuesto: era alto, de porte elegante con unos ojos negros y cabello del mismo color y para su suerte aun se sonrojaba cuando lo veía de manera fugaz mientras corría. Sus labios se encorvaron en una sonrisa llena de sastifaccion, los pinguinos siguieron su ejemplo.


Los días pasaron y faltaba muy poco para el fin de semana, el cual por cierto seria el dia en que se irian a Inglaterra con todos los gastos pagos para el cumpleaños de cierto malcriado inglés que no les caía bien, pero que tenia buenas conexiones, entre ellas el excéntrico y talentoso director Woody Allen, siendo él la principal razon por la que irían, se podría decir que los del Raimon estaban emocionados.

Kazemaru sonrió con sastifaccion al abrir el diario en la sección de clasificados, mas específicamente en el rubro 59. "¿Qué es ese rubro?" se preguntaran, pues es bastante sencillo: es precisamente donde las chicas de citas (por no llamarlas putas) y travestis colocan sus datos, logrando así una auto publicidad y un contacto previo con clientes. Y el pelilargo ensanchó aún más su linda sonrisa cuando vió las fotos de ciertas chicas a las cuales conocía muy bien, junto con sus teléfonos y direcciones y mensajes muy sugerentes invitando y animando a cualquiera que lea los avisos a que les den (en el sentido mas sucio de la palabra) por donde más quieran.

-…-Esperó mientras la persona a la cual llamaba atendiera su celular- ¡Kageyama san! Agradezco su ayuda, y déjeme decirle que hoy mismo robaré la ropa interior usada de Kidou para entregársela como pago.- Escuchó la respuesta del otro lado de la línea y se apresuro a decir- Sí, ya sé que me dijo que con unas fotos de él desnudo se conformaría, pero es lo mínimo que puedo hacer por usted.

Colgó el teléfono muy animado, cuando su padre hizo acto de presencia en su habitación, vistiendo un delantal.

-¡Ichirouta! Ya está listo el desayuno- Dijo animado su padre, aparentemente orgulloso de haber echo el desayuno sin haber quemado la casa en el dificultoso proceso.

-Ya voy- dijo un ya no tan animado Kazemaru, que no olvidaba lo mal que cocinaba su padre.


La velocidad al correr, no era una de sus virtudes, por eso mismo Tobitaka Seiya se maldecía en ese momento, en el cual corría como si huyera de un ataque zombie, persiguiendo a su pareja, que le llevaba una buena distancia pese a ser tan pequeño. Todavía se preguntaba cómo y por qué habían llegado a ese tipo de situación, porque de un día para el otro, el pequeño Toramaru, le suelta cuestiones que le tomaron tan de sorpresa que le costó bastante salir de la estupefacción del momento y que desde ese día, en cada oportunidad en la cual quería preguntarle qué le había pasado para que reaccionara así, este salía corriendo disparado hacia ninguna parte en particular. Iniciando extrañas persecuciones en la que nunca lograba alcanzarlo. ¿Qué hemos aprendido hoy? Tener fuerza descomunal en las piernas no significa tener velocidad en ellas, lamentablemente, el de cabello morado no pudo aprender esto en un peor momento, ya que nuevamente se estaba quedando atrás. Harto de esta situación decidió que iba a tomar medidas un tanto desesperadas.


Los jugadores del Raimon salieron poco antes del atardecer del vestuario y cierto ridículo chico con goggles caminaba algo incómodo, pues alguien había extraído su ropa interior en el momento en el que se había duchado ante la divertida mirada de cierto moreno.

-¿A que no mola andar así por la vida?- dijo finalmente el más desfachatado de los dos.

-Tú estarás cómodo, ya que tienes esa manía de no llevar ropa interior en ocasiones, pero para mi es extraño- Dijo algo avergonzado, sin despegar la mirada del suelo en el que caminaban- ¿Hey, te puedo preguntar algo?

-No te preocupes, siempre tengo lubricante encima.- Respondió Fudou, como si esa fuese una respuesta válida.

-…No es eso… Pero con lo bruto que eres es bueno saberlo.- Dijo como quien no quiere la cosa- ¿Recuerdas que hace unos días se hablo en la practica de que iba a ser de cada uno cuando nos graduemos?

-Pues sí- respondió extrañado por la pregunta.

-Ya sabes que yo voy a estudiar duro para heredar la empresa de mi padre adoptivo, pero nunca me has contado de lo que tienes planeado

-¿Nunca te lo dije?- Preguntó como si le extrañara, al ver la negativa del otro respondió tranquilamente- Pues obviamente la profesión mas fácil y lucrativa de todas, una en la que se necesita saber manejar a las personas y manipularlas para que crean lo que tu dices… voy a ser psicólogo.

-Se supone que se creo esa profesión para ayudar a la gente- objeto el de rastas

-¿Qué? ¿Entonces quieres que sea presidente o prestamista o algo así?

-…- Ante la posibilidad de un apocalíptico mundo controlado por un ser como su compañero de equipo, negó completamente- ¡La psicología es perfecta! Sigue ese camino

-Bien, entonces esta decidido. Seré psicólogo.- Dijo asintiendo, orgulloso.

-¿A que vino eso? ¿Acaso necesitabas mi aprobación para eso? A veces no se que harías sin mi- Sonrió son ironía el de goggles.

-Pues me haría muchas pajas, porque polvos como los tuyos no se encuentran a la vuelta de la esquina

-Entonces que harías si muriera no se… mañana tal vez?- bromeó.

-…-El de ojos verdes paró completamente su andar, cosa que extraño al otro y adoptó una extraña expresión que el otro no supo descifrar- ¿No es obvio? Si tu murieras mañana, te seguiría a donde sea que fueses para patearte el culo.

El viento comenzó a soplar de repente y pasaron un rato observándose, no había tensión, ni vació en aquel repentino silencio y Kidou por un momento se asusto, aquella oración que fácilmente podría pasar como broma tenía mucho de verdad en ella. A veces no sabia qué pasaba por la cabeza de su compañero y en ocasiones como esa agradecía no saber. Años después se sabría qué tan poco de broma tenia esa frase.


Una no muy linda chica fue citada por cierto asexuado chico de pelos largos y azules, ella lo odiaba y sabia que era mutuo, pero esa podría ser una buena oportunidad para vengarse de él; ella había sido fan de Shuuya Goenji por años y ese afeminado no tenía siquiera el derecho de respirar su mismo aire, para colmo el chico con el que salía estuvo distante con ella y, por alguna razón, y de manera injustificable sabia que él tenia algo que ver.

-Himeno san- dijo el pelilargo de manera solemne- Te he citado porque últimamente he notado cierto comportamiento hostil de tí hacia mi persona- La chica bufó con sarcasmo ¡Qué alguien le diera un premio al homo! Hace meses que venia saboteándolo, tratando de todo para que se fuera de la escuela y huyera como el perro que era, pero al parecer era tan estúpido que no se daba cuenta.- Y déjame decirte que no te guardo ningún rencor- La voz del chico se iba haciendo menos tensa cosa que la extrañó- Sino todo lo contrario.

¿A que te refieres?- Dijo ella desafiante.

-Pues … me refiero que te tengo lastima.- Dijo sin exaltarse.

-¿Disculpa? Tú… me tienes lastima... A mí?- pregunto en un histerico y confundido tono

-Sí… debe ser feo ser una pobre mojigata que no tiene mas que hacer en la vida que tratar de jodérsela a otro, estando tan ensimismada en joderme la existencia, que descuidaste a tu novio- Iba a decir algo pero vio como el pelilargo saco una de esas pequeñas filmadoras- ¿Sabes? Si tan solo supieras al menos coger como la gente tu novio no tendría que venir conmigo a curar su dolor de huevos.

Ella enmudeció sorprendida, aun no sabia qué era lo que más le shockeaba, si la manera de hablar del asexuado, o lo que este había dicho. Él solo encendió la cámara y subiendo el volumen, le mostró un video muy subido de tono: en él, estaba su novio embistiendo de manera tan salvaje al pelilargo, que parecía lo iba a romper, le sujetaba fuertemente del cabello mientras Kazemaru se aferraba débilmente a lo que fuese para mantenerse y no derrumbarse. De pronto dejo de respirar al ver la sádica sonrisa del asexuado, y se sintió como si este tuviera total control sobre sus acciones.

-Es una lastima, Himeno-san- Dijo con un falso tono de pena- Gracias a la reputación que tengo y que ustedes se molestaron en expandir, a mí no me afectaría en nada divulgar este video, él que si llegara a cortar en las partes correctas, parecería más una violación que otra cosa, pero ¿Qué pasaría contigo y con tu novio si llegara a hacer eso? Podrías vivir con la culpa y la humillación?

Los gemidos del peliazul, inundaron el aire, envolviéndola. Se sentía tan tonta por meterse con alguien así, alguien que en un par de minutos hizo que las cosas que le hicieron con sus amigas se vieran como algo estúpido, alguien que lucia tan frágil y delicado, alguien que parecía fácil de aplastar. ¿Cómo pudo pensar que se saldría con la suya? Ella temblaba, y al fijar su aturdida vista en la de Kazemaru noto que sus ojos no tenían vida como si estuviese poseído. Lo que ella no sabía, era que él no estaba poseído ni nada parecido, solo estaba inmerso en un orgásmico sentimiento llamado venganza.


-¿Se puede saber qué te pasa?- Dijo de repente Tobitaka Seita tomando de manera forzosa el brazo del menor. Podría considerarse ilegal el irrumpir en casas ajenas, pero no era su culpa que la madre del menor le tuviera tanta confianza que lo haya dejado entrar al cuarto de su pareja mientras ella se ocupaba de la tienda. El menor se tensó de sobremanera y quiso huir, pero este no lo dejo.

-¡Es tu culpa en primer lugar!- Soltó de repente- Yo solo quiero que estemos juntos antes de que te gradúes y nos separemos pero parece que no quieres ni siquiera eso!

-¿Y quien dijo que nos separaríamos cuando me gradué? Además no es que no quiera tocarte por ese motivo, sino porque no eres más que un niño, yo tengo dieciocho años y tu catorce.- Dijo el mayor, imponiendo sus causas ante el berrinche del de cabello azul.

Toramaru se quedó en silencio, no sabía si sentirse aliviado o estúpido, o ambos, pero solo se limitó a hacer lo primero que le vino a la mente. Empujó fuera de la habitación al mayor y cerró la puerta, avergonzado. Tobitaka mientras tanto, se preguntaba quién lo mandaba a enamorarse de un niñato así, por lo que decidió optar por lo más simple, abrir la puerta a base de empujones. Cuando entró nuevamente a la habitación, se encontró al menor echo un ovillo, cubierto por su mantita con estampado de tigres.

-…- El de pelo morado no sabía bien qué decir, en realidad con el menor nunca sabia qué decir, solo atinó a sentarse en la cama a su lado, quitarle la manta y obligarlo a que lo encarase- Mira…. Aun si solo eres un niño, yo no soy más que un idiota enamorado de un niño, así que no me hagas enojar o tendré que castigarte.

El menor, que estaba llorando por la tormenta que había echo de un simple vaso de agua lo miró, y sin pensárselo dos veces dijo:

-Yo quiero que Tobitaka-san me castigue.-No pasó mucho tiempo hasta que ambos se lanzaron sobre el otro de manera desesperada.

Si hablamos de manera sincera Toramaru no era un santo, incluso desde antes de empezar a salir con Tobitaka, había estado masturbándose pensando en el mayor usando sus dedos, lo que no entendía, era porque incluso con tanta práctica ahora se cohibía tanto, tal vez, era por la atenta mirada que estaba posada sobre él, mientras introducía y sacaba sus dedos con ímpetu de su interior. Sus pequeños y mojados dedos no eran suficiente, nunca lo eran por lo que le rogaba al mayor que lo ayudara, pero este estaba tan concentrado en mirarlo, que sentía que se iba a morir de la vergüenza.

Finalmente el reprimido de Tobitaka llego a su límite, pues por muy mayor y maduro que fuera POCO y NADA sabía del sexo entre personas del mismo género, por lo que no sabía bien como seguir, afortunadamente, la traumática y bizarra experiencia en el baño le daba algo de dirección. Tomo de las caderas al menor, y para sorpresa de este metió sus propios dedos en el, comprobando qué tan dilatado estaba su ano. Toramaru gemía descontrolado, ya que le había tocado justo ahí, el mayor seguía explorando el interior del otro como si buscara algo en el.

-T-Tobitaka san- dijo casi sin voz

-¿Qué?- Fue lo único que atino a decir pese a tener su miembro mas duro y afilado que una espada. Al menor le entraron ganas de asesinarlo.

-Nada de "qué". ¡Apurate!- Arqueó la espalda de manera involuntaria, al sentir como nuevamente era tocado en su punto más sensible.

El mayor tomó con mucha decisión sus caderas y, con toda la lentitud que fue capaz, ignorando olímpicamente su propia necesidad, tal como había echo todos estos meses frente a la constante provocación del menor, se introdujo lenta y cuidadosamente, acariciando con su miembro el interior del otro, quien se aferraba con fuerza a las sabanas. Tobitaka cerró los ojos de manera automática al adentrarse en aquel pequeño cuerpo, al sentir como este lo apretaba con fuerza, al sentir como el calor era tan insoportable que le costaba mantener su maldita cordura. Comenzó a moverse, escuchando, entre medio de la preocupación y el éxtasis, gemir al menor.

Ninguno duró demasiado debido a la inexperiencia que tenían, sin embargo y pese a eso fue perfecto para los dos.


Shirou Fubuki y Yuuki Tachimukai sonreían de manera cómplice, pues la idea de hacer cosas sucias en el baño de un avión en pleno vuelo les parecía no solo típica de una película porno de bajo presupuesto, sino también fetichista y hasta estimulante. Por supuesto lo que ninguno de ellos pensó es que las bolas de arroz que comió Fubuki, no le caerían del todo bien, llegando al punto de sufrir algo muy parecido a la diarrea. Otra cosa que no pensaron fue el hecho de que a cierto pelirosa le tenia pánico a los vuelos.

Mientras tanto en la sección de primera clase se encontraba Kageyama, con sus empleados de distintos establecimientos que tenía en su haber, que no podían ser otros que Fudou Akio, Kazemaru Ichitouta, Afuro Terumi y Genda Koujirou que disfrutaban de los lujos y comodidades del privilegiado viaje mientras sus compañeros se encontraban en la clase turista, rodeada de gente obesa que ocupa el asiento con ventanilla y niños llorones.

Dos chicos se encontraban en el mismo avión, uno rubio y otro moreno; ambos estaban nerviosos ya que el colarse en un avión, mas precisamente en la parte del equipaje, no era algo que se hacia todos los días, hubo un enorme silencio hasta que el rubio hablo:

-Hide…-Dijo con desgano el italiano

-¿Qué pasa, Ruca?

-Si nosotros SI fuimos invitados a la fiesta de Edgar…¿Por qué estamos haciendo esto?

-…-el moreno se detuvo a ver a su amigo con ojos serios y determinados.- cállate Ruca.

Esperamos que les haya gustado, este salió larguito, para compensar el tiempo sin actualizar, sin mas, queremos saludar a nuestras nuevas lectoras, en especial a Poltergeist Maka, que nos dejó como cuatro reviews, muchísimas gracias!

Sin más, esperamos que les haya gustado...

Reviews? :3