Notas del capítulo:

Detengan la fiesta! Muffy aún no ha muerto! X3

Fasa: ¬¬ que lástima

Jojojojo como siempre aquí me tienen de regreso: más locas, cursi, melosa e inspirada que nunca.

Fasa: ¬¬ pobres de todos nosotros

n_n Los extrañé muchooooooo! Pero como sé que ya han esperado demasiado ya basta de palabrería y pasemos a lo que realmente importa… el fic!

Que lo disfruten.

Minna Daisuki!

:3

Capítulo 12. "Por fin en casa"

Los pequeños dormitaban tranquilamente en los brazos de su "madre" mientras Zero se ocupaba del papeleo para sacarlos de hospital. Si todo salía como lo habían planeado, hoy mismo volverían a casa.

El tiempo para Kaname transcurría muy rápido cuando contemplaba a su par de gemelitos, era como si su mente viajase a un mundo paralelo donde sólo existían ellos dos. El castaño comenzaba a comprender el por qué las madres decían enamorarse de sus hijos a primera vista. Tanto era así que no reparó en el momento que el peliblanco entro en la estancia y ocupó un lugar a su lado.

- ¿No crees que son lindos? –susurró este al oído del mayor rozando levemente con sus labios la oreja de Kaname.

El castaño se sobresaltó un poco al escucharlo.

- Si, lástima que ninguno se parece a mí –alegó con ternura el castaño.

- No te preocupes –dijo Zero sin poder evitar sonreír- Te aseguro que cuando abran sus ojos serán idénticos a los tuyos.

Dicho esto rodeo con sumo cuidado de moverse demasiado la cintura de Kaname en un abrazo. Éste por su parte, dejándose llevar por el calor del otro, recargó su cabeza en el hombro del peliblanco.

- Extrañé mucho estar cerca de ti –confesó sonriendo dulcemente- Te amo mucho.

- Yo también te amo –le correspondió el menor depositando un beso en su frente- verás que ahora todo irá mejor -aseguró.

- Eso espero, aunque… -se detuvo por un segundo- yo no sé nada sobre cómo cuidar bebés.

- …

Una gota resbaló sobre la frente se Zero, por supuesto que él tampoco tenía idea de los cuidados de un bebé y ahora se sentía como un idiota al haber dado por hecho que el Sangre Pura sabría algo por el simple hecho de ser Kaname. Suspiró.

- Creo que ya nos las arreglaremos –dijo al fin- Iremos aprendiendo juntos…

De pronto el sonido de un flash interrumpió su conversación y ambos padres dirigieron su mirada a la entrada. Justo ahí, parada frente a la puerta, se encontraba Yüki muy emocionada tomando fotos sin parar y a su lado Seiren les miraba con la misma expresión de siempre.

- Nii-chan –decía alegremente la menor con la emoción desbordando por cada uno d sus poros- ¡Qué lindos se ven!

Ambos hombres la miraron pensando en que decir. Sin embargo Zero fue el primero en hablar.

- No podrías dejar de ser tan ruidosa –le reprendió fingiendo molestia- despertarás a los pequeños.

- Zero tiene razón –le apoyó Kaname, que en ese momento aún era rodeado por los brazos de Zero.

- Lo siento –se disculpó Yüki haciendo un leve puchero infantil- no pude evitar emocionarme al ver lo tiernos que se veían.

- Bueno, porqué no vienes y me ayudas con Elizabeth –pidió el mayor- ya va siendo hora de irnos.

Encantada con la idea, Yüki se acercó hasta ellos y tomó en brazos a la pequeña que le ofrecía el mayor. Acto seguido, los otros dos se levantaron de sus lugar y comenzaron a hacer los preparativos para partir.

Mientras los demás continuaban con su escena familiar, Seiren los observaba un tanto sorprendida por la extraña sonrisa en el rostro de Kaname, en todo el tiempo que llevaba sirviendo a los Kuran no recordaba haberlo visto sonreír tan abiertamente, en especial después de la muerte de sus padres.

- Todo listo –canturreó Yüki sonriéndole a su sobrina-

- Por cierto, ¿Dónde está Ichiru? –Cuestionó el peliblanco notando la ausencia de su gemelo.

- Es cierto –dijo de pronto Yüki- dijo que tenía un par de cosas que hacer y que nos vería después en casa.

El comentario de la castaña extraño un poco a Zero. Ichiru no solía salir muy a menudo. Convenciéndose de que aquello no tenía importancia y siguió los pasos de los otros hacia la salida.


La Mansión se veía exactamente igual a como la habían dejado hace unos días, completamente tranquilo y silencioso. Bastaron tan solo unas horas para que el ambiente cambiase de manera radical. Tan pronto como el pequeño Renji comenzó a llorar, la paz en el hogar de los Kuran se dio por terminada.

- Tranquilo amor –trataba de calmarlo Kaname hablándole suavemente pero sin dar resultado alguno.

- Revisa su pañal, tal vez esté sucio –sugirió el peliblanco.

- Pero lo acabo de cambiar –le recordó Kaname algo angustiado, odiaba ver a su bebé llorar.

- No importa los bebés son impredecibles –aseguró el otro.

Y, tal como lo había sugerido el peliblanco, el castaño reviso el pañal de Renji para encontrarse con que estaba tan limpio como después de haberlo cambiado.

- No es su pañal –dijo Kaname volviendo a pensar en otra posibilidad.

Para empeorar más las cosas, no mucho después, el llanto del menor se volvió tan ruidoso que su hermana también comenzó a llorar.

Siguiendo el mismo procedimiento que con su hermano, Zero tomó a la niña en brazos y comenzó a arrullarla pero para la pequeña era imposible el volverse a dormirse entre tanto ruido.

- Yüki, ¿Podrías llevarla a otra habitación? –pidió el castaño mayor al darse cuenta de lo último.

Ésta asintió y salió con la niña en brazos continuando la tarea que Zero había comenzado calmando a la recién nacida. Quedando así Kaname y Zero totalmente solos.

- Tal vez tenga hambre –pensó el Sangre Pura en voz alta.

Casi de inmediato el peliblanco le acercó un biberón con leche. Sin embargo el niño no lo aceptó cuando éste llegó a sus labios. No tenía hambre y el llanto continuaba. Ambos padres primerizos comenzaban a entrar en pánico.

- ¿Y si algo le duele? –habló Kaname comenzando a sonar preocupado.

- No lo creo, acabamos re regresar del hospital –recordó Zero- y los doctores dijeron que todo estaba perfecto.

Kaname dio un resoplido de decepción ¿Qué podría tener Renji?

- Tranquilo bebé –le dijo al pequeño acomodando su pequeña cabecita sobre su pecho, esperando que el palpitar de su corazón calmara un poco al menor- No llores mi vida.

En ese momento la hermana del castaño regresó a la habitación.

- ¿Aún no saben qué le pasa?

- No –le respondió Kaname- ¿Y Elizabeth?

- Bueno ella se volvió a dormir, así que la dejé en su cuarto.

- Gracias Yüki –le agradeció el castaño por encima del llanto del bebé.

- ¿Tú no deberías saber cómo calmarlo? –le mencionó Zero a la castaña.

- ¿Eh? ¿Yo?

- Sí se supone que las mujeres saben muchos de esas cosas.

- Tal vez pero yo no sé mucho de eso –dijo apenada la menor- ustedes son los padres no yo.

Kaname dio un leve suspiro, se sentía algo cansado, hace ya varios días que no bebía ni una sola gota de sangre y no le ayudaba para nada el tener que pensar en tantas cosas al mismo tiempo. El castaño detuvo sus pensamientos por un segundo.

- Sangre… -susurró teniendo ya la respuesta a todo aquel alboroto.

- ¿Qué? –dijeron al mismo tiempo los otros dos volteando su mirada hacia el mayor sin entender nada en absoluto.

Éste por su lado, no les prestó la menor atención y dirigió uno de sus dedos hasta su boca colocándolo justo debajo de uno de sus colmillos. Hizo una leve herida en él y, esperando que la sangre brotase por la diminuta herida, lo acercó a los labios de su hijo.

- ¿Qué se supone que haces? –le cuestionó Zero al ver lo que el Sangre Pura hacía.

- No es obvio –respondió este sonriendo al ver cómo el pequeño bebía el líquido rojo como si de leche se tratase.

Pronto el niño se sintió satisfecho y soltó el dedo de Kaname para volver a acomodarse en sus brazos y dormir tranquilamente. Nada se igualaba con el calor de su madre.

- Que lindo eres amor –le dijo suavemente Kaname al bebé mientras acariciaba su suave mata de cabello blanco. (N/A: El cabello de bebé es tan lindo !)

- Entonces… ¿Sólo estaba sediento? –Observó Zero- ¿No es demasiado pequeño para beber sangre?

El volvió su vista a su amante y respondió sonriente.

- Parece que no.

-Bueno… -les interrumpió Yüki- Como veo que ya todo está tranquilo y que ambos necesitan descansar un poco, me llevaré a este pequeñín para que descanse con su hermanita.

Ambos padres asintieron algo cansados y la castaña salió del cuarto una vez que Kaname le hubiese entregado al bebé.

- ¿Por qué los vampiros tienen que ser tan extraños? –espetó el mayor una vez que estuvieron solos.

- No digas nada Kiriyü –le advirtió Kaname- ahora también eres uno de los nuestros.

Zero comenzó a reír.

- Sólo estaba bromeando –admitió acercándose al castaño de tal manera que sus narices se rozaban- ahora más que nunca adoro a los vampiros.

Terminaron de acortar la distancia entre sus labios y los unieron en un beso totalmente suave, y aún así, cargado de sentimientos que hacían a sus corazones estremecerse.

- Te amo –se dijeron el uno al otro como tantas otras veces pero hasta ahora para ambos nunca dejaba de ser especial cuando venía del otro.

Estaban a punto de unir sus labios por segunda vez esa noche cuando el sonido del llanto de uno de los gemelos les recordó que debían concentrarse en otras cosas. Kaname soltó un suspiro y fue hasta el encuentro de sus niños seguido de cerca por el peliblanco.

Tenían mucha suerte de ser vampiros, una criatura nocturna. Esa sí que sería una larga noche y en definitiva, sin descanso.

Notas finales:

Lamento muchísimo el retraso pero por suerte mi mala racha tecnológica parece haber terminado

Fasa: eso es lo que tú crees ¬u¬

Espero que mi estilo al escribir no haya cambiado demasiado (y si así fue ojalá y les guste)

Fasa: No te preocupes nadie notará el cambio porque no creo que alguien se moleste en leerlo.

TT_TT (Muffy llora como magdalena)

Fasa: ¬¬ si es que alguno de ustedes desea dejar un comentario sobre el capitulo o para insultar a Muffy…

Oye! O.ó

Fasa: ya saben dejen un review ¬¬

Nos vemos pronto!

n_n