Justo en ese momento, algo sucedió en el interior de la cabeza de Nana.

La joven tuvo la impresión de que la imagen que contemplaba se congelaba; al momento siguiente, todo se volvió color negro, y creyó que estaba muerta, porque de pronto había perdido todo sentido de la orientación: no había ni arriba ni abajo, ni antes ni después, ni siquiera recordaba quién era. El terror la invadió por completo, y quiso gritar, pero no tenía voz.

Entonces, de repente, un ojo enorme y azul se abrió en medio de la oscuridad, frente a ella.

-Inocencia…-murmuró Nana, recuperando su voz. El ver aquel gran ojo color zafiro la tranquilizó. Adelantó una mano para tocarlo, y se vio absorbida por la enorme pupila.

Se encontró flotando cabeza abajo en un lugar que no tenía color: era todo completamente blanco. El suelo se confundía con el cielo dando la impresión sofocante de que el horizonte no existía. Y súbitamente, oyó una voz a su lado.

-Te estaba esperando-Nana se volvió, y se topó de frente con una chica de más o menos su edad, una jovencita de ojos amarillo-verdosos y piel grisácea, con un aro de estigmas color negro que le ceñían la frente. La niña lameteaba una paleta con aire despreocupado, y al contrario que ella, tenía los pies sobre el suelo.

-Eres una Noé-masculló Nana, mirándola con desconfianza.

-Pues sí, lo soy-replicó Kamelot Road, sonriendo-. Y tú eres una Exorcista.

-¿Qué es lo que quieres?-espetó la pelirroja. Road sonrió más ampliamente.

-Sólo quería que vieras algunas cosas interesantes-repuso alegremente-. Por ejemplo, este lugar-señaló a su alrededor con un movimiento del brazo extendido.

-¿Dónde estamos?-quiso saber Nana, frunciendo el ceño.

-En Siberia-respondió Road, y se echó a reír al ver el rostro de Nana-. ¡Sí, exactamente! ¡Donde deberías de estar tú en vez de Kanda! ¡Aquí fue donde la Orden Oscura le perdió el rastro a tu amigo!

La escena cambió. El escenario del mundo nevado cayó como un rompecabezas que se desarma, y se encontraron en un lugar distinto: se trataba ahora de una habitación en penumbra, apenas iluminada por la luz vacilante de algunas velas con formas extrañas suspendidas en el aire. Las paredes estaban empapeladas con un diseño de cuadros negros y morados, y montañas de peluches, juguetes y dulces se amontonaban por todos lados.

-¿Qué lugar es este?-espetó la Exorcista, con todos los nervios de punta. Ahora estaba de pie sobre el suelo, lo que le resultó mucho más tranquilizante, pero aún así pegó un brinco al ver de reojo un movimiento a su lado. Se volvió dando un brinco y vio un espejo detrás de ella. Su propia imagen le devolvió desde ahí una mirada de terror, pero no fue eso lo que llamó su atención, si no el ojo azul que se abría en medio de su frente.

-Estamos ahora en mi habitación-respondió Road, apareciendo detrás de ella en el espejo, y Nana se dio la vuelta rápidamente para encararla-. ¿Bonita, verdad?

-¿Dónde está?-escupió Nana, furiosa-. ¿Dónde está Kanda?

-Aquí mismo-replicó la Noé alegremente-. ¿Porqué crees que te traje aquí?

-¡Déjalo ir!-soltó Nana-. ¡Dime donde demonios está!

Road hizo un gesto vago con el brazo y señaló hacia una esquina; y siguiendo la dirección de su mano, Nana advirtió un bulto oscuro e informe apoyado contra la pared. Se le encogió el corazón dolorosamente, y echó a correr hacia él.

-¡Kanda!-exclamó, anhelante. Se dejó caer de rodillas a su lado, y quiso abrazarlo, pero sus brazos se cerraron en el vacío, como si la pálida figura de Kanda solo fuera humo-. ¿Qué…?-jadeó, sin poder creer lo que veía.

-¿No me digas que de verdad pensabas que podrías hacer algo?-espetó Road, burlona-. Esto es un sueño, estúpida. ¿Por qué crees que no te he hecho nada, siendo como eres una asquerosa Exorcista, una humana miserable? Es porque no puedo. Te traje aquí conectándome con tu Inocencia para mostrarte donde está tu adorado compañero.

Nana se mordió el labio, intentando por todos los medios no llorar.

-¿Qué quieres de mí?-murmuró finalmente.

-Sólo quiero que vengas por él-replicó Road tranquilamente, volviendo a lamer su paleta con parsimonia-. Te lo entregaré, pero solamente si me vences.

Nana alzó los ojos y la miró con profundo odio. De haber podido, la habría destrozado ahí mismo.

-Créeme-musitó-. Eso no será un problema.

La joven Noé sonrió, satisfecha.

-En ese caso-dijo, chasqueando los dedos-, no veo porqué alargar más la entrevista.

Alrededor de ellas, la habitación comenzó a temblar: las paredes se resquebrajaban, y el suelo comenzó a desmoronarse. Justo entonces, Kanda abrió los ojos.

-Nana…-murmuró-. Nana…-alzó la mirada, y la descubrió a su lado. La joven creyó que el corazón se le saldría del pecho, y sin pensar en que no podía tocarlo, acercó a él su mano. Él también alzó la mano hacia ella, deseando tocarla…

Y el suelo, justo bajo ella, se despedazó, y se vio separada brutalmente de la mirada soñolienta de Kanda, a quien oyó gritar su nombre:

-¡Nana!-le pareció que caía infinitamente en la oscuridad, mientras su nombre seguía sonando…

-¡Nana! ¡Nana!-abrió los ojos, segura de que seguía cayendo; pero en vez de esto, se dio cuenta de que estaba tirada en el suelo, inmóvil, y que alguien, una chica, la llamaba.

-¡Miren, está despertando!

-¡Por fin, abre los ojos!

Nana lanzó un gemido y se incorporó con dificultad. Se llevó una mano a la cabeza, con la seria sensación de que le iba a estallar, y entonces vio el rostro pálido y los ojos plateados y angustiados de Noelle.

-¡Oh, Nana!-exclamó-. ¿Estás bien? Me asustaste mucho, de verdad. Creí que te había dado algo extraño, y…

-Estoy bien-masculló Nana entre dientes-. Dame treinta años y estaré como una maldita rosa.

-¿Qué sucedió, Nana?-intervino Lenalee-. ¿Te desmayaste por falta de comida?

-No… bueno, tal vez-replicó Nana. Se sentía como un trozo de madera agitado por las olas en medio de una tormenta. Lo único que deseaba era estar sola un momento-. Creo que…-se levantó tambaleándose un poco, pero rechazó con la mayor delicadeza posible a sus amigas cuando intentaron ayudarla-. Voy por un poco de agua.

-¿Quieres que te acompañe?-se ofreció de inmediato Noelle. Nana sonrió y negó con la cabeza.

-Quiero estar sola un momento-replicó con voz queda, y salió de la habitación.

En cuanto estuvo lo suficientemente lejos para asegurarse de que no la oirían, se echó a llorar. Había visto a Kanda. Lo había oído decir su nombre. Y casi había podido tocarlo. El sentimiento de miedo e inseguridad se disolvía lentamente, reemplazado por una sensación de alivio y esperanza tan intensa que casi dolía. Tuvo la impresión de beber un licor terriblemente fuerte, que le quemaba la garganta y el pecho pero a la vez le calentaba el corazón. Estás vivo, pensó, abrazándose a sí misma. Estás vivo y yo iré por ti….

-¿Nana…?-la chica pegó tal brinco que por poco se cae por las escaleras, pero una mano atenta la sujetó por el brazo para ayudarla a recuperar el equilibrio. No se había dado cuenta de que había llegado hasta ahí en el remolino de las emociones suscitadas por el sueño. Se volvió y vio a Noelle detrás de ella, con aire a la vez culpable, preocupado y desafiante-. Perdón-dijo Noelle-. Pero no podía quedarme en la habitación sabiendo que estabas tan mal.

Nana no pudo evitar sonreír, enternecida.

-No tienes que preocuparte por mí-replicó-. Soy mucho más fuerte de lo que aparento.

-Lo sé-dijo Noelle a su vez, y añadió:-. Pero para eso estamos los amigos, ¿no?

Durante un segundo, Nana la miró con sorpresa; luego volvió a sonreír, de manera tan alegre que por un segundo se vio tan hermosa que Noelle no pudo evitar sonrojarse, y se lanzó sobre ella para abrazarla.

Sí, para eso estamos los amigos, pensó Nana, sintiéndose auténticamente feliz. Para ayudarse entre ellos… Kanda, tú me ayudaste en su momento. Y ahora me toca a mí ir por ti a ayudarte.

A Nana le resultaba más difícil que nunca mantener su identidad falsa, pero a pesar de todo pronto se las apañó para desviar la atención de sí misma, un truco que le había sido infaltable para sobrevivir en la calle. De este modo pudo intercambiar más seguido confidencias con Allen y Lavi sin levantar sospechas, aunque no podían verse más de dos o tres veces a la semana debido a los estrictos reglamentos de los dormitorios. Impaciente, Nana esperaba aún noticias del akuma, sintiéndose más alejada que nunca de Kanda, como si tuviera un hilo atado al corazón y su lejanía lo jalara causándole un terrible dolor. Se moría de ganas de partir en su búsqueda, pero no le había dicho nada a ninguno de sus compañeros: sabía que no le creerían, o al menos lo pensaba, y que probablemente harían lo que fuera para detenerla.

-¿Y bien?-soltó la francesa, a la tercera semana, una oscura noche en la que finalmente los cuatro Exorcistas pudieron verse amparados por las sombras de la noche en el invernadero-. ¿No lo has visto?-Allen negó sombríamente con la cabeza.

-En este lugar hay demasiadas cosas extrañas-replicó, rascándose la cabeza con aire irritado-. Mi ojo se activa a cada rato con cada chica que pasa frente a mí…

-¿O sea que son varios?-inquirió Lenalee, y Allen negó con la cabeza.

-Ninguna lo es-respondió-. O al menos parecen no serlo. Con la cantidad de médiums que hay aquí veo almas por todas partes, y no logro distinguir la del akuma.

-Mierda-masculló Nana. Encendió un cigarro y empezó a fumar con furia-. Si al menos atacara podríamos identificarlo y deshacernos de él…

-Pero no podemos poner en riesgo a nadie-protestó de inmediato Lenalee, y Nana resopló.

-Ese akuma sabe que estamos aquí-comentó Lavi-. Por eso se está conteniendo. Pero no pasará mucho antes de que no resista más las ganas de matar…

-Sí, ¿pero cuándo?-exclamó Nana, verdaderamente impaciente. Se terminó el cigarro y encendió otro, pero estaba tan nerviosa que en cuanto lo tuvo entre los labios empezó a andar arriba y abajo como una pantera encerrada por el jardín-. ¡Me siento verdaderamente inútil en estos momentos! ¡Ese akuma no saldrá hasta que nosotros revelemos nuestra presencia, así que hagámoslo de una vez!

-¿Te das cuenta de que no podemos hacer eso?-espetó Evan-. ¡Una pelea aquí pondría en riesgo la vida de muchas personas, Nana!

-¡Es una guerra!-espetó Nana de vuelta-. Hay que hacer sacrificios, ¿no…?-se detuvo de repente al ver las miradas sorprendidas y dolidas de sus compañeros, y entonces tuvo consciencia de lo que acababa de decir. Tenía ganas de escupir, como si esas palabras le hubiesen dejado un sabor desagradable en la boca. Pero en vez de eso, avergonzada, se dio la vuelta para darles la espalda-. Perdón. No quería decir eso-musitó, arrepentida.

Hubo un silencio que le pareció larguísimo, durante el cual sintió que su ira se retiraba como una ola enorme que hubiera intentado arrasar con todo lo que tenía dentro. Sin embargo, no había podido llevarse el remordimiento y la tensión, que permanecían como dos enormes rocas negras dentro de ella.

De pronto, sintió que Evan se acercaba a ella y le ponía la mano en el hombro.

-Lo sé-murmuró-. De verdad aprecias a Noelle, ¿verdad?

Nana apretó los labios, con la impresión de ir a llorar de un momento a otro. Luego asintió con la cabeza, y Evan sonrió.

-Nana…-dijo a continuación-. Nosotros… quiero decir, Allen, Lenalee, Lavi y yo… hemos estado pensando... y…-la pelirroja se volvió para mirarla con las cejas alzadas-. Bueno, bueno, iré al grano. Sabemos lo que has estado pensando tú-Nana se sobresaltó un poco al oír esto, pero no dijo nada-. Sabemos bien lo que te sucede. Quieres ir a buscar a Kanda.

-Yo…-jadeó Nana, pero no pudo decir nada más. La voz se le atascaba en la garganta con los esfuerzos que hacía para no llorar.

-Y nosotros-siguió diciendo Evan como si no la hubiera oído-, hemos decidido que… bueno, que te acompañaremos. Iremos todos juntos por Kanda, Nana-añadió, sonriendo-. Te ayudaremos.

La muchacha se quedó tan sorprendida que Evan solo pudo soltar una carcajada.

-¡Parece que hubieras visto un fantasma!-exclamó, muerta de risa.

Nana se echó a reír, aunque también lloraba, sin saber muy bien porqué.

-¿Se puede saber qué demonios hacían todas ustedes fuera a esas horas de la noche?

Las cuatro jóvenes bajaron la cabeza: Nana, Lenalee, Evan… y Noelle.

-¡Es un comportamiento inaceptable!-exclamó, indignada, la hermana Marine-. ¡Deseo una explicación inmediatamente!-pero ninguna de las cuatro abrió la boca: permanecieron perfectamente calladas-. Y por si fuera poco-dijo entonces la furiosa mujer-, tenían nada más y nada menos que un gato en su habitación. ¡un gato!-repitió, estremeciéndose como si estuviera mencionando a un ser repugnante-. ¡Saben perfectamente que está terminantemente prohibido tener animales en estos dormitorios! Señorita Ebner-añadió, y se volvió hacia Noelle-, el año pasado le había advertido varias veces que no toleraría este comportamiento tan rebelde e impropio.

-Sí, señora-respondió la rubia, dócil. Nana la miró de reojo, mordiéndose el labio. Tal vez si ellas no hubieran salido, no las habrían atrapado… aunque por otro lado, Noelle había ido en busca de Franz y que se encontraran había sido una maldita casualidad…

-Está de acuerdo conmigo en que debo aplicar las medidas correctivas pertinentes-soltó la monja, sacando una larga y flexible vara de un cajón de su escritorio, y al verla, las otras tres se estremecieron de horror; pero Noelle, sin vacilar, extendió los brazos hacia la mujer, ofreciéndole los nudillos desprotegidos. La muchacha cerró los ojos, apretando los dientes…

-¡Un momento!-exclamó entonces Nana, y todas pegaron un respingo-. ¡Noelle no hizo nada! El gato es mío. Yo lo encontré y quise cuidarlo, hermana-Noelle la miró con los ojos como platos, al igual que Evan y Lenalee.

-¡Nana…!-profirió, estupefacta, pero la francesa la ignoró.

-Por favor, hermana-siguió diciendo-. Es verdad. Todo fue culpa mía.

La monja la miró como evaluándola, como si adivinara lo que le pasaba por la mente; pero si notó algo no lo dijo.

-Sus manos, señorita Leblanc-indicó simplemente, y Nana obedeció de inmediato, colocando sus manos del mismo modo que lo había hecho Noelle.

-¡Nana, no!-exclamó Noelle, pero justo entonces oyeron la vara silbar al cortar el aire, para luego golpear con un seco ruido el dorso de las manos de la pelirroja. Ésta hizo un pequeño gesto de dolor, pero no se movió ni un centímetro mientras le aplicaban el severo correctivo.

Noelle contó diecisiete azotes seguidos propinados con una fuerza terrible; pero Nana no soltó ni una lágrima ni una sola mueca. Cuando salieron por fin de la oficina de la hermana Marine, las manos de Nana casi sangraban.

-Esa mujer es un demonio-masculló Nana, mientras se dirigían a la enfermería-. ¡Tiene tanta fuerza que creí que me iba a romper las manos!

-Perdóname de verdad-dijo Noelle, a punto de llorar-. Es todo mi culpa. No entiendo porqué pediste recibir el castigo, Nana-la francesa sonrió.

-Si tuvieras las manos lastimadas, no podrías tocar el piano, ¿verdad?-replicó.

Noelle la miró con extrañeza y tristeza, pero no alcanzó a decir nada.

-Nosotras tenemos que regresar a clase-dijo Lenalee, pero ninguna de las dos amigas le puso atención-. Vamos, Evan.

Oyeron los pasos de las dos muchachas alejándose por el pasillo hasta desaparecer, y entonces Nana suspiró.

-Bueno, bueno-soltó-. La verdad es que…-sonrió con un poco de tristeza-. Alguien recibió una vez los golpes por mí, y quería ver como se sentía devolver el favor-se quedaron en silencio un momento. Afuera, la tarde caía y todo se volvía de color dorado. Por las ventanas entraba tanta luz color miel que la figura de ambas chicas parecía esculpida en oro puro.

-Fue Kanda, ¿verdad?-Nana alzó la cabeza, algo sorprendida al oír el nombre de labios de su amiga, aunque luego volvió a bajar la mirada con amargura-. Kanda… Nana, lo querías, ¿verdad? Lo quieres aún…

Silencio de nuevo. Nana no se atrevía a abrir la boca.

-Cuando te desmayaste-dijo Noelle a continuación, con voz queda-, tuviste una visión, ¿no? Fue sobre él… sobre Kanda-una extraña nota fría y metálica se había deslizado entre las suaves vibraciones de su voz grave de adulta, y Nana solo pudo apretar los dientes. De pronto sentía unas terribles ganas de llorar-. Es hora de que me cuentes la verdad, Nana.

Nana se sobresaltó un poco y miró a Noelle a los ojos. Durante unos se miraron la una a la otra: dagas de plata contra espadas de oro entrechocando imperceptiblemente en el aire.

-De acuerdo-soltó finalmente Nana, suspirando y soltándose el nudo de la corbata-. Pero vamos afuera, necesito con urgencia un cigarro-Noelle pareció escandalizada.

-¿Fumas?-profirió, como si pronunciara una palabra tabú, y Nana alzó una ceja con ese gesto de indiferencia que era tan propio de ella y su padre, que a Noelle le pareció tan sorprendentemente hermoso viniendo de ella que se sonrojó.

-Por supuesto-gruñó Nana, empezando a andar hacia la escalera que llevaba a la azotea, territorio habitualmente prohibido, pero que ella frecuentaba asiduamente-. ¿Cuántos años crees que tengo?

-Eh… trece, ¿no?-soltó Noelle, siguiéndola con aspecto inseguro. Nana soltó una carcajada.

-Tengo dieciocho, querida-masculló, con una sonrisa de amargura. Subieron las escaleras que llevaban a la azotea, mientras Noelle intentaba asimilar la sorpresa-. ¿Qué, no vas a decir nada?

-En realidad tiene sentido-comentó finalmente la rubia-. Nunca había visto unas… unas…-se sonrojó y señaló con visible pudor el abultado pecho de Nana-. Bueno, las tienes enormes.

Nana se echó a reír de nuevo.

-¡Por supuesto que las has visto!-soltó, con sarcasmo-. ¿Nunca has visto una vaca?-Noelle rió también, y Nana sonrió con alivio-. ¿Sabes? Siempre supe que en algún momento acabaría diciéndote la verdad, pero siempre me torturaba pensando que me daba horror que, cuando te lo contara todo, me odiaras por ocultártelo-Noelle pareció sorprendida.

-¿Porqué haría eso?-exclamó. Nana se tomó su tiempo para responder: se desabrochó un poco la camisa, sacó sus cigarrillos del escote y se puso uno en la boca; luego lo encendió, aspiró una larga calada y soltó el humo lentamente con evidente placer, dejándolo elevarse hasta el cielo que perdía el tono dorado, para convertirse en un oscuro violeta.

-Temía que no creyeras que en verdad soy tu amiga-masculló Nana-. No tienes idea de cuánto me torturaba eso. Imaginaba que creías que era todo parte de mi disfraz… Y ya que finalmente pude contártelo todo sin miedo, consideré que primero debería de aclarar esa cuestión…

-Nunca dudé de que serías mi amiga-dijo de inmediato Noelle, con ardor-. Y… yo siempre seré tu amiga, Nana-al oír esto, Nana sonrió una vez más con tristeza.

-Espero que sea así después de que te cuente todo-murmuró, y sin más, empezó a hablar. Le habló primero de la Orden, los akuma, el Conde y los Exorcistas. Le contó todo desde el principio, desde el momento en que había nacido de una prostituta francesa y un Exorcista inglés, hasta el instante en que había encontrado a Kanda. Y luego, como si hubiera abierto una válvula para soltar todo lo que tenía en el pecho, comenzó a hablarle de Kanda: el que siempre se peleaba con ella, el que la molestaba y le ponía apodos estúpidos, el amargado; el que no se separaba de ella, el que la cuidaba, aquel con el cuál soñaba desde hacía más de tres meses sin interrupción.

Noelle la escuchó en silencio, sin advertir como el día se transmutaba en noche ni como el viento helado se escurría alrededor de ellas. Estaba en estado de shock por lo que acababa de oír, y sinceramente no habría sido capaz de soportarlo de no ser porque era justamente Nana la que se lo decía. Se concentró hasta tal punto en su amiga pelirroja, en los puntos luminosos que eran sus ojos y la punta encendida de su cigarro, que no recordó donde estaban hasta que su amiga terminó de hablar.

Cuando Nana terminó su discurso y apagó su cigarro aplastándolo contra el suelo, Noelle se quedó contemplándola un momento.

-Estás llorando-dijo finalmente, en un murmullo, y Nana se sobresaltó-. No intentes ocultarlo, veo mejor en la oscuridad que otras personas.

Nana se relajó de nuevo y se pasó una mano por la cara.

-Perdón-murmuró-. No puedo evitarlo-parecía enfadada consigo misma por esta debilidad-. En todo caso, ¿qué piensas?-se volvió hacia Noelle y atrapó sus ojos color plata en el hechizo de sus pupilas de oro.

-¿Vas a ir en busca de él?-dijo Noelle, y su respuesta, o más bien su pregunta, tomó por sorpresa a la francesa.

-¿Eh?-soltó Nana, y Noelle se levantó de un salto.

-¿Vas a ir a buscar a Kanda?-inquirió, con los ojos brillantes-. ¡Iré contigo, Nana!-añadió de inmediato, sin esperar una respuesta-. Iré contigo, y salvaremos a Kanda, y…-Nana se levantó de un salto.

-¡No!-exclamó de inmediato-. ¡No vendrás, Noelle!-su amiga se quedó helada, y Nana pensó que había sido demasiado brusca-. Noelle, es demasiado peligroso…

-¡No me importa!-replicó Noelle de inmediato, con vehemencia-. ¡Haré lo que sea por ti, porque soy tu amiga!

-¡Y yo soy tu amiga y por eso no puedo permitirte que vengas conmigo!-repuso rápidamente Nana-. ¡Tú debes quedarte aquí, donde estás segura y…!

-¿Porqué debo?-saltó la rubia, irritada-. No me importa correr peligro-añadió, y la voz se le quebró-. Lo único que quiero es… no tener que… quedarme sola una vez más...

Se quedaron en silencio, y finalmente Noelle le dio la espalda a Nana.

-Ya veo-soltó con sequedad-. Así que lo prefieres a él, ¿verdad?

-Noelle…-intentó decir Nana, pero Noelle la cortó en seco:

-Tal vez al fin sí atraigo la mala suerte-espetó-. Entiendo que no quieras acercarte a mí-y antes de que Nana pudiera decir nada más, bajó corriendo las escaleras, dejando a Nana estupefacta, con la expresión de quien acaba de perder una mano y no sabe muy bien como.