Todo le pertenece a JK Rowling, y luego a White Squirrel, etc., etc.

Notas del autor: Y ahora concluimos las aventuras de Hermione y Harry antes de Hogwarts. No esperaba que ya fueran 60 000 palabras, pero estoy motivado por todos los comentarios positivos. En el siguiente capítulo, Harry regresará al mundo mágico.

La cita al principio es de la serie Survival de la era clásica de Doctor Who, del episodio final transmitido el 6 de diciembre de 1989. El episodio en cuestión, Search Out Science, existe y es tan absurdo como lo describe Hermione. Sí, soy un mega nerd que ha visto los 800 episodios de Doctor Who. ¿Y qué?

Notas de la traductora: Yo sólo he visto Doctor Who (o Doctor Misterio, de acuerdo a Wikipedia) en inglés y sin subtítulos. Me basé en Wikipedia para corroborar algunos términos, y encontré la cita a la que White Squirrel hace referencia por lo que utilicé esa versión.


Capítulo 12

Diciembre, 1989

"Hay mundos ahí fuera donde el cielo arde, y el mar está dormido, y los ríos sueñan. Con gente hecha de humo, y ciudades hechas de música. En alguna parte hay peligro, en alguna parte hay injusticia, y en otra parte el té se enfría. ¡Vamos, Ace, tenemos trabajo que hacer!"

–Ace hubiera sido mejor con poderes de gato –dijo Harry.

–Por supuesto que dirías eso –respondió Hermione–. Creo que es mejor que resistió el uso de violencia y dejó que el Doctor lo resolviera.

–Niñas –murmuró.

De todas maneras –dijo colocando sus manos en su cadera– ¿qué el show no es sobre usar la cabeza?

–Ya lo creo –dijo Emma defendiéndola.

Harry murmuró algo y se dio la vuelta de manera felina para ignorarlas.

–No vayas a comenzar a hablar sobre lo emocionante que es cazar –dijo Hermione un poco nerviosa.

–Quizás… –dijo Harry mirándola de vuelta. Se enfocó e intentó transformar sólo sus ojos y dientes, como el Amo, pero por la reacción de Hermione, no creyó que estuviera funcionando.

Su hermana sacudió la cabeza.

–Me alegro que eres muy pequeño para cazar algo más grande que una ardilla.

Harry sonrió con maldad y le bufó.

–¿Qué tan rápido puedes correr?

–¡Ah! –Hermione corrió arriba con Harry persiguiéndola.

–¡Niños, compórtense! –Les gritó su madre yendo tras de ellos.

Las luces parpadearon por la magia que utilizaron. Aún no era muy peligroso en ataques directos, pero los efectos a su alrededor eran considerables cuando los niños se entusiasmaban. Un momento después un gatito negro con blanco bajó las escaleras corriendo mientras maullaba.

Emma dio sólo unos pasos en las escaleras, y luego se detuvo sacudiendo la cabeza.

–No, no quiero saber.


Abril, 1990

Ese sábado fue el más difícil y largo que había experimentado, mucho más difícil que sus semanas deambulando como gatito hacía ya varios años, y más difícil que sus esfuerzos más rigurosos por aprender a controlar su magia sin una varita. Se había estado preparando para ese día por un mes. Era un día de demostraciones, examinaciones, y duelos. Paul y Tiffany habían ido para apoyarlo, y sus abuelos habían viajado desde Manchester para verlo aun cuando su abuela se cubría los ojos cada vez que terminaba en el suelo. Sus primos Ted y Andi también estaban ahí, e incluso la señorita Wilkins se dio la vuelta al final del día para ver cómo le iba a su antiguo caso, aunque no estaban seguros de quién le había dicho que la examinación era ese día. John-sensei comentó que Harry era un niño muy popular, y su familia comentó en silencio que no tenía idea.

El día casi terminó en desastre cuando cayó mal después de un mal golpe por parte de uno de sus rivales y sintió el dolor en su brazo. Sabía lo suficiente para entender que un golpe como ese pudo haberle roto la muñeca, pero después de unos minutos de descanso pareció estar intacto. Se torció el tobillo y casi cayó al suelo nuevamente, pero supo cómo evitar caer y evitar poner mucho peso sobre este, y continuó la pelea.

La mayoría de las demostraciones de Harry terminaron bien, pero aun así fue bastante trabajo. Para el final del día, sus brazos le dolían por los golpes y estaba seguro de que sus piernas se iban a rendir, aunque de alguna manera siguió en pie.

Su duelo final del día llegó y fue en contra de otra candidato igual de cansado, un joven cuatro años mayor que él. El obtener el siguiente nivel no dependía de su victoria, pero sí dependía de su demostración de las técnicas.

Se colocaron el uno en frente del otro e hicieron sus reverencias, y el duelo comenzó con golpes y patadas. Andi y Ted encontraron admirables las demostraciones anteriores de los niños, pero el ver a Harry enfrentarse al nivel de un niño el doble de su tamaño, moviéndose como un auror a pesar de las muchos duelos anteriores, les hizo recordar la leyenda del Niño Que Vivió. La diferencia es que esa demostración era el resultado de su trabajo duro. Si no podía escapar la leyenda, por lo menos podría hacerla suya.

Una hora después, los candidatos se colocaron en fila para la ceremonia de ascenso. La mayoría había pasado, pero no todos. John-sensei se puso de pie y habló a la audiencia.

–Hoy reconocemos los esfuerzos de seis estudiantes que han completado los requerimientos mentales, físicos, y técnicos para ser ascendidos al rango de primer dan, normalmente conocido como el primer nivel del cinturón negro. Este rango es un símbolo de sus habilidades y logros, y un llamado al continuo estudio y mejoramiento personal. Por favor, den un paso adelante cuando diga sus nombres para recibir el cinturón y el certificado… Sarah Armstrong… Charles Connor… Kathy McCoy… Adam Nicholson… Harry Potter…

La familia y amigos de Harry celebraron cuando dio un paso adelante y su padre tomó una fotografía cuando se quitó su cinturón café y John-sensei le colocó el cinturón negro alrededor de su cintura.

–Y quisiera agregar que Harry es el estudiante más joven que ha recibido el primer dan en tres años. Felicitaciones, Harry. –Harry hizo una reverencia y después abrazó a su sensei en agradecimiento. Regresó a la adulación de su familia mientras tarareaba y "Tyler Spencer" recibía su certificado.

–Felicidades, Harry –dijo Hermione abrazándolo–. Sólo espero que pueda obtener el mío antes de que nos vayamos al… internado –dijo dando una mirada rápida a su alrededor.

–Claro que lo obtendrás, Hermione –le dijo Harry–. Aún tienes un año.

–Pero ni siquiera he llegado a primer kyu –dijo ella.

–Y el examen es la próxima semana, y estoy seguro que pasarás. Nadie más se ha memorizado los movimientos tan bien como tú.

Ella sonrió. Había estado entrenando para su examen tanto como Harry entrenó para el suyo.

–Gracias, Harry.

–Creo que esto merece una celebración –dijo Dan–. ¿Qué les parece si vamos a comer algo a la barbacoa?

–¿En serio? ¡Sí! –Gritó Harry dando un salto en triunfo. Debido a su preferencia por la carne roja siempre había disfrutado el único restaurante cercano que preparaba carne a la barbacoa estilo estadounidense. El resto de la familia no lo encontraba tan interesante, pero ese día valía la pena el celebrarlo con sus preferencias.


Junio, 1990

La familia Granger caminó entre los juegos mecánicos durante su viaje anual a Pleasure Beach en Blackwood, dirigiéndose a dar otra vuelta en el Wild Mouse (una atracción que Harry insistía tenía el nombre adecuado). Dan y Harry sentían más entusiasmo por las montañas rusas que Emma y Hermione, pero todos disfrutaban cada vez que iban, y Harry en especial nunca estaba satisfecho. Después de todo lo que había escuchado sobre el quidditch, estaba emocionado por aprender a volar y eso era lo más cercano que iba a llegar antes de poder colocar sus manos en una escoba de verdad.

No prestaron atención al grupo de niños y adultos que los pasaron en dirección opuesta hasta que uno de los niños gritó:

–¡Vamos, tenemos que llegar al Avalanche!

–Cálmate, Dudley –dijo la voz seria de una mujer que claramente no estaba feliz de ser chaperona.

Harry se paralizó. El conocía esas voces, y ese día era el 23.

–¡Dudley! –Dijo con voz aguda.

El niño que había estado gritando se detuvo y se dio la vuelta para verlo. Harry también se recuperó y observó al niño quien inmediatamente reconoció la cicatriz en su frente.

–¿Harry? –Dijo Dudley Dursley con sorpresa. Dudley ya no estaba gordo. Aún era más grande, pero lucía en buena forma y estaba mejor vestido de lo que hubiera sido ideal para un parque de diversiones.

–¿Qué? ¿Qué dijiste? –Una mujer grande y dominante con cabello rubio hasta los hombros y un leve bigote dio un paso adelante y bajó la mirada para ver a Harry: Marjorie Dursley. Ella también reconoció la cicatriz y el cabello alborotado, y frunció el ceño.

Harry se encorvó, observando fijamente a la mujer sin parpadear, mostrando los dientes y con las rodillas flexionadas como preparándose para huir. Tuvo que luchar contra su primer instinto de transformarse en gato y salir corriendo… y su segundo instinto de atacar a ambos con una patada.

–Harry, tranquilízate –le ordenó Hermione sosteniéndolo de un hombro. Su familia conocía esa pose, la versión humana de su pose felina que expresaba miedo e ira. La habían visto en varias ocasiones cuando comenzó a practicar karate, y las cosas nunca terminaban bien.

Desafortunadamente, su antigua tía no pudo controlarse.

–¡Harry Potter! –Dijo con desdén–. No creí tener que volver a verte. Eres el pequeño bastardo que metió a mi hermano en tantos problemas.

–Tía Marge… –dijo Dudley nervioso intentando advertirle del obvio enojo de Harry. No sabía nada de la magia como tal, pero el tío Vernon había hecho muy claro que la "rareza" de Harry era lo que lo había enviado a prisión.

Disculpe, señora –dijo Dan colocándose en frente de Harry y mirándola a los ojos–. Le pido que no le hable a mi hijo de esa manera.

Marge Dursley no estaba acostumbrada a que alguien la enfrentara.

–¿Así que ustedes son los padres adoptivos? –Dijo utilizando el mismo tono con Dan que había hecho con Harry–. Espero que mantengan al niño en línea. No puedo defender los métodos de mi hermano, pero el niño no fue más que problemas desde un principio.

Dan se enfureció.

–El único problema que ese niño tuvo alguna vez fue como su hermano lo trató, Sra. Dursley. Siempre ha sido el mejor hijo que pudiéramos haber deseado.

Marge no se iba a echar para atrás.

Si es así, entonces tienen suerte –dijo–. Su familia siempre fue problemática. Viene de la madre, por supuesto, lo veo todo el tiempo en mis perros. Estoy segura que saben todo sobre esa borracha… murió en un accidente automovilístico, y después su hermana…

–¡No hable de mi mamá de esa manera! –Gritó Harry y el aire comenzó a girar a su alrededor.

–¡Harry, detente! –Gritó Hermione saltando en frente de él.

–¡Tía Marge, ten cuidado! –Gimió Dudley–. ¡Va a utilizar su rareza!

Emma abrazó a su hijo por detrás.

–Harry, tranquilízate, todo está bien.

Hermione sintió la magia de Harry calmarse y se dio la vuelta para enfrentar a sus parientes.

–¡Dejen a Harry en paz!

La tía Marge no parecía impresionada.

–¿Y tú quién eres, niña?

–Soy la hermana de Harry, Hermione… ¡y una rara más poderosa que él!

Dudley palideció aún más y susurró algo inteligible.

Dan intervino nuevamente antes de que Marge pudiera decir algo más.

–Si no la escucha a ella, entonces tendrá que escucharme a mí. Deje. A. Mi. Familia. En. Paz.

Finalmente se rindió ante su mirada.

–Vámonos, Dudley –dijo tomando a su sobrino por la muñeca y llevándolo de vuelta al grupo–. No hay necesidad de relacionarse con este tipo de gente. Lunáticos, todos.

Continuó murmurando en voz baja, pero Dudley se dio la vuelta para hablarles aún nervioso.

–Harry… lo siento… por lo de antes… –y retomó su camino. Quizás no le agradaba su primo, pero no pudo evitar sentir simpatía ya que la tía Marge siempre disfrutó insultar a su madre tanto como a la de Harry.


Diciembre, 1990

–Esta es la última vez que tendremos la oportunidad de decirles –dijo Dan mientras se servía una taza de té. Estaba seguro que la iba a necesitar.

–Lo sé –respondió Emma.

–Quisiera que no tuviera que ser en Navidad, pero es difícil mencionarlo en otro momento.

–Dan, tenemos esta conversación cada año. Sé que tiene que ser en Navidad si es que les decimos. Es sólo que… va a ser difícil hacerlo. Sabes lo difícil que fue para nosotros.

–¿Cómo puedo olvidarlo? Pero no puedo soportar guardar secretos de mis padres. Merecen saber que sus nietos utilizan magia.

–¿No les vas a decir todo, verdad? –Dijo Emma–. ¿Lo de Voldemort, y eso?

–No, no creo que necesiten saber todos los detalles. Pero es suficientemente malo que los niños no pueden utilizar sus varitas afuera de la escuela, de acuerdo a Andi. Mis padres por lo menos deberían poder ver a donde van a ir a la escuela y porque.

–¿Y vamos a pedirles a los niños que les muestren algo de magia?

–Bueno, esa es la idea… Mira, no han destruido nada en meses, y son lo suficiente buenos para hacerlo y convencerlos.

–¿No es eso lo que dijiste el año pasado?

–Quizás, pero… pero no puedes negar que han mejorado, Emma. Creo que están listos.

Emma suspiró.

–Estoy seguro que ellos lo están, pero me preocupa la reacción de tus padres. Sabes que son más conservadores para esas cosas. Y con la historia de Harry…

–Lo sé, amor, pero creo que si lo explicamos, mis padres lo entenderán.

Emma se sentó y tomó un sorbo de té.

–Tienes razón. Es la última Navidad antes de que se vayan al colegio. Supongo que podemos prevenir a los niños y si ellos no tienen problema, entonces les diremos.

Dan la besó en la mejilla.

–Gracias, amor. La única pregunta ahora es si decirles antes o después de Navidad.

Recargó su frente en sus manos.

–En otras palabras, arriesgamos el arruinar Navidad o los tentamos para después revelarlo todo al último momento.

–O, lo dejamos de lado desde temprano o esperamos hasta que el estrés de las fiestas pase.

–No estás ayudando, Dan.

–Bueno, los niños ya son lo suficiente grandes para tomar sus propias decisiones. Vamos a preguntarles.

Se dirigieron al salón, donde los niños se encontraban terminando de ver la serie de televisión del día, la cual pareció no haberlos impresionado.

–Aún no puedo creer que no han hecho más episodios de Doctor Who –se quejó Hermione.

–Bueno, hubo ese episodio especial en Search Out Science –dijo Harry.

–El cual fue completamente ridículo. Honestamente, ¿cómo es que un robot no pudo resolver los acertijos? Y Ace no tiene sentido. Sólo espero que la serie regrese antes de que vayamos a Hogwarts.

–No se preocupen, siempre podemos grabarlo –la interrumpió Dan–. Hermione, Harry… necesitamos hablar.


Los niños decidieron, a pesar de la advertencia de su madre, el decirle a sus abuelos antes de Navidad, la noche de su llegada. Después de la cena, todos se sentaron en el salón con unas cuantas velas prendidas por las fiestas, y Dan apagó la televisión para la seria discusión.

–Mamá, papá, escuchen –dijo mirándolos a los ojos–. Hay algo que les hemos estado ocultando… Algo bastante importante.

–¿Dan, qué ocurre? –Dijo la abuela.

–Nada malo, mamá. No es lo que quise decir –respiró profundamente–. La verdad es que Hermione y Harry… pueden usar magia.

Los abuelos soltaron una risa confusa.

–¿Magia? –Preguntó la abuela–. ¿Qué quieres decir?

–Quiero decir que Hermione… –aún consideraba que el término no era el mejor– es una bruja, y Harry es un mago. Pueden usar magia.

–¿Magia? –Dijo el abuelo–. ¿Quieres decir como un espectáculo…?

Se detuvo cuando Hermione agitó su mano en dirección a una taza de té vacía y esta se elevó en el aire. Harry la siguió con el plato que había estado abajo.

–Oh… por… Dios…

Los niños flotaron la taza y el plato alrededor del cuarto. Su abuelo movió sus manos frenéticamente alrededor de los objetos intentando encontrar cables. Aún después de tanto tiempo esos eran los objetos más grandes que podían levitar, pero por lo menos lo podían hacer cuando querían y Hermione razonó que si era suficiente para recuperar sus varitas, era la habilidad más importante que podían aprender.

–Cómo… pero eso es imposible.

–No, es magia –dijo Hermione con orgullo.

Su abuelo se sentó con la boca abierta. Empujó levemente la taza y esta se movió lejos de él.

–¿Ustedes hicieron eso… sólo moviendo la mano?

–Podremos hacer más cuando tengamos nuestras varitas –dijo Hermione–. Seremos lo suficiente grandes para comprarlas en verano.

–Así que esto es… ¿magia de verdad? –Dijo su abuela–. Pueden agitar una varita y decir abraca

–¡No! –Gritaron cuatro voces al mismo tiempo. El plato y la taza cayeron al suelo, el primero golpeando la esquina de la mesa y rompiéndose a la mitad.

–Lo siento –dijo Harry avergonzado. Recogió los dos pedazos y los colocó juntos sobre la mesa. Deslizó un dedo por la fisura y las piezas se fusionaron, provocando expresiones de sorpresa en sus abuelos.

–No, lo siento –dijo Dan–. Debo de explicarles. Les… les dijimos que los padres biológicos de Harry murieron en un ataque terrorista. Pero la verdad es que fue un terrorista mágico y utilizó una maldición que suena bastante como esa palabra… Él ya no es un problema –básicamente–. Pero no es una palabra que se deba decir alrededor de gente mágica.

–¡Por Dios! Eso es terrible. Lo siento mucho, Harry –dijo su abuela.

Harry parpadeó lentamente y asintió, recordando sus modales humanos.

–Afortunadamente, por lo que sabemos, alakazam, bippity boppity boo, hocus pocus, ábrete sésamo, presto chango, y sim sala bim son pura palabrería –dijo Emma intentando relajar el ambiente. Andi se había reído al escuchar la lista.

–También hemos trabajado con unos cuantos hechizos de verdad –dijo Hermione con entusiasmo.

Sus abuelos parecían incómodos, pero asintieron para que los niños continuaran. Hermione señaló a una de las velas y esta se apagó. Harry repitió la acción con otra vela, aunque fue un poco más lento, y entre los dos apagaron todas las velas del cuarto. Después, Hermione extendió su brazo hacia la primera vela y con una mirada de concentración y un chasquido de sus dedos, la vela se prendió. No lograron prenderlas todas en su primer intento, pero pronto todas las velas estuvieron prendidas. Sus abuelos continuaron en silencio.

Hermione tomó un pedazo de papel de un cuaderno y, con un movimiento rápido de su dedo, lo cortó a la mitad. Harry repitió la acción con éxito.

–Con un poco de práctica será estupendo para cortar vegetales –dijo su madre.

–De acuerdo, es suficiente –dijo el abuelo–. Mira, Dan, no entiendo completamente lo que ocurre, pero esto… esto no es seguro. Quiero decir, involucrarse en lo oculto, conjurar espíritus…

–Papá, no es ese tipo de magia –Dan estaba secretamente aliviado de que su padre no hubiera reaccionado peor–. No están conjurando espíritus ni nada por el estilo. Nacieron así.

–Es genético, Robert –admitió Emma–. Los padres de Harry eran magos, y también mis abuelos del lado de mi madre.

–Pero esto va en contra de las leyes de la ciencia. No es natural –insistió el abuelo. Harry se puso tieso, pero permaneció en silencio.

–En base a lo que sabemos –lo contradijo Emma–. Sabes que Dan y yo hemos estudiado lo suficiente. Créeme, estábamos tan asombrados como tú. Pero la electricidad, la televisión, las computadoras… todo pudo ser llamado magia hace doscientos años. Aún no comprendemos cómo funciona el cerebro o como comenzó la vida, pero probablemente lo sepamos algún día. Todo lo que hemos visto sugiere que no hay nada realmente sobrenatural sobre lo que los magos llaman "magia". Es sólo algo que la ciencia no comprende aún.

–Tiene razón, papá –dijo su esposo–. Hemos visto la magia, y hemos leído sobre la historia del mundo mágico, y parecen más inventos, maquinaria, y programas de computadora que médiums y rituales. Honestamente, creemos que pudiera ser comprendido científicamente si tuviéramos la oportunidad.

El abuelo se recargó en su asiento y cerró sus ojos intentando procesar lo que había visto.

–Pero, ¿por qué no nos habían dicho? –Exclamó la abuela.

–Queríamos, Vera –explicó Emma–. Casi lo hicimos el año pasado, pero los magos tiene leyes muy estrictas sobre ocultar el secreto de los mu… de la gente sin magia. –Se sorprendió lo fácil que utilizaba el vocabulario después de tantos años–. Técnicamente, no podemos decirles, pero no nos meteremos en problemas porque son familiares cercanos. Ciertamente no pueden decirle a nadie más.

–Además –agregó Dan–, queríamos esperar hasta que Harry y Hermione fueran lo suficiente buenos para darles una muestra. Les ha tomado todo este tiempo para lograr esto, y créanme, apenas han comenzado.

–Esperen, ¿leyes? –Dijo el abuelo.

–Hay una sociedad entera con su propio gobierno, papá. Hay alrededor de diez mil magos y brujas en el Reino Unido.

–Es por lo que queríamos decirles –dijo Emma–. En otoño, los niños irán a un internado mágico en Escocia para aprender hechizos de verdad. Se supone que es el mejor colegio del mundo. Merecen saber a dónde van y el tipo de educación que van a recibir.

El abuelo suspiró.

–¿Una escuela? ¿Gobierno? ¿Ciencia mágica? –Se mantuvo en silencio por un largo tiempo–. Bueno, supongo que tienes razón sobre algo… Serán muy buenos para cortar vegetales.

Eso rompió la tensión. Los adultos comenzaron a reír y los niños sonrieron ampliamente y se levantaron a abrazar a su abuelo. Dan y Emma se colapsaron en lágrimas cuando se fueron a dormir esa noche felices por lo bien que Robert y Vera se habían tomado la noticia.

Los siguientes días estuvieron llenos de sorpresas y risas mientras los dos escuchaban historias del mundo mágico. Dan y Emma les dijeron la versión "oficial" de cómo habían conocido a Harry, sobre sus primos y otras personas del mundo mágico que habían conocido. Los niños compartieron las historias más divertidas que habían leído en Historia de la Magia y en Los cuentos de Beedle el Bardo que Andi les había regalado el año pasado. Y por supuesto, respondieron todas las preguntas que los Granger tuvieron sobre Hogwarts y el mundo mágico en general.

Cuando llegó la mañana de Navidad, dos lechuzas entraron por la ventana de la cocina. Ted y Andi enviaron a Hermione una copia autografiada por Bathilda Bagshot de Historia de Hogwarts, y a Harry una copia autografiada de Quidditch a través de los siglos, lo cual fue aún más impresionante considerando que nunca habían escuchado hablar de Kennilworthy Whisp. Dora les envió una caja de chocolates de Honeydukes, el cual incluso Harry tuvo que aceptar era el mejor que había probado. Una nota les dijo que el chocolate era "seguro para el consumo de los muggles", lo cual los hizo preocuparse de que hubiera algunos dulces que no lo fueran. Al final, fue acordado que esa fue la mejor Navidad que habían tenido en el hogar Granger.


Enero, 1991

–Hoy reconocemos a tres estudiantes que han completado los requerimientos mentales, físicos, y técnicos para ser promovidos al nivel de primer dan –dijo John-sensei repitiendo el discurso usual–. Este nivel es un símbolo de las habilidades y los logros y un llamado al estudio y al mejoramiento personal. Por favor, den un paso adelante cuando diga sus nombres para recibir su cinturón y su certificado… Hermione Granger…

Hermione avanzó con entusiasmo, apenas pudiendo contener un grito que no consideró digno de su madurez. Casi derrumbó a John-sensei cuando lo abrazó después de que le colocara el cinturón negro.

–Hermione es la segunda cinturón negro de su familia –dijo–. Harry Potter obtuvo el primer dan el año pasado. Desafortunadamente, Hermione y Harry nos dejarán en septiembre cuando vayan a estudiar a un internado en Escocia. Han sido unos de los alumnos más dedicados que he tenido el placer de educar, y aunque estaré triste de dejarlos ir, estoy seguro de que continuarán con su entrenamiento con el mismo entusiasmo que han puesto durante los últimos años.

–Sí, John-sensei –dijo Hermione con firmeza. Su familia sonrió sabiendo lo serio que se lo tomaría.


Julio, 1991

–Que sorpresa, profesora McGonagall.

–Buenos días, Sra. Granger, Espero que no sea un mal momento –dijo la bruja inusitadamente usando un atuendo muggle, aun si algo anticuado, pero perfectamente normal.

–Para nada. Por favor, entre –Emma la dirigió a la cocina donde el resto de la familia se encontraba comiendo.

–Oh, buenos días, profesora –dijo Dan cuando la vio.

–Buenos días, profesora –dijeron los niños en eco.

–¿Gusta una taza de té? –Preguntó Emma.

–No, gracias. Me temo que no me puedo quedar por mucho tiempo. Harry, Hermione, estoy aquí porque tengo algo especial para ustedes –dijo sacando dos sobres de entre una multitud de pergamino–. Estas son sus cartas de admisión para Hogwarts.

Ambos niños se quedaron sin aliento por la emoción y se pusieron de pie. Agitaron sus manos hacia McGonagall y las cartas flotaron hacia ellos sobre la mesa, desde donde las tomaron en el aire. Las cejas de la profesora se elevaron con sorpresa. Esos dos habían mejorado mucho para su propio bien.

–¡Niños! Eso no… no es amable –los regañó Emma.

–Lo siento –murmuraron los dos.

McGonagall retomó su voz de profesora seria.

–Sr. Potter, estoy segura que tú y tu hermana serán tan problemáticos como fueron tu padre y sus amigos. Que Merlín nos ayude. –Una risa nerviosa circuló por el cuarto mientras Harry y Hermione leían sus cartas.

–¿Esperamos su lechuza antes del 31 de julio? –Preguntó Harry con confusión.

–Oh, no tienes que preocuparte por eso. Le tuve que recordar al director que no tienen una lechuza –dijo McGonagall. Se dirigió al resto de la familia–. Hay una orientación al mundo mágico para todos los estudiantes hijos de muggles el sábado, comenzando en la estación de King's Cross en Londres, la cual espero puedan atender. Podrán realizar todas sus compras en ese momento y por supuesto, los acompañaré para alejar a Harry de sus admiradores.

Dan y Emma dieron una mirada rápida a las cartas.

–Gracias, profesora. Es muy amable de su parte. Estaremos ahí, por supuesto –dijo Dan.

–Excelente. Me disculpo por tener que irme tan rápido, pero tengo cinco paradas más y todos ellos requerirán más explicaciones.

Los Granger asintieron con comprensión agradeciendo al destino que hubieran sido introducidos al mundo mágico cuando Harry llegó por primera vez a su hogar.

–La veremos el sábado –dijo Emma.

–Así es. Que tengan un buen día –y caminó sola a la salida.

–¡No puedo creer que finalmente iremos a Hogwarts! –Exclamó Hermione.

–Yo sí –dijo Harry con burla–. Lo hemos sabido por años.

–Pero nunca hemos ido. Historia de Hogwarts dice que no puede ser localizado en un mapa, por lo que no podemos encontrar el castillo sin magia. Y aún no hemos ido a la zona mágica en Londres.

–Bueno, tendremos la oportunidad este fin de semana –dijo Emma–. Deberíamos de enviarle una carta a Andi. Estoy segura de que querrá saber esto… ¿Dan?

Su esposo aún estaba leyendo las cartas.

–¿Es una mala señal que la lista de útiles tiene sentido? –Dijo.

Emma se rio.

–Acostúmbrate, Dan. Apenas vamos comenzando.

–Sí, amor.