.
XII. 嵐 (Arashi)
Arashi: Agitación violenta en el estado de ánimo de alguien
.
Habían pasado algunos días desde la brusca reacción de Sakura. Hasta aquel día, Sasuke no había hecho nada. No la había buscado ni hablado en todo ese corto tiempo. Pero honestamente ya se estaba cansando. ¿Qué había sucedido aquel día? Estaba más que claro que Sakura no quería relacionarse con nadie más, pero hasta entonces jamás le había gritado de aquella manera. «¡Déjame en paz de una puta vez!». Sus palabras resonaban una y otra vez en su cabeza.
— Tsk... — masculló, apretando fuertemente el lápiz.
— No se olviden de leer de la página 356 hasta la 360 del libro para mañana. Harán un trabajo en parejas al respecto. — anunció Kurenai antes de retirarse del salón de clases.
Levantó la mirada, sus ojos buscaban inconscientemente a Sakura pero no la encontraron por ningún lado. Guardó sus cosas en la mochila con rapidez y salió en busca de la chica. Las instalaciones de la secundaria eran grandes; aún así, durante clases no tendría acceso a cualquier lugar.
Caminó rápidamente por el pasillo principal y bajó las escaleras hacia el segundo piso. Por el rabillo del ojo vio rosa, y no dudó ningún segundo en seguir el color. No se había equivocado: era Sakura. Empujó a unas cuantas personas para poder acercarse a ella, logrando tomarla de la mano.
— Déjame. Por favor. — ella murmuró, sin siquiera dirigirle la mirada. Esta vez su voz no sonó agresiva. Sonó casi como una súplica.
— Sakura, yo-
Ella negó con la cabeza y antes de que Sasuke pueda articular alguna palabra más, ella volvió a desaparecer de su vista.
Esto se repitió una y otra vez a lo largo de la semana.
Sasuke trataba de hablarle. Odiaba todo lo que estaba sucediendo. Su relación había avanzado muchísimo desde el día en que Sakura puso un pie de nuevo en la ciudad. Le había costado abrirse, pero valió la pena. Se dio cuenta de que él seguía enamorado de ella y Sakura también empezó a lentamente ceder.
De repente, todo se fue por la borda. Y no supo por qué.
Extrañaba besarla, tomarla en sus brazos y acariciarla. Extrañaba el aroma dulce que su pálida piel siempre emanaba y sus mejillas sonrojadas. Extrañaba sus casi imperceptibles sonrisas y enredar sus dedos en su corto cabello rosa.
— ¿Sasuke?
Escuchó la voz de su mejor amigo a lo lejos. Sacudió su cabeza ligeramente, tratando de ahuyentar aquellos pensamientos. No pudo, pues la imagen de Sakura aún permanecía en su mente, al igual que las preguntas.
— Sasuke-kun, ¿te sientes bien?
Esta vez fue la voz de Hinata la que escuchó. Levantó la mirada y se topó con dos pares de ojos que lo observaban con preocupación. Suspiró, cerrando los ojos brevemente. Le estaba empezando a doler un poco la cabeza.
— Sí. — logró responder.
— ¿Qué pasó con Sakura-chan?
— No lo sé. — respondió Sasuke con honestidad.
.
El resto de días pasó lo mismo. Él trataba de acorralarla para que ella le pueda explicar qué estaba sucediendo, pero siempre lograba liberarse. No la forzaba, pues si lo hacía podría meterse en problemas.
Aunque odiaba admitirlo, Sakura era muy bonita y con el pasar de las semanas, varios chicos de la preparatoria habían empezado a fijarse en ella. Últimamente, lo habían estado observando. Sabía que si le hacía daño, el "club de fans" de Sakura se lanzaría sobre él sin pensarlo.
— Por favor, déjame.
— Déjame en paz.
— Vete, por favor.
Siempre eran las mismas respuestas y le frustraba. No podía sacarle ninguna palabra más.
Y fue entonces, en la tarde de un viernes después de la jornada escolar, que Sasuke tomó una decisión. Iría a su departamento y hablaría con ella. No tendría a dónde huir. Aclararían las cosas por fin.
Con el nuevo plan en mente, acomodó sus cosas al verla salir del salón. Tendría que asegurarse de que ella llegue a su departamento primero. Estaba seguro de que si ella lo veía esperándola en la puerta, huiría una vez más. Ya estaba cansado de lo mismo.
La siguió con precaución. Ella era fácil de reconocer por su particular color de cabello. Trataba de mantenerse lo suficientemente alejado como para que ella no lo reconozca, pero lo suficientemente cerca como para no perderla de vista. Ella caminaba a paso lento, sumida en sus pensamientos y en la música que reproducía su teléfono mediante sus audífonos.
Cruzaron un par de avenidas grandes y recorrieron calles comerciales. Sakura se detuvo por un momento para comprar unas flores, pero retomó el camino a su casa rápidamente. Mientras caminaban distanciados por a penas unos metros, Sasuke dirigió su mirada inconscientemente hacia el cielo. Unas nubes negras se habían empezado a formar al fondo.
Él la vio cerrar detrás de sí la puerta principal del edificio. Sabía que no tardaría en llegar a su departamento. Para su sorpresa, las luces de éste ya estaban prendidas. Lo más probable era que su padre ya estaba en casa. Eso de alguna manera le facilitaba las cosas.
Esperó un par de minutos y finalmente tocó el botón que correspondía al departamento de los Haruno.
— ¿Diga?
— Haruno-san, es Sasuke Uchiha.
— ¡Ah, Sasuke-kun! Pasa, hijo.
La vibración de la puerta de metal resonó en sus oídos y la empujó. Se dirigió hacia los ascensores y esperó pacientemente a que llegue uno. Cuando entró, éste estaba vacío. Presionó el piso seis y se recostó contra uno de los espejos. El sonido de una campana anunció la llegada al piso, y el ascensor abrió sus puertas.
Caminó hasta el final del pasillo y dobló a la derecha. Tocó la puerta del departamento 608.
— Haruno-san. — saludó Sasuke cortés cuando Kizashi le abrió la puerta.
El papá de Sakura le sonrió ligeramente y lo invitó a pasar.
— ¿Se encuentra Sakura? — él se atrevió a preguntar, cuando tomaron asiento en la sala.
— Sakura-chan ha tenido un día un poco agitado y se quedó dormida.
Sasuke levantó la mirada breves segundos para encontrarse con los ojos cafés del señor Haruno. — ¿Puedo hablar con usted, Haruno-san?
— Claro, Sasuke-kun. — respondió Kizashi con una pequeña sonrisa. — ¿Qué sucede?
— Yo le hice mucho daño a su hija en el pasado. Y no tiene ni idea de lo mal que me siento por haberlo hecho. — el Uchiha confesó enfurecido, apretando sus manos fuertemente sobre su regazo y mirando la mesa de centro. — Fui un verdadero idiota. No... — se corrigió inmediatamente. — Sigo siendo un idiota porque le sigo haciendo daño. Y yo... Estoy enamorado de Sakura, Haruno-san. Y soy un completo desastre, pero la necesito. Daría cualquier cosa por estar a su lado.
.
Había sido un día largo. La noche anterior no había podido conciliar el sueño y la cabeza le dolía. Solo quería tomar algo caliente y dormir. Ya era viernes, por lo que tenía tiempo para descansar y hacer las tareas luego. El trabajo de investigación de Biología podría esperar un poco.
Sakura se sorprendió al ver a su papá en la cocina cuando finalmente llegó al departamento. Vio su corbata azul colgada sobre la pequeña mesa, junto con su maletín negro. Le pareció raro verlo tan temprano en casa.
— Oh, Sakura-chan. Ya estás aquí. — sonrió Kizashi, volteando para ver a su hija mientras apagaba el fuego de la cocina.
— Hola papá. — respondió Sakura, devolviéndole el gesto.
— ¿Qué tal te fue hoy?
La pregunta de su progenitor hizo eco en su cabeza. «¿Honestamente?... Solo quiero dormir». Sakura sacó una taza y se sirvió agua caliente de la tetera. — Bien, supongo.
El silencio inundó el lugar, mientras que Kizashi miraba preocupadamente a su hija y ella preparaba su té con tranquilidad. Solo se escuchaban las manecillas del reloj rojo y los ligeros golpes de la cucharilla que Sakura estaba usando. Éstos cesaron brevemente. Sin decir nada, ella se retiró a su habitación; pero su papá sabía que algo andaba mal.
Sakura dejó su taza favorita sobre su mesa de noche, tras tirar su mochila en su escritorio. Se sentó al borde de su cama y sacó su celular del bolsillo de su casaca. Le pareció un poco raro que Karin no le haya mandado ningún mensaje de texto durante todo el día. Dejó su celular al costado de la taza y se tumbó sobre su cama, respirando profundamente. Cerró los ojos por un par de minutos, pero el sonido del timbre perturbó su momento de paz.
«¿Quién es?», no pudo evitar pensar. Ellos no solían recibir visitas.
Le dio un sorbo largo a su té y salió a hurtadillas de su habitación. Se quedó sin aliento cuando —desde el angosto pasillo— vio a Sasuke Uchiha entrando al departamento. Inmediatamente se pegó a la pared para que él no la pueda ver.
«¿Por qué demonios está Sasuke aquí?», pensó furiosa.
— ¿Se encuentra Sakura? — la voz profunda de Sasuke inundó el departamento que hasta entonces había estado en un completo silencio.
Su papá sabía que ella no estaba particularmente de humor como para hablar. Solo rezó internamente para que le diga a Sasuke que ella estaba durmiendo o algo por el estilo. Su cabeza le seguía doliendo y estuvo a punto de regresar a su habitación cuando las últimas palabras de Sasuke la dejaron helada.
— Sigo siendo un idiota porque le sigo haciendo daño. Y yo... Estoy enamorado de Sakura, Haruno-san. Y soy un completo desastre, pero la necesito. Daría cualquier cosa por estar a su lado.
Aún confundida por las palabras que acaba escuchar, retrocedió lentamente. Su mirada se perdió en el piso de madera tratando de buscar respuestas, hasta que se chocó contra la pared del final del pasillo. Su respiración estaba empezando a agitarse.
Entró a su habitación mirando sus alrededores como si fuera la primera vez que estuviese ahí, pero se quedó a un paso de la puerta. No pasó mucho para que, después de cerrarla lentamente, ella se desplome contra ésta.
.
Kizashi miraba sorprendido a Sasuke. Su hija era una adolescente muy bonita, y constantemente se lo decían, pero no pensó que tendría chicos detrás de ella tan pronto. Sabía que Sakura se sentía sola y de alguna manera incomprendida. Sus amigos estaban en Tokio y al parecer aún le estaba costando acostumbrarse de nuevo a la vida tranquila de Konoha.
— Todos cometemos errores, Sasuke-kun. Lo importante es aprender de ellos. Y creo que tú lo has hecho. — sonrió al encontrarse con los ojos oscuros de Sasuke. Aún así, la sonrisa de Kizashi fue como un fuego artificial. Brilló en su rostro tranquilo, pero se desvaneció en pocos segundos. — Sakura-chan... — murmuró, desviando su mirada por un momento. — Sakura-chan no la ha estado teniendo tan fácil. Y sé que no es excusa para justificar el comportamiento distante con el que ha estado actuando pero... Quiero que trates de comprenderla.
Sasuke asintió con la cabeza firmemente.
— Supongo que todo empezó con el fallecimiento de su madre. — suspiró Kizashi, pensando en su difunta esposa.
— Siento mucho su pérdida. — se disculpó, bajando la mirada. — ¿Cómo se llamaba? — preguntó el Uchiha con curiosidad.
— Mebuki. — el solo decir su nombre le trajo tantos recuerdos. — Sakura-chan heredó su terquedad y sus ojos. A ella no le estaba yendo muy bien en los estudios y creo que la muerte de su madre solo empeoró las cosas. Me ofrecieron un trabajo en la capital, en la nueva sucursal de mi empresa, y no lo pensé dos veces. Ambos necesitábamos un cambio de ambiente. La repentina ausencia de mi esposa en nuestras vidas era algo del cual no nos podríamos recuperar tan fácilmente.
Sakura nunca había tenido problemas con los estudios, o al menos eso lo había demostrado siempre en la secundaria. Ella y él habían ocupado los primeros puestos por sus notas sobresalientes. Incluso cuando se distanciaron, no notó algún cambio en su actitud respecto a los estudios. «Tal vez sí hubo uno, pero lo ignoré».
— A Sakura-chan le tomó tiempo acostumbrarse. Creo que habría sido más complicado si es que no hubiese hecho buenas amistades que la ayudaron a adaptarse a su nueva escuela.
— Karin... — musitó Sasuke, al recordar a la pelirroja que prácticamente le rogó con los ojos para que Sakura se quede con él después del incidente en el festival. Tenía que admitir que su amiga era un poco rara, pero sí había sido testigo de lo importante que era Sakura para ella.
— Karin fue una de ellas. — afirmó Kizashi. — Se volvieron inseparables. Sakura se negó una y otra vez cuando le comenté que regresaríamos a Konoha. Incluso amenazó con huir de la casa, diciéndome que la familia de Karin con gusto la adoptaría. — recordó con una ligera risa. — Pero tuvimos que regresar. A la empresa no le estaba yendo muy bien. Mi prioridad era el bienestar de Sakura. Un amigo me contactó y conseguí un trabajo con una mejor paga, aquí en Konoha.
— ¿Usted qué haría en mi lugar, Haruno-san? — preguntó Sasuke.
El silencio volvió a inundar el departamento por unos minutos mientras que Kizashi meditaba su respuesta. Sasuke solo lo miró, ligeramente impaciente. La mirada del papá de Sakura vacilaba por la habitación, hasta que tomó una respiración profunda y respondió.
— La esperaría. Sé que Sakura-chan tiene algunos problemas en su mente que necesita resolver. Lo más probable es que se demore un poco, pero... Si en serio la quieres, valdrá la pena. Es más fácil decirlo que hacerlo. — admitió.
— Ella... ¿Ella me ha perdonado?
— Honestamente, no lo sé. — negó con la cabeza. — Para nuestra mala suerte, no puedo leer la mente de mi hija. — bromeó. — Solo mi esposa podía hacer eso. Con solo mirarla a los ojos sabía lo que le molestaba. — recordó con nostalgia. — El hecho de que ahora mi trabajo me exija estar más tiempo en la oficina complica las cosas un poco. Estos días he estado llegando tarde por un proyecto importante de mi área y no hemos podido hablar lo suficiente. Hoy fue la excepción, pero se sentía muy cansada y no quise interrumpirla. Sé que algo la molesta, pero no sé qué es ni cómo poder ayudarla a resolverlo. Odio verla tan angustiada y no poder hacer algo para apoyarla.
— Yo también. — dijo Sasuke, pero más para sí que para el papá de Sakura. Se puso de pie e hizo una reverencia, sorprendiendo brevemente a Kizashi. — Muchas gracias, Haruno-san.
— De nada, Sasuke-kun.
Después de cerrar la puerta del departamento, Kizashi volvió a sentarse en el sofá. «Tú sabrías qué hacer en estos momentos, Mebuki». Se quedó divagando por unos minutos, hasta que finalmente se puso de pie para dirigirse hacia la habitación de su hija. Sabía perfectamente que ella no estaba durmiendo y que lo más probable era que había escuchado parte de la conversación que había tenido con Sasuke.
— Pequeña, ¿puedo pasar? — preguntó, tras tocar la puerta de su habitación.
Al no recibir ninguna respuesta, se sentó recostándose sobre ésta.
— ¿Sabes, Sakura-chan? — empezó a decir. — Te pareces mucho a tu madre. A ella también le encantaba memorizar cosas, bailar y salir de compras. Aún así, la cualidad más notoria que comparten es su terquedad. A tu mamá le costó mucho admitir que estaba enamorada de mí.
Sasuke-kun vino hace unos momentos preguntando por ti. Se nota que él es un buen chico, Sakura-chan. Sé que te ha hecho daño, pero está profundamente arrepentido de sus errores. Y te quiere. Esta enamorado de ti, pequeña. Creo que él vale la pena.
Y sin decir más, se puso de pie y se metió a su habitación.
.
Tal vez no había dicho nada, pero sí había escuchado cada palabra que salió de los labios de su padre. Se sentía muy confundida. ¿Realmente valdría la pena abrir su corazón? El mero recuerdo de que se lo vuelvan a romper la obligaban a negarse una y otra vez. Y además, estaba también lo de Ino y el resto. ¿Estaba dispuesta a dejar el pasado atrás y comenzar de nuevo? Abrazando sus piernas, reflexionó respecto a las palabras que no sólo su padre le había dicho sino también Karin.
«La gente se cansa, Saku. Se cansa de esperar. Si tu no estás dispuesta a perdonarlos ahora, es probable que ya sea muy tarde cuando lo quieras hacer»
¿Y si ya era muy tarde? ¿Y si ya se habían olvidado de lo que le habían hecho y lo habían superado? Ella jamás podría olvidar lo que le habían hecho. Su trato tan indiferente, sus miradas burlonas llenas de odio, sus comentarios que se convirtieron como cuchillas atacando su corazón despiadadamente.
«Esta enamorado de ti, pequeña. Creo que él vale la pena»
¿Y si su padre estaba equivocado? ¿Y si lo que Sasuke creía que sentía por ella era solo una ilusión del momento, algo que con el pasar de los meses se desvanecería?
Los malos recuerdos solo la golpearon una y otra vez.
.
Por fin ya era viernes. Sakura guardó sus libros en su mochila emocionada. Sería una divertida tarde con sus amigas. Había visto unas botas muy bonitas en una revista que moría por comprar. Ino había visto una cartera que ella denominó como "necesaria para su armario" y Hinata moría por un batido de fresas con naranja. Los deseos de las tres se cumplirían finalmente en una salida al centro comercial.
— Chicas, ¿en dónde nos encontramos? — preguntó Sakura, cuando Ino y Hinata se acercaron a su sitio.
— Acerca de eso, Sakura-chan...
— Mi mamá no me dio permiso y a Hinata se le presentó una cena familiar importante. — explicó Ino.
— Oh, bueno... Para otra ocasión será.
Sakura sabía que los improvistos podrían surgir de forma repentina, pero ya se había hecho la idea de pasar la tarde con sus amigas. Les sonrió comprensivamente y caminaron juntas hasta la estación de trenes.
.
«No debí haberme quedado viendo esa tonta serie que Ino me recomendó», pensó Sakura, arrepentida al ver el reloj de la estación y reprimiéndose a sí misma por estar tan tarde.
Llegó corriendo al salón y, para su buena suerte, aún no había llegado el profesor. Vio a sus amigos charlando amenamente en una esquina. Pero cuando se acercó a ellos para saludar, de la nada sintió el ambiente muy pesado.
— B-buenos días... — murmuró.
— Ah, hola Sakura. — saludó Ino, aunque no le dirigió la mirada.
Hinata le sonrió, al igual que Naruto. Shikamaru le golpeó la cabeza ligeramente con la palma de su mano. Sasuke solo la miró, asintiendo ante su saludo.
— De pie. — escuchó la voz del delegado, al ver entrar al profesor de literatura.
.
Después de murmurar un "gracias por la comida", Sakura abrió sus palillos y se dispuso a comer. La mesa de la cafetería estaba sumida en un profundo silencio. Cada uno de sus amigos estaba inmenso en su propio mundo. Escuchó unas risas a su costado, pero le restó importancia. Dejó sus palillos a un lado por un momento para tomar un poco de agua. Lo último que esperó fue que Ami venga hasta su mesa y tire al piso su bento.
— Ups... ¡Cómo lo siento Sakura! — se disculpó falsamente. — ¡En serio no fue mi intensión!
Usualmente Naruto o Ino se paraban de su lugar para enfrentar a Ami, pero aquella vez no lo hicieron. Ninguno de sus amigos dijo nada. Siguieron comiendo como si no hubiera ocurrido algo fuera de lo ordinario. Sakura se aguantó las ganas de llorar y solo se puso de pie para recoger los restos del bento con una servilleta. Lo botó todo a la basura y por un momento dudó en volver a sentarse en la mesa.
Algo andaba mal. Miró de reojo a la mesa en donde estaban sus amigos. Optó por ir a la azotea para airear su mente. «Si me preguntan a donde fui, les diré que me fui a la enfermería porque no me sentía bien», pensó mientras salía de la cafetería.
.
El grupo estaba actuando raro con ella últimamente. «Es sólo mi impresión», se dijo a sí misma Sakura. «Estoy segura de que sólo estoy pensando tonterías». Sacudió la cabeza para alejar aquellos pensamientos y se sentó en las bancas para esperar el tren. Su mirada viajó inconscientemente hacia la pantalla de la estación, pero sus ojos se desviaron rápidamente hacia una familiar cabellera rubia.
— ¡Naruto! — saludó con una sonrisa al ver a su amigo.
Al escuchar su nombre, el rubio giró su cabeza hacia la derecha. Se quedó mirando a Sakura por breves segundos. La mirada que le dio, la dejó muy confundida. Era una mirada muy fría, un tipo de mirada que jamás pensó recibir por parte de Naruto. Fue ahí en donde empezó a creer en sus pensamientos. Sus amigos sí estaban actuando raro con ella.
Pero ella no recordaba haber hecho algo malo. ¿O sí?
.
Extrañaba escuchar la voz de Sasuke. Había faltado a clases por un tonto resfriado que había cogido por salir desabrigada. Lo llamaría para preguntarle si habían dejado alguna tarea. Con el celular entre sus manos, tecleó el número del chico y esperó pacientemente a que conteste. Timbró una, dos, tres... cinco veces hasta que la mandó a mensaje de voz. Sakura odiaba los mensajes de voz.
«Intentaré una vez más»
Volvió a teclear el número de Sasuke. Timbró una vez. Inmediatamente después, él colgó la llamada.
«Tal vez... Debe de estar ocupado estudiando, o algo por el estilo» pensó tratando de encontrar una razón por la que Sasuke le cuelgue.
Pero ni ella misma pudo creer esas palabras. Porque ya no era la primera vez en aquella semana que Sasuke le hacía eso.
.
La noticia le cayó como un balde de agua helada. Su madre se había ido. Mebuki Haruno había fallecido y el único recuerdo que le quedaba de ella era su rostro inmortalizado en la foto de su boda. Una parte de su corazón se había ido con ella. Se sentía devastada. Sentía que ya nada tenía sentido. «Esto debe de ser una broma, ¿verdad?», Sakura se decía a sí misma una y otra vez. «Mamá es una mujer fuerte. Los doctores dijeron que podría salir de esta.»
Se negaba a aceptarlo. Era muy pronto para perderla. Las cosas ya no serían igual.
— Sakura-chan. — le llamó su padre. — Ya es hora.
Los pocos familiares de los Haruno ya habían llegado a la casa. Sakura bajó de su habitación, aún con la manta morada sobre sus hombros. Escuchó a sus familiares murmurar durante toda la ceremonia budista, pero se sentía muy cansada como para hacerles caso. Lo único que pudo hacer fue observar la foto de su madre.
Mebuki se veía tan jovial y alegre en esa foto. No se parecía en nada a la mujer que estuvo postrada a una incómoda cama de hospital rodeada de tubos durante los últimos meses de su vida, viviendo con la mentira de que podría curarse. Aún recordaba los ojos tan brillantes de su madre, que ella orgullosamente había heredado. Aquellos ojos que, tras la trágica noticia, se habían apagado por completo.
Se sentía tan sola.
Aquellos últimos días, sus amigos se habían vuelto muy distantes con ella. Y eso tal vez le dolía más que el hecho de perder a su progenitora. Lo de Mebuki no había estado en sus manos. Los doctores simplemente la habían engañado para hacerla sentir mejor. Pero, ¿y sus amigos? ¿Qué había hecho para que tan repentinamente le dejaran de hablar y se vuelvan tan indiferentes con ella?
Sakura solo deseó que todo aquello sea una pesadilla. Una pesadilla muy larga y trágica de la cual ella solo quería despertar. Quería despertar y ver a su madre sonriente en la cocina preparando omuraisu*. Quería despertar y ver a sus amigos bromeando con ella.
.
Cuando su padre le dio la noticia de que se irían a la capital por su nuevo trabajo, supo que era una nueva oportunidad. Una nueva oportunidad para dejar el pasado atrás y empezar de nuevo.
O al menos intentar hacerlo.
Con mucha cólera sacó todas las fotos, regalos y recuerdos de sus amigos. Lágrimas corrían por sus mejillas, pero no se arrepentiría jamás. Uno por uno lo fue rompiendo: las fotos, las pulseras de amistad, los boletos de las ferias, las cartas... El corazón le ardía, pero sabía que era lo mejor que podía hacer.
La amistad, o lo que sea que había tenido con aquellas personas, había quedado en el pasado.
— Ya basta, Sakura. — se reprimió a sí misma, secándose las lágrimas con las mangas holgadas de su casaca favorita. — Esto acaba aquí.
.
¿En qué momento las lágrimas habían empezado a salir de sus ojos? No lo sabía. Sólo sabía que recordar todo eso, le hacía mucho daño.
— ¿Qué harías tú, mamá?
.
Esquina del vocabulario de Hatsumi:
*Omuraisu: es un plato japonés que consiste en un omelet hecho de arroz frito y usualmente servido con ketchup.
.
16 de agosto del 2015
Nuevo capítulo y uno de los más largos. Espero que les haya gustado :)
Nos leemos en dos semanas
Hats
