The Other Side


Los personajes de esta historia no me pertenecen, le pertenecen a Fox y Mr. Ryan Murphy.


En el capitulo anterior de "The Other Side"

Decidió dejar la ventana abierta y se dio la vuelta para bajar a cenar con sus padres hasta que la voz de la pequeña Fabray desde lejos hizo que se quedará sin respiración.

B: ¡Quinn! – gritó emocionada - ¡Has vuelto!


Capitulo 12

La sonrisa que tenía no podía ser más grande, le dolía la cara de tanto sonreír en aquel momento, su corazón latía desbocado al escuchar a la pequeña gritarle a su hermana.

Sabía que Quinn había regresado, aun no la había visto pero tenía ganas de verla en ese mismo momento, así que bajó corriendo a cenar con su familia y con la excusa de que se encontraba mal regresó lo más rápido que pudo a su habitación.

Cuando llegó a su cuarto se dirigió hacia la ventana, logró ver la luz de la habitación de Quinn encendida así que supuso que la rubia estaría allí, aunque no la hizo falta suponer nada ya que la pudo ver metiendo cosas en la maleta por el pequeño hueco que no tapaba la cortina, eso la extrañó pero prefirió no darle importancia.

No podía salir de su casa así que se puso a pensar y a la morena se le ocurrió una idea. Se acercó a una pequeña maceta que tenía en su escritorio y cogió unas cuantas piedrecitas que había en ella.

Volvió hacia la ventana la abrió se inclinó bastante para que mitad de su cuerpo quedara fuera de la habitación y tiró una de las piedrecitas hacia el cristal de la habitación de Quinn.

Nada.

La rubia ni se inmutó y siguió con lo que estaba haciendo. Al ver esto la morena tiró otra piedra, nada. No hacía ni caso, por un momento pensó en tirarle la maceta entera pero era demasiado descabellado hacer aquello. Tiró tres piedras a la vez y lo consiguió.

Quinn se giró para ver de dónde venía aquél sonido y se encontró a una pequeña morena sonriendo desde la ventana de la casa de al lado. Y sonrió, la rubia sonreía y eso a Rachel la desmontó por completo, cerró los ojos y recordó la primera vez que vio aquella sonrisa.

Se quedó en la misma posición viendo como la rubia abría la ventana e imitaba la misma pose.

Quinn no dijo nada y Rachel tampoco, simplemente se limitaban a mirarse y sonreír cada vez que sus miradas se encontraban. Eran sonrisas tímidas, sonrisas que decían "Te he echado de menos" y aunque no se lo dijeran ellas dos lo entendían a la perfección.

R: ¿Dónde quedaron esas dos semanas Fabray? – preguntó rompiendo el silencio con voz tranquila y con una sonrisa en su cara.

Q: He tenido que volver antes.. ¿Por qué? ¿Es qué me quieres lejos de aquí Rachel Berry? - bromeó la rubia al tiempo que alzaba su famosa ceja.

R: Te extrañé. – soltó sorprendiendo a Quinn que no se lo esperaba.

Quinn se limitó a mirarla con una sonrisa, admirando lo adorable que era la morena.

Q: Y yo a ti, Rach.

La voz de la rubia sonó tan segura, tan dulce que dejó a Rachel en silencio que se repetía aquella frase una y otra vez en su cabeza. Los minutos pasaban y ninguna de sus voces se volvió a escuchar y Rachel sonrió al ver que Quinn estaba de nuevo con ella. Este gesto no pasó desapercibido para la rubia.

Q: ¿A qué se debe esa sonrisa? – preguntó curiosa imitando la sonrisa de la morena.

R: Se debe a que estás otra vez aquí – confesó – No te vayas de nuevo, por favor. – pidió Rachel sin dejar de mirarla.

Q: Si fuera por mí jamás me iría.. – susurró pero la morena logró escucharla.

R: Sé lo de Nueva York, lo de tu padre y tus estudios..

Q: ¿Cómo lo sa..

R: Tu madre – fue su respuesta – Vine a verte una noche y me explicó por qué no estabas y lo que tu padre quiere – suspiró.

Q: Pensaba decírtelo pero no lo supe hasta hace unos días.

R: ¿Realmente quieres eso? – preguntó de la nada sorprendiéndola.

Q: No lo sé Rachel, no lo sé.. – resopló – Además ¿qué importa lo que yo quiera?

R: Importa que es tu futuro Quinn, no sé qué querrás hacer en un futuro pero si no quieres ir a Nueva York deberi..

Q: Rachel por favor, para – suplicó haciendo callar a la morena – no quiero que nadie me diga más las cosas que debo hacer, ya tengo bastante como para que ahora tu también me digas esto.

R: Lo siento, no me volveré a meter en eso – prometió – No te vi en la fiesta de Britt ¿dónde estabas?

Q: Allí en la fiesta.. – respondía mientras sonreía.

R: No te vi, que ra..

Q: ¿Qué tal te lo pasaste en la fiesta? – interrumpió la rubia.

R: Bien.. Conocí a alguien – recordaba a aquella chica – Conocí a una persona muy misteriosa Quinn, parecía todo salido de un cuento y bueno creo que le gusté – sonrió orgullosa y esto hizo reír a Quinn.

Q: ¿Ah sí? Qué confiada eres ¿no crees Berry? – reía.

R: Creo que te has juntado mucho con Santana.. ¿Qué es eso de llamarme Berry ahora?

Q: Perdóneme usted reina del drama – bromeó mientras levantaba las manos de forma exagerada.

Las dos rieron y cuando se olvidaron de por qué se reían la morena continuó hablando.

R: Ojala esa persona fuese alguien popular, me subiría el estatus social en el instituto, eso sería fantástico – bromeó aunque esto en vez de sonar a broma para Quinn sonó totalmente diferente y se entristeció- ¿Qué pasa?

Q: Rachel yo..

¡Quinn baja! ¡Tenemos que hablar contigo! – gritaba su madre desde el piso de abajo.

R: Será mejor que vayas, esos gritos dan miedo – sonrió antes de despedirse.

Q: ¿Me esperas hasta que vuelva? – la morena asintió – Luego vuelvo – se despidió.

Pasó media hora y Rachel estaba escuchando música después de haber recibido una llamada de Kurt para hablar sobre moda y otros temas de los que siempre solían hablar.

Se sentía contenta porque Quinn había vuelto, no la había perdido del todo como ella pensaba. Volvía a estar frente a ella y eso la hacía sentirse bien.

¿Por qué sentía todas esas cosas? No lo sabía, simplemente las sentía y se dejaba llevar por aquello. Kurt seguía pensando que se trataba de un enamoramiento después de haberle contado todo, pero ella seguía negándolo.

No podía ser.

Ella no tenía absolutamente nada en contra de la homosexualidad, pero aquello no podía ser. Quinn era su amiga y debía ser así, se acababan de conocer y aún debían seguir conociéndose. Aún no había olvidado a Finn, o eso quería pensar.

La relación de Rachel y Finn duró más de un año, eran muy felices pero al final decidieron ir cada uno por su lado. La morena lo pasó demasiado mal en aquel tiempo, pero supo salir adelante. En cambio el gigantón de Finn no dejaba de ir detrás de ella.

"Eso es porque no consigue ligar con las demás" – decía Santana cada vez que Finn se acercaba con intenciones de volver con Rachel.

Y tenía razón, cada vez que el chico era rechazado iba detrás de ella. Pero Rachel no lo iba a permitir así que un día decidió dejárselo claro, y desde ahí no volvieron a mantener contacto alguno.

Pero eso ahora no la importaba, ahora había conocido a un ángel llamado Quinn Fabray, eran amigas solamente y eso es lo que iban a ser.

"Solo amigas" – se repetía una y otra vez en su cabeza.

Sabía que iba a tener a sus amigos siempre que los necesitara, tenía los mejores padres del mundo.. Era feliz, por una vez en su vida era completamente feliz, o eso era lo que pensaba.

La sonrisa se desvaneció de su rostro en cuanto observó como una Quinn completamente desbastada entraba en la habitación sollozando y esto alertó a Rachel que corrió de nuevo hacia la ventana.

Quinn no se había acercado a ella, sino que nada más entrar en su habitación se tiró a la cama a seguir llorando.

Rachel no entendía nada, estaba petrificada, nunca había visto a la rubia en aquel estado, así que solo supo llamarla.

R: Quinn – la llamó pero ésta la ignoró completamente – Quinn no me hagas esto, por favor. – suplicó elevando la voz.

Y lo consiguió, la rubia se acercó a la ventana con los ojos totalmente hinchados y la cara empapada de lágrimas.

R: ¿Qué es lo que pasa Quinn? – preguntó.

Pero ésta no respondió sino que se limitó a seguir llorando, cada vez los sollozos eran más y Rachel se preocupó.

R: ¿Quinn qué es lo que pasa? – no respondió - ¡Contéstame maldita sea!

Entonces en aquel momento Rachel lo comprendió.

Comprendió lo que quería decir la gente cuando hablaba de que es mejor mantenerse en silencio, no escuchar algunas cosas.

Y era verdad, en aquel mismísimo instante ella hubiera preferido horas de silencio antes que escuchar una simple frase que cambiaría su vida, por completo.

Q: Me marcho Rachel… – sollozó – Me marcho mañana por la noche.


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