Los personajes de la Saga Crepúsculo son propiedad de Stephenie Meyer, los distintos personajes que vean y la trama son de mi propiedad.

¡Muchas gracias por su apoyo!

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Capítulo 11: La chef Cullen & el sous.

La sangre deja de correr por mis venas, quien se supone debería quedar en el recuerdo de una sola noche hace acto de presencia y por lo que veo alguien le ha proporcionado mis datos privados.

¡Mierda!

Pero si algo empezaba a caracterizar mi nueva forma de ser, es el de nunca agachar la cabeza, la mejor arma de defensa es mostrar despreocupación y aun mas con un chico tan inocente a mi lado como es mi sous chef.

—¡Hola! ¿Que tal? —alargó mi mano, para dar un apretón.

—Por favor señorita Cullen, no seas tímida. Somos más que unos simples conocidos, tú sabes —su tono es socarrón.

—Lo se perfectamente —lo miro con ojos entre cerrados, es divertido ver como se tensiona al instante—; ¿como ha estado? ¿que hace por estos rumbos?

—Muy bien señorita Cullen. Desde aquella noche, siento que me han robado algo. ¿A caso usted no lo habrá tomado? —Invade mi espacio vital, pero no puedo moverme porque entonces chocaría con el señorito.

—¿Me llama ladrona? Créame, que no tengo la necesidad de tomar cosas ajenas. Lo puedo tener todo a un chasquido de dedos —sonrió maliciosamente, aquella mujer sin sentimientos se apodera de mi sistema.

—En eso estoy convencido —susurra cerca de mi oído, —; soy testigo de ello. Usted me robo el disfrutar el placer de la más diminuta cosa.

—¿Perdón? —Finjo no conocer sus intenciones, aunque sus palabras no dejen dudas de ello.

—Tú sabes muy bien a que me refiero, dolce —su acento italiano emerge de las profundidades—; eres inolvidable para ese hombre.

¡No!

—Creo que esta platica no da para más. Que tenga un buen día —con un movimiento de manos, indico a mi asistente a que continúe avanzando.

—Vamos dolce mío, se que tú lo deseas igualmente —su enorme brazo me atrae a su cuerpo, puedo ver como las pupilas se le han dilatado convirtiéndose en algo peligroso —; ¿que dices cariño?

—Que yo puedo comunicarme contigo —miento, no lo haría ni de chiste—; tengo los recursos para hacerlo.

—Estaré esperándote mi bello dolce, no sabes cuando muero por volver a beber tú dulce escensia —ronronea cerca de mi oído—; de solo imaginarme dentro de tú paraíso siento desfallecer mi fuerza de voluntad.

¿Como quede reducida a esto?

—Yo también te deseo —vuelvo rápidamente de mis cavilaciones —solo que ahora tengo que volver al trabajo, puede que te haga una visita.

Con ello me doy media vuelta, continuo mi andar con paso seguro y una máscara de frialdad, puede sentir la mirada inquisidora de todas las personas que se atraviesan en mi camino, es como si hubieran derribado mis murallas de privacidad y hubiesen quedado expuestas todas mis miserias a los ojos de todos.

Encuentro al señorito Edward parado a lado de la camioneta, con sus lentes en mano y toda la mercancía cargada.

—¿Solucionó el problema de las llaves? —No soy capaz de volver a la serenidad con la que lo trate hace un rato.

—Si-si se-se-ño-ri-ta-ta, es-es-ta-ban-ban... —lo interrumpo.

—Dámelas, necesito llegar pronto a resolver los problemas de la cocina —sus grandes ojos verdes me miran con... ¿miedo? Deben ser alucinaciones mías.

Con un evidente temblor en sus manos me entrega las llaves, antes de que abra por mi cuenta la puerta una mano se adelanta y la abre para mi.

—Gracias —contesto.

Solo recibo un asentimiento de cabeza, mientras da la vuelta al asiento del copiloto puede ver como se coloca sus viejas gafas, inclusive noto que tienen cinta a los lados y son espantosas; tengo que resolver esto antes que todo.

Arranco la camioneta, tomando la vía alternativa para llegar al oculista que vi en mi anterior visita a la ciudad, no puedo permitir que alguien de tan alto rango en mi cadena ande como un pordiosero.

—Baje —le ordeno, estacionado frente al negocio.

Tomo mi cartera y coloco el seguro, como si se tratará de un niño pequeño que sigue a su madre, el señor Edward camina detrás de mi, siguiendo cada uno de mis pasos hasta que una dependienta se nos acerca.

—¡Buenas tardes! —Saluda con su perfecto acento inglés—¿Podría ayudarlos en algo? ¿Para el caballero?

Hasta la mujer parece darse cuenta de su pobreza.

—Por favor, quiero unos nuevos armazones claramente con los lentes de graduación —indico.

—Por supuesto, acompáñeme señor, le tenemos que hace un examen para saber perfectamente que es lo que necesita.

—Valla —le ordeno.

—Se-se-ño-ño-ri-ri-ta no-no ten-ten-go la-la a-sol-sol-ven-ven-cía e-co-co-no-mi-mi-ca pa-pa-ra cos-cos-te-te-ar-ar-los —se ruboriza con vergüenza.

—No se preocupe Edward, tendrá mucho dinero la próxima quincena téngalo como un adelanto a su pago, por supuesto le será descontado —ignoro su incomodidad fijándome en unos lentes de sol.

De reojo observo como acompaña a la dependienta, por lo que me pongo a la búsqueda de los lentes ideales para el señorito; que por supuesto no le descontare de su salario, pero no tiene porque saberlo.

Tomo de los excibidores varios modelos, recordando un tanto su austero estilo, de la vieja escuela. Lo necesito elegante y presentable para la cocina y en los eventos de chefs en los que suelen invitarnos.

Con cinco modelos diferentes espero a que terminen con los dichosos exámenes. Tomo asiento en un sillón que esta en el centro del local y saco mi teléfono, tengo varias llamadas perdidas de parte de mi casa y mensajes nuevos.

*Pequeña, no contestes a ninguna llamada que puedan hacerte de casa... Es Thomas que se intenta comunicar contigo. Esme*

*Mi amor, no hagas caso de las llamadas de Thomas no es importante... No quiero que salgas lastimada. Carslie*

¿Porque saldría lastimada?

*¡Bella! ¿Podrías regresarme las llamadas? Es algo urgente. T*

—Señorita ya tenemos listos los resultados —me veo interrumpida por la misma mujer y el señorito Edward.

—Estos son los armazones que llevaremos —le entrego los diferentes modelos, no me interesa si le gusta o no; con que yo lo haga es más que suficiente. No es como que tuviera pésimo gusto.

—Claro que si señorita. ¿Le gustaría que le indicará los precios? —Sugiere.

—No —saco de mi cartera mi tarjeta negra—; carguelos a esta tarjeta.

—Los tendríamos listos dentro de diez días.

—Los necesito para hoy mismo —mi tono no deja duda alguna de mi decisión.

—Es imposible señorita, tenemos muchos más encargos que atender. —Se atreve a contradecirme.

—¿Cuanto quiere para entregármelos hoy mismo? —Me acerco con firmeza, parece tragar duro cuando ve que mi paciencia no da para más.

—No es necesario señorita, haremos una excepción —alza la cabeza, una señal de mucha valentía—; pero eso si, los tendríamos listos por las siete de la noche que es cuando estamos a punto de cerrar.

—¿Si no se puede antes? —Mi tono destila capricho—; espero tenerlos cuando regrese.

—Claro señorita —me tiende una pluma barata, para firmar mi ticket, la cuál rechazo y saco mi pluma de oro de mi bolsillo—; ¿esta todo bien?

—Si, señorita —me regresa mi tarjeta.

—Hasta más tarde —salgo a paso veloz del establecimiento, tenemos que ponernos a trabajar en serio.

—Hasta luego —escucho despedirse a mi sous chef.

Camino a paso veloz hasta la camioneta, con un breve vistazo a mi reloj me doy cuenta que nos hemos retrasado más de la cuenta. El restaurante necesita de mi supervisión más que nunca, de lo contrario podríamos irnos a la banca rota y sería un catástrofe para los nombres involucrados a Carlo's.

Edward sentado a mi lado es cuando acelero a la velocidad permitida, no me gustaría que mi estancia aquí se viera ensombrecida por una infracción o peor aún una detención.

Después de varios minutos de silencio necesario entre amabas partes estaciono en la puerta trasera del restaurante.

—Por favor señor Edward, acompáñeme a mi oficina. Necesitamos armar los menús que daremos hoy, el que hay es una completa porquería —con cartera en mano bajo, noto que los mosos descargan todo lo que traemos.

Parece que por fin se han puesto a trabajar, todo el local huele a limpio, aunque no por ello me fío y por supuesto que vendré a revisarlo centímetro por centímetro.

—Chef Cullen —llega a mi lado Victoria, su perfume me hace estornudar—; parece que el cambio de climas ha hecho que atrape un refriado.

—Es tú perfume Victoria. ¿A caso te pusiste todo la botella encima? —mi tono es de lo más altanero, pero no puedo ocultar que no la soporto.

—Parece que esta de muy altanera chef Cullen, pero no crea que por su posición de dueña del emporio usted me intimida —sus ojos destilan odio, jamás he entendido porque.

—¿O si no que Victoria? —Nadie me hace sentir menos, si no me defiendo yo. ¿Entonces quien?— No tiente su suerte.

—Nada chef Cullen, nada —muerde con fuerza su labio, conteniéndose, sabe con quien se enfrenta.

—Después de todo Victoria, parece que ese par de silicones no ha afectado del todo ese cerebro, eres una buena chica —sonrió con una falsa dulzura.

—La señora Cullen pidió que cuando terminará aquí se comunicara a casa y el chef Douglas llamo pidiendo que leyerá un correo electrónico que le mando a su cuenta personal —lee todos los recados sin apartar la mirada del Ipad, debo reconocer que es muy competente—; eso han sido los recados que han dejado durante su ausencia, ¿algo más en que la pueda ayudar?

¿El chef Douglas? ¿Que es lo que quiere Thomas?

—Por favor entregue las llaves de la segunda oficina al chef Gale, haga que se coloque una placa con su nombre y su cargo como sous chef de la cadena Carlo's.

Sin esperar respuesta abro mi oficina y antes de que pueda dar un portazo, el señorito Gale cierra la puerta de manera suave.

—¿Usted que hace aquí? —Grito, el saber que Thomas no me puede dejar en paz me enfurece, el saber que él no tiene la culpa de que me halla enamorado de él me enferma y el desearlo como una adicta a las drogas, me desquicia.

—Us-us-ted me-me pi-pi-dio que-que vi-vi-nie-ra-ra has-has-ta aquí pa-pa-ra tra-tra-ba-ba-jar en-en el-el me-me-nú —se sonroja con vergüenza, lo he hecho sentir un tonto.

¡Vamos Cullen! Has prometido ayudarlo, es como si ayudaras a la Bella débil.

—Lo siento —cierro los ojos y coloco una mano en mi frente —Siéntese y si es posible deme sus sugerencias.

Me paro frente a un cuadro de mis padres fundando este lugar, una pareja recién casada pero con su primer negocio en funcionamiento.

—Bueno chef Cullen, seria sensacional que todo lo que hay en la carta se eliminara.

Asiento, no tartamudea mientras estoy de espaldas.

—¿Que sugiere?

—Podríamos hacer una mezcla entre la cocina China y la de la India, usted sabe que la cocina del Reino Unido tiene ciertos rasgos de estas cocinas por los ingredientes que se utilizan, esta ciudad es muy turística y seria genial que si están aquí provenientes de otros países conocieran la gastronomía del Reino Unido. ¿Porque consumir otra cosa? Es mejor tener la experiencia completa.

—Eso suena genial señor Gale. ¿Pero usted sabe cuales son las clases de platillos que se sirven en Carlo's? —Es un estilo marcado por mis padres. ¿Será arriesgado hacer un cambio?

—¿Sería bueno que usted dejará su marca para la historia? Supongo que con una nueva generación al mando seria bueno una renovación, que usted dejara en claro su estilo —buen argumento.

—En concreto. ¿Qué es lo que me propone?

—Podríamos seguir la linea de la vieja escuela, seguir sirviendo el pan recién hecho, quesos traídos del día, carnes asadas y pecados procedentes de agua del mar o bien de ríos —asiento—; arriesgar en nuevos sabores, como mezclar los con chiles provenientes de América, especias y curry de la India y Bangladesh; los tipos de fritura de la cocina china y talaindesa. Inclusive podemos tomar ciertas cosas de la cocina italiana y francesa, podríamos arriesgarnos a adoptar la comida rápida.

¿Este es el chico que se decía idiota? Sin duda es más inteligente de lo que llegue a pensar. ¿Es buena idea?

—Suena buena idea, aunque supongo que lo de la comida rápida hará que mis padres tengan un infarto, están en contra de ello —río, ellos no soportarian vernos reducidos a ello.

—Pero ganaremos nuevos clientes, no quiere decir que sea sinónimo de mala calidad. Pero igual solo es una propuesta.

—Le haré llegar su reflexión a los chef Cullen, posiblemente podrían tener un debate, estaría encantada de ser el lado neutral —el solo imaginar esa discusión, me provoca una gran sonrisa.

—Creo que podría hacerlos cambiar de parecer —suena muy seguro de si Edward—; pero siguiendo con la propuesta podríamos servir Salmón en todas sus variedades, teniendo una pequeña parte de lo que es Escocia. Por ejemplo podríamos representar a Gales con algunos platos como Sewin o la trucha asalmonada. O bien podríamos ser un estandarte del jellied eels, es exquisito. Tambien podríamos ofrecer una carta con los quesos que han recibido la certificación y protección com el sistema DOP como el Beacon Fell traditional, Lancashire cheese, Bonchester cheese, Buxton Blue, Dorset Blue cheese, Dovedale cheese, Cheddar cheese y Stilton.— Culmina, muy seguro de sus ideas.

—Lo de la carta de quesos me parece excelente y que decir de los cortes y preparaciones del pescado, aunque debo confesarle que mi especialidad no es la comida mediterránea —muerdo mi labio, no es como que me gustará consumirlos y por ende su olor me da asco.

—Ni yo chef Cullen, pero creo que podríamos hacerlo. No es como si fuera muy difícil, además sería refrescante para el lugar.

—¿Podríamos agregar cortes de carne? Tal vez unas empanadas de carne y verdura, el roast beef con Yorkshire pudding usted sabe este último platillo es un estandarte de la comida inglesa; igualmente podríamos preparar los mejillones avinagrados, la tarta de anguila y el cordero asado acompañado por salsa de menta. —Pensar en todas esas delicias producen que la boca se me haga agua.

—¿Usted es especialista en carnes? Parece muy familiarizada con ello —de reojo observo que ha sacado una libreta y se encuentra concentrado haciendo anotaciones en ella.

Así que no tartamudea cuando no se centra la atención en él... Interesante...

—Si Edward, pero debería ver lo irónico de la situación; Isabella Cullen no pudo matar a un conejo durante un examen, en cambio se hecho a correr horrorizada de toda la sangre que había en el lugar y por consecuente el chef la reprobó; gracias a la vida que mis padres me ayudaron con él y me libre de esa prueba y en cambio me colocaron como la cabeza de un banquete para doscientas personas en una convención de banqueros y varios servidores públicos; debió ver el manojo de nervios que tenia esa chica miedosa —no me salio nada barato, el no querer matar al pobre conejito rosado.

—El primer pastel de varios pisos que hice, al parecer hice mal los cálculos y todo se vino abajo, reprobé mi primer curso y casi tiro la toalla, pero mi tía me hizo recapacitar e incluso pago hasta mi especialización en Italia.

Con que Italia, el señorito es toda una caja de sorpresas.

—Ese banquete fue un desastre, me sentí estúpida y pequeña, mi profesor era la versión retorcida del chef Gordon Ramsay; inclusive esa vez me hizo llorar. Fue ahí que entendí que en lugar del camino fuera fácil por ser la hija de quien soy, habría muchas obstáculos a mi meta —parece ser que nada ha sido fácil, como todo el mundo puede pensar.

—Pero eso ha hecho a la gran chef que es usted ahora, si no me equivoco la navidad pasada sirvió un banquete para la casa blanca y salió halagada por el presidente —frunzo el ceño, ni los más cercanos conocen esa historia.

—¿Como sabe de esa historia? Ni siquiera creo que mi familia lejana sepa de esa palomita en mi trayectoria —limpio una mancha pequeña del cuadro de la pared.

—Lo leí en el periódico, usted salía con todo su equipo de trabajo junto al presidente y su señora; muchos de sus detractores escupieron ponzoña con ese triunfo tan importante —su voz no me deja dudar de la veracidad de cada una de sus palabras.

Hago mi camino a la silla de mi escritorio, mi asistente alza su mirada y un par de nubes rosas colorean sus mejillas.

—Si señor, tengo muchos enemigos en el mundo culinario, todos ellos esperan la hora en la que mi cabeza rodará y salga de Carlo's con la cabeza agachada; desde ahora le informo que usted se volverá un objetivo de ellos —sus ojos se abren de par en par—; No tema, ladran pero no muerden— río.

—¿Us-us-ted no-no les-les te-te-me? —vuelve ese molesto tartamudeo, creo que en verdad le intimida un charla frente a frente.

—Por supuesto que no Edward, ellos no verán caer yo me he ganado este lugar con mucho esfuerzo y sacrificio, nada me ha sido regalado en esta vida —paso las manos por mi cabello.

—¿E-esa gen-gen-te pien-pien-sa que-que no-no se-se me-me-re-re-ce es-es-te-te pu-pu-es-to? —Su tono es demasiado inocente, no conoce lo que la gente es capaz de hacer por destruir al "rival" ni quiero ser yo quien lo corrompa.

—Usted solo siga mis ordenes, lo demás no importa —sonrió, tratando de reconfortarlo—; pero centrándonos en nuestro trabajo. ¿Qué más me sugiere?

No me interesa perder energía en ese par de perros que me quieren hacer caer de mi reino.

—Oh si-si —retoma sus notas y parece buscar algo entre ellas—; podríamos agregar en la carta otros platos tradicionales incluyen las judías con tomate que vendría siendo un baked beans, el Welsh rarebit que es un queso fundido sobre una tostada o el bacon. Esto lo sirven la mayoría de los pubs en la ciudad. En los desayunos podríamos servir platos como el porridge, el kedgeree o el típico desayuno inglés. —Aunque termina de leer sus notas, no aparta la mirada de sus notas, evitando mi mirada por completo.

—Parece conocer muy bien la comida inglesa Edward —me sorprende que a pesar de que su especialidad sean los postres, conozca muy bien estos platillos.

—La co-co-mi-mi-da in-in-gle-gle-sa es-es mi-mi fa-fa-vo-ri-ri-ta, to-to-do re-re-la-cio-cio-na-na-do a es-es-te pa-pa-ís me a-a-pa-sio-sio-na —me regala una sonrisa muy dulce, sus ojos parecen inspeccionar alguna reacción en mi.

—Es un país muy interesante, aunque debo confesar que yo amo todo lo relacionado a la cultura y bueno el arte culinario de México, es exquisito —Cuando era aun solo una estudiante, me encantaba pasar mis vacaciones en Puerto Vallarta o bien visitar los museos de la Ciudad de México.

—Jamás he visitado México —sonríe con pena, o al menos eso es lo que alcanzo a ver con su mirada agachada..

—No se preocupe, el próximo año Oaxaca en México es sede de una convención importante de gastronomía, se deleitará con la cocina de ese estado, el mole, chocolate y mezcal son imperdibles; no sabe de lo que se pierde —el solo pensar en ello me produce hambre.

—Es-es-pe-ro no-no de-de-fra-fra-u-dar-la —acomoda sus viejos y anticuados lentes.

—Yo se que no, verá que usted es una gran carta para su servidora y se que seremos un buen equipo, puedo ver que le apasiona su profesión como yo lo hago; ese es el sello de esta empresa y por ello su éxito —le guiño un ojo, provocando que la sangre inunde su rostro.

—Lamento interrumpirte chef Cullen, pero tengo al señor Thomas en la linea dos, pide hablar contigo —interrumpe Victoria por el teléfono.

Aprieto el puente de mi nariz.

—Pásamelo por favor, y hazme el favor de llevar al chef Gale a su oficina, necesita comenzar a trabajar y por favor busca a alguien que se encargue de las llamadas y asuntos de mi asistente. ¿Aún tenemos a el señor Benjamín disponible? Recuerdo que mientras te reemplazo fue muy bueno en sus labores.

—Claro que si chef, lo mandaré a llamar para que desde ya se ponga a las ordenes de su asistente. ¿Algo más que deseé?

—Nada más, gracias.

—La-la de-de-jo so-so-la más-más tar-tar-de ter-ter-mi-mi-no de-de ex-ex-po-ner mis-mis i-i-deas, me-me i-ré-ré a-a tra-tra-ba-ba-jar a-a la-la co-co-ci-ci-na —asiento.

Sale a paso firme, parece no haber sufrido ningún incidente hasta perderse detrás de la puerta.

El teléfono suena, es él detrás de la linea.

Es estúpido, pero tengo nervios.

No quiero caer de nuevo, no cuando me estoy levantando.

No olvides que el te grito, no lo olvides.

Alzo el teléfono con mano temblorosa, escucho una respiración detrás de la bocina.

—¿Bella? —Su voz me hace estremecer. ¿Como es posible que aún me provoque cosas?

—Chef Douglas. ¿Cuál es el problema? —Recuerdo la promesa de ser indiferente a él, por mucho que aún sea especial para mí no quiero ser la imagen de un animalito lastimero.

—Por favor Bella, se que mi comportamiento antes de que te fueras fue espantoso, por mucho que estuviera enojado no tenia el derecho de alzarte la voz y mucho menos tomarte de esa manera violenta el brazo —mis dedos acarician la zona donde un moretón es lo único que queda de ese momento.

—¿Que sucede? —Fuerzo a mi sistema para que no reaccionen a sus palabras, al final no es como si me estuviera pidiendo perdón.

—Eres mi mejor amiga, a pesar de lo que ha sucedido hace desde hace unos meses atrás, nadie puede quitarte ese lugar en mi vida —claro, siempre la "amiga" de Thomas.

—¿A donde quieres llegar? —Empiezo arrepentirme de haber aceptado esta llamada, acabaremos en lo mismo.

—Que tú eres lo más cercano a una hermana, que a pesar de ser un hombre felizmente casado no puedo dejar de lado nuestra amistad, nos conocemos desde que prácticamente nacimos —no tengo tiempo ni muchísimo menos humor para soportar estas tonterías.

—Mira Thomas, no se si no tengas cosas que hacer; pero quiero informarte que aquí son prácticamente la una de la tarde y lo que necesito es tiempo para poder hacer avanzar este sitio. ¿A caso no deberías estar durmiendo? Por favor ve al grano, si es que hay razón para esta llamada —tomo un pedazo de papel y lo arrugo, jugueteando con el para no patear lo primero que se me atraviese.

—Mi hermosa Kate esta embarazada —rompe en llanto, el corazón se me detiene—; si te llamo ahora es porque esta en el jodido hospital, debido a sus anteriores problemas de salud, el embarazo es de alto riesgo, ella y el bebé podrían morir si algo sale mal.

Un bebé... De Kate y Thomas... Su propia familia.

—Tranquilízate Thomas —me obligo a tragar ese nudo que se ha formado en mi garganta, no puedo ser egoísta con dos vidas o mejor dicho tres, si ellos se van, él también querrá partir—; hay tratamientos, supongo que lo que debe hacer es tomar reposo y con todo el amor de su familia podrá pasar estos nueve meses, ya verás tendrás un bebé hermoso y sano.

—Eres la mejor Bella, tus palabras me han reconfortado —su voz es entrecortada.

Ahora si, tengo que enterrar todo sentimiento.

—Tranquilo Thomas, si es necesario convoca a una junta para poner alguien a la dirección de la sucursal. Tal vez mis padres puedan ayudarte —me recargo en la silla.

—No es necesario Bella, tú me dejaste a cargo y no voy defraudar tu confianza.

Suspiro.

—Bien, que se cuide mucho tú esposa verás que todo saldrá bien —no se que más decir.

—Muchas gracias Bella, te quiero mucho.

—Hasta pronto —cuelgo.

—Basta Isabella, no más tonterías. Tienes muchas cosas que resolver en esta vida, no más Thomas no esta vez.

Abandono mi oficina, al parecer mi secretaria como siempre esta fuera de su escritorio, pero ya ajustaré cuentas con Victoria. Puedo ver que al menos la oficina del señor Gale tiene la placa personalizada y un escritorio ha sido colocado a lado de esta, al menos estará en buenas manos con Benjamín.

Puedo decir que Benjamín es más que un empleado de Carlo's en realidad ha sido la alegría de este lugar, a pesar de tener la misma edad que yo es un hombre muy responsable y con un chispa muy especial, que contagia todo aquel que se le acerca, eso es lo que necesita el señorito Edward, no es como que Benjamín valla a dejar pasar una oportunidad de sumar un amigo.

—Ese es el menú que se servirá hoy, háganle saber los especiales del día a los clientes, necesito de su ayuda, tenemos que poner en marcha este lugar. Vuelvan a sus labores, supongo que abriremos a la hora de la comida —el chef Edward, parece haberles dado tareas para ponerse en marcha.

—¿Y que es lo que serviremos hoy chef Edward? —Pregunto cuando todos los empleados se alejan.

—Lo-lo si-si-en-en-to —rápidamente se baja del pequeño banco, su nerviosismo hace que por poco se caiga, pero rápidamente lo sostengo.

—Oiga no pasa nada, estoy encantada de que halla hecho andar este lugar. Muchas gracias, solo quiero saber que es lo que preparemos, le pido que me diga que no cocinaremos pescado —cruzo los dedos detrás de mi espalda.

—Lo siento chef Cullen, es uno de los platillos del día el otro es el cordero en salsa de menta —sonríe con pesar.

—¡Rayos! —arrugo la nariz—; odio el olor.

—No se preocupe, yo me hago cargo de ello.

—Señor Edward, me ha dicho dos lineas sin tartamudear —el que me deja con la boca abierta es él.

—¿Qué-qué? —El color ha desaparecido de su rostro, quedando como una hoja de papel.

—¿Usted me teme? Usted solo tartamudea cuando yo lo enfrento, habla con una seguridad envidiable cuando se enfrenta a otras personas. ¿Porque ello? —Le hago saber mis conclusiones después de verlo en acción.

—No-no sé-sé de-de que-que me-me ha-ha-bla —comienza a tomar un bote varias verduras lavadas y desinfectadas.

—¿Le doy miedo? —No puedo ocultar mi tono horrorizado.

—No-no se-se-ño-ño-ri-ri-ta, me-me ins-ins-pi-pi-ra es-res-pe-pe-to —traga duro, toma un cuchillo de la mesa.

—Esta bien, pero como le dije y le insisto en este momento, llámeme Bella; se lo exijo y ordeno. A cambio yo prometo tutearlo y llamarlo solo Edward —sonrió en una alianza de paz.

—Cla-cla-ro Be-be-lla —toma el afilador que esta colgado.

—¿Ha revisado lo que hay en su locker del pasillo de atrás? —Se que no lo ha hecho, niega—; todo buen chef necesita un kit de cuchillos, usted sabe que ellos son como la biblia de un sacerdote o bien el balón para los futbolistas —no se que más ejemplos darle, son penosos.

—Si-si Be-be-lla.

—Bien, allá atrás hay un locker a lado del mio. Encontraras unos nuevos cuchillos, un termómetro y un reloj, es un regalo de bienvenida que querían entregarte personalmente los chef Cullen, pero las circunstancias no lo permitieron, yo como su hija te quiero hacer entrega de ellos.

—Gra-gra-cias Be-be-lla, no-no e-e-ra ne-ne-ce-ce-sa-sa-rio —se ve tan esperanzador con una papa en la mano.

—No pasa nada, pero vamos Edward ve por ello y nos ponemos a trabajar; sera un día muy duro —mi mal humor se disipa estando en este mi santuario.

—Por-por-su-pu-pu-es-to —deja la papa sobre la mesa y corre hacia el pasillo que le indique.

Su inocencia es muy dulce

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—Orden de Sunday roast y shepherd's pie —grita Edward.

Al parecer se ha corrido la voz a los alrededores sobre que la chef Cullen esta de visita en la sucursal, desde la hora en la que se abrió el servicio se mantuvo a un setenta por ciento de su capacidad, por las rondas que he dado en las mesas muchos de nuestros visitantes están encantados con los pequeños cambios que se le hicieron al menú el día de hoy, siento el platillo recomendación el favorito de los comensales.

—Vamos muy bien señores, no permitan que se nos junten las ordenes, no queremos a nuestros clientes enojados —solo supervisó las actividades.

—Por favor necesito más pasties de cornualles y crumbles para la mesa de los banqueros —informa el mesero que los atiende.

—Por favor alguien más hágase cargo de los cortes de pescado, chef Edward haste cargo de tus postres —cambia de lugar con el cocinero.

Camino detrás del señor Gale, parece ser que sus postres son todo un éxito, que decir de lo profesional que resulto ser, ya que es él único autorizado de tocar su área de trabajo es él.

—Parece ser que ser que los cornualles y los crumbles son un éxito entre los comensales —acomodo las manga de mi filipina.

—Me a-a-legra sa-sa-ber-lo —corre de un lado a otro buscando lo necesario para su preparación.

—¿Cuál es el secreto? —muerdo un trozo de chocolate.

—Lo siento, pero es un secreto que me llevo mucho perfeccionar —con su trapo blanco se encarga de limpiar las pequeñas manchas—; si me permite, iré entregarlos personalmente.

Asiento, cuando veo ha desaparecido entre la gente.

—¿Chef Cullen? —me encuentro con los rizos fuego de Victoria.

—¿Que sucede Victoria? —hago unas anotaciones en una pequeña libreta.

—Tengo en la linea a un hombre que pide hablar urgentemente con usted, dice que si ha pensado su propuesta de esta mañana —se encoge de hombros con indiferencia.

—Seguramente es un número equivocado, cuelga y si vuelve a llamar bloquea el número.

—Claro chef Cullen, si no me equivoco estamos a media hora de ir recoger sus compras de esta mañana, me pidió que se lo recordará —checa sus notas del Ipad.

—¡Oh claro! Por favor, entra a mi oficina y sobre el escritorio hay un ticket de compra en un oculista, por favor si Bejamin esta disponible pídele que se encargue de traer los encargos.

—Por supuesto chef. ¿Algo más en que la pueda ayudar? —parece ser que su aparato es más interesante que yo.

—Nada, puedes irte a casa, mañana te necesito temprano con los informes financieros que te pedí en la tarde.

—Claro, mañana los tendrá en su escritorio. Que pase buena noche —moviendo sus caderas, se aleja con gracia.

—Chef Cullen. ¿Podría ayudarnos con una orden de cortes de carnes? —me pide el cocinero a cargo de la parrilla.

—Por supuesto —guardando mi pequeño block de notas, corro hasta los refrigeradores.

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—Estuvieron fantásticos señores, mañana los espero temprano para una pequeña muestra de lo que se servirá de ahora en adelante —todos asienten, veo muchas caras cansadas.

—¡Hasta mañana! —se despide el grupo de cocineros que salen uno tras otro, chocando las palmas con el señorito Edward.

—Descansen —acabo de colocar todos mis cuchillos en su estuche.

Saco de mi locker varias toallas sucias y que necesitaran de suficiente agua y jabón para volver a su estado inicial. Todo lo coloco en mi mochila junto a mi ropa sucia.

—Creo que-que so-so-mos los-los ul-ul-ti-ti-mos —el señorito Edward acomoda su cabellera rebelde.

—Si Edward, será mejor que nos vallamos a casa mañana será una jornada mucho más larga.

—Ci-ci-er-er-to. ¿Pu-pu-e-e-do a-a-yu-yu-dar-dar-te con-con tú-tú bol-bol-so? —acomoda sus nuevos lentes, sin duda le dan un toque de juventud y no la del abuelo pasado de moda como hace unas horas atrás.

—Claro, gracias —coloco mi mochila en su hombro.

Ahora soy yo quien le sede el paso, pero puedo deducir que no le agrada en absoluto lo que he hecho por esa mueca, igualmente me importa un demonio.

¿A caso una señorita no puede tratar de esa manera a un caballero? Hombres... Parece que he herido su ego.

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Con una pijama de shorts y camiseta de tirantes salgo de mi habitación, si estoy más que frita con todo el trabajo, pero el hambre es más fuerte que nada.

Escucho que la televisión esta prendida, la cocina esta en funcionamiento y el señorito Gale parece estar muy concentrado preparando su cena.

—Hola de nuevo Edward, ¿hambre? —me estiro por un vaso limpio.

—Si-si Be-be-lla, la-la co-co-ci-na fué-fué muy-muy ab-ab-sor-ben-ben-te —mueve de la sartén lo que parece ser un sándwich.

—Lo es mucho Edward, lamento que tengas que modificar tus hábitos pero prometo que esto no será costumbre, ante todo lo necesito sano.

Saco del refrigerador un cartón de leche y una caja con pastel imposible.

—No-no pa-pa-sa na-na-da, se-se que-que la-la co-co-ci-ci-na es a-así —toma un plato y coloca su cena.

—¿Le gusto su primer día de trabajo? —corto un buen trozo de pastel.

—A-a-mo co-co-ci-nar —sonríe con timidez.

Me veo reflejada en su sonrisa, es la misma la que yo pongo cuando alguien me pregunta sobre mi profesión. Me apasiona cocinar para grandes masas.

—Tenemos ello en común Edward, usted me recuerda mucho a mis padres; la forma en que lo vi moverse sobre su cocina fue como ver a mi madre o a mi padre andar al frente de ello —saboreó el pastel, es delicioso y con un trago de leche resalta los sabores del chocolate y el flan.

—Me-me en-en-can-can-ta-ta-ría lle-lle-gar a-a ser co-co-mo sus-sus pa-pa-dres, son-son gran-gran-des fi-fi-gu-gu-ras de-de la-la co-co-ci-ci-na —se lleva a la boca un trozo de su sándwich, limpia los restos con una servilleta de papel.

—Yo también deseo ser como ellos. Pero vamos cuénteme de sus padres. ¿Quienes son? ¿A que se dedican?

Traga duro.

—No-no me-me gus-gus-ta ha-ha-blar de-de e-e-llo, no-no lo-lo to-to-mes a-a mal —frunce el ceño.

¿Que esconde detrás de esa figura?

—Lo siento —Esme codearía mis costillas por ser tan entrometida.

—No-no pa-pa-sa na-na-da, so-so-lo que-que no-no ten-ten-go bu-bu-e-e-na re-re-la-la-ción con-con e-e-llos —su tono de voz se endurece y sus nudillos se ponen blancos.

—Entonces, platiqueme sobre alguien que sea especial para usted.

Vuelve esa sonrisa a su rostro.

—La-la per-per-so-so-na que-que me-me im-im-pul-pul-so a-a es-es-tu-tu-di-di-ar gas-gas-tro-tro-no-no-mía fue mi-mi tía Sash, e-e-lla es-es due-due-ña de-de la re-re-pos-pos-tre-tre-ría Galash —toma un vaso de soda.

Escupo mi trago de leche.

—Eres familiar de ¿Sasha Gale? Y, ¿porque no trabajas en Galash? Eres un gran repostrero, una sola mirada a este día y los halagos a tus postres.

—No-no que-que-ría es-es-ca-ca-lar es-es-te mun-mun-do por-por a-a-yu-da de mi-mi tía, e-ella ha-ha si-si-do mi-mi án-án-gel.

—¡Pero ella es de las mejores del mundo! Galash es uno de los lugares que tienes que visitar si eres amante del dulce, las filas de gente para ordenar son enormes en un día normal, yo fui hace un año en el cumpleaños de mi papá y casi no me veía salir —pareciera que estoy hablando con mi ídolo.

—Lo-lo es pe-pe-ro no-no qui-quie-ro que-que pi-pi-en-sen que-que so-so-lo u-so el-el nom-nom-bre de mi-mi tía. A-a-de-de-más mi-mi sue-sue-ño es-es te-te-ner mi-mi pro-pro-pío lu-lu-gar.

Mis propios sueños.

—Eso es envidiable Edward; yo deseé tanto hacerme de mi propio lugar pero me vi consumida por el nombre de la cadena Carlo's y no podía decepcionar a mi Esme ni mucho menos a mi héroe que siempre fue Carslie —acabo con mi pastel.

—¿Us-us-ted es fe-fe-liz? Me re-re-fiero en-en ge-ge-ne-ral —lame las migajas de pan de sus labios.

Como si se tratará de un corto de cine, veo andar una tras otra anécdota de mi vida. Sonrisas, lágrimas y gritos; buenas y malas experiencias; mi primer y único amor, el corazón hecho trizas y la primera vez en la que un hombre me toco. ¿Qué fue de mis principios? Me rebaje a que un desconocido me introdujera al mundo del sexo, susurros y gemidos sin rostros ni sentimientos, gotas de sudor y gruñidos, uno o dos pares de ojos observándome y tomando todo lo que esa mujer les quería dar.

Me reduje a ser conocida como la loba... La cuál su hambre por nadie era saciada, pero lo que nadie sabe es que era el amor lo que le faltaba para estar satisfecha.

—No Edward, no se a donde he dirigido mi vida. No soy lo que aparento, nadie conoce quien es Bella Cullen... Ni yo misma la conozco.

—No-no ten-ten-gas mie-mie-do Bella. Hay ve-ve-ces en-en las-las que-que nos ve-ve-mos con-con-su-su-mi-dos por-por las-las ti-ti-nie-blas, no-no te-te-ma. Us-us-ted tie-tie-ne que-que lu-lu-char por-por a-a-que-llos que-que creen en us-us-ted. Pue-pue-do ver-ver que-que eres fuer-fuer-te. Yo-yo que me-me con-con-si-si-de-de-ra-ra-ba dé-dé-bil he-he re-re-gre-gre-sa-sa-do ga-ga-nan-do ba-ba-ta-llas —su mirada se oscurece.

—¿Han lastimado tú corazón Edward? —Estoy muy intrigada por sus palabras.

Su mirada se centra en la barra de granito.

—Lo destrozaron, pero prometí que nunca más lo harían —sin decir ni una palabra más, da media vuelta y camina hacia su cuarto.


No tengo palabras para expresar lo que han sucedido en este tiempo que no he actualizado, pero mejor tarde que nunca; espero que disfruten el nuevo capítulo.

¡Feliz 2015!

Slank