Los personajes son de Naoko Takeuchi

La historia es de Sandra Chastain

Yo, solo me divierto =P


CAPITULO 11

.

.

Mina se fundió en sus brazos y dejó que Yaten la metiera en su habitación. Se tumbo en su cama y observo cómo se quitaba la camisa dejando al descubierto un maravilloso torso. Se denudo por completo y se quedo quieto.

Mina se limito a mirarlo. Estaba a mil por hora y sentía un calor inhumano. Tenía que tocarlo.

- Eres más que una fantasía – susurro abriendo los brazos.

Yaten se tumbo sobre ella.

- Si quieres, todavía estas a tiempo de decirme que me vaya.

- Si quieres, todavía estas a tiempo de irte – contesto ella –. Lo entendería. Eres un guerrero de fin de semana que se dedica a salvar a damiselas en apuros…

Yaten la interrumpió con un beso.

- Y tú eres una mujer de relaciones estables que cuida de su madre…

- No estoy muy segura de ser una mujer de fin de semana.

- Y yo no estoy muy seguro de no necesitar que alguien cuide de mí – murmuro Yaten.

Mina le acaricio la cara y deslizo las manos por las costillas hasta llegar a la erección.

- ¿Tú? – bromeó Mina guiando su miembro en el interior de su cuerpo.

Mina estaba asustada por el incontenible deseo que sentía por aquel hombre, pero había decidido dejarse llevar. Ya le daba igual el ascenso y no estaba muy segura de si solo era una fantasía.

Quizás se arrepintiera de aquello, pero daba igual. Apretó su cuerpo contra el de Yaten y vio en su cara que no había otro hombre en la tierra como él y que aquella noche era suyo.

Yaten gimió y la garro de os hombros sin parar de besarla. Su boca fue bajando hasta sus pezones dejando una estela de fuego a su paso. Mina no podía dejar de moverse y él no podía permitir que se moviera. Ya había metido la pata una vez aquella noche, así que se apresuró a agarrar un preservativo de la mesilla. Mina no pudo esperar más, agarró el preservativo, lo abrió y se lo puso. Entonces, Yaten se introdujo en su cuerpo lentamente. Sabía que a las mujeres les gustaba la lentitud. Podría aguantar. Claro que podría.

Y un comino. Entonces, ocurrió. De repente, Mina se puso a jadear y a temblar y el cuerpo de Yaten la siguió. Alcanzaron de nuevo el clímax juntos. ¿Qué demonios estaba ocurriendo? Yaten quería darle una noche de placer especial, pero no podía controlarse.

Por la ventana entraban acordes de música hawaiana. Yaten la abrazo. Mina lo beso y sonrió.

- La primera vez que vi tu foto, deseé esto.

- ¿Por la foto?

- Sí, no podía dejar de mirarla. Lo que sentía era tan fuerte que me daba miedo. Al final, tuve que darle la vuelta. Desde el principio, has sido más que un soltero de alquiler. Has sido una especie de promesa prohibida de lo que puede ser el amor… bueno, la lujuria. No creí que fuera a conocerlos jamás. Gracias.

Yaten tampoco. Había tenido muchas relaciones sexuales, pero ninguna tan ardiente como la que compartía con Mina.

- La preciosa Mina Aino.

- Ese es mi nombre, sí.

- Lo sé – contesto Yaten dejando el marchito hibisco sobre la mesilla – No me arrepiento de lo que ha pasado antes, solo de cómo.

- ¿De cómo?

- Sí, bueno, ya sabes… normalmente no soy tan irresponsable con las mujeres.

- No te preocupes. Soy responsable de mis actos – dijo Mina incorporándose y dándole un beso.

Yaten creyó enloquecer al sentir sus pezones en el pecho. Sabía que estaba en peligro. Nunca había sentido nada igual. Se había propuesto ayudar a Mina a encontrar a la mujer sexual que llevaba dentro y no se había puesto a pensar en él. Cerró los ojos y decidió que debería pensar en lo serio que se estaba poniendo el asunto, en hacia donde iba aquello y en lo que quería hacer con su vida. Demasiado tarde. Siempre lo había sido. Abrió el cajón y sacó otro preservativo.

Mientras lo abría se dio cuenta de que estaba acabando con la distancia que había puesto entre su vida y la de aquel hombre que conoció el amor y lo perdió. Se dio cuenta de que se estaba tirando al precipicio de los compromisos. Se estaba dejando llevar por el instinto y no por la razón. Coloco a Mina encima de él para dejar que ella llevara las riendas.

Mina hecho la cabeza hacia atrás y luego lo miro con incertidumbre. Se lanzo por su boca, con mordisquitos y lengüetazos. Era libre para hacer lo que quisiera. Ella lo había liberado y juntos gozaron hasta quedarse sin fuerzas.

.

.

Horas después, Mina despertó.

No sabía que sentir. Se había pasado la vida poniéndole freno a su corazón para cuidar de Luna y había estado a punto de tirarlo por la borda por una noche de pasión. ¿Cómo iba a mirar a Yaten a la cara? Él estaría acostumbrado a pasar esas noches, pero ella no.

Decidió no estar cuando se despertara.

No se arrepentía de haberse acostado con él, pero debía enfrentarse a la verdad. En veinticuatro horas, estaría en el mismo lugar que antes: teniéndose que enfrentar al señor Moon por haber mentido e intentando proteger su futuro.

¿Y Yaten? Se habría ido.

Por el momento, tenía que asistir a una boda.

Salió en silencio de la habitación de Yaten y se dirigió a la suya llevándose un álbum de fotos de niños.

Se metió a la ducha llena de dudad. Intento no pensar, no sentir. Al salir, se puso una bata de seda y se sentó en la cama a ver las fotos de Yaten. Al terminar de verlo, lo metió en su maleta. Acababa de ver el alma de Yaten Kou. Aunque no quisiera una familia, se había llevado un trocito de cada niño que había retratado.

Era un hombre realmente especial.

Sin embargo, el sueño tenía que terminar. Tenía que seguir con el plan original. Pasar el fin de semana con él, pagarle y romper el compromiso una semana después. Una vez solucionado ese problema, le propondría al señor Moon una idea tan buena que no podría negarle el ascenso a pesar de estar soltera. La vida volvería a estar bajo control.

.

.

Yaten llamo a su puerta a la hora de la boda. Mina no quería abrir, pero sabía que no se podría esconder para siempre.

- Mina, abre la puerta o la echo abajo.

Mina obedeció y dio un paso atrás.

- Supuse que te arrepentirías, pero nunca pensé que no quisieras verme.

- No tengo más remedio.

- ¿Y no quieres hablar de ello?

- No. Te he contratado para el fin de semana, Yaten. Una hora más y tú podrás volver a viajar por el mundo y yo volveré a vender productos para bebe. De hecho, te voy a pagar ya – dijo sacando unos billetes de su bolso.

- No quiero tu dinero – contesto él.

- Por favor, Yaten. Has hecho tu trabajo muy bien. Acepta el dinero.

E- l trabajo no ha terminado todavía. Tenemos que ir a la boda. Artemis y Luna nos están esperando. Estás muy guapa. Como una novia, de verdad.

- No – murmuro Mina.

- ¿Qué?

- No te pongas tan cerca de mí – contesto viéndolo como un dios recién salido de las aguas del océano. La verdad es que parecían amantes. Mina sintió que le temblaba el cuerpo entero.

- Será mejor que nos vayamos – dijo.

- Estamos a medio camino, Mina.

- Supongo que sí.

- Entonces, vámonos de boda.

.

.

La boda fue maravillosamente bien. Mina se emociono de una manera que no creía posible, sobre todo cuando la novia dijo que quería compartir su amor con los que no tenían nada. Sintió que aquello le llegaba al corazón. Durante el banquete, Luna estaba en el séptimo cielo, encantada, yendo aquí y allá del brazo de Artemis Moon.

- Espero que le vaya bien – murmuro Mina.

- Claro que si, ya es mayorcita.

- Sí, bueno, a veces te crees que lo tienes bien atado y, de repente, despiertas y te das cuenta de que no.

- ¿Has sido eso lo que te ha pasado esta mañana?

- No, bueno… sí. Creí que iba a ser capaz de tener una noche de pasión y hacer como si tal cosa, pero no es fácil.

- No, no lo es. ¿Y ahora qué? ¿Ya tienes hecha una lista?

- Nada de listas.

Yaten no sabía por qué estaba siendo tan cruel. Al despertarse aquella mañana y verse solo, había comprendido que Mina había conseguido soltarse la melena por la noche, pero que no sería capaz de aguantar durante el día. Aquel fin de semana era como un trabajo. Lo había contratado para hacer un trabajo que estaba a punto de terminar.

- Gracias, Yaten. Cuando veas a Kakyu, dale también las gracias. Has estado muy bien. La verdad es que has sido el amante perfecto. Si quisiera un marido, querría unos exactamente igual a ti.

- ¿Eso es todo?

- Sí.

- ¿Se acabo?

- Sí.

Yaten arrugo el ceño, dejo la copa en la mesa y le agarro la mano.

- Supongo que, entonces, este va a ser nuestro último baile. Esmérate, Mina, porque tu madre y tu jefe están mirando.

La melodía termino demasiado pronto y Mina se encontró pasando de los brazos de Yaten a los de Artemis mientras Luna bailaba con Yaten.

- Me gusta tu prometido.

- Se va mañana – contesto Mina – Tiene que trabajar.

- Bueno, mientras vuelva… Tu madre está preocupada por eso, pero he visto como te mira. Conozco esa mirada. Esta enamorado.

No podía más. No podía confesar la verdad, pero tampoco quería seguir mintiendo.

- Lo siento. señor Moon. Dígale a Yaten que ahora vuelvo – dijo alejándose entre la gente rumbo a su habitación.

Escribió una nota para Yaten diciéndole que volviera con Luna, metió su ropa en la maleta y se fue llorando.

.

.

Al día siguiente, entro en el despacho del señor Moon y lo confeso todo.

- Me preocupa que hayas creído que no te iba a ascender por no estar casada – dijo Artemis – y estoy muy decepcionado porque me hayas mentido.

- Entiendo, ya he limpiado mi mesa, pero, antes de irme, me gustaría contarle algo.

- ¿De qué se trata? – pregunto Artemis con curiosidad.

- Montañas de Felicidad es una empresa estupenda. Los empleados están encantados y los productos son buenos, pero falta algo.

- No te entiendo.

- Pues su nieta, sí. Empezó con el árbol para recaudar fondos para los niños necesitados y siguió con sus votos matrimoniales cuando dijo que prometía compartir su amor con los más necesitados. Eso es en lo que debería concentrarse Montañas de Felicidad – le explico Mina entregándole el álbum de fotos de Yaten –. Estos niños no son felices, no tienen amor. Su empresa podría ayudarlos.

Artemis fue pasando las páginas y su cara se fue poniendo cada vez más seria.

- ¿Qué has pensado?

- Publicar un libro con fotografías como estas de niños de todo el mundo. Venderlo y utilizar el dinero recaudado para crear la Fundación Felicidad para los Niños, patrocinada y administrada por Montañas de Felicidad.

- Estas fotografías son muy buenas. ¿De quién son?

- De Yaten. No sabe que las tengo yo, así que tendrá que pedirle permiso para utilizarlas.

- Muy bien. Te propongo que no te vayas, te necesito para este proyecto.

Mina protestó, pero fue inútil.

- No, no me contestes todavía. Tómate unos días de vacaciones, vete por ahí y piensa en tu futuro. Hablaremos cuando vuelvas.

La idea era buena. Si se quedaba, tendría que enfrentarse a Yaten y a Luna. Primero tenía que enfrentarse consigo misma.

.

.


Que puedo decir que no sea un lo siento por no actualizar mas constante, pero bueno, aqui este capitulo, son realmente cortos, en fin, enseguida subo el capitulo doce :D