Aquí vamos. A ver si las encuentro. Perdónenme si se vuelve extraño pero es que ha pasado muchísimo tiempo.
Capitulo 11. / "Con el paso del tiempo"
Pov Edward.
- ¡Edward!, dios, ¡ve por ella!- Sue gritaba, agitando sus manos como si quisiera arrojarme algo al rostro. Pero no lo hacía.
Seguí de largo y caminé hasta las escaleras, ella me siguió. Si bien sabía que me hablaba, la ignoraba olímpicamente, no estaba de ánimos hoy para sus sermones diarios de diez horas del porqué debería ir en búsqueda de Isabella.
Agh. Como me dolía pensar en ella, y sólo pensarla.
Recuerdo excelentemente cuando se fue, y porqué se fue, hace ya dos meses. Su baile de graduación, su piel tan brillante, tan tersa, tan pálida pero perfecta. La forma en la que me miró cuando bajó las escaleras y tropezó sobre mí, a causa del vestido azul metálico que llevaba. Recuerdo haberla llevado hasta la puerta del salón, y sin que nadie nos viera, haberle besado con todas mis ganas, como si de alguna forma determinara que esa chica era solo para mí y nadie más podía tomarla.
Cerré la puerta del dormitorio en la cara de Sue, tendría que pedirle disculpas después. Me quité la corbata y arrojé mi cuerpo sobre la cama, cerrando los ojos casi por inercia.
- Qué te parece mi vestido?- se balanceó de un lado a otro, haciendo que la tela se elevara sobre sus preciosas piernas.
Sonreí con malicia, la acerqué, corrí mi dedo por lo desnudo de su espalda, de sus hombros, del contorno de sus muslos.
Ella se estremeció.- ¡Edward!- me reprendió mientras se percataba de nuestro alrededor.- ¿quieres que alguien nos vea?
Cuando me hube preparado para algún pequeño golpe de su parte, me sorprendí que ella cruzara sus manos por mi cuello y aplastará mi boca con la suya.
Ahora que lo pienso, siempre presentí que esa inmensa nube de felicidad se disiparía con facilidad, rápidamente, que tenía los minutos contados, que era imposible hacerlo durar demasiado.
- Se que soy delicioso, y adoraría retenerte por siempre en mis brazos- ella giró los ojos- pero creo que esta noche compartiré una parte de ti, psicológicamente hablando, con tu amiguito- enfaticé- Jacobo Black.
Ella soltó una risita nerviosa y supongo que le vio, porque quitó mis manos de su cintura. Eso me dolió, pero no lo intenté otra vez. Rápidamente me abrazó y en ese movimiento su mano apretó uno de mis glúteos, provocándome una sonrisa.
- nos vemos muy pronto, Tony.
Reí con tristeza, una risa cansina, tan falsa como el tatuaje de henna que Emmet dice real. Era tan estúpido, lo soy. Me desvestí y me miré al espejo, ella tenía razón, era un monstruo.
Bella se fue porqué soy un autentico hijo de perra.
Mientras veía como su pequeño cuerpo entraba del brazo con Jacobo "el muy idiota (como adoraba llamarle con mi hermano)" Black, mi móvil comenzó a repicar, lo saqué del bolsillo. Christine.
Bufé. Dejé que el agua helada de la ducha me envolviera por completo, esperando congelarme por imbécil.
- Dígame?- sonreí, con toda la alegría del momento.
- Edward?- ella ronroneó por el teléfono, aunque me dio igual.- necesito que te pases por mi casa con urgencia.
- Disculpa?- aclaré la voz.- y eso porqué?
Christine era jefe de una famosa marca de línea deportiva para la cual estaba trabajando, era una mujer arrolladora, y completamente angustiante.
- oh, discúlpame...-se escuchó decepcionada- tengo un detalle que me molesta sobre la campaña, y como debe estar lista para este lunes, podrías pasarte para solucionarlo de una vez?
Miré mi reloj, eran recién las once de la noche, de todas maneras faltaba mucho para que Bella terminará con su fiesta.
- um… - subí a mi coche- no puede ser solucionado el lunes en la oficina?
Guardó silencio.- No lo creo. Pero tampoco es algo que tarde.
En que puto año naciste Edward?, aplasté la frente contra la cerámica de la ducha. Caí en la trampa más antigua del mundo.
- De acuerdo, mándame tu dirección a mi correo. Estoy por ahí en 20 minutos más o menos.
En resumen, había llegado a su apartamento, una pelirroja despampanante abrió la puerta desde el otro lado, conversamos sobre sus absurdos detalles, que ella misma había sugerido, bebimos unas copas de vino, cuando ella se puso demasiado cariñosa, me despedí cordialmente. No me sentía para nada bien. Me trató de detener antes de subir al auto, pero no le dejé. Puse de todas mis fuerzas para manejar y no morir en el intento.
Llegué a la casa, antes de poder sacar las llaves de mi abrigo, ¿dónde estaba mi jodida chaqueta?, vomité en la calzada, revisé mis bolsillos, no traía las llaves, probablemente las había dejado donde la rubia.
Di la vuelta a la casa y saqué la llave de emergencia que Sue guardaba bajó unos maceteros. Mis manos tiritaban, llamé a la puerta, pero nadie contestó. Logré abrir al noveno intento. Subí las escaleras y entré a la pieza de Bella, su aroma en el aire. Fui al baño, me desvestí y volví a vomitar y, desde ese momento no recuerdo nada. Manos, vómitos y oscuridad. Humedad en mi rostro, un perfume ajeno, invasivo.
- Edward?- una vocecita.- Que carajos...- un sollozo y un manotazo.- ¡Edward despierta de una maldita vez!
Abrí los ojos con una sonrisita, su hermoso vestido azul, su rostro más pálido de lo común, sus ojos tristes, lagrimas cayendo. Me levanté buscando el problema. La pelirroja era el problema.
Arrojé la lámpara al piso, el despertador contra la muralla, el celular contra el armario y me senté desnudo sobre el piso. Me dolía demasiado fingir que no estaba acabado, que no estaba roto, que había acabado con el amor que sabía que sentía ella por mí.
¿Cómo podía ir por Bella? ¿Como si yo mismo sabía que no la merecía?
Lloré, como siempre lloro por ella, cada vez que puedo, para sentirme menos monstruo y menos quebrado.
- Que mierda...-ella trataba de hablar pero no podía- porqué?
Me levanté de esa cama asustado, mirando a la pelirroja que dormía apaciblemente en la misma camiseta que me había puesto el día anterior, me deformé y sentí las nauseas y todo otra vez, estaba asqueado. Era la cama de Bella, su habitación. No entendía nada, sólo miraba horrorizado a bella y sus ojos desorbitados que intercalaban entre mi cuerpo y el de ella. Estaba semidesnudo.
- Bella...- traté de alargar una mano, pero ella la miró con repugnación.- esto, no sé, no es...
- en mi cama...- masculló.- con una puta pelirroja.
Bella se acercó al lado de su cama, en donde la chica reposaba, estiró su mano y la enredó entre los rojos cabellos y de un sólo tirón la arrojó sobre el piso. La chica despertó sobresaltada y la miró, y luego su vista se posó sobre mí. Su boca se abrió completamente.
La odie tanto, que me importó un carajo su insulsa propuesta de trabajo y su dinero.
- puedo explicarlo...- levantó una mano como defensa por la proximidad e ira de la chica de cabellos castaños.- sólo, tú, tus llaves...
Mi cabeza daba vueltas. Por la puerta un risueño Emmet estaba por entrar, cuando nos vio a todos, su cara se transformó. No pude aguantar más y corrí al baño para volver a vomitar, mi cuerpo sufría convulsiones, pero nadie sintió interés por mí, era de esperarse y si hubiera tenido suerte hubiera muerto ahí mismo.
Terminé de vestirme y me senté a los pies de la cama, tomé mi cabeza con fuerza entre mis manos. Es que no lo entiendo.
Cuando había salido del baño ya nadie estaba ahí, me puse mis pantalones y mi chaqueta, que mágicamente había aparecido ahí, y salí al pasillo, no había rastros de Christine. Emmet estaba en el salón, sentado sobre el sofá mirando hacia el cielo.
- sabes, yo siempre pensé que tú y Bella iban a estar juntos, se casarían, tendrás hermosos bebés...-suspiró.- pero ahora creo que eso jamás pasará.
Mi corazón había goteado por dentro, era una especie de desangramiento interno, como si toda mi sangre se fuera súbitamente hacia los dedos de mis pies.
- Donde está?- logré articular.
Me miró y vi flamear sus ojos. Mantuve mis ojos sobre los suyos, hasta que me di cuenta de que era la peor persona del mundo.
- la pelirroja?- escupió.
- Bella.
Él gruñó, pero de alguna manera se apiadó de mi cuerpo deshabitado.
- ella está en mi cuarto, está… bloqueada, no deja de llorar, le he dado un calmante y le he dejado dormir ahí.- cerró los ojos.- la has cagado en verdad.
La perdí.
- la perdiste.- me confirmó- se irá por ti.
Y se fue.
Esta vez si que la embarró Edward, la terminaré pronto, queda poquito...muy poquito. Un beso chicas, espero que puedan leerla :) Niss
