QUE ENREDO Y TODO POR EL ALCOHOL

Por Mary Martín

CAPITULO 12

ES O NO ES, HE AHÍ EL PROBLEMA

(Parte 2)

Hay cada cosa que nos pasa en esta vida que a uno le dan ganas de tirarse desde un barranco al puro estilo de Seiya. Eso es lo que pasaba por la mente de nuestros amigos mientras veían que el siempre iracundo hermano de Shun leía el papel que tenia entre manos. Al terminar de hacerlo, alzó la vista lentamente y poniendo cara de mamá regañona arrugó el papel mientras mostraba claros signos de querer venganza. Como acto reflejo todos se llevaron las manos a la cabeza para protegerse, cerrando los ojos y esperando ser consumidos por el fuego infernal de Ikki. Se quedaron quietos en el suelo un rato esperando lo peor, hasta que sucedió...

– ¡¿Qué rayos es esto?!

Me encantan las reacciones de Ikki. Imagínenselo a punto de estallar, con los ojos saltones inyectados de sangre y sed de venganza con una pequeña flamita saliendo de su boca, mostrando grandes colmillos como de cocodrilo asesino… que exagerada soy ¿Verdad?... no, realmente estaba furioso

– ¡Adiós mundo cruel! – Kanon encomendaba su alma a todos los Dioses

– ¡Es el fin! – June pensó que su joven vida había terminado

– ¡Shun! ¡¿Qué significa esto?!

– Este…– Ikki se cruzó de brazos esperando una muy buena explicación –….yo... yo puedo explicarlo... – pero al notar que estaba aumentando considerablemente la temperatura de la habitación decidió que tal vez decirle algo no era una buena idea – errr.. Kanon, tú explícale

– ¿Yo? – preguntó temeroso al sentir la mirada penetrante de Ikki – bueno, es que…

– ¡Tú mejor ni me digas nada infeliz! – se enfureció de tal forma que Kanon corrió como cachorro asustado a refugiarse tras de June que sólo atinó a sonreírle nerviosamente al cuñado pero este lo siguió con la mirada

– ¡Piedad! Soy muy joven para morir – dijo suplicando de rodillas y con cara de: Ikki, no me mates

– ¿Cómo fueron capaces de hacer esto?

– Nii-san, yo...

– ¿De dónde rayos vamos a sacar 800 yenes para pagar la luz?

– Bueno, lo que pasa es que... ¡¿Qué?!

– ¿Luz? ¿Cuál luz? – preguntó Shun súper confundido

– ¿De que estás hablando? – preguntó Seiya dando gracias de que por lo menos aún seguía con vida

– De que va a ser, pues del recibo de luz que tengo en las manos ¿Cómo pudieron gastar tanto?

Los cuatro se miraron unos a otros mientras se incorporaban lentamente. Una que otra maldición alcanzó a ser murmurada por el joven caballero de géminis que de pronto sintió ganas de asesinar al primero que se le pusiera en frente.

– Eso quiere decir que...

– ¿Qué? ¿Todo este tiempo nos hemos estado peleando por un miserable recibo de luz? – terminó de decir Shun que comprendió que las mordidas y arañazos recibidos fueron en vano

– Claro que es un recibo de luz, ¿Qué creíste que era?

– Errr...no, nada…

– Un día de estos me va a dar un infarto – refunfuñó Kanon dejándose caer pesadamente al sillón

– No creo, no tengo tan buena suerte – respondió Ikki todavía esperando ver a que horas recibía una respuesta – por cierto, todavía estoy esperando ver a que horas me dan una respuesta

– Lo siento, Ikki, prometo que no volverá a pasar. Seré más cuidadoso la próxima vez.

Bueno, era un hecho que cuando Shun ponía esa carita tierna de niñito regañado Ikki no podía más que ceder antes esos ojitos que lo miraban completamente apenado. Exhaló con fuerza mientras intentaba calmarse, revolvió un poco el pelo de su hermanito mientras asentía con la cabeza. Pensó que se había exaltado un poquito ya que vio al resto sentados a la mesa respirando aliviados como si el alma les hubiera regresado al cuerpo, ah, también estaba Kanon que al parecer tenía un tic en el ojo mientras seguía echando maldiciones al aire.

– Bueno, los dejo solos y ni crean que les voy a ayudar a pagar la cuenta ¿Oyeron?

– ¡No puede ser! – estalló June una vez que se hubo ido

– ¿Por qué me hacen sufrir tanto? – Shun se llevó una mano al corazón mientras trataba de recuperarse del susto

– ¿Y ahora qué?

Definitivamente esto se estaba poniendo más y más complicado. Solo era cuestión de tiempo para que se enteraran de una buena vez por todas de los resultados de los análisis. No pudiendo soportar tanta presión, Seiya fue personalmente al laboratorio y con suma cautela sacó de los archivos el dichoso papelito que contenía la verdad. Entre tanto, Shun no paraba de dar vueltas de un lado a otro de la habitación. Kanon, a falta de cerveza, se había tomado como 15 biberones de leche con chocolate que June decidió servirle aunque se viera súper raro un general marino con su chupete en la boca.

Yeiden por su parte, se dedicaba a jugar con su peluche incapaz de entender la tensión que se respiraba en esa habitación. Los minutos pasaban lentamente para ellos mientras que Seiya procuraba salir sin ser visto del laboratorio. En cuestión de segundos, llegó corriendo a velocidad luz. Al escucharlo llegar, todos dejaron lo que estaban haciendo, incluso Yeiden volteó a ver al tío Seiya que por primera vez en su vida lucía un semblante muy serio.

– Toma Shun, estos son los resultados

Shun lo dudó un poco, extendió una mano temblorosa hasta al fin sostener el papel perfectamente doblado y con el sello de la clínica. La observo un poco más. Hace a penas unos segundos hubiera dado lo que fuera por poder tenerlo a su alcance… pero ahora tenia miedo de leer su contenido

– Bueno, entonces...ábrela… – le pidió Kanon

– No, yo no, mejor tú June – se la da

– Este...le concedo el honor a Seiya – se la pasa a él

– ¿Yo por qué? Yo no tengo vela en este entierro. Ábrela Kanon – se la lanza

– ¿Yo?

– Sí, ¿Qué no eso estabas peleando hace rato?

– Pues si pero...

– ¡Ya! No sean cobardes...yo lo haré

Shun arma de valor, agarra la carta y la observa detenidamente, sus manos le tiemblan, una gota de sudor surca su frente y por fin rompe el sello. June estaba más que nerviosa, impaciente. El lugar quedó envuelto en un silencio sepulcral, pero antes de que logre sacarla del sobre...

– ¡Espera! – gritó kanon dándoles un susto de muerte a todos

– ¿Y ahora qué? – preguntó Seiya con fastidio

– Mejor no la abras

– ¿De que rayos hablas? Tú fuiste el que pidió que se hicieran los análisis para salir de toda duda

– Es que no puedo soportar tanta presión, mejor léanla y después me dicen

– ¡Kanon!

– Luego me dicen qué pasó... – se sale por la ventana

– Errr... creo que yo también los dejo solos – Seiya se va corriendo

– Genial, sólo eso me faltaba. Bueno, no importa, veamos que dice –pero no se decide del todo – Vamos afuera, necesito un poco de aire

Empiezan a caminar uno a lado del otro sin decir palabra, llegan a un pequeño bosque que estaba detrás de su casa y se detienen cerca de un acantilado

– Bien, ya la saqué...ahora voy a leerla – ya fuera del sobre, empezó a desdoblarla pero en el último momento se arrepintió

– ¿Qué pasa? – preguntó June al verlo dudar tanto

– June, no puedo hacer esto... si Yeiden no fuera hijo mío, yo...no sé que voy a hacer, no podría soportarlo...perdóname...

– No tienes por qué disculparte – respondió mientras lo abrazaba – todo esto fue mi culpa

– No digas eso, sabes que no es verdad... nadie es culpable, son cosas que pasan y que no podemos cambiar

– ¿Entonces qué hacemos?

– ¿Sabes qué? Ya no me importa nada, yo soy el padre de Yeiden y lo que diga este papel no va a cambiarlo, dejémoslo así

– ¿Seguro?

– Sí – después la suelta y se dirige al acantilado – creo que esto es lo mejor para todos – después de dudar unos instantes, avienta la carta y se da la media vuelta – Vamonos June, ¿A quién le importa lo que diga ese papelucho?

– Tienes razón, no lo necesitamos

Ellos se alejan mientras la carta sigue su camino al fondo del barranco. Se miran mutuamente mientras se sonreían nerviosos. Poco a poco se detienen y medio segundo después…

– ¡No dejes que se caiga!

– ¡La tengo! ¡La tengo! – se lanzó al barranco para salvar la carta

– Este...Shun...

– ¿Qué? – se le olvidó el pequeño detalle de que estaba a 500 metros de altura – ¡Oh oh! – cumpliendo las leyes de gravedad, se precipitó al fondo del barranco – ¡Ahhhhh!

– ¡Shun! – ella bajó corriendo para ayudarlo – ¿Por qué no bajaste por las escaleras?

– ¿Escaleras? – preguntó aún viendo estrellitas de colores – ¿Había escaleras y no me dijiste?

– Bueno, es que te mueves a velocidad luz, no me dio tiempo de avisarte

– No me digas – respondió con desdén

– Ya no importa, pero ¿En verdad la vas a leer?

– Sí, no podría vivir con la duda toda la vida. Pero pase lo que pase quiero que sepas que te amo y eso no va a cambiar nunca

– Shun, no merezco tanto amor de tu parte, no lo merezco – dijo apartando la mirada

– No digas eso, tranquila – le limpió las lágrimas, le dio un tierno beso en los labios y después de abrazarla volvió a centrar su atención en el papel que estaba en sus manos – Esta vez si lo haré

Tomó la carta, se levantó y caminó unos pasos, June se quedó en su sitio mirándolo y esperando que sucediera cualquier cosa. Lentamente desdobló el papel, suspiró, dejó pasar unos instantes...y comenzó a leerlo. June cerró los ojos y juntó sus manos en una plegaria, podía oír el latir errático de su corazón y sentía una gran angustia en su pecho pero sabía bien que eso no era nada comparado con lo que Shun debía de estar sintiendo. Las palabras escritas en aquel papel podían cambiarles la vida radicalmente y ellos lo sabían. Los segundos se hicieron eternos, como no sucedía nada, June abrió los ojos solo para ver la escena más triste de su vida... Shun dejó caer la carta a sus pies debido a que sus manos le temblaban, el viento revolvía su cabello que le cubría los ojos.

– ¿Shun? – lo llamó suavemente mas no recibió respuesta

Él se quedó parado ahí unos instantes, pero después, completamente rendido, se dejó caer de rodillas en el pasto, luego las manos fueron su sustento. Unas lágrimas surcaron sus mejillas lentamente y cayeron hasta el suelo. June, al verlo, también empezó a llorar, sabía cuál había sido el resultado. Fueron momentos angustiantes en los que sólo se podían escuchar los sollozos de Shun y el sonido del viento que se llevaba sus lágrimas y todas sus esperanzas. June, incapaz de saber como actuar, se le acercó lentamente. Se hincó a su lado y lo abrazó tratando de darle el consuelo que tanto necesitaba... pero sabía que nada funcionaría…

– Lo siento, Shun – dijo mientras lo abrazaba con más fuerza. Se sentía terriblemente culpable – perdóname...yo...

– June... – la interrumpió el chico, que por fin reunió valor para mirarla a los ojos –Yeiden... Yeiden es... es mi hijo – alcanzó a decir apenas con un hilo de voz. June lo miró sorprendida – ¡Yeiden es mi hijo! – gritó con alegría a pesar de que las lágrimas continuaban brotando

– Shun...

– Es nuestro – dijo con su voz quebrada por el llanto.

Ella lo miró con ternura y luego se fundieron en un abrazo y aunque seguían llorando, ahora sus lágrimas eran de felicidad. Se quedaron abrazados, sentados en el pasto, mirando como moría el día que les había traído tantas angustias pero que al final les dio la más grande de las alegrías.

Por fin podían estar tranquilos, pero ahora tenían otro problema y es que alguien tenía que decírselo a Kanon. Ya en la noche regresaron a su casa y Kanon esperaba por ellos. Entraron y lo vieron dando vueltas como león enjaulado

– Ya era hora, los he estado esperando desde hace rato ¿Qué pasó? – Shun y June se miraron, sabían que esto iba a ser difícil

– Pues, bueno...

– ¿Qué? Ya dime – ya estaba desesperado

– Kanon... lo siento... – dijo sin atreverse a mirarlo. Al escuchar estas palabras desaparecieron todas sus esperanzas. Estaba muy confundido ¿Debía estar alegre o desilusionado?

– ...ah, ya veo...entonces... – bajo la mirada – Que bien ¿No? eso era lo que querían... yo me voy, aquí salgo sobrando...– estaba a punto de salir pero al escuchar que Yeiden lloraba se detuvo...

– Voy por él – dijo June mientras se dirigía a la habitación del niño

– No te sientas mal, tú siempre vas a ser de la familia; el bebé te quiere mucho y...

– Ya Shun, no me digas nada. Quiero estar solo – ya estaba por irse pero en eso, June llegó con el bebé y Kanon sintió que se le partió el corazón

– ¿Puedo cargarlo?

– Claro – Kanon lo miró y el niño le sonrió

– ¿Sabes, Shun? Creo que no puede haber nada mejor que ser papá y ver crecer a tus hijos, saber que en tus manos está que se convierta en un hombre de bien, que con tu cariño y tus cuidados se fortalece y se siente amado, es maravilloso y me siento mal por no tener ese privilegio, daría todo por poder ser el padre de este niño... – en ese instante oyen a Ikki que está en la puerta y no de muy buen humor que digamos... qué raro ¿No?

– ¡¿Qué parte de "NO quiero comprar nada" no entiende?! ¡Lárguese antes de que lo cocine vivo! – le gritó a un pobre vendedor que tuvo el infortunio de toparse con él

– Este...pensándolo bien...creo que mejor no, después de todo no quiero terminar mi vida de galán con las chicas así que...toma, es todo tuyo... – Sale disparado por la ventana

– ¿Y después de que me avienta todo el rollo de las maravillas de ser padre, se fuga?

– Creo que se acaba de dar cuenta de que si Yeiden fuera hijo suyo, Ikki iba a matarlo

– Oigan – preguntó Ikki una vez que hubo entrado – ¿Ese que salió corriendo como alma que lleva el diablo, no era Kanon?

– Errr, no creo…

– Más le vale, no quiero que venga a molestar a cada rato… pero pasando a otra cosa, vine para que los tres vayamos a dar un paseo ¿Qué te parece?

– ¿Los tres? Querrás decir los cuatro – corrigió June

– No, lo dije bien… mi hermanito, mi sobrinito y yo vamos a pasear – respondió Ikki tomando al pequeñín

– ¿Y yo qué? ¿Acaso no existo?

– No sabes cuanto desearía que no

– No empieces cuñadito

– No me digas así, arpía

– ¿Qué cosa me dijiste?

June ya estaba dispuesta a dejarlo como chancla revolcada por su impertinencia, ya se le hacía extraño que Ikki no le saliera con una de las suyas. No les digo que si no es una es otra. La cosa es que no podía haber paz en la casa de Shun. Por cierto, él siempre tenía que ingeniárselas para evitar que se armara una pelea mortal entre ellos dos

– Oigan, tranquilos. No peleen frente al niño

– Yo qué, dile a tu hermano que se disculpe conmigo

– Nii-san, es verdad, no seas grosero con June

– ¿Qué? Vas a defender a esa mujer en vez de a mí que soy tu hermano, sangre de tu sangre, carne de tu carne, hueso de tus huesos y…

– Está bien, está bien, ya te entendí

– Escoge Shun, ¿Ella o yo?

– Sí Shun, ¿A quién vas a elegir?

Y también como siempre lo ponían entre la espada y la pared. Unos meses después, ya no había ni la menor duda de que fuera hijo de Shun. El niño ya daba sus primeros pasos pero todavía no hablaba. June por su parte logró poner su guardería y Shun, no de muy buena gana, aceptó dedicarse solamente a sus estudios pues le faltaba menos de medio semestre solamente. En un principio se quejaba mucho pues decía que esa era su responsabilidad pero June logró convencerlo.

Bueno, el amor que se tienen Shun y June logró vencer esta adversidad. Kanon seguía con su vida de seductor empedernido y era también el mejor tío que podía tener el bebé. Al fin tranquilidad para todos. Ya los hice sufrir mucho así que se lo merecen, ahora sí, vivieron felices para siempre… mmm… mejor no…

– Shun, puedes abrir la puerta, cariño – June empezó a desear que una mañana le salieron mínimo dos brazos más ya que en este momento le serían muy útiles, con una mano cargaba a Yeiden que se revolvía como trucha epiléptica entre sus brazos y con la otra intentaba que la comida de ese día no terminara totalmente quemada

– Claro amor, voy enseguida

Gritó desde las escaleras. El chico recién salía de la ducha por lo que solo estaba usando unos boxers rojos que le hacían verse muy bien. Intentó ponerse una playera pero al parecer el visitante tenía mucha prisa porque le abran.

– Ya voy, ya voy…

Al fin abrió la puerta y se topó de frente con una hermosa chica que lo miraba sumamente apenada. Era obvio que ella se había sonrojado súbitamente al verlo así de repente con tan poca ropa.

– Hola – alcanzó a decir con voz tímida

Shun sonrió ampliamente al reconocer a la muchacha pues era una gran amiga suya a la cual hacía tiempo no había visto. Lo que no sabía el joven caballero es que esta inesperada visita le iba a traer muchos problemas. Y es que justo frente a él se encontraba su gran amiga Trem… con una hermosa bebita entre sus brazos…

– Shun… tenemos que hablar…

Continuará…