Notasdel capítulo._

Último capítulo... T-T snif snif.... mi segundo fic y el primer en terminarse… si todo lo que sube tiene que bajar, lo que empieza se termina xD.

En fin... por última vez... A leer!!

Aclaraciones del capítulo._

Kyou kara maou no me pertenece sino a su respectivo autor. Este fic es corto y ya dispongo de mucho más tiempo hasta febrero, iré actualizando poco a poco.

Espero que les guste y gracias a todas (os) aquellos que me dejaron un review! De veras se agradece. Bien, empecemos ya...

O_O_O_O_O_O_O_O_O_O_O_O

Capítulo 12.­­_.:·:El final de la premonición... Un nuevo deseo:·:._

_.:·:Por primera vez... Estamos juntos:·:._

Despertó sintiendo la calidez de un cuerpo cerca suyo. Abrió los ojos con pesadez, cogiéndose la cabeza, intentando incorporarse pero le era imposible. Giró un poco para ver mejor dónde estaba y se encontró con el rostro de su prometido muy cerca del suyo, respirando paulatinamente aún sumergido en el mundo de los sueños.

No pudo evitar sonreír al verlo, Wolfram realmente parecía bastante pacífico y hasta vulnerable en ese momento, pero jamás se lo diría, no si quería atesorar con buenos recuerdos su experiencia pasada.

– Wolf... – lo llamó moviéndolo suavemente, le dolía el cuerpo pero se sentía relajado – Despierta –

El susodicho apenas abrió los ojos, dedicándole una mirada cansada. Luego, se giró y le dio la espalda ¿Levantarse tan pronto? Aún no había enloquecido.

– Perezoso – dijo el moreno ya libre del agarre del soldado. Se paró junto a la cama, estirando sus brazos y sus piernas, seguidos de un bostezo que vino acompañado de cierto proyectil que impacto contra su cabeza y lo llevó directo al piso.

– ¿A quién le dices perezoso, maldito enclenque? – se quejó Wolfram aún acostado en la cama, lamentándose por haber lanzado su almohada que tanto necesitaba ahora.

– Creí que dormías – murmuró Yuuri sobándose el trasero ¡El piso estaba frío! Abrió los ojos de par en par ¿Acaso estaba... desnudo? Pasó su vista por su propio cuerpo dándose cuenta de lo inevitable... oh no.

El rubio bajo la mirada, no pudo evitar sonrojarse al ver al moreno así.

– Ya vez que no – respondió el rubio dándole la espalda y retomando su lugar en la cama.

El rey se incorporó suspirando pesadamente ¡Malagradecido Wolfram! Aún recordaba el final de la noche anterior.

Ni bien el mazoku cayó en los brazos de Morfeo él, a pesar de estar cansado también, se acordó el por qué de la presencia de los pañuelos. Levantándose, suspiro por la pesada tarea que le tocaba a continuación. Saco el cubrecama con cuidado y, cargando a su prometido que dormía, lo acomodó mejor en la litera y lo cubrió, no quería verlo resfriado a la mañana siguiente ni nada parecido. Después, se dirigió al baño y mojó con agua caliente un par de pañuelos con los que limpió al rubio. Bien, ya no faltaba nada, salvo repetir la tarea en su propio cuerpo.

Una vez listo, suspiró con cansancio al notar el desorden ocasionado por las prendas regadas por el piso. Pateó sin mucho ánimo las telas y las apiló junto al armario. Ahora sí podía ir a dormir. Se acomodó en la cama, buscando su almohada pero ésta parecía ser rehén del chico que dormía a su lado, y con ella, la mayor parte del cobertor y sábanas.

Intentó jalar pero le fue imposible. Volvió a suspirar rendido y, en un último intento de conciliar el sueño, divisó en su único pedazo de tela que lo protegería del frío esa noche una blanquecina mancha de tamaño considerable impresa.

¡Malagradecido Wolf! Se dijo con lágrimas invisibles en los ojos, apretando fuertemente el puño. Bueno, ya lo pasado, pasado estaba, y prefería enterrar esos sucesos en su mente. Además que la experiencia adquirida y su descanso por primera vez en casi mes y medio lo valían.

Tomó un nuevo uniforme del armario y, colocando una toalla alrededor de su cintura, se dispuso a salir de la habitación.

– ¿A dónde vas? – preguntó Wolfram quien parecía no haber podido conciliar el sueño nuevamente.

– A tomar una ducha – respondió el moreno con su usual sonrisa.

– Te... acompañaré – anunció el rubio dejando al rey perplejo.

Necesitaba bañarse de todos modos ¿Qué mejor que con su prometido? Quitó el cobertor que le estorbaba sintiendo una fuerte punzada en la parte baja de la espalda. Jadeó en voz baja y se quedo inmóvil, dolía.

– ¿Estás bien? – preguntó el moreno yendo a su encuentro, sentándose en la cama junto a él.

– No es nada, sólo un pequeño dolor – mintió.

Yuuri lo miró con ojos dudosos y Wolfram volteó la cara.

– Ve solo – anunció por fin el rubio – Luego iré yo –

– No – negó el moreno – ¿Quieres que te ayude? – le propuso.

El soldado lo miró sorprendido, al menos Yuuri se mostraba más atento con él, eso era bueno.

– Cómo quieras – respondió sonriendo de lado, tratando de aparentar indiferencia.

El moreno le devolvió la sonrisa y, tomándolo en brazos (misma pose recién casados), se lo llevó.

– ¡Hey, no así enclenque! – replicaba el mazoku pero sus ruegos no parecían ser escuchados por el otro.

Estaba feliz.

Muy feliz.

O_O_O_O_O_O_O_O_O_O_O_O

Las miradas de todos se posaban en cierta pareja. Las sirvientas cuchicheaban entre sí y los soldados observaban con expresiones de asombro.

Un fuerte sonrojo se apoderó de uno de ellos, mientras que el otro sólo mostraba una feliz expresión de triunfo contra el ejército más poderoso.

Acababan de salir del baño y ya estaban listos para ir a desayunar. Se dirigían al gran comedor cuando fuertes pasos se oyeron provenir desde el pasillo de atrás, el que se interceptaba por donde ellos ahora caminaban. Las pisadas se hicieron más sonoras conforme avanzaban hasta que un llamado los sacó de sus cavilaciones.

– ¡Heika! – se escuchó decir de alguien que no tardó en abalanzarse sobre su rey.

– ¡Günther, tranquilo! Botarás a Wolfram – dijo Yuuri quien, hasta hace momentos, ayudaba a caminar a su prometido. El rubio no pudo evitar enojarse por la cercanía del consejero con su prometido.

– Su majestad – escuchó decir de otro.

– Weller – lo llamó su hermano menor apoyado contra el muro de la pared, se había alejado de su prometido por su propia seguridad. El castaño lo miró de pies a cabeza, algo no le gustaba, y creía saber que era.

– Wolfram... qué hiciste ayer – preguntó frunciendo el ceño.

El moreno tragó duro se soltó del agarre en el que lo tenían y se acercó al demonio, extendiendo las manos para formar una "barrera" frente al rubio. Era un asunto de a dos, lo solucionarían ambos.

– Fue mi culpa – anunció el japonés con semblante serio ¡Qué peor castigo que ser descubierto por el hermano de tu amante! – Yo lo obligué – agregó también frunciendo el ceño ¡Determinación, eso necesitaba!

– Bueno, si fueron órdenes del maou ni modo – finalizó el castaño volviendo a sonreír. Ambos chicos se quedaron con expresiones dubitativas en el rostro.

– Entonces... ¿No te importa? – preguntó Yuuri ya más tranquilo, al menos no era un hermano celoso.

– Wolfram es un soldado entrenado, si batalló ayer imagino que fue para proteger a su majestad así que, mientras cumpla con sus deberes, no hay problema. Pero la próxima vez que salgan avísennos, aunque no parece tan herido –

Los más pequeños se miraron con expresiones llenas de dudas ¿Una batalla? Sonrieron aliviados y rieron por lo bajo. Todos habían notado el caminar extraño de Wolfram pero hasta ahora nadie se dignaba a preguntar, Yuuri agradecía mentalmente la prudencia de algunos mientras que el rubio los maldecía por estar hablando de él.

– Pero... – intervino Günther, examinando la situación – Ayer los caballos permanecieron en los establos y se dio orden de no dejar salir a nadie ¿No lo recuerdas? –

– ¡Fuimos a pie! –anunciaron ambos al unísono.

– ¡Tengo hambre, vamos a comer! Jaja – replicó el rey ayudando a su prometido a andar, con miedo a que pueda caer.

– Tenías que ser un debilucho, y por eso, te acompañaré – dijo Wolfram acelerando el paso.

– Pe... pero... – intentó decir el de cabellos largos, dando unos cuantos pasos para alcanzarlos y así continuar con su interrogatorio. Mas no pudo por que cierto híbrido se lo impidió.

– Sólo... déjalos por hoy – agregó Conrad dándole palmaditas en el hombro, consolándolo mentalmente (Acababa de perder a Yuuri, eso era seguro). Él no era ningún ingenuo y ya se imaginaba el porqué de tal herida, sin embargo; en estas situaciones era mejor que la joven pareja pensara lo contrario, para darles cierta confianza – Vayamos también por el desayuno – dijo esbozando una tranquila sonrisa y comenzando a caminar.

Juventud... ¿Quién la entiende?

O_O_O_O_O_O_O_O_O_O_O_O

– ¡Espera Wolf! ¡Listo! – exclamó Yuuri retirando una silla y extendiendo una mano, invitando a su prometido a sentarse.

– Puedo hacerlo solo – espesó el rubio rabiando por el extraño comportamiento del moreno. El que le doliera aún la parte baja de la espalda no era razón para tratarlo como un inválido, aunque apreciaba los esfuerzos de su rey.

No tardaron en llegar Conrad y Günther, que los habían estado siguiendo en silencio. Bueno, al menos tenía una excusa creíble para explicar el malestar del demonio de fuego, una batalla. Rió por lo bajo por sus pensamientos recibiendo como reprenda un pisotón del soldado.

Las puertas se volvieron a abrir pero esta vez una imponente figura se apareció. Vistiendo su típico vestido negro junto a un sombrero ancho de paja y unas gafas negras, estaba la gran Chery-sama parada en el umbral acompañada por su ahora compañera de viajes, la pequeña Greta.

– ¡Madre! – la llamó Wolfram desde su lugar en la mesa – Pero... ¿Cuándo volviste? – le preguntó sin quitar su asombro.

– ¡Padres! – gritó la pequeña niña feliz y se abalanzó sobre ambos que para su suerte estaban juntos.

– Justo ahora llegué corazón, comenzaba a extrañarlos –

– ¿No regresamos por que el barco necesitaba mantenimiento y combustible? – preguntó inocentemente la niña.

– Esa era la excusa Greta – mintió la ex-reina al ser descubierta – Debes aprender a diferenciar una de otra – Las chicas rieron y en el rostro del resto se formó una sonrisa chueca.

– No sabía que ya estabas de regreso madre – pronunció otro recién llegado.

– Oh Gwendal, te has vuelto viejo en este tiempo que nos hemos separado. Mírate, tienes una arruga más aquí – le dijo la fémina tocándole justo en el centro de la frente – ¿O esta era la que te salió el mes pasado?

– Esa es la que le salió hace dos semanas cuando papi Yuuri le dijo que su "panda de arena" era una vaca – respondió la niña trepada en brazos del susodicho.

Gwendal bufó molesto y se sentó tratando de relajarse.

El desayuno no tardó en venir y fue servido igual que muchos días. Las sirvientas se fueron y el silencio volvió a la gran habitación. Todo parecía igual que el resto de los días ¡Excelente, hora nadie se enteraría de lo que había pasado la noche anterior! Y era mejor así. Pero lo que más temía, por mucho que doliera decirlo, era a cierto mazoku que con solo mencionar su nombre se le erizaban todos los bellos del cuerpo, y este era...

– Pueden retirar los platos, ya hemos terminado – anunció el mayor de los hijos de la ex-reina.

...Gwendal.

Todos se levantaron como era de costumbre, incluyendo Wolfram. Al hacerlo, el fuerte dolor volvió a recorrer su espalda y, como era de esperarse, el moreno fue a socorrerlo cogiéndolo con una mano del pecho y con la otra de la cintura.

Günther se asombró, Gwendal levantó una ceja, Chery entrecerró los ojos mientras sonreía con más ímpetu y Conrad y Greta se miraron.

– No se diga más, regresaras a la cama ahora – anunció Yuuri.

– Pero estoy bien – respondió Wolfram.

– Aún así necesitas descansar –

– Yo no quiero –

– Pero debes –

– Lo dices por que eres un enclenque –

– ¿A quién llamas enclenque? –

– Pues a ti, baka –

– ¡¿Baka yo?! –

Todos deformaron sus sonrisas y rieron.

– Qué gusto que se lleven tan bien – dijo Chery-sama con una extraña sonrisa – ¿Y... a qué lo debemos, heika? – preguntó diciendo la palabra "heika" con cierta incómoda lentitud. Deducía lo que pasaba, mas aún disfrutaba burlarse de los inexpertos en las artes del amor.

– Un golpe de batalla – respondió el rey sonriendo fingidamente.

– ¿Un golpe de batalla? – repitió la reina ensanchando su sonrisa – ¿Batalla... en la cama? – agregó.

Todos se sobresaltaron y Gwendal dio un paso adelante.

– Madre, no es gracioso. Debes de estar muy cansada por tu viaje –

– Claro que no, me gusta conversar amenamente con mis hijos –

– Entonces, deja de hacer bromas –

– No es una broma Gwendal, es la verdad, sólo mirándolos te das cuentas –

El hijo mayor de la ex-reina los observó detenidamente, sonrojándose un poco de solo imaginar lo que... pudieron haber hecho.

– Tonterías – dijo tratando de permanecer tranquilo.

– No querido, es amor, fíjate – dijo la madre señalando al menor de sus hijos – Wolfram tiene cara de recién casado luego de haberse entregado a su marido –hizo una breve pausa y ahora señaló al maou – Y Yuuri tiene cara de haber descubierto que su esposa está embarazada después de la noche de bodas y no la deja hacer nada, claro que no es el caso pero... es gracioso – terminó emitiendo un par de carcajadas.

– ¡No es gracioso! – replicaron ambos chicos al unísono. Gwendal dio un par de pasos más, sus ojos permanecían ocultos a través de sus mechas oscuras.

– Entonces... Wolfram y heika... lo han... – intentó decir Günther pero se desmayó producto de un sangrado nasal. Conrad corrió a socorrerlo.

– Los niños no deben estar presentes cuando los adultos riñen, vamos Greta – anunció Chery-sama tomando de la mano a la pequeña y encaminándose a la salida.

– ¡Pero tú lo provocaste! – volvieron a responder juntos la pareja real.

– Wolfram... Yuuri... – los llamó el mayor de los mazoku mirándolos con malos ojos. Ambos tragaron duro mientras rogaban al cielo por clemencia.

– Gwendal, Günther no parece querer despertar, debemos llevarlo con Gisela – anunció el castaño intentando levantar del suelo al consejero real. El mazoku de cabellos oscuros bufó y se acercó al desmayado.

Mientras tanto, la pareja real aprovechó para huir. Ninguno estaba dispuesto a oír los alaridos de Gwendal sumados a los lamentos de Günther.

– ¿Sigues pensado que regresar a descansar al dormitorio es buena idea? – preguntó Wolfram con una sonrisa.

– ¿A dónde más podemos ir? – preguntó el moreno.

– No lo sé, ningún lugar es seguro –

Ambos volvieron a reír y continuaron escapando de los extraños habitantes del castillo. A pesar de todo lo vivido, tanto los inconvenientes como los buenos momentos, todo había ayudado a nuestro rey con su quizás más importante decisión.

Yuuri miró por última vez a Wolfram quien corría a su lado con una traviesa sonrisa. Cerró los ojos y tomó una de sus manos. Bien, amaba a su prometido, más que a nadie en el mundo, y... acababa de descubrir que todas aquellas historias llenas de frases como "La homosexualidad es una confusión mental", "Es una enfermedad" "Sólo para pervertidos" "Qué vergüenza sería si mi hijo fuese gay" eran mentiras... viles falacias que rumoreaba la gente ante lo desconocido.

Lo que no sabían era que ese sentimiento que ahora experimentaba en su pecho, al besar a su prometido, o al entregarse ciegamente a aquel que amaba era más fuerte que cualquiera. Al menos quería creer que lo que sentía sí era real, estando juntos, conviviendo juntos, en esta nueva etapa de su vida en la que también estarían los dos.

Eso era lo único que deseaban en ese momento, más que cualquier cosa. Qué más daba el resto.

FIN

Notas finales del capítulo._

Snif, snif, se terminó T-T sé que no hay muchos fics de Kyou Kara maou terminados así que espero que al menos les haya gustado esta pequeña historia que empezó como un One-shot y no sé en qué parte del camino se volvió un twelve-shot. Para ser un último capítulo, traté de mantener lo "gracioso", que creo que es lo que caracteriza a este fic porque casi todos los review comienzan con un "jajaja", lo cual me hace creer que soy el payaso de esta sección xD.

Espero que todos (as) aquellas que: se rieron, lloraron, maldijeron, se enojaron, se lamentaron, se aburrieron, se preocuparon, y que, por sobretodo, supieron valorar esta historia dejen un review xD, ya nos veremos después, si se puede, con más locas ocurrencias y demás.

Se despide por última vez en este fic...

Suika-chan

¡Gracias por todo!