Tres días pasaron desde que ocurrió el incidente, y el grupo, antes de volver a Rotarl, pasaron por el pueblo mas cercano a atender el brazo de su compañera lisiada.

Los doctores pudieron coser su brazo de nuevo, pero su capacidad para usar aura estaba mas haya de lo que la medicina podía cubrir.

Era algo de esperarse. Después de todo, el brazo había sido cortado por una espada particular.

La "Soul killer", un arma diseñada específicamente por el legionario, para cortar el aura de sus enemigos. Una espada fácilmente confundible con la de alguien mas, de no ser por esta particularidad.

¿Como había echo Jericho para obtenerla? La oscuras noticias les abordaron al llegar a la ciudad.

El obispo Clovis... una autoridad caritativa y bondadosa, incluso contemplativa ante las mas extrañas de las peticiones, había muerto un día antes de que su expedición partiese.

Y lo que el líder de la expedición escuchó sobre la herida que le causó la muerte le dejó bien claro quien era el sospechoso, y posiblemente, el mayor culpable del asesinato...

Una explosión, controlada, pero justo en su escritorio, en frente de su rostro. Solo alguien podría haber causado ese tipo de explosión, en un lugar cerrado, desde una distancia segura y sin dejar rastros de Dust ni culpabilidad.

Una legión. Y él solo conocía a una persona capaz de manejar una legión capacitada para hacer eso.

La conclusión le pegó muy hondo. Ya no hacía si no caminar por las calles de Rotarl, indiferente a las distancias que recorría, pensando en lo miserable del destino.

El era Jaune Arc, un extranjero que fue transferido allí con el propósito de ser entrenado en los usos del aura. Pero el no se engañaba.

Lo habían transmitido por que el era un fracaso.

En su antigua academia, el había sido nombrado líder de un grupo, estando a la cabeza de tres de los mas prometedores luchadores de su reino. El, un pobre bufón incapaz de mantener un combate sin torpeza, de pensar con claridad, y ni siquiera de usar como es debido el aura, aquel poder que todos los cazadores de monstruos poseen.

Una decisión errónea puede malgastar la vida de sus compañeros, quienes eran incapaces de ver las cosas como el las percibía. Transferirlo era lo mejor, tanto para el, como para sus compañeros.

Pero el destino le jugó en contra de nuevo, por que en Rotarl, fue puesto de nuevo a la cabeza de un equipo. Otra vez... solo que ahora, el líder tenía aun mayores responsabilidades que antes. Debía elegir las misiones, las materias a estudiar, y las horas a cubrir.

Y como si fuera poco, quien ahora estaba a la cabeza del gobierno de rotal, era nada menos que el monje, ahora obispo, Reginald Marc . Una persona que tenía en mente las mas estrictas de las normas con respecto a los líderes de equipo.

Y el único que tenía a mano para culpar por el fracaso de Murdoa, era al inexperto Jaune Arc.

Alguien que, de echo, no estaba dispuesto a defenderse del castigo que le impusieran...

Con todos los derechos sobre los personajes de RWBY pertenecientes a Roostertheth...

Pasó a la sala vestido con la túnica blanca, llena de grabados y símbolos abstractos, que usaban todos los jueces en la ciudad de Rotarl.

Era joven para ser un juez, pero su edad era tres veces la del acusado, y su severidad lo puso en una posición que nadie se atrevió a cuestionar.

Los testigos y espectadores miraban desde sus bancos, todos con capuchas puestas sobre sus cabezas. Una señal de respeto en Rotarl muy conocida por todos.

La sala de juicio tenía un auditorio circular, ascendente sus asientos, del cual todos tenían vista completa hacia el podio en donde el juez estaba presente, su mano en un martillo de madera.

Al frente del podio, antes de llegar al auditorio, se veían tres balcones. Uno pequeño y otros dos enormes.

En los dos, muchas personas estaban como testigos de los testimonios dados. En el pequeño, Jaune Arc, el muchacho extranjero se paraba con los ojos hundidos en un oscuro pesar.

Las ojeras bajaban de sus ojos celestes en un lastimero detalle, demostrando sus pocas horas de sueño, y su pelo, despeinado y enmarañado, estaba casi tan desarreglado como la ropa de su uniforme. Al parecer, los eventos ocasionados no habían sido de la mejor índole para el.

Pero el juez ni se inmutó. Procedió a sacar una carpeta de papel y de ella extraer unos archivos impresos.

- Muy bien. La sagrada corte de St. Overia entre en sesión...

Con todos los derechos de Chaos Legion pertenecientes a Capcom y Tow Ubukata …

La voz grave del juez, que era también la del nuevo gobernante de la ciudad de Rotarl, provino de un sujeto de pelo largo y oscuro, atado en una gran coleta.

Sus manos eran fuertes, pero con el tiempo pesando en ellas. Piel flácida podía verse en su rostro y brazos, pero la mirada del juez daba la sensación de una dureza capaz de intimidar a cualquier persona.

- Señor Jaune Arc. Se le acusa de provocar el fallo de la misión de sellado del Embodiment Volvor, también conocido como la madre oscura. ¿Como se declara?

El muchacho no encontró fuerzas para hablar. Su vergüenza y melancolía eran demasiadas.

El juez le miró con algo parecido a desprecio, pero que no se podía identificar con exactitud.

- Fiscal. Puede proceder...

Wit Tandomen, Fan de Jaune Arc, presenta...

Una persona de pelo corto, joven dentro de todo, comparado con los presentes aparte de Jaune y algunos espectadores, sacó entró al espacio entre los balcones y el podio.

- Jaune Arc ha demostrado ser incapaz de liderar una misión de esta índole – Indicó el fiscal, vestido con un uniforme similar al de Jaune, pero de color azulado – Se le indicó que la misión era de una calibre mayor que a los iniciados normales. Incluso se les negó explicitamente el marchar con el equipo Julian. Y sin importar nada, el eligió a su equipo para la misión. Incluso como equipo de apoyo, era algo que ellos no podía manejar... - Puso el primer papel ante el juez, quien lo iluminó con un aparato que mostraba los detalles en el techo mediante un proyector.

Todos pudieron ver los detalles del papel en el techo. Era una carta en la que el mismo Clovis imploraba a Jaune el no asistir a la misión, indicando los peligros que enfrentaría, mas no los detalles de la misión.

- Estas en falta por aceptar una misión sin conocer los riegos en detalle, y aún mas sabiendo que esta estaba mas hallá de lo que podías manejar. ¿Algo que decir?

Jaune continuó sin decir nada...

Chaos in Remnant: A knigth of dark glyps.

El juez miró al fiscal, asintiendo para que continuara.

- No solo que aceptó la misión – Indicó el fiscal, hundido en su resentimiento – Si no que la aceptó habiendo antes violado uno de los preceptos mas antiguos de la orden, y llevando consigo a un persona que no era siquiera un legionario. De forma excepcional, aunque no se supo en detalle por que, Jaune aceptó en su equipo a un cazador, poniendo en peligro la armonía del grupo y la fama del mismo – Indicó poniendo otro papel sobre el podio. El proyector indicó la fotografía del faunus llamado Monson Grey, ahora muerto, posando para la foto en la cual representaría su curriculum para el ingreso a la orden – Eso sin contar que lo transfirieron de una academia en la cual el había falsificado su ingreso.

Un llanto se escuchó entre los escuchas, pero al ser débil y de bajo tono, fue ignorado.

Quien prestó atención fue Celestia, la bella compañera del acusado, vistiendo su usual saco y faldas marrones, y su escote de cuero.

Sus ojos amarillos y profundos buscaron entre la multitud el origen del llanto, y así fue como encontró a Emily, una amiga de Jaune Arc, quien fuera además la persona mas cercana a Grey sin ser esta una relación amorosa,

Su foto le trajo el recuerdo de como ella nunca pudo corresponderlo, y eso seguramente le pesaba como si fuera ella misma la causa de su muerte.

Celestia tuvo que combatir sus ganas de ir a consolarla, por que perdería su lugar en la multitud. Y ella quería estar cerca de su compañero.

¿Por que no se defendía? Todos estaban echándole la culpa de cada uno de los fracasos de una misión en la cual el único culpable fueron dos de sus traicioneros compañeros.

Uno fue Jericho, un legionario ya recibido, que como todos los de su tipo, era muy bueno invocado legiones, armaduras que se materializaban utilizando el alma de los enemigos como combustible, siendo estos monstruos que estaba en contra de la humanidad.

La otra, era Len, también una legionaria recibida... pero aparte, era la novia de Jaune. Una con la cual el muchacho había cruzado todo tipo de barreras, corporales y mentales.

Y ahora, ambos dos estaban ausentes, habiéndolos traicionado al ultimo momento y poniendo en marcha la liberación de la mayor de las amenazas de esos días. La madre oscura...

Jaune solo, absorbiendo todo el castigo y la culpa... que ganas tenía ella de entrar entre ellos y gritar que estaba equivocados. Que debían retractarse...

Era su compañera, después de todo. Era su deber velar por él... pero ese muchacho se había ganado su aprecio.

El fiscal continuó hablando acerca de las otras fallas de la misión. De que Nathan Meller, compañero de gran fuerza y potencia, estuviese lisiado hasta el punto de tener que dejar la orden, debido a que ya nunca podría correr de nuevo. Su pierna estaba así de mal...

De que Annie Maeglistorn, la joven muchacha dulce, famosa en todo Rotarl por su inocencia, buena disposición, y sobre todo, por ser una superdotada en las artes de los legionarios, había perdido su brazo y sus capacidades de canalizar aura por ellos como parte de la herida ocasionada por un arma particular.

Incluso fue tan lejos de implicar que Jaune supiera lo que Len planeara desde un principio, vinculándolo con la muerte del obispo Clovis, y el robo de la "Soul killer", que estaba entre sus haberes.

A todo esto el juez escuchó impasible, los jurados deliberaban entre ellos, y Jaune solo bajaba la cabeza, tragando todo lo que decían de el.

Un fracaso. Un fallo. Algo que no debió haber pasado...

El juez, entonces, dio una ultima pregunta al acusado antes de su veredicto.

- Jaune Arc. Ante la situación, voy a repetirle una pregunta que le hice al principio de esta sesión, y no tendrá la opción de responder, pero se le hará lo mas clara posible – La mirada severa y su in distinción ante la interminable cascada de fechorías de las cuales el fiscal hacía culpable a Jaune le daban a Celestia una idea de lo poco que el nuevo gobernante de Rotarl apreciaba al acusado. Pero no podía hacer nada. Todo lo que dijera sería usado en contra de Jaune. Y el juez continuó – Señor Jaune Arc, ante las pruebas en frente de usted ¿Como se declara ante los cargos mostrados?

El muchacho rubio se quedó en silencio por unos momentos, luego, con los ojos celestes en el borde de las lágrimas, indicó – Me declaro culpable. Culpable de la muerte de Grey Monson, y de la traición y desaparición de Jericho y Len Markova, tal como de las heridas que tomaron Annie y Nathan – En su voz había vergüenza, culpa, tristeza y desesperación. Como pidiéndole al mundo que no fuera cierto aquellas cosas que decían en su contra, pero el sabía que no era así.

Que el era un fracaso de los peores, y que como tal, sería castigado.

Por ello, no terminó de comprender esto ultimo...

(Ost: Chaos Legion - Blood Remains Main Title)

- Lo cual quiere decir que se declara inocente de traición, negligencia voluntaria, asesinato indirecto y abstinencia a actuar frente a la adversidad. Queda usted en libertad. Esta sesión termina ahora – Indicó el juez con un determinante sonido de su martillo contra el podio, a lo que el jurado, el fiscal y los escuchas, abandonaron la sala, dejando a un atónito, aunque en pleno llanto, muchacho en el balcón.

La luz de afuera se filtró por los vidrios de colores mientras los pasos de la gente dejaban sus ecos suaves en las paredes de la sala de juicios, todos con capucha puesta, pero evitando la mirada del muchacho, confundido y triste como nunca.

Capítulo 4: El juez/ El final del juicio y el comienzo del deber.

(Fin del Ost)

Pasaron un par de días hasta que se decidió a hablar con el.

Dos días en los cuales, Jaune no había sido el mismo...

El muchacho, rubio y de ojos celestes, no era si no un bufón... de forma figurativa hablando, claro.

Un muchacho torpe, ciertamente tonto, con dificultad para el combate y las materias a estudiar. De pocas luces a la hora de darse cuenta de las cosas, y bastante inseguro de si mismo, la mayoría del tiempo...

Pero lo que le faltaba de guerrero, le sobraba de líder.

El muchacho, en el fragor del combate, mas halla de una simple duda, era una persona de rápidas decisiones. Miraba la situación a mano, y tomaba la decisión mas segura y conveniente para todos.

Ultimamente estaba comenzando a mejorar en el combate, y en sus materias, con ayuda claro de sus compañeros de grupo...

Y mas que nada, de su novia. Len Markova...

Una muchacha rubia como el, de amables palabras y gran habilidad con la espada. Tocaba el violín, y estaba enseñando al muchacho a hacerlo, ademas de a usar su espada con habilidad. No le faltaba mucho para aprender todo lo que pudiera Len enseñarle... e incluso sintió que el le daba lo que ella pedía en una persona.

Juntos cruzaron muchas barreras... solo para que, en el ultimo momento de la misión, Len le diera la espalda...

O así lo veía Celestia, cuando observó a su compañero irse hacia la terraza de nuevo. Lo vigilaba desde siempre... despues de todo, era una doncella de plata. Era su deber velar por su compañero.

El viento sopló con suavidad cuando abandonó el lugar desde donde lo vigilaba, el cual era en la punta de una estatua, parada en un pie y manteniendo el equilibrio sin problema alguno, para dejar a otra doncella tomar su lugar para así poder dirigirse al convento.

Debía averiguar varios por que...

Lejos, a varios metros, Jaune miraba desde la terraza hacia la ciudad de Rotarl. Tan viva en sus adoraciones a Ubukata y Mounty... tan sutiles y humildes sus acciones...

Tan distantes a los horrores que conlleva la situación a mano.

El había fallado... fallado como nunca.

En su anterior academia, era un fracaso, que podía mejorar, pero que el hacerlo podría costarle la vida a sus compañeros de equipo, así que su director hizo lo mas sabio, y cuando el muchacho descubrió su semblante, siendo este la capacidad de manifestar un cierto control en el mundo mediante la concentración leve, le envió a la orden de St. Overia, al ser su habilidad de la concentrar un pequeño impulso de electricidad en su mano. Inofensivo, quizá, pero con la capacidad de activar las legiones del caos.

Armaduras que siguen la orden de su dueño, y se alimentan de la energía que despiden los Grim, monstruos sin alma que rondan en masa los lugares inhabitados, matando todo lo vivo con lo que se cruzan.

Desde otro lugar de aprendizaje, en el cual si se hubiera ganado la entrada para empezar, quizá podría intentar mejorar sin costarle nada a nadie, mas que unas cuantas horas de enseñanza...

El destino se rió de nuevo, y en Rotarl, la ciudad religiosa mas grande del mundo, le hicieron líder de su grupo de nuevo.

Por un lado, el muchacho no podía creer la desgracia. Por otro, sabía que tendría que empezar a prepararse para guiar a su grupo en las misiones venideras.

No podía ser un fracaso. No podía permitírselo de nuevo...

Una amiga en su antigua academia se lo había indicado, y el había escuchado con algo mas que sus oídos ese día...

Empezó a desarrollar vínculos con todos los integrantes de su grupo, haciéndose amigo cercano de todos ellos, y hasta consiguiendo una pareja con la cual cruzar todas las barreras...

El amor. Algo tan ajeno a el, de repente posicionado en su vida como la cosa mas amena del mundo. Sentir que esa persona le completa. Le llena de vida. Y sentir que el hace lo mismo por esa persona...

Luego llegó la misión.

La misión en la cual su grupo avanzaba junto con uno que era casi como su equipo hermano. El líder de este, en gran medida su mentor emocional y mental, era Jericho, el hermano de Len, quien incluso le había ayudado a concretar su relación.

Grey el faunus, gran amigo y compañero de video juegos ….

Emily, muchacha extravagante y llena de sorpresas...

Annie, la superdotada del grupo, siempre alegre y carismatica...

Nathan, amigo de ceño fruncido y gruñon, pero sin perder su carisma...

Todos ellos viajaron a la ciudad de Murdoa, esta en ruinas desde hacía centurias, para retomar el sello de una bestia cuyo poder puede compararse al de un dios, y de al cual provenían la mayoría de los Grim de la región: La madre oscura, mejor conocida como Volvor.

Y en el momento justo de sellarla de nuevo, Jericho mostró sus verdaderas intenciones, y abrió el sello.

Miles de seres del Grim, siendo estos descendientes directos de la criatura, salieron al mundo desde su letargo. Pero la madre oscura no... y en realidad, nadie sabía por que no había despertado aún.

Ajenos a esto, los civiles de Rotarl seguían sus vidas en la ciudad, pero fuera de ella, salían una tras otra las expediciones de legionarios a combatir la horda de Grim que provenían de la ciudad y que se acercaban hacia Rotarl.

Los pueblos aledaños estaban siendo evacuadas, pero aún los refugiados no llegaban hasta la gran ciudad, y allí ya no se podría mantener la paz. Todo explotaría en pánico...

Por que si la madre oscura no había despertado todavía, era cuestión de tiempo. Y por lo que se estipulaba, el mundo no volvería a ser el mismo cuando eso pasara.

Mas hallá de eso, muchas de las expediciones partían hacia las ruinas de Murdoa en particular, buscando la forma de llegar hasta la torre espiral de la catedral en ruinas y reanudar el sello en Volvor.

Y Jaune, frente a esto, solo estaba... en silencio. Mirando el horizonte.

Obviamente que su estatus de líder del equipo estaba debatiéndose. Sumado al echo de que intuía que ese no sería su ultimo juicio. Un castigo vendría pronto por su fracaso...

Fracaso... una palabra tan usada por su mente y sus labios...

Nathan ahora no volvería a caminar de la misma forma. No volvería a correr de echo...

Annie ya no podría usar su semblante nunca mas, negándole el brillante futuro de legionaria en frente de ella...

Emily ahora no hacía mas que llorar a su amigo, por que ni siquiera al sacrificarse por ella, pudo devolverle el sentimiento de amor que sentía Grey... y eso le hacía pensar en ella misma como un monstruo desalmado.

Y el alma del faunus... ahora estaba encerrada en una legión. Probablemente por elección de el mismo, pero eso no le hacía sentir mejor en lo mas mínimo.

La terraza le daba vista a todo el lugar, mientras un viento gentil movía los adornos y llamadores de ángeles en las cercanías...

Sin mirar a su compañero reflexionar sobre la terraza, la muchacha por los conventos de las doncellas, mirando a todas corriendo de un lado a otro.

La preocupación en sus bellos rostros y la euforia en sus voces.

No es para menos. Quien no esta con los legionarios saliendo de la ciudad, están preparando las defensas, dividiéndose en grupos y planeando las zonas de vigilancia.

Entre ellas, se veían a doncellas de alto rango, monjas vestidas de negro, sacerdotes de blanco, todos encapuchados, o cubiertas sus cabezas con bufandas celestes en el caso de las doncellas.

En el convento era todo grito y actividad, euforia, planeamiento...

Y la muchacha no podía importarle menos.

- Madre superiora. Necesito hablar con usted. Es urgente – Indicó Celestia con mucha seriedad, a lo que la referida, siendo una señora de túnica oscura y cara encapuchada, asintió alejándose de quienes conversaban con ella.

- ¿Que deseas, mi niña? - Preguntó la anciana, aunque el tiempo en ella no hizo mas que darle tono a su rostro, ya que su cuerpo seguía siendo anguloso y curtido para el combate.

- Madre superiora, necesito saber si puedo contar con usted para una tarea muy importante que acontecerá, si tenemos suerte, en las próximas horas.

La mujer le miró durante unos segundos, dubitativa. Conocía a Celestia, su adicción a la acción y sus planes alocados.

Pero ella ahora tenía un compañero, de quien ya había estudiado lo suficiente, a quien su fama le precedía...

Suspiró.

- De no hacerlo, te negarás a escuchar el consejo de esta señora y seguirás con lo que deseas hacer ¿Verdad?

Celestia le miró con una sonrisa débil creciendo en sus labios, mientras ponía un puño en su cadera – Me conoces bien mamá. Sin ayudarme, solo me harás mas difícil lo que haré mas tarde.

La mujer suspiró largamente, antes de asentir silenciosamente con la cabeza - ¿Que necesitas?

- Necesito el ascenso que me correspondía hace años...

Sabía que los encontraría en ese lugar...

La pregunta era ¿Por que había ido a ese lugar?

Antes se encontraba en la terraza, mirando hacia la ciudad ignorante del peligro que acechaba sobre ellos.

Pensando en los miles de grupos que habían salido a darle caza a su amigo y novia. En sus pobres destinos al verse cruzar con tantos descendientes directos de la madre oscura.

Reflexionando acerca de la forma en que mucha gente, sin el privilegio de la ignorancia, le miraba con cierto resentimiento...

Si era tal su fracaso ¿Por que no le hacían nada? Ni una palabra de desprecio. Ni una mención de su fallo.

Solo miradas penetrantes, capaces de abrir agujeros en su cráneo.

Quizá solo quería que alguien le explicase por que... o que la persona indicada manifestara su odio hacia el.

Las personas que le habían visto en el juicio podían sentir rencor. Podían sentir enojo... pero pocos eran los realmente afectados por su fracaso. Por lo menos, de forma inmediata hablando.

Por ello es que Jaune caminó hacia el deshuesadero de autos, donde el sabía, se encontraba el taller de Nathan Meller, donde siempre trabajo a escondidas en su pasión: Las motocicletas...

Por ello fue que le resultó raro escuchar la voz de una muchacha en el taller. Una muchacha conocida.

Reían, bromeaban, y se escuchaban los sonidos del metal contra el metal. Ajustes, taladros, tuercas.

Cuando el puño del muchacho se excusó sobre la puerta del enorme vagón de un camión, en donde Nathan había ubicado su taller, el sujeto musculoso, de pelo negro y grueso, le recibió levantando la puerta con el ceño fruncido... y una sonrisa compañera.

- !Fiel lover¡ !No sabía que ibas a venir¡ !Pasa bastardo¡ - Le invitó, quizá demasiado feliz con su llegada.

Jaune pasó, algo inseguro, al taller.

En las paredes se veían llaves de tueras, partes de vehículos, moldes, posters de motos, y con una radio en el fondo, una muchacha de pelo anaranjado, con una musculosa y unos shorts, manchada de aceite su mejilla, les esperaba echada sobre un asiento de plástico, tomando un refresco con un sorbete.

- !Hola Jaune¡- Le saludó con energía, antes de ir corriendo hacia el y abrazarlo.

El muchacho, confundido, devolvió el gesto, antes de que la muchacha continuara – Te veo con ojeras. ¿Has dormido bien?

- !Claro que no va a dormir bien mocosa¡ - Replicó Nathan - !Con todo lo que ha pasado ¿Quien lo haría?¡

- !Estaba hablando con el cabeza de maní¡

- !Escuchame mocosa¡...

Ambos dos siguieron discutiendo como era su costumbre. En frente de todos, sobre cosas sin sentido, ignorando la existencia del resto...

De la misma forma en que lo hacían cuando Nathan podía correr... o cuando Annie podía usar su aura...

Como si nada de eso hubiera pasado alguna vez...

- ¿Por que? - Preguntó Jaune, casi en un susurro. Y, como si hubiera sido una invocación, ambos habían callado para cuando la pregunta fue formulada.

Los ojos celestes y apesadumbrados del muchacho miraban directamente a un punto en particular...

Al brazo derecho de Annie, el cual mostraba una línea gris en medio, siendo prueba de que cosieran el miembro no hacía mucho.

No había que ser genios para descubrir que es lo que ocurría...

- Jaune. Somo tus amigos. Jamás podríamos culparte por esto...- Susurró Annie, mirándolo con nostalgia. Luego le dio un abrazo fuerte, mientras cerraba los ojos para enfatizar la fuerza del gesto.

Luego le miró con alegría – Además, sacamos algo bueno de todo esto...

Ante la confusión del muchacho, Nathan tomó la palabra – Como ya no puedo correr, mi familia determinó que ya no puedo ser un legionario eficiente. Por lo que decidieron dejarme a mi cuenta... !¿No es genial?¡ !Ahora por fin puedo dedicarme a las motos¡

Por otro lado, la joven se unió a la inusual sonrisa de su amigo, levantando los brazos para enfatizar su contento - !Y como yo ya no puedo activar mi semblante, me dedicaré a ser ayudante de mecánico¡ !Y algún día abriré mi nuevo taller¡ !Y será mas lindo que el tuyo, Nathan¡

- !Jajaja¡ !Eso quiero verlo mocosa¡

Nuevamente se enfrascaron en una discusión, y Jaune no pudo evitar reírse al ver esto. Era casi.. revitalizador ver a sus compañeros actuar como si nada. Le hacía sentir que aún quedaba algo que hacer.. aunque no se atrevía a hacerlo.

Luego de un rato, ambos mecánicos se callaron, y miraron a Jaune con media sonrisa – Field lover...- Murmuró el sujeto, algo inseguro de lo que estaba por decir – Creo que... deberías ir a Murdoa.

El muchacho rubio dio media sonrisa, y con lágrimas surgiendo de su rostro, se disculpó y se marchó del taller.

En otra parte de la ciudad, mientras atardecía con lentitud, treinta y cinco doncellas de plata se encontraban formadas frente al convento.

Todas vestidas con un chaleco y faldas marrones, y con escotes de cuero del mismo color, cubriendo una blusa blanca.

Y en sus cinturas, dos pistolas gemelas, echas de plata.

En frente de ellas, Celestia, vestida de la misma forma, les miró largamente, pero con una sonrisa.

- !Bueno chicas¡ - Les indicó, poniendo sus puños en las caderas - !Dentro de poco tendremos una misión de rescate que cumplir y necesitaré a todas¡ !Sepan que quizá no volvamos varias de nosotras¡ !Pero si lo logramos, el mundo contará sus días mas adelante, y no en unas pocas semanas¡ !¿Están conmigo?¡

El silencio fue su respuesta. Pero una positiva, de echo.

- !Bien¡ !Partimos mañana a primera hora¡ !Preparense¡

(Ost: "Chaos Legion OST - Drama Digest (Extended Piano Instrumental)" )

Era de noche ya, y Emily no podía sentirse mas miserable.

Ella miraba por la ventana a las estrellas naciendo, con los ojos verdes llenos de lágrimas que caían, negras y llenas del tinte negro.

Su pelo estaba echo un desastre, y sus ojeras eran profundas como nunca...

Tan embebida estaba en su miseria, que ni siquiera se molestó en cambiarse de ropa. Ni en reparar en el echo de que alguien entraba a su habitación.

No le prestó atención alguna, dándole la espalda mientras miraba hacia la pared, acostada en su cama.

Sintió entonces que alguien se sentaba en el mismo colchón donde ella estaba, y una espalda tocar la suya, mientras sentía una respiración suave cortar el silencio reinante en la habitación.

Luego, sintió como el peso extra en el colchón se distribuía en el. El cuerpo ahora estaba acostado sobre el mismo colchón, dándole la espalda.

Emily entonces se dejó navegar en los recuerdos. No podía hacer otra cosa...

Grey había sido su amigo de la infancia. El primer chico que se había enamorado de ella. Y el primer chico con el que ella ahora derramaba todas sus lágrimas... ¿O no?

Eso era lo peor... lo que mas terrible le hacía sentir...

El faunus siempre fue todo lo que ella necesitaba, lo que ella pedía... caritativo, humilde, servicial, amoroso...

Y sin embargo, su corazón nunca pudo ser de el. No importaba cuanto ella misma lo deseaba. Ella quería enamorarse de Grey Monson... pero nunca lo logró...

Y es mas, solo pudo enamorarse de alguien... y ese alguien fue Jericho Markova. Un legionario en servicio... que acabó con la vida de Grey cuando ella iba a ser quien muriera a manos de quien estab enamorada.

Pese a todo... pese a todo lo que le había echo, lo que le había pasado, lo que le estaba por pasar, ella... aún lo amaba.

No amaba a quien le daba todo y mas, y si amaba a quien casi acababa con su vida.

Sencillamente, no podía sentirse peor consigo misma. Era un monstruo. Una abominación. Un...

- ¿Aún lo amas? - Preguntó una voz familiar, proveniente del otro cuerpo. Era la voz de Jaune Arc, su cabo en los combates de cada mañana, en donde ella comandaba al muchacho en contra de Len Markova y Grey Monson. Ambos importantes para los dos, y ambos ausentes ahora.

Un silencio se hizo presente, hasta que un sollozo sonoro comenzó a hacerse oír en la habitación del grupo JLEG ("Jileg") Que ahora estaba medio vacía.

Pasaron los minutos, y el llanto terminó, a lo que fue su turno de preguntar - ¿Aún la amas?

Un silencio se hizo presente, hasta que un sollozo sonoro comenzó a hacerse oír en la habitación del grupo JLEG ("Jileg") Que ahora estaba medio vacía.

La oscuridad llenaba el cuarto, solo cortada por la casi mágica luz de la luna afuera, mostrándose junto con la multitud de estrellas en silencio.

Luego de un rato, el llanto cesó. Y fue Emily quien habló – Solo me gustaría... poderle pedir perdón... una vez mas... - Su voz estaba a punto de quebrarse en lágrimas de nuevo – El se merecía... mucho mas. Una mujer que... le quisiera en retorno... no una... no una...

Unos brazos, sorprendentemente poderosos, le abrazaron desde atrás con fuerza. Sintió el rostro de Jaune contra su nuca, y su voz, casi quebrada por las lágrimas, que le decía – Ni siquiera lo digas. Grey no se merece escucharlo...

La muchacha abrió los ojos como platos, y en la oscuridad, vio la única fuente de luz en la habitación.

El huevo metálico flotante, sin brincar, se hallaba pegado a su pecho. Y por encima de ella, rodeándolos gentilmente con sus ventosas, estaba la legión del escudo...

La legión en la cual el alma de Grey se hallaba encerrada, por elección propia.

Se giró, aún en llanto, y abrazó al muchacho en frente de el, quien lloraba también.

Ambos lloraron por lo que parecieron horas, hasta que por fin, luego de un largo tiempo, ambos pararon, sin separase del abrazo.

- Jaune... ¿Que vamos a hacer?

La pregunta murió en el silencio, mientras ambos cuerpos eran abrazados por las legiones que ambos controlaban...

Como si estas tuvieran vida...

- No lo se... no lo se...

Otro silencio se hizo presente, a lo que nadie se atrevió a interrumpir...

Hasta que Emily habló.

- Jaune... creo que deberíamos ir a Murdoa – A ella si la escucharía. Había perdido no solo amistades, si no también al amor de su vida. Realmente estaban igualados.

- No me atrevería a hacerle daño – Indicó el muchacho, apretándola contra si – No podría hacerlo...

Un silencio siguió a eso, entonces, Emily habló – Quizá... aún haya esperanzas de salvarla...

El muchacho no dijo anda ante esto. Solo dejó escapar unos segundos mas, antes de levantarse de la cama, y salir de la habitación. Era de noche en la ciudad.

(Fin del Ost)

En otro sitio, alejado de ellos, se preparaban las doncellas de plata.

Ya habían tenido toda la tarde para despedirse de sus seres queridos si lo deseaban, o para prepararse emocionalmente para la misión. Ahora estaban preparando las municiones, los recursos y la raciones del viaje.

Iba a ser un viaje peligroso, lleno de acción. Y para tal debían ir preparadas.

Celestia así lo pensó mientras la veía prepararse para el evento, todas en la terraza del motel. Iban a acampar sobre ella a la luz de las estrellas, y a primera hora del alba, iban a salir a todo dar hacia las ruinas de Murdoa.

Pero antes de irse, fue ella la que no se había echo tiempo en el crepúsculo para ir a despedir a alguien...

Su madre había recibido su adiós, pero no su padre...

Sin dudarlo, fue en su busca. El nunca había sido lo mas cercano a ella en términos de paternidad, ni mucho menos de cariño o demostración de afecto.

De echo, había sido casi nulo en eso. Pero... ella lo amaba.

Y sabía que el la amaba a ella. Con todo su corazón.

Que la vigilaba todo el tiempo, que velaba por ella, pero que al mismo tiempo le dejaba volar sola. Hacer su vida.

El estaba allí cuando ella le necesitaba, sin importar el que. Y cuando no, simplemente no estaba.

Un amor distante, pero muy presente.

Y sin embargo, ella sabía que, en la misión que emprendía, no la acompañaría en lo mas mínimo.

Solo por que ella no se lo había pedido. Por que ella se consideraba lo suficientemente capaz de realizar el trabajo debidamente.

Pero tal como ella sabía esto, también conocía la posibilidad de no volver de esa misión. Y si ese era el caso, al menos tenía que despedirse de su padre.

Por ello fue que dejó a sus subordinadas acampar solas en la terraza, siendo ella ahora una jefa de doncellas, podía darse ese lujo.

Entre terraza y terraza fue saltando, no haciendo el menor ruido, hasta llegar a la sagrada catedral, y buscar en ella la oficina de su padre.

Dentro del enorme edificio, todos estaban eufóricos, yendo desesperadamente de un lado a otro. Y sin embargo, nada le impidió entrar en el cuarto de Sieg Wahrheit, maestro de iniciados...

Para encontrarlo vacío. Carente de su presencia.

Algo alarmada, pero no sin perder la temple, la muchacha abrió la ventana de la oficina, y saltó hacia afuera, comenzando a seguirle la pista. ¿A donde podría haberse ido su padre ahora?

Jaune, ajeno a esto, entraba en la iglesia mas grande de la ciudad.

Había caminado un buen trecho, y estaba cansado, pero no dejaría que eso le quitara la seriedad. No esta vez.

Abrió con esfuerzo la puertas del establecimiento, dejando que la luz de afuera se filtrara hacia adentro, iluminando los largos asientos y los adornos abstractos ubicados a ambos costados de la zona.

Al fondo, rodeado de flores blancas, se hallaba un ataúd negro con las mismas señales y glifos alrededor, tan abstractos como los adornos...

Y a su lado, mirándolo de forma distante como es su costumbre, estaba su maestro de combate e invocación.

Pelirrojo, de ojos amarillos y profundos, vestido con sus pantalones de cuero y su remera ajustada... Sorpresivamente, sin su chaleco blanco de larga falta y cuellera negra.

El muchacho no hizo caso omiso de su presencia, pero tampoco realizó ningún alarde.

El obispo Clovis pudo llegar a ser alguien importante para el, y Jaune comprendía ahora lo que era perder a un ser querido, así que se limitó a acercarse al ataúd sin decir nada.

Pasaron los minutos de contemplar el negro del objeto hasta que Sieg habló – Cuando te elegí como líder, no había mejores opciones. Te elegí por que eras el mejor entre todos para cumplir el rol.

Jaune no dijo nada, pero la verdad era que no le creía en lo absoluto. Un fracaso era un fracaso, independiente de lo que ocurriese alrededor de el...

- Además – Continuó el maestro, dando unos pasos hacia atrás, sin recibir la mirada del muchacho de rubios cabellos – Todos entraron a la orden con ansias de que el titulo de legionario les otorgara algo particular. Tu eras el único que quería ser legionario por el echo de ser legionario. El único que tenía algo de altruismo en sus deseos, por lo que eras el indicado...

Jaune seguía sin creer una sola palabra de lo que escuchaba. Emily hubiera sido mejor líder. Len hubiera sido mejor líder... !Por Mounty¡ !Grey hubiera sido un mejor líder que el¡ !Hubiera estado vivo al menos¡

Pero de esto, el muchacho no dijo nada. No se creía con derecho a hablar...

El maestro suspiró largamente, antes de concluir – El puesto de líder es uno en el que no puedes cometer un error sin lamentarlo mas que el resto. Tus malas decisiones pueden costarle la vida, en el peor de los casos. Cuando no, les cuesta mucho dolor... pero ese es el trabajo del líder – Siguió caminado hacia atrás, el eco de sus botas haciendo eco en la iglesia – Se que perdiste tu arma familiar. Y que no tienes siquiera conocimiento de como usar un arma de fuego, así que no tiene manera de luchar ahora. Un iniciado no puede decidir sus acciones sin un superior alrededor de el, ni mucho menos... declararse inocente en un juicio- Esto si llamó la atención del muchacho, quien le miró extrañado, y algo temeroso. Pero con una dudosa firmeza. Sieg, notando su reacción, continuó, agachándose en uno de los asientos, mientras traía un par de cosas que había apoyado en ellos.

- Un legionario dedica su vida a defender a otros. Y cuando un líder legionario pierde a alguien de su grupo, carga con su muerte por el resto de su vida. Lo se por experiencia- Trajo un enorme bulto entre sus manos, que de los grande que era, se arrastraba en el suelo. Al llegar hasta el, continuó hablando, sin asomar los objetos a la luz – Ser un buen líder no significa no equivocarse, si no que tienes las agallas para cometer errores, luego enmendarlos, y vivir con la culpa. Nunca se nace sabiendo, y te equivocarás muchas veces, cada vez que lo hagas, uno de tus compañeros sufrirá las consecuencias... pero si eres un buen líder, volverán hacia ti una y otra vez, con toda la confianza necesaria para seguirte. Y aprenderás con la prueba y error, como todos en el mundo... - Sacó primero, un chaleco blanco, con cuello felpudo y negro. En la parte de atrás del mismo había un símbolo abstracto combinado con una cruz – El verdadero líder no es quien no comete errores, si no quien está dispuesto a volver a donde se equivocó para corregirlo, y no deja a sus compañeros jamás... - Sieg acercó el chaleco al muchacho – Un legionario tiene el derecho a declararse inocente en una misión si no tuvo conexión directa con el fallo, ni mucho menos con la traición. Pero debe de llevar esto puesto... - Jaune estuvo dubitativo al principio, pero aceptó el chaleco, sacándose el saco del uniforme.

- ¿Volver a reparar los errores? - Murmuró, confundido.

- Siempre se puede salvar un poco de cada uno – Indicó Sieg, mientras veía al muchacho ponerse el chaleco – Incluso de aquellos que se fueron...

Jaune entendío entonces... nadie quería que el fuera a parar a Len. Querían que fuera a salvarla...

Algo por lo que podía arriesgar su vida con gusto.

- Ningún iniciado puede ir solo en una misión sin avisar a los superiores... - Indicó Sieg, mientras traía el objeto mas grande que contenía el bulto – Pero un legionario si.

En sus manos, sostenía un enorme objeto:

Tenía un mango encerrado con dos extensiones a los costados que se cerraban con su parte trasera, formando un cuadrado con espacio para poner las manos con comodidad. El filo de espada iniciaba después, alargado siguiendo el tamaño del cuerpo, hasta terminar en la punta del filo, que tenía forma de una pala.

- Una enorme pala, para enterrar a los muertos y cargar con sus vidas – Indicó Sieg, parafraseando algo que Jaune sospechaba a que refería – Una determinación para manejar miles de almas para el bien común – Tomó el arma, y la puso al alcance de Jaune – En nombre de la orden de St. Overia, te hago entrega de "Semblance", la única espada capaz de enviar las almas de los muertos directamente al purgatorio, y armonizar el caos con cada golpe de su poderoso filo – Sin otro ademán, se alejó, mirando a su pupilo – Thanatos hizo entrega de los glifos negros que indicaban como manejar el caos. Hizo entrega de su poder, que ponía legiones enteras a nuestro comando. E hizo entrega de sus conocimientos, que nos indicó como defender nuestras vidas frente a la amenaza. En respuesta, yo te entrego este arma de legionario, el uniforme de Rotarl, y la petición de que reconozcas este acenso que te brindo, en favor y bien de los ciudadanos de Rotarl y la gente que viven en todo Remnante, te pregunto, Jaune Arc ¿Que eres ahora?

(Ost: 'This Will Be The Day' (RWBY Theme) Piano Remix - Pl511" )

El muchacho lo miró largamente, las dudas asaltando su mente...

La timidez de Grey.

La sobre actuación de Emily.

Los gruñidos de Nathan.

La alegría de Annie.

Los consejos de Jericho.

El compañerismo de Celestia.

Los besos de Len...

La mente del muchacho no dejó cabos sueltos.

La frialdad de Weiss.

La hermosura de Yang.

El misterio de Blake.

La ayuda de Pyrrha.

La lógica de Ren.

La hiperactividad de Nora..

"Tu equipo necesita un gran líder, Jaune. Y yo creo que puedes ser tu"

El muchacho abrió los ojos, y habló.

- Me llamo legión, por que somos muchos, y a muchos debemos proteger, con todas nuestras vidas.

Sieg le miró largamente, sin hacer gesto alguno. Luego, simplemente asintió, mientras tomaba un ultimo objeto – Mediante este solemne acto, yo te nombro "Caballero de los glifos oscuros", como a todo legionario antes que tu. Y como es menester, los testigos avanzarán ahora para hacer alusión a la labor.

Sorprendiéndolo de sobre manera, Nathan Meller y Annie Maeglistorn dieron un paso adelante...

- En nombre de la orden, te hago entrega de este guante de legionario, junto con la legión del arco, para que puedas hacer uso de tus poderes en tiempo y forma.

Jaune recibió el guantelete, algo anonadado, pero se lo colocó en el brazo zurdo. Sabía que ese guantelete le permitiría llevar hasta seis legiones al mismo tiempo, aunque no invocarlas.

- Cargarás con el peso de haberte llevado mis días de legionaria, pero harás lo mejor con ese peso.

Jaune asintió, mirando hacia el frente. Sieg avanzó hacia el.

- Te hago entrega de este amuleto, el cual hace alusión al deseo de volverte a ver, y de desearte la mejor de las suertes – El medallón tenía la forma de una cruz cruzada con un un símbolo abstracto.

El muchacho lo tomó, lo observó, y se lo puso, sabiendo que quería decir.

Le demostraba un cariño sin precedentes, pero también una carga...

- Cargarás con el deber de mantener a mi hija, Celestia, como tu compañera. Y saber que ante el daño sobre ella y sus pertenencias también responderá ante mi...

El muchacho aceptó de nuevo, asintiendo. No le sorprendió la noticia de que el fuera el padre de Celestia...

Por ultimo, Nathan avanzó hacia el, con el puño cerrado. Lo puso frente a el con cierta violencia, a lo cual el muchacho se cubrió, pero el musculoso sujeto se rió de el mientras abría su mano . Te hago entrega de esta legión. La legión del poder, para que la uses en tiempo y forma por el bien de Remnant. Y cargarás con el echo de que no volveré a correr detrás tuyo para golpearte por no traerme cervezas a tiempo...

Los tres se hicieron a un lado, y fue Sieg quien finalizó.

- Con estas tres entregas, te hacemos ahora legionario. Que el caos jamás nuble tus días, solo tus manos...

No dijó mas nada. Fue Nathan, quien habló desde la oscuridad.

- Entonces... "Caballero de los glifos negros", acompañame a que veamos tu corsel...

(Fin del Ost)

Paso media hora hasta que nadie hubo en la iglesia, y Celestia, casi llorando de la emoción, caminara en la iglesia...

Su compañero ahora era un legionario completo. Era un momento de mucho gozo para ella...

Fue entonces que encontró un objeto ligeramente brillante encima del ataúd del obispo Clovis.

Se acercó a el, y lo reconoció...

Un segundo medallon, igual al que recibiera su compañero...

La muchacha lo tomó entre sus manos... y con lágrimas naciendo de su rostro, comprendió...

(Ost: "Chaos Legion - FLY [English Version] (Performed by LIV)")

- Te hago entrega de este amuleto, el cual hace alusión al deseo de volverte a ver, y de desearte la mejor de las suertes

Esas fueron sus palabras al entregar el amuleto...

- Gracias, papá... - Susurró, cerrando los ojos con mucha paz, mientras se ponía el objeto, con mucho cuidado.

Se sintió querida otra vez. Su padre estaba ahí, en la distancia...

Y creía en ella.

Era hora de volar y tratar de salvar el mundo, junto a su compañero. Y estaba lista...

El sonido de un vehículo alejándose le despertó. Su fe en su compañero había sido recompensada.

Alguien en el ocaso del mundo les esperaba, y tenían que traerla de vuelta. O morir en el intento.

(Dejar que la música termine. Luego leer...)

Emily caminaba sola por el bosque.

El camino hacia Murdoa era largo, pero ella debía llegar, así fuera sola, y tratar de hacer algo.

Iba a ser un problema si se encontraba con legionarios en el camino, ya que la enviarían a casa instantáneamente.

Caminó un buen trecho, hasta que sintió muchas presencias pasando por encima suyo entre las copas de los árboles.

Alarmada, se preparó para invocar legiones y combatir contra el Grim, o cualquier amenaza a la vista. Pero solo encontró muchas siluetas marrones saltando por encima suyo.

Doncellas de plata... muchas doncellas de plata.

El sonido de una motocicleta le llamó la atención, y girándose, observó como una moto plateada, con la imagen de un carnero en la delantera, paraba en frente de ella.

Montándola, en la parte delantera iba un conductor con casco, un chaleco blanco lleno de glifos y cruces, pantalones de vestir, y, curiosamente, una placa en el pecho, y otras dos en los hombros, todas echas de metal.

La mano del conductor levantó el visor polarizado del casco, mostrando los ojos celestes de Jaune Arc, sonriendo de una forma muy tonta.

- ¿La llevo, señorita? - Indicó el muchacho, señalandole con un ademán la parte de atrás de su motocicleta.

La muchacha le miró, y con una sobre actuada pose de enojo, puso un puño en sus caderas – Pero mi queridisimo señor Arc. Pudo haberme informado que iría en su caballo hacia el combate antes de salir yo de la ciudad a pie. ¿Sabe lo cansada que me encuentro ahora?

- ¿Como es que puedo enmendar mis acciones, señorita? - Preguntó Jaune, sobre actuando una pose de dolor dramático.

Emily pareció pensarlo unos momentos, antes de decidir.

- Usted, mi querido señor Arc, hará lo siguiente. Al volver de la misión, tocará una pieza de melodía en el violín de plata que recuperemos junto con Len. ¿He sido clara?

El muchacho respondió con un relinchar de su motocicleta.

- Me alegro de que estuviéramos de acuerdo – Apreció la muchacha, mientras se subía a la parte trasera del asiento del vehículo.

(Ost: "RWBY - This Will Be the Day ( guy voice )" )

Sin pensarlo demasiado, aceleró a fondo. La ciudad de Murdoa viendose en la lejanía, mientras subían el monte que pasaran antes en compañía...

Creditos:

Dejaron el bosque atrás, conviertiendose en una mancha verde en la lejanía...

Director, y escritor: Wit Tandomen.

La velocidad aumentaba cada minuto. Tenían que ahorrar tiempo. Tenían que terminar esto en el menor tiempo posible...

Encargado del arte: Wit Tandomen.

El humo que largaba las turbinas de la moto era efímero en el aire, mientras los borrones de las doncellas, corriendo a la par del vehículo, se veían cortando el aire...

Agradecimientos:

El desierto rocoso fue casi sublime al acabarse de la forma rápida en la que se acabó.

A grandes velocidades, las montañas y la arena no fueron si no una rápida memoria en el viaje...

Gasmapolis, por prestar oído a esta idea mientras estaba en el horno.

Sus mentes ahondaban la idea de redención y salvación. Pero la de Jaune andaba rondando primero a sus antiguos amigos de academia...

A Roosterteth por crear a RWBY y dar nacimiento a esta idea de forma indirecta.

Luego, comenzó a recordar las memorias echas en la ciudad de Rotarl, y los amigos que hizo allí. Casi toda una nueva vida...

A Capcom y Tow Ubukata por crear a Chaos Legion y darle pies a este proyecto, también de forma indirecta.

Y no pudo si no preguntarse... ¿Que ocurriría si ambas vidas colisionaban?

Y a ti, por haber leído hasta aquí, y por cualquier capítulo que leas en el futuro.

Pero se sacudió la cabeza. El enfrentamiento mas importante de su vida hasta ahora tendría lugar en breve, y no podía dejarse sacudir por los recuerdos.

Silenciosamente rezó a Mounty y Ubukata, y aceleró aún mas...

Murdoa estaba a unas horas de destino...

Len, Jericho, la madre oscura...

Tendría que lidiar con todos ellos... y lo haría sin importar sus dudas.

Llegó la hora del deber. Llegó la hora de ser el líder que Jileg merecía...

Llego el día de ser un caballero de los glifos negros.

(Fin del Ost)

Fin del capítulo.