CAP11: HA LLEGADO MI FIN

MagnaAngemon atacaba con todas sus fuerzas pero el enemigo ni se inmutaba, ni se molestaba en defenderse, tampoco atacaba, sólo permanecía inmóvil con una siniestra sonrisa en su rostro.

-¿Has acabado?- le preguntó burlescamente Dorokomon a mi compañero y acto seguido sin apenas inmutarse le lanzó un rayo oscuro, era tan potente que me impulsó hacia atrás, caí de golpe, tenía algunas heridas y la ropa llena de polvo, pero estaba aceptablemente bien.

-¡MagnaAngemon!- grité yo mientras veía a mi amigo caer en picado al suelo. Al aterrizar ya había regresado a su etapa bebé II. Me levanté cómo pude y fui corriendo a su lado pero no respondía- Tokomon,por favor, Tokomon, despierta

-Hazlo digievolucionar al nivel mega, así es muy aburrido- dijo Dorokomon pero yo no hacía nada, después de todo ¿que iba a hacer? Patamon nunca había alcanzado ese nivel, no podía hacer nada- Espera un momento, ¿no llega al nivel mega, cierto?- preguntó y echo a reír

-Tokomon, despierta- es todo lo que yo podía pronunciar al ver en tal estado a mi compañero. ¿Que podía hacer? ¿Era este mi fin? Todo estaba acabado, había sido un iluso al creer que podría lograrlo... tal vez debería haberle hecho caso a mi hermano... no, eso no, eso nunca, si yo no estuviese aquí serían ellos los que estuviesen al borde de la muerte, eso jamás me lo perdonaría. Tantas luchas, tanto sufrimiento... para acabar así, todo estaba perdido, no valía la pena seguir luchando, no tenía nada que hacer contra él. Después de todo... ¿cómo se me había podido pasar por la cabeza que podría con él? Tan sólo era un crío estúpido... Matt, mamá, papá... no había podido despedirme de ninguno, esperaba que al menos supiesen que les quiero, puede que no se lo hubiese dicho suficientes veces. Tampoco me había despedido de mis amigos, ¿me echarían ellos de menos? ¿Irían a llorar a mi tumba? ¿Iría Kari a llorar a mi tumba? ¿o se olvidará de mí? Que pregunta más tonta, claro que se olvidaría de mi, tan sólo era un amigo, ya haría otros, sí, Kari me olvidaría, todos me acabarían olvidando.

De repente Dorokomon empezó a hacerse más poderoso, poco a poco iba perdiendo su aspecto enfermizo: sus podridas alas empezaron a ser repobladas de plumas; su delgada complexión comenzó a convertirse en una fuerte y corpulenta; sus heridas se curaron y el hueso de la rodilla dejó de ser visible; su cara recibió una tonalidad amarilla oscura y el ojo que hasta el momento había carecido de pupila obtuvo una del mismo color que el rostro. Esa nueva imagen imponía miedo y respeto sólo con verle

-Sí, sí- gritaba. ¿Que estaba ocurriendo? ¿Por qué estaba pasando eso si yo seguía vivo? De repente soltó un grito y desprendió una gran energía, la fuerza de esta me precipitó contra la pared en menos de segundo y caí al suelo sin fuerzas, me dolía todo, sólo quería morirme. ¿Ya estaba? ¿De verdad había acabado conmigo tan rápido?

-M-mátame ya- rogué yo con mis últimas fuerzas y a continuación tosí, tosí sangre.

-Mira quién expulsa ahora sangre- pronunció riendo- lo haré, tranquilo, después de todo no recuperaré todas mis fuerzas hasta que lo haga, pero antes te haré pagar por todo el sufrimiento que tuve que soportar- dijo y acto seguido expulsó una gran ráfaga de viento, viento ardiente, viento negro ardiente, quemaba; que me empujó de nuevo hacia la pared. Este era mi fin, los ojos se me cerraban, no era capaz ni de visualizar al enemigo, lo veía todo tan borroso... era mi fin. Finalmente junté los párpados, estaba listo para morirme. De pronto escuché una voz, se escuchaba muy débil pero pude reconocer que pertenecía a una mujer, ¿A caso había muerto ya y los ángeles me estaban dando la bienvenida?